Informe especial



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Presidente José Mujica: Un país más feliz

En Termas de Almirón, departamento de Paysandú, el pasado 29 de octubre tuvo lugar el lanzamiento del Programa Nacional de Salud Rural del Ministerio de Salud Pública, con la presencia especial del Sr. Presidente de la República, José Mujica. A continuación se transcribe el discurso realizado en la oportunidad.

Amigos, amigos sanduceros, y amigos de algunos otros departamentos. Lo imposible cuesta un poco más, dice un proverbio asiático. Y la misma fuente nos cuenta que hubo una vez, un hombre tonto, según sus vecinos, que porque tenía una montaña que le estorbaba el paso decidió cambiarla. Se pasó una vida, pero la cambió.

Nada nos va a caer regalado del cielo. La prosperidad de una nación, la lucha por la vida, no es un regalo de los dioses. Es hijo del esfuerzo humano, metódico, disciplinado, comprometido. Lo que puede el esfuerzo humano es infinito, si tiene compromiso, perseverancia y sentido de los límites que todos tenemos en la vida.

Voy a aclarar un poco. Fíjense que tácita injustica la de la historia de nuestro país. Hemos sido por muchas razones un país agroexportador. Creo que junto con Australia y con algún otro país, en la composición de lo que le vendemos al mundo, tenemos la mayor participación de trabajo asalariado. Por qué? Porque el Uruguay no es un país de campesinos, en el sentido profundo del término, en el sentido casi familiar. El Uruguay es un país muy tempranamente por equis razones despoblado, con grandes extensiones, y que muy tempranamente se urbanizó, adquirió una característica de país urbanizado, como si fuera un país mucho más desarrollado. Muy tempranamente nuestro campo se despobló.

Y la población rural, propiamente rural, fue quedando sociológicamente como relegada, como último orejón del tarro. Y sin embargo era la población clave para salir a vender al mundo. Para tener con qué pagar nuestros televisores, nuestros telefonitos, nuestras computadoras, nuestra modernidad, nuestro enchufe con el primer mundo. Eran esos paisanos, que viven por ahí en la rinconada, sabiéndolo o no, los agentes humanos productores de esa riqueza que nos sirve para intercambiar con el progreso.

Sin embargo, por estar dispersos, por ser pocos, y por muchas otras cosas, socialmente, por no poderse organizar, por no tener sus abogados defensores naturales, sus sindicatos, no fueron lo mejor tratados en la historia del país. Yo no estoy culpando a nadie. No se arregla con culpas. Esto es problema de historia.

Pero pasan las décadas. Yo recordaba lo que fue la epopeya de la colonización de los primeros campos que distribuyó Colonización, puede haber algún veterano de mi edad o más por ahí que lo recuerde. Se iba con un carro con una jardinera, un carro de pértigo, algunas pilchas acumuladas, se hacía una bipuca y ahí plantaba una familia y arrancaba y a los años un rancho y a los veinte años tal vez una casa. Y lo primero que había que solucionar era el agua y a veces hacer un pozo a pico y a paleta. Esa fue la peripecia de quienes poblaron nuestros campos.

Pero eran hijos de otra cultura, cultura de otro tiempo, más recia. Eran tiempos de la deschalada con un clavo que se terminaban en julio, y de otras cosas que han desaparecido. Y con el progreso cultural y material de la sociedad también se multiplicaron las exigencias porque cuanto más tienes más quieres tener. Y cuanto más mejora tu vida más rápidamente tú sientes ansias que te empujan.

Hoy estamos inmersos en un país que está en esta circunstancia. No está lejos de agarrar la cola de los países desarrollados. Definiendo el desarrollo como una circunstancia donde el peso interno de la economía ya no para más aunque te den algún piñazo de vez en cuando desde afuera. La fuerza interna de esa economía ya pasa a ser el elemento decisivo. No hemos llegado. Tal vez, si mantenemos siete, ocho años de crecimiento como hemos tenido, en estos siete, ocho años, podemos llegar a ese nivel. No voy a poner cifras. Pero tenemos una ansiedad adentro. Ya nos exigimos más. El hombre de campaña no va a vivir como nuestros abuelos, como nuestros bisabuelos. Es inconcebible vivir en la campaña y no tener energía eléctrica, no tener un televisor, no tener una heladera. Ni que hablar de la defensa de la salud y de la educación de los gurises. Este problema lo tenemos por delante. Pero es un dramático problema país. Porque el progreso material y tecnológico determina, que se puede sustituir en mucho, el esfuerzo del hombre por la nueva tecnología, por el avance de la nueva maquinaria, etc., que va aumentando la productividad. Eso es un hecho tangible. Si tuviéramos hoy que cosechar el maíz como se cosechaba cuando yo era gurí, se nos pudren las plantas del maíz. No tengan duda. No atraclamos con el clavo y dale y dale y dale… no. Ni que hablar de cosechar el trigo como cosechaban mis abuelos, haciendo gavilla, parva y apaleando contra el viento. Ya no hay esa mano de obra.

Ha crecido mucho la productividad pero todo tiene un límite. No es infinita que la tecnología pueda sustituir al hombre. Es difícil, no se puede hacer pan sin levadura. Y los procesos biológicos necesitan la presencia humana. Estamos enclenque con la oveja, saben porqué, porque los años de derrota del precio de la lana nos hicieron perder la cultura ovejera y no hemos repuesto, y eso no lo arreglamos, porque la oveja es bruto negocio pero es un bicho mimoso, necesita una mano de obra muy especializada. Son esos oficios que se aprenden de gurí o no se aprenden.

Por eso tenemos que cuidar la población rural. Y si la queremos cuidar, la tenemos que tratar mejor. Yo aspiro a que cuando este gobierno se vaya la asignación familiar de los gurises que se crían propiamente en el campo sea el doble, por lo menos, de los que se crían en la ciudad. Sencillamente para que sea negocio tener gurises en el campo, sí, sí, sí. Y que no me venga a decir alguien “usted quiere hacer una conejera en el medio del campo”… sí, ojalá pudiera. Por qué? Porque he visto la defensa de valores, la retaguardia que significa para el país criar gurises en el campo. Entonces, por qué? Porque estamos en un nuevo ciclo de revalorización de los recursos naturales. Ya no es una peste producir carne o comida, más bien tiene algo de bendición, pero para eso se necesita gente comprometida. Y hace rato que tocamos el fondo. Y si no lo hemos instrumentado no es sólo por problemas de plata, es por problemas de urbanización. Necesitamos tener identificado… fíjense, tenemos un país donde tenemos registrado con un numerito las vacas. Once, doce millones de vacas las tenemos registraditas ahí y nos sentimos orgullosos frente al mundo. Y dentro de poco vamos a vender un churrasco al mundo con la foto del productor. Para cobrarlo, desde luego, porque en el mundo rico hay muchos berretines y siempre hay que inventar cosas que sirvan para cobrar más.

Pero no tenemos registrado con eficiencia lo que producen las vacas, y menos los que trabajan con las vacas. Entonces tenemos que empezar a darle valor. Una identificación moderna, sencilla, todo eso puede estar en una computadora de tal manera que un paisano que vive en cualquier rincón del país diga “yo tengo el número tal” y ya con eso uno sabe “peón rural, pin, pun, pan” o “pequeño productor de tal rincón, dedicado a ”… como canta para el que sabe la chapa de un auto, el modelo, año… Eso es posible hoy. Antes no era, pero hoy sí. Y nuestros hijos vuelan con eso porque hoy tienen las ceibalitas, eso es posible. Por qué lo tenemos que hacer? Porque tenemos que lograr que las decisiones concretas lleguen al lugar concreto, y no que se transformen en joda. Porque también los uruguayos somos especialistas en producir líos. Y si queremos darle doble asignación al menos a los gurises que están en el campo, son a los que están en el campo.

Compatriotas, yo felicito este esfuerzo que inicia la salud. Cada día que pase por la evolución tecnológica la salud va a ser más cara. Cada vez va a ser más demandante. Defender la salud es defender la vida, el bien que no tiene precio… prolongar y defender la vida. La cosa más importante que hay para cada uno de nosotros arriba de la tierra y no olvidarlo. Inculcarle a nuestros hijos que no hay que perder la vida, que hay que cuidar de no desperdiciar la vida y transformarla en una rata de cárcel. Que frente a la droga hay que cuidar la vida porque te jodés la salud, en lugar de ser un vivo son un belinún porque están hipotecando el bien mayor que tenés. Todo eso es luchar por la salud, por la educación. Pero los mayores tenemos que incidir en lo que entra en la cabecita de los gurises, no dejarlos en banda frente a las tentaciones, los peligros de la vida. Mucho más amigos de nuestros gurises que en realidad no son gurises, son hombres jóvenes, mujeres jóvenes, son adultos en potencia. Hay que considerar los problemas y desafíos que tienen por delante.

Tenemos que dar esa batalla entre todos. Es una batalla país. La salud va a ser cada vez más cara. Y la enseñanza cada vez va a ser más cara. Esto lo tenemos que entender para los tiempos que van a venir. Llegará el tiempo en el que yo ya no voy a vivir, donde los hombres estudien más de la mitad de la vida, para trabajar un tercio de la vida. Y llegará un tiempo inevitable en el que tendrás que trabajar y estudiar todo un tiempo durante toda tu vida. Porque es así, porque la renovación es permanente y nos pasa por arriba. Yo sé que eso supone cambios, cambios que son angustiosos, porque lo más difícil es saltar de una cultura a la otra.

Hoy estamos más ricos que hace veinte años, por eso mismo estamos más pobres. Estamos más pobres, por qué? Porque tenemos más cosas, tentadoras, más infinito, que nos está demandando. Y tenemos angustias por no poder comprar esto y lo otro, lo otro y lo otro. Y vivimos a veces sacrificando buena parte del tiempo de nuestra vida. Esa es la trampa de nuestro tiempo, la tenemos adentro. Vuelta: límites. Si no encontrás la felicidad con poco no la vas a encontrar con mucho.

La felicidad está adentro, sujetá el matungo del marketing que te lleva de acá para allá. No sacrifiqués tu vida pagando cuotas. Guardate tiempo para el cariño, para los hijos, para los amigos. No vivas de garrón, a costillas de otro, porque seguramente estás jodiendo a alguien. Pero tampoco no vivas la vida como un esclavo, laburando, laburando y laburando, para un día reventar de un ataque de caspa y haber abandonado tus hijos, tus quereres, tus amigos. Ojo, límites. Parte de la sociología que tenemos que defender y construir entre todos.

No vamos a ser el país más rico. Podemos ser el país más feliz, que es otra historia. Es otra historia. Por eso me parece, esto que arranca, la prioridad de un gobierno que no es de dioses, que mete la pata y se equivoca, y que la chambonea, pero que tiene intención, y tiene compromiso. Y no anda dividiendo el país haciendo “estos son tuyos, estos son míos”. Nuestros compatriotas son todos. Nuestros compañeros de barco son todos y en primer término los que están más rezagados. En primer término los que están más rezagados, porque es bruto negocio, aún para los poderosos de este país, es bruto negocio en el largo plazo tenderle una mano al que está más jodido. Por qué? Porque es la manera de hacer respirable y vivible una sociedad en la cual estamos todos.

Por eso le agradezco a los trabajadores de la salud esta lucha. Y le agradezco a la gente el cariño y el compromiso. Gracias

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