Informe del presidente del consejo permanente sobre la reunion de expertos sobre fortalecimiento de la gobernabilidad democrat



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Por eso es tan esencial la tarea a la cual ustedes se acometen. Cómo somos capaces aquí, entre nosotros, de plantear nuestras experiencias, nuestros avances, nuestras frustraciones. ¿Por qué crecemos y, a pesar del crecimiento, la inequidad a la cual se refería el Secretario General subsiste en muchas de nuestras sociedades? ¿Por qué somos capaces de avanzar para derrotar la pobreza, pero a ratos tenemos una pobreza dura a la cual difícilmente logramos derrotar?
Aquí, mientras más seamos capaces de lograr acuerdos, de llegar a mecanismos concretos de cooperación y trabajo en torno a ello, mejor va a ser, qué duda cabe, la calidad de nuestros sistemas democráticos. De esta manera, ciudadanía, inserción en el mundo, práctica política, transformaciones globales, pasan a conjugar un solo todo.
Y eso entonces, creo, nos lleva a la segunda parte de nuestras preocupaciones: cómo estas nuevas realidades determinan la forma en que esta Organización de los Estados Americanos se articula. Cómo esta Organización de los Estados Americanos se articula para tener un trabajo común frente a los desafíos del siglo XXI. Cuando pensamos en una OEA para las nuevas tareas, sabemos que lo hacemos a partir de un patrimonio de acumulación histórica. Allí, en esa acumulación histórica están las múltiples actividades de beneficio regional que realiza la Organización, en el ámbito político, cultural, social, jurídico, de derechos humanos y económicos, entre otros, y de las cuales ha dado debida cuenta César Gaviria hoy día.
Allí están los esfuerzos que debemos reconocer muy especialmente de su Secretario General, en lo que ha hecho respecto de Venezuela y cómo aplicamos el tema de la Carta Democrática en la realidad y complejidad del país hermano.
Sin embargo, creo que el tema es más profundo. No es un misterio para nadie que esta Organización surgió como una organización hemisférica que tiene el talante y la institucionalidad de hoy a partir de lo que fue 1948, de aquella conferencia en Bogotá, en donde el mundo entraba en los albores de lo que se denominó después “la Guerra Fría”, guerra que a ratos no fue tan fría en nuestro continente y que tuvo un impacto significativo en la región. Todos los países, en una u otra medida, sufrimos la consecuencia de aquello.
Pero esa Guerra Fría terminó. La realidad del mundo de la década de los cuarentas, en el siglo XX, es sustancialmente distinta de la realidad del mundo hoy. Hablamos de gobernabilidad y de democracia, pero hoy entendemos que hay otro decálogo que se abre entre nosotros y otros desafíos. Los desafíos con los cuales se pensó el orden institucional de esta Organización en el año 1948, en el siglo XX, son distintos de los de hoy. Hoy día, si nosotros quisiéramos plantearnos otro decálogo, algunos de sus puntos son similares, pero de enfoques muy distintos. Seguridad y terrorismo hoy tienen una forma de plasmarse distinta de seguridad y terrorismo en 1948. Por eso es tan importante la próxima conferencia que sobre seguridad hemisférica se realizará en México.
El de los flujos financieros internacionales era un tema prácticamente desconocido en 1948. Los flujos financieros ¿qué eran? Salvo los organismos financieros internacionales de reciente creación en aquellos años, prácticamente no existían. Hoy, los flujos financieros internacionales nos plantean desafíos de una envergadura en donde constatamos la incapacidad de nuestros elementos internos de conducción económica frente a aquello. Y, por lo tanto, la necesidad de ver dónde y en qué foro y cómo lo hacemos para debatir aquello es un tema central.
Los elementos son otro tema que tienen que ver con el comercio mundial en el llamado que nos ha hecho César Gaviria esta tarde, respecto de lo que es la actual ronda de Doha, el avance desde el antiguo GATT a la Organización Mundial del Comercio y la nueva realidad de un mundo global, en donde el comercio que ha existido siempre tiene como características nuevas la simultaneidad de la operación.
Y entre los nuevos temas están el medio ambiente o la transformación educacional en la que está América Latina, que a través del sistema educacional fue capaz de tener un elemento de movilidad social, de lo cual buena parte de nuestros países están orgullosos. Hoy todos constatamos que el solo evento de poder garantizar un banco y una sala de clases a un joven de nuestra América Latina, no es suficiente elemento de promoción social si no tenemos, al mismo tiempo, mediciones de calidad en cada uno de nuestros establecimientos. O el tema de las identidades culturales, en donde, en un mundo global, para insertarnos y ponernos en nuestros propios pies, si no somos capaces de tener raíces culturales de envergadura, entonces, difícilmente podemos mantener nuestra presencia en un mundo global como región; los cambios en el ámbito de la familia y cómo la fortalecemos, o la lucha contra la pobreza, o cómo somos capaces de garantizar servicios básicos, como salud y vivienda, para todos.
Estas cuestiones son las que preocupan al ciudadano común y corriente en nuestro continente. Y desde la OEA tenemos la oportunidad de trabajar en ellas desde la diversidad de sus integrantes. Aquí, en este foro, están aquellos países que han alcanzado los más altos niveles de desarrollo y aquí, en este foro, está la principal potencia política y militar del mundo contemporáneo. En buena hora. Aquí, en este foro, están los que transitan por desarrollos intermedios; aquí, en este foro, están los que luchan por derrotar los retrasos que sofocan a su gente.
Creo, entonces, que podemos utilizar mucho más y mucho mejor este foro multilateral. Hoy día, en un mundo de integración creciente, todas las regiones, unas más, otras menos, están construyendo mecanismos eficientes y adecuados para participar en el diálogo mundial. En los nuevos mapas del siglo XXI las articulaciones son múltiples, los países tienen diversas pertenencias ligadas a distintos proyectos económicos, a tradiciones políticas, a diálogos interregionales, a determinantes geográficas.
Aquí, la Organización de los Estados Americanos tiene una determinante geográfica fundamental, historias comunes de muchos de nuestros países. Esa realidad geográfica, que une a países de muy distinto talante y nivel, tal vez nos permita, entonces, ser capaces desde aquí de pensar y plasmar, desde este hemisferio, cómo entendemos que podemos avanzar en la gobernabilidad de un mundo más global y más globalizado.
Asumiendo estas diversas pertenencias tras el fin del mundo bipolar, creo que podemos convertir a la OEA en un espacio privilegiado de diálogo, a partir de esta determinante geográfica que nos convoca desde Alaska a Tierra del Fuego, con valores comunes, con visiones comunes. Esos valores y visiones tienen que estar al servicio de un mundo que, desde aquí, desde este hemisferio, podemos ayudar a construir de una manera mejor.
Por eso creo que las Cumbres de las Américas de Miami, de Santiago de Chile y de Quebec dieron nuevos marcos políticos y nuevas tareas a la OEA y a las otras entidades interamericanas. Tal vez hoy día podemos dar un paso más. La Organización de los Estados Americanos representa el escenario del diálogo posible y necesario de nuestro continente, y de nuestro continente y de su encuentro en su diversidad. Esta, creo yo, es tal vez la razón más poderosa por sí misma para potenciar esta instancia multilateral. La clave está en descubrir el sentido y proyección de este nuevo diálogo.
Cada cual hará lo suyo en su respectivo país. Si algo hemos descubierto es que nadie lo hará por nosotros, al interior de nuestras sociedades. Si algo hemos descubierto es que el entorno puede facilitarnos nuestro desarrollo, pero la tarea está al interior de cada uno de nuestros países. Cada cual, entonces, actuará desde la perspectiva de su propia historia, de sus propias realidades nacionales, pero lo común pasa por una plataforma de convicciones compartidas, que es lo que hemos construido a lo largo de estos años.
Si se presentan, como es natural que ocurra, crisis en algunos de los países que forman parte de la OEA, debiéramos debatirlas con franqueza y claridad.
Por eso hoy, aquí, me parece tan importante comprender que las dificultades de un país hermano como Colombia corresponde a los amigos colombianos enfrentar y resolver, pero ellos tienen que saber que cuentan con el compromiso y la vocación de cada uno de los países de la OEA para colaborar en la solución, en la forma que su Gobierno estime más adecuado. Las dificultades de Colombia son dificultades que atañen a toda la región; la forma de abordarlas y resolverlas atañe a su Gobierno. Lo que queremos aquí es dar un respaldo a la tarea del Presidente Uribe y de su Gobierno para enfrentar el fenómeno del narcotráfico y la guerrilla que aflige a ese país.
Por eso, creo que junto a estos temas particulares están los más amplios, aquéllos a los cuales se refería César Gaviria. Si queremos que esta nueva ronda de la Organización Mundial del Comercio sea efectivamente una ronda para el desarrollo, ¿qué mejor lugar tal vez que la OEA para tener un diálogo regional al respecto, aquí donde se enfrentan países con tan distintos intereses? ¿O precisamente porque en el ámbito del comercio tenemos intereses tan distintos, podemos entonces plantear temas comunes? O temas respecto de los cuales, en la incapacidad de alcanzar un consenso, como decía César Gaviria, tenemos que dejarlos para el encuentro multilateral en Doha, pero teniendo claridad también de por qué tenemos los disensos que tenemos.
Aquí podemos coordinar un papel decisivo en materia de política exterior frente a muchos temas. ¿Qué nos impide abordar en este foro, con países como los Estados Unidos y Canadá, temas como el de las finanzas internacionales, la seguridad hemisférica o la generación y expansión de bienes públicos globales? ¿Cómo abordamos los temas culturales que tienen que ver con la esencia de nuestros países?
Vemos entonces, aquí, que este nuevo mundo que surge ante nuestros ojos plantea nuevos desafíos a la Organización, similares a los que tuvo hace 50 años, cuando tuvo su nuevo impulso en la Conferencia de Bogotá, pero distintos en cuanto a los problemas que tenemos que abordar y convocar. En aquel entonces el multilateralismo y la Carta de las Naciones Unidas tenían sólo tres años en ejecución. Hemos avanzado mucho, hemos caminado mucho. Este avance y ese caminar han significado también un mundo que cambió ante nuestros ojos, desde un muro de Berlín que comenzaba a surgir, hasta un muro que desaparece a finales de la década de los ochentas.
Es en este nuevo mundo donde me parece que la Organización de los Estados Americanos tiene un nuevo desafío. Y es aquí donde se manifiesta la capacidad de diálogo para discutir los temas vigentes, que se modernizan de acuerdo con el nuevo contexto internacional; es aquí donde creo que esa Carta de la OEA hoy día adquiere mayor vigencia ante los nuevos temas, mayor fuerza ante la necesidad de plantear un diálogo con franqueza y con claridad, pero por sobre todo, un diálogo en que todos tenemos la conciencia de que ahora el ser humano nunca más será un ser solitario en el planeta. La suerte de unos y otros depende de lo que hagan otros y unos. Comencemos, entonces, en este diálogo hemisférico, que nos permita plantearnos a nosotros, latinoamericanos, con mayor fuerza en el mundo de hoy.
Muchas gracias y muchos éxitos en sus deliberaciones. Y bienvenidos nuevamente a Santiago de Chile. [Aplausos.]
[Se levanta la sesión a las 8:15 p.m.]

TRIGÉSIMO TERCER PERÍODO ORDINARIO DE SESIONES OEA/Ser.P

8 al 10 de junio de 2003 AG/ACTA 383/03

Santiago, Chile 9 junio 2003

Original: Textual

ACTA DE LA PRIMERA SESIÓN PLENARIA

Fecha: 9 de junio de 2003

Hora: 9:30 a.m.

Lugar: Hotel Sheraton
Presidenta: Señora María Soledad Alvear Valenzuela

Ministra de Relaciones Exteriores de Chile


Presentes: Guillermo Pérez-Cadalso Arias (Honduras)

Delano Franklyn (Jamaica)

Miguel Hakim Simón (México)

Norman Caldera Cardenal (Nicaragua)

Harmodio Arias Cerjack (Panamá)

José Antonio Moreno Ruffinelli (Paraguay)

Maritza Puertas de Rodríguez (Perú)

Francisco Guerrero Prats (República Dominicana)

Timothy Harris (Saint Kitts y Nevis)

Sonia M. Johnny (Santa Lucía)

Louis Straker (San Vicente y las Granadinas)

Maria E. Levens (Suriname)

Knowlson Gift (Trinidad y Tobago)

Didier Opertti Badán (Uruguay)

Roy Chaderton Matos (Venezuela)

Gaston Browne (Antigua y Barbuda)

Rafael Bielsa (Argentina)

Fred Mitchell (Bahamas)

Billie A. Miller (Barbados)

Godfrey Smith (Belice)

Carlos Saavedra Bruno (Bolivia)

Celso Luiz Nunes Amorim (Brasil)

Bill Graham (Canadá)

Carlos Portales (Chile)

Carolina Barco (Colombia)

Roberto Tovar Faja (Costa Rica)

Nina Pacari Vega (Ecuador)

María Eugenia Brizuela de Ávila (El Salvador)

Colin L. Powell (Estados Unidos)

Denis G. Antoine (Grenada)

Edgar Gutiérrez (Guatemala)

Odeen Ishmael (Guyana)

Joseph Philippe Antonio (Haití)
César Gaviria (Secretario General de la OEA)

Luigi R. Einaudi (Secretario General Adjunto)



2. Palabras de la Presidenta de la Asamblea General
La PRESIDENTA: Señoras y señores Cancilleres y Jefes de Delegación, señor Secretario General de la OEA, señor Secretario General Adjunto, señoras y señores Representantes de los países Observadores Permanentes, representantes de organismos internacionales, señoras y señores Embajadores, invitados especiales:
Agradezco vuestra presencia en Chile. Para mí es un honor presidir la trigésima tercera Asamblea General de esta Organización en la cual se encuentran representadas las Américas en su amplia diversidad.
Felicito a la Ministra de Relaciones Exteriores de Barbados por el excelente trabajo desarrollado en la Asamblea General celebrada en su país en junio del año pasado.
Chile está comprometido activamente con el esfuerzo de los países de las Américas por mejorar la calidad de nuestras democracias. Trabajamos para incorporar el valor de la equidad en un modelo de desarrollo sustentable, con miras a hacer de nuestro continente un espacio donde la libertad esté asociada a la consolidación de la paz, la justicia y el bienestar de su gente. Esta es la aspiración de millones de personas que anhelan vivir con pleno reconocimiento a su dignidad y derechos en un marco democrático.
El siglo XXI nos abre oportunidades reales para el desarrollo económico y el progreso social de nuestros pueblos. No obstante, hay que reconocer que la distribución de estas oportunidades, el lado amable de la globalización, no sigue un patrón equitativo en el Hemisferio. Vastos sectores no acceden a sus beneficios y están expuestos a sus riesgos e incertidumbres.
Nuestro desafío es asegurar una gobernabilidad sobre los procesos de globalización que a partir de un conjunto de valores éticos maximice las oportunidades y los beneficios y, a la vez, reduzca sus efectos adversos; una gobernabilidad que asuma las transformaciones sociales, en un marco de estabilidad y sustento institucional.
Para lograrlo es indispensable una democracia efectiva y sólida que permita espacios de participación activa en los procesos económicos, sociales y culturales. Debemos trabajar por un acceso sin exclusiones, de todos y para todos.
En esta ciudad, hace doce años, suscribimos el Compromiso de Santiago con la Democracia y la Renovación del Sistema Interamericano. Asimismo, aprobamos la resolución AG/RES. 1080 (XXI-O/91) sobre democracia representativa, iniciándose un proceso en que, colectivamente, hemos ido afianzando los valores y principios que organiza la convivencia política.
La adopción en Lima de la Carta Democrática Interamericana, en 2001, representó un hito en ese proceso, marcando un antes y un después en la historia de las Américas.
La democracia es el factor articulador ético y político de nuestro sistema interamericano. Este sello de identidad de las Américas nos proyecta en el mundo. Es por ello que vemos con interés todos los esfuerzos que favorezcan la universalización de estos valores.
Desde el reconocimiento de la democracia en la historia de las Américas, pasando por los proyectos y luchas por su realización, hemos llegado a consagrarla como una norma vinculante para la vida política y social del Hemisferio. No obstante, esta situación se ve reflejada por un hecho significativo: si bien en América Latina más de la mitad de la población apoya la democracia, el grado de satisfacción con ella solo alcanza a un tercio de esta.
Hoy nos enfrentamos a obstáculos que nuestros regímenes democráticos deben superar si aspiramos a una mejor calidad de nuestras democracias. Entre esos obstáculos cabe poner de relieve los altos grados de exclusión social prevalecientes en la región, la brecha entre la realidad financiera transnacional y las demandas sociales internas, así como la persistencia de rasgos del sistema político y de la cultura política que impiden la flexibilidad necesaria para integrar y procesar, de manera equilibrada, las demandas de grupos sociales emergentes.
Los valores democráticos se deben reafirmar para responder a los urgentes desafíos y nuevas vallas que enfrentamos en el Hemisferio. Hoy, el camino para asegurar una gobernabilidad democrática debe asumirse desde tres dimensiones. Primero, la del desarrollo y modernización institucional; segundo, la de equidad en el modelo económico y, tercero, la de una integración social participativa.
No seguir este camino nos dejaría sin herramientas para prevenir la frustración ciudadana y superar el peligro que representa la indiferencia frente a la política, frente a la tarea pública, frente a la democracia misma. Como dijo el Presidente Lagos, debemos observar la realidad de nuestras sociedades desde los ojos de los ciudadanos, porque estos solo son plenos cuando, además de votar y opinar libremente, sienten que en su sociedad hay un lugar para sus sueños, para sus esfuerzos y sus ganas de ser.
La tarea específica de la OEA en este diseño de superación de los desafíos y obstáculos es la de fortalecer los mecanismos que permitan que sus mandatos contribuyan a poner en práctica las prioridades políticas de los Estados, en áreas directamente vinculadas a la generación de mejores condiciones de gobernabilidad. El documento preparado por la Unidad para la Promoción de la Democracia sobre esta materia apunta precisamente a ese objetivo.
El Gobierno de Chile tiene la convicción de que el compromiso democrático debe ser reafirmado en el contexto de una nueva etapa en la evolución política y del progreso social de la región, en que la gobernabilidad democrática y la confianza de la ciudadanía hacia sus instituciones sociales y políticas adquieren una dimensión central.
Recientemente, en el Consenso de Cusco, los Presidentes del Grupo de Río, junto con reconocer que nuestros países experimentaban el proceso de democratización más extensa y profunda de su historia, señalaron que solo democracias con altos niveles de gobernabilidad pueden atender las legítimas demandas que los pueblos reclaman al sistema democrático.
Es evidente, entonces, que uno de nuestros principales desafíos es el de desarrollar estrategias que nos permitan avanzar en el establecimiento de mejores condiciones de gobernabilidad democrática.
Para ello es menester modernizar el Estado, consolidar los valores democráticos en nuestra sociedad e incentivar la participación ciudadana e incrementar los niveles de cohesión social de nuestros países.
Respecto de la modernización del Estado, existen demandas que exigen al Estado mayores niveles de eficiencia, responsabilidad y transparencia, así como también probidad en la gestión y una apertura a la incorporación de nuevas tecnologías. Más allá de los intereses políticos asociados a esta demanda, lo que es necesario debatir es el sentido mismo de la modernización del Estado y de las instituciones políticas, en la perspectiva de asegurar mayores niveles de gobernabilidad democrática en cada país.
Modernizar la gestión pública significa, entre otros aspectos, hacerla más flexible y abierta para continuar la inserción de los Estados en los flujos políticos, económicos, tecnológicos y culturales globales, junto con atender las crecientes demandas de participación y reconocer la contribución a la gobernabilidad hemisférica.
Temas tales como la reforma y modernización de la justicia, la reforma policial, la relación entre servicio público y usuario, la modernización de los sistemas electorales, el financiamiento de la actividad política, entre otros, constituyen desafíos relevantes en el campo de la modernización del Estado que tenemos por delante. El Centro de Estudios de Justicia de las Américas es un testimonio de cómo el sistema interamericano puede contribuir a mejorar en el Hemisferio la calidad de la justicia y sus valores. En el Seminario Interamericano sobre justicia y gobernabilidad democrática, celebrado con ocasión de esta Asamblea, se abordó el proceso regional de reforma judicial.
Es necesario, en consecuencia, promover un modelo de gobernabilidad en que el Estado asegure los mayores niveles de comunicación, tanto en el ámbito externo como en el interno, y entre la economía mundial y la vida cotidiana.
Respecto de la participación civil y de partidos políticos, existe una preocupación creciente por un fenómeno de desconfianza de la ciudadanía respecto de los partidos políticos. Ello es grave para quienes entendemos que los partidos políticos deben tener un papel central en la democracia.
No obstante, este problema de credibilidad no expresa necesariamente un rechazo de la ciudadanía hacia la vida política. Al contrario, en la sociedad civil han emergido nuevos grupos y movimientos, con nuevas formas de acción colectiva, que son capaces de gestionar demandas públicas a nivel estatal.
En este sentido, nos encontramos entonces con dos formas de hacer política: la primera se refiere a los partidos –de vital importancia– y las elecciones y la segunda a los intereses de una sociedad civil organizada. La apuesta por la gobernabilidad se centra en articular estos dos ámbitos de la política, ya que los partidos no pueden existir separados de los legítimos intereses de la sociedad, y esta, por su parte, debe ser capaz de organizar sus propias demandas de un modo democrático y pacífico.
Los partidos políticos, en un contexto de gobernabilidad, serán los legítimos portadores de los intereses civiles, promoviendo la participación ciudadana y poniendo en contacto al Estado con las realidades sociales. Los partidos políticos constituyen un vehículo de comunicación entre lo social y lo político, una bisagra entre el individuo y el Estado.

En consecuencia, en una agenda prospectiva de gobernabilidad democrática se debe reconstruir el papel de los partidos en su apertura hacia nuevas y crecientes formas de participación civil, de autogestión de intereses y del tratamiento de las demandas a partir de la inclusión y el reconocimiento de la diversidad.


Junto a lo anterior, también debe ocupar un lugar relevante entre nuestras preocupaciones el reto de mejorar la calidad del debate público, promover una amplia participación social y política de mujeres y jóvenes y otros sectores tradicionalmente marginados de los asuntos públicos, fomentando sistemas políticos inclusivos y cooperativos que fuercen los principios y valores democráticos como base de nuestra convivencia civilizada.
Permítanme una última reflexión, que se refiere a cultura democrática y ciudadanía. Una de las condiciones para mejorar la gobernabilidad democrática es la existencia efectiva de una conciencia social centrada en la igualdad, la tolerancia y el respeto a la diversidad como base del debate público. Podemos afirmar que es posible acceder a una convivencia más madura y racional en una sociedad donde estos valores sean respetados. Sin embargo, la diversidad, la tolerancia y el respeto a los derechos humanos deben darse en el marco de un proyecto colectivo libre de exclusiones y participativo.


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