Informe del presidente del consejo permanente sobre la reunion de expertos sobre fortalecimiento de la gobernabilidad democrat



Descargar 1.15 Mb.
Página2/25
Fecha de conversión18.11.2018
Tamaño1.15 Mb.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   25
Este año quisiera hacer énfasis en el esfuerzo de los Estados Miembros por adoptar en su legislación las disposiciones internas requeridas por el sistema interamericano de derechos humanos y por alcanzar la universalidad del mismo mediante la ratificación de la Convención Americana y la aceptación de la jurisdicción de la Corte. Este proceso es de gran importancia para fortalecer la integridad y eficacia de la protección brindada por el sistema a los habitantes del Hemisferio.
Vale la pena en esta ocasión realzar el papel de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión. Quiero también llamar la atención en cómo, año tras año, hemos ido avanzando en darle a la Corte y a la Comisión la mayor autonomía institucional posible. Este año se hizo énfasis en el tema de racismo y en los derechos de los trabajadores migratorios y de sus familias. Asimismo, nos satisfacen los avances logrados en la declaración sobre los derechos de los pueblos indígenas.
En materia de corrupción queremos reportar el éxito del Mecanismo de Seguimiento, que nos ha permitido producir un informe sobre Argentina y que hacia julio nos permitirá tener informes sobre Colombia, Paraguay y Nicaragua, países que voluntariamente se ofrecieron para ser analizados.
Sin duda, el mejor ejemplo de una cabal aplicación de la Carta Democrática lo constituye el caso de Venezuela, donde, con el apoyo del Centro Carter y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), hemos cumplido una función de facilitación en una mesa de negociación y acuerdos.
En este tema, la resolución CP/RES. 833 (1349/02) del Consejo Permanente definió nuestro mandato. Hemos desempeñado nuestras funciones tratando de evitar que las turbulencias políticas, la agitación social y las gigantescas movilizaciones ciudadanas, en medio de una gran polarización, desembocaran en episodios de violencia o en menoscabo del estado de derecho y el orden constitucional. Hubo algunos acontecimientos que lamentar y la pérdida de algunas vidas, pero, en general, no se dieron hechos de mayor gravedad, en buena parte gracias al inmenso respeto por la vida que existe en Venezuela.
Uno de los más importantes logros de la mesa de negociación y acuerdos ha sido el de servir de canal abierto de comunicación, especialmente en los más álgidos momentos, así como de elemento de moderación y contención de las pasiones políticas en todas las circunstancias.
Las partes lograron un acuerdo que fue firmado el día 29 de mayo. La eventual utilización del artículo 72 de la Constitución de ese país, si se dan, según el Consejo Nacional Electoral, los requisitos constitucionales en relación con las firmas, sin duda representa la salida pacífica, democrática, electoral y constitucional que tan intensamente hemos buscado en la mesa y a la que hace referencia la resolución 833 del Consejo Permanente.
El acuerdo contempla la disposición del gobierno del Presidente Chávez de cumplir con las responsabilidades que le corresponden, de dar los recursos financieros y de seguridad para su eventual realización, en referendos convocados por el Consejo Nacional Electoral. Todos se han comprometido a acatar la Constitución y a respetar las decisiones del nuevo Consejo Nacional Electoral y del Tribunal Supremo de Justicia. El acuerdo se ha diseñado pensando en el fortalecimiento de las instituciones democráticas del país y de las funciones constitucionales de los poderes públicos. Damos las gracias al grupo de amigos del Secretario General, compuesto por el Brasil, los Estados Unidos, México, Chile, España y Portugal, por su apoyo a nuestras tareas.
Quisiera en este momento hacer una referencia a la libertad de expresión. Como ya lo señalamos en Caracas el día de la firma del acuerdo, es muy importante que se informe a los ciudadanos sobre las opciones políticas con objetividad e imparcialidad. Y en el trámite de la legislación que está a estudio de la Asamblea, es fundamental que, después de un diálogo con medios y periodistas, surja incólume la libertad de expresión para que Venezuela pueda recorrer este conmocionado período de cambios institucionales dentro del pleno respeto a los valores democráticos. Para la OEA es también particularmente importante el reconocimiento que el Gobierno y la oposición hacen en el acuerdo de la Carta Democrática y la referencia expresa y taxativa de la totalidad de principios y normas allí consignados.
En la Secretaría, como lo señala el acuerdo, damos por concluido el funcionamiento de la mesa de negociación y acuerdos. El facilitador se mantendrá a disposición de las partes para cualquier problema significativo que surja en su desarrollo. Esperamos que las instituciones, el Gobierno y la oposición resuelvan cualquier impasse dentro de los preceptos del acuerdo y a través del mecanismo de enlace que ambas partes se han comprometido a crear. Estamos dispuestos a cumplir la función de acompañamiento que ambas partes nos han asignado en el acuerdo.
Quiero agradecer, en nombre de nuestra Organización, al Gobierno del Presidente Chávez, a su Vicepresidente, al Canciller Roy Chaderton y a todos los representantes en la mesa, tanto del Gobierno como de la Coordinadora Democrática, por su extraordinaria dedicación y seriedad; al Presidente Jimmy Carter por su permanente atención y apoyo; al Secretario Kofi Annan y a su equipo; al Embajador Jorge Valero; y a mi jefe de Gabinete, Fernando Jaramillo, por la dedicación y acierto con que trabajó a lo largo de estos meses.
También hay que enmarcar nuestro trabajo en Haití en la utilización de un mecanismo previsto en la Carta Democrática. Desde la última Asamblea los Estados Miembros, incluyendo los de CARICOM y algunos países observadores, nos han apoyado en la búsqueda de una solución a la crisis derivada de las elecciones del año 2000. Sin embargo, a pesar de algunos avances, la situación ha cambiado poco desde julio de 2002.
En septiembre, el Consejo Permanente aprobó la resolución CP/RES. 822 (1331/02), la cual incluyó importantes disposiciones para la normalización de la cooperación económica entre el Gobierno de Haití y las instituciones financieras internacionales; la reafirmación de los mandatos de la Misión Especial para el Fortalecimiento de la Democracia en Haití y un llamado a la “formación de un Consejo Electoral Provisional (CEP) autónomo, independiente, creíble y neutral”, a más tardar el 4 de noviembre de 2002. El proceso de normalización con las entidades financieras está en marcha; con significativo apoyo de varios países, le hemos dado continuidad al trabajo de la Misión, pero no ha sido posible la conformación del Consejo Electoral conforme a las bases previamente acordadas.
El Consejo Permanente envió una Misión a Puerto Príncipe en marzo de 2003, dirigida por el Ministro de Relaciones Exteriores de Santa Lucía y el Secretario General Adjunto y con la presencia de representantes de entidades multilaterales de crédito. Tanto yo como el Secretario General Adjunto, el Grupo de Amigos de Haití y el Director de nuestra Misión Especial, creemos que es necesario que el Gobierno de Haití dé los pasos requeridos para asegurar la celebración de elecciones libres, justas y transparentes, en los términos de las resoluciones del Consejo. También, si esas condiciones se dan, que la oposición participe tanto del Consejo Electoral Provisional como de las elecciones.
Creo que, a pesar de la dificultad para superar la crisis política, debemos persistir con nuestros países miembros que hacen parte de CARICOM y con los países observadores que nos apoyan en luchar por fortalecer los valores democráticos en Haití. No podemos permitir ni aceptar que nuestro país miembro con más problemas sociales y más atraso económico pierda de manera progresiva su rumbo democrático. Confío en que ese sea el mandato de esta Asamblea y que trabajemos en ello con renovado vigor. De seguro, tanto el Presidente Jean-Bertrand Aristide como sus opositores nos van a acompañar en este nuevo esfuerzo de negociación y en mantener el importante rol de la Misión Especial. Nos estimula el que justo anteayer el Presidente Aristide haya escogido un director de la policía con altas dotes profesionales, lo que podría conducirnos por el sendero democrático que hemos estado buscando.
Queremos realzar cómo Argentina emerge de su crisis con sus instituciones democráticas incólumes. El Gobierno del Presidente Néstor Kirchner inicia una era de esperanza, con una enorme tarea económica, política y social por realizar. Está en el interés de todos los americanos el éxito de su gestión, así como el hecho de que el sistema multilateral de instituciones financieras, y en especial el Fondo Monetario Internacional, asuman la responsabilidad que les corresponde de una manera decidida y realista, para asegurar la plena reinserción de Argentina en el sistema financiero internacional. Eso es de crucial importancia para todos los americanos y no solamente para los argentinos.
Quisiéramos mencionar el significativo éxito en la política económica que ha logrado en Brasil el nuevo Gobierno del Presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Su liderazgo ha devuelto una gran dosis de confianza no solo en Brasil sino en toda la región. Sus acciones han puesto fin a una oleada de volatilidad de capitales que afectó severamente nuestro crecimiento en los últimos dos años. También quisiera poner de presente la estabilidad económica que ha conseguido el Presidente Lucio Gutiérrez, del Ecuador. En Colombia, con un creciente apoyo de la comunidad de naciones, el Presidente Álvaro Uribe ha avanzado significativamente en su política de seguridad democrática diseñada para hacerle frente a los problemas de narcoterrorismo que tanto han afectado a mi país. Igualmente, nos satisface a todos las elecciones plenamente democráticas en Barbados, Belice, Jamaica, Paraguay y Trinidad y Tobago.
Todos esperamos que las negociaciones en curso sobre la constitución del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) se terminen en los plazos establecidos y alcancen resultados equitativos y equilibrados, teniendo presente los intereses de todas las subregiones. Como ya lo hemos visto, la celebración de acuerdos bilaterales y la profundización de los acuerdos subregionales son útiles a la integración hemisférica. Enhorabuena por la firma del tratado Chile-Estados Unidos. Es parte de una amplia política de Chile de acuerdos con países y grupos de la región y fuera de ella. Tuve la ocasión, como Presidente de Colombia, de hacer uno, pionero, con el Presidente Patricio Aylwin, de Chile, hace ya cerca de una década. No podemos olvidar, sin embargo, la importancia de concretar un acuerdo genérico y comprensivo que profundice el acceso a los mercados entre todos los países del sistema interamericano y vincule sus economías con disciplinas comunes.
Para todos es muy importante dar cumplimiento al Acuerdo Ministerial de Doha, particularmente en lo relacionado con las reglas del sistema multilateral de comercio. Para concretar el ALCA, los negociadores tienen el reto de ser muy realistas en esta etapa final. Urge llegar a un consenso sobre qué aspectos se van a negociar en la ronda multilateral de Doha y qué aspectos mantener dentro del ALCA. La aprobación en la reunión ministerial de Quito de un Programa de Cooperación Hemisférico para fortalecer las capacidades relacionadas con negociaciones comerciales nos ha permitido apoyar aun más el proceso negociador, particularmente en relación con las economías más pequeñas y vulnerables.
Gracias particularmente al esfuerzo de los Estados Unidos, nuestro principal contribuyente, la liquidez de la Organización mejoró sustancialmente en el año 2002, lo cual permitió reducir los retrasos en pagos y asegurar la salud financiera en el largo plazo. De manera simultánea, continuó el deterioro en materia presupuestal, como resultado de ocho años de congelación de nuestros ingresos nominales. Las limitaciones crecientes del Fondo Regular han hecho que las áreas de la Organización acudan a fondos específicos de los países o de agencias internacionales, los cuales han aumentado de un 15% de la ejecución presupuestal en 1997 a un 46% en 2002.
Para algunas áreas el uso de fondos específicos es aun mayor. En el 2002, estos financiaron el 81% de las iniciativas en el área de democracia y el 77% de las actividades de CICAD. En algunos aspectos esta tendencia es positiva, pero cada vez son más los recursos administrativos y técnicos dedicados a administrar fondos específicos, y cada vez tenemos menos recursos para los mandatos de las Cumbres hemisféricas y de nuestras Asambleas. Cuando nuestros Cancilleres, Presidentes y Primeros Ministros miren el futuro de esta Organización deben revisar estos aspectos, porque no es posible, de manera indefinida, atender demandas crecientes de actividades y recursos con la reducción permanente de nuestro Fondo Regular. Ello no se corresponde con el papel que se le ha otorgado a la OEA en los asuntos hemisféricos.
Quisiera hacer unas últimas reflexiones que nos puedan llevar a una mayor gobernabilidad democrática.
Creo necesario llamar la atención sobre la pertinencia de la propuesta de Canadá para convocar una Cumbre Extraordinaria de Jefes de Estado y de Gobierno, en México, porque sin duda vivimos tiempos durante los cuales no solo se ha afectado severamente nuestro crecimiento económico, sino que hay cada vez más interrogantes sobre cómo deben actuar nuestros gobernantes para superar semejantes escollos. Desestimar un poco la importancia de las variables políticas en los noventas y haber creído que el desarrollo está determinado solo por variables económicas fue, sin duda, un camino errado. Por eso, lo que antes era una discusión económica sobre el modelo, se ha convertido en una discusión eminentemente política.
Los latinoamericanos en particular tenemos que abandonar el camino de las sobresimplificaciones. Siempre, cuando uno de esos modelos de una sola variable se nos agota, nos movemos a la siguiente. Me refiero al estatismo o al proteccionismo, o a la libertad de mercados, o al libre comercio, o a la apertura, o a la globalización –como se le quiera llamar–, que son a veces solo fórmulas o recetas que nunca explican nuestros problemas –por lo menos, no todos– y, desde luego, tampoco explican nuestros transitorios éxitos ni nuestros frecuentes fracasos.
También hemos aprendido que algunas de las políticas que aplicamos en los noventas y que nos llevarían a la prosperidad no eran el punto de llegada sino apenas un punto de partida, apenas una precondición. Los que se enunciaban como grandes objetivos en los noventas se volvieron simples prerrequisitos y ya no tienen el brillo, novedad, ese aire de infalibilidad. Es necesario, entonces, hacer un mejor balance entre lo que fueron los resultados del anterior modelo y lo que han representado los logros y limitaciones del nuevo. Tal vez lo único cierto es que ni el uno ni el otro tienen mucho que mostrar en términos de disminuir la pobreza o en términos de disminuir la desigualdad.
Los programas de ajuste estructural y modernización de la economía le dieron a la política social un papel apenas marginal, residual, limitado a aminorar las inevitables consecuencias de dichas medidas. Por eso no nos podemos sorprender por la ineficacia de nuestros Estados en la lucha contra la pobreza.

Esperamos que la Cumbre Extraordinaria sirva para que de manera colectiva nuestros gobernantes tomen una decisión mucho más categórica y expresa para que la política y la inversión social tengan un rol central en nuestros Estados y en las acciones de nuestros gobiernos. Como lo ha señalado el Presidente Lagos, nadie ganará si no hay justicia social.


Y se nos hace imperativo, con la guía de nuestros gobernantes, construir pues esta agenda común que supere los paradigmas de la década pasada, que han sido desbordados por los acontecimientos de estos años y que han estado afectando nuestra gobernabilidad democrática. Requerimos sin duda de un plan para encarar la globalización y para fortalecer al mismo tiempo nuestra posición competitiva. Estamos urgidos de construir sistemas educativos que nos ayuden a cerrar la brecha de ingresos entre los que más tienen y los que menos, que nos ayuden a eliminar la exclusión social. Quisiera mencionar, de manera marginal, el papel que puede jugar el Portal Educativo de las Américas, una iniciativa de nuestra Agencia Interamericana para la Cooperación y el Desarrollo (AICD). Necesitamos también un conjunto de políticas para fortalecer la paz social, el respeto al estado de derecho y la seguridad ciudadana.
Construir y desarrollar esa agenda a comienzos del milenio nos permitirá hacer realidad nuestros sueños de integración y justicia social. Les corresponde a nuestros gobernantes dar un fuerte timonazo para asegurar que en los años por venir arribemos a buen puerto. Solo con más reformas, más democracia y mejores instituciones y políticas estatales, podremos abocar las tareas del crecimiento con equidad, podremos abordar la inclusión y el bienestar a que tienen derecho todos los americanos.
Gracias a los chilenos por ofrecernos este generoso y estimulante marco para nuestra Asamblea. Gracias. [Aplausos.]

2. Discurso del Presidente de Chile


El MAESTRO DE CEREMONIAS: Señoras y señores, hará uso de la palabra a continuación el señor Presidente de la República, don Ricardo Lagos Escobar.
El PRESIDENTE DE CHILE: Señor Secretario General, señora Ministra, señor Presidente Patricio Aylwin, autoridades de los poderes del Estado, Representante de las Fuerzas Armadas y de Orden, señores Cancilleres y Jefes de Delegación:
Para Chile es un honor que la Asamblea General de la OEA se reúna aquí en Santiago. Y en nombre de mi país quiero darle a todos ustedes una cordial bienvenida y desearles éxito en sus deliberaciones. El éxito en sus deliberaciones implica ahondar en el tema a que se refería nuestro Secretario General, el de la gobernabilidad democrática en las Américas.
El tema que nos convoca y que convoca a esta Asamblea es un tema de estos tiempos, a partir de la discusión de la democracia como un tema central de las preocupaciones de la OEA, por más de una década, a raíz de la resolución AG/RES. 1080 (XXI-O/91), cuando aquí en Santiago, en 1991, se da comienzo al proceso que se cristalizó el 11 de septiembre de 2001 con el establecimiento de la Carta Democrática Interamericana. Y ello porque la democracia entró en una fase nueva de desafíos, tras el fin de la Guerra Fría y todos los fenómenos que están ligados a la globalización.
Cuando nos preguntamos por de la gobernabilidad, por su eficiencia, por sus nuevos alcances y nuevos desafíos, nos estamos interrogando sobre la calidad del espacio ciudadano que podemos crear en la sociedad de hoy. La pregunta principal tal vez sea esa: ¿qué significa ser ciudadano hoy, cómo se participa, cómo se convive con otros ciudadanos, para avanzar de manera conjunta como nación?
Las bases de un sistema democrático son esenciales para un buen gobierno; es demasiado obvio. Sin embargo, hemos aprendido que las bases de un sistema democrático son condición necesaria; desgraciadamente, no son condición suficiente. Las sociedades de hoy necesitan tener cauces sólidos para tratar sus diferencias, pero a la vez requieren energía para poder mantener sus consensos fundamentales.
Allí está la clave de la gobernabilidad: cómo tenemos cauces para tratar diferencias, pero cómo, entre todos, entendemos que tenemos consensos fundamentales como país. Es esa difícil ecuación la que nos permite entonces avanzar más allá de lo que son exclusivamente las normas consensuadas de un sistema democrático.
Entonces, además del estado de derecho, además de una buena carta constitucional, además del respeto a los derechos humanos, todas tareas que son esenciales, tan esenciales como la vieja separación de poderes que nos anunció Montesquieu, gobernabilidad significa tener, entre gobernantes y gobernados, una visión común del país que se quiere y de las grandes metas hacia donde ese país camina.
Y en este período, como muy bien nos lo recordaba César Gaviria, hemos visto que sin políticas sociales adecuadas, sin instituciones que funcionen, el así denominado en su momento Consenso de Washington es impotente por sí mismo para dar cuenta de las tareas de hoy.
Es cierto, todos nuestros gobiernos dijeron “sí” en la década de los noventas a una buena gestión macroeconómica en su más amplio sentido. Hemos descubierto que eso no basta, porque los países no son un gráfico de un equilibrio general estadístico. Son más que eso. Y por eso hoy surgen voces de quienes reconocen, incluso aquellos que impulsaron el denominado Consenso de Washington, que si se deja atrás la visión social, el concepto mismo de gobernabilidad no está completo.
Por ello yo diría que además de aquel famoso decálogo que convocó al manejo económico responsable y a la creación de escenarios políticos sólidos y eficientes, hay que avanzar en otros ámbitos, en otros rumbos, que tienen que ver con la relación de gobernantes y gobernados, de ciudadanos y consumidores, de cómo es posible ahora abordar temas que están en la esencia de nuestras propias políticas.
¿Cuánto somos capaces de avanzar en la vieja y antigua relación entre dinero y política? ¿Cuánto podemos avanzar para tener gobiernos que sean más transparentes para enfrentar la corrupción? ¿Cuánto significa tener gobernabilidad que implique políticas sociales para llegar a aquéllos a los cuales normalmente no se llega, porque con el decálogo de Washington muchos tienen la sensación de que quedan al margen del progreso? A su región no llega, a su segmento social no llega.
Por ello, preguntarse por las nuevas tendencias hacia las cuales debe caminar la gobernabilidad nos lleva a observar la realidad de nuestras sociedades desde los ojos de los ciudadanos. Y allí es donde esa realidad, tras un largo bregar en estos años, nos lleva a la conclusión de que queda un largo camino por recorrer. Porque globalidad política no se explica por sí misma si no hay avances sustanciales al mismo tiempo, si no somos capaces también de tener una suerte de gobernabilidad social.
Esta es entonces, creo, la ecuación cívica determinante: sólo es ciudadano pleno aquél que, además de votar y opinar libremente, siente que en su sociedad, aquella de la cual él forma parte, hay un lugar para sus sueños, para sus esfuerzos, para sus ganas de ser. No puede sentir que la sociedad de la cual forma parte lo excluye a él o a los suyos, en una u otra forma, en cualquiera de esos bienes o servicios respecto de los cuales el avance del progreso humano entiende que son bienes o servicios que tienen que garantizarse a todos los hijos de una sociedad.
Es aquí donde me parece central entender que gobernabilidad tiene mucho más que ver con el concepto del ciudadano que con el concepto del consumidor. Todos somos consumidores y todos somos ciudadanos. La esencia está en que los consumidores lo son con un poder distinto según su capacidad de consumo; y sociedades que se hacen a imagen y semejanza de los consumidores, son sociedades que están plasmadas por un nivel de desigualdad a partir de la desigualdad del consumo. Ciudadanos somos todos y todos nos igualamos en el voto. Cuando los ciudadanos deciden que determinados bienes y servicios deben estar al alcance de todos, entonces esos bienes y servicios, de carácter público, son centrales para definir la gobernabilidad.
¿Cuántos de esos servicios están al alcance de la sociedad, como lo hemos declarado tantas veces? ¿Cuánto la ley no es sino una declaración vacía porque no somos capaces de avanzar en hacerla realidad?
Y entonces, cuando la declaración del ciudadano no se condice con la realidad social, hay conflictividad social. Es allí entonces donde lograr cohesión social en un país es esencial para la gobernabilidad política. Sin ella, sin esa cohesión, la gobernabilidad será precaria. Es aquí, entonces, donde nos parece tan importante entender que, a medida que vamos definiendo aquellos bienes y servicios de carácter público, no necesariamente significa que tienen que ser provistos por el Estado, como podíamos pensar en el pasado. Pero sí debemos estar en condiciones de garantizar esos bienes y servicios, como definición de una sociedad que quiere que el progreso alcance a todos.


Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   25


La base de datos está protegida por derechos de autor ©composi.info 2017
enviar mensaje

    Página principal