Historia Social



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Elecciones presidenciales

de 1970 en Magallanes

Los resultados en las elecciones presidenciales en Magallanes, se correspondieron con una tendencia que favoreció al candidato Salvador Allende, que a su vez, obedecía a una tradición de preferencia mayoritaria a favor de los líderes socialistas y de izquierda, que se manifestaba desde la década de los años cincuenta en la región austral.


En efecto, el triunfo de Salvador Allende en Magallanes, en particular, era la expresión de una tradición socialista y de izquierda, que provenía desde los años cuarenta y cincuenta, en que líderes como Alfredo Hernández, Ernesto Guajardo y Carlos González llegaron a la Cámara de Diputados, o cuando las mayorías dieron la Alcaldía de Punta Arenas a Manuel Ibáñez Pérez, Nelda Panicucci y Carlos González Yaksic y a Abel Paillamán y Octavio Castro en Puerto Natales.
Al momento de la elección presidencial, como se ha visto, Salvador Allende era Senador por Magallanes, habiendo sido elegido con una alta votación en 1969.
Los resultados finales fueron los siguientes:
Magallanes.

R. Tomic: 3.453

J. Alessandri: 2.464

S. Allende: 6.505


Ultima Esperanza.

R. Tomic: 1.398

J. Alessandri: 1.359

S. Allende: 2.799


Tierra del Fuego.

R. Tomic: 487

J. Alessandri: 583

S. Allende: 1.078

Culminado el acto eleccionario al final de la tarde del 4 de septiembre, miles de magallánicos salieron a celebrar el triunfo de la Unidad Popular, y en particular, los dirigentes de la Central Unica formaron parte de dichas celebraciones.
Resultaba evidente en las cifras, que en los tres departamentos de la provincia, la candidatura presidencial de Salvador Allende triunfó holgadamente frente a sus competidores más cercanos, destacándose los resultados de Ultima Esperanza y Tierra del Fuego, sobre la base de una importante votación campesina, un tradicional sector de influencia socialista en Magallanes.
La dirección provincial de la Central Unica de Trabajadores en Magallanes publicó una declaración el 5 de septiembre, en la que elogió el triunfo presidencial, al que calificó “...de los trabajadores y del pueblo”.


El contexto histórico

del triunfo de la Unidad Popular

en Chile

El triunfo electoral de la Unidad Popular en 1970 encontraba sus raíces en prolongados procesos sociales, políticos y económicos de antigua data en la historia nacional.


Desde un punto de vista histórico, un primer elemento de comprensión es que la sociedad chilena había sido una sociedad socialmente fracturada desde su origen: surgió de la invasión y de la conquista española.
En segundo lugar, la conquista da lugar a un rígido orden social, que define clara y rigurosamente la posición de ricos y pobres, blancos, indios y mestizos; en tercer lugar, el proceso de independencia no modificó substantivamente el orden económico y social y dio lugar a un orden político definidamente autoritario (el régimen portaliano, el del peso de la noche, de la autoridad obedecida, etc.).
De este modo, tanto en la etapa colonial como en gran parte del primer siglo de la República, el pueblo estuvo fuera de la política y no participaba de ella, al menos en un sentido formal o dentro del sistema político

Esto no quiere decir, sin embargo, que el pueblo no desarrollara “acciones colectivas” que lo fueran constituyendo en “sujeto colectivo”. Por ejemplo, importantes segmentos del pueblo campesino emigraron del campo a la ciudad en la segunda mitad del siglo XIX: los peones necesitaron “echarse al camino” para “probar suerte”, buscando dejar atrás la tradicional estructura agraria que les impedía desarrollarse como campesinos. En este proceso de “descampesinización”, unos devinieron en pirquineros, otros en artesanos, otros en comerciantes ambulantes y otros en vagabundos o bandoleros. Un rico y dinámico proceso identitario se puso en movimiento y la élite en el poder fue evolucionando del “miedo al indio”, propio de la primera etapa colonial, al “miedo a los pobres”, que ya se había hecho manifiesto a mediados del siglo XVIII, cuando se crearon los primeros cuerpos de policía en la ciudad de Santiago.


Pero junto a los procesos sociales de cambio que tenían en su base la permanente búsqueda de la sobrevivencia del pueblo, ya en 1850 se desarrolló la primera experiencia de organización sociopolítica del pueblo a través de la Sociedad de la Igualdad, experiencia democratizadora de corta vida por obra y gracia del estado de sitio y la represión del ministro Antonio Varas.


Gran parte de la segunda mitad del siglo XIX fue de ensayos organizativos, muchos de ellos con gran autonomía del Estado, hasta que, en los inicios del siglo XX estalló la “cuestión social”: por una parte se hicieron cada vez más visibles e insoportables las deterioradas condiciones de vida de la mayoría del pueblo y por otra, emergió con inusitada fuerza y extensión la protesta social. Un ciclo de huelgas y motines abrió el siglo XX chileno, desde la huelga portuaria de Valparaíso, en 1903, hasta la movilización obrera a lo largo y ancho de la pampa salitrera, que culminó en la masacre de la escuela Santa María de Iquique, en 1907 y con la formación de las grandes organizaciones obreras.
Como se ha visto, también en Magallanes surgieron organizaciones obreras ya desde la experiencia de la Unión Obrera en 1896 y posteriormente a principios del siglo XX, con las primeras sociedades obreras de resistencia y la Federación Obrera.
Así se inició el siglo XX, con la entrada en la escena política del movimiento popular chileno. Desde un punto de vista social, en cierto modo, un siglo XX corto, que corre desde 1903 a 1973, desde la huelga portuaria de Valparaíso hasta el golpe de Estado. En estos 70 años el movimiento popular se fue nutriendo y ensanchando con diversos movimientos sectoriales: el obrero, el campesino, el de los estudiantes, el de los profesores, los empleados públicos y más tarde, los pobladores, las mujeres en sus diversas vertientes, los jóvenes, los cristianos, etc.
En los primeros setenta años del siglo XX diversas coyunturas sociales y políticas marcaron la tendencia principal de evolución del movimiento popular y obrero: en los años veinte, desde las marchas del hambre articuladas por la FOCH hasta la primera Asamblea Constituyente de Obreros e Intelectuales, de 1925; en los años treinta, desde las huelgas ferroviarias de 1935 y 1936 hasta la constitución del Frente Popular; en los años cuarenta, desde el reconocimiento e integración de la Izquierda al sistema político hasta la represión de los mineros del carbón y la ley maldita; en los años cincuenta, desde la fundación de la CUT, pasando por la toma de La Victoria hasta la casi elección de Salvador Allende en 1958; en los años sesenta, desde las huelgas de la educación, la salud, las tomas de fundos y sitios hasta el triunfo de Salvador Allende y de la Unidad Popular.

Como se ha visto, en 1968 la Central Unica de Trabajadores (CUT) había convocado a una huelga nacional en contra de un proyecto de ley que limitaba el “derecho a huelga”. El espíritu combativo de miles de trabajadores se acrecentaba: en 1969 se realizaron 1.939 huelgas, que aumentaron a 5.295 en 1970. Los campesinos, a partir de un aumento de su organización sindical, incrementaron también sus movilizaciones, exigiendo el cumplimiento de la “Reforma Agraria” aprobada en 1967. Los estudiantes universitarios, coincidiendo con las grandes manifestaciones estudiantiles en Europa y Estados Unidos y liderados principalmente por los distintos partidos y movimientos de izquierda, ocupaban las universidades en un intento por democratizarlas. En este contexto de profundo ascenso de la movilización popular, nació la alianza política y electoral denominada Unidad Popular, compuesta por el Partido Comunista (PC), Partido Socialista (PS), Partido Radical (PR), Movimiento de Acción Popular Unitario (MAPU), Acción Popular Independiente (API) y Partido Social Demócrata (PSD).


Los vínculos entre la Unidad Popular, como conglomerado político y la Central Unica de Trabajadores, eran amplios y profundos: numerosos dirigentes sindicales de dichos partidos, formaban parte de las federaciones gremiales y de la propia Central y constituían la elite directiva de la UP. En Magallanes la mayoría de la dirigencia sindical de la Central Unica, era al mismo tiempo integrante de los principales partidos de la coalición política de la Unidad Popular, de manera que los líderes sindicales, respaldados con la fuerte representatividad y legimitidad social que los sustentaba, ejercían una gran influencia en el seno de la alianza política.
El Programa Básico de la Unidad Popular, que se aprobó en diciembre de 1969, recogía políticamente las principales demandas sociales, políticas y económicas de la CUT. Entre sus objetivos principales se inscribía el antiimperialismo y la lucha contra la burguesía monopolista nacional, la democratización, integrar a las Fuerzas Armadas (FF.AA.) en el desarrollo nacional y la creación de una nueva institucionalidad política y jurídica. La Unidad Popular quería transformar el sistema y el carácter del Estado para, finalmente, sustituir el modelo de desarrollo capitalista, superando el capitalismo dependiente. El economista Hugo Fazio señalaba al respecto: “el gobierno encabezado por Salvador Allende constituye el mayor esfuerzo por resolver las grandes contradicciones generadas en la sociedad chilena por la presencia dominante del capital extranjero y los grandes intereses económicos internos, posibilitando una participación activa de las mayorías nacionales. Constituye el proceso del siglo XX más importante de transformaciones progresivas en el país”. Reformas que eran consideradas indispensables para afianzar futuras transformaciones revolucionarias. La efervescencia popular se encontraba en su apogeo, en plena campaña se produjo el primer Paro General Campesino de la historia de Chile y, a menos de dos meses de las elecciones, la CUT convocó otra huelga nacional. A pesar del amplio movimiento popular, la UP alcanzó un 36,2%, mientras el FRAP, en 1964 había obtenido un 38,6%.
Los antecedentes inmediatos del triunfo de la Unidad Popular se remontan a la época del Frente Popular. En efecto, en 1934 el Partido Socialista (PS) llamaba a formar un Frente Nacional de Defensa contra el Fascismo, mientras el Partido Comunista propiciaba la creación de un “frente unido de proletarios y campesinos contra el fascismo”. A fines de 1935 el Congreso de la Komintern aprobó oficialmente la política del Frente Popular: impulsar una alianza con la pequeña burguesía y la burguesía nacional. El triunfo del Frente Popular en Chile, como en otras democracias del mundo, fue el resultado de un proceso de ascenso del movimiento obrero y de toma de consciencia de las llamadas capas medias. El movimiento obrero chileno, fuertemente golpeado por la ‘Ley Maldita’ se recuperó prontamente.
Es importante subrayar además, que –como se ha apreciado en los decenios anteriores de este relato- la figura de Salvador Allende se encontraba profundamente arraigada en la tradición política de izquierda en Magallanes. Salvador Allende fue elegido dos veces Senador por Magallanes y su presencia en las estancias y ciudades de la región austral se remontaba a fines de la década de 1940 y principios de los ’50 cuando presentó su primera candidatura presidencial.
La elevada votación de Salvador Allende en las elecciones de 1958, fue el reflejo de un proceso de politización de obreros y campesinos. La unificación de los grupos socialistas permitió incorporar a capas medias y nuevos sectores del proletariado fabril urbano. El Partido Comunista (PC), en pleno período de reestructuración luego de salir de la ilegalidad a que lo sometió el gobierno de González Videla y de Ibañez, recuperó rápidamente sus posiciones en el movimiento sindical. A su vez, el triunfo de la Revolución Cubana (1960) ejerció una influencia decisiva en la reanimación política y sindical del movimiento obrero, abriendo una etapa de expansión de las luchas sindicales y de la convocatoria e influencia de los partidos de izquierda en toda América Latina.
La Revolución Cubana fue un importante antecedente para amplios sectores populares y grupos políticos, aunque la “vía chilena al socialismo” fue definida, en más de una oportunidad, por el propio Salvador Allende: “Chile es hoy la primera nación de la tierra llamada a conformar el segundo modelo de transición a la sociedad socialista”. La disputa entre “reformismo” y “revolución” se mantuvo y, en importante medida, el impasse nunca se resolvió. Para el historiador Gabriel Salazar, “la Unidad Popular es el colofón de un proceso más largo, de una seguidilla de fracasos de una clase política que creyó que la Ley Constitucional de 1925, que era liberal, permitiría hacer una revolución desarrollista, populista, sin violar la ley”.
La Unidad Popular quería mejorar la distribución del ingreso, reducir la dependencia del exterior, diversificar las exportaciones, reducir la dependencia de los créditos externos. Era un Chile democrático, con un parlamento que funcionaba, en donde estaban representados todos los sectores políticos, con un poder judicial, con independencia de lo parlamentario y del ejecutivo; con medios de comunicación notablemente más pluralistas. Un país con bastantes formalidades, más sistémico, con menos corrupción, con más componentes de participación; con todos los defectos característicos del subdesarrollo. Un país con una Reforma Agraria en marcha, y un rasgo muy determinante: tres tercios políticos.
En cada una de estas coyunturas lo que estuvo en juego fueron demandas de justicia social y de democratización política, horizonte ya previsto por Recabarren y sus cercanos en 1912, cuando afirmaron que no bastaba la democracia política, sino que se requería de la democracia social y económica para hacer posible el socialismo y la “felicidad del pueblo”.
Para luchar en esta perspectiva fundaron el Partido Obrero Socialista. En las diversas coyunturas de movilización popular que recorren el siglo XX se ensayaron diversas estrategias, en que convivían formas de organización y de lucha que ponían el acento en la reivindicación al Estado así como en la autonomía de los movimientos y sus capacidades de producir cambios con o sin el Estado. Esta tensión, entre la autonomía del movimiento y su dependencia del Estado y del sistema de partidos, que recorre la historia del movimiento popular, se hizo presente muchas veces y alcanzó un punto crítico durante la Unidad Popular.
En síntesis, el triunfo de la Unidad Popular, recogía las experiencias del Frente del Pueblo y del Frente de Acción Popular, y de las grandes organizaciones obreras como la FOCH, la CTCH y la CUT, elevando sus demandas al plano político e institucional.
La elección presidencial del 4 de septiembre de 1970, significó sin duda un hecho político de envergadura en la historia del trabajo y de los trabajadores en Magallanes.
El 6 de septiembre, la Central Unica de Trabajadores, en nombre de las 45 federaciones sindicales afiliadas, anunció en Santiago mediante una declaración pública, “...el respaldo de los trabajadores a Allende...”, y la realización en todas las provincias del país de asambleas sindicales ampliadas con el fin de adoptar medidas “...de respaldo y defensa de la Unidad Popular”. Ya desde el día siguiente del triunfo de Allende, habían comenzado diversas maniobras y tentativas –desde el interior de Chile y desde Estados Unidos- dirigidas a frenar o impedir que el Presidente Electo asumiera sus funciones.
Así de este modo, la Central Unica de Trabajadores a nivel nacional unía políticamente el desarrollo y el destino del Gobierno de la Unidad Popular a la entidad más representativa de los trabajadores de Chile.


Diagnóstico

y programa de gobierno (1970-1971)

¿Existía una visión programática de conjunto en Magallanes sobre el desarrollo de la región, entre las nuevas autoridades de gobierno?


Siendo escasas las referencias documentales existentes sobre este tópico, aquí interesa subrayar que muchas de las líneas de acción decididas entre septiembre de 1970 y los primeros meses de 1971, respondían o intentaban responder a las demandas y reivindicaciones largamente protagonizadas por la Central Unica de Trabajadores y por los dos principales partidos del conglomerado del nuevo gobierno.
En síntesis, la política de gobierno de la Unidad Popular para Magallanes tenía un fuerte componente voluntarista de industrialización, proceso en el que el Estado debía ser el actor central, planificador y articulador.
Ello resultaba evidente en el Plan Anual 1971 de la Oficina de Planificación ODEPLAN, que señalaba para Magallanes los siguientes objetivos.
Región IX: Magallanes.
Un objetivo esencial del Plan para Magallanes, es profundizar la Reforma Agraria y organizar las haciendas estatales; al respecto interesa destacar que el plan de expropiación significa más de 500.000 has. en su mayoría pertenecientes a sociedades anónimas y que será complementada con la importación de 5.000 vientres y 200 toros finos; la ampliación de empastadas artificiales en 2.000 has. en Tierra del Fuego y trabajos de cercado con una inversión total de 260.000 escudos.
Un segundo objetivo importante que se persigue es solucionar el problema del transporte intra e inter-regional. Al respecto la creación de la línea Austral, subsidiaria de LAN ya mencionada atenderá la zona desde Llanquihue al sur; la ampliación y refuerzo de la pista del aeropuerto Presidente Ibañez, puerto Porvenir y otros. Se propone la adquisición de un moderno barco de cabotaje entre Punta Arenas y Puerto Montt y la dotación de 8 embarcaciones menores para la zona del litoral austral.
En cuanto al transporte vial, se incluye la pavimentación de 58 kms. de la ruta Punta Arenas – Puerto Natales.
El Plan Anual persigue también romper los actuales canales monopólicos de comercialización e iniciar una solución definitiva al problema de abastecimientos que sufre Magallanes.
Con tal motivo se plantea la creación de una central de abastecimientos de materias primas industrialeds, una central de comercialización de productos industriales para el pequeño y mediano productor y la apertura de un poder comprador estatal para la zona. Asimismo se ha programado la instalación de 27 invernaderos con el objeto de abastecer la zona de productos hortícolas a precios relativamente bajos.
Otro objetivo importante consiste en incrementar la base económica regional. Esta iniciativa cuyos frutos son de más largo plazo pretende 6 estudios principales:
- el levantamiento aerofotogramétrico;

- la prospección minera para determinar posibles existencias de cobre, caliza, petróleo, etc.

- inventario forestal;

- estudio de factibilidad del complejo industrial derivado del gas natural;

- prospección pesquera a fin de tasar las potencialidades del recurso; y

- terminación de estudios de factibilidad de planta de cemento.
A fin de solucionar los problemas de orden social, el Plan incluye también dos programas básicos:


  • vivienda: contempla una inversión de 86 millones de escudos, que significan la construcción y terminación de 1.400 viviendas;




  • obras sanitarias representa la terminación del embalse Lynch, la dotación de una planta de filtros para Punta Arenas y obras de alcantarillado y agua potable para Porvenir, Natales y Punta Arenas.” (1195)

Los programas y políticas de los distintos servicios públicos, tendieron a ajustarse a estos lineamientos generales de política, aun en medio de las coyunturas críticas que debió enfrentar la economía regional y nacional.


El 8 de septiembre, al término de una entrevista formal del Presidente Electo Salvador Allende con el Presidente Eduardo Frei, el líder de la Unidad Popular hace un llamado a los obreros y trabajadores para que llegado el caso, defiendan la victoria obtenida.
El 11 de septiembre, mientras se denunciaba un complot para asesinar al Presidente Allende y en medio de una oleada de rumores, la Central Unica anunciaba una huelga general en caso que sea bloqueada la elección del candidato de la Unidad Popular, al mismo tiempo que la organización sindical entregaba al Ministro de Hacienda, Andrés Zaldívar, una nómina de 35 empresas en las que los trabajadores habían acordado efectuar una paralización de faenas.
Las presiones y maniobras para generar un clima de ingobernabilidad institucional realizadas por la derecha política y económica, llegaron por esos días incluso al campo sindical, donde los trabajadores de la compañía cuprífera Anaconda, que gestionaba el mineral de Chuquicamata declararon una huelga el 1° de octubre, que se prolongó por 22 días, no obstante los llamados del Presidente Electo Salvador Allende para que depongan la paralización.
El 22 de octubre, a raíz del atentado y asesinato del Comandante en Jefe del Ejército René Schneider, por parte de un comando de ultraderecha, el país es declarado en estado de emergencia, mientras la Central Unica emitió una declaración alertando a todos los trabajadores, repudiendo el crimen y reiterando su propósito de convocar a un paro nacional en caso que se intente bloquear la elección de Salvador Allende por el Congreso Pleno.
A partir del 2 de noviembre, la Central Unica en Santiago se encargó del recibimiento de numerosas delegaciones sindicales internacionales invitadas a los actos de transmisión del mando presidencial.
El triunfo electoral de la Unidad Popular, significó en el resto del país y en Magallanes un período intenso de negociaciones y tratativas, relativas a la toma de posesión del Gobierno. A fines de octubre se conoció el nombre del nuevo Intendente Provincial, el antiguo dirigente socialista Zvonimir Gezan, decisión que fue percibida con satisfacción por la dirigencia sindical de la CUT.
A partir del triunfo de Salvador Allende en septiembre y de su asunción al poder el 4 de noviembre de 1970, numerosos dirigentes sindicales obreros y de empleados, así como de profesionales y técnicos, fueron llamados a asumir cargos en la Administración Pública y en el Gobierno provincial, tanto por confianza política como en cuanto parte del proceso de participación de los trabajadores en la administración de las empresas públicas.
Tal fue el caso del dirigente obrero magallánico y enapino José Cárcamo Barría, quién fue nombrado representante del Presidente de la República en el Directorio de la Empresa Nacional del Petróleo.

El diagnostico efectuado

en el Programa Básico

de la Unidad Popular

El Gobierno de la Unidad Popular, orientó su accionar a partir de un diagnóstico altamente crítico de la situación de la economía y de los trabajadores, diagnóstico que aparece expresado en los siguientes términos en el Programa Básico de la Unidad Popular:


Chile vive una crisis profunda que se manifiesta en el estancamiento económico y social, en la pobreza generalizada y en las postergaciones de todo orden que sufren los obreros, campesinos y demás capas explotadas, así como en las crecientes dificultades que enfrentan empleados, profesionales, empresarios pequeños y medianos y en las mínimas oportunidades de que disponen la mujer y la juventud.
Los problemas en Chile se pueden resolver. Nuestro país cuenta con grandes riquezas como el cobre y otros minerales, un gran potencial hidroeléctrico, vastas extensiones de bosques, un largo litoral rico en especies marinas, una superficie agrícola más que suficiente, etc.; cuenta, además, con la voluntad de trabajo y progreso de los chilenos, junto con su capacidad técnica y profesional. ¿Qué es entonces lo qué ha fallado?
Lo que ha fracasado en Chile es un sistema que no corresponde a las necesidades de nuestro tiempo. Chile es un país capitalista, dependiente del imperialismo, dominado por sectores de la burguesía estructuralmente ligados al capital extranjero, que no pueden resolver los problemas fundamentales del país, los que se derivan precisamente de sus privilegios de clase a los que jamás renunciarán voluntariamente.
Más aún, como consecuencia misma del desarrollo del capitalismo mundial, la entrega de la burguesía monopolista nacional al imperialismo aumenta progresivamente, se acentúa cada vez más en su dependencia su papel de socio menor del capital extranjero.
Para la gran mayoría, en cambio, vender a diario su esfuerzo, su inteligencia y su trabajo es un pésimo negocio, y decidir sobre su propio destino es un derecho del cual, en gran medida, aún están privados.
En Chile las recetas reformistas y desarrollistas que impulsó la Alianza para el Progreso e hizo suyas el gobierno de Frei no han logrado alterar nada importante. En lo fundamental ha sido un nuevo gobierno de la burguesía al servicio del capitalismo nacional y extranjero, cuyos débiles intentos de cambio social naufragaron sin pena ni gloria entre el estancamiento económico, la carestía y la represión violenta contra el pueblo. Con esto se ha demostrado, una vez más, que el reformismo es incapaz de resolver los problemas del pueblo. El desarrollo del capitalismo monopolista niega la ampliación de la democracia y exacerba la violencia antipopular.
El aumento del nivel de lucha del pueblo, a medida que fracasa el reformismo, endurece la posición de los sectores más reaccionarios de las clases dominantes que, en último término, no tienen otro recurso que la fuerza. Las formas brutales de la violencia del Estado actual, tales como las acciones del Grupo Móvil, el apaleo de campesinos y estudiantes, las matanzas de pobladores y mineros, son inseparables de otras no menos brutales que afectan a todos los chilenos.
Porque violencia es que junto a quienes poseen viviendas de lujo, una parte importante de la población habite en viviendas insalubres y otros no dispongan siquiera de un sitio; violencia es que mientras algunos botan la comida, otros no tengan cómo alimentarse. La explotación imperialista de las economías atrasadas se efectúa de muchas maneras: a través de las inversiones en la minería (cobre, hierro, etc.), y en la actividad industrial, bancaria y comercial mediante el control tecnológico que nos obliga a pagar altísimas sumas en equipos, licencias y patentes, de los préstamos norteamericanos en condiciones usurarias que nos imponen gastar en Estados Unidos y con la obligación adicional de transportar en barcos norteamericanos los productos comprados, etc.
Para muestra un solo dato. Desde 1952 hasta hoy, los norteamericanos invirtieron en América latina 7 mil 473 millones de dólares y se llevaron 16 mil millones de dólares. De Chile el imperialismo ha arrancado cuantiosos recursos equivalentes al doble del capital instalado en nuestro país, formado a lo largo de toda su historia.
Los monopolios norteamericanos, con la complicidad de los gobiernos burgueses, han logrado apoderarse de casi todo nuestro cobre, hierro y salitre. Controlan el comercio exterior y dictan la política económica por intermedio del Fondo Monetario Internacional y otros organismos. Dominan importantes ramas industriales y de servicios; gozan de estatutos de privilegio, mientras imponen la devaluación monetaria, la reducción de salarios y sueldos y distorsionan la actividad agrícola por la vía de los excedentes agropecuarios. Intervienen también en la educación, la cultura y los medios de comunicaci6n. Valiéndose de convenios militares y políticos tratan de penetrar las FF. AA.
Las clases dominantes, cómplices de esta situación e incapaces de valerse por ellas mismas, han intensificado en los últimos diez años el endeudamiento de Chile con el extranjero. Dijeron que los préstamos y compromisos con los banqueros internacionales podrían producir un mayor desarrollo económico. Pero lo único que lograron es que hoy día Chile tenga el récord de ser uno de los países más endeudados de la tierra en proporción a sus habitantes.
En Chile se gobierna y se legisla a favor de unos pocos, de los grandes capitalistas y sus secuaces, de las compañías que dominan nuestra economía, de los latifundistas cuyo poder permanece casi intacto.
A los dueños del capital les interesa ganar siempre más dinero y no satisfacer las necesidades del pueblo chileno. Si producir e importar automóviles de alto precio, por ejemplo, es un buen negocio se desvían hacia ese rubro valiosos recursos de nuestra economía, sin tener en cuenta que sólo un porcentaje ínfimo de chilenos están en condiciones de adquirirlos y que hay necesidades mucho más urgentes que atender; desde luego, en este mismo rubro, la de mejorar la locomoción colectiva, dotar de maquinaria a la agricultura, etc.
E1 grupo de empresarios que controla la economía, la prensa y otros medios de comunicación; el sistema público, y que amenaza al Estado cuando éste insinúa intervenir o se niega a favorecerlos, les cuesta muy caro a todos los chilenos. Para que ellos se dignen seguir trabajando, pues sólo ellos pueden darse el lujo de poder trabajar o no, es preciso:
No darles toda clase de ayuda. Los grandes empresarios estrujan al Estado bajo la amenaza que no habrá inversión privada si las ayudas y garantías que piden no se les otorgan; no permitirles producir lo que ellos quieran con el dinero de todos los chilenos, en lugar de elaborar lo que necesita la gran mayoría del país; no dejarlos llevarse las ganancias que obtienen a sus cuentas bancarias en el extranjero, no dejarlos despedir obreros si éstos piden mejores salarios; no permitirles manipular la distribución de alimentos, acapararlos para provocar escasez y de esta manera subir los precios a fin de continuar enriqueciéndose a costa del pueblo. Mientras tanto, buena parte de los que efectivamente producen experimentan una difícil situación:
Medio millón de familias carecen de viviendas y otras tantas o más viven en pésimas condiciones en cuanto a alcantarillado, agua potable, luz, salubridad. Las necesidades de la población en materia de educación y salud son insuficientemente atendidas.
Más de la mitad de los trabajadores chilenos reciben remuneraciones insuficientes para cubrir sus necesidades vitales mínimas. La desocupación y el trabajo inestable se sufre en cada familia. Para innumerables jóvenes la posibilidad de empleo se presenta muy difícil e incierta.
El capital imperialista y un grupo de privilegiados que no pasa del 10 % de la población, acaparan la mitad de la renta nacional. Esto significa que de cada cien escudos que los chilenos producen, 50 van a parar a los bolsillos de 10 oligarcas y los otros 50 deben repartirse entre 90 chilenos, del pueblo y de la clase media.
El alza del costo de la vida es un infierno en los hogares del pueblo y, en especial, para la dueña de casa. En los últimos 10 años, según datos oficiales, el costo de la vida ha subido casi en un mil por ciento.
Esto significa que todos los días se les roba una parte de su salario o de su sueldo a los chilenos que viven de su trabajo. Igual como les ocurre a los jubilados y pensionados, al trabajador independiente, al artesano, al pequeño productor, cuyas exiguas rentas son recortadas a diario por la inflación.
Alessandri y Frei aseguraron que pondrían término a la inflación. Los resultados están a la vista. Los hechos demuestran que la inflación en Chile obedece a causas de fondo relacionadas con la estructura capitalista de nuestra sociedad y no con las alzas de remuneraciones corno han pretendido hacer creer los sucesivos gobiernos para justificar la mantención del sistema y recortar los ingresos de los trabajadores. El gran capitalista, en cambio, se defiende de la inflación y más aún se beneficia con ella. Sus propiedades y capitales se valorizan, sus contratas de construcción con el Fisco se reajustan, y los precios de sus productos suben llevando siempre la delantera a las alzas de remuneraciones.
Un alto número de chilenos están mal alimentados. Según estadísticas oficiales, el 50 % de los menores de 15 años de edad están desnutridos. La desnutrición afecta su crecimiento y limita su capacidad de aprender, de instruirse.
Esto demuestra que la economía en general y el sistema agrícola en particular, son incapaces de alimentar a los chilenos, pese a que Chile podría sustentar ahora mismo una población de 30 millones de personas, el triple de la población actual. Por el contrario, debemos importar cada año centenares de miles de dólares en alimentos de origen agropecuario.
El latifundio es el gran culpable de los problemas alimentarios de todos los chilenos y responsable de la situación de atraso y miseria que caracteriza al campo chileno. Los índices de mortalidad infantil y adulta, de analfabetismo, de falta de viviendas, de insalubridad son, en las zonas rurales, marcadamente superiores a las de las ciudades. Estos problemas no los ha resuelto la insuficiente Reforma Agraria del gobierno demócratacristiano. Sólo la lucha del campesinado con el apoyo de todo el pueblo puede resolverlos. El actual desarrollo de sus combates por la tierra y la liquidación del latifundio abre nuevas perspectivas al movimiento popular chileno.
El crecimiento de nuestra economía es mínimo. En los últimos lustros hemos crecido, en promedio, apenas a razón de un 2 % anual por persona; y desde 1967 no hemos crecido, más bien hemos retrocedido, según las cifras del propio Gobierno (ODEPLAN). Esto quiere decir que en 1966 cada chileno tenía una mayor cantidad de bienes de la que tiene hoy. Ello explica que la mayoría esté disconforme y busque una alternativa para nuestro país.
La única alternativa verdaderamente popular y, por lo tanto, la tarea fundamental que el Gobierno del Pueblo tiene ante sí, es terminar con el dominio de los imperialistas, de los monopolios, de la oligarquía terrateniente e iniciar la construcción del socialismo en Chile.”
A su vez, el capítulo social del Programa Básico, proponía lo siguiente:
Puntos básicos de esta acción de gobierno serán:
a) Definición de una política de remuneraciones, procediendo a crear de inmediato los organismos que con participación de los trabajadores, determinarán cifras que efectivamente constituyan sueldos vitales y salarios mínimos en las diversas zonas del país.
Mientras subsista la inflación se procederá a establecer por ley reajustes automáticos, de acuerdo con el alza del costo de la vida. Se procederá en un plazo que será definido técnicamente, a establecer un sistema de sueldos y salarios mínimos de niveles iguales para trabajos iguales, cualquiera sea la empresa donde estos trabajos se realicen. Del mismo modo se eliminará toda discriminación entre el hombre y la mujer o por edad en materia de sueldos y salarios.
b) Unificar, mejorar y extender el sistema de seguridad social, manteniendo todas las conquistas legítimas alcanzadas, eliminado los privilegios abusivos, la ineficiencia y el burocratismo, mejorando y haciendo expedita la atención de los interesados, extendiendo el sistema previsional a los sectores que aún no la tienen, y entregando a los imponentes la administración de las Cajas de Previsión, las que funcionarán dentro las normas de la planificación.
c) Asegurar la atención médica y dental, preventiva y curativa a todos los chilenos, financiada por el Estado, los patrones y las instituciones de previsión. Se incorporará la población a la tarea de proteger la salud pública. Los medicamentos, sobre las base de un estricto control de costos en los laboratorios y la racionalización de la producción, se entregarán en cantidad suficiente y a bajo precio.
d) Se destinarán fondos suficientes a fin de llevar a cabo un amplio plan de edificación de viviendas. Se desarrollará la industrialización de la construcción de la construcción controlando sus precios, limitando el monto de las utilidades de las empresas privadas o mixtas que operan en este rubro. En situaciones de emergencia se asignarán terrenos a las familias que los necesiten, facilitándoles ayuda técnica y material para edificar sus viviendas. El Gobierno Popular tendrá como objetivo de su política habitacional que cada familia llegue a ser propietaria de una casa habitación. Se eliminará el sistema de dividendos reajustables. Las cuotas o rentas mensuales que deban pagar los adquirientes y viviendas y arrendatarios, respectivamente, no excederán, por regla general, del 10% del ingreso familiar. Llevar adelante la remodelación de ciudades y barrios, con el criterio de impedir el lanzamiento de los grupos modestos a la periferia, garantizando los intereses del habitante del sector remodelado, como del pequeño empresario a allí labore, asegurando a los ocupantes su ubicación futura.
e) Se establecerá la plena capacidad civil de la mujer casada y la igual condición jurídica de todos los hijos habidos dentro o fuera del matrimonio así como una adecuada legislación de divorcio con disolución del vínculo, con pleno reguardo de los derechos de la mujer y los hijos.
f) La división legal entre los obreros y empleados será suprimida, estableciendo para ambos la calidad común de trabajadores y extendiendo el derecho a sindicalizarse a todos aquellos que actualmente no lo tienen.”

A partir de las elecciones presidenciales de septiembre y de la toma de posesión del Gobierno por la Unidad Popular, la CUT Provincial comenzó a desempeñar un rol cada vez más protagónico en el desarrollo de la acción del Estado, al mismo tiempo que vio reforzada y fortalecida su capacidad de interlocución con las autoridades y funcionarios de la administración del Estado.


Hubo desde entonces y hasta 1973, representantes de la CUT en el Consejo del Banco Central, del Servicio de Seguro Social, de CORHABIT dependiente del Ministerio de Vivienda, en el Comité de Abastecimientos, y otros.


El IV Congreso de la Central Unica

en Magallanes

(octubre de 1970)

Un evento importante en la historia sindical regional fue el V Congreso Provincial de la CUT, efectuado en octubre de 1970.


En julio de 1970, informaba “La Prensa Austral” de los preparativos para este encuentro: “Temario y Programa. En una reunión ampliada a realizarse el próximo jueves a las 19 horas la Central Unica de Trabajadores, procederá a confeccionar el temario y programa de trabajo del Quinto Congreso Provincial que se verificará en nuestra ciudad los días 10, 11 y 12 de octubre próximo. En el temario se incluirán materias relacionadas con los problemas que afectan a los trabajadores tanto en el aspecto social, económico y previsional. Muchos de los puntos son coincidentes con la plataforma de lucha que trazó la directiva nacional de la Central Unica de Trabajadores. El torneo contará con la asistencia de delegaciones de Natales y Porvenir, asentamientos y de las actividades productoras. “ (1196)
En agosto de ese año se constituyeron las comisiones de organización, propaganda y finanzas para este evento. Informaba al respecto “La Prensa Austral” del 10 de agosto: “La comisión organizadora la preside José Donoso Hueicha, siendo consejero de la CUT, asesorado por Ricardo Marcelli del Servicio Nacional de Salud; Armando Ulloa de la Federación Campesina 27 de Julio, José Pineda de Copeaustral y un representante bancario que oportunamente será designado por el gremio. La comisión de propaganda la dirige Alonso Chavez, consejero de la CUT, Armando Mansilla de los trabajadores de la Empresa Nacional del Petróleo, agregándose un delegado de ANEF, del Sindicato Minero, Federación Campesina y el Sindicato de la Construcción. Finalmente, la comisión de finanzas, la integran Virginia Aguila, como presidenta, a quién secunda Armando Miranda, del Sindicato de la Construcción y un miembro de los trabajadores portuarios.” (1197)
Los líderes sindicales de la época coinciden en apreciar que este ha sido el congreso más importante, numeroso y representativo de la historia de los trabajadores organizados en Magallanes. El tema central que reunía este evento era la participación de los trabajadores en las transformaciones revolucionarias que se avecinaban.
El congreso había sido organizado y realizado a contrapelo de la autorización que debía provenir del Consejo Directivo Nacional de la CUT y que éste había negado en un principio. Relata al respecto el ex dirigente sindical Alonso Chávez, quién en 1970 estaba a cargo del Departamento de Propaganda de la Central Unica: “Primero, no nos querían dar la autorización de Santiago, porque lo consideraban inoportuno y porque parece que desconocían que la realidad del trabajo y los trabajadores de Magallanes era distinta a la del centro de Chile. Pero finalmente, después de informarles de la convocatoria, de la Orden del Día y de otros detalles, nos autorizaron.” (1198)
El espíritu imperante en el IV Congreso era de alegría y sereno entusiasmo, ante el reciente triunfo de la Unidad Popular en las elecciones presidenciales; relata al respecto el dirigente Francisco Alarcón: “... estábamos inmersos en un tiempo de cambios acelerados, ya que nos dábamos cuenta que los trabajadores organizados se aprontaban a asumir las nuevas responsabilidades y tareas implícitas en la gestión de Gobierno de la provincia”. (1199) Y Alonso Chávez, agrega: “...en realidad era un ambiente de sana efervescencia, de esperanzas, de confianza y de mucha expectativa, porque sentíamos que se estaba iniciando un tiempo nuevo, lleno de desafíos, pero apasionante...”
Este congreso reunió a representantes de las 55 organizaciones sindicales más importantes y representativas de la provincia (50 con derecho a voz y voto y 5 con derecho a voz y en calidad de delegados invitados).
El Congreso –que duró tres días- se inauguró en la sede de la Unión de Obreros Petrolíferos de Punta Arenas, y las diversas comisiones funcionaron en esta casa sindical y en la sede del Sindicato Ganadero y Frigorífico, mientras que la clausura tuvo lugar con un gran acto masivo en el Teatro Municipal.
Relata al respecto Francisco Alarcón: “Este fue el congreso más amplio, numeroso y significativo de los trabajadores organizados en Magallanes en toda su historia. Participaron 55 organizaciones sindicales, 50 con derecho a voz y voto y 5 con derecho a voz en calidad de invitados, de toda la provincia, de obreros, empleados, privados y estatales. El congreso se realizó a poco del triunfo de la U.P. en el mes de octubre...Los delegados fueron elegidos en asambleas en cada sindicato; su participación y designación se hizo de acuerdo con un reglamento del Consejo Provincial CUT, según estatutos de la CUT. Los delegados al congreso tenían una representación proporcional: cada delegado representaba una cantidad determinada de asociados, establecida por el reglamento convocante de la CUT.” (1200)
Los sectores sindicales más importantes y poderosos que tenían representación en la CUT y en dicho Congreso, eran los obreros de la construcción, panificadores, portuarios y mar y playa, campesinos y mineros del carbón, entre los obreros; profesores, trabajadores de ENAP, empleados públicos, municipales y semifiscales, entre los empleados y técnicos.
Los delegados sindicales que llegaron a este Congreso procedentes de Ultima Esperanza, Tierra del Fuego y Punta Arenas, fueron elegidos en asambleas y, de acuerdo con un reglamento del Consejo Provincial de la CUT, se estableció una norma de representación proporcional, de manera que cada delegado votaba representando una cantidad determinada de asociados de su organización. Este procedimiento obligaba a la acreditación de cada delegado al inicio del Congreso.
Dentro del campo sindical, las dos fuerzas mayoritarias eran los socialistas y los comunistas, no obstante la presencia radical (sobre todo en los gremios de profesores y de funcionarios públicos. Relata al respecto Alarcón: “Se presentaron dos listas, una encabezada por Fco. Alarcón (PC)...la otra encabezada por Hernán Alvarez (PS); cada lista elegía tantos consejeros de acuerdo a la cifra repartidora. Ambas listas estaban integradas no solo por dirigentes del PC o del PS, sino estaban integradas también por independientes y de otros partidos.”
En las elecciones finales del Consejo Directivo Provincial, fue elegido como Secretario Provincial de la CUT el dirigente obrero minero de filiación comunista Francisco Alarcón Barrientos, cargo que desempeñó hasta 1972. Era la primera vez en la historia del sindicalismo magallánico que un obrero comunista llegaba a dirigir su máxima organización.
El sindicalismo magallánico había adquirido un gran desarrollo a principios de la década de 1970. Presidieron la Central Unica en Magallanes, entre 1964 y 1967, José Evalterio Agüero; entre 1967 y 1970, José Cárcamo Barría; entre 1970 y 1972, Francisco Alarcón Barrientos y de 1972 a 1973, Armando Ulloa.
Algunos gremios, como el Sindicato de Jornaleros de Punta Arenas, contaba con un amplio edificio en el sector portuario. Sus dirigentes en 1971, eran Juan Eliseo Vargas, Carlos Manzo Mercado, Carlos Santana Mayorga, Moisés Salinas y Edmundo Uribe Saldivia.
El sindicato de los trabajadores petrolíferos –constituído en Comando Unido de Trabajadores del Petróleo- también había alcanzado un amplio crecimiento, desarrollo y presencia en el mundo del trabajo. Los dirigentes del Comando Zonal en Magallanes eran Ramón Aguilar Vera, José Ruiz de Giorgio, Patricio León Mattson, Antonio Mimica Brayevich y Ramón Aguilar Barría.
Por su parte, la Unión de Obreros Portuarios también era un gremio con influencia, siendo sus dirigentes en 1971 Armando Gómez Sotomayor, Eduardo La Paz Valderrama, Oliverio Rojas Johnson, Juan Alberto Gómez, Luis Tissinetti Núñez, y Manuel Ampuero.
El más reciente sindicato incorporado a la CUT a mediados de 1971 era el nuevo Sindicato Profesional de Suplementeros y Dueños de Kioscos, cuyos dirigentes recién elegidos eran Juan Morales Eschmann, Juan Gatica Cofré, Estela Monsalve, Exequiel Díaz y José Alarcón R.
A su vez, el sector de los Profesores, recientemente constituido en el Sindicato Unico de Trabajadores de la Educación (SUTE), era un gremio de gran influencia en el medio sindical magallánico. Sus dirigentes eran Luis Godoy Gómez, Presidente del SUTE y de FEDECH (Federación de Educadores de Chile); Juan Osorio Uribe, Elvira Lagos Rosas; Julio Villalobos Ibarrola, Presidente de la UPECH (Unión de Profesores de Chile); Natacha Pérez Gándara, Presidenta de la Sociedad Nacional de Profesores; Eliana Madariaga Pizarro, Presidenta de la Asociación de Profesores de la Enseñanza Técnica y Comercial; Edmundo Casanova Reyes, Presidente de la Asociación de Profesores de la Enseñanza Industrial y Minera; Víctor Aguilar Navarro, Presidente de los Empleados de Servicio de la Educación; Luis Reyes Liard, Presidente de la Asociación de Profesores y Empleados de la Universidad Técnica del Estado; Fulvio Molteni Torres, Presidente del Centro de Enseñanza Media del Liceo de Hombres; Hugo Lagos Ludueñas, Presidente del Centro de Enseñanza Media del Liceo de Niñas y Ramón Miranda Alvarado, Presidente del Centro de Profesores del Instituto Superior de Comercio. (1201)

El 28 de noviembre, el Gobierno anunció que procurará aumentar en un 66% los sueldos de todos los trabajadores, al tiempo que pondrá en marcha un programa antiinflacionario, de inversiones públicas, de control de precios y de abastecimiento de productos de primera necesidad.


El 8 de diciembre el gobierno y la Central Unica suscribieron el documento denominado Convenio CUT-Gobierno. Este fue el primero de una serie de acuerdos establecidos por la Central Unica con otros organismos del Estado, destinados a fortalecer la presencia y participación de los trabajadores organizados en el desarrollo del país; en este contexto se sitúan el Convenio CUT-UTE (Universidad Técnica del Estado), el convenio CUT-ENAP y el acuerdo CUT-INACAP (Instituto Nacional de Capacitación).
En Magallanes, como se verá, estos acuerdos permitieron la formación de más de 3.000 estudiantes-trabajadores en numerosas áreas de capacitación, nivelación de estudios, formación profesional y técnica de mandos medios. El coordinador de la Escuela Sindical de la CUT en Punta Arenas, Alonso Chávez hasta 1973, relata que “...gracias al Convenio CUT-INACAP, por ejemplo, no solo se beneficiaron varios miles de obreros y empleados de industrias y servicios públicos, sacando títulos técnicos en Administración de Empresas y Técnicos Operadores de Plantas Químicas, sino que incluso estudiaron en la CUT, muchos integrantes de las FF.AA., muchos marinos y aviadores que se perfeccionaron en Mecánica, Electricidad y otras especialidades.” (1202)
En diciembre de 1970 debe registrarse un hecho de significación relevante para la historia de los trabajadores magallánicos: por primera vez, fue nombrado un representante de los trabajadores en el Directorio de ENAP, en este caso, al dirigente José Cárcamo Barría, dando forma a nuevos mecanismos de participación de los trabajadores en la gestión de las empresas públicas.
Por lo tanto, dos hechos relevantes señalaron la relación desde septiembre de 1970 en adelante, entre el Gobierno y la Central Unica: la firma del Convenio CUT-Gobierno y el acuerdo establecido por la central con la Universidad Técnica del Estado, en la forma del llamado Convenio CUT-UTE. El convenio que asociaba a la máxima organización de los trabajadores con la Universidad Técnica, hizo posible entre otras iniciativas, la creación de la Escuela Sindical Permanente de la CUT y la realización de numerosos cursos de capacitación para los trabajadores afiliados a los sindicatos de la Central.
El Convenio CUT-Gobierno fue firmado el 8 de diciembre de 1970 y contemplaba materias relativas a la implementación de medidas concretas para asegurar la participación de los trabajadores en el proceso de transformación nacional, la representación de los trabajadores e imponentes en las cajas de previsión, las remuneraciones, asignaciones familiares, asignación de alimentación, pensiones y jubilaciones, imponibilidad, reconocimiento legal de la CUT, cotizaciones sindicales y absorción de la cesantía. (1203)
Ambas iniciativas se enmarcaban en los esfuerzos dirigidos al establecimiento de nuevas formas de participación de los trabajadores en la gestión de las empresas y servicios públicos o de la recientemente creada Area Social de la economía.
Otro avance significativo en materia de formación de los trabajadores en Magallanes, fue el Convenio CUT-INACAP, que favoreció a unos 800 obreros y empleados en su búsqueda de especialización.

Una intensa actividad sindical

durante 1971

El 4 de enero, y como parte de las llamadas “Primeras 40 Medidas” el Gobierno dispone el inicio del reparto gratuito de medio litro de leche diario todos los niños del país, en consultorios, hospitales, escuelas, liceos, jardines infantiles y salas-cuna. Al mismo tiempo, a través de la DIRINCO (Dirección de Industria y Comercio), se fijan calidades y precios únicos para el pan y la leche, como productos de primera necesidad y de alto consumo.


A su vez, el 11 de enero se instituye en Santiago el Consejo Nacional Campesino, organismo creado por el Gobierno para institucionalizar la participación de los trabajadores campesinos organizados en el proceso de Reforma Agraria. A fines de enero de ese año, se constituyó en Magallanes el Consejo Provincial Campesino y se estimula la formación de los Consejos Comunales; el 18 de enero, por su parte, se crea el Consejo Nacional de la Economía, una instancia tripartita de participación y consulta con representantes del Gobierno, de los empresarios y de los trabajadores del sector privado.
El 1° de febrero, se iniciaron en todo el país los Trabajos Voluntarios, esta vez contando con la participación de unos 50.000 jóvenes y con la colaboración del departamento Juvenil de la Central Unica de Trabajadores, entre otras organizaciones estudiantiles.
Las primeras actividades sindicales de 1971 en Magallanes, se orientaron a la celebración del aniversario de la creación de la Central Unica. En febrero se realizaron los actos conmemorativos por el 18° aniversario de la fundación de la CUT a nivel nacional.
Escribía al respecto “El Magallanes” del 12 de febrero: “Hoy cumple 18 años la Central Unica. Los trabajadores organizados de Chile están hoy de fiesta. Su organización, la Central Unica de Trabajadores cumple 18 años de vida al servicio de los trabajadores chilenos...Gran papel está jugando ahora la CUT, cuando en Chile se instauró un Gobierno Popular, en cuyo gabinete hay cuatro obreros, algo nunca visto...” Y respecto de las celebraciones agregaba: “...el Consejo Provincial elaboró un programa que contempla, para hoy a las 11.30 horas, una romería al cementerio, para depositar una ofrenda floral en la tumba en que descansan los restos de los mártires de la Federación Obrera de Magallanes...en el camposanto usará de la palabra el Consejero de la CUT, José Donoso H. A las 12 horas habrá una cadena radial, en la que usará de la palabra el subsecretario de la entidad gremial, Hernán Alvarez Navarro. Posteriormente, a las 19 horas en el local de la Unión de Obreros Petrolíferos, será ofrecido un coctel a los dirigentes sindicales, Intendente, Alcalde, regidores, jefes de las FF.AA. y Carabineros, jefe del Servicio de Seguro Social, Servicio Nacional de Salud, Juez del Trabajo, Inspector Provincial del Trabajo, Vicerrector de la UTE, Vicepresidente de la Cormag, fundadores de la Central Unica, jefes de partidos políticos de la Unidad Popular y Democracia Cristiana y periodistas de prensa, radio y TV. En el acto usará de la palabra el Secretario Provincial Francisco Alarcón Barrientos.” (1204)


Las manifestaciones de la CUT

en Magallanes

Los actos y concentraciones de la CUT en Magallanes, como en todo Chile y respondiendo al nuevo espíritu que reinaba entre los trabajadores y adherentes a la Unidad Popular, se rodeaban de un clima festivo, alegre, propio de una época intensa.


El ambiente de esos actos, repleto de decenas de banderas, banderolas, pendones y grandes lienzos con figuras de los pintores Vicente y Antonio Larrea, o simplemente del Che Guevara, Recabarren, Salvador Allende, Fidel Castro, Lenin y otros líderes internacionales, invitaba al entusiasmo y a la fe en las metas del proyecto de transformaciones en marcha.
Los recintos más tradicionales para estas concentraciones de trabajadores, eran el Teatro Politeama, el Teatro Municipal y el Gimnasio Cubierto en Punta Arenas y el Teatro Libertad en Puerto Natales.
Los entusiastas jóvenes trabajadores, militantes de los partidos de la UP, se daban a la tarea de pintar los lienzos que después llenarían de color los actos de la Central Unica, lienzos que al término de cada acto, regresaban con sus autores por las calles y a las sedes partidarias o sindicales.
En las concentraciones del 1° de mayo, además se exhibían en el estrado, las figuras de los mártires de Chicago, junto a Luis Emilio Recabarren.
Generalmente se iniciaba o se concluía cada acto, con el himno “Venceremos”.
Desde el hondo crisol de la Patria

se levanta el clamor popular

ya se anuncia la nueva alborada

todo Chile comienza a cantar.

Recordando el soldado valiente

cuyo ejemplo lo hiciera inmortal

enfrentemos primero a la muerte

traicionar a la Patria jamás!
Venceremos, venceremos

mil cadenas habrá que romper

venceremos, venceremos

la miseria sabremos vencer!
Campesinos, soldados, mineros

la mujer de la patria también

estudiantes, empleados y obreros

cumpliremos con nuestro deber.
Sembraremos la tierra de gloria

socialista será el porvenir

todos juntos seremos la historia

a cumplir, a cumplir, a cumplir.”
La llamada “Canción del poder popular”, ocupaba también un lugar preeminente en los actos sindicales de la CUT:
Si nuestra tierra nos pide

tenemos que ser nosotros

los que levantemos Chile

asi es que, a poner el hombro

Vamos a llevar las riendas

de todos nuestros asuntos

y que de una vez se entienda

hombre y mujer todos juntos.
Porque esta vez no se trata

de cambiar un Presidente

será el pueblo quien construya

un Chile bien diferente.
Todos venganse a juntar

tenemos la puerta abierta

y la Unidad Popular

es para todo el que quiera.

Echaremos fuera al yanki

y su lenguaje siniestro

con la Unidad Popular

ahora somos Gobierno.
Porque esta vez...
La Patria se vera grande

con su tierra liberada.

porque tenemos la llave

ahora la cosa marcha

Ya nadie puede quitarnos

el derecho de ser libres

y como seres humanos

podremos vivir en Chile.”
La llamada “Carta al Che...” era una canción fácilmente coreada por todos los asistentes a los actos de la Central Unica, en la medida en que su música y letra eran repetidas frecuentemente por las radioemisoras, como Radio “La Voz del Sur”:
Su presencia, comandante,

Esta vida está lozana

En la vida cotidiana,

En el trabajo gigante.

Aquí se mantiene erguida

La conciencia firme y clara,

Comandante Che Guevara,

Del ejemplo de su vida.

Comandante, comandante,

Comandante Che Guevara,

Aquí seguimos queriendo

La aurora profunda y clara

De su presencia gigante.

Aquí seguimos lo mismo

Con el arma siempre lista,

Ante la sombra fascista

Y cruel del imperialismo.

Aquí se mantiene clara

En el dolor de su ausencia

La aurora de su presencia,

Comandante Che Guevara.

Comandante, comandante...

Aquí estamos comandante

Y todos puestos de acuerdo,

Con la luz de su recuerdo

Seguiremos adelante.

Comandante, comandante...”
El grupo Inti-Illimani, por su parte, había creado una original cueca dedicada a la Central Unica, la que infaltablemente formaba parte del repertorio en los eventos sindicales:
Central Unica de Chile

Maciza como el acero!

que vela por las conquistas

del trabajador chileno

Central Unica de Chile.

El pampino, el chilote

caramba! y el campesino

con los mineros luchan

caramba! por su destino

el pampino, el chilote

caramba! y el campesino

Por su destino, sí

caramba! preciosa joya

la unidad de la clase

caramba! trabajadora.

Que vivan los obreros

caramba, del mundo entero!...”
Describe al respecto este ambiente el ex Senador Luis Corvalán: “Los trabajadores estaban en la producción y cada vez que era necesario, al términar sus labores hacían multitudinarios desfiles y mitines de apoyo al gobierno popular y de repudio a los ataques, calumnias y maniobras sediciosas de los imperialistas norteamericanos y de los reaccionarios criollos.” (1205)
Muy frecuentemente, las concentraciones de los trabajadores, culminaban en una masiva y ruidosa marcha que concluía disolviéndose sin mayores incidentes en la Plaza Muñoz Gamero de Punta Arenas o en la Plaza central de Puerto Natales.

En los actos del 12 de febrero de 1971, estuvieron presentes también dirigentes de los partidos de la Unidad Popular y de la Democracia Cristiana, y periodistas de todos los medios locales, haciendo uso de la palabra el Secretario Provincial Francisco Alarcón B.


En los primeros días de marzo, el Presidente de la República Salvador Allende efectuó su primera visita como Mandatario a Magallanes. En la ocasión, junto con visitar Porvenir y Punta Arenas, procedió a firmar el Convenio que daba orígen a la Empresa Gasma y a la instalación del sistema de gas natural en toda la región. El periódico “La Prensa Austral” titulaba al respecto: “ENAP distribuirá el gas licuado.” Y dirigiéndose a los trabajadores enapinos en el acto de firma de dicho convenio, el Presidente les manifestó: “...este convenio significa un paso de importancia y es la confirmación de la confianza que el gobierno ha depositado en manos de los trabajadores de la Empresa Nacional del Petróleo, empresa que yo califico como modelo.” (1206)



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