Historia Social



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Del Frente del Pueblo


Al Frente de Acción Popular:

1956-1962

Habíamos visto anteriormente que el 26 de febrero de 1956, en un clima de ofensiva anti-popular, desatada por el gobierno de Ibañez, a través de la puesta en práctica de los planes de la misión económica norteamericana KleinSacks y de la implantación de estado de sitio, el movimiento popular dio paso a la constitución del Frente de Acción Popular

(FRAP), instancia de acumulación de fuerzas superior al que había representado el Frente del Pueblo. Producida la unidad del socialismo, quien pasa a presidir el FRAP es Salvador Allende, la figura más prestigiada de la izquierda y factor aglutinante del movimiento popular.
Los éxitos que obtiene el FRAP en las elecciones parlamentarias de 1957, consolidaron las expectativas de quienes buscaban desarrollar una alternativa social y política, liderada por los partidos de trabajadores. Así, pues, el movimiento popular se preparó para dar una gran batalla en las elecciones presidenciales de 1958, donde Allende se perfiló como el candidato natural de los partidos de izquierda y de las organizaciones de los trabajadores.
Las proposiciones programáticas del FRAP de encuadraban en una alternativa anti-oligárquica y anti-imperialista, que toma las grandes reivindicaciones nacionales que planteara el Frente del Pueblo, a partir de 1952. En lo puntual, se proponía la acentuación y consolidación de la democracia política, la recuperación de las actividades industriales, la eliminación de la cesantía, el reestablecimiento del poder adquisitivo de los trabajadores, un plan de nacionalizaciones del cobre y demás riquezas básicas, de estatización de la banca, la reforma agraria, etc.
En las postrimerías de su gobierno, Ibañez propuso al parlamento dos leyes que serían de gran importancia para el movimiento popular y las organizaciones de los trabajadores: el primero, la derogación de la Ley de Defensa de la Democracia, la funesta "ley maldita", y la segunda, el proyecto de ley para cédula única de sufragio. Estas dos iniciativas provocaron el rechazo de la derecha tradicional, sobre todo en lo relativo al

nuevo sistema de sufragio, que iba a impedir el cohecho y el control de las elecciones por parte de los partidos representantes de las clases poseedoras. Al haber cédula única, emitida por el organismo electoral del Estado, se impedía la compra de votos o la coerción sobre los votantes, garantizando un verdadero voto secreto.


La reforma electoral fue aprobada en medio de candentes debates parlamentarios, que incluyeron hasta golpes de puño entre algunos, favoreció ampliamente las expectativas del movimiento popular y sindical, que estaba imposibilitado de competir con la vasta organización de cohecho, existente en todo el país, especialmente en las provincias, donde estaba institucionalizado por los caciques locales de la Derecha.
Este fue el ambiente político en el que se realizaron las elecciones presidenciales de 1958.
El 4 de septiembre de 1958 se realizaron las elecciones, produciéndose el siguiente resultado:
Jorge Alessandri, candidato de la Derecha 389.909 votos

Salvador Allende, apoyado por el FRAP 356.493 votos

Eduardo Frei Montalva, de la DC255.769 votos

Luis Bossay, del radicalismo192.077 votos

Antonio Zamorano, independiente41.304 votos
Mientras se realizaban estos eventos, en Magallanes los trabajadores de la empresa constructora Salinas y Fabres (alrededor de 500 obreros laborando en varias edificaciones de la ciudad de Punta Arenas), declararon una huelga la que duró 36 horas, en demanda de ciertas condiciones de trabajo favorables.
A fines de 1959 la discusión del Convenio Ganadero entre los sindicatos obreros del campo y la Asociación de Ganaderos, giró en torno a la demanda de un 70% de aumento solicitado por los trabajadores y la oferta de un 30% de los empresarios.
En el curso de las negociaciones los trabajadores rebajaron su demanda al 43% y finalmente acordaron un aumento menor. Aún con éstas diferencias, el Convenio colectivo fue firmado sin que el conflicto haya derivado en huelga, iniciándose las faenas normalmente en noviembre.
Los obreros de las estancias con más de 30.000 lanares recibieron entonces, un incremento del 34% con respecto a los salarios del período 1958-1959.
También en diciembre de 1959, la Asociación de Empleados de la Empresa Nacional del Petróleo, planteó públicamente su rechazo al proceso de calificaciones que la empresa efectuaba respecto del personal y a la eventualidad que dichas evaluaciones resulten en la caducidad de contratos de trabajo.


Ulises Gallardo Martínez:

un líder sindicalista

de la vieja guardia

En noviembre de 1959 falleció don Ulises Gallardo Martínez, una de las más destacadas figuras del sindicalismo magallánico.


Nació el 18 de agosto de 1896 y llegó a Magallanes en 1920.
Siendo aún un muchacho ingresó a trabajar a la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, y desde sus comienzos como obrero y peón, se identificó con sus compañeros de clase.
Se encontraba en Punta Arenas cuando ocurrió el asalto e incendio de la Federación Obrera, ocasión en la que fué detenido y los guardias policiales intentaron darle muerte "fondéandolo" en la bahía de Punta Arenas.
A continuación se desplazó a Ultima Esperanza donde continuó trabajando en estancias de la zona. En 1931, fue detenido y relegado junto a otros dirigentes obreros, por reclamar justicia y bienestar para sus compañeros.
Llegó a ser director del diario "El Esfuerzo", órgano del Sindicato de campo y Frigoríficos de Puerto Natales. En 1938 fue elegido Regidor a la Municipalidad de Puerto Natales, cargo que desempeñó hasta 1941. Ulises Gallardo terminó su vida laboral como Capataz de Matanza en el Frigorífico Bories de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, cargo que era de confianza de los administradores del establecimiento, lo que ensombreció de críticas su trayectoria sindical anterior.
Sus amigos y conocidos lo llamaban cariñosamente “Boca de Yegua” por su ostentosa risa y por la fuerza de su voz en las asambleas sindicales.
Junto a su prolífica labor sindical, hay que destacar sus artículos en el diario "El Esfuerzo" y el libro titulado "El lenguaje del pueblo" escrito con prólogo de Francisco Coloane.

Un avance importante en el desarrollo, definición de idas y organización de la CUT a nivel nacional se dio con su II Congreso, al cual asistieron nueve delegados de Magallanes.




El II Congreso de la CUT

y su nueva Declaración de Principios

(1959)

DECLARACION DE PRINCIPIOS DE LA CUT Aprobada en el 2º CONGRESO (diciembre de 1959)


La Central Unica de Trabajadores de Chile agrupa a las confederaciones, Federaciones, Agrupaciones y Centrales Gremiales, y a los Sindicatos y demás organizaciones de trabajadores que acepten esta Declaración de Principios, los Estatutos de la CUT y utilizan y perfeccionan sus métodos de luchas sociales.
En la Central Unica, los asalariados de todo Chile, sin distinción de ideologías, credos religiosos, sexo o nacionalidad encuentran más eficaz instrumento para la acción sindical, para su unidad monolítica de clase y para las decisivas batallas contra la gran burguesía y oligarquía antinacional y el imperialismo, contra la represión y la miseria.
Los principios que informan la organización y los trabajos permanentes de la Central Unica son:
1º-La consolidación de las relaciones fraternales y democráticas en el seno de los gremios y sindicatos.
2º-La unidad de acción de los trabajadores organizados en el plano mundial y, particularmente, con los países de América Latina, para luchar con mayor eficacia contra el enemigo de clase. La CUT, condena la guerra como método irracional de dirimir las diferencias entre las naciones. Luchará por la paz permanente en el mundo, basada en la justicia, la autodeterminación de los pueblos e igualdad de derechos en la vida internacional.
3º-La irreductible oposición al sistema capitalista, que se basa en la propiedad privada de la tierra y los medios de producción, distribución y cambio de la riqueza, y en la explotación del hombre por el hombre. La Central Unica de Trabajadores plantea como objetivos inaplazables, la Reforma Agraria y la defensa de las riquezas naturales del país como patrimonio del Estado chileno, y luchará por la recuperación de todas aquellas que han sido arrebatadas a su control o usufructo.
4º-La implantación de un régimen político, social y económico que elimine el antagonismo de clases y asegure a la comunidad de trabajadores, y al hombre, como individuo y miembro de tal comunidad, el pleno desarrollo de sus facultades, la seguridad y el bienestar económico.
5º-El fortalecimiento de las organizaciones gremiales y sindicales como armas de defensa de los intereses de las masas asalariadas dentro del estado capitalista y como órgano de lucha clasista para lograr la emancipación de los trabajadores y la supresión del estado opresor.”

El contexto económico general del país y de la región de Magallanes era a fines de la década de los cincuenta de fuerte inflación.


Por ejemplo, en octubre de 1958 el alza del costo de la vida había sido del 27.1% y en octubre de 1959, dicho costo superior fue del 36.9%, lo que afectaba directamente al poder adquisitivo de los salarios de los trabajadores.
En estas condiciones, las demandas de los sindicatos tendían a intentar superar el deterioro del poder adquisitivo de las remuneraciones, mediante peticiones de aumentos de remuneraciones.

LOS AÑOS SESENTA:

SE INTENSIFICAN LAS DEMANDAS

Y LOS CONFLICTOS SOCIALES

La década de 1960 a 1970 ha sido caracterizada como una etapa de intensificación y extensión de las demandas y los conflictos sociales, en Chile, en Magallanes y en el resto de América Latina.


La llegada al gobierno de Jorge Alessandri, fue percibida por los sindicatos y por la Central Unica como un paso atrás en las posibilidades de encontrar eco en sus demandas y reivindicaciones económicas y sociales, y como un cambio de gobierno que en poco se diferenciaba del estilo de gestión de la administración de Carlos Ibañez.
El llamado “gobierno de los gerentes” –como lo motejaron los sindicalistas de la CUT- se caracterizó por aplicar una política absolutamente antipopular y regresiva con respecto a los trabajadores. Importa subrayar que durante los seis años de administración alessandrista, la economía chilena no mostró ninguna mejoría, manteniéndose el ritmo de crecimiento del producto bruto per cápita de un 1,6% por año, mientras la población aumentaba a un 2,4 anual. A pesar de la gran popularidad personal de Alessandri, el periodo se caracterizó por la insolución gubernativa. Las fuerzas derechistas, en control de la administración, incluso admitiendo la necesidad de reforma social, permanecieron en general comprometidas con el pasado y se mostraron ineficaces de llevar a cabo las modificaciones radicales exigidas por la sociedad chilena y por los sindicatos.
A fines del gobierno de los gerentes, la producción agrícola se había estancado y , en algunos casos, había bajado (en especial en rubros de alto consumo como papas, arroz y lentejas). La moneda –que en 1960 cambió de signo peso a escudo- se había desvalorizado, mientras la cesantía había bordeado el 5%, con algunas provincias (Ñuble, Bio Bio, Malleco y Arauco) con más del 8%. El año 1963 se cerró con un déficit fiscal superior a 500 millones de escudos, equivalente al 27% del total, el más alto de la historia, mientras la deuda externa bordeaba los 2.000 millones de dólares. En 1961, el déficit de balanza de pagos llegó a 147 millones, también el más alto de la historia hasta ese momento.
Quienes sostenían el peso de aquella enorme carga, eran obviamente los sectores desposeídos y los que vivían de un salario: obreros urbanos, campesinos, y también pensionados, jubilados y montepiadas. La acumulación del poder económico se centraba en 11 grupos, que controlaban las 463 empresas más importantes del país. De éstos grupos, tres de ellos dominaban el 70,6% de los capitales nacionales. El economista Ricardo Lagos Escobar señala en su libro “La concentración del poder económico” que esto traía efectos decisivos en la distribución de la renta nacional, pues, el 9% de la población activa recibía el 43% del ingreso nacional, mientras el 91% restante se repartía el 57%, mientras, el 4,2% de las empresas privadas poseía el 60,6%de los capitales privados. Esto se expresaba también en el ámbito político, donde 100 sociedades anónimas tenían a un miembro de su directorio en el parlamento, e incluso, el Presidente de la República provenía de uno de los 3 grupos hegemónicos (el del Banco Sudamericano).
Ese estado de cosas era fuertemente repudiado por la mayoría nacional y por los sindicatos en particular, que debían soportar los dictados de esos grupos de poder en lo cotidiano de sus vidas, a través de las constantes alzas de precios en los productos de primera necesidad, los que se vieron fuertemente incrementados a partir de la devaluación monetaria decretada por el gobierno a mediados de 1962. El azúcar subió de $ 197 a $ 280, el kilo, la harina de $ 330 a $ 630, por ejemplo.
Considerando aquella situación, los trabajadores incrementaron sus demandas, exigiendo hasta un 50% de reajuste de salarios y el congelamiento de los precios. El descontento llevó a la convocatoria de un Paro Nacional, de repudio al gobierno, para el 19 de noviembre de 1962, por parte de la Central Única de Trabajadores. Si bien la huelga no fue total, paralizaron los sectores más importantes del país. El comercio detallista cerró sus puertas, la locomoción casi no circuló, no se vendieron diarios, los hospitales funcionaron con personal de emergencia, las industrias no tuvieron trabajadores, los estudiantes no concurrieron a clases. Se calcula que paralizaron más de un millón de trabajadores en forma organizada. El gobierno, en un despropósito, movilizó a personal de las fuerzas armadas, produciéndose enfrentamientos y mutuos hostigamientos, con los manifestantes.
Sin embargo, el hecho más dramático se produjo en la Población José María Caro, donde grupos de huelguistas, incluyendo mujeres y niños, intentaron cortar el flujo de trenes hacia y desde el sur, en el Paso Buenaventura. Durante la mañana de la huelga nacional, se sucedieron reiterados disturbios en el lugar, que fueron reprimidos por fuerzas policiales, hasta que se hizo presente un pelotón de la fuerza aérea, que hizo uso de sus armas contra los manifestantes, matando a cinco hombres y una mujer, quedando decenas de heridos. Ese hecho se convertirá en un baldón que estigmatizaría para siempre al gobierno de Alessandri y su política derechista. El FRAP en su conjunto y la Central Unica denunciaron fuertemente las características de esa política y llamó a redoblar los esfuerzos por levantar una alternativa capaz de superar las condiciones existentes.
En la historia de los movimientos sociales y del trabajo en particular, los sesenta del siglo XX fueron una época de cambios, de ensayos, de tentativas de modificar el orden de cosas existentes y en el que la tendencia profunda de los hechos apuntaba, en la dirección de producir transformaciones estructurales en el sistema capitalista de dominación.
Salvo las corrientes políticas conservadoras (1111), la mayoría de las tendencias ideológicas que hegemonizaban el movimiento sindical y social en Chile y en Magallanes, proponían cambios más o menos profundos en el modelo capitalista de producción y de organización de la sociedad y el Estado.
En síntesis, la necesidad de cambios, la búsqueda de las transformaciones sociales –de cualquier orden y envergadura que éstas fueran- estaban “a la orden del día”.
La organización obrera y sindical en Magallanes había alcanzado un grado elevado de representatividad, de capacidad de convocatoria y de protagonismo social y político, producto de las luchas sociales que había desplegado, como del liderazgo de sus dirigentes.
El sindicalismo de los sesenta se caracterizó por su combatividad, por su vigorosa capacidad de convocatoria, por su lenguaje de discurso fuertemente ideológico y político, por su rechazo casi unánime a las soluciones “de parche” o reformistas, por su exigencia cada vez más aguda de cambios, de soluciones concretas.
El sindicalismo magallánico de aquella época estaba constituido por organizaciones cada vez más fuertes y protagónicas: los mineros del carbón, los portuarios y mar y playa, los campesinos, etc. Recuerda al respecto el líder de los obreros del carbón Francisco Alarcón: “Los sindicatos, por ejemplo, el Sindicato Ganadero, eran sindicatos con mucha fuerza, con mucho sentido de clase, de gran solidaridad y capacidad de conducción, los obreros de la construcción, los trabajadores del puerto, ‘mar y playa’ les decíamos nosotros, con los petroleros en cambio sólo teníamos relaciones en tiempo de conflictos, nada más, y el resto del tiempo, cada uno por su lado.” (1112)
Al mismo tiempo, continuaba funcionando una extensa red de sociedades mutuales, entre las que contaban –junto a las antiguas sociedades mutuales Italiana, Española, entre otras- la Sociedad de S.M. “Presidente Bulnes”, Sociedad Femenina “Loreto”, la Sociedad Hípica “Alfonso Braukmann”, además de las ya tradicionales sociedades “Arturo Prat”, Cultural “Primero de Mayo”, Femenina “La Austral”, la Valdiviana, así como la “Sociedad de Choferes del Servicio Público.”
Las demandas de los trabajadores y de los sindicatos de Magallanes –al igual que en el resto del país- tenían resonancia en todas las esferas políticas e institucionales, y en particular en los sectores de la izquierda.
En Magallanes, las organizaciones sindicales más fuertes a principios de la década de los sesenta, eran el Sindicato Profesional de Mineros, en el que se agrupaban cerca de 3.000 obreros de las minas de carbón, el Sindicato de la Construcción, y entre los gremios contaban fuertemente los profesores a través de la UPECH, la Unión de Profesores de Chile; los trabajadores de ENAP, agrupados en el Comando Unido de Trabajadores del Petróleo (que reunía a empleados, obreros, técnicos y profesionales), y los obreros del campo (estancias y frigoríficos) reunidos en el Sindicato Profesional de la Industria Ganadera y Frigorífica de Magallanes y el Sindicato de Campo y Frigorífico de Ultima Esperanza.
Todas estas organizaciones tenían una fuerte presencia en la Central Unica. La organización de los trabajadores además, estaba estrechamente ligada a dos instancias del sistema político: las Municipalidades y los partidos políticos, en este caso, del Frente de Acción Popular (FRAP).
El gobierno de Alessandri desplegaba una política económica favorable a las empresas y que, naturalmente, resultaba perjudicial para los trabajadores. La inflación –acaso el flagelo más grave durante el siglo XX en la economía chilena- se disparaba constantemente y en definitiva, la pérdida de poder adquisitivo para las clases asalariadas, generaba una espiral interminable de necesidades insatisfechas, de demandas materiales y económicas y de conflictos sociales.

1960 –1961:

las demandas sociales

en Magallanes

a principios de la década

La crisis económica en la forma de un rebrote inflacionario afectaba a principios de los años sesenta a los hogares más modestos. Los profesores de Magallanes, agrupados en la Federación de Educadores de Chile, al igual que en el resto del país, se declararon en huelga, en los primeros meses de 1960.


El Gobierno de Alessandri, a través de su Ministro de Hacienda Luis Mackenna, y presionado por las demandas de incrementos salariales de diversos sectores de trabajadores, había anunciado que sólo otorgaría un reajuste del 10%.
En febrero además, la campaña electoral para las Municipales se encontraba en marcha.
En los primeros meses de 1960 la crisis económica mientras tanto, empujaba a los trabajadores organizados por nuevas demandas y huelgas. Los primeros que se declararon en huelga en demanda de mejores remuneraciones y reajustes y rechazando el 10% ofrecido por el Gobierno, fueron los profesores y los mineros del carbón.
En la tarde del 16 de marzo, la CUT convocó a una movilización general de los trabajadores de Magallanes, para solidarizar con los conflictos de los profesores y los obreros del carbón.
En la mañana del 17 de marzo se declararon en huelga solidaria de 24 horas un grupo de 632 obreros y empleados convocados por la Central Unica.
Adhirieron los obreros de la construcción de las poblaciones Williams y Banco del Estado, Salinas y Fabres, de ENDESA, de los diarios La Prensa Austral y El Magallanes y del Frigorífico Tres Puentes. Más tarde, hacia el mediodía se sumaron a la huelga, los trabajadores de las estancias Punta Delgada, los obreros de la Mina Pecket, y los campesinos de las Estancias Pecket, Fenton, Entre Vientos, Rio Verde, Oazy Harbour, y obreros de la construcción de los edificios Victoria y Roca, sumando otros 504 trabajadores huelguistas.
En abril de 1960, los gremios del Magisterio estaban decididos a llegar a un movimiento huelguístico en demanda de aumentos de remuneraciones. El paro, que se inició el 7 de abril, involucró a los docentes de 5 liceos y 19 Escuelas Primarias de Punta Arenas (con un total de 215 profesores huelguistas), además de los establecimientos de Natales y Porvenir. Entre sus demandas, los profesores exigían un aumento del 10% en sus remuneraciones.
En particular, la huelga de los docentes de la FEDECH, originó la publicación de la siguiente declaración, que resume los principales problemas y demandas del sector.

DECLARACION PUBLICA

La Sección Magallanes de la Federación de Educadores de Chile hace públicas las razones que fundan el actual movimiento de resistencia y protesta que realiza el magisterio, frente al grave y dramático problema educacional que compromete el futuro de la educación en el país que de acuerdo con la Constitución debe ser preocupación preferente del Estado.
FEDECH Magallanes informa a los padres, apoderados, estudiantes y a los diversos sectores de opinión, que luchan fundamentalmente por los siguientes puntos:



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