Historia Social



Descargar 7.88 Mb.
Página8/105
Fecha de conversión28.10.2018
Tamaño7.88 Mb.
1   ...   4   5   6   7   8   9   10   11   ...   105

1844:

los trabajos de la madera

La experiencia de los chilotes en el trabajo con las maderas, fue de gran utilidad. Las primeras edificaciones fueron algunas precarias casas para habitación de los colonos y sus familias, la bodega de víveres, además de la vivienda del capitán y comandante de la guarnición. Con troncos además, se levantó un cerco o empalizada circular alrededor de estas mínimas construcciones.


Mientras tanto, la goleta “Ancud” siguió realizando viajes entre la nueva colonia y Ancud, a fin de mantener el aprovisionamiento de los colonos. En cada viaje desde Chiloé, las faenas de descarga resultaban particularmente dificultosas. Así lo grafica este fragmento de un oficio enviado por Pedro Silva desde puerto de San Felipe a Chiloé el 22 de febrero de 1844: “El día 8 a las cuatro de la mañana salté a tierra para ver el local y juntamente para ver modo donde alojar a la tropa que traía y me encontré absolutamente sin tener donde alojarla, en razón a que sólo había en el fuerte llamadose Bulnes una pieza muy estrecha, y esta estaba ocupada por los individuos que encontré en la Colonia...pero al momento di orden para que viniese toda la tropa en tierra como igualmente las mujeres lo que se verificó en el término de tres horas, y enseguida de esto vino todo el ganado también a tierra como igualmente todas las aves y tuve que paralizar a eso de las once del día el demás desembarque en razón de que salió un gran viento del sudoeste...” (40)
Dicho sea de paso, la descripción que hace Pedro Silva del fuerte construido el año anterior no deja lugar a dudas de que se trataba de una muy reducida construcción en madera.
Estas faenas de desembarque de víveres, eran realizadas por los colonos, mediante los botes, mientras la goleta permanecía en las proximidades de la costa: “...la chalupa que yo traje a mi cargo del puerto de Ancud ha sido la que ma ha servido para el el desembarque que he hecho junto con el bote del buque, por lo que ahora en el gran trajín que he tenido se me ha abierto un poco y está haciendo bastante agua, pero me veré en la precisión de componerla para que quede otra vez en estadio de servicio.” (41)
Al encontrarse Silva que el llamado fuerte, “...no vale absolutamente nada porque es sólo de madera labrada atravesada, sin ninguna seguridad, que me creo positivamente que tirando algún cañonazo con las piezas de a doce se vendría abajo...” se decide a hacer una construcción más firme y sólida con el personal que tiene a su mando.
Esta faena constructiva la concibe Silva de la siguiente manera: “...así es que pienso echarlo todo abajo y hacerlo con bastante seguridad y localidad porque pienso construirlo de cuarenta varas de frente en cuadro para que dentro de él pueda poner algunos almacenes de pólvora, de víveres y cuartel para la tropa y que quede todo bajo un recinto para que de este modo no se rían los extranjeros como se han reído cuando han visto el fuerte que hay; y para esto estoy ya haciendo cortar las maderas del monte para este trabajo...y verificado que sea necesito se me remita dos quintales a lo menos de clavos gruesos del largo de una cuarta o tercia como también algunos quintales de clavazón de techo, necesito de cuatro a cinco mil tablas de alerce, alguna madera de luma y tablazón de laurel, porque la madera que se encuentra por acá es solo roble que servirá para algunas vigas, y así que se necesitan algunas otras cosas más de útil, se le pide envíe, como igualmente sería muy conveniente en préstamo tener dos carpinteros más, porque se hace este trabajo como considero que se hará, con los dos que tengo no me será suficiente.” (42)
Estos primeros colonizadores, habían llegado entonces en su goleta y sus lanchas a las costas y los campos vírgenes de Magallanes, los pescadores, los artesanos, los buscadores de oro, los cazadores de lobos y de avestruces y entonces cortaron árboles, hicieron madera, construyeron casas y carretas, fabricaron botes y lanchas, levantaron galpones y cercos, ordeñaron sus animales y domaron caballos, criaron aves de corral y sembraron papas y otras verduras.
Ellos con su trabajo, forjaron los primeros cimientos de la colonia de Magallanes. Es difícil percibir en toda su ruda simplicidad, las condiciones en las que trabajaron aquellos primeros colonos en Magallanes.
Más aún si se considera que además de su calidad de colonos, eran personal de la Marina, contratado o enganchado expresamente para venir a estas lejanas y desconocidas tierras. En efecto, los primeros habitantes de la Colonia estaban constituidos por tres categorías de individuos bien distintas: la llamada "plana mayor", es decir, los oficiales contratados que ejercían las distintas formas de autoridad, los "destinados" que eran los presos condenados que habían sido enviados a Magallanes, y la "tropa", que era el conjunto de soldados encargados de custodiarlos. La Plana Mayor y la tropa, en los primeros tiempos, venían contratados o enganchados desde Chiloé.
A través de la lacónica y fría correspondencia que los Gobernadores de la Colonia enviaban a sus superiores en la capital de la República o en la provincia de Chiloé, pueden percibirse rasgos del trabajo en los lentos y difíciles decenios desde 1844 en adelante.
Por lo tanto, las faenas y trabajos más frecuentes y cotidianos que se efectuaban en los primeros meses y años de las colonia, consistían en el corte de maderas en los bosques, en alguna actividad de agricultura y pesca en el borde litoral del Estrecho. Relata al respecto Justo de la Rivera: " Todo cuanto se ha sembrado, con excepción de los frijoles ha salido bastante frondoso, pero se nota que crece muy paulatinamente.....y así voy haciendo marchar el establecimiento, permaneciendo todas las personas que están a mis órdenes contentas y trabajando alegremente. Los recursos del país no han tenido este año, por lo menos hasta ahora, importancia alguna, el pescado ha sido mui escaso; el marisco no lo hay en las inmediaciones, de la clase que puede aprovechar, y solo del luche se acopia alguna cosa, quizás no alcanza a un quintal el pescado que he podido hacer secar." (43)
Y refiriéndose a los viajes de exploración, Rivera agrega: "Las correrías que se han hecho, se han verificado por tierra por muy malos caminos y sin haber logrado resultado alguno. Los vientos impiden se hagan sin peligro expediciones en bote o en chalupa...Las minas de carbón no sé aun el lugar donde puedan estar y solo tengo noticias que puede ser en las inmediaciones de Cabo Negro. Con la pesca de lobos en esta parte del Estrecho sucede lo mismo; es de necesidad, Señor, una embarcación para averiguar todo esto." (44)
Cabe hacer notar que dentro de la Colonia de Fuerte Bulnes y en los primeros años de Punta Arenas, los colonos que eran enviados a ésta zona, eran contratados por la Marina de Guerra o el Ejército, por lo que se trataba de una forma muy particular de relación contractual, en cuanto individuos sometidos a una disciplina castrense.
Así, tan temprano como en febrero de 1844, el jefe de la colonia Pedro Silva le informaba al Intendente General de Armas en Chiloé, sobre el trabajo de sus carpinteros chilotes: "...mientras tanto me vi en la gran precisión de hacer cortar madera del monte para formar una casa lo que verifiqué haciéndola de catorce varas de largo y siete de ancho, toda de madera de tablazón de alerce que no transminase agua dentro de ella, con su puerta correspondiente muy inmediata al fuerte y los días que se demoraron en concluir esta casa fueron ocho días..." (45).
Al tenor de este texto, tenemos allí a un grupo de carpinteros, expertos en labrar madera y construir, e hicieron una casa... en ocho días! trabajando la propia madera del lugar.
Y al poco tiempo, y refiriéndose a las condiciones económicas del trabajo de estos primeros chilotes colonizadores, le escribe Silva al Intendente de Chiloé desde el Fuerte Bulnes. "...como igualmente le anuncio a V.S. también que del carpintero que traje llamádose Isidro Díaz le he rebajado de su sueldo que ganaba $ 12 en razón de que absolutamente no sabe hacer ningún trabajo bueno de carpintería, y este rebajo ha principiado desde el 1° del presente, y solo lo he dejado con un sueldo de ocho pesos adonde le he prometido con estos doce pesos rebajados le he aumentado cuatro pesos más al carpintero Aros que viene a ganar $ 24 de sueldo y $ 4 que le he asignado al que corre con todo el ganado llamádose Pablo Calvo, como al mismo tiempo le he asignado $ 6 de sueldo a un negro americano que hacen como cuatro años ha que anda entre los indios y casado con una india natural y tiene familia y este lo tengo de intérprete para que le hable a los indios..." (46).
Es decir, aquí el Sargento Mayor y comandante del Fuerte Bulnes, Pedro Silva, en virtud de sus facultades propias, atribuía y distribuía los sueldos de los colonos bajo su mando, conforme al rendimiento y calidad del trabajo de su gente. El comandante además, tenía a su disposición un “lenguaraz” (47), es decir, un intérprete que conocía el idioma de los aborígenes, lo que le permitiría conocer sus intenciones y movimientos y agilizar los intercambios.
En definitiva, de este oficio y otros que se encuentran en el mismo Diario de Guerra del Fuerte, resulta evidente que las condiciones de enganche según las cuales venían contratados a la Colonia de Magallanes estos primeros colonos-soldados, contenían -entre otras- disposiciones que facultaban a su jefe directo, para modificar su remuneración conforme a la calidad del trabajo que desempeñasen, sin perjuicio de que los sueldos eran pagados en Chiloé, una vez concluidas las respectivas destinaciones. No circulaba dinero en la Colonia en estos primeros tiempos.
Dada la envergadura de los trabajos que había que efectuar, la carencia de mano de obra fue la gran limitación, con que se encontraron los primeros colonizadores de Magallanes. Siempre faltaba gente para los trabajos que había que emprender, por lo que los colonos tenían que suplir con sus limitados recursos y experiencia, lo que faltaba en número.
Ya asumido como Comandante del Fuerte, don Justo de la Rivera, le escribió al Comandante de la goleta "Ancud" Juan Guillermos, en 1844, el siguiente comentario acerca de la carencia de trabajadores: "En consecuencia de la autorización indicado y bien persuadido por otra parte de que V.S. conoce lo mismo que yo que la falta de brazos para el trabajo es el primero de los inconvenientes con que hay que luchar para llevar adelante las miras que el Supremo Gobierno se ha propuesto, he creído de urgente necesidad a V.S. se sirva ordenar pasen al servicio de esta plaza los marineros que voluntariamente lo solicitan y son comprendidos en la lista adjunta; para lo cual muy especialmente recomiendo a los dos primeros." (48).
Podría decirse que Pablo Calvo fue el primer criador de ganado del Territorio de Magallanes, a la luz de esta información que le envió Justo de la Rivera al Intendente de Chiloé ponderando elogiosamente su trabajo: "Resulta de la exposición que precede, que a los dos individuos mencionados se les deben cuatro meses de paga, a cada uno, por cuatro meses que han servido fiel y honradamente en sus respectivas ocupaciones. Debo advertir a S.S. en este lugar que Williams es trabajador oficioso en varios ramos, y hoy mismo se ocupa en hacer una carreta para el servicio de la Colonia; y en cuanto a Calvo, difícilmente se le reemplazaría aquí como hombre de campo para el cuidado de los animales." (49).
En marzo de 1844 las construcciones continuaban: “...como también se han hecho tres casas más y un cuartel donde pueden alojar cien hombres...” (50), pero las necesidades seguían superando a los medios disponibles.
El carácter inhóspito y difícil del territorio y el clima de Magallanes, debió haber sido un durísimo desafío para estos pocos hombres, golpeados además por la escasez y hasta la falta más elemental de recursos, para trabajar y hacer progresar la colonia. De ello nos da cuenta esta relación que hizo Justo de la Rivera al Ministro del Interior, a fines de 1844: "La madera para los edificios, para el fuerte y para todo cuanto se ha necesitado, ha sido conducida al hombro con infinito trabajo; hoy se trae de más de ocho cuadras de distancia y cada día se va alejando más; de modo que esta faena es excesivamente pesada para la tropa y marineros que la desempeñan; he hecho reminiscencia de ello con el objeto de hacer presente a S.S. que de resultas de éste y demás trabajos han quedado estos hombres en miserable estado de desnudez, sin zapatos, y casi sin ninguna cosa de ropa de uso: a la tropa sin embargo le he hecho conservar a toda costa el pantalón de paño, casaca de parada y capote...A mi llegada encontré ya algunos hombres en el estado que he indicado, y el mal se hizo superior al poco tiempo con el trabajo, que tampoco era posible abandonar. Faenas largas, pesadas y diarias en la estación cruda y con desnudez, eran motivos más que poderosos para atormentarme con la idea de no poder remediar mal tan imperioso; pero para atender a él, eché mano de cinco piezas de lona que había en el almacén; se hicieron pantalones y chaquetas, que a la fecha están ya también despedazadas..." (51).
El transporte de las maderas se hacía por lo tanto a hombro, lo cual se agregaba a la precariedad del vestuario y a las faenas prolongadas. Como se puede apreciar, estos colonos debieron vestirse con improvisadas prendas de lona, que sin duda las mujeres del grupo se dedicaron a coser. Pero, estas condiciones de vida rigurosas eran prácticamente desconocidas fuera de Magallanes.
Siempre en los primeros meses de 1844, se produjeron los primeros contactos de los colonos con las tribus aonikenk que circulaban por el Territorio. El 26 de marzo de 1844, se acordaron una suerte de “tratados de comercio y amistad” con el cacique Santos Centurión, dando inicio al comercio con dichos aborígenes: “...haciendo ver que podíamos transitar con la mayor facilidad los habitantes de la Colonia y podíamos llegar a la jurisdicción de ellos sin que les pusiese el menor impedimento, antes por el contrario auxiliándoles con lo que necesitasen para el tránsito del camino y lo propio se hará con los indios que bajen a la Colonia con su comercio de cueros y a éstos no se les pondrá el menor impedimento para que puedan hacerlo...”. Los colonos entonces aprovecharon para dar algunos donativos a los aborígenes, como “...chaquiras, tabaco breva, pañuelos colorados, collares, zarcillos para las orejas, sortijas, aguardiente...” (52)

El deseo de venir a la Colonia de Magallanes, por parte de algunos individuos, estaba animado también de una resuelta voluntad pionera, como resulta del siguiente documento de fines de 1844, enviado por un europeo avecindado en Chiloé.



"Establecimiento de agricultura en el Estrecho de Magallanes.

Excmo. Señor:
El infrascrito abajo firmante tiene el honor de poner en conocimiento de V.E. que tiene la intención de ir a la nueva Colonia de Chile establecida en el Estrecho de Magallanes con el interesante i especial objeto de formar en ella un establecimiento de agricultura que por su importancia será de gran interés para la nueva colonia.
El plan que propone el infrascrito i cuya aprobación someto a V.E. es el siguiente: la cría de ganados y cultivos de los productos particulartes al clima de la colonia, trigo, alfalfa, lino, cáñamo, colza, navo; estracción del aceite de estos ultimos productos; la cultura i fabricación de varios otros productos queda también con el tiempo fijar la atención; contribuir a la prosperidad de dicho establecimiento, pero solo el tiempo i la experiencia pueden guiar con respecto a mi introducción.
El infrascrito, para el cultivo de los terrenos necesarios al establecimiento, desea contratar, con la licencia del Supremo Gobierno, peones en Santiago de Chile o en Chiloé.
Por lo tanto, tiene el honor de pedir del Supremo Gobierno:
1° La propiedad de mil cuadras de terreno sin cultivo, las más adecuadas para un establecimiento de agricultura i no lejos del Fuerte Bulnes.
2° Le sea permitido escoger dichos terrenos cuya propiedad le será concedida para siempre, comprometiéndose por su parte en conformarse a las leyes vigentes en la actualidad o que en lo venidero se establecerían para la nueva colonia.
3° Licencia para construir una casa conducente en el interior de la ciudad, para permanecer en ella a su llegada a la colonia.
4° El pasaje a bordo de un buque nacional para toda su familia e individuos contratados para el establecimiento i además el transporte de instrumentos de agricultura, víveres, granos para sembrar i generalmente todos los útiles necesarios a la fundación i fomento del nuevo establecimiento.
5° Como los terrenos pertenecen a la nación, el infrascrito cree conseguir de V.E. tanto el dominio de las tierras enunciadas como la aprobación del objeto i bases establecidas, por competir a V.E. el ejercicio de la soberanía inmanente i así espero conseguir gracia por las ventajas que de ello resulte i que esta mi petición, se acepte por el distinguido patriotismo de V.E.
Si por un trabajo constante i asiduo respondiese el nuevo establecimiento a las esperanzas que de el se han formado, no vacila el infrascrito en creer que muchos de sus paisanos, mayor aún de Europa, seguirán su ejemplo i con esta confianza tomo la libertad de poner su persona i servicios a la disposición del Supremo Gobierno i da la esperanza que considerará siempre como un deber trabajar para la prosperidad del país que considero como mi otra patria.
Dios guarde a V.E.
A. Caruel.
Al Señor

Ministro de Estado en el Departamento de Interior i Relaciones Esteriores." (53).

Adolfo Caruel nos parece un inmigrante español (habla de Chile como su “otra patria”) que mantenía todavía fuertes lazos de relación con sus “paisanos” de Europa (54), y a quienes cree poder convencer de las bondades de emigrar a Magallanes. Pero, este es un inmigrante que tiene cierta ilustración y formación, como que habla de “soberanía inmanente” y califica al gobernante chileno con “distinguido patriotismo”.


Pero sus miras apuntan a la crianza de ganado y al cultivo de diversos cereales, lo que denota un espíritu pionero y emprendedor, pero también un obvio desconocimiento de la realidad geográfica y climática de Magallanes.
El Gobierno del Presidente Bulnes, mediante sus Ministros Montt e Irarrázabal acordaron conceder la autorización para que Adolfo Caruel venga a Magallanes, a través del siguiente decreto.

"Santiago, enero 13 de 1845.
Deseando fomentar la Colonia establecida en el Estrecho de Magallanes, en vista de la solicitud que antecede, he venido en acordar i decreto:
1° Se permita a don Adolfo Caruel ocupar i cultivar en la Colonia del estrecho de Magallanes, una estensión de terreno que no exeda de mil cuadras con el objeto de criar ganado en ellos i aplicarlos a los demás ramos de producción indicados en esta solicitud; se le permita también las habitaciones que le fueren precisas en el lugar que ocupa la guarnición.
2° Estos terreno serán escojidos por el solicitante en el lugar que juzgare sus propósitos previa la aprobación del Gobernador de la Colonia.
3° La propiedad i dominio de estos terrenos continuará perteneciendo al Fisco, quién podrá disponer de ellos del modo que tuviese a bien.
4° Si el Gobierno fuere autorizado por la Legislatura para hacer donaciones de terrenos en la nueva Colonia del Estrecho, concederá al solicitante, bajo las bases i condiciones que el Congreso Nacional estableciere, el número de cuadras que pudiere cultivar i que no excede de mil cuadras cuadradas.
5° El solicitante espresará distintamente la cantidad de cada uno de los objetos especificados en su carta petición para resolver acerca de su transporte por cuenta fiscal.
Tómsese razón y anótese.
Irarrázaval. Manuel Montt."
(55).

Durante el año de 1844, las condiciones de vida y de trabajo de los colonos eran extremamente precarias, como lo atestiguan estos comentarios que informa el Gobernador Justo de la Rivera al Intendente de Chiloé en julio de 1844. “Por el inventario general graduará S.S. sin duda las necesidades que dentro de poco tiempo debemos tener, teniendo presente la nota que dicho inventario lleva al pie. La galleta es poca y pocos también los frijoles. La carne salada de vaca y especialmente la de puerco disgusto mucho a la tropa porque les causa indisposiciones y existiendo tanta es adecuado se vuelva a remitir. Tabaco habrá cuando más para dos meses. La red está completamente inútil y de hecho este medio de economía no existe. Ojalá en primera ocasión se remita una o dos para que haya reemplazo.” (56)


Con respecto a la incipiente agricultura que se realizaba en los primeros meses y años de la colonia, Justo de la Rivera le manifiesta al Intendente de Chiloé, en febrero de 1845: "La temporada de la nieve en abundancia dió principio inmediatamente a mi llegada, y de hecho la tierra siempre encubierta, unida a la falta de conocimiento sobre la calidad del terreno y la de inteligencia para elegir el tiempo a propósito para el cultivo en esta latitud, formaron precisamente obstáculos, aumentados con la escasez de brazos, y la necesidad de labrar el terreno a golpe de pico y barreta, por carecer de otros elementos. No era posible dedicar todos los trabajadores a este solo ramo." (57).
Todos estos trabajos, en particular, el transporte de las maderas desde el bosque, eran particularmente duros para los colonos: “Del vestuario, que según ordenanza debe suministrarsele a la tropa que tengo a mis órdenes...me veo obligado a exponer a S.A. que aquella ropa hará suma falta a los soldados en la estación de invierno, particularmente si se tiene presente que los trabajos que se ejecutan aquí, como la labranza de maderas en el monte y su conducción al fuerte y otros, son de naturaleza tal que deterioran materialmente los vestidos y el calzado.” (58)

1845:

la colonia de Magallanes

se comienza a extender

Al momento de llegar a la colonia, el nuevo Gobernador Justo de la Rivera levantó un plano a mano alzada de todo el recinto.


Su detalle nos permite identificar la amplitud de los trabajos efectuados por los colonos entre noviembre de 1843 y febrero de 1844.
Según dicho plano, el fuerte estaba integrado por las siguientes construcciones: una casa fuerte o fortín propiamente tal, un cuartel, el almacén de víveres, los apéndices al cuartel, habitación; la casa del Gobernador; la casa del Secretario; la casa de oficiales; la capilla y habitación del capellán, la casa de pólvora (subterránea); la casa habitación de los carpinteros ingleses; cinco ranchos construidos con champa y paja; cárcel con un piso de alto; cuatro terrenos sembrados; una garita; el establo para el ganado, el conjunto rodeado por una empalizada o estacada.
Al momento que se practicó este plano, se estaba construyendo además, un “reducto”: una segunda empalizada de protección al interior del recinto.
Aún así, la necesidad de mano de obra y de herramientas se seguía haciendo imperiosa como lo escribe De la Rivera en febrero de 1845 al Intendente de Chiloé: “los inconvenientes a que he aludido al principio de esta nota, son consecuencias de que faltan brazos para comenzar esos trabajos sin abandonar los que hay emprendidos en el fuerte, que conviene concluir con brevedad, dificultad remarcable y que creo originada en que no se han dado al Supremo Gobierno con exactitud noticias precisas de la Colonia, respecto de la Colonia, respecto a la localidad, distancia de los montes, calidad de las maderas y en fin de cuanto contribuyese a formar el cálculo de los hombres que se necesitaban para todo cuanto había aquí que hacer...” Y le subrayaba una vez más, la necesidad de herramientas de trabajo: “Réstame decir a S.S. que falta toda clase de herramientas, muy particularmente hachas y picos. De veinte y tres de las primeras que habían cuando me recibí, diez solamente están en estado de servicio. En conclusión, conviene se mande toda clase de herramientas de carpintero, sin olvidar un surtido de limas para afilar sierras de todos tamaños. No pasará en silencio la absoluta necesidad de un buen maestro carpintero, capaz por sus conocimientos de dirigir las obras públicas que el Supremo Gobierno desea se construyan; dos aserradores y un buen herrero.” (59)
De las incidencias ocurridas en la Colonia, a principios de 1845, cabe anotar la deserción de un grupo de marineros estadounidenses desde una goleta lobera que recorría los mares australes, y que llegaron en bote a la Colonia donde, según Justo de la Rivera: "...se les ha suministrado la ración, conforme a la que reciben los demás individuos de esta Colonia y se les ha ocupado en los trabajos del establecimiento, arreglado a las aptitudes de cada uno de ellos." (60). Como se puede apreciar y dado el estado de precariedad del establecimiento, en la Colonia el que llegaba era visto de inmediato como posible mano de obra, dada la escasez de gente de trabajo y la gran cantidad de actividad por realizar.
En los primeros años, como se puede apreciar, lo esencial era el trabajo, en busca del diario sustento, del abrigo y para el reconocimiento del territorio que los colonos tenían a su alrededor.
La frecuencia con que comenzaban a transitar por el Estrecho las naves loberas y balleneras y otras embarcaciones, comenzó a facilitar algunos contactos e intercambios de la Colonia con estos ocasionales visitantes.
Así, por ejemplo, el naufragio ocurrido en 1844 de una barca ballenera estadounidense, dejó en la Colonia un piloto marinero de gran valía como navegante, por lo que Justo de la Rivera lo contrató, como lo relata el mismo al Intendente de Chiloé: "Hallábase en la Colonia hospedado, y esperando la ocasión para pedir pasaje a bordo del Queche, el 1° piloto don Guillermo Farthin de la barca norte-americana "Express" que naufragó hace cerca de un año en el cabo Monday. Las aptitudes como marino, así como su desgracia y larga estadía en los puntos más difíciles del Estrecho le han dado un conocimiento práctico que hace interesante su servicio. Persuadido pues de que el Supremo Gobierno no ha podido prever los casos que demandan las necesidades imperiosas del establecimiento, y que hecho cargo de la expedición anterior, no lo tendrá a mal: he creído deber contratar como piloto práctico del Estrecho con servicio en la "Ancud" al citado Farthin, señalándole el sueldo de cuarenta pesos mensuales, hasta que el "Magallanes" o cualquiera otro buque venga a la Colonia, si el gobierno tiene a bien aprobar la medida tomada." (61).
He aquí mención del primer contrato realizado a algún extranjero en el Territorio de Magallanes, de manera que Guillermo Farthin fue el primer piloto práctico contratado en estas tierras australes, bajo un "patrón" chileno. (62)
Sobre el desarrollo y avance de los trabajos en el fuerte, escribía Justo de la Rivera a su superior, el Intendente de Chiloé: "A pesar del mayor número de hombres con que cuento ahora para activar el trabajo, pasará todavía algún tiempo sin que el fuerte sea concluído...ha tenido mucha parte en ello, la necesidad absoluta de haber que atender a diversos ramos con el escaso número de brazos que tenía a mis órdenes. Agregaré a lo expuesto, que el duro invierno que todavía se hace sentir con lluvias; lo afanoso para conducir la madera a hombro desde larga distancia, la gran masa de tierra que se ha reunido para formar los terraplenes, y la localidad misma en que encontré establecido el cuartel, han sido dificultades que han puesto obstáculos a que la construcción del fuerte no esté mas adelantada que lo que se halla." (63)
A lo largo de estos primeros años, y no obstante las dificultades del idioma y la permanente transhumancia de las tribus, la Colonia comenzó a establecer ciertas "relaciones comerciales" y de intercambio –en realidad de puro y simple trueque- con los grupos aonikenk de los alrededores. De la Rivera pide a este respecto a sus superiores en Chiloé, se le remitan una lista de ciertos artículos destinados a este singular intercambio, y dice que de ellos "...recibiendo en retorno ya los cueros de guanaco o ya la carne del mismo animal que será un medio de ahorrase los víveres de la Colonia, y de todo lo cual se llevará aquí una cuenta exacta." (64)
Mientras tanto, el paso de goletas, barcas y otras embarcaciones balleneras y de otro fin por el Estrecho, se fue haciendo cada vez más frecuente, de manera que el Gobernador De la Rivera concibió la posibilidad de que la Colonia se convirtiera en un punto de abastecimiento para la navegación en esta costa de la Patagonia: "Es innecesario a mi parecer hacer mención de la enorme utilidad que les reportaría a los buques que viajan por el Estrecho, si se tuviesen aquí algunas anclas, para auxiliarles cuando tuvieren necesidad de ello." Y atendiendo precisamente al capitán de un bergantín chileno en dificultades, agrega que "El capitán del bergantín "Volante" me pidió le facilitase en calidad de auxilio, un cajón de velas, por el cual me dejó el correspondiente recibo, el mismo que adjunto a S.S." (65). Así, tímidamente, comenzaron las primeras formas de intercambio mercantil entre los navegantes y la Colonia de Punta Arenas, en lo que sería años más tarde un rubro vital de su economía.
Por aquel entonces - estamos en los primeros meses de 1845- se intentó sembrar cebada, trigo y avena con pobres resultados, pero, es necesario considerar que estos hombres tenían que trabajar alternativamente como carpinteros, como cargadores de madera y de bultos, como marineros en los botes y lanchas, como hachadores en el monte, como sembradores y cosechadores, como jinetes y guardianes, por lo que no se podía avanzar mucho: “...y el resultado ha sido que no esté el fuerte concluído, que no se haya sembrado en mayor escala, que no se hayan hecho todas las oficinas y piezas que se necesitan y que no se haya podido casi, reconocer escrupulosamente nuestros alrededores...Réstame decir a S.S. que falta toda clase de herramientas, muy particularmente hachas y picos...En conclusión, conviene se mande toda clase de herramientas de carpintero, sin olvidar un surtido de limas para afilar sierras de todos tamaños.” (66).
La correspondencia desde el Fuerte Bulnes a la Intendencia de Chiloé y a otras autoridades centrales, estaba repleta de petitorios de este tipo, tras los cuales se intuye la perseverancia tozuda con que los Gobernadores y Comandantes de Armas a cargo de la Colonia, insistían una y otra vez en las demandas y requerimientos que la necesidad imperiosa les indicaba.
Escribía sobre esto el mismo Justo de la Rivera: "En el pasado abril he sembrado una cuadra de terreno con 55 varas de ancho de trigo y cebada, y en el presente ya he cultivado media cuadra y se sembrará bastante más en cuanto concluya de arreglar la carga que ha traído la barca 'María Teresa' cuya faena entretiene por ahora todos los brazos." (67).
Esta multiplicidad de faenas que cada uno debía ejecutar, estaba originada, como se ha visto, en la carencia de mano de obra suficiente, para las numerosas construcciones que se emprendían.
Así, P. Silva le pedía al Intendente de Chiloé a este respecto: "S.S. conocerá por esto que no es posible dar abasto a los trabajos que se ocurren con frecuencia en un establecimiento como este con un individuo solo, cuando ese está enteramente dedicado a aserrar maderas. Si S.S. pues lo tiene a bien se servirá mandar a los menos cuatro carpinteros en la primera ocasión que haya pues sin ello el trabajo necesariamente tendrá que paralizar. Los mejores individuos para la labranza de madera también se regresan por esta oportunidad para Chiloé, de suerte que son pocos o más bien ninguno los que quedan que pueden dedicarse a una faena, que al mismo tiempo se necesita de hombres fuertes es preciso se tengan también algunos conocimientos en la materia. S.S. está bien impuesto de la superioridad de los hijos de Chiloé, sobre la mayor parte de las demás provincias en ese ramo y en consecuencia conocerá la absoluta necesidad que hay de que por lo menos se remitan 25 hombres que puedan desempeñar este trabajo." (68).
Esta elogiosa mención a la experiencia de los chilotes en el trabajo de la madera (que no fue la primera, por lo demás), favoreció que se estimulara la venida de gente del archipiélago, para atender estas faenas imprescindibles.
Y en esta misma línea de razonamiento, algunos meses más tarde, P.Silva se refería a los contactos iniciados con el establecimiento inglés de las Islas Falklands, donde percibe interés por las maderas de Magallanes, lo que le permitió volver a referirse al trabajo de los chilotes: "No creo inoportuno advertir a S.S. que para llevar a cabo el proyecto indicado sería necesario que se reemplazasen los 11 individuos que por ahora forman parte de esta guarnición y que pertenecen al Batallón Cívico Ancud con igual o mayor número de hombres labradores y al mismo tiempo algunos aserradores que pudiesen preparar la madera que fuese necesaria para suministrar al establecimiento inglés. Esos hombres deberían ser chilotes" (69).
Los contactos entre la colonia de Magallanes y las islas Falklands se iniciaron por tanto, en los primeros años de la ocupación del Estrecho de Magallanes, hacia 1845, y habrían de ser permanentes y fructíferos, como se verá en los años siguientes.(70)
Corría el año 1845.
Debe subrayarse el hecho de que los primeros colonos, soldados de tropa, oficiales y relegados enviados a la naciente colonia, provenían mayoritariamente de Chiloé pero algunos de ellos venían también de Valparaíso, como lo dice M. de Bernales desde Ancud al Ministro de Guerra en diciembre de 1845: "Con esta fecha, digo al Ministro de la Guerra en Nota N° 229, lo que sigue: La barca "Ballena" fletada por orden del Supremo Gobierno llegó aquí el doce del pasado noviembre y quedó completamente despachada por la Intendencia el 1° del mes actual, habiendo dado a la vela para Magallanes en conboy...Las personas que han ido en esta ocasión a la Colonia, inclusos los 55 oficiales e individuos de tropa que trajo de Valparaíso la "Ballena" y los que se agregaron de esta compañía para completar la fuerza que debe cubrir el Fuerte Bulnes, constan en la lista que el N° 1 acompaña a V.S. a la presente nota y lo que ve señalado en el N° 2 manifiesta el número de animales, aves y víveres que se remitieron por el referido buque, todo lo que participo a Ud. para su inteligencia i conocimiento. Dios guarde a V.S." (71).
En marzo de 1845, el gobernador Justo de la Rivera instruyó al comandante de la goleta “Ancud” para efectuar diversos reconocimientos en el Estrecho de Magallanes. Al respecto le comisiona para que “Habiendo llenado en la bahía Gregorio los fines de su estadía en ella...podrá Ud. emprender el viaje de regreso, visitando los puertos en donde halle fondeadero...cuanto para hallar el lugar donde dicen hay vetas de carbón de piedra, cuyo reconocimiento hará el sr. Corail. Encontrando dicho carbón, que por noticia hay mucho de rodados sobre la misma playa, hará ud. embarcar el que se pueda, acomodándolo en sacos, que al efecto se hacen poner a bordo.” (72)
Los trabajos de agricultura, efectuados a fines del año anterior 1844 en las proximidades del Fuerte, comenzaron ya a rendir algún pobre resultado, como lo informa De la Rivera al Ministro del Interior el 12 de abril de 1845: “Las siembras que se hicieron el año pasado permanecen casi en el mismo estado en que se hallaban en el mes de febrero último, las frecuentes lluvias y la falta de sol, han impedido el progreso del trigo especialmente...en el mismo caso están las lentejas en cuya planta ha penetrado más la peste. El trigo blanco está perfectamente granado y el candial a medio grano. La cebada en buen estado. Las papas, habas, arvejas, rábanos, cebollas y perejil marchan bien, y de algunas de ellas especies hacemos uso.” (73)
El principal producto de esta agricultura incipiente eran las papas, de las que se cosecharon ese año de 15 a 20 fanegas. (74)
Hacia abril de este año, el Gobernador de la Rivera, se planteaba una vez más, los problemas relacionados con la falta de mano de obra disponible para hacer los trabajos pendientes y comunicaba al Ministro del Interior lo siguiente: "El tiempo continúa lluvioso y la nieve sin duda reemplazará a las aguas. La escasez de brazos me presenta este año las mismas dificultades del anterior para concluir los trabajos que hay emprendidos y lo que es necesario emprender. Faltan hombres; 25 trabajadores no son bastantes, señor, para satisfacer todas las exigencias. La madera se trae a hombros desde 10 cuadras por lo menos y sin este artículo el fuerte no se puede concluir." (75) Y aprovechando los viajes de la goleta "Ancud", de la Rivera, intentó desplazar a un grupo de 8 individuos al sector de Cabo Negro, a fin de "cubrir el lugar donde se hallan las vetas de carbón de piedra".
Es de notar el grado de control que se ejercía desde Santiago y desde la provincia de Chiloé, sobre la formación de la Colonia de Magallanes. Hacia mayo de 1845, Justo de la Rivera le responde al Intendente de Chiloé, sus instrucciones sobre la prioridad a las obras pendientes en la colonia: "Quedo impuesto de la transcripción que S.S. me hace en su nota 1069 del 29 de marzo pasado y juntamente con las observaciones que hay en ella de no dar principio al edificio de la iglesia casa misional y escuelas hasta no saber la resolución del gobierno supremo y también de la facultad que S.S. me da para usar las maderas y útiles en cualquier otras obras que crea necesario para el servicio de la Colonia con lo que queda contestada la expresada nota. Dios guarde a S.S. Justo de la Rivera." (76).
El Gobernador seguramente había propuesto a sus superiores la construcción de una capilla o templo y una escuela, pero sus superiores le respondieron que debía cambiar sus prioridades de construcción, sobre todo si se considera que el fuerte estaba aún inconcluso.
Las primeras exploraciones que llevaron a los colonos hacia el sector de la futura Punta Arenas, se realizaron durante 1845 con el fin de verificar y resguardar las vetas de carbón que se presumían allí existían. Informa De La Rivera al Intendente de Chiloé en mayo de 1845 que ha hecho exploraciones "...con el objeto de cubrir las vetas de carbón de piedra que se hallan cerca del lugar llamado Punta Arena en cuyo punto no hay agua..." y aprovechando esta comunicación, al Gobernador insiste sobre los trabajos en curso y sus carencias de mano de obra en los siguientes términos: "Habiéndose aumentado considerablemente el número de animales, el establo que tenía ya hecho es insuficiente para ellos así como tampoco los pastos de la punta Santa Ana son bastantes para mantenerlos por un mes. Por consecuencia tengo que mantener el ganado a cerca de una legua de distancia del fuerte, tener allá un pequeño destacamento para que lo cuide y trabajar inmediatamente un gran establo para su abrigo y casas para vivir y guardar pastos; para esto se necesitan brazos teniendo presente el mes en que nos hallamos. La agricultura en escala mayor, reconstrucción del fuerte, reconstrucción de habitaciones y nuevos almacenes...son motivos bastante poderosos para no ejecutar lo que había pensado." (77)
Los suministros de alimentación para los colonos, además de las precarias remesas que se enviaban desde Ancud, tenían que hacerse sobre la base de pescado, mariscos y carne de guanaco comprada a los aborígenes.
La descripción que hace Justo de la Rivera de las provisiones que tiene disponibles a principios de diciembre de 1845, permiten formarse una idea de la dieta que alimentaba a los colonos: "Cuenta el almacén con frijoles y trigo que se calcula que alcanzarán a suministrar el alimento diario hasta principios de febrero, especialmente de los primeros, además de tres barriles de carne salada y otros tantos de galletas, el resto de víveres es concluído, del trigo se hace harina en el molino de mano y tostado y se hace lo que el vulgo llama mote por lo que suple la falta del (...) después de esto nuestro recurso efectivo es el ganado pues en cuanto a los que proporciona el "Magallanes" no puede absolutamente contarse con ellos, son eventuales. En el pasado noviembre ha hecho la goleta "Ancud" dos viajes al norte para procurar a los patagones carne de guanaco que antes se ha podido adquirir en varias veces, pero ahora no solo ha sido inútil la diligencia con respecto al artículo indicado sino también el marisco que se le (...) en algunas bahías más adelante del Cabo Negro." Y además, la pesca era dificultosa para estos colonos, por el clima y porque el pescado "...escasea en largas temporadas y que aun cuando lo hubiese y siempre permanente, la pesca no se puede ejecutar diariamente y por el tiempo malo, sobre todo por los terribles vientos que se hacen sentir en la mayoría de los días siendo inhumano emprenderla de noche por el frío, consultando la salud de los individuos." (78).
Los trabajos más importantes y apremiantes que ocupaban a los colonos eran las faenas de la madera, en las que ya destacaban los carpinteros chilotes. Al viajar Justo de la Rivera a Chiloé en diciembre de 1845, su reemplazante el Sargento Mayor Pedro Silva escribe al Intendente de Chiloé al respecto: "En la barca "Ballena" marcha para esa capital dos de los tres carpinteros que había en esta Colonia por haberlo así solicitado por motivos de enfermedad y por consiguiente solo ha quedado uno. S.S. conocerá por esto que no es posible dar abasto a los trabajos que se ocurren con frecuencia en un establecimiento como este con un individuo solo, más aún cuando ese está enteramente dedicado a aserrar maderas." Y refiriéndose a la experiencia de los carpinteros chilotes, agrega: ""Los mejores individuos para la labranza de madera también se regresan por esta oportunidad para Chiloé de suerte que son pocos o más bien ninguno de los que quedan que pueden dedicarse a una faena, que al mismo tiempo se necesita de hombres fuertes es preciso se tengan también algunos conocimiento en la materia. S.S. está bien impuesto de la superioridad de los hijos de Chiloé, sobre la mayor parte de las demás provincias en ese ramo y en consecuencia conocerá la absoluta necesidad que hay de que por lo menos se emitan 25 hombres que puedan desempeñar ese trabajo. El Sr. de la Rivera que marcha para esa podrá informar a S.S. sobre la falta tan notable que hay de trabajadores de esta clase en la Colonia." (79)
Esta misma falta de brazos indujo a las autoridades de la Colonia a contratar a expertos extranjeros que por azar se encontraban en la Patagonia. Es el caso del marinero Roberto Taylor, respecto del cual Pedro Silva le ordena al Comandante del Queche "Magallanes", lo siguiente: "Siendo de suma necesidad que venga a tierra el marinero del buque de su mando Roberto Taylor, para que desempeñe varios trabajos de carpintería que hay que emprender, Ud. se servirá ordenar su desembarco cuanto antes, teniendo presente que con esta fecha debe dársele de baja en la próxima lista de revista para darlo de alta aquí al mismo tiempo como carpintero de la Colonia, con el sueldo convenido de veinte pesos mensuales. Dios guarde a Ud. P. Silva." (80). El carpintero Roberto Taylor puede ser considerado como el primer carpintero extranjero contratado en la Patagonia.
Las faenas de la madera eran duras y exigentes.
Los improvisados madereros trabajaban en el "frente de los árboles", es decir, en el borde exterior del bosque y que iba quedando después del corte anterior.
Los árboles eran hacheados hasta derribarlos -el trabajo de los hachadores consistía precisamente en seleccionar los árboles y derribarlos adecuadamente- y a continuación, los labradores procedían a cortar las ramas, quitar la corteza y a darle forma -a fuerza de hachas y de sierras- a los tablones, vigas, tablas y otros cortes.
Alguna madera por su calidad inferior –al ser muy nudosa o estar carcomida- era destinada a leña, faena para la cual intervenían los aserradores cortando con sierras manuales los troncos a lo largo, para formar "rajas" o "rajones" y trozos que los demás colonos cortaban y picaban para las estufas y fogones del Fuerte y las casas de la colonia.
Así, las maderas se destinaban a tres usos principales: para la construcción y reparaciones de habitaciones y muebles, para la reparación de embarcaciones (el trabajo de carpintería de ribera) y para leña o combustible.
Como era sabido, la habilidad y experiencia de los madereros chilotes, les permitía reconocer la calidad y estado de los árboles. A medida que se iban cortando, las maderas se apilaban durante la jornada diaria, para su traslado al fin de la tarde.
Las maderas eran transportadas a hombro desde el bosque al Fuerte, por los senderos precarios que los mismos hombres iban formando a su paso, tarea que se hacía más penosa y dura a medida que el "frente de árboles" iba retrocediendo al interior de los montes. El sector de la desembocadura del Río San Juan fue activamente explotado en aquel entonces.


Compartir con tus amigos:
1   ...   4   5   6   7   8   9   10   11   ...   105


La base de datos está protegida por derechos de autor ©composi.info 2017
enviar mensaje

    Página principal