Historia Social



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La formación del Frente del Pueblo


y el desarrollo del movimiento sindical

a fines de los cuarenta

y principios de los cincuenta

A principios de septiembre de 1948, entró en vigencia la Ley de Defensa de la Democracia, que daba paso, dos meses después, a la perdida de los derechos de ciudadanía de toda persona identificada como miembro del Partido Comunista, mediante su eliminación de aquellos de los registros electorales.


La puesta en marcha de la llamada "ley maldita", significó, en la práctica, poner un muro de contención para las organizaciones obreras. Esto lo denunciaban los socialistas, en noviembre, a través de una declaración del PSP, que puntualizaba que "la clase trabajadora, anarquizada y pauperizada, ve que se invalidan sus conquistas sociales y se suspende la vigencia de los derechos humanos; se retrograda el movimiento histórico, conculcando garantías democráticas y sindicales, entregando el destino del pueblo a los sectores más reaccionarios".
La posición del socialismo insistía en una posición ideológicamente contraria al PC, pero, rechazaba la persecución de las ideas y la opresión legalizada, vía facultades extraordinarias del gobierno y leyes aprobadas sobre la base de factores externos. Así mismo, denunciaba las estrechas ligazones entre el gobierno y el grupo Rossetti-Ibañez, y la participación de éste en el gobierno, a través del Ministro de Educación, Armando Mallet.
Tales planeamientos eran recogidos por el grueso del socialismo, que asumió una enérgica oposición al gobierno de González Videla, ratificando el camino del FRAS en el parlamento. Respecto del FRAS, se produjo, sin embargo, la controversia entre Ampuero y Allende, debido a que éste último proponía ampliar el FRAS a un conjunto mayor de fuerzas opositoras, más allá de lo estrictamente parlamentario. Quien asumió como Secretario General del PSP, en ese periodo, fue Eugenio González Rojas, que acentuó la política doctrinal.
Hacia 1950, el Secretario General González, inició acercamientos hacia el grovismo, con el propósito de reincorporarlo al PSP, iniciativa que contó con la oposición del ampuerismo, ante lo cual, el líder partidario, sintiéndose desautorizado, optó por renunciar. El grupo de Grove, ante el fracaso de su tentativa, iniciará una aproximación hacia el PSCH.
Este sector, hacia 1950, había experimentado un drástico cambio, a inicios de ese año, cuando el dirigente Armando Mallet, desplaza de la cúpula de ese sector a Rossetti e Ibañez. Se produce un cambio profundo en el discurso anti-comunista, que permite una mayor proximidad con el grupo socialista auténtico, que lideraba Grove, que, como vimos anteriormente, formaba parte del Frente Nacional Democrático, en que actuaba también el ilegalizado Partido Comunista.En junio, el PSP realiza su Congreso, donde se impone nuevamente la línea de Ampuero, de camino propio, argumentada por Tomás Chadwick. La tesis de minoría, sustentada por Eugenio González y Salvador Allende, proponía un bloque político amplio, que fuera capaz de incorporar a todos los partidos de la oposición. Por esos días, el PSCH, en tanto, a través de su dirigente Vasco Valdebenito, sorprendía al escenario político, proponiendo una política de unidad de la clase obrera y aglutinamiento de las fuerzas políticas de avanzada.
Esta propuesta se consolida, cuando Armando Mallet gana la Secretaría General del PSCH, en agosto, lo que permite intentar, en octubre, la constitución del Bloque Popular, al cual concurren el PSP, el PSCH, el PC y el Partido Radical Doctrinario. Sin embargo, el propósito se ve coartado por la negativa del ampuerismo de admitir en ese acuerdo al Partido Agrario Laborista. Un segundo intento de acuerdo entre el PSP y el PSCH, se produce en abril de 1951, cuando se constituye por un breve tiempo, el Frente Socialista, que permite iniciativas conjuntas en la perspectiva de la celebración del Día de los Trabajadores (1° de Mayo) y la coordinación en el ámbito sindical.
Todos estos esfuerzos se derrumbarán abruptamente, cuando, en julio de 1951, el Comité Central del PSP resuelve apoyar la candidatura presidencial del ex dictador Carlos Ibañez del Campo, para las elecciones de 1952. El que ya el radicalismo y la derecha hubiesen lanzado sus candidatos a la palestra, y que el socialismo se sintiera sin nombres que proponer, hizo que el PSP apresurara su opción por el que percibían como un candidato progresista, dentro de las alternativas propuestas. En los hechos, después de varios fracasos anteriores, Carlos Ibañez del Campo surgió como un candidato, con matices de peronismo, planteando un discurso anti-oligárquico y anti-imperialista.
Contra esa resolución se opuso Salvador Allende, quien impugnó vehemente el pasado del ex dictador, abandonando airadamente el lugar de la reunión. Ello no fue óbice, sin embargo, para que el PSP proclamara la candidatura de Ibañez, el mismo día en que, el PSCH, en otro lugar, efectuaba un acto para conmemorar los 20 años de la caída de la dictadura. Allende mantuvo su actitud de rebeldía, provocando un paulatino apoyo de las bases de PSP a su postura, la que se verá incrementada con el llamado complot de Colliguay, que puso en discusión la seriedad de la dirigencia del PSP.
Ese complot no fue sino la estratagema de los dirigentes sindicales Domiciano Soto (PC) y Edgardo Maas (PSP), que, en agosto de 1951, se hicieron pasar por secuestrados por la policía política del gobierno, a fin de aumentar el repudio nacional contra González Videla. Sin embargo, fueron sorprendidos ocultos en la localidad de Colliguay, descubriéndose que se trataba de un ardid. Pese a la sanción del C.C. del PSP sobre Edgardo Maas, el desprestigio y el repudio involucró a los dirigentes del ampuerismo, a lo que se sumó la resolución de apoyar a Ibañez.
El descontento dentro del PSP tuvo su detonante definitivo, cuando el dirigente Astolfo Tapia Moore regresó de Argentina, donde había visitado a los dirigentes socialistas argentinos, perseguidos por el peronismo. Tapia Moore atacó duramente a Perón e Ibañez, calificándolos como lobos de una misma camada, por lo cual, fue sancionado con la expulsión por el Comité Central. Ante aquella sanción, 53 dirigentes del PSP, presentaron su renuncia, encabezados por Salvador Allende, Manuel Mandujano, Carmen Lazo, Miguel Etchebarne, Quiterio Chávez y otros. Allende explicaría a la prensa: "Los sectores que acompañan a Ibañez, son revueltos y heterogéneos. Es tan imposible conciliar los intereses del latifundista agrario con los del campesino socialista, como los principios fascistas de los dirigentes ibañistas, con el pensamiento socialista de nosotros. No niego que al lado de Ibañez hay hombres de prestancia intelectual y de valor moral, pero, yo juzgo al conjunto y sobre todo al candidato".
Marginados del PSP, este grupo se constituyó en Movimiento de Recuperación Socialista, que entró en conversaciones con Mallet, con el fin de unificarse y discutir una candidatura popular, con el apoyo del PC. Posteriormente, se sumaría a ellos la Brigada Universitaria Socialista. En el último trimestre de 1951, el PSCH proclamó la candidatura presidencial de Salvador Allende. Poco después lo hacía el Partido Comunista.
Respecto del PC, Jorge Barría señala que, "a partir de 1950, se aminora la persecución política, pero, perdura la ilegalidad de la organización unos ocho años más, con los riesgos inherentes a éste situación jurídica".
La primera candidatura presidencial de Allende recibió el apoyo de los sectores más progresistas del país, poco significativos electoralmente, pero, con la clara idea de iniciar un proceso.

Lo que Allende pretendía, con aquella candidatura, era recomponer una alternativa de centro-iquierda, representativa del conjunto del pueblo, capaz de re-editar la experiencia del Frente Popular, pero, con una programa más radical, dirigido por las organizaciones de la clase trabajadora. Por eso, el referente fue designado con el nombre de "Frente del Pueblo", que Allende lo define de la siguiente manera: "Somos un movimiento deliberación nacional, anti-imperialista, anti-oligárquico, con una meta que no termina en septiembre. Estamos protagonizando una gesta emancipadora por el pan y la libertad, por el trabajo y la salud, por la reforma agraria y la industrialización del país, por la paz, la democracia y la independencia nacional".


Para quienes aspiraban a una alternativa progresista y radicalizada, el Frente del Pueblo se convirtió rápidamente en una herramienta esencial para la elaboración de una propuesta nacional, afincada en la capacidad de organización popular. Allende, analizando la situación social, afirmaba: "Chile tiene la más alta mortalidad infantil del mundo: 251 niños de cada mil, mueren antes de cumplir los nueve años. Tenemos un millón seiscientos mil analfabetos mayores de 14 años. El 30 por ciento de los escolares tiene una estatura inferior a la normal, y de nueve mil adolescentes, solo doscientos tienen la oportunidad de educarse; el resto salta bruscamente de su precaria niñez a la dura vida de adulto...". A esos índices reveladores, el alza del costo de la vida llegaba, en 1951, a un 40%, expresado fundamentalmente en los artículos de primera necesidad (pan, harina, arriendos, calzado, movilización).
En su Programa, el Frente del Pueblo planteaba ser un "movimiento político de carácter permanente, que va más allá de lo electoral, llamado a unir en torno al nervio motor de la clase obrera, a las capas más conscientes de la sociedad chilena: campesinos y agricultores progresistas, empleados, artesanos, maestrose intelectuales, profesionales, comerciantes e industriales con sentido nacional, mujeres y jóvenes ansiosos de producir un profundo cambio. Significa en un plano superior, la continuidad histórica de los movimientos populares que triunfaron en 1938, 1942, y 1946". Asimilando las experiencias y enseñanzas del pasado, proponía un proceso unitario de las fuerzas creadoras de nuestra nación, enarbolando el único programa que planteaba la necesidad urgente de nacionalizar las empresas fundamentales, la reforma agraria, y la democratización de todos los órganos del Estado.
Entre sus proposiciones consideraba la necesidad de nacionalizar la extracción del cobre y el hierro, los servicios de utilidad pública y las compañías de seguro, además de desahuciar los pactos militares, suscritos con EE.UU. en el marco de las estrategias anticomunistas. En su análisis de la situación agraria, planteaba que las haciendas del latifundio, con más de 5.000 hectáreas, aprovechaban solo el 14% de la tierra cultivable, en circunstancias que el país debía importar más de 80 millones de dólares en trigo.
La candidatura de Ibañez fue sostenida por los partidos que habían integrado el FRAS, además del Partido Agrario Laborista. Compitieron con él, Arturo Matte Larraín, con el apoyo de liberales y conservadores; Pedro Enrique Alfonso, del continuismo radical, y Salvador Allende. Obviamente, el Frente del Pueblo y Allende, estaban destinados a enfrentar la más desigual de las batallas. El radicalismo contaba con 9 nueve emisoras radiales, el mismo que la candidatura de la derecha tradicional, mientras, el ibañismo contaba con 5. El Frente delPueblo contaba con solo una.
Los resultados de la elección fueron sorprendentes, pese al enorme predominio propagandístico del partido de gobierno y de la derecha. Ibañez ganó con 436.345 votos, prácticamente doblando a Alonso y Matte. Allende ocupó el cuarto lugar con 52.348 votos, respaldo que evaluó después en un discurso en el Senado, de la siguiente manera: "No ha habido de nuestra actitud una posición demagógica. Sabíamos de antemano los resultados de esta elección, pero, queríamos formar una conciencia y plantear a los chilenos los problemas de Chile. Los votos que obtuvimos constituyen un verdadero triunfo, puesto que representan la expresión de 52 mil conciencias limpias y claras que votaron por una idea, por un programa concreto, por la unidad de los trabajadores, por el futuro de Chile, y no tan sólo por el triunfo de un hombre y de una esperanza".
Respecto del triunfo de Ibañez, Federico G. Gil, señala que lo más significativo de su victoria, fue que, por primera vez, el voto campesino desafió a los terratenientes. El abrumador apoyo que recibió, por sobre las líneas partidarias tradicionales, hacia una figura que asumía representar el decoro, la rectitud y la autoridad, permitieron una campaña demagógica, frente a aquello que había sido imposible de hacer por los partidos políticos: poner fin a la inflación.

Los primeros dos años del gobierno de Ibañez fueron expresión de una política populista. El dirigente del entonces PSP, Alejandro Chelén Rojas, analizando el alud ibañista años después, señalaba que aquel carecía de programa, de ideas claras frente a los complejos problemas del país. Ese movimiento "poderoso por el número, estaba desprovisto hasta de las normas más elementales para dar fisonomía y planificar democráticamente, a la avasalladora inquietud popular".


Al cabo de dos años, el gobierno se vio obligado a cambiar de política, optando por las directrices planteadas por la misión Klein-Sacks, enviada por el gobierno norteamericano, y por la utilización de la Ley de Defensa de la Democracia, aún vigente, que utilizó contra el movimiento sindical, que se rearticuló con fuerza frente a la política del gobierno.
Efectivamente, en febrero de 1953, se reunió el Consejo Constituyente de la Central Única de Trabajadores, como consecuencia de un movimiento sindical en recuperación, que, en 1951, había formado el Comando Nacional contra las Alzas, presidido por el dirigente de los Empleados Fiscales Clotario Blest, con el apoyo de la Federación de Estudiantes de Chile, que después derivó hacia una Comisión de Unidad Sindical, como resultado de las aproximaciones unitarias creadas entre las diversas organizaciones con influencia de socialistas y comunistas. Un paso relevante había sido la huelga de la Confederación de Trabajadores del Cobre, que paralizó los minerales, en 1951, así como a las ciudades más importantes, debido al apoyo recibido por la Federación Ferroviara Santiago Watts, la JUNECH, y los principales sindicatos nacionales.
A la Comisión de Unidad Sindical llegaron representantes de las dos CTCH (socialista y comunista), el Movimiento Unitario Nacional de Trabajadores (MUNT), el Movimiento de Unidad Sindical (MUS), el Comité Relacionador de Unidad Sindical (CRUS) y otras organizaciones. Empero, el factor gravitante en la unidad del sindicalismo, lo constituyo la creación del Frente del Pueblo, lo que permite que, en la declaración de principios de la naciente CUT, se opte por una visión clasista, de inspiración revolucionaria y anti-capitalista, base constituyente de la plataforma reivindicativa de la naciente organización.
Fue designado presidente de la CUT, el sindicalista Clotario Blest, dirigente de los empleados fiscales agrupados en la JUNECH, quien la conduce con acierto y honestidad, durante sus primeras grandes jornadas de lucha, contra el gobierno de Carlos Ibañez, cuyos puntos culminantes serán las huelgas generales de mayo de 1954 y julio de 1955.

El período inicial de la década de los cincuenta, pone de manifiesto un creciente rol social y de demanda de las organizaciones gremiales de empleados: la clase media urbana, y particularmente los sectores de empleados de comercio, de la banca y de los servicios públicos, estaban incrementando su número y su influencia en el campo social y gremial de Magallanes.


En este año de 1951, por ejemplo, se reconstituyó el Sindicato Profesional de Empleados del Banco de Punta Arenas, el que tuvo una activa participación en las luchas sindicales de los años cincuenta y sesenta.
Otro sector significativo del mundo del trabajo en Magallanes a principios de los años cincuenta eran los mineros del carbón.


Barreteros,

carretilleros y enmaderadores:

en las minas de carbón de Magallanes,

a principios de los años cincuenta

Probablemente las faenas más difíciles y duras para los obreros que trabajaban en Magallanes eran las de un mineral de carbón.


Nos situamos a principios de la década del cincuenta.
El antiguo minero y dirigente obrero don Evalterio Aguero Vera, nos relata y describe las principales minas de carbón a inicios de la década de los años cincuenta, en los siguientes términos:
"Los yacimientos carboníferos en explotación, eran:


  • Mina “Pecket”, propiedad de la firma “Sara Braun”. Era la que poseía el manto de mayor altura (unos tres metros ?), y que tenía más alta ley. La veta era también de mucho mayor dureza, y contaba con algunas grietas por donde amenazaba el gas grisú. Era además, la única que contaba con servicio de luz eléctrica y la que ocupaba mayor número de trabajadores. La gente alojaba en el mismo mineral, en barracones.

  • Mina “Soledad” del señor Juvenal Sepúlveda, a quien catalogábamos como “el más malo” de los patrones. La veta de esta mina – al igual que las del sector Linch era de m/m. 1.70 mts.de altura. De bastante dureza y de ley mucho más baja que la Pecket. (Se les medía por sus calorías)

  • Mina “Loreto” de don Máximo Alvarez García, español, buen hombre. Esta mina de carbón, llevaba el mismo nombre de la antigua “Loreto” que trabajó en gran escala durante el decenio 40, y poseía un pequeño tren que acarreaba la producción por el lado norte del río de la Minas, cruzaba el río a la altura de Avenida República, bajaba por esta arteria hasta calle chiloé, continuaba por Colón y tenía su Terminal en calle Quillota. Ahí la Empresa tenía sus propias instalaciones portuarias incluyendo su propio muelle que se conocía como el “Muelle Loreto”. Pero esa es historia aparte...

  • Mina “Vulcano” de don Alberto Harambour Davet. Patrón “malulo”: una vez me manifestó su opinión brutal diciendo que “los mineros son la escoria humana...”, triste concepto que aquel hombre tenía del trabajador minero. Para él, los mineros éramos sucios, ignorantes, borrachos...

  • Mina “Tres Puentes” de los sres. Bitsch Hnos. Baja producción.

  • Mina “Estela” de don Vicente Felix Serán. Este yacimiento era el más alejado, aguas arriba del río de Las Minas, al lado norte de esta vía fluvial. A este yacimiento lo grabé nitidamente en mis recuerdos por haber sido allí donde me inicié en esas faenas, y donde tuve mi “bautismo de fuego” como dirigente sindical. Ahí fuí designado Delegado – con fuero – del Sindicato Mineros, iniciando un accionar de lucha que tomé con increíble fervor, a pesar de los innúmerables tropiezos y sacrificios que debía afrontar.

  • Mina “Chinita” (ex Mina “El Chino”) de doña Elsa Cekalovic ubicada en una pequeña cañada en las faldas del Club Andino. Lo administraba, en calidad de arrendatario don Sabino García Fernández, español muy buena gente, que tuvo un fin trágico...

  • Mina “Caupolicán” de don Alfredo Vargas Barrientos, ubicada en la proximidades del “Parque Japonés”. Hasta esa mina llegó mi “periplo” como trabajador minero, por haber ingresado laborar en las faenas del puerto".

¿Cuáles eran las reales condiciones de vida y de trabajo, en las que se encontraban los mineros del carbón en Magallanes a principios de la década del cincuenta?


Un incidente originado en una denuncia formulada por los obreros de la Mina "La Ribera" a fines de 1947 y principios de 1948, permite que leamos en el Informe del funcionario que practicó la visita inspectiva, y que dirige al Inspector Provincial del Trabajo con fecha 23 de enero de 1948: "Efectivamente no tienen suscrito el respectivo contrato de trabajo los obreros que a continuación se enumeran...(figuran 11 nombres de obreros). 2. En lo concerniente al pago de salarios, estos los reciben frecuentemente en forma irregular...4°.Cocina. Es una choza, sin estufa, haciendo las veces de tal un tacho, que desprende humo por todas partes, no tiene piso, el aire se filtra por las paredes rudimentariamente construídas, no existe una mesa ni cajón donde guardar los víveres, los cuales están depositados, cuando hay, debajo de las literas o camas de madera rústicas y que adyacente a la cocina se encuentra un departamento en las mismas condiciones que esta, donde duermen dos y tres obreros, menos hay asientos. 5° Viviendas. En este aspecto el problema ews pavoroso y no puede hablarse de viviendas sino de ranchos insalubres, sin abrigo, sin piso, sin catres, sin ropas y ninguna limpieza, filtrándose el aire por todas partes, o sea, un campo propicio para contraer enfermedades, agregando que duermen en un reducido departamento dos, tres y hasta cuatro obreros. Cabe destacar aquí un hecho condenable e inhumano: en una choza de estas, vive un matrimonio con dos hijos, una niña de 9 años y otro de 5, que duermen y cocinan en un mismo departamento, viviendo a semejanza de los tiempos prehistóricos. Pues, en una litera, un poco más amplia que las corrientes, duerme toda la familia aludida. Además no tienen estufa y sus alimentos son cocinados en la misma forma que cuando se hacen a la intemperie, en resúmen una calamidad social inaudita y vergonzosa como repugnante, sin asomo de civilización humana. 6° Servicios higiénicos. No existen y se procede conforme a las prácticas propias de los salvajes. 7° A juicio y apreciación del Inspector del Trabajo infrascrito, dicho establecimiento mineral, no reúne las mínimas condiciones de seguridad industrial, higiene y la explotación se efectúa sin técnica alguna, que hace presumir en un lejano no futuro ocurrirá un lementable y desgraciado accidente. El ejercicio personal del trabajo humano no puede rendir en atención a la falta de una mejor alimentación diaria y, consecuencia, la vida de los obreros no está suficientemente garantida." (1070)
Por cierto, las condiciones materiales y de trabajo de esta mina, de propiedad de Enrique Bayot, no pueden compararse con las de otros minerales, pero su lectura ofrece un pequeño atisbo de la realidad precaria en la que muchos obreros del carbón vivían y trabajaban.
A principios de 1950, en Magallanes funcionaban siete yacimientos carboníferos, sin contar con las dos minas de Isla Riesco ("Elena" y "Josefina") que ya no funcionaban.
Nos relata el dirigente obrero Evalterio Aguero Vera: "Las condiciones de trabajo y las faenas en esas minas de carbón magallánicas eran anómalas, anticuadas e inhumanas. Los métodos de explotación del mineral eran completamente rudimentarios."
De todos los minerales que funcionaban hacia 1950 en Magallanes, la Mina Pecket era la única cuyos túneles o galerías eran iluminadas con luz eléctrica. En las Minas Vulcano, Tres Puentes y del sector Lynch, aparte de tener vetas o mantos de baja altura, la iluminación consistía en lámparas alimentadas con carburo y agua que se dosificaba por goteo, lo cual producía una luz muy débil y un olor muy desagradable para los obreros en los piques.
Pero, ¿cuales eran las distintas especialidades de los obreros en una mina de carbón?
Nos dice Aguero: "En esas labores, los trabajos se distinguían en los barreteros. Eran los más importantes, porque atacaban a la veta en forma directa, utilizando como herramienta la picota, con la que íbamos poco a poco horadando (a picotazo limpio) la pared del manto en procura de obtener la mayor producción. El barretero podía extraer de seis hasta diez carros según la mayor o menor dureza del mineral y de la frecuencia o velocidad con que hasta el "frente" de labor llegaba el 'carretillero'. La remuneración también era oscilante, según fuese el volumen extraído. Toda esta faena y en todas esas 'curureras' se pagaba a trato: tantos carros, tanta plata."
Pero además, dentro del equipo o cuadrilla de trabajo, estaban los carretilleros y los enmaderadores, cuyo trabajo, como veremos era también fundamental para la producción de carbón de las minas.
Al describir el durísimo trabajo de los carretilleros, Aguero nos relata: "Los carretilleros eran según la capacidad de la mina, del número de barreteros y de la distancia desde la bocamina hasta el frente de trabajo. El carretillero era el que empujaba el carro. Este consistía en un cajón de capacidad para 500 kilos de material, con ruedas de fierro fundido fabricadas ad-hoc y una puerta por uno de sus frentes, colocada en forma horizontal con cierro de picaporte fácil de abrir y cerrar al llegar hasta el 'chute' para ser vaciado. Cada carro tenía una capacidad de media tonelada y el carretillero recibía una paga por carro movilizado. En cada vuelta, el carretillero debía aceitar los ejes, para evitar que el giro del rodado se torne mayormente pesado."
El carretillero llevaba en su casco una lamparita para alumbrarse el camino, y forzado por el hecho que se trabajo era a trato, "...tenía que acelerar empujando el carruaje y chapoteando en chorrillos de agua sucia que se acumulaba y corría por el centro de la galería.". Por lo tanto, el obrero minero estaba obligado a usar botas de goma, con todos los efectos que este implemento producía en su salud más tarde: calambres y reumatismos.
Todo el avance del trabajo al interior de la mina, sin embargo, dependía del obrero enmaderador. En Magallanes, éste como todos los demás trabajos en la mina de carbón se realizaban en condiciones climáticas muy adversas: frío, hielo y vientos. Aguero dice que "...el enmaderador era el obrero que preparaba los postes y los iba colocando para soportar o aguantar el cerro, e medida que el barretero iba avanzando cerro adentro. La enmaderación consistía en tres palos, similar al arco de fútbol, siendo los verticales con leve inclinación hacia el centro de la vía y afirmado a golpe de combo. El barretero no podía trabajar si el avance entre la vertical de la veta y la última viga era mayor de un metro. De no ser así, se corría el riesgo inminente de que el cerro o el techo se le venga abajo."
Había también en las minas de carbón, obreros con sueldos al día, y eran los encargados de colocar los rieles, para lo cual su faena era no menos pesada que las otras: debían acarrear rieles de fierro, cintas de madera, planchas de fierro y realizar el acarrreo de los postes de madera para el enmaderamiento de las galerías, para lo cual utilizaban un pequeño carrito denominado "yegua".
El conjunto del trabajo de los mineros en la mina, era dirigido por un capataz (generalmente un obrero muy experto y con capacidad de liderazgo, además de contar con la confianza del Administrador del establecimiento), que supervigilaba y coordinaba todas las labores. (1071)
A las dificultades materiales propias de las faenas mineras, había que agregar los tropiezos para organizar sindicatos y eludir la persecución policial que no solo se daba en Magallanes sino en toda la Patagonia.
Así fueron las primeras experiencias sindicales del joven obrero Francisco Alarcón Barrientos, quién en 1955 venía llegando desde su natal Chiloé y fue invitado por los mineros del carbón de la Mina de El Turbio (Santa Cruz - Argentina), donde se desempeñaba como barretero, para reorganizar el sindicato: “...un día me invitaron algunos mineros a un local a jugar truco, me parece que era como un bar, porque estaba la mesa puesta, una damajuana de vino al medio y la baraja al lado, y seis, siete personas, pero no era a jugar truco ni tomar vino sino era conversar para reorganizar su sindicato, yo estaba metido ahí...ellos me habían observado que yo me preocupaba de la gente, así es que fui, con tal mala suerte que caímos presos esa misma noche...así es que ocho días, 1955, ocho días detenido, pero ninguno ‘soltó la pepa’, todos dijeron ‘no, nosotros nos juntamos a tomar vino y una partida de truco’...” (1072)
A fines de junio de 1951, ante el deterioro de sus condiciones de vida y trabajo y de sus remuneraciones, los trabajadores de las minas de carbón de Magallanes, declararon un amplio movimiento de protesta y de huelga por las condiciones de vida y trabajo a las que se encontraban sometidos.
Frente a la gravedad de las denuncias de los sindicatos, las autoridades provinciales conocieron personalmente los diferentes yacimientos cercanos a Punta Arenas (como Mina "Soledad" y Mina "Loreto"), en las que los comedores y habitaciones para los obreros eran completamente insalubres y desabrigados, y cuyas condiciones de trabajo, como se había denunciado en años anteriores, implicaban piques inundados y mal estado de las estructuras interiores de madera.
Esta situación deficiente redundaba en una limitada producción de carbón, lo que a su vez, afectaba a la población de las ciudades, especialmente en invierno y repercutía sobre el suministro para la usina eléctrica de Punta Arenas, como se verá más adelante.
Adicionalmente, se constató que los propietarios de las minas procedían a desahuciar a los trabajadores tan pronto se planteaban quejas, lo que producía una rotativa incesante de obreros y un clima laboral de inestabilidad e incertidumbre entre los trabajadores.
La organización sindical, sin embargo, se volvía a fortalecer, lentamente, con la formación de nuevos sindicatos, con la adquisición de nuevas sedes sindicales, y con una presencia cada vez mayor de las organizaciones obreras y de empleados en el debate público de los principales problemas regionales.
En particular, los obreros del Sindicato Ganadero, después de intensos esfuerzos (en particular del dirigente obrero Pedro Calixto Mansilla entre otros dirigentes obreros y socialistas), lograron adquirir su propia sede sindical en Punta Arenas, instalándose en una casona en el centro de la ciudad (situada en calle Valdivia), en donde funcionó también más tarde en los años sesenta y setenta, la Federación Campesina "27 de Julio".


Pedro Calixto Mansilla:

la trayectoria

de un obrero ganadero chilote

Dos palabras servirían para sintetizar la trayectoria del dirigente obrero y socialista Pedro Calixto Mansilla: trabajo y consecuencia.


Pedro Calixto nació el 29 de junio de 1922 en Rilán (Chiloé), y se formó inicialmente en la dura escuela de una comunidad semi-rural de su isla natal. Fue a la escuela hasta 6ª. Preparatoria y después se enganchó en Chiloé para ir a trabajar en las faenas ganaderas de Magallanes, llegando a Punta Arenas en el verano de 1940.
Pero antes, en Castro durante su juventud, había pertenecido al Cuerpo de Bomberos y había incursionado en el fútbol.
En 1945 ingresó a la Juventud Socialista, cuando solo contaba con 23 años de edad, pero ya se había iniciado en las estancias como peón y esquilador. "Esa tarde entró a la asamblea de la Juventud, con su gabardina y su portafolios lleno de recortes de diarios", recuerda su viuda Eduvina Santana, refiriéndose a un hombre joven que mostraba ya una oratoria simple pero sólidamente ilustrada que, más que teorías, parecía una clase. Era un obrero autodidacta además: leía cuanto libro, diario y revista llegaba a sus manos y sobre todo, con el paso de los años, estudiaba con frecuencia y minuciosamente el Código del Trabajo y toda la legislación laboral de su época, además de literatura chilena y universal.
Hacia 1946 comenzó a trabajar en las faenas ganaderas, incorporándose como obrero enfardador en la Estancia Laguna Blanca.
Gracias a esos conocimientos, su presencia era imprescindible a la hora de acometer anualmente las negociaciones con los estancieros y sus representantes, por el Contrato Colectivo de las estancias. Pedro Calixto, era un negociador perspicaz y agudo, sagaz para conseguir aumentos de salarios y duro para ceder ante las posturas de los patrones.
En 1951, después de ingentes esfuerzos económicos, incluso de orden personal, Pedro Calixto consigue que el Sindicato Ganadero y Frigorífico de Magallanes adquiera su propia sede sindical: una casona de un piso ubicada en calle Valdivia (hoy José Menéndez), entre Armando Sanhueza y Av. España, casa que fue sede sindical hasta 1973.
En las paredes del salón principal del Sindicato Ganadero estaban los retratos de los ocho dirigentes mártires de Chicago y abundaban los ejemplares de los sucesivos Convenios Colectivos de las estancias.
Como socialista, participó en numerosas campañas en favor de Alfredo Hernández y de Salvador Allende.
En la campaña presidencial de 1952, por ejemplo, a diferencia de la mayoría de sus camaradas socialistas de Magallanes (el propio Alfredo Hernández, Ernesto Guajardo, Luis Requena y otros) que apoyaron la postulación del general Carlos Ibáñez, Pedro Calixto Mansilla se sumó a la campaña del Frente del Pueblo en favor del senador Salvador Allende.
Ocho años más tarde, en 1953, como se verá más adelante, Pedro Calixto llegó a ser uno de los dirigentes del Sindicato Ganadero que participaron como constituyentes de la Central Unica. Ya en 1952, había sido elegido por primera vez Presidente del Sindicato Ganadero (el más poderoso sindicato en Magallanes en la década del cincuenta), cuando sólo contaba los 30 años de edad.
Cuatro veces durante su larga carrera sindical, Calixto ocupó la Presidencia del Sindicato Ganadero, hasta principios de los años sesenta. El dirigente, cumpliendo un requisito de los líderes sindicales de las estancias, trabajaba en la temporada de verano en las faenas de esquila como enfardador y a continuación, en febrero y marzo, como clasificador de tripas en el Frigorífico de Tres Puentes.
En la campaña municipal de 1960, Calixto representó al Partido Socialista y como dirigente del FRAP. En 1960, situado ya en la cúspide de su liderazgo e influencia como dirigente socialista, Calixto ocupaba al mismo tiempo la Presidencia Provincial del Partido Socialista y del Sindicato Ganadero y Frigorífico de Magallanes.
Por aquel entonces, apareció involucrado en un affaire relacionado con las imposiciones en el Seguro Social de varios obreros de las estancias, por el que hubo de sufrir la cárcel durante dos semanas, de manera que, una vez liberado de dichos cargos injustos, se retiró del Sindicato Ganadero y se dedicó como obrero a las faenas portuarias.
Al poco tiempo, en 1961 logró la formación del Sindicato Profesional de Movilizadores del Puerto de Punta Arenas
En las elecciones municipales de 1971, siendo además dirigente sindical de la Federación Campesina 27 de Julio, fué elegido Regidor por el Partido Socialista, con la más alta mayoría de su lista (1.916 votos), ejerciendo su cargo edilicio en la Municipalidad de Punta Arenas, junto al dirigente gremial del Magisterio Hernán Alvarez Navarro.
En 1973, fué detenido, torturado y enviado al campo de concentración de Isla Dawson, donde soportó estoicamente el encierro y las privaciones. Sus compañeros de cautiverio le llamaban cariñosamente "Malagueña", un sobrenombre que se refería a sus espesas pestañas y a su infaltable humor castizo.
Su consecuencia política y su lealtad con las ideas socialistas que siempre defendió, hizo que llevara una vida personal y familiar austera hasta el fin de sus días.

(1073)


Un ambiente de inquietud laboral se fue extendiendo por aquel entonces en Magallanes, el que comenzó con las huelgas de la recién constituida Unión de Obreros Petrolíferos: en 1951 (en Cerro Manantiales) se produjo la primera huelga de los obreros de las faenas petrolíferas agrupados en la Unión de Obreros Petrolíferos y Anexos de Magallanes, los que plantearon uno de los primeros pliegos de peticiones, y después de diversas negociaciones, obtuvieron diversos incrementos en sus salarios o jornales y diversas regalías en materia de asignaciones familiares, bonificaciones por desgaste de herramientas, transporte gratis entre el continente y los campamentos de Tierra del Fuego.


Como los trabajadores de ENAP tenían el estatuto de empleados de un servicio público, y no podían legalmente presentar pliegos de peticiones ni hacer huelgas, hubieron de firmar un Convenio colectivo privado (el primero que se estableció) y que se transcribe a continuación.



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