Historia Social



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comienzan las diferencias

y disputas políticas en los sindicatos

Las diferencias políticas que se suscitaban al interior de algunas organizaciones sindicales, le restaban capacidad de convocatoria y atentaban contra sus propios fines sociales.


Anótese como anécdota representativa de estas tensiones, el que la Inspección Provincial del Trabajo hubo de incautar -a fines de abril de 1941- los bienes sociales y hasta el inmueble del Sindicato Ganadero y Frigorífico de Magallanes en Punta Arenas, ante una disputa que enfrentaba a la directiva saliente (que había sido censurada por la asamblea sindical respectiva) y la directiva provisoria y recién electa de dicho gremio.
No obstante estas incidencias, el 1° de mayo fue celebrado por la CTCH Provincial con los tradicionales actos: concentración pública en el Teatro Politeama, romería al Cementerio y audición en una radioemisora local. En todos los discursos que fueron pronunciados en estos encuentros, se destacó la importancia de la unidad sindical como fundamento y medio para conservar los logros y bienestar conseguido, en la medida en que los trabajadores constituyen el principal factor de producción.
En mayo de 1941 también, los trabajadores del Sindicato de Jornaleros de Mar y Playa de Puerto Natales, frente a los problemas que aquejaban a esa localidad, con la disminución de las recaladas de barcos y la paralización del beneficio de animales en los frigoríficos, hizo llegar al Gobierno un Memorial el que fue presentado por sus dirigentes sindicales en Santiago.
En su parte propositiva, leemos en este Memorial de los marítimos natalinos: "La comisión, con todo respecto se atreve a insinuar al Supremo Gobierno, para solucionar la carencia de barcos dentro de un corto plazo, se habilite a un barco danés de los recién requisados, de las correspondientes cámaras frigoríficas a fin de que éste haga el transporte de carnes hasta el Mar del Plata, de donde serían embarcadas a barcos ingleses. Además, como un hecho francamente nacionalista los obreros de Natales piden al Supremo Gobierno por nuestro intermedio, la ayuda efectiva para establecer en aquel puerto la industria pesquera, por prestarse para ello, con lo cual se daría un mayor impulso a toda esa región dotándola de un nuevo medio de existencia, ya que actualmente cuenta solamente con el trabajo que proporcionan los dos frigoríficos y en forma solamente temporal, dos meses de faena dentro del año, y para una población de ocho mil habitantes. Teniendo en consideración que Magallanes cuenta con innumerables minas de carbón y en especial Puerto Natales, cuyo producto está en calidad casi en igualdad de condiciones que con el de Lota, se solicita al Gobierno se apoyo en esta industria netamente nacional, a fin de que ella resurja y proporcione trabajo a un buen porcentaje de obreros, ya que sabemos en forma fidedigna que ha sido menester traer del exterior más de 200.000 toneladas de carbón, con evidente perjuicio para nuestra propia industria y por consiguiente para el Erario Nacional." (984)

Los sindicatos

de Magallanes

y la II Guerra Mundial

La economía de Magallanes, desde 1860 en adelante, siempre ha estado estrechamente vinculada a los mercados mundiales. Los productos magallánicos siempre han encontrado mercados más accesibles en Inglaterra o en Europa en general.


Uno de los efectos de ésta estrecha conexión internacional de la actividad productiva de Magallanes, fue la dependencia que ésta tuvo de los vaivenes y cambios en los mercados mundiales. Al ser una economía abierta, Magallanes siempre recibió directamente el impacto de los conflictos y guerras y uno de ellos con particular fuerza: la II Guerra Mundial que opuso a los Aliados contra las potencias del Eje.
Los sindicatos magallánicos siempre respaldaron la causa aliada, pero el conflicto afectó a la política interna de los sindicatos, como se verá a continuación.

La Segunda Guerra Mundial

y su impacto sobre el trabajo

en Magallanes

(1939-1945)

La Segunda Guerra Mundial constituyó el segundo gran momento de crisis mundial del siglo XX.


A diferencia de la Primera Guerra, la segunda confrontación mundial dividió más notoriamente dos campos e introdujo agudos conflictos políticos e ideológicos en todos los sectores de la vida nacional y local.
En el caso de la economía de Magallanes, el impacto de la II Guerra se manifestó en un encarecimiento de muchos productos de consumo habitual (té, café, azúcar, alimentos en conservas, aceites, así también como los combustibles derivados del petróleo), considerando que los abastecimientos se realizaban principalmente desde el extranjero. Las lanas y productos de la ganadería bajaron también de precios, impactados por la expansión en el uso de las fibras sintéticas.
A partir de 1941, la inflación comenzó a hacer sentir sus efectos, golpeando los bolsillos proletarios. El Gobierno de Juan Antonio Ríos, por su parte, contribuyó a la inflación y a la desvalorización de la moneda, accediendo a la vez a las demandas de aumentos de salarios y los aumentos de precios.
Pero, además, la guerra agudizó los conflictos ideológicos tanto entre los partidos políticos de izquierda (Socialista y Comunista), como en la dirigencia sindical, al introducir el debate acerca de las alianzas necesarias para poder vencer a los sectores fascistas y nazistas. Es en este contexto, en el que el Frente Popular después que había elegido a Pedro Aguirre Cerda en 1938 y a la muerte de éste gobernante, en 1941, los socialistas y comunistas apoyaron a candidatos presidenciales distintos. Entre 1941 y 1946, el gobierno de Juan Antonio Ríos, aprovechó a utilizar la creciente división entre socialistas y comunistas para frenar las demandas de las organizaciones sindicales y de la CTCH. Como se verá más adelante, las divisiones y disputas ideológicas entre radicales, socialistas y comunistas, no solo produjeron rupturas dentro de dos de esos anteriores partidos aliados, sino que repercutieron sobre la unidad de la CTCH.
Es durante la Segunda Guerra Mundial que se incubaron numerosas pugnas ideológicas que golpearían fuertemente a la Confederación de Trabajadores, desde 1946 y 1947 en adelante, llevándola a su quiebre.
Pero, además, el gran conflicto mundial -y en particular, la gran batalla marítima en el Atlántico- puso en jaque las líneas normales de transporte de los productos magallánicos hacia los mercados europeos.
De hecho, en la medida en que Magallanes exportaba lanas y carnes congeladas principalmente a los mercados de Gran Bretaña y Estados Unidos, la posición de Chile y de Magallanes en el contexto internacional, los situaba en una situación poco favorable a las potencias del Eje (no obstante la neutralidad declarada por Chile hasta ese momento), por lo que el suministro de esos productos a los ingleses, podía ser interumpido fácilmente por las incursiones de los submarinos alemanes en el Atlántico.
Un oficio confidencial inédito, enviado por el Jefe de la Sección de Política Comercial del Ministerio de Relaciones Exteriores al Intendente Provincial, se refiere a las activas gestiones realizadas por un grupo de empresarios frigoríficos de Magallanes en Santiago, y por el ministerio en Londres y en Buenos Aires, a fin de impedir la suspensión de los embarques de carnes hacia Gran bretaña. Las gestiones incluyeron la propuesta de embarcar las carnes magallánicas en Buenos Aires en barcos daneses refugiados en Argentina. Dice al respecto el oficio mencionado: “Después de una larga gestión se ha conseguido que el Gobierno de S.M. Británica aceptó el empleo de dichos barcos para el transporte de nuestras carnes. En la actualidad se estudian con los Armadores de los barcos daneses las condiciones en que podrían atender la petición de nuestros Frigoríficos. A pesar de las gestiones realizadas para obtener la seguridad de la exportación de carnes congeladas a Gran Bretaña, todavía no puede indicarse el volúmen de dicha exportación, subordinada en la actualidad a la obtención de fletes. Faena de frigoríficos. Vista la inseguridad de colocar las carnes congeladas de ovino en el Reino Unido y la situación extremadamente grave que amenaza a la zona de Magallanes, tanto en su aspecto social como económico, la Subsecretaría de Comercio invitó a una reunión a los representanmtes de los cinco frigoríficos existentes en la zona citada.” (985)
Acompaña a este oficio una minuta de acuerdo firmada el 15 de enero de 1941 entre el SubSecretario de Comercio del Ministerio de RR.EE. de Chile y los representantes de los Frigoríficos Bories, Tres Puentes, Puerto Sara, Río Seco y Puerto Natales, en el que éstos se comprometieron a iniciar la compra de animales y el faenamiento normal, para “evitar trastornos sociales en Magallanes”, aún cuando no se tuviera completa certeza de que Inglaterra compraría carne congelada esa temporada. La minuta expresaba que el Gobierno aseguraba que se efectuarían compras adicionales de carnes congeladas de Magallanes, para abastecer en la zona Central y Norte del país, en vista de la situación crítica planteada por la guerra, en cuanto a los fletes marítimos.
Por otra parte, los "seguros de guerra" establecidos por las Compañías de Seguros para resarcirse de los altos riesgos de la navegación comercial por el Atlántico, ocasionaba el encarecimiento de los precios de los productos que acostumbraba adquirir la población y los trabajadores.
El periódico "El Productor" del Sindicato Ganadero de Magallanes, titulaba así "Escandalosa especulación con artículos argentinos", para denunciar en 1944 "...los constantes encarecimientos de las subsistencias y otros artículos de uso común, especulación que tanto perjudica a la clase trabajadora..." (986). Los obreros denunciaban entonces que los precios de la harina y el aceite argentinos se vendían a precios que llegaban a ser 100% más elevados que en la Patagonia argentina y preguntaban: "¿Cómo pueden justificar los comerciantes locales esta escandalosa desigualdad de precios? No hay, no puede haber razón posible por tamaña desproporción, aun cuando nos digan que les han triplicado los seguros de guerra." (987)

En 1941 se crearon en Punta Arenas varias organizaciones sindicales y sociales, entre las cuales hay que destacar el Comité de Arrendatarios de la Población de la Caja de Seguro Obrero, recién inaugurada, el Sindicato de Empleados y Obreros de la Beneficencia (los trabajadores de los servicios hospitalarios), el Sindicato de Practicantes Profesionales.


Al mismo tiempo, se desarrollaron conflictos en las Minas de carbón de la zona (Loreto en Punta Arenas y Mina Elena de Isla Riesco) y en las faenas marítimas en Puerto Natales.

1941:

nuevos conflictos

en las minas de carbón

El conflicto declarado a mediados de julio de 1941, en la Mina Josefina de Isla Riesco, concitó el interés de la prensa local, por cuanto habiendo sido declarado "ilegal" por las autoridades del trabajo, y se procedió a ejecutar el desalojo de los obreros desde la mina, misión que correspondió a un piquete policial transportado al lugar por el transporte "Micalvi" de la Armada, siendo de paso nombrado su Comandante como Jefe Militar de la Zona Carbonífera de Isla Riesco.


El Informe publicado por la CTCH Provincial a propósito de las causas de este conflicto, relata que una de las motivaciones de los obreros en huelga, se encontraba en el incumplimiento por la parte patronal de las exigencias mínimas establecidas en Convenios ya firmados, tales como "...deficiencias en la ventilación de la mina y el maderamen, es decir, todo lo que concierne a seguridad de la salud y la vida de los obreros en sus labores. Como consecuencia de la negligencia patronal se produjeron violentas explosiones de gas grisú que, como es de conocimiento público costó la vida a los compañeros Vargas y Sotomayor (QEPD) y varios obreros quedaron defectuosos a consecuencia de las quemaduras...llegándose al caso de que los dos únicos chiflones en explotación se perdieron totalmente por no haberse tapado el paso del gas que emanaba del incendio que existe en una explotación antigua. La compañía en estas condiciones, se vió obligada a buscar nuevos frentes de explotación los cuales se siguen explotando con el mismo sistema deficiente que se hace sumamente peligroso para la salud y vida de los trabajadores. Con el avance del trabajo se han ido empeorando las condiciones de trabajo, las que calificamos de pésimas; si a esto agregamos la falta de herramientas, contínuos desperfectos en la luz y en los caminos del interior de la mina que causan a menudo el descarrilamiento de los carros, con el consiguiente peligro y perjuicio para los obreros..."
Y el texto de este Informe sindical continúa trazando con rasgos vívidos y acaso dramáticos las condiciones de vida y de trabajo de los mineros del carbón en Isla Riesco: "...mencionamos casos como éstos que nadie nos puede desmentir: acumulación de agua en los frentes de trabajo hasta 30 centímetros, el sistema de enmaderación deja mucho que desear, tal es así que se han descuidado hasta 8 metros de cerro sin enmaderar, lo que ha ocasionado contínuos derrumbes lo que es un inminente peligro para los mineros, acompañado de la escasa seguridad de explotación de la mina. Las habitaciones son inadecuadas y no cubren las necesidades, llegándose al caso de que en una pieza de 3 x 6 metros tenían que dormir 16 obreros y en otras no menos de diez. La especulación en las provisiones no tiene límites llegándose al caso de que en algunos artículos los precios son recargados hasta en un 50%. Los salarios en vez de ser cancelados a principios de mes, se atrasan en 15 o más días, violando con ello los Contratos Colectivos." (988)
Los problemas del carbón y sus trabajadores se prolongarían por años.

1942:

carestía de la vida,

especulación en los precios

y demandas sociales

El año 1942 se inició con signos de inquietud social.


Ya en enero de ese año, los obreros de la estancia Cameron reclamaban por el no pago de sus cuotas contra un puestero, motivo para que amenacen con paralizar las faenas en curso. Informaba al respecto el Prefecto de Carabineros al Intendente: “obreros esa estancia y sus secciones han dado aviso al Administrador que dejarán de trabajar debido a que un puestero de apellido Rogel se niega a pagar cuotas del Sindicato. Administración estancia se opone a despedir puestero Rogel y ha aceptado el deshaucio de todos los obreros. Los trabajos se paralizarán sábado 17 próximo.” (989)
El 21 de abril, la CTCH volvió a efectuar una concentración en el Teatro Politeama, acto al cual asistieron unas 500 personas, en el que los oradores, el Secretario del Partido Socialista Juan Bolt, el Consejero de la Confederación Camilo Oyarzo y el Diputado Bernardo Ibáñez, llamaron a los trabajadores de Magallanes a reaccionar frente al notorio deterioro de la situación de los trabajadores.
La carestía de la vida y la especulación en los precios, que acusaban los dirigentes sindicales de la CTCH, era atribuida -por otros sectores políticos vinculados a la central sindical- a la acción de agentes nazis encubiertos que se encontraban en el país, en un contexto caracterizado por la extensión mundial de la II Guerra Mundial.
Decía a este respecto un Informe presentado por el dirigente Carlos Contreras Labarca al XII Congreso del Partido Comunista, en diciembre de 1941: "Las ganancias extraordinarias de las grandes empresas capitalistas han traído como consecuencia el enorme encarecimiento actual de las subsistencias... la carestía es ante todo, una consecuencia de la actividad tenaz de un grupo reducido de especuladores, principalmente agentes nazis, que en forma artificial elevan los precios..." (990)
En 1941 y a942, el comercio entre las dos regiones patagónicas de Chile y Argentina, se centraba principalmente en el intercambio de ovinos y ganado en general así como de maderas.
El comercio al interior del espacio económico de la Patagonia, se había incrementado notablemente en esos años, como consecuencia de las restricciones al comercio con Europa originadas por la II Guerra Mundial.
Al mismo tiempo, la persistente crisis de la industria carbonífera se manifestaba en diversos establecimientos de la provincia. Por eso, en Natales el año 1942 se inició con una huelga de los mineros del carbón, la que concluyó con la intervención del Intendente de la Provincia.


Se solucionó la huelga de mineros

"Como es de conocimiento público los obreros de la mina Natales del sr. Manuel Tolosa Lafond, se hallaban en huelga. El sábado estuvo en esta ciudad el Intendente de la Provincia don Julio Carvallo Casanova, quién reunió al patrón y obreros y se arregló el asunto de la huelga.
Los mineros volvieron a sus labores el día sábado después del mediodía, una vez arregladas las condiciones entre el sr. Tolosa y los trabajadores." (991)

Estos eran los conflictos y problemas que afectaban a una parte de los trabajadores mineros.



El esforzado mundo

de los lavaderos de oro

en Tierra del Fuego

En efecto, la actividad minera en Magallanes, no se limitaba solamente a los yacimientos carboníferos en los inicios de los cuarenta.


Tal como había venido ocurriendo desde los primeros años del siglo XX, sobre todo en Tierra del Fuego, la minería del oro daba lugar a esforzadas y duras faenas, en las que participaba una variedad de obreros, peones y aventureros de toda clase.
De ello nos da cuenta este reportaje.


Una mirada

a los lavaderos de oro

de Tierra del Fuego

(1942)

Hacia principios de los cuarenta, la minería del oro constituía todavía un rubro importante de la actividad económica regional.


El periodista argentino Jerónimo Gómez Izquierdo recorrió en 1940 y 1941 toda la Patagonia chilena y argentina y a su paso por Tierra del Fuego, dejó interesantes notas acerca de las explotaciones auríferas del Cordón Baquedano.
Dice Gómez Izquierdo de la imagen que le produjo el lugar de los lavaderos de oro: "...íbamos siguiendo y en los repliegues, en las quebradas, en los valles, hasta donde alcanza la vista, hasta la costa, veíamos casitas aisladas, muchas casitas, viviendas solitarias de otras tantas pequeñas cuadrillas de hombres hoscos, silenciosos, buscadores de oro, misántropos acostumbrados a escudriñar en la tierra y sacarle sus riquezas, removiendo sin cesar, lavando continuamente en las vertientes de aguas cristalinas; casitas que encierran pequeños tesoros, extraídos del barro, guijarros y piedras, por manos ávidas, con fruición avarienta; casitas y hombres que esconden dramas tremendos, sórdidas historias; solitarios de los valles, de las montañas y los ríos, como hormigas laboriosas..." (992)
Y los mineros del lugar presentaban este aspecto: "...hombres de todas las edades, llegados de lejanos territorios, expresándose en idiomas raros y distintos, babel extraña donde nadie sabe quién es, de dónde viene, a dónde irá; son los buscadores de oro, hombres barbudos, rudos, huraños, desconfiados, agresivos como seres primitivos, calzados con altas botas de goma, escuchando el menor ruido, siguiendo con la vista inquieta hasta la sombra de cualquier ser viviente que circule." (993) A su vez, el retrato psicológico que hace Gómez de estos mineros, no deja de ser certero y elocuente: "El buscador de oro debe ser de temperamento reservado, hosco y desconfiado; de salud, energía y decisión a toda prueba, ya que nada ni nadie tiene que mirar por él, ni recurso alguno, que no sea propio, a su alcance; voluntad férrea para encarar el trabajo, mucho más duro que las faenas agrícolas y no siempre compensador, pero preferible a la desocupación." (994)
Pero, uno de los relatos más vívidos del visitante, es su descripción de las faenas de lavado de las tierras en busca del oro.
Nos transportamos en el tiempo al sector llamado "Arroyo Verde" en Tierra del Fuego y dos mineros de aquellos años, Antonio Biskupovic y Mariano Vukocich, son observados en su dura faena por el observador periodista: "...primero picaban y removían la tierra con palas y picos, tierra que caía sobre escasa corriente de agua que la arrastraba hacia una canaleta de madera cuadrada a la que llaman 'cajón' de poco más de dos metros de largo y unos treinta centímetros de ancho; a todo lo largo del fondo de este 'cajón' hay una rejilla de hierra en donde se van depositando las partículas de oro y hierro, por gravitación, como más pesados, mientras que la tierra es arrastrada por la corriente del agua; a ese depósito donde van quedando las partículas minerales se le llama 'cosecha'. La corriente de agua es permanente y sobre ella se van echando paladas de tierra aurífera. El cajón con la cosecha se saca unicamente una vez por mes o cuando se acumula bastante mineral..."
El siguiente paso de la faena aurífera era la "chaya", como lo describe nuestro visitante cronista: "Después realizaron la operación de 'chayar' la cosecha o sea limpiarla; para ello se valían de un recipiente a modo de palangana mediana de hierro, que denominan 'chaya' en la que, agitando de un lado a otro y removiendo con las manos, consiguen que en el fondo queden adheridas las partículas de oro y hierro." (995)
Sólo ahora, después de esta penosa faena de "chayado", comenzará a aparecer el buscado mineral: "El mineral depositado en el fondo de la 'chaya' es tratado en seguida con mercurio, que forma amalgama con el oro; cuando esto se ha realizado y se ha aliminado el hierro y otras substancias minerales que contenga la tierra, se procede a la operación de 'quemar' la amalgama, para lo que se utiliza un soplete y por la acción del calor, quedan separados el mercurio del oro, los que son guardados en sus frascos respectivos." (996)
El oro se nos aparece aquí con su aspecto menos agradable y brillante: resulta ser aquí como en cualquier lugar del mundo, un fatal objeto de codicia y por lo tanto, en las heladas pampas de la Tierra del Fuego, el esfuerzo de estos mineros se redoblaba con sus dramáticas precauciones para guardarlo: "Lo más importante después de obtener el oro, es la forma de guardarlo; por lo común utilizan botellas de vidrio de las de un litro, cuando ya tienen buena cosecha y mientras tanto, emplean pequeños frasquitos de píldoras o específicos, que ocultan celosamente, sin que los mismos compañeros sepan donde guarda cada uno su tesoro, ya que la codicia sería muy mala consejera en aquellas soledades y la seguridad personal depende solamente de la capacidad de defensa individual; muchas veces se han encontrado enterradas botellas llenas de oro en polvo, seguramente por haber sido eliminados los buscadores sin encontrarles la cosecha o fallecido sus dueños." (997)
Sin lugar a dudas se trataba de faenas lentas, penosas, en las que el obrero debía prestar una minuciosa atención al proceso, en medio de condiciones de clima muy rigurosas.
Nos cuenta Gómez Izquierdo su versión de las condiciones de este trabajo: "Presencié con gran atención todas las operaciones y también supe que el trabajo realizado en forma rudimentaria, manual y si se quiere, de explotación personal, produce a cada uno de esos pequeños grupos de buscadores o campamentos un buen jornal, a puro de mucho trabajo y necesitan extraer por lo menos de cuatro a cinco gramos de oro puro por día, para sostenerse y compensarles algo el sacrificio y penalidades que deben soportar para vivir en los campamentos, siempre expuestos a las inclemencias del tiempo, trabajando con los pies en el agua, pisando barro y en aquellas latitudes en que más de la mitad del año está todo cubierto por una espesa capa de nieve, las vertientes heladas e imposibilitados para el trabajo; así y todo hay más de 600 campamentos en esa zona..." (998)
Y agrega nuestro cronista, respecto del ambiente en que esos mineros trabajaban: "No solo tienen que luchar los buscadores de oro con la temperatura y las dificultades de una vida durísima, ya que hasta para conseguir víveres, carne u otros alimentos, tienen que recorrer grandes distancias, sino que también han de estar prevenidos y bien armados para hacer frente a los asaltos al campamento, los robos del 'cajón' con la cosecha y la defensa de la vida misma, contingencias que deben considerar muy seriamente en toda explotación aurífera." (999)
Pero, ¿quienes llegaban a esas tierras fueguinas en busca del preciado metal? El paisaje humano de los buscadores de oro en los años cuarenta en Tierra del Fuego, como en el resto de la Patagonia, debió haber sido una inusitada y abigarrada mezcla de nacionalidades y orígenes. Ya habíamos visto a principios de los años treinta, cuando la Gran Depresión de 1929 golpeó la economía magallánica, que muchos obreros y artesanos incluso de faenas urbanas, pidieron permiso a la autoridad para salir a buscar oro en los ríos de Magallanes, sin necesidad de hacer "pedimentos", a fin de compensar su prolongada cesantía.
Nos relata Gómez Izquierdo: "Hay otras explotaciones en mayor escala, en las que se emplean procedimientos mecánicos para todas las operaciones, como es natural con mucho mayor rendimiento; lo cierto es que el oro atrae a Tierra del Fuego a muchos trabajadores, en su mayoría yugoeslavos que durante la primavera y verano, desde principios de noviembre y a veces antes, hasta mayo en que comienzan las grandes nevadas, se ocupan en recoger la cosecha de oro puro que el Estado chileno compra y también los especuladores adquieren y pagan a buenos precios; pasan es cierto, muchas privaciones los buscadores de oro, pero resuelven el problema del trabajo durante el verano y pueden en invierno atender a otras actividaes en lugares de clima templado."
Aún en este ambiente inhóspito y propicio al individualismo, estos mineros se organizaron a principios de la década de los cuarenta, en un Sindicato Profesional de Mineros Auríferos de Tierra del Fuego, que funcionó largos años.
El sistema de trabajo aurífero funcionaba sobre la base de las "concesiones", las que se otorgaban después que se formulaban y publicaban "pedimentos" en los diarios locales. Frecuentemente en "El Magallanes" o "El Comercio" de Punta Arenas, o en "El Porvenir" de Puerto Porvenir, de los años treinta y cuarenta, por no mencionar las publicaciones anteriores de 1890 o 1910, se publicaban avisos conteniendo "pedimentos de minas" en los que un grupo de personas declaran un determinado terreno como conteniendo yacimientos auríferos y solicitan les sea concedido por el Estado para su explotación. La publicación tenía por objeto declarar públicamente esta petición, a fin de evitar que dos persdonas o grupos demanden explotar un mismo espacio de tierra, pero aún así, los frecuentes conflictos y litigios entre concesionarios, llenan los archivos judiciales y notariales del Territorio.
Estas concesiones de tierras auríferas eran obtenidas por grupos de individuos que, después de parcelar las grandes extensiones declaradas y arrendadas, procedían a arrendarlas por porciones menores, incluyendo a veces precarias viviendas para los buscadores o "cuadrillas", cobrándoles un alquiler anual.
A mediados de los años cuarenta, el Estado de Chile estableció un poder comprador destinado a garantizarles a estos obreros la compra de sus “cosechas”.

Mientras el mundo del trabajo continuaba funcionando en condiciones aún duras y precarias, la vida de sus organizaciones continuaba.


Los actos conmemorativos del 1° de Mayo de 1942 en Punta Arenas, fueron organizados por la CTCH Provincial y, al igual que en años anteriores, consistieron en una concentración matinal en el Teatro Politeama, una serie de programas radiales y una romería al Cementerio, eventos que se conmemoraron de igual manera en Natales y Porvenir.
Con motivo del 1° de Mayo, los periódicos de la prensa obrera, además, lanzaban ediciones especiales con abundante literatura sobre esta fecha histórica. La CTCH por su parte, circuló un manifiesto recordatorio de los mártires de Chicago y conteniendo una exhortación a la clase trabajadora de Magallanes a mantener la más férrea unidad sindical.
El acto central de celebración de esta fecha, consistió en la tradicional concentración en el Teatro Politeama, que se efectuó a partir de las 10 de la mañana. Intervinieron en dicho acto, los dirigentes Juan Bórquez, Secretario de la CTCH, Aparicio Reyes, dirigente de la Confederación, Julio Donaide Torres, Luis Ruiz, Héctor Truco, y los Diputados Ramiro Sepúlveda y Bernardo Ibáñez, éste a la sazón Secretario General de la CTCH a nivel nacional.
Al concluir el acto, los asistentes, en número de unas 650 personas, concurrieron en romería a la tumba de la Federación Obrera en el cementerio, donde pronunciaron sendas alocuciones fúnebres los dirigentes Alfonso Cárdenas y Crescencio Soto.

Los problemas de carestía de la vida

vistos desde Ultima Esperanza

Cabe subrayar que, además de los actos organizados por la Confederación de Trabajadores, algunos sindicatos como el de Campo y Frigorífico de Puerto Natales y los principales partidos integrantes del Frente Popular, organizaban sus propios actos internos de conmemoración.


En el invierno de 1942, los temas que preocupaban a la Confederación, eran los relacionados con las alzas de los precios de los artículos de subsistencia básica, los que se agudizaban en la temporada del frío y la nieve.
Artículos como el azúcar, los combustibles (el carbón y la leña en particular), los fósforos y el café, por nombrar a los más notorios según la prensa de la época, subieron de precio de manera considerable. Por ejemplo, el precio del rajón de leña que había sido fijado en $ 2 por el Comisariato de Subsistencias y Precios, se expendía a $ 3 y más.
Como una forma de enfrentar parcialmente estas dificultades, la Confederación de Trabajadores acordó la creación de Comités de Vigilancia en los diferentes sectores de la ciudad "...a fin de controlar y denunciar las irregularidades que cometen comerciantes inescrupulosos y evitar que sean burladas las disposiciones que dicta el Comisariato de Subsistencias y Precios." (1000)
En Puerto Natales los problemas con los artículos de subsistencia eran aún más complejos que en Punta Arenas, debido a las distancias y a las dificultades y mayores costos para el transporte marítimo.


Salarios, sueldos y precios

en Puerto Natales,

hacia 1942- 1946

Una cosa es vivir en Punta Arenas, y otra cosa es vivir en Puerto Natales.


Las condiciones de vida y sobre todo de aislamiento geográfico, acentuadas hacia los años cuarenta cuando sólo habían algunos barcos que pasaban a Natales, y unas pocas "góndolas" que traficaban dificultosamente entre Ultima Esperanza y Punta Arenas, hacían muy dura y difícil la vida en esa apartada zona del territorio.
Como consecuencia de este aislamiento, todos los precios de los productos traídos desde el centro de Chile o desde Punta Arenas, se encarecían por los costos elevados del transporte marítimo y terrestre.
Veamos algunos precios de artículos de primera necesidad en Puerto Natales, hacia el año 1942:
- Azúcar, kilo $ 4.50

- Velas, paquete de 4 unidades 4.80

- Arroz 3.60

- Fideos regionales, kilo 3.80

- Jabón azul, barra 1.-

- Garbanzos, kilo 3.30

- Lentejas, kilo 3.-

- Porotos, kilo 4.60

- Sal, kilo 1.40

- Café tostado molido, kilo 13.80

- Té corriente, kilo 38.-

- Trigo mote, kilo 3.-

- Yerba mate molido, kilo 7.40

- Carne fresca, kilo 0.70

- Papas, saco 70.-

- Papas, kilo 1.-



  • Lana de vellón para colchones, kg. 15.-

  • Pan corriente, kilo 3.40

  • Pan corriente (a domicilio), kilo 3.60

El pasaje en góndola (pequeño bus de locomoción colectiva) en 1942 a Punta Arenas, costaba $ 70 ida, y $ 130 ida y vuelta.


Considérese a su vez que, siempre en 1942, los sueldos mínimos para los empleados en general y los empleados de la agricultura, fijados por la Comisión Provincial Mixta de Sueldos de Magallanes eran de $ 730 en Magallanes, $ 620 en Ultima Esperanza y $ 650 en Tierra del Fuego. (1001)

Frente a la situación dificultosa ocasionada por las alzas de los precios de las "subsistencias", el Consejo Provincial de la Confederación de Trabajadores publicó un extenso informe en el que se pone de manifiesto el impacto que estas alzas tienen en la vida de los trabajadores y de la gente pobre de la Provincia.


En cuanto a los precios del carbón, por ejemplo, el Informe publicado por la CTCH, manifiesta que "...la escasez de este combustible no se debe tanto a los malos caminos, sino que a la excesiva exportación que se hace tanto por las vías terrestres como marítimas, exportación que conviene a los industriales por obtener de ellas grandes utilidades, lo cual les hace desinteresarse por el mercado local, encontrándose condenada la población a pagar precios excesivos y fuera de ello, a recibir toneladas de 700 kilos..." (1002).
En cuanto al abastecimiento de la carne, el problema central radicaba en que había escasez y encarecimiento de los precios del producto debido, entre otras causas, a que los estancieros habían disminuido e incluso suprimido la entrega de carne a la ciudad a precios bajos (la tradicional "carne barata" que se expendía en ciertas carnicerías de las ciudades). Y como lo graficaba un diario local, "En medio de la mayor abundancia, no hay carne para el consumo, como tampoco hay leña ni carbón." (1003).



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