Historia Social



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Pliegos, conflictos

y huelgas

La historia sindical está puntuada de ciertos momentos y etapas en las que los conflictos y las huelgas se intensifican y se vuelven más frecuentes, y otras fases de mayor calma social y relativa tranquilidad.


¿Qué explica estas diversas etapas?
Al examinar los períodos de mayor agitación sindical y frecuencia de conflictos entre el capital y el trabajo, en el período histórico considerado en este estudio, siempre se percibe la convergencia de varios factores: hay componentes económicos y sociales generales, y hay factores propios de la estructura y organización sindical existente.
Por ejemplo, como se verá en el relato, hubo diversos momentos de intensificación de las huelgas y conflictos, como sucedió en el período entre 1916 y 1920, entre 1958 y 1961 y entre 1965 y 1969. Pero, no puede establecerse una relación causal automática entre "crisis económica" e "incremento de las huelgas y conflictos sociales", porque esa relación no existe.
No es automático que una situación social y económica difícil para las personas que trabajan, produzca una repetición e intensificación de las huelgas: deben darse otros factores. De donde se deriva que diferentes crisis económicas producen diferentes efectos sociales.
La crisis económica originada al término de la I Guerra Mundial (1918 en adelante) encontró en Magallanes y en al resto de la Patagonia un "terreno social" propicio a las huelgas y al conflicto, gracias a la fuerza masiva de la Federación Obrera y la influencia del liderazgo anarquista que la orientaba.
En cambio, en la profunda crisis ocasionada por la Gran Depresión de 1929-1933, los sindicatos en Magallanes estaban debilitados y por lo tanto, no hubo esa profusión de huelgas y conflictos que vimos en 1919 y 1920.
En el caso del período 1965-1969, como se verá en el segundo volumen, la inflación creciente carcomió el poder adquisitivo de los trabajadores, lo que sumado a una Central Unica poderosa y situada políticamente en la oposición a los Gobiernos de turno, dio como resultado una intensificación de las demandas y los conflictos, y un incremento en el número y frecuencia de las huelgas.
Por lo tanto, en ésta como en otras etapas históricas, pueden combinarse factores tan variados como las crisis económicas (externas o nacionales), el incremento de la inflación y la pérdida del poder adquisitivo de los salarios, los cambios y deterioros en los precios de los productos de exportación de la economía magallánica, la carestía y escasez de los productos de consumo básico, los efectos de las políticas económicas de los Gobiernos, pero también habrá que observar la calidad de los liderazgos sindicales, la disposición combativa y perseverancia de los trabajadores sindicalizados, el clima social de descontento imperante, la organización interna de los sindicatos y su potencial numérico de afiliados, y en especial, el poder de negociación y de presión de que son capaces los sindicatos.
Pero, además, dado que los sindicatos no funcionan al margen de la sociedad, hay que tomar en cuenta el estado de ánimo general de la población, el grado de adhesión que las demandas sindicales encuentran en el resto de la comunidad, la posición del Gobierno y de los partidos políticos y, por cierto, la organización, presencia pública y capacidad de resistencia de las organizaciones gremiales de los empresarios.
Una huelga en el proceso histórico, es un momento único e irrepetible en el que se combinan circunstancias de la más variada índole.
De este modo, cada conflicto y cada huelga es una arena socio-política donde entran en juego los sindicatos y los gremios empresariales directamente implicados, pero además, intervienen la prensa, con su poder de difusión y silenciamiento, las autoridades de Gobierno, con el peso jurídico y político del Estado, los partidos políticos y los parlamentarios, con sus redes de influencia.
Muchos de los archivos de instituciones públicas y empresariales de Magallanes y de toda la Patagonia conservan todavía los petitorios y memoriales conteniendo las demandas de los trabajadores y sus organizaciones representativas.

Territorio, economía

y desarrollo

La historia de Magallanes comienza por el mar, pero las fuentes originarias de su progreso y desarrollo inicial, se encuentran en el campo, es decir, en la tierra.


Una vez que los habitantes del territorio pasaron las duras pruebas de la creación y consolidación de la Colonia (1848-1870), percibieron que la característica principal de su geografía eran las grandes pampas, las que abarcan desde Ultima Esperanza por el norte, hasta la península de Brunswick y que dominan la extensa Isla de Tierra del Fuego.
Con la introducción de la ganadería ovina (desde las islas Falklands) en la década de 1870, el poblamiento regional se comienza a internar en las enormes estepas magallánicas, y estas tierras que eran originalmente del Estado, fueron entregadas por el Fisco chileno y durante el período que va desde los últimos treinta años del siglo XIX a los primeros veinte años del siglo XX, a concesionarios y arrendatarios locales o extranjeros.
Y además, como se optó por realizar una ganadería de tipo extensivo, las pampas magallánicas -al igual que las de la Patagonia argentina (Santa Cruz, Tierra del Fuego y Río Negro)- fueron consideradas propicias para la constitución de grandes explotaciones ganaderas: así, durante la primera parte del siglo XX y gracias a las ventajosas concesiones de arrendamiento ofrecidas por el Estado chileno, se constituyó el latifundio magallánico en la forma de grandes estancias.
La estancia magallánica, un rasgo característico del paisaje patagónico, se constituye de una gran extensión de pampas abiertas, progresivamente cercadas y delimitadas, en cuyo centro o punto principal se encuentra el "casco", frecuentemente ubicado en las cercanías de los caminos de acceso; se trata de un conjunto de construcciones, generalmente en madera y zinc: viviendas para los ovejeros, la casa patronal, la casa del administrador, los galpones y los diversos corrales para el manejo de los piños.
Además, según la extensión de la estancia, se levantaron pequeñas y aisladas viviendas para los "puesteros", ovejeros instalados en pequeñas casas-habitaciones en lugares alejados e importantes de la explotación, para cuidar y vigilar a los animales y las alambradas.
Posteriormente, cuando el desarrollo de las explotaciones alcanzó ciertas dimensiones industriales, se levantaron junto a la costa magallánica los grandes frigoríficos y puertos de embarque, para facilitar la salida de los productos envasados hacia los mercados exteriores.
La economía ganadera domina el desarrollo económico magallánico, el modo de poblamiento y de ocupación del territorio, hasta 1950 aproximadamente, cuando el descubrimiento del petróleo abre una nueva etapa del proceso económico y territorial: la fase petrolera, a su vez, marca una nueva fase de evolución de los movimientos sindicales magallánicos, apareciendo la figura del obrero petrolero y dando una nueva importancia al trabajo de empleados, técnicos y profesionales.
Aunque se trata de una tendencia que ya se estaba esbozando en los años treinta y cuarenta, entre 1950 y 1973, incluso hasta fines del siglo XX, el desarrollo económico de Magallanes ha ido adquiriendo una evidente y progresiva inclinación hacia las actividades de servicios, como el comercio, aunque se presentan nuevas perspectivas en la pesca, los servicios turisticos y la explotación forestal.
En términos históricos generales, puede interpretarse que el conjunto del desarrollo económico de Magallanes ha estado siempre ligado a la explotación y/o producción de un recurso natural; como que el desarrollo económico y social de ésta región, ha estado siempre asociado estrechamente a un recurso natural o materia prima, el que ha sido el eje articulador de la economía y la evolución social.
Así al "ciclo de la pesca y el carbón", característico de la segunda mitad del siglo XIX, le siguió el "ciclo de la lana y la ganadería" (entre 1880 y 1950 aproximadamente), para continuar desde mediados del siglo XX con el "ciclo del petróleo y del gas".
Por lo tanto, los distintos períodos de la historia sindical de Magallanes se corresponden muy cercanamente con las distintas etapas que ha seguido su desarrollo económico.
Los orígenes de los movimientos obreros del territorio magallánico (mutuales, sociedades de resistencia y los primeros sindicatos) hay que asociarlos a la fase de inicio y expansión del ciclo de la lana y la ganadería (fenómeno que es similar incluso en el tiempo, en la Patagonia argentina), mientras que la crisis de la ganadería, coincide con los comienzos del ciclo del petróleo, y por lo tanto, con la declinación de los sindicatos ganaderos y el auge de las organizaciones obreras urbanas y de los trabajadores del petróleo, fenómeno que es característico entre 1950 y 1973.
En términos económicos, lo que aquí se denomina como el "ciclo de la lana y la ganadería" se corresponde con un modelo de desarrollo regional agro-exportador: lo esencial de la producción de las estancias y frigoríficos se orientaba a la exportación hacia algunos mercados europeos, ingleses en especial, lo que de paso daba a Gran Bretaña una influencia considerable en la economía magallánica.
Del mismo modo, cuando sobreviene la crisis de la ganadería y del modelo agro-exportador (principalmente, por la crisis de la navegación en el Estrecho de Magallanes debido a la apertura del Canal de Panamá, y por la caída de los precios de la lana a consecuencia de la expansión en el uso de las fibras sintéticas), el desarrollo económico de esta zona se orienta (desde 1950 en adelante) hacia un modelo de sustitución de importaciones e industrialización, sistema en el que se apoya la producción petrolera regional, haciendo intervenir al Estado como agente económico planificador, inversor y productor (a través de CORFO, el Banco del Estado, la Oficina Regional de Planificación y la Empresa Nacional del Petróleo).
Finalmente, hay que considerar que la importancia estratégica otorgada a Magallanes por el Estado central, desde la segunda mitad del siglo XX, le ha dado un peso gravitante a la Administración Pública en el conjunto de la fuerza de trabajo y de la economía regional, lo que también ha otorgado influencia a las organizaciones sindicales representativas de los funcionarios públicos.

Trabajo, salarios

y riqueza

Probablemente una afirmación preliminar que cabe subrayar aquí es que el trabajo hizo a Magallanes; fue el trabajo lo que construyó a Magallanes y la Patagonia, en un esfuerzo interminable y multifacético.


El trabajo humano fue la principal razón del surgimiento, progreso y desarrollo de la Patagonia.
Puede afirmarse que todo lo que hay fuera de la naturaleza, en ésta región austral del mundo, es el fruto del trabajo esforzado y tesonero, del trabajo pionero de miles y miles de personas que, provenientes de las más variadas zonas del mundo, llegaron a construir un futuro.
En la fundación de los nuevos poblados y ciudades, y en todo el proceso posterior de desarrollo y expansión de las economías regionales, ha estado presente el trabajo, como el motor esencial del progreso, de la movilidad de las personas y las familias, de la formación de la riqueza y los capitales.
Los primeros colonizadores trabajaron en la pesca, la caza, el comercio de pieles, en los bosques y la madera, y en la explotación del carbón.
El trabajo creó la Patagonia.
El trabajo hizo progresar a Magallanes.
La gran mayoría de los colonos e inmigrantes (europeos y chilotes) cambiaron el rostro de Magallanes, de la pampa argentina y de toda la Patagonia, mediante su trabajo cotidiano y silencioso, con su iniciativa creadora, y entonces se hicieron trabajadores: peones, ovejeros, velloneros, meseros, escoberos, esquiladores, puesteros, alambradores, carboneros, carreros, pescadores, guachimanes, estibadores, zapateros, artesanos, colonos, choferes, peonetas, empleados, obreros del petróleo, vendedores, etc.
Pero, además, el trabajo en esta región austral está fuertemente condicionado por las exigencias del clima y la geografía. Hay que destacar que en la Patagonia, numerosas faenas del campo y la ciudad tienen un carácter estacionario debido al crudo invierno.
Esto provoca que, por ejemplo en el campo, las faenas ganaderas más importantes (la esquila, la esquila de ojos, el baño, la marca, etc.) se realizaban –y se realizan todavía- entre diciembre y febrero, quedando muchos obreros cesantes el resto del año. Similar es la situación de los obreros de la construcción, los que deben trabajar en el verano, y subsistir durante el largo otoño e invierno.
En la actividad ganadera, predominante en la Patagonia hasta los años 50 del siglo XX, el momento culminante era la faena de la esquila.
Cientos de trabajadores de las más variadas especialidades se congregaban en las estancias, durante dos o tres meses. Venían en barco desde Chiloé, o a caballo desde las estancias del sur argentino, y después de la esquila, mientras los puesteros permanecían en las estancias, los demás “bajaban” a Punta Arenas o Puerto Natales, para gastar su salario acumulado en bares, pulperías, almacenes y casas de remolienda, o para la casa recién construída y la familia recién formada. El comercio de éstas ciudades, se reactivaba en febrero, marzo y abril gracias a los obreros de las estancias recién pagados.
Así, las dificultades climáticas casi insalvables, y especialmente las duras condiciones de trabajo, entre otros factores, contribuyeron a darle conciencia a los trabajadores de su condición, de que compartían todos la misma suerte y destino, y de que necesitaban unirse para lograr surgir. Y sólo cuando se sintieron trabajadores, se comprendieron parte de una misma categoría social, y fueron construyendo su solidaridad, tomaron conciencia y se organizaron.
Pero, en la medida en que el trabajo es el fundamento humano y material de la riqueza y del progreso, cabe interrogarse por la forma y las condiciones en que dicha actividad humana se constituye en el fundamento creador de la riqueza.
Para los efectos de esta historia, se entiende el trabajo como la transformación social de la naturaleza. Pero, ¿cómo se relacionan el trabajo y el capital o la riqueza?
Un primer elemento de comprensión para establecer ésta relación entre el trabajo y la riqueza o el capital, es el que afirma que en el curso del proceso económico los trabajadores, en este caso, los asalariados u obreros, intercambian con el dueño del capital su fuerza de trabajo, a cambio de una cierta cantidad de dinero, intercambio que tiene un cierto carácter contractual y que se realiza guardando siempre una cierta proporción: a una determinada cantidad de trabajo, o más bien dicho, de fuerza de trabajo empleada, se corresponde una cierta cantidad de dinero: el salario.
El problema esencial de la condición obrera es el del salario y de su poder adquisitivo.
Adam Smith en su "Riqueza de las Naciones" dice a este respecto que "los salarios del trabajo, en todas las naciones, se acomodan al convenio que por lo común se hace entre estas dos partes, cuyos intereses de ningún modo pueden considerarse los mismos. El operario desea sacar lo más y el empresario dar lo menos que puede. Los primeros están siempre dispuestos a concertar medios de levantar, y los segundos de bajar, los salarios del trabajo"(8), con lo cual deja en evidencia la polaridad y oposición de intereses que envuelve el salario del trabajo y las tendencias distintas que expresan el obrero por un lado, y el patrón por el otro.
Según esta premisa entonces, el salario no sería más que la expresión monetaria, el nombre reflejado en dinero con el que se denomina al precio de la fuerza de trabajo. Si un obrero de la construcción, o un esquilador de las estancias, o un obrero de las faenas petrolíferas, recibe una cierta cantidad de salario, éste salario es entonces, una manifestación del precio del trabajo, el equivalente en dinero de una cierta cantidad de fuerza de trabajo dedicada a dichas tareas específicas.
P-J. Proudhon lo grafica de otra manera diciendo: "Cuanto más se divide el trabajo y se perfeccionan las máquinas, tanto menos vale el obrero; en su consecuencia, menos se le paga y por ende con un jornal más exiguo, aumenta su faena. Esto es falsamente lógico, no pudiendo impedirlo ninguna legislación, ninguna dictadura. Prodúcese pues una baja de jornal, no obstante las huelgas, los reglamentos, las tarifas, la intervención del poder: el patrono dispone de mil medios de burlar la presión de la violencia y la autoridad." (9)
En su esencia, el trabajo no tiene valor, por cuanto es precisamente la fuente y la medida de todos los valores en el sistema económico. Lo que se somete a las leyes del mercado y de producción es la fuerza de trabajo, es decir, la capacidad del ser humano para producir valores.
Históricamente el salario y las remuneraciones han sido casi siempre pagados en forma de dinero, y sólo en ocasiones o momentos críticos, se ha recurrido al pago en especie.
Por consiguiente, cierto tiempo de aplicación del trabajo, de la fuerza de trabajo, se erige en condición de pago de su valor. Por eso, determinado período de trabajo expresado en horas, días, semanas o meses y correspondiente a las condiciones concretas de una cierta duración de la jornada de trabajo, se equipara en la práctica, al valor de la fuerza de trabajo aplicada durante ese período.
Así, el precio del trabajo sirve de base para el cálculo del salario. El obrero reproduce en el proceso del trabajo, el valor de su fuerza de trabajo, y además, crea valores adicionales, ganancias, utilidades o plusvalía. Por lo tanto, el valor de la fuerza de trabajo expresado en dinero, es el precio de la fuerza de trabajo, adicionado con el valor que crea. Tal es la premisa que establece C. Marx en su ensayo "Trabajo asalariado y capital" donde afirma: "El obrero obtiene a cambio de su fuerza de trabajo medios de vida, pero, a cambio de estos medios de vida de su propiedad, el capitalista adquiere trabajo, la actividad productiva del obrero, la fuerza creadora con la cual el obrero no sólo repone lo que consume, sino que da al trabajo acumulado un mayor valor del que antes poseía". (10). Y agrega un poco más adelante, la siguiente afirmación: "La parte del capital, la ganancia, aumenta en la misma proporción en que disminuye la parte del trabajo, el salario, y viceversa. La ganancia aumenta en la medida en que disminuye el salario y disminuye en la medida en que éste aumenta." (11)
Interesante resulta anotar que, mediante el contrato, convenio colectivo u otra forma de convención entre el patrón y el trabajador, antes que el obrero cobre en forma de salario el valor convenido de su fuerza de trabajo, éste entrega al patrón o empresario cierta cantidad de trabajo. Se produce así una suerte de anticipo: el trabajador primero trabaja y entrega su fuerza de trabajo, y sólo después de realizado el trabajo recibe la remuneración respectiva.
¿Cuáles son las formas que reviste el salario?
Existen dos formas fundamentales de salario: el llamado "salario por tiempo", y el "salario por pieza o por producción". En el primer tipo, la magnitud del salario depende de la duración del tiempo que se ha trabajado; y en el segundo tipo, la cantidad de salario depende de la cantidad de producción rendida al término de un cierto período. Al interior de estas dos formas principales, se manifiestan múltiples diferencias.
El salario por tiempo parte de la premisa de que la fuerza de trabajo se vende siempre por un período de tiempo, el que puede ser por horas, por ciertos días al mes, por semanas y por mes. Para calcular el salario por tiempo es preciso fijar la unidad de medida del precio del trabajo: esa unidad, generalmente es la "hora de trabajo". Por lo tanto, el precio de la hora de trabajo es el cociente de la división del precio del salario por día de trabajo, es decir, el valor diario efectivo de la fuerza de trabajo, por el número de horas que componen la jornada laboral.
Al regir el sistema de salario por tiempo, se tiende a aumentar la intensidad de la actividad laboral, o a incrementar la duración de la jornada diaria de trabajo, a fin de obtener un mayor rendimiento del trabajador.
A su vez, el "salario por pieza o por producción" es una variante del salario por tiempo. Este sistema establece una proporcionalidad (ascendente o descendente) entre la cantidad de producto entregado y la cantidad de remuneración que se deberá cancelar. La modalidad más tradicional y antigua de salario por pieza es el que se paga por unidad de producto entregado o "salario a destajo".
Partiendo de la experiencia práctica o de la medición del trabajo del obrero, se fija la norma de rendimiento de los trabajadores, que suele reflejar la cantidad estimada que un obrero con cierta pericia, trabajando a una intensidad media, produce en una hora o en un día laboral. Se fija del mismo modo, la tarifa para el pago de la confección de cada unidad o producto.
Esta estimación se obtiene como cociente de la división del precio de una hora o un día de trabajo, por el número de unidades producidas en una hora o en una jornada de trabajo.
Gracias al sistema de "salario por pieza o por producción", se establecen en las empresas normas de rendimiento que cada trabajador debe cumplir, so pena de ver disminuido su salario o remuneración e incluso a ser despedido, y además, se consigue intensificar el esfuerzo del trabajador.
Por ejemplo, en las faenas de las estancias magallánicas, el obrero esquilador recibía un "salario por pieza" (como aparece en los respectivos Convenios Colectivos), es decir, proporcional a la cantidad de ovejas esquiladas, caso que era similar al de los panaderos de las estancias y de la ciudad, y de ciertas categorías de estibadores en los puertos.
En cambio, recibían "salario por tiempo" en Magallanes, algunas categorías de los trabajadores petrolíferos (cuyo régimen de trabajo en terreno, daba origen a sistemas de turnos), los empleados de comercio y bancarios, y algunas categorías permanentes de obreros ganaderos de menor calificación (puesteros, velloneros, campañistas, peones, etc,.)
A su vez, al interior de una misma unidad productiva, las diferentes tareas o faenas producen frecuentemente diferentes remuneraciones, las que dependen del tipo de faena realizada y del tiempo de trabajo invertido para realizarla. Del mismo modo, desde el punto de vista de su carácter monetario el salario se manifiesta en tres formas a lo menos: el salario fijo (que es una base de ingresos que no se modifica cualesquiera sea la cantidad o el tiempo de trabajo realizado); el salario semi-variable (que se compone de una base fija de salario y una cantidad variable de remuneración, según la productividad del trabajo realizado) y el salario variable (que depende exclusivamente de la productividad del trabajo y de la cantidad producida).
La riqueza que crea el trabajo, es por lo tanto tan necesaria para el progreso de la sociedad, como la propia actividad del trabajador. A. Smith lo grafica de la siguiente forma: "La abundante recompensa del trabajo, así como es efecto necesario, es también el síntoma más seguro de los progresos de la riqueza nacional. El escaso sustento del pobre trabajador, por el contrario, es el que indica seguramente que las cosas se mantienen en una situación estacionaria o que van cada vez a mayor decadencia". (12)
Como se ha visto, la fuerza de trabajo constituye una mercancía que se vende en un mercado (hoy conocido como el mercado laboral), y que su dueño, el trabajador, pone a disposición del propietario de la empresa, el dueño o patrón, para asegurarse su subsistencia y poder desarrollarse humana y profesionalmente. El sentido del trabajo, sin embargo, trasciende los límites de una relación económica o meramente económica; el trabajo es una vía, un medio de realización del ser humano, en cuanto individuo en el proceso económico, pero también es una de las formas fundamentales a través de las cuales el ser humano se realiza en cuanto persona: por el trabajo nos hacemos útiles, nos mostramos útiles, somos útiles a la sociedad y a través del trabajo se pone de manifiesto, la inteligencia, la creatividad, la imaginación y las capacidades físicas e intelectuales del individuo, en cuanto individuo y en cuanto ser social y ser sociable.
Así como el capital, como valor que se valoriza, no encierra solamente relaciones de clase, un determinado carácter social, basado en la existencia del trabajo como trabajo asalariado (13), el trabajo, como actividad que valoriza el valor, no encierra solamente relaciones de clase y de subordinación, sino que también es la fuente de la creación del valor y de la riqueza.
Por eso se entiende que el trabajo, y la fuerza de trabajo en acción es la propia actividad vital del ser humano, y en este caso, del trabajador en general y el obrero en particular. Y por lo tanto, el salario que recibe por su actividad en la medida en que es un precio, se rige por las mismas leyes que mueven al mercado y que determinan el precio de las demás mercancías.
El precio de la fuerza de trabajo, o sea el salario, como podrá apreciarse en el texto, se establece por la competencia entre compradores y vendedores, por la relación existente en este instante entre la oferta y la demanda en el mercado laboral y en el conjunto del sistema económico.
El salario o la remuneración en general del trabajador, es a la vez, el precio de la fuerza de trabajo que ha sido adquirida o contratada por el empresario o su representante-administrador, y también es la expresión monetaria del poder adquisitivo del trabajador en el mercado, aunque no toda su remuneración la destine a adquisiciones directas en dicho mercado.
Así, como veremos en el curso del relato, que cuando la crisis económica golpea los hogares modestos, y los asalariados entran en un período de cesantía, se incrementa la oferta de brazos para trabajar, descienden los salarios, aumentan relativamente los precios de los artículos de consumo habitual y los trabajadores que tienen trabajo y están organizados, ejercen presión para el aumento de sus salarios. C. Marx escribe a este respecto que: "El salario se halla determinado, además, y sobre todo, por su relación con la ganancia, con el beneficio obtenido por el capitalista: es un salario relativo, proporcional. El salario real expresa el precio del trabajo en relación con el precio de las demás mercancías; el salario relativo acusa, por el contrario, la parte que se concede al trabajo directo de los valores creados por él, en proporción a la parte que se reserva el trabajo acumulado, el capital." (14), de donde puede desprenderse que la determinación de los salarios es una función del estado general de la economía y de la situación especifica de la empresa en particular.
Esta relación entre los salarios y los precios de los artículos de consumo habituales, permite comprender la diferencia entre el salario nominal y el salario real, siendo el primero el salario que el trabajador percibe en forma monetaria, mientras que el llamado salario real es la cantidad de valores de uso (mercancías y servicios) que el trabajador puede adquirir, a un nivel concreto de precios, con su salario nominal después de deducirse los impuestos y otros descuentos. Esto significa que el salario real cambia en proporción directa al cambio del salario nominal y en proporción inversa al cambio de los precios de las mercancías y servicios que son del consumo del trabajador. Por ésta vía, los salarios y su evolución en relación con los precios, se conectan con los procesos de inflación.
A título de ejemplo, no valía lo mismo -en términos de poder adquisitivo real- el salario mensual de un ovejero de estancia de $ 275 (como sucedía en 1930), si el kilo de carne de cordero (base de la alimentación popular) costaba $ 1.00 ó $ 2.60.
Para graficar ésta relación se ha llegado a establecer una "canasta familiar" mensual, que resume proporcionalmente los principales artículos de consumo habitual, y que permite formular un salario mínimo mensual.
En períodos de "bonanza" o de baja inflación, los asalariados disponen de mayores posibilidades de encontrar buenos trabajos, incluso pudiendo cambiarse de una empresa a otra, los salarios crecen relativamente, los precios de los artículos de primera necesidad se mantienen en una cierta estabilidad, y disminuye la intensidad y frecuencia de la presión sindical de los trabajadores organizados. A. Smith expresa a este respecto lo siguiente: "Aunque las variaciones en el precio del trabajo no siempre corresponden a las del precio de las provisiones, sino que son las más veces opuestas, no por eso debemos inferir que el precio de las provisiones no tenga influencia alguna en el del trabajo. El precio pecuniario de éste se regula por dos precisas circunstancias: la demanda o busca de trabajadores, y el precio de los abastos necesarios para la vida." (15). Y agrega a continuación: "El alza de los salarios del trabajo aumenta necesariamente el precio de muchas cosas..." (16)
Así entonces, la remuneración del trabajo sube o baja, o sea varía constantemente según la relación dinámica existente entre la oferta y la demanda de trabajo; según el grado de competencia entre los compradores (es decir, los empresarios) y los vendedores de fuerza de trabajo (o sea, los obreros y trabajadores); según el nivel de experiencia, formación especializada y nivel profesional de los trabajadores (de donde resulta que a mayor nivel de formación y especialización del trabajador, el salario o sueldo es más elevado) y según el nivel mismo de especialización en la división del trabajo (es decir, que no es lo mismo -en términos de exigencias técnicas y de responsabilidad- la labor del vellonero de una comparsa de esquila, del estibador de un muelle, o de un albañil de la construcción, que la de un técnico de perforación en una torre petrolífera), todo lo cual produce enormes variaciones y complejidades, en los tipos y cantidades de salarios y sueldos de unos y otros.
Del mismo modo, en la medida en que se incorporan nuevos recursos tecnológicos al trabajo y a la propia empresa, el trabajo (como conjunto o secuencia de operaciones físicas e intelectuales) se va simplificando, y por lo tanto, el costo del trabajo y el salario que se paga por éste, se va modificando.
Así también, la decadencia de ciertas actividades económicas y de los trabajos y salarios que de allí resultan, puede explicarse también por la baja incorporación tecnológica o la escasa actualización de los procedimientos de trabajo: piénsese en los casos de la ganadería extensiva magallánica, de la explotación carbonífera y petrolífera, en las que al no realizarse una permanente modernización de las operaciones, se han ido convirtiendo gradualmente en actividades cada vez menos rentables y menos productivas o que requieren de alguna forma de reconversión.
Y ello repercute sobre los sueldos y salarios de los trabajadores.
Lo esencial que resulta de este análisis, es que el trabajo produce riqueza, y por lo tanto, la riqueza económica y social en un momento dado de la historia de una sociedad, es el fruto de la combinación de técnica, capital y trabajo, pero en una ecuación en la que el trabajo desempeña el papel de motor productivo fundamental de la riqueza y del capital.
El trabajo es la fuerza que pone en movimiento la técnica, que genera e induce la inversión y la aplicación del capital y, lo que es más importante, el trabajo es la fuerza productiva que agrega valor a las materias primas y recursos naturales, sobre los que hay inversión de capital y técnica. En términos de Marx, "...lo que sobre todo aumenta esta fuerza productiva es una mayor división del trabajo, la aplicación en mayor escala y el constante perfeccionamiento de la maquinaria. Cuanto mayor es el ejército de obreros entre los que se divide el trabajo, cuanto más gigantesca es la escala en que se aplica la maquinaria, más disminuye relativamente el coste de producción, más fecundo se hace el trabajo" (17)
Los recursos que constituyen el capital natural de la región de Magallanes: carbón, pesca, pampas, bosques o petróleo, no tendrían ninguna significación económica más que nominal, si no hubiese sido por el trabajo del minero, el pescador, el leñador, el ovejero y el obrero petrolífero que, junto a la técnica aplicada y al capital invertido, construyeron las distintas formas de riqueza del territorio, forjando de paso su desarrollo.
El obrero o el trabajador en general, a su vez, percibe el salario o sueldo, y lo mide o lo relaciona mentalmente con los costos y gastos de su propia subsistencia personal y familiar. Pocas veces la Economía o los economistas examinan la cuestión de los salarios o remuneraciones, desde la perspectiva del propio individuo que trabaja.
En efecto, visto el asunto desde el punto de vista del propio trabajador, la remuneración es una medida económica de dinero que el mismo compara con la totalidad de los gastos económicos que irroga su persona y su familia, y con la cantidad de trabajo que tiene que realizar para percibir dicha remuneración, de donde se desprende una percepción "salarios- costo de la vida- economía" que es única y cambiante.
En efecto, si el salario que percibe, le alcanza apenas para sus gastos de alimentación, vestuario y vivienda, el obrero percibirá que su salario es bajo, que el costo de la vida es alto y que su trabajo es probablemente mal valorado. En cambio, si su sueldo es elevado, sus necesidades y gastos se incrementarán casi exponencialmente, y tendrá una percepción más positiva del costo de la vida y de la forma como es valorado su trabajo.
Las diferencias sustanciales que se presentan entre los salarios obreros y los sueldos de los empleados, por tanto, tienden a producir no solo una diferenciación social al interior de la fuerza de trabajo de la sociedad (salvo en el caso de obreros altamente especializados, como sucede en ciertas faenas petrolíferas, por ejemplo), sino que además, produce un poder adquisitivo distinto para cada segmento socio-económico. Siempre desde el punto de vista del trabajador, la remuneración es comparada por el también, con la cantidad, dificultad e intensidad del trabajo realizado para obtenerla, comparación que siempre es subjetiva y variable.
Si el trabajador realiza una faena extenuante o cansadora, deprimente y repetitiva (un esquilador, por ejemplo), considerará que su remuneración es siempre insuficiente y de que está "mal pagado" su trabajo, mientras que aquel que ejecuta una jornada más liviana, variada y cambiante (un empleado de banco o un vendedor), tenderá a considerarse "bien o suficientemente pagado".
Del mismo modo, cuando el trabajador percibe que su remuneración en general le alcanza sólo para llevar un modo de vida modesto o cercano a la pobreza (lo que generalmente materializa a través de las viviendas, vestuario y otros elementos materiales de vida cotidiana) y compara su modo de vida, con el de quienes dirigen o son propietarios de la empresa donde trabaja, tenderá a formarse la percepción de que -en general- la riqueza está siendo mal o injustamente repartida, generando disparidades y diferencias sociales y económicas.
Por eso, puede afirmarse que el salario que recibe un obrero, frente a los costos reales de la vida cotidiana y concreta, en un momento dado de la historia de una comunidad, es un elocuente espejo que refleja la realidad de las condiciones de vida de los asalariados, o sea, de una mayoría de las familias e individuos que componen esa comunidad.
De allí que con frecuencia, en el relato se hace alusión a los contratos de trabajos y a los sueldos y salarios de los trabajadores sindicalizados, por cuanto su comparación con los precios de ciertos artículos de consumo habitual, permitirá al lector comprender más fielmente el nivel y el modo de vida de las familias obreras y de trabajadores.
Los salarios y las remuneraciones en general, por lo tanto, en la medida en que expresan al mismo tiempo, el precio del trabajo contratado y el valor monetario del poder adquisitivo, constituyen un referente económico muy significativo, para comprender el estado general de la economía y la situación real en la que se encuentran los trabajadores, en un período de la historia.

Contratos de trabajo

y formas del contrato

Las condiciones salariales, por lo tanto, deben considerarse como la base fundamental sobre la cual se establecen las relaciones entre el patrón y los trabajadores. Como se verá a lo largo de esta historia, las formas de contratos fueron variando, y se fueron complejizando según las demandas y las características técnicas de las faenas.


En un primer momento sin duda (por ejemplo desde 1860 y 1870 en adelante), muchas de las relaciones entre un obrero o artesano y su patrón, quedaban en el plano de los "acuerdos de palabra".
Así, hacia 1870 y 1880 vemos aparecer algunas formas preliminares de contrato o "proto-contratos", como el que existía entre el capitán de un barco ballenero y lobero y sus marineros, o como la "cotización" que le entrega un maestro carpintero al dueño de la vivienda que debe reparar, y que los compromete a ambos, aunque no aparezca la firma del "contratante".
En las condiciones de las explotaciones mineras y auríferas de Tierra del Fuego de fines del siglo XIX, en cambio, veremos aparecer el llamado "contrato de avío" entre el dueño de la explotación y sus mineros, según el cual el propietario proporciona las herramientas y se fija una modalidad de reparto del oro descubierto.
En las faenas ganaderas y en los frigoríficos, en cambio, se firmaron primero "contratos individuales" los que fueron reemplazados gradualmente desde 1912 en adelante por los contratos o "convenios colectivos", logrados bajo los auspicios de la Federación Obrera primero, y a continuación de los sindicatos Ganadero y de Campo y Frigorífico.
En el contexto de las faenas de las estancias, desde mediados de la década de 1910, aparecieron los llamados "contratos de enganche", según los cuales los obreros son contratados a completa disposición del patrón, sin especificación de lugar y tipo de faena que deberá realizar.
En las explotaciones petrolíferas, por su parte, y dada la naturaleza de empleados públicos que revisten los trabajadores de ENAP, la contratación daba origen a "contratos privados" y a continuación, desde 1950 en adelante, a "actas de avenimiento" que adquirían el carácter de convenio colectivo para las distintas categorías de empleados y obreros.
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Algunas referencias sobre el tratamiento y presentación de las fuentes consultadas.
Este ensayo presenta un panorama general de los tres grandes períodos de la historia del trabajo en Magallanes, entre 1843 y 1973, en la siguiente forma:
Primer período: Los Fundadores (1843 - 1920);

Segundo período: Los Derrotados (1920-1938);

Tercer Período: Los Reconstructores (1938-1953); y

Cuarto período: Los Protagonistas (1953-1973);
Además de ésta periodización del relato, éste aparece subtitulado por décadas sucesivas, de manera de facilitar la lectura y la comprensión de la evolución sindical y laboral, en su continuidad.
El texto principal, que ha sido escrito presentando la secuencia cronológica real de los acontecimientos tal como se produjeron, está además, acompañado de numerosos recuadros explicativos, en los que se profundiza la información histórica acerca de los movimientos y eventos cruciales del período, se presentan las organizaciones sindicales vigentes en el período en cuestión y las sociedades mutuales y se reproducen documentos sindicales u obreros originales, de importancia para el período, así como numerosos contratos de trabajo individuales y colectivos.
Estos recuadros contienen también, cuando los hechos lo ameritan, un relato pormenorizado día a día de algunos eventos importantes de la historia sindical magallánica.
Además, cuando los antecedentes disponibles lo permiten, se han elaborado algunos recuadros titulados "Salarios y precios en Magallanes" en los que se presentan los salarios de los trabajadores y obreros más importantes del período, junto a los precios de los artículos de consumo más frecuente, lo que permitirá al lector formarse una idea de la relación "salarios-precios" en distintos períodos históricos. Al comienzo de cada capítulo (y también en la forma de recuadro), se expone un panorama socio-económico y político, que constituye el contexto general en el que se sitúan los hechos relatados.
Es importante subrayar que siempre que se citan textos o documentos originales, se han mantenido escrupulosamente la redacción, giros idiomáticos y ortografía originales del o los autores, por respecto a la verdad histórica
Las citas tomadas de la prensa (obrera y regional en general), se presentan con una indicación del periódico en la que se encuentran y la fecha de su publicación y aparecen señaladas al pié de página, con las iniciales que se indican a continuación.

Citas textuales


CHA: Chile Austral.

BG: Boletín Ganadero. Organo de la Unión de Pequeños Ganaderos de Magallanes.

EA: El Austral.

EM: El Magallanes.

EN: El Natales.

ET: El Trabajo.

EP: El Productor.

EC: El Comercio.

LPA: La Prensa Austral.

LN: La Nación.

LU: La Unión.

LU-RG: La Unión de Río Gallegos (Santa Cruz- Argentina).

LV: La Verdad.

RAU: Revista Argentina Austral.

RMB: Revista Menéndez-Behety.

MT: The Magellan Times.

AM-PA: Archivo de la Municipalidad de Punta Arenas. Actas de Sesiones. Decretos de la Alcaldía.

ABM: Archivo Braun-Menéndez. Correspondencia.

ASETF: Archivo Sociedad Explotadora Tierra del Fuego. Correspondencia. Copiadores de Cartas. Libros diversos de Cuentas. Memorias Anuales.


Las Referencias Bibliográficas y documentales, han sido reunidas y clasificadas por categorías y en orden alfabético al final del segundo volúmen, de manera de presentar las principales fuentes escritas, documentales (libros, documentos privados y públicos, colecciones de periódicos y revistas) y testimoniales compulsadas y utilizadas para la elaboración de este ensayo.



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1843-1850:

los primeros tiempos

de la colonización

en Magallanes

En el principio, fue el trabajo.


En el principio de la colonia de Magallanes, eran hombres y mujeres trabajando.
Vinieron con sus costumbres y modos de trabajar, con sus hábitos ancestrales, con su cultura artesanal transmitida de generación en generación, con sus herramientas y sus sueños, con sus experiencias y vivencias. Llegaron desde Chiloé y otras regiones de Chile, trayendo sus propias culturas de trabajo, las que aplicaron dentro de los límites rigurosos que les impuso la geografía. (18)
Y si el trabajo es la actividad humana creadora y transformadora de la naturaleza, los primeros colonos se enfrentaron prácticamente solos a la ruda y pródiga naturaleza patagónica, con los únicos recursos de su esfuerzo.




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