Historia Social



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Terminada la I Guerra Mundial

comienzan los malos tiempos

para la economía de la Patagonia

Pero, al mismo tiempo, la economía magallánica y patagónica en general -tan fuertemente dependiente de las fluctuaciones de los mercados europeos- recibió de lleno el impacto de los acontecimientos en Europa.


En efecto, al concluir la I Guerra Mundial (1914-1918), un período que había sido de bonanza con precios elevados de las materias primas y de fuerte demanda como consecuencia de las necesidades propias del esfuerzo de guerra, se vió revertido con la caída de los precios y la demanda de los productos magallánicos.
Los precios de la lana y de las carnes cayeron y la demanda de estos productos también disminuyó bruscamente, con lo que las exportaciones a Europa fueron menores. La "economía de los hogares pobres" volvió a caer.
A su vez, los estancieros y comerciantes, frente a la perspectiva de recibir menores ingresos y ganancias reducidas, tendieron a subir los precios y a congelar los salarios, con lo que el ciclo recesivo se produjo en toda la economía magallánica, fuertemente dependiente de la economía británica en particular.
La carestía de los artículos de primera necesidad se acompañó con la disminución del tráfico naviero por el Estrecho (una consecuencia de la reciente apertura del canal de Panamá), por lo que se entró en una fase de carestía y escasez
Los obreros vieron disminuido el poder adquisitivo de sus modestos salarios, y entonces estaban dados los ingredientes para que la tensión social aumente.
En efecto, los últimos meses de 1918 en Magallanes fueron una vez más agitados, desde el punto de vista social.
Por su parte, la Agrupación Socialista realizó al principios de diciembre de 1918 un mitin en la Plaza Muñoz Gamero, en el que protestó por la carestía de la vida y por la utilización que se hacía del discurso patriótico por parte de las autoridades, para ocultar los problemas del pueblo.
Al día siguiente del mitin, en la Sesión Ordinaria N° 118 de la Comisión de Alcaldes, se expresó lo siguiente: "El señor Paravich expresa que en el mitin celebrado ayer se pronunciaron conceptos injuriosos contra el Supremo Gobierno y lo que es más grave y que más ha indignado a la opinión pública, contra el patriotismo. Cree que la Comisión de Alcaldes no debe asumir una actitud pasiva y dejar que se mistifique la opinión. Termina proponiendo el siguiente acuerdo, que fué aprobado por unanimidad: 1° la Comisión de Alcaldes de Magallanes protesta enérgicamente por los conceptos injuriosos y antipatrióticos emitidos en los discursos pronunciados en el comicio que tuvo lugar ayer en la plaza pública de esta ciudad. 2° la Comisión de Alcaldes acuerda poner en conocimiento de los organizadores de la Liga Patriótica de esta ciudad, que le prestará su más decidido apoyo y que sus miembros se incorporarán a ella. Punta Arenas, diciembre 2 de 1918." (575).
En ese momento formaban parte de la Comisión de Alcaldes, además del Gobernador Luis Conteras, por derecho propio, los vecinos Rodolfo Stubenrauch, Mateo Paravich, Nibaldo Sanhueza y Roberto Ewing.
El acuerdo transcrito tendrá efectos dos años más tarde, como se verá en los hechos del 27 de julio de 1920.

A fines de 1918

arrecian los conflictos sociales

Los distintos conflictos de diciembre de 1918, crearon un clima de creciente tensión, no tanto por su entidad propia, como por el hecho de que la autoridad creía que se trataba de una "confabulación" para desordenar el ambiente en el Territorio: el primero de ellos fue el del Gremio de los Carpinteros y a continuación paralizó el Gremio de los Metalúrgicos, también en demanda de mayores salarios.


Le siguió, también en la segunda quincena de diciembre, un paro de 9 días de duración (del 20 al 29 de diciembre de 1918) de los obreros del Gremio de Obreros Portuarios y Marítimos, el que tuvo paralizadas las faenas de los distintos puertos, astilleros y embarcaderos de la ciudad de Punta Arenas.
Este paro -en pleno mes de diciembre- afectaba directamente no solo a la actividad comercial de la ciudad y de todo el Territorio, sino que además, asestaba un golpe muy grave a la exportación de productos.
El 17 de diciembre se declararon en huelga a su vez, los obreros del Frigorífico de Natales, respaldados por el Sindicato de Campo y Frigorífico de Puerto Natales.
Es decir, en la segunda quincena de diciembre, la Federación Obrera se encontró con dos paros, por lo que resolvió otorgar su apoyo a estas demandas, convocando a una serie de mítines, a fin de sensibilizar a la ciudadanía del Territorio y a las autoridades.
El primero de estos mítines tuvo lugar el 30 de diciembre, oportunidad en la cual los dirigentes de la Federación Obrera plantearon que se establezca el principio de las 8 horas de trabajo en todas las faenas que se realizaban en el Territorio, y reclamaron contra las alzas de los artículos de primera necesidad, que se habían notado en el comercio de la ciudad.
Lo que había despertado la indignación de los dirigentes de la Federación era que mientras se denunciaba la escasez y carestía de ciertas mercaderías de primera necesidad popular, llegaban al puerto vapores desde el centro del país con abundantes cargamentos de vinos y licores, lo que venía a contradecir la activa campaña anti-alcohólica que los obreros venían realizando desde el diario "El Trabajo", a lo menos desde 1914 en adelante.
De este modo, a partir de este mitin y los diversos artículos aparecidos en el diario “El Trabajo” explicando y estimulando la idea, la Federación Obrera instaló por primera vez en el debate público la cuestión de la jornada laboral de 8 horas, que a su vez, se correspondía a una demanda que manifestaban los trabajadores organizados y la propia Internacional de los Trabajadores en todo el mundo.
Hay que subrayar que las relaciones entre la Federación Obrera y el Gobernador del Territorio eran en general buenas, como que la autoridad, don Luis Contreras Sotomayor, fue invitado y asistió a dos asambleas de obreros en el mes de agosto de 1918, en las que el Gobernador explicó su iniciativa de crear una Oficina del Trabajo (que después se denominaría "Cámara del Trabajo"), y que sirviera como entidad mediadora y fiscalizadora de las condiciones de trabajo de los obreros del Territorio.
La idea de la Oficina del Trabajo encontraba una aprobación general de los obreros, salvo ciertas aprehensiones a propósito de la propuesta del Gobernador de establecer una "libreta individual" para los trabajadores, en las que se consignaran, fuera de sus datos personales y familiares, las condiciones de salario, trabajos, tiempos de ingreso y de término de las faenas, fecha de llegada al Territorio, motivos de despido y otros datos de interés laboral.
Hasta ese momento, al no existir una legislación específica, la contratación de mano de obra se hacía tanto en la forma de acuerdos verbales entre el obrero y su patrón, como -en los menos de los casos- mediante convenios escritos por el mismo empleador, sobre todo cuando el obrero no sabía leer ni escribir.
La Federación Obrera en ambas asambleas (la segunda de las cuales se efectuó el 4 de agosto), insistió en la necesidad de regular la contratación de trabajadores, ya que, expresaban: "...la casi totalidad de los reclamos de obreros, de que ha tomado conocimiento nuestra Primera Autoridad, tienen por causa principal la falta de un comprobante de las condiciones en que fueron contratados y evidentemente estos reclamos no se habrían producido en tan gran número, si el obrero hubiera tenido un comprobante escrito de su contrato." (576)
Aún así, la Federación Obrera continuaba esforzándose por lograr que la jornada de las 8 horas, se estableciera en todas las faenas del Territorio.
Por otra parte, los habitantes de Magallanes, y sobre todo de Punta Arenas, aun cuando se encontraban al fin del mundo, tenían acceso a una vida social y cultural que podía enriquecerlos. ¿Qué libros se podían comprar en Punta Arenas, por aquel entonces?
Resulta interesante a este respecto un aviso publicado en “El Magallanes” de octubre de 1918.


LIBRERÍA DE “EL MAGALLANES”
OBRAS EN VENTA
De Spencer: “Primeros Principios”.

A. Holbach: “Sistema de la Naturaleza”.

C. Marx: “Precios, salarios y ganancias”. (577)

E. Troilo: “El misticismo moderno”.

Beuaud: “La existencia de Dios”.

Pey Ordeix: “Alma religiosa”.

E. Parny: “ La guerra de los dioses”.

A. Didi: “La revolución y los revolucionarios”.

Mantegazza. “Orden y Libertad”.

Boutroux: “Las leyes naturales”.

Negri: “La crisis religiosa”.

K. Kautsky: “Parlamentarismo y socialismo”.

Viardot. “Apología de un incrédulo.”

...

Littré: “Conservación y revolución”. (578)

Los lectores tenían acceso, como se puede apreciar, a una variada literatura de contenido religioso y anti-religioso, además, de publicaciones de Economía Política, de Biología y Filosofía.


Situados a fines de 1918, la demanda por la jornada de 8 horas, refleja además, un grado significativo de avance en la conciencia social de los trabajadores del Territorio, que ya había sido planteada en mayo de 1916 y que revela el conocimiento que tenían de las luchas obreras de otros lugares del mundo y es también, un indicador del grado de organización y fuerza social que habían alcanzado, como para plantearla e intentar concretarla en los convenios colectivos.
Y como existía una organización y una coordinación muy estrecha entre la Federación Obrera y los Gremios que la integraban, éstos incorporaron su demanda por las 8 horas, tan pronto se fueron presentando los períodos de discusión de sus respectivos contratos de trabajo, con lo que se sucedió una seguidilla de conflictos y huelgas.


La Federación Obrera de Magallanes

y la I Guerra Mundial

(1914-1918)

Desde el inicio de la Gran Guerra, la Federación Obrera de Magallanes, fiel a su postura pacifista, rechazó el recurso de la fuerza para dirimir los conflictos entre las naciones. Esto aparece frecuentemente mencionado en el órgano de la Federación Obrera "El Trabajo".


Por ejemplo en el N° 7 de "El Trabajo de fecha 30 de septiembre de 1911, un artículo titulado "Trabajo y paz mundial: el curso de la guerra", y que se debe a la pluma de Alfonso Peutat (de la "Unión Internacional de Obreros y Trabajadores" de 1909), dice al respecto: "La guerra es la más grande calamidad que ha aflijido siempre a la humanidad. El trabajo es y será siempre la virtud más grande para ella. La guerra es destructora; el trabajo es constructor. La guerra siembra muerte y desolación por el mundo; sus motivos son el orgullo y la codicia, más sus derivados, sus métodos la cobardía y la crueldad, su fin la tiranía basada sobre el terror, amor a los galones y holgazanear. El trabajo es la verdadera vida activa, pacífica. De él radia luz y animación por todas partes, alrededor de el, sus motivos son justicia y generosidad, su fin, paz, satisfacción y un plano siempre más elevado de civilización y riquezas. Guerra y trabajo son opuestos el uno al otro, entre los dos hay un conflicto irremediable, siempre latente: es el conflicto entre el barbarismo y la civilización, entre poderes y derechos, entre justicia y errores. El trabajo no puede admitir la guerra ni como motivo por ejemplo de justificación para una nación aplastar a otra nación que le hace una competencia demasiado fuerte..." (579)
En agosto de 1914 a pocos días de haberse declarado la guerra en Europa, un editorial de "El Trabajo" hace referencia a los primeros efectos del conflicto sobre la economía magallánica: "La funesta guerra, la maldita guerra que en Europa se produce en estos momentos, ya hace sentir sus efectos en la masa trabajadora de América. En Magallanes, que no podía sustraerse a la ley económica, también se hacen sentir las consecuencias con un alza considerable en el precio de los artículos de primera necesidad, alza que viene a agravar la crítica situación en que se halla el obrero en esta época del año en que la escasez de trabajo se produce por la terminación de las faenas del campo. Los comerciantes, presa del pánico, se niegan a vender las mercaderías en papel moneda, por la depreciación que esta sufre con la baja del cambio o si vende es a precios excesivos o en moneda de oro." (580).
Al momento de iniciarse la I Guerra Mundial, la actividad económica y productiva se encontraba desigualmente repartida entre distintas nacionalidades.
Así en el Territorio de Magallanes, los ingleses o descendientes de ingleses dominaban de un modo predominante en la banca, en el negocio marítimo y naviero, en la administración de las estancias y frigoríficos y en el comercio de exportación e importación; los italianos estaban centrados en algunas actividades industriales menores (fábrica de fideos, por ejemplo); los franceses o descendientes de franceses, en el rubro de las droguerías y boticas, talabarterías, y en la hotelería y restaurantes; y los austro-húngaros, se habían ido instalando en el pequeño comercio de menestras, carnicerías, y en la pequeña industria, de zapaterías, ferreterías, mueblerías y colchonerías.
La guerra europea significó un evidente impacto sobre la economía magallánica, en la medida en que gran parte de la industria ganadera y de la recién instalada industria frigorífica local, dependía de los mercados europeos en general y de los mercados ingleses en particular.
Como consecuencia del conflicto y ya desde 1914, el transporte marítimo de los productos magallánicos hacia Europa quedó severamente restringido, así también como la importación de productos europeos.
Más avanzada la guerra y en 1918, la prensa local daba cuenta de la existencia de "listas negras", la cual era constituida por empresarios vinculados con negocios en Alemania, por parte de los Aliados (Inglaterra, Francia y Estados Unidos).
Así, en un mitin celebrado por la Federación Obrera el 8 de septiembre de 1918, se acordó enviar una carta a los Cónsules de los países aliados residentes en Punta Arenas protestando por la utilización de las "listas negras" contra los negocios alemanes o vinculados a Alemania en el Territorio de Magallanes, lo que afectaba a los intereses económicos de sus habitantes y del pueblo trabajador en particular.
Parece un hecho incontestable que a medida que la I Guerra avanzaba y en virtud de los profundos vínculos que ataban a la economía magallánica con la economía británica, las autoridades del poder ejecutivo en Magallanes se inclinaron en favor de la causa aliada.
Con ocasión de este mitin, el Gobernador Luis Contreras remitió al Ministro del Interior un telegrama, en el que se refiere a éste tema en los siguientes términos: "Comicio popular celebrado hoy perfecto orden, presentó siguientes peticiones dirigidas a S.E. Presidente de la República: 1° liberación impuestos artículos primera necesidad...3° Gestiones del Gobierno ante representantes países aliados en Chile, sentido procurar listas negras no dañen comercio nacional, siendo éstas una de las causas principales carestía vida." (581).
Desde la perspectiva de la Federación Obrera, su posición frente a la Guerra Mundial se resume en dos puntos esenciales: la crítica ideológica a la guerra como solución a las diferencias y por sus efectos negativos en la vida de las clases asalariadas; y la idea de la paz como condición esencial para el progreso humano.
A su vez, la Federación Obrera en relación con la polémica pública originada por las listas negras establecidas por los aliados contra los ciudadanos alemanes, dirigió en 1918 una carta a los agentes consulares de Inglaterra y Estados Unidos de Norteamérica residentes en Magallanes, cuyo texto trasluce la posición política de la Federación frente al conflicto mundial:
"Punta Arenas, septiembre 8 de 1918.
A los señores

Cónsules de los países aliados.
Distinguidos señores:
El pueblo de Punta Arenas se dirige respetuosamente a Vds. con el objeto que ayuden al gobierno para que los perjuicios que ocasionan las listas negras a todas las clases asalariadas no nos perjudique más, pues en la forma actual da margen para que unos cuantos comerciantes capitalistas acaparen y nos vendan los artículos de consumos a un precio que está muy lejos de nuestro alcance.

Hemos visto que al llegar al puerto una mercadería alimenticia, ésta ha sido devuelta al punto de su orígen por estar el consignatario en la lista negra.

En la forma que estamos actualmente, la vida se nos hace insoportable, la enorme carestía de los artículos de consumos nos coloca en la situación de pasar una vida de hambre, debido a nuestro escaso salario.

Nos permitimos, dstinguidos señores, sindicar como causa principal el acaparamiento y éste es debido a las listas negras.

No es justo señor Cónsules, que un pueblo laborioso como el chileno y cuyo gobierno se ha propuesto mantener la más estricta neutralidad, sufra las consecuencias de la gran guerra, que los chilenos sin excepción lamentan y desean tenga el más próximo término.

La acción de los señores cónsules en bien del pueblo, es obra fácil, porque solo se reduce a obtener de sus respectivos gobiernos la autorización para que las consecuencias de las listas negras no afecten los artículos de primera necesidad.

El pueblo de Punta Arenas, consciente de su situación, lo espera todo de la justicia de sus peticiones y del procedimiento honorable de Vds. en cuyas manos está hoy detener el aumento de la miseria que ya invade miles de hogares inocentes.

Señor Cónsules: no olviden que son brazos chilenos los que preparan las carnes de los frigoríficos para alimentar vuestros ejércitos en lucha; son brazos chilenos los que extraen y empaquetan las lanas para vestir a vuestros soldados, y no es mucho pedir que contribuyais a salvar del hambre a las mujeres y a los niños de los que trabajan para vosotros.
Sin otro particular, saludamos a Vds, atte.,
Por la Comisión,
Jorge Olea A Cárdenas Francisco López

Juan Pío Rojas Rosendo Alvares Saturnino Pérez

Román Cifuentes Sergio Coffré Herminio Molina" (582)
Evidentemente, los trabajadores de Magallanes comprendían claramente lo que estaba en juego con el problema de la Guerra Mundial: la subsistencia de sus familias, el empleo y la propia supervivencia de la actividad ganadera en la Patagonia.

En septiembre de 1918, la Federación Obrera convocó a un mitin popular en demanda del "abaratamiento de la vida".


En el acto, se demandó a favor de la liberación de impuestos de primera necesidad, se pidió que el gobierno establezca una línea de navegación entre Valparaíso y Punta Arenas, con transportes nacionales y escampavías destinados a traer productos nacionales y demás artículos de primera necesidad y exceptuando bebidas alcohólicas, y en particular se solicitó del Gobierno que se den instrucciones a las Intendencias de Llanquihue y Chiloé para que disminuya la afluencia de obreros trabajadores a Magallanes, debido a que en el Territorio había un exceso de mano de obra.
Uno de los documentos que fueron aprobados en este acto público, fue una carta remitida a la Junta de Alcaldes.
"Punta Arenas, septiembre 8 de 1918.

A la Honorable

Junta de Alcaldes de Magallanes.
Honorable Junta:
El pueblo de Punta Arenas, reunido con esta fecha en un comicio público con el objeto de pedir el abaratamiento de los artículos de consumo de primera necesidad, al dirijirnos a esa Honorable Junta en el sentido de que interponga sus valiosa mediación o interceda a favor del pueblo, al cual representamos.
La crisis porque actualmente atraviesa el pueblo, se debe a las diversas restricciones en el comercio, que adoptan algunos señores comerciantes con el fin de protegerse entre sí. Esta actitud perjudica y repercute hondamente en el presupuesto del hogar del asalariado.
El pueblo pide a esa Honorable Junta influya de una manera inteligente y equitativa, y que adopte un temperamento del que se desprenda una rebaja en los precios de los artículos de consumos.
Esa Honorable Junta, mediando a favor del pueblo, no hiere la dignidad de determinadas personas y solo contribuye a que la vida del pueblo sea más llevadera.
Es gracia.
Por la Comisión. Jorge Olea, A. Cárdenas, Francisco López, Juan Pío Rojas, Rosendo Alvarez, Saturnino Pérez, R. Cifuentes, Sergio Coffré, Herminio Molina." (583)

En octubre de ese año, se informaba por la prensa local que la casa armadora Braun & Blanchard, la principal empresa naviera de Magallanes que hacía el cabotaje entre los puertos del sur de Chile y Punta Arenas, había decidido no recalar en Chiloé: “se anuncia la suspensión de las recaladas de los vapores ‘Chiloé’ y ‘Magallanes’ de la firma Braun & Blanchard, en los puertos de Chonchi, Queilén, Quellón, y Melinka.” Esta medida podía afectar a la posibilidad de traslado de obreros por vía marítima desde Chiloé hacia Magallanes, y tenía precisamente ese propósito a fin de frenar la migración laboral.


A fines de 1918, el clima social en el Territorio de Magallanes estaba cambiando gradualmente.
La situación económica del Territorio comenzaba gradualmente a degradarse en los últimos meses de 1918. El 3 de diciembre, por ejemplo, el periódico “El Magallanes” escribía: “...Continúa en nuestra ciudad la crisis de ganado en pie necesario para su abastecimiento...” (EM, 3.12.18, p. 3.). En otras palabras, en una región esencialmente ganadera, el ganado para el consumo de carne de la población era insuficiente, porque las exportaciones habían acaparado la mayor parte de la carne disponible.
Otras actividades artesanales e industriales continuaban a buen ritmo en aquel año de 1818.

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Pero, venían además, otras señales económicas poco alentadoras...
En noviembre de este año se publicaba un Informe del Administrador de Aduanas Alfredo Camus Valdés, en el que argumentaba en contra de la implantación del impuesto aduanero en Magallanes, refiriéndose a las condiciones de trabajo en el Territorio: “A la ciudad se atribuyen 20.000 almas. Pero hay que anotar el hecho de que en esos totales figuran por lo menos 3.000 trabajadores chilotes que no están radicados a firme en Magallanes ni tienen aquí sus hogares. Es una verdadera población flotante o migratoria. Vienen a las faenas de la matanza o de la esquila, permanecen aquí unos tres meses y terminadas que son, regresan a Chiloé...”
Y este informe, además, hacía referencia a las carencias de mano de obra en Magallanes, en los siguientes términos: “Falta de brazos y jornales muy elevados. No hay en Punta Arenas obreros ni trabajadores en cantidad suficiente para satisfacer las necesidades domésticas o las de talleres y casas de comercio. Tanto por la escasez de brazos como por la carestía de la vida, los salarios alcanzan cotizaciones tan elevadas que pasan de los límites normales...los simples trabajadores o jornaleros cobran 8 pesos diarios a lo menos y el salario de cualquier obrero no baja de doce pesos. Los maestros carpinteros, herreros, mecánicos, etc., ganan corrientemente quince pesos al mes. Hasta en el servicio doméstico se experimentan los inconvenientes de esta situación, ya que es difícil encontrar mujeres que quieran ocuparse en las humildes tareas de la cocina por menos de cien pesos mensuales.” (587)
El mercado del trabajo estaba cambiando notoriamente: mientras los salarios aumentaban como consecuencia de la presión gremial y de alguna escasez en la mano de obra disponible, los productos y artículos de primera necesidad aumentaban también de precio, producto del encarecimiento e los fletes desde Europa (a raíz de la guerra) y de la incertidumbre de los comerciantes que los hacía recargar sus precios y márgenes para asegurarse.
En otras palabras, ya desde 1918 ¡la economía del Territorio vivía una verdadera inflación!
La preocupación por la crisis inminente, la reflejaba en ese momento “El Magallanes” refiriéndose a los precios de la lana en los mercados internacionales: “Mercado lanero después de la guerra. Buenos augurios para los industriales de Magallanes. Se nos informa en una revista financiera, las expectativas de la industria lanera después de la guerra deberán necesariamente ser favorables y los precios no sufrirán descenso sino que se afirmarán aún más...” (588). A estas optimistas afirmaciones del periódico local contestaría de inmediato R.T. Burbury, Gerente de la Explotadora de Tierra del Fuego, con una nota de pesimismo, ya que expresaba dos días después: “... mi opinión es que el precio de la lana sufrirá una pequeña baja, éste no alcanzará los precios que tenía antes de la guerra europea...” (589)
Las negociaciones para el Convenio Ganadero (590), como se ha visto, se llevaron a cabo ante la propia Gobernación, llegándose a un término consensual y sin conflictos mayores, aun cuando en los últimos días de octubre, los dueños de estancias habían hecho correr el rumor que no firmarían el acuerdo, a fin de presionar a favor de una congelación de los salarios...evidentemente los estancieros sabían que la economía ganadera del Territorio entraría pronto en un período turbulento.
Las tensiones sociales, sin embargo, se comenzaron a agudizar a partir de dos huelgas que tuvieron lugar en diciembre: una, de los obreros metalúrgicos y carpinteros del Frigorífico de Puerto Natales y la otra, iniciada el 20 de diciembre por los obreros del Gremio de Gente de Mar y Playa, ambas en demanda de mejoras en sus condiciones salariales.


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