Historia Social



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Sindicatos

y sociedad magallánica

Los sindicatos en un territorio tan alejado de los centros vitales del mundo como era Magallanes -al igual que en cualquier rincón del planeta- surgieron del trabajo y de la necesidad.


Magallanes y toda la Patagonia eran la última frontera, la frontera austral del mundo.
Desde un punto de vista social, el Territorio de Magallanes en su primer siglo de historia, funcionaba casi como un "far-west", un lejano sur salvaje e indómito, y donde la ley se imponía con rigurosa mano dura (como ocurrió ante el motín de los Artilleros o las violencias inauditas de Cambiazo), o donde cada uno tenía que armarse de valor y de perseverancia, para defender sus propios derechos atropellados.
La organización social y sindical es un aprendizaje lento y difícil. El sindicato surge como resultado de la necesidad y de la utilidad, es decir, se constituye allí y cuando los trabajadores comprenden la necesidad de coaligarse para promover sus intereses y actuar en la escena social, y se integran en él en la medida en que lo perciben como una organización eficaz, es decir, como una herramienta útil para realizar sus intereses y aspiraciones.
Desde este punto de vista de su función social, el sindicato es una herramienta, y en cuanto herramienta, sus formas de acción son amplias, variadas y flexibles, pudiendo ir desde la demanda, la propuesta, el lobby, el petitorio y la comunicación escrita, pasando por las distintas formas de presión pública (mitines, manifestaciones), de disminución del ritmo e intensidad y productividad del trabajo, hasta las formas clásicas de paralización o huelga: la huelga reivindicativa, la huelga solidaria y la huelga política. En Magallanes se han ensayado históricamente todas éstas formas de acción sindical.
Además, como la experiencia histórica lo ha mostrado el concepto de sindicato ha ido evolucionando en el tiempo en esta región. La idea inicial de "sindicatos por empresas" o por rama de actividad (que surge con la Federación Obrera de 1911) se transformó lentamente en los llamados "sindicatos obreros" y los "gremios de empleados" (característicos de los años treinta y cuarenta), para dar paso después de 1953, al concepto de "sindicatos únicos" en el que se reunían empleados, profesionales y obreros.
Del mismo modo, en el período de este estudio, hubo "sindicalismo reivindicativo", en el sentido de ser portador de ciertas demandas económicas y sociales precisas y focalizadas, y también hubo "sindicalismo propositivo", que fue aquel de ciertos sindicatos y organizaciones que, trascendiendo el economicismo inmediato de sus demandas, propusieron tareas, proyectos e iniciativas orientadas al desarrollo de la región.
En particular, este sindicalismo propositivo, característico de los años sesenta y setenta del siglo XX, implicaba una "visión de región" y también necesariamente una "visión de país", como fue el caso de los obreros ganaderos (con sus propuestas de subdivisión de las tierras, reforma agraria y eliminación del latifundio), del gremio del Magisterio (con sus proposiciones acerca de la reforma de la educación nacional), y del gremio de los petrolíferos (con sus Comisiones Técnicas de donde surgieron conceptos como la "independencia energética" del país, la "defensa del petróleo para Chile" frente a las tentativas privatizadoras, la "integración vertical de la industria petrolera chilena" y la expansión de los sistemas estatales de distribución de los combustibles).
Pero, ¿cómo surgen los sindicatos en la historia social de Magallanes?.
Los obreros llegados a Magallanes inicialmente (es decir, en los treinta últimos años del siglo XIX) sólo se contrataban y trabajaban, pero a medida que su experiencia se lo indicaba, sintieron la necesidad de unirse con quienes vivían su misma realidad, cuando comprendían que sus intereses sólo serían defendidos por ellos mismos y nadie más.
Es necesario tomar en cuenta además que, por lo menos antes de 1920, la relación laboral y contractual "obrero-patrón" no estaba regulada en Chile por leyes sociales claras, de manera que las condiciones de trabajo estaban ampliamente sometidas al arbitrio, a la improvisación y a las condiciones particulares de cada zona y de cada empresa.
¿En qué momento es posible descifrar la existencia de una "clase obrera" -en el sentido clásico del término- en Magallanes?
Se trató de un lento proceso de incubación, que abarcó los primeros veinte años del siglo XX y que culmina con la experiencia de la Federación Obrera. Hubo "clase obrera" en Magallanes, desde el momento en que números cada vez más grandes de trabajadores se vincularon a determinadas faenas, en que esos trabajadores se fueron organizando en sociedades, gremios y sindicatos y sus federaciones y en que -como colectivo- fueron tomando conciencia de su condición social y económica, es decir, cuando se vieron a sí mismos como clase y cuando se formaron su propia visión de mundo.
Se trata de un proceso lento en el tiempo que se desarrolla tanto en las mentes de los individuos como en el sentido colectivo que van adquiriendo, a medida que descubren y se descubren intereses, ideales y aspiraciones comunes.
El hecho objetivo es que la formación de las organizaciones mutuales, de resistencia y los sindicatos no surgen desde una ideología importada y tratada de aplicar, ni se crean espontáneamente por el arte de magia de un líder, por más ilustrado o experto que éste sea, sino que constituyen la expresión organizada de una lenta y difícil maduración individual y colectiva de las conciencias y las voluntades.
En Magallanes los obreros y más tarde los empleados y otros trabajadores, formaron sindicatos y otras organizaciones, porque sus derechos conculcados no serían protegidos ni defendidos por los patrones o las autoridades, sino porque ellos mismos comprendieron, que sus derechos y sus demandas, intereses y aspiraciones, debían ser promovidos por ellos mismos. Pero también hubo empresas como ENAP, en la que la relación entre los jefes y los trabajadores fue muy cercana y "horizontal" (sobre todo en los campamentos), lo que dio orígen a una "cultura corporativa petrolera" a la que todos adhirieron, y en la que el sindicato no fue más que un catalizador y un portador necesario de demandas, de iniciativas comunes y de propuestas.
Hay que subrayar aquí, que la formación de las organizaciones obreras en Magallanes, siguió una trayectoria similar a la de las entidades obreras de la Patagonia y del resto de Chile: en una primera etapa, se crearon sindicatos por actividad (ovejeros, frigoríficos, mar y playa, mineros, etc.), y en una segunda fase, se constituyeron las uniones, federaciones o centrales que agrupaban a dichos sindicatos. Esta es una tendencia que se observa a lo largo de todo el período considerado en esta historia.
A medida que se iban formando y fortaleciendo, y que ganaban presencia en la opinión pública local, los sindicatos se fueron integrando gradualmente en la vida social y política de Magallanes, especialmente después de 1913, aportando su visión particular de la sociedad, y poniendo en el tapete del debate público muchos problemas y necesidades que formaban la por aquel entonces llamada "cuestión social".
Los sociedades, gremios y sindicatos, y las organizaciones que los agrupaban, además, establecieron relaciones diversas con las entidades gubernamentales, autoridades e instituciones, las que fueron receptáculo dfe sus petitorios y memoriales. Es el caso de la Junta de Alcaldes y posterior Municipalidad, pero también la Gobernación y las propias entidades empresariales, las que recibieron sus propuestas, proyectos, demandas y reivindicaciones.
La Federación Obrera de Magallanes, la Confederación de Trabajadores (CTCH) y la Central Unica, así como algunos de sus principales gremios y sindicatos afiliados, se relacionaron estrechamente con entidades públicas y privadas, instituciones gubernamentales, autoridades y partidos políticos, tejiendo alrededor suyo -como se verá a lo largo del relato- una red amplia y compleja de intercambios y de vínculos.
Además, los sindicatos y sobre todo las federaciones que los agrupaban, en la primera mitad del siglo XX, pusieron un especial énfasis en la actividad artística y literaria, y en la creación y difusión de su propia prensa. La historia de la prensa obrera regional y local, es uno de los aspectos más ricos, variados e interesantes que muestra el sindicalismo magallánico.
Muy frecuentemente, la rica y variada historia, profunda y cotidiana de cada sindicato, de cada organización obrera, se encuentra escrita en sus simples diarios, en sus modestos periódicos, elaborados por improvisados redactores y corresponsales.
Especialmente desde la época de la Federación Obrera hacia delante, los diarios, boletines, manifiestos y otras publicaciones impresas, dieron vida a la difusión de sus demandas e intereses, y por eso es necesario destacar que a través de los periódicos obreros y de la prensa escrita en general, es posible hoy seguir en todos sus detalles la trayectoria de los movimientos, federaciones y sindicatos de Magallanes, a través del tiempo.
Otro aspecto significativo de la labor sindical en Magallanes, es la amplitud y alcance social de las demandas y reivindicaciones de los sindicatos y federaciones.
En efecto, y como lo muestra especialmente la historia sindical de la primera mitad del siglo XX, a medida que los sindicatos obreros fueron integrándose y formando parte de la vida social y política de la sociedad magallánica, sus demandas no sólo hacían referencia a sus necesidades y carencias grupales, sino que muy frecuentemente asumieron y tomaron en sus manos las amplias aspiraciones, peticiones y propuestas del conjunto de los trabajadores, y también de toda la población de la región.
De este modo, al asumir como propias las demandas colectivas regionales y locales, muchas organizaciones sindicales y obreras aquí formadas, adquirieron un tono específicamente magallánico y patagónico y un sentido fuertemente regionalista, que las distingue -por ejemplo- de los movimientos sindicales de la capital.
Hay un regionalismo cada vez más evidente en el sindicalismo magallánico, pero también es posible percibir otras corrientes de ideas, las que atraviesan la sociedad magallánica y los movimientos obreros, en una compleja mezcla de ideas, de creencias, de influencias exteriores (provenientes del centro del país y del extranjero) y de aprendizajes locales frutos de la lenta maduración de la experiencia y del estudio autodidacta. Salvo en contadas ocasiones, nuestros dirigentes obreros y sindicales magallánicos no eran "expertos con escuela", ni tenían una formación ideológica avanzada, sino que más bien fue la dura experiencia de la escuela de la vida y de las luchas, la que les hizo aprender.
En síntesis, el regionalismo (como manera de ver el mundo, y como sentimiento de defensa de la condición regional de los individuos y los grupos), debe ser comprendido como un ingrediente constitutivo absolutamente integrado en las aspiraciones, intereses y reivindicaciones de los movimientos obreros de Magallanes.
Los sindicatos magallánicos, además, desarrollaron una activa y creciente vinculación con los poderes públicos, mostrando un interés siempre presente en torno a los principales problemas sociales, económicos y políticos de la región e incluso del país. Muchas autoridades recibieron sus delegaciones y respondieron a sus memoriales, y hubo toda una generación de parlamentarios que se hicieron eco de sus aspiraciones y demandas (como Alfredo Hernández, Exequiel González Madariaga, Ernesto Guajardo Gómez, Salvador Allende, Carlos González Yaksic, Luis Godoy Gómez, Alfredo Lorca Valencia y otros), presentando sus peticiones ante las autoridades o representando sus intereses en el Congreso Nacional.
Pero, además de este "regionalismo transversal", notorio entre las demandas sindicales ya desde los años veinte, hay un "universalismo" expresado en las cuatro grandes corrientes que subyacen en las profundidades ideológicas e intelectuales de los movimientos obreros magallánicos: anarquistas, socialistas, comunistas y social-cristianas, como se analiza a continuación.

La evolución de las ideas

en el mundo obrero

En la evolución ideológica e intelectual de los movimientos sindicales de Magallanes, pueden distinguirse en general, dos grandes fases históricas: en una primera etapa (la de las mutuales y de las sociedades de resistencia) se "disputaban" la influencia entre los trabajadores del Territorio, las ideas anarquistas y las creencias socialistas, fase que es claramente observable a través de la Federación Obrera hasta el desastre de 1920; y una segunda etapa, que abarca desde 1920 hasta 1960 aproximadamente y que culmina en 1973, y que estuvo caracterizada por la doble y poderosa hegemonía e influencia ejercida por socialistas y comunistas en los organismos de extracción obrera, por la declinación y desaparición de las corrientes anarquistas, y por un lento surgimiento de las influencias social-cristianas y social-demócratas, especialmente en los sectores sindicales de clase media, técnicos y profesionales.


La primera expresión de ideas de los obreros en Magallanes, se encuentra en el mutualismo.
El nacimiento de las mutuales, o sociedades de ayuda mutua, o de ayuda recíproca, o de socorros mutuos, o de protección recíproca, se pierde en la prehistoria.
Es decir que en la historia no escrita, la que se conoce por medio de informaciones, signos, leyendas, comentarios que se han transmitido de

generación en generación.

El mutualismo como institución, es el sistema social más antiguo conocido en el mundo, ampliamente practicado por las comunidades. Señalamos en forma sintética, entre otros, los siguientes acontecimientos: Tres mil años antes de Cristo, existían agrupamientos en las márgenes del río Nilo (gran río de África, célebre en la historia por las civilizaciones) que habían establecido sistemas de protección mutua. Funcionaban para casos de inundación y otras catástrofes climáticas.
En Palestina (territorio de Asia en la costa occidental del continente, que limita al oeste con el mar Mediterráneo) se registra el Tratado de Bava-Cama sobre asociaciones de mercaderes que mutuamente se juntaban para proteger sus caravanas y prestarse auxilio.
Los colegios romanos (Italia), tenían una organización interna libre, sin más límites respecto del Derecho Público. Los Emperadores no podían inmiscuirse en su administración o vida interna. Los estatutos u ordenanzas eran establecidos por los mismos colegios, y enunciaban los fundamentos de la organización, régimen de gobierno, relaciones de confraternidad y los días de banquetes o fiestas.
Estos colegios contaban con órganos de gobierno similares a los que conocemos actualmente en las mutuales: comisión directiva; y tenían como misión defender los intereses societarios, controlar la administración y las prestaciones que se efectuaban.

A su vez, existían en Grecia asociaciones de amigos que practicaban la mutualidad y tenían como objetivo el socorro recíproco de sus miembros para los casos de necesidad. Las "hetairas" griegas eran también asociaciones que prestaban ayuda a sus integrantes en caso de indigencia o enfermedad.


Según Teofrasto de Lesbos (filósofo) griego que frecuentó las escuelas de Platón y Aristóteles) cuyos conocimientos abarcaban todas las ciencias, las mencionadas asociaciones se conocieron antes de la Era Cristiana.
En la Edad Media se hicieron famosas en la antigua Germania (hoy Alemania) y en el norte de Italia, las Guildas, asociaciones de tipo y característica mutual. También en la Edad Media se conocieron en España los montepíos, entidades de tipo mutual que prestaban socorro a viudas y huérfanos. Y en Francia e Italia -hacia el siglo XV- alcanzaron relevancia las sociedades de socorros mutuos, constituidas por trabajadores de un mismo gremio.
El mutualismo en Magallanes, como se verá a lo largo de este relato histórico, se encuentra en las bases fundacionales de los movimientos obreros y sindicales, pero siguió una trayectoria distinta y paralela.
El mundo obrero y las distintas organizaciones sindicales que le dieron expresión, fueron permeables a los distintos procesos intelectuales y culturales que atravesaron la sociedad magallánica en sus distintas etapas históricas.
Como llevamos dicho, hubo entre 1893 y 1920-30 una fuerte influencia anarquista y del socialismo científico. El anarquismo fue traído inicialmente por emigrantes españoles y franceses, entre otros, tales como Gregorio Iriarte y los redactores del diario "El Trabajo" de la F.O.M., la cual se difundió a través de la prensa obrera, y de la literatura que circulaba entre los obreros más instruídos (los libros de Bakunin y Kropotkin se encontraban en la biblioteca de la Federación Obrera).
Una de las diferencias fundamentales entre el anarco-sindicalismo y las doctrinas socialistas, reside en que mientras para aquella, la huelga no es más que un paso, una etapa en la lucha contra el capital, la que culmina en la "acción directa", para los sindicalistas socialistas la huelga es la etapa superior de la lucha de los obreros y campesinos.
El movimiento anarquista del siglo XIX se inscribe en una tradición política e intelectual antigua, que aparece marcada a la vez por la reivindicación de la independencia y la libertad del individuo negándose al orden socio-político impuesto y vigente, y por la afirmación de que los grupos humanos son capaces de organizarse en forma autónoma según sus deseos y voluntad fuera o al margen de la autoridad política.
Por lo tanto, para el anarquismo la "cuestión social" consistía no solamente en negar al Estado burgués, sino sobre todo en considerar a los individuos y a los grupos como actores dotados ellos mismos de la capacidad para engendrar otra forma de organización social: "ni Dios ni amo" (el slogan más frecuente de los anarquistas), significaba precisamente que ningún principio superior podía sobreponerse a la libertad, por lo que gran parte de la orientación que guía a los grupos y militantes anarquistas entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX, es la lucha anti-autoritaria, donde quiera que se encuentre dicha autoridad. De aquí también sus profundas diferencias con el socialismo.
Los principales autores de las diferentes corrientes del anarquismo eran conocidos de los dirigentes obreros de principios del siglo en Magallanes: P-J. Proudhon, Toltoi, M. Kropotkin, Malatesta y M. Bakunin eran leídos a través de los libros, revistas y en los propios artículos de la prensa obrera regional.
El anarquismo se orientaba por la idea de proponer una perspectiva de emancipación sin construir una política (que es lo que explica que en la Patagonia se hayan formado sociedades de resistencia y gremios de inspiración anarquista, pero no así partidos anarquistas), y por el propósito de considerar la "cuestión social" como algo que la misma sociedad debía resolver. Lo que hace entonces el ideario anarquista es rechazar las instituciones (Estado, ley, religión) que la sociedad se da, en nombre de la primacía de la libertad, al mismo tiempo que denunciaba el autoritarismo, sea socialista o de otros tipos, que se proponen liberar al ser humano pero en realidad comienzan por controlarlo en nombre de la eficacia económica o del sentido de la Historia. Para los anarquistas eran los propios obreros los que debían liberarse de sus cadenas y para alcanzar esa libertad, no necesitaban ni de partido ni de estructuras de poder.
De este modo, el anarquismo en cuanto ideario libertario, fue menos una doctrina y más bien se desarrolló entre los obreros y artesanos de Magallanes como un estado de ánimo, y como una práctica cotidiana de reflexión y práctica social, que se encontraba relacionada con ciertas formas de cultura literaria y artística.
El anarco-sindicalismo se arraigó en Magallanes y en toda la Patagonia, desde los años 80 del siglo XIX y perduró hasta los años 30 del siglo XX, a través de numerosos inmigrantes europeos que fueron sus portadores, adalides y pioneros (entre los cuales destacan Gregorio Iriarte, Antonio Soto Canalejo y Miguel Angel León, entre otros), y posteriormente, en el sindicalismo obrero de las estancias de Ultima Esperanza y de una abundante literatura difundida de mano en mano.
EL anarco-sindicalisimo es un medio de organización y un metodo de lucha y de accion directa de los trabajadores que tiene sus raices en los postulados de la Primera Internacional de los Trabajadores y en los del sindicalismo revolucionario.
Se inspira en fuentes esencialmente federalistas y anarquistas y, con neta actuacion revolucionaria y clara orientacion libertaria en la practica. Tiende constantemente a conquistar las maximas mejoras, en todos sentidos. Para la clase obrera, con miras a su integral emancipacion, la supresion de todo genero de explotacion y de opresión del hombre por su semejante o por una institucion cualquiera, y al mismo tiempo lucha por la abolicion de todo capitalismo y de toda forma de Estado.
Opuesto irreductiblemente a los sistemas sociales y politicos actualmente imperantes, propugna por la transformacion radical de las sociedades y regimenes en ellos asentados y por la instauracion de un medio social de convivencia humana basado en los principios del socialismo libertario.
El anarcosindicalismo no es una doctrina ni una filosofia. Su contenido teorico lo extrae del socialismo humanista y principalmente del anarquismo, en cuyos postulados de defensa integral de la personalidad humana, de la libertad, de solidaridad, de apoyo mutual y de asociacion voluntaria y federativa, halla su mas solido fundamento.
El anarcosindicalismo, dentro del movimiento obrero moderno, constituye una corriente sindical absolutamente independiente, de acusadas caracteristicas propias, lo mismo por su contenido basico que por su forma de organizacion y su desenvolvimiento funcional, exento de todo centralismo y de toda burocracia. Tiene siempre en cuenta a personalidad del afiliado y le estimula su participacion en la vida sindical. Respeta la autonomía de las secciones, de los sindicatos, de las federaciones y confederaciones. Se singulariza tambien por los metodos de accion directa que emplea, por su dinámica y estrategia de lucha y por su orientacion social y finalista. Otro de sus rasgos distintivos inconfundibles es su rechazo de toda colaboracion de clases, de todo compromiso con el capitalismo o con el Estado, aun en noinbre del "interes nacional": de toda participacion o intervencion en organismo alguno mixto o oficial dependiente del gobierno o del patronato: de los arbitrajes y legalismos y de toda especie de intermediarios en las contiendas sociales cotidianas. El anarcosindicalismo, considerandose en lucha permanente y sin tregua contra el sistema que combate y se propone abolir, rehusa todo cuanto limite, coarte e interfiera su libertad de acción su posición se halla siempre a la vanguardia de la lucha social y las reivindicaciones de los trabajadores.
Los anarquistas llegados a Magallanes (generalmente artesanos u obreros especializados con alguna educación intelectual) contribuyeron a la formación de las primeras Sociedades Obreras de Resistencia y, después de la formación de la Federación Obrera (1911), trabajaron en crear la prensa obrera y los primeros gremios y sindicatos. De hecho la Federación Obrera de Magallanes se definía a sí misma, hacia 1920 como se verá, como una sociedad obrera de resistencia, reflejando las influencias anarquistas que caracterizaban a su dirigencia en ese entonces.
Las dos tendencias anarquistas, la llamada "tolstoiana" y la "bakuninista" (por sus promotores teóricos más relevantes, León Tolstoi y Mikhail Bakunin) se personificaron en personajes obreros o ligados al obrerismo magallánico.
Al interior del sindicalismo magallánico y de la historia social de este territorio, hay también una fuerte tradición socialista.
El socialismo llegó como idea a estos parajes lejanos, en los barcos de los inmigrantes europeos de fines del siglo XIX, que ya habían conocido y leído las obras de Marx y sus primeros intérpretes (Jules Guesde y Paul Lafargue, éste último yerno del propio Marx) y que trajeron españoles e italianos, cuando no algunos franceses, suizos y belgas, recogiendo las experiencias de las revoluciones europeas de 1830 y 1848.
El socialismo de fines del siglo XIX, encontró en los primeros treinta años del siglo XX en Magallanes, un terreno social fértil en los numerosos obreros de procedencia chilota, al infundir en ellos el concepto de igualdad y justicia social, al desarrollar un tipo de organización sindical cada vez más vinculado e interdependiente con los partidos de izquierda tradicionales, y al promover un rol cada vez más activo del Estado en el proceso económico.
Aún asi, con toda la fuerte orientación colectivista y estatista que adquieren los sindicalistas magallánicos dirigidos por obreros socialistas -sobre todo cuando toman contacto con las teorías de V.I.Lenin y de J. Stalin en los años cuarenta y cincuenta- no debe dejar de sorprender que la gran aspiración de los obreros de las estancias, desde los años veinte y hasta la década de los sesenta, haya sido la propiedad individual de una pequeña parcela de tierra...en definitiva, el viejo y profundo resabio de la idiosincracia chilota.
Al mismo tiempo, hay que observar la paulatina radicalización del discurso y del lenguaje de los dirigentes sindicales, fenómeno que resulta cada vez más evidente a partir de 1953, pero que se hace muy notorio desde mediados de la década de los años sesenta hasta 1973.
En síntesis, el mundo de los trabajadores de Magallanes se alimenta de un tronco común obrerista y mutualista, y se constituye como movimiento obrero y sindical en el encuentro y en el conflicto entre el anarquismo y el socialismo. Pero, a partir de estas dos fuentes doctrinales primigenias, el sindicalismo magallánico fue abriéndose a nuevas influencias ideológicas.
Paralelamente a las influencias anarquistas y socialistas, ya desde la segunda década del siglo XX, es posible percibir el surgimiento de tendencias del obrerismo o sindicalismo "puro", más tarde denominado "gremialismo".
Los obreristas o sindicalistas puros, tanto entre los obreros como en los empleados, postulaban y practicaban una acción sindical separada y alejada de los partidos políticos y limitada al ámbito de los problemas del propio sindicato.
Ellos consideraban que los gremios y sindicatos debían limitarse estrictamente a plantear y lograr la solución a las demandas y necesidades económicas, sociales y culturales de los trabajadores, sin traspasar al límite hacia el protagonismo o la propuesta política.
El enfoque obrerista o gremialista de las relaciones entre el capital y el trabajo, era de conciliación y de diálogo, por lo que confrontados a los conflictos y al recurso de la huelga, tendían a oponerse a llegar a esta herramienta de acción, salvo en circunstancias extremas. En los orígenes intelectuales del gremialismo obrerista hay que descifrar, entre otros factores, alguna influencia de las ideas masónicas, del racionalismo ateo y de las doctrinas liberales.
Este era tanto un sindicalismo a-político como un apoliticismo gremial, subrayando que las esferas de acción del gremio o sindicato y del partido político eran distintas e incluso, contrapuestas. Hubo sindicalistas "a-políticos o gremialistas" en todos los sectores del mundo sindical magallánico, desde los sindicatos ganaderos, hasta los sindicatos petroleros, pasando por los gremios de empleados y funcionarios.
Los sindicalistas puros o gremialistas, al igual que los anarquistas -siempre minoritarios dentro del mundo sindical magallánico y patagónico- no tendieron a la creación de organismos paralelos, sino que prefirieron permanecer al interior de las organizaciones existentes.
Hay que notar que las tendencias regionalistas que se formaron en el escenario político magallánico (hacia los años treinta y cuarenta del siglo XX) no plasmaron en corrientes sindicalistas, aunque encontraron coincidencias muy frecuentemente con los gremialistas a-políticos.
Desde el punto de vista político, debe reconocerse que el gremialismo a-político (respaldado en algunos casos por las organizaciones sindicales estadounidenses, tales como la AFL-CIO), tendió a encontrarse en las mismas posturas con los sectores políticos regionalistas, conservadores y de derecha.
Por su parte, desde la formación de la Central Unica en 1953, se comienzan a percibir en Magallanes la emergencia de nuevas influencias intelectuales e ideológicas en los sindicatos y gremios: aparecen las corrientes social-cristianas, se fortalecen las tendencias social-demócratas y se consolida la relación entre los partidos políticos y los sindicatos.
De allí emergieron en definitiva formas distintas y características de hacer sindicalismo: hubo así un estilo de sindicalismo socialista, un sindicalismo comunista, un sindicalismo radical y un sindicalismo demócrata-cristiano, cada uno de ellos con sus visiones y rasgos característicos.
Asimismo, al interior del sindicalismo magallánico, es necesario distinguir siempre, por lo menos dos grandes orientaciones generales de acción sindical: una, denominada del "sindicalismo reivindicativo y apolítico" que se pretende desligado de las influencias partidistas, pero que siempre resulta acatar la posición y las ofertas patronales; y la otra, del "sindicalismo militante", que entiende la acción sindical en términos de "lucha de clases en el sistema capitalista" y que considera el terreno sindical, como terreno de la influencia, presencia y predominio del propio partido, en competencia con los demás partidos.
Y lo que es más significativo, es que muy frecuentemente y sobre todo en la etapa entre la década de los sesenta y 1973, este sindicalismo se considero investido de una misión histórica: la de la liberación de la clase trabajadora.
En efecto, rápidamente desde 1912 en adelante y sobre todo, con las grandes organizaciones federadas (la CTCH de 1938 y la CUT de 1952), dentro del movimiento obrero y sindical de Magallanes, ha sido posible distinguir un sindicalismo reivindicativo (motejado incluso de "economicista"), y centrado en la búsqueda de satisfacción a las demandas materiales y sociales de sus afiliados, y alejado de las grandes retóricas ideológicas anti-sistema que han caracterizado al discurso sindical tradicional (que se encuentra mayoritariamente en los gremios de empleados); y al mismo tiempo, se han desarrollado formas de sindicalismo militante con grados diversos de politización y de vínculos con los partidos políticos existentes, y centrado en ciertas demandas económicas y sociales, pero siempre asociadas discursivamente con una crítica al sistema capitalista y a quienes detentaban el poder económico (que era claramente notorio en los sindicatos ganaderos, de la construcción y mineros).
Más aún, dentro del sindicalismo magallánico es posible distinguir además otras líneas transversales de orientación.
Cuando se examina, por ejemplo, la prensa obrera y la abundante documentación producida por los organismos sindicales y obreros -que en este libro se citan abundantemente- puede observarse la presencia de una suerte de "sindicalismo protestatario", abocado en forma constante, a la contínua queja y demanda de soluciones a los problemas de los asalariados, y al mismo tiempo, se encuentran formas de un "sindicalismo propositivo", aquel que -como se ha explicado mas arriba- además de las reivindicaciones inmediatas se aventura a proponer soluciones no sólo a las necesidades específicas de un sector laboral, sino incluso a los problemas económicos, sociales y culturales de la región.
Por cierto, estas no son líneas de acción claramente discernibles dentro de las prácticas sindicales -porque las fronteras que delimitan una y otra modalidad no son tajantes- sino más bien, son estilos que se superponen y se mezclan incluso dentro de la historia de un sindicato, y que sin duda, dependen entre otros factores, de los líderes sindicales que dirigen en un momento a las organizaciones y del complejo juego de influencias sociales, culturales y políticas en el que se inserta la acción de los sindicatos.
Por otra parte, es necesario distinguir también los "sindicatos legales", aquellos que desde 1925 en adelante, acataron la legalidad vigente y se ajustaron a ella, para desarrollar su acción, de los "sindicatos de hecho", que sin aceptar el marco organizativo fijado por la ley, funcionaron en los bordes de la legalidad (tales como el Sindicato de Campo y Frigorífico de Puerto Natales y el Comando Unido de Trabajadores del Petróleo, para nombrar a los más característicos), pero que no obstante esta condición, desempeñaron un protagonismo sindical y social muy relevante.
Siempre existió alguna forma de relación entre el mundo sindical y los partidos políticos, especialmente de los partidos tradicionales de izquierda, Comunista y Socialista o del Partido Radical, pero fue una relación no fácil y frecuentemente conflictiva, que ocasionaba disputas grupales y controversias ideológicas. Pero en su esencia, la relación entre el sindicalismo organizado y los partidos de la izquierda histórica en Chile y en Magallanes, se basaba en la profunda adhesión de estos movimientos con las demandas y aspiraciones de los trabajadores y, sobre todo, porque esos líderes sindicales y gremiales eran militantes de izquierda y no había en esa doble condición ninguna subvaloración sino por el contrario, un legítimo motivo de orgullo personal y familiar.
De hecho, Luis Emilio Recabarren, fundador del movimiento obrero chileno, hizo aprobar en la III Convención Nacional de la Federación Obrera de Chile (FOCH), 1919, una posición original sobre la sociedad socialista, nunca planteada por los teóricos del marxismo del siglo XX. Esa resolución decía: "Abolido el sistema capitalista, será reemplazado por la Federación Obrera, que se hará cargo de la administración de la producción industrial y de sus consecuencias". Lo inédito de la propuesta de Recabarren era el planteamiento de que la Federación Obrera -y no el partido- se haría cargo de la "administración de la producción". De ninguna manera podría pensarse que ésta era un actitud antipartido de un hombre que fundó el Partido Obrero Socialista (POS) en 1912 y el Partido Comunista en 1922.
Recabarren volvió sobre el tema en 1921 en un folleto publicado en Antofagasta, zona de obreros mineros del salitre, titulado "Lo que da y dará la Federación Obrera" donde se afirma: "El gremio tiene por misión, después de cumplir su programa de labor presente, preparar la capacidad de todos sus asociados para verificar la expropiación capitalista reemplazándola en sus funciones directoras de la producción y del consumo".
Estas influencias ideológicas evidentes y cambiantes, hicieron posible, además, que muchos dirigentes sindicales "transitaran" entre el mundo sindical y el mundo político, en una relación muy estrecha e interdependiente. Nunca es posible ni racional establecer una frontera absoluta entre ambos mundos.
Hay entonces -en el período que abarca este relato- numerosas y conocidas figuras históricas del sindicalismo magallánico, como Alfredo Hernández Barrientos, Abel Paillamán, Ernesto Guajardo Gómez, José Cárcamo Barría, José Evalterio Agüero, Francisco Alarcón Barrientos, José Donoso Hueicha, Pedro Calixto Mansilla, Octavio Castro Sáez, Jose Ruiz de Giorgio y muchos otros, que surgieron como líderes en cuanto dirigentes sindicales y desde allí posteriormente ingresaron en el mundo de la Política, o pasaron un tiempo por la actividad política y continuaron ligados al sindicalismo.
Pero además, es imposible hablar de historia del sindicalismo magallánico, sin hacer las necesarias referencias (aunque sea complementarias, como las que se encuentran a lo largo de este ensayo) a las luchas obreras y sindicales en la Patagonia, al movimiento sindical nacional de Chile, e incluso a los vastos y complejos procesos sociales y movimientos obreros a escala internacional.
Y como los sindicatos no son creaciones intelectuales, sino que manifestaciones de la sociabilidad humana, en cuanto grupos sociales generan conexiones con el resto de la sociedad, que son amplias, complejas e incluso conflictivas: con los partidos políticos comparten posiciones e intereses y disputan el espacio público; con las organizaciones empresariales mantienen un contacto permanente e inmediato, que les es imprescindible; con las autoridades políticas, tienen formas múltiples de comunicación y de intercambio; con las demás organizaciones sociales, encuentran coincidencias e intereses comunes.
Aún así, el proceso de formación y desarrollo de los sindicatos es gradual y lento. E igual de lenta que la formación de los sindicatos, ha sido tradicionalmente la educación de los líderes sindicales.
En efecto, durante muchos años en Magallanes la formación del dirigente obrero y sindical ha sido autodidacta y experiencial, es decir, basada principalmente en su propio aprendizaje personal y en la experiencia de vida acumulada.
Muchos de ellos, sobre todo en los primeros cincuenta años y en los campos y estancias, los dirigentes obreros aprendieron solos a leer y escribir, en un proceso de formación y crecimiento personal lento y dificultoso.
Más avanzado el tiempo y hacia los años sesenta y setenta del siglo XX, los dirigentes sindicales comenzaron lentamente a tener "escuela", en el sentido de que muchos de ellos habían recibido una educación básica y a veces secundaria, y además, las confederaciones y centrales unitarias se preocuparon de entregarle a sus dirigentes una preparación (aunque no siempre sistemática) en materia de leyes sociales, conflictos colectivos y otras materias de liderazgo y administración sindical.
En todo caso, y para los efectos de este ensayo histórico, las creencias, doctrinas e ideologías que han circulado en el seno del mundo del trabajo, con consideradas aquí como "hechos sociales" y más precisamente como "hechos históricos", en la medida en que expresan y reflejan el universo mental y simbólico de las personas que trabajan, dentro de un contexto social y temporal determinado.



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