Historia Social



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Los orígenes del mutualismo


en Chile

Durante la segunda mitad del siglo XIX hubo un desarrollo masivo del artesanado como consecuencia del crecimiento de las ciudades. Los requerimientos de la población urbana determinaron el surgimiento de numerosas sastrerías, zapaterías, talabarterías, herrerías, panaderías, etc.


El Censo nacional de 1875 registró 50.114 artesanos y el de 1885 más de 320.000. Los artesanos se organizaron en Sociedades Mutuales. Se ha considerado a la Unión de Tipógrafos, fundada en 1851, como la primera sociedad de artesanos. Sin embargo, se sabe de la existencia de la Asociación de Artesanos de 1828 y la Sociedad de Artesanos de 1847.
Durante la década de 1850 y 1860 se fundaron numerosas sociedades mutuales en Santiago, Valparaíso, Concepción, La Serena y otras ciudades.
Si bien cierto que en el siglo XIX existió una estrecha relación entre el proletariado y el artesanado, no debe identificarse, como han hecho algunos autores, la organización artesanal con la del movimiento obrero. En rigor, los artesanos, dueños de pequeños talleres, formaban parte de los sectores medios. Su ideología era pequeño burguesa. En su esencia, el mutualismo era un movimiento reformista, influenciado en parte por algunas ideas prouhdonianas. No planteaba el cambio del sistema sino mejoras dentro del sistema. Los artesanos únicamente trataban de defenderse del gran capital mediante el cooperativismo, el fenómeno del ahorro y las sociedades de socorros mutuos.
Los objetivos de las sociedades mutuales estaban limitados a dar beneficios en caso de enfermedad, jubilación y muerte, como consta en los Estatutos de la Unión de Tipógrafos. El mutualismo contribuyó a agrupar a los trabajadores para discutir sobre problemas sociales e inculcarles los principios elementales de organización. Sin embargo, su ideología inspiradora retardaba el pleno desarrollo de la conciencia de clase proletaria.
A principios del siglo XX, el proletariado chileno logró superar los estrechos marcos del mutualismo al fundar organizaciones de clase, como las mancomunales y las sociedades obreras de resistencia.
La ideología pequeño burguesa del mutualismo se refleja en las posiciones de su principal exponente: Fermín Vivaceta, fundador de una Sociedad de Socorros Mutuos en 1862, se inició como ebanista y llegó a ser arquitecto. Promovió la creación de cooperativas de consumo y la formación de bibliotecas y escuelas vespertinas invitando en calidad de expositores a ideólogos de la burguesía liberal, como Vicuña Mackena, Lastarria, Francisco Valdés Vergara.
Había una estrecha relación entre los dirigentes del mutualismo y los teóricos de los partidos liberal y radical. Un discurso pronunciado por Vivaceta en 1877 expresa inequívocamente la ideología reformista del principal líder del mutualismo: “El laborioso obrero, el honrado comerciante, el activo industrial y el acaudalado capitalista, todos encuentran en el sistema societario la fuente inagotable que derrama recursos para mejorar la condición del pobre y acrecentar la fortuna del rico. El espíritu de asociación establece relaciones entre todas las clases de la sociedad”.
Una de las principales preocupaciones de los artesanos chilenos fue impulsar leyes proteccionistas para la defensa de sus intereses profesionales. Ante la entrada indiscriminada de manufactura extranjera, que hacía competencia a ciertos productos nacionales elaborados en los talleres artesanales, el movimiento mutualista se puso a la cabeza de la lucha por el proteccionismo. Los artesanos organizaron en 1877 una gran concentración a la que asistieron más de 1.000 personas, donde pidieron la reforma de la Ordenanza de Aduanas en un sentido claramente proteccionista y nombraron “un Comité” que presente esas bases al gobierno y lo excite para que proteja la industria.

En el plano político, los principales dirigentes del mutualismo en el resto de Chile estaban conectados con las logias masónicas y eran miembros del Partido Radical o Liberal. Algunos líderes, como Juan Agustín Cornejo, contribuyeron en 1887 a la formación del Partido Democrático, cuyo programa expresó con mayor fidelidad la ideología reformista del mutualismo.



Estamos entonces en un período en que las mutuales constituyen la principal forma de organización de los trabajadores.
Desde el punto de vista político y jurídico, es una época en que no hay legislación sobre la relación entre el capital y el trabajo y sólo se tiende a reprimir a los movimientos populares. El incipiente movimiento obrero en Chile y en el resto del continente latinoamericano transita desde ideas demócratas y legalistas hasta ideas anarquistas y socialistas.
A finales de este período se buscará postular un proyecto histórico de cambio, el socialismo, y unirse a otros sectores populares. Durante este período surgen las primeras organizaciones obreras: las sociedades mutuales: instituciones de defensa mutua y reclutaban a sus afiliados principalmente entre los artesanos.
En el resto de Chile, la primera mutual agrupaba a ferroviarios de la capital que luchaban con clara conciencia contra el capitalismo y desplegaban acciones como paros, huelgas ligadas al ideario anarquista y las mancomunales. Constituía una combinación entre mutualismo y sindicalismo. Por un lado, protegía a sus asociados y fomentaba el principio de la solidaridad obrera y, además, organizaba a los obreros y los defendía ante sus patrones.
En Magallanes en cambio, la trayectoria social y política de las mutuales fue algo diferente.
Se formaron numerosas mutuales a partir de 1893 en Magallanes, y se constituyeron desde los núcleos de inmigrantes extranjeros, principalmente europeos, que llegaban al Territorio.
Las primeras Sociedades mutuales o de Socorros Mutuos se formaron a partir de 1893 en Magallanes: la Sociedad de Beneficencia Portuguesa (el 14 de mayo de 1893) y la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos (el 3 de junio de 1893).
La creación de las primeras sociedades mutuales, como se verá más adelante, constituyó un paso significativo en el desarrollo social de esta pequeña comunidad: "...es forzoso reconocer que las clases trabajadoras no tenían hábitos de economía y mal gastaban jeneralmente en pocas horas el fruto de largos meses de trabajo en las minas, en la pesca o en las haciendas. El espíritu de asociación, tan benéfico y moralizador, se abrió camino en los residentes y en breve hemos visto surgir instituciones tan importantes y prósperas como el Cuerpo de Bomberos, la Sociedad Portuguesa de Socorros Mutuos y el Club de la Unión. La Sociedad que nos ocupa tiene apenas dos meses de existencia y cuenta ya con 163 socios. Son inestimables los servicios que puede prestar una asociación de esa naturaleza en las clases obreras." (191).
Y agregaba el mismo periódico, algunos meses más tarde: "...el espíritu de asociación con los fines benéficos del socorro mutuo se ha abierto camino en las masas obreras. Dos sociedades con 400 miembros llenan satisfactoriamente este noble propósito y prosperan cada día más al calor de las simpatías y protección del pueblo". (192)


La formación inicial

de las Sociedades Mutuales en Magallanes

(1893-1918)

El mutualismo en Magallanes arranca desde la experiencia mutualista europea, la que a su vez, proviene de una trayectoria histórica de más de cinco siglos entre la Edad Media y la Modernidad, cuando las antiguas corporaciones gremiales medievales buscaron crear "cajas comunes de asistencia", para sus asociados en problemas.


El mutualismo inglés, francés, italiano y español se desarrolló durante el siglo XIX a pesar de las numerosas prohibiciones legales y trabas burocráticas, y desde la década de 1850-1860 en adelante se orientó a ofrecer indemnizaciones por accidentes, medicamentos y atención de salud, organizándose sobre una base comunal y agrupadas por profesiones u oficios.
Hacia fines del siglo XIX todo el mutualismo europeo había alcanzado legitimidad jurídica y estaba expandiéndose hacia los seguros de vida, las jubilaciones, la educación y la vivienda. También estas sociedades mutuales europeas, se encontraban en aumento sus efectivos en el umbral del siglo XX: las mutuales francesas, por ejemplo, de 1.900.000 socios en 1898, contaban con 5.300.000 asociados en 1914.
La formación de las Sociedades Mutuales en Magallanes es pionera en la organización obrera, y durante los primeros veinte años de su evolución siguió una trayectoria casi paralela e independiente a la formación de los primeros sindicatos.
Puede afirmarse que el mutualismo en Magallanes -a partir de los últimos 10 años del siglo XIX y primeros 20 años del siglo XX- constituye el tronco común fundacional desde el cual se desprenden dos líneas de organizaciones obreras diferentes: por un lado, la línea gremial-sindical que da origen a los gremios, sociedades de resistencia y sindicatos por ramas de actividad, a las federaciones y confederaciones; y por el otro, la línea propiamente mutualista, de la que surgen las sociedades de socorros mutuos, las cajas de socorros, las cooperativas de consumo y los servicios de beneficencia.
El desarrollo de las sociedades mutuales siguió sin embargo, una trayectoria paralela y no siempre coincidente con la de los sindicatos.
Considerando:

Que la emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos; que los esfuerzos de los trabajadores por conquistar su emancipación no han de tender a constituir nuevos privilegios sino a establecer para todos los mismos derechos y los mismos deberes;(...);
que la emancipación de los trabajadores no es un problema únicamente local o nacional, que, por el contrario, este problema interesa a todas las naciones

(...)

Declaran que esta Asociación Internacional, así como todas los sociedades e individuos que a la misma se adhieran, reconocerán como base de su conducta para todos los hombres la verdad, la justicia y la moral, sin distinción de color, de creencia o de nacionalidad. ",
(Estatutos de la Iª Internacional, 25 al 29 de Septiembre de 1865. Bruselas)
El mutualismo en Magallanes se desarrolló -a diferencia de las sociedades mutualistas del resto de Chile- como efecto directo de la presencia de una creciente inmigración extranjera, europea para ser precisos.
Es necesario subrayar que el mutualismo magallánico nació bajo el influjo europeo, y no estuvo constituido exclusivamente por obreros y trabajadores: en verdad, la primeras mutuales realmente obreras fueron la Sociedad Marítima Internacional de Socorros Mutuos y la Sociedad Obrera de Socorros Mutuos, llegando después a serlo (hacia los años veinte y treinta) la Sociedad Cosmopolita.
La variedad, duración y carácter de las organizaciones mutuales magallánicas reflejan, además, la fuerte identidad de que eran portadores los inmigrantes extranjeros avecindados en el Territorio, ya que trajeron sus costumbres, sus formas de sociabilidad y organización y desarrollaron un mutualismo que reproducía muy directamente la experiencia de las mutuales europeas de mediados y fines del siglo XIX.
En 1893 se formaron las dos primeras Sociedades mutuales en Magallanes y en toda la Patagonia: la Sociedad de Beneficencia Portuguesa (14 de mayo) y la Societá di Mutuo Socorso Fratellanza Italiana (3 de junio).
A su vez, entre 1894 y 1898, se formaron otras seis: la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos (18 enero 1894), la Sociedad Española de S.M. (21 marzo 1895), la Sociedad Dalmata de S.M. (12 septiembre 1896), la Societé Francaise de Secours Mutuels (7 agosto 1897), la Deutsche Kranke und Sterbekasse (11 diciembre 1897), la Sociedad Chilena de S.M., en 1898 y la Mutual Benefit Society formada por ingleses el 3 de mayo de 1899.
Los primeros directivos de la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos, en 1894, fueron don Augusto Wahlen, Presidente; Félix Córdova, VicePresidente; Federico Lucares, Secretario; Miguel Piedrabuena, Tesorero; Alfredo Carmona, ProSecretario; y Consejeros: Emilio Olmos, Oreste Grandi, Mateo Bermúdez, José Arias y Juan Depolo. La Comisión Calificadora de Socios estuvo integrada por Zacarías Tapia, Sabino Ruiz y Luis Navarro, mientras que la Comisión Revisora de Cuentas se formó con Luis Navarro, Walter Curtze y Lorenzo de Bray.
El "Censo Jeneral del Territorio de Magallanes" de don Lautaro Navarro Avaria, publicado en 1908, daba cuenta de la existencia de 13 sociedades mutuales en Punta Arenas y una en Porvenir: la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos, creada el 1 de junio de 1904.
A principios del siglo XX y hasta 1918, hay que consignar la formación de otras cinco sociedades: la Yugoslovenko Pripocno Drustvo (16 diciembre 1900), la Sociedad Suiza de Socorros Mutuos "Helvetia" (1 agosto 1902), la Sociedad Marítima Internacional de S.M.(5 diciembre 1903), la Sociedad Unión de Carpinteros de Socorros Mutuos (1 febrero 1904), la Sociedad Católica de S.M. (1917), la Sociedad Obrera de Socorros Mutuos (creada en 1917) y la Sociedad Femenina de S.M. (16 junio 1918).
Finalmente, cabe destacar que la formación y desarrollo de las sociedades mutuales en el territorio de Magallanes, estuvo asociada a otras formas de sociabilidad como los clubes sociales, los clubes deportivos, las compañías de bomberos y la propia Cruz Roja, fenómenos que deben ser considerados en relación con el desarrollo social y cultural de esta apartada zona del mundo.

Es importante subrayar aquí que la formación de las sociedades de socorros mutuos aun cuando se deben a intereses y demandas específicas de los trabajadores y habitantes del Territorio, continuó paralela a la creación de otras formas de asociación obrera y sindical.


Por otra parte, y como resulta de la revisión de sus listados de dirigentes y de socios, no todas las sociedades de socorros mutuos estaban constituídas exclusivamente por obreros: de hecho por ejemplo, la Sociedad Española de Socorros Mutuos fue formada y dirigida inicialmente -entre otros- por José Menéndez en marzo de 1895.
Por eso, puede decirse que las sociedades mutuales -sobre todo en este período inicial de su formación- eran organizaciones sociales de ayuda solidaria en la que se integraban algunos obreros, pero no eran organizaciones formadas exclusivamente por obreros.
El mutualismo fue una organización en forma de redes de ayuda y su existencia vino a suplir la falta de hospitales, clínicas e incluso de ayuda médica y farmacéutica.


Sociedad de Beneficencia Portuguesa

"Director de turno durante el presente mes: Serafin Araujo.

Las familias de los socios enfermos deben dirijirse al Director de turno en demanda de auxilio. El Secretario." (193)

Por lo demás, hay que subrayar que el mutualismo que se estableció en Magallanes era originariamente europeo.


Es necesario entender que, con muchos europeos llegaron también a Magallanes las ideas y tendencias sociales, que se disputaban los grandes movimientos sociales en la Europa de la época: las tendencias socialistas, con sus numerosas variantes utópicas, social-demócratas y científicas, el anarquismo (que a fines del siglo XIX se encontraba en una fase de auge y expansión); el mutualismo (que arrancaba sus lejanas raíces de los gremios artesanos de la Edad Media); el cooperativismo; el cartismo inglés de las "Trade Unions"; las influencias provenientes de la Primer Internacional de los Trabajadores y sus sucesores; e incluso de la propia y riquísima experiencia asociativa y de luchas sociales y políticas que habían vivido Francia, Italia, Alemania, España y Europa central después del derrumbe del imperio napoleónico y el despertar de las nacionalidades.
Considérese además, en este sentido, que los inmigrantes europeos provenían de un continente que a partir de 1873 vivió una prolongada crisis económica y social, caracterizada por guerras frecuentes, carestía, hambrunas y bruscos desplazamientos de población desde las zonas rurales hacia las ciudades.
Atraídos por un buen pago, por el deseo de aventura o simplemente por la imagen mítica que tenía la Patagonia en el "imaginario colectivo" de los europeos, y porque en Europa en época invernal no había mucho para hacer, llegaban al país contingentes de inmigrantes para participar en verano en las faenas ganaderas.
Las sociedades ganaderas que traían estos trabajadores golondrinas (especialmente en el caso de ingleses y escoceses) les costeaban el viaje y los devolvían en barco a su país de origen.
Muchos de esos inmigrantes, llegaron al puerto de Punta Arenas, y se alojaron en precarias viviendas. Algunos de ellos, como se podrá apreciar más adelante, eran portadores de ideologías revolucionarias, participaron activamente en la formación de las primeras organizaciones del movimiento obrero magallánico y de las primeras corrientes políticas, ya sea porque adherían al mutualismo, al socialismo o al anarquismo.
Pero, es necesario reconocerlo también, muchos de ellos no tenían ideología política ni disposición a participar en asuntos sociales o gremiales, y se dedicaron única y exclusivamente a trabajar, orientándose por una filosofía del ahorro.
Está por ejemplo el caso del profesor Otto Buchler, quién fuera contratado por el Estado de Chile en su país de orígen, Alemania, para que venga a Magallanes a fundar una escuela, después que éste presentara una propuesta con tal fin. El documento oficial que da forma al contrato, por el cual se acepta la venida de Buchler a Punta Arenas, dice lo siguiente.

"República de Chile. Gobernación de Magallanes, número doscientos sesenta i seis.
Punta Arenas, julio quince de mil ochocientos noventa i cinco. El Subsecretario de Relaciones Esteriores en comunicación nota número mil trescientos cincuenta i nueve, de nueve de mayo último, me dice lo siguiente: En vista de estos antecedentes, decreto: acéptase la propuesta que hace don Otto Buchler para fundar en la población de Punta Arenas un establecimiento de enseñanza mercantil e industrial con arreglo a las cláusulas siguientes:
Primero. El Estado suministrará al señor Buchler i su familia pasaje libre hasta Punta Arenas en cámara de primera clase i le subvenciona con la suma de cinco mil pesos al año mientras esta cantidad se consulte en el presupuesto de gastos jenerales de la administración.
Segundo. Por su parte el señor Buchler se compromete a abrir su establecimiento i enseñar en él los ramos que comprenda un programa que dictará al efecto el Gobernador de Magallanes con aprobación del Gobierno.
Tercero. El establecimiento estará bajo la vijilancia del Gobernador del Territorio, el cual podrá nombrar, si fuere necesario, una delegación de dos individuos que lo inspeccionen más de cerca i le den cuenta periódicamente de su desarrollo.
Cuarto. El Gobierno podrá en cualquier tiempo, poner término a este contrato sin que pueda alegarse por el señor Buchler derecho a indemnización alguna.
Quinto. La subvención a que alude este contrato, le será pagada al interesado por trimestres vencidos menos la correspondiente al primer trimestre de este año que se le entregará a medida que vaya instalándose. El Gobernador de Magallanes en representación del Fisco reducirá a escritura pública el presente decreto.

Tómese razón, rejístrese i comuníquese. Jorje Montt. Luis Barros Borgoño. Lo que trancribo a Ud. para su conocimiento. Dios guarde a Ud. E. Phillips. I yo a Ud. para que se sirva estender la escritura pública correspondiente. Dios guarde a Ud. Manuel Señoret." (194)

Obsérvense las ventajosas condiciones con las que es contratado el profesor Buchler en comparación a aquellas que se referían a los colonos agricultores suizos.

Por su parte, los que llegaron en mejor situación económica, dedicados a las profesiones liberales y el comercio, integraron una incipiente "clase media" regional magallánica.
Otros inmigrantes, no tan afortunados en cuanto primera generación, vieron en algunos casos la posibilidad de ascenso social a través de sus hijos nacidos en Magallanes, los que llegaron a ocuparse como empleados públicos, comerciantes, abogados, médicos.

El proceso migratorio hacia el Territorio de Magallanes, al igual que al resto de la Patagonia, fue creciente desde la década de los años setenta del siglo XIX, hasta que la Primera Guerra Mundial interrumpió la afluencia masiva de extranjeros.


Pero todos llegaron a la Patagonia aportando su propio modo de vida.
Así, mientras los europeos inmigrantes aportaron ideas, experiencias sociales y políticas, y una visión pionera de la vida, los chilotes inmigrantes aportaron experiencia cotidiana, cultura tradicional rural y una visión abnegada de la vida.
Desde estas dos fuentes nutricias, se alimentó en sus orígenes el movimiento obrero y sindical magallánico. La siguiente etapa en el desarrollo organizacional de los movimientos obreros magallánicos (al igual que el resto del movimiento obrero chileno), fueron las llamadas Sociedades obreras de Resistencia, que comenzaron a aparecer a principios de la primera década del siglo XX.
Mientras tanto, el trabajo expandía gradualmente sus medios humanos y materiales.
En 1897, según la ya citada Memoria del Gobernador Mariano Guerrero Bascuñán, las actividades de astilleros, varaderos y carpinteros de ribera daban trabajo a 22 "maestros oficiales", 15 aprendices y 22 capataces. (195).
Según esta misma fuente, en 1896 entraron al puerto de Punta Arenas, 175 buques a vapor y 8 buques a vela. Y en cuanto a la nacionalidad de los buques a vapor, eran 59 barcos alemanes, 1 austro-húngaro, 15 argentinos, 3 chilenos, 1 francés, 94 buques ingleses, y norteamericano y 1 peruano, los que movilizaron ese año 330.776 toneladas de carga. (196)
Como se ha venido observando, en la década de los noventa, la ganadería se convirtió claramente en el eje fundamental de la economía magallánica y patagónica, actividad de la que se derivaban el comercio, la navegación de cabotaje, la exportación de productos derivados a Londres y otros mercados y hasta la artesanía urbana.
Se estaba comenzando a instalar en el Territorio austral, un modelo agro-exportador de economía abierta, cuyos pilares básicos eran el trabajo de obreros inmigrantes, el capital privado de empresarios extranjeros y la explotación de la tierra y la ganadería, para la exportación a los mercados europeos. Por lo tanto, venir a la Patagonia era un atractivo cada vez más interesante, para muchos inmigrantes.
Pero, ¿cómo se desarrollaban las faenas del trabajo ganadero en aquellos años en la Patagonia?
La actividad ganadera cada vez más intensa en inversión, en mano de obra y en equipamiento, comenzaba lentamente a incorporar nuevas técnicas de trabajo, maquinarias y equipos que iban a facilitar una mayor productividad. En particular, en las faenas de esquila de ovejas hacia 1898, “...la esquila se practica a mano como en la jeneralidad de las haciendas...” escribía el Gobernador del Territorio Mariano Guerrero (197), pero ya se comenzaban a utilizar tijeras movidas por motores a vapor o parafina.
Así, describiendo el establecimiento ganadero del pionero ganadero Enrique L. Reynard, escribe el Gobernador antes citado: “...el señor Reynard tiene un galpón...destinado a la esquila de las ovejas, provisto de doce tijeras movidas por un motor a parafina de cinco caballos de fuerza, un almacén para venta i provisión de mercaderías, construído recientemente, con dos pequeños departamentos anexos para empleados, un depósito de lanas, otro para mercaderías jenerales i una ferrovia, sistema De-Cauville, para facilitar el servicio de acarreo de los artículos que llegan o salen del puerto. (198)
Algunas estancias iban incorporando la operación de esquila mediante tijeras accionadas con motores a vapor o a parafina, mientras la mayoría de las explotaciones continuaban trabajando con tijera manual, un procedimiento particularmente simple pero agotador para el obrero esquilador, ya que le exigía destreza en sus brazos y fuerza en sus manos y muñecas.
La inmigración de colonos extranjeros ya había comenzado a crecer, como que según el Censo de 1885, por ejemplo, habían 90 alemanes, 43 españoles, 103 franceses, 291 ingleses, 154 suizos y otras nacionalidades, lo que daba un total de 781 extranjeros.
La Patagonia constituía a fines del siglo XIX un poderoso atractivo para el imaginario de los europeos: era la tierra de la aventura, el fin del mundo desconocido e inhóspito pintado por Darwin, que ofrecía a los europeos en medio de sus crisis económicas y frecuentes guerras, la perspectiva de ser pioneros en una tierra desconocida y lejana.
La pobreza de los campos y las ciudades y la inseguridad de las guerras en Europa, lanzó a muchos de sus habitantes hacia el horizonte casi mítico de la Patagonia.
La presencia de gente del sur de Chile se hacía sentir ya fuertemente en el territorio patagónico, como lo relata -con trazos poco realistas- la prensa local a través del periódico "El Magallanes": "casi la totalidad de la población chilena de Magallanes está constituída por chilotes que han encontrado aquí trabajo bien remunerado y una abundancia y bienestar como jamás se lo imajinaron. Es para ellos la tierra prometida y cuantos vengan tendrán ocupación inmediata y provechosa". (199)
Siempre hacia 1885, la sociedad magallánica presentaba ya una clara diferenciación social y económica, en la medida en que se encontraban ya delimitadas -a los menos- tres grandes categorías socio-económicas: habían entonces 129 agricultores, 46 carpinteros, 18 cocineros, 149 gañanes (obreros sin profesión), 29 labradores, 58 lavanderas, 289 marinos, 41 sirvientes 75 mineros, 11 panaderos, 35 sastres y costureras, 12 empleados particulares, 3 empleados públicos, 16 militares, 88 comerciantes y 10 propietarios, lo que daba un total de 1.104 individuos componentes de la fuerza de trabajo, siempre según el Censo General de 1885.

La Patagonia:

un territorio abierto

a la influencia británica

A fines de la década de los noventa (hacia 1898, para ser más exactos), la economía del Territorio se percibía en plena expansión. Una "economía ganadera de exportación" estaba naciendo en el conjunto de la Patagonia chilena y argentina.


Y, en este contexto, la influencia económica británica era evidente: habían compañías aseguradoras inglesas (Union Assurance Society, Manchester, Waits y Cía.) que tenían representación en el puerto de Punta Arenas, además de bancos (como el Banco de Tarapacá y Londres Ltd.), hoteles, herrerías, talleres de pintura, fundiciones, talleres de imprenta, aserraderos, fábricas de carruajes y carretas, compañías de vapores que hacían la carrera de la costa del Estrecho y el Atlántico y un comercio mayorista y minorista cada vez más extenso.
No es de extrañar entonces que los administradores de las estancias fueran en su mayoría de procedencia inglesa o escocesa y que buena parte de la correspondencia de don Mauricio Braun con sus administradores de estancias y frigoríficos, estuviera escrita en inglés, y que el periódico "El Magallanes" ofreciera ejemplares de contratos de trabajo para la esquila, impresos en español y en inglés.
En las condiciones de la naciente industria ganadera patagónica, todo dependía de la parición de las ovejas y del clima, de la esquila y de la producción que pudiera ser vendida, como se lo manifiesta Sara Braun a su hermano Mauricio Braun, en esta carta inédita del 28 de agosto de 1890: "Estoi muy satisfecha de saber que el invierno ha sido benigno y con esto nuestras estancias no sufrirán aquellas pérdidas de que tuvimos que pasar los años anteriores. Con una buena parición y cosecha de lana no vienen mal para pagar en fuerte los perjuicios causados por la baja de la lana. No hai tendencias que el precio de la lana sufra, parece que se mantendrá lo mismo." (200).
Algo similar ocurría con la naciente actividad de la Patagonia argentina: todo estaba controlado o dependía de mercados, capitales e intereses británicos destacándose en particular, entre otras, la casa comercial Duncan Fox.
En 1894 y 1895, por ejemplo, varias casas comerciales de Punta Arenas anunciaban sus productos en "El Comercio" o en "El Magallanes" en inglés y en español, mientras los propios avisos de suscripción del periódico se publicaban en español, en francés y en inglés...
No obstante esta creciente influencia británica en la economía magallánica, los inmigrantes chilotes comenzaron ya por aquel entonces a constituir el fundamento de una mano de obra de buen precio, para las diferentes faenas que se realizaban en el Territorio.
Frente a la expansión comercial e industrial que vivía la zona austral a mediados de los noventa (se incrementaba el número de barcos con registro en Punta Arenas y los establecimiento comerciales, a la par que el negocio ganadero se expandía a ojos vista), la traída de inmigrantes chilenos -en este caso desde Chiloé- fue una medida deliberada del Gobierno para inducir un crecimiento de la población nativa, frente al número dominante de extranjeros. Así en 1893 fueron traídas desde Chiloé 80 familias, y en 1898, siempre en un buque de la Armada, llegaron otras 80 familias chilotas, muchas de las cuales se radicaron en Magallanes.
Por su parte, en la medida en que la ganadería se transformaba en el eje de la economía magallánica, el tema de la propiedad y la tenencia de las tierras australes estaba ya presente en el debate público a principios del siglo XX, y como se verá a lo largo del relato, se repetirá con frecuencia en el interés de los habitantes del Territorio. "Abogamos por la venta de las tierras, pero tampoco queremos que la Patagonia quede en manos de 10 ó 20 afortunados, escluyendo a los otros que disponen de un capital más pequeño." (201)
Magallanes era a fines del siglo XIX y principios del XX, una tierra de inmigrantes: espacio abierto a la llegada de colonos y aventureros, artesanos y obreros, toda ella mano de obra especializada, dotada de experiencia artesanal y de alguna cultura intelectual básica.

1896:__las_condiciones_de_vida__en_la_Colonia_de_Magallanes'>1895 y 1896:

las condiciones de vida

en la Colonia de Magallanes

Las condiciones de vida y de trabajo de los colonos estaban comenzando a mejorar muy lenta y gradualmente en Magallanes, a partir de la implantación de la ganadería y de la expansión de las actividades comerciales, portuarias e industriales asociadas a aquella.


Probablemente un habitante de Punta Arenas, con una vida de no más de 50 años no podría darse cuenta en 1895 de los cambios que estaban sucediendo a su alrededor. Veamos un panorama de la colonia, en su estado de desarrollo, según la visión del Gobernador del Territorio.


Panorama

de la Colonia de Magallanes

en 1895

El Gobernador del Territorio describía a la colonia de Magallanes, en términos muy optimistas diciendo que: "El carácter especial i cosmopolita de la población de Magallanes es otro de los maravillosos resortes que mueven esta gran máquina progresista que impulsa el territorio hacia un risueño i rico porvenir. Intelijentes, enérjicos i laboriosos, los estranjeros que se han establecido aquí, a la vez que han encontrado una segunda patria i una fortuna para ellos, han traído los capitales i los conocimientos necesarios para hacer nacer i vivificar las industrias a que debe su adelanto la Colonia."


En una comunidad de poco más de 4.000 habitantes, los extranjeros eran notoria mayoría. "Casi todas las nacionalidades europeas estan representadas en número respetable i me es sensible tener que apuntar la circunstancia de encontrarse la nacionalidad chilena en notable minoría como número i como industria o capital. Felizmente todos los esfuerzos del Gobierno tienden a subsanar este mal i así hemos visto llegar a las playas de Punta Arenas, durante los últimos tres años, ochocientos inmigrantes, procedentes de Valparaíso i Chiloé, espresamente enviados en buques del Estado por el Supremo Gobierno quinientos de ellos i el resto por su propia cuenta." (202)
Las condiciones de vida y de trabajo de estos colonos, lo que podría denominarse como la segunda oleada de inmigrantes chilotes llegados a Magallanes, después del período del Fuerte Bulnes, fueron objeto algunos años más tarde, de las ácidas críticas de la Unión Obrera...
La población de Magallanes estimada en 1895 era de 8.200, distribuidos en 4.300 residentes en Punta Arenas, 1.200 considerados como "población rural del continente", 2.000 habitando Tierra del Fuego, 200 en Isla Dawson y 500 en las islas australes. Y agregaba al respecto el Gobernador: "No hai otro centro de población que Punta Arenas. En la Tierra del Fuego por decreto reciente se ha ordenado fundar la población de Porvenir que cuenta actualmente con un centenar de habitantes i cuya importancia se debe casi esclusivamente a los ricos lavaderos de oro que hai en sus vecindades. Los otros pequeños núcleos de pobladores los constituyen los aserraderos donde viven agrupados los trabajadores, chilotes en su mayor parte i a los cuales no se les divisa mayor porvenir i desarrollo." (203)
El crecimiento de Punta Arenas se debía sin duda a la expansión que estaba experimentando la actividad ganadera: "Hace veinte años (1875) la población de Punta Arenas se reducía a un caserío miserable sin más comercio que el de pieles de guanaco i avestruz i cueros de lobos i sin industria alguna. Más allá del río de las Minas o del de Tres Puentes se estendía el bosque impenetrable i más allá aún la pampa inmensa habitada solo por algunas tribus de indios tehuelches."
A su vez, evaluando la riqueza ganadera que se estaba constituyendo, el Gobernador acotaba, no sin dejar de paso un comentario acerca de la diferencia económica, que se estaba produciendo en esta actividad: "El rendimiento de las estancias de ganado lanar, está en razón directa de su estensión. Los títulos provisorios no comprenden, en su mayor parte, sino lotes de 10 a 15.000 hectáreas, mientras hai quienes disfrutan con título regular, de estensiones de 30.000 hasta un millón de hectáreas. Aquellos pertenecen a pequeños capitalistas, a los que trabajan personalmente las tierras, radicando en ellas sus familias i todos sus intereses, i estos últimos a ricos industriales i a sociedades poderosas que apenas tienen representantes en Magallanes." (204)
Esta comunidad local se estaba transformando en un emporio comercial. El Puerto de Punta Arenas tenía, por ejemplo, en 1894, una matrícula propia de 20 barcos de diverso tamaño, número que en 1896 alcanzaba las 33 naves y otras 50 embarcaciones menores.

Pero, veamos ahora cuáles eran las condiciones de vida y económicas de un obrero artesano en el territorio de Magallanes en 1895 y 1896. Interesa comenzar a descorrer el velo que oculta a la Historia y al observador, la forma como se relacionaba el hombre de trabajo con su patrón en los períodos iniciales de la llamada “economía ganadera de exportación”.


Una imagen fugaz de estas condiciones laborales y relaciones entre el capital y el trabajo, la encontramos en estos dos documentos inéditos, los cuales están sin firmas y fueron manuscritos por el propio obrero con su difícil caligrafía.

"Sr. Moritz Braun á Exequiel Garrido DEBE por pintar, empapelar i barinizar según el presupuesto, $ 299,oo."
(205)

No está demás anotar -y no es un hecho anecdótico- el que éste obrero artesano Ezequiel Garrido, que en 1895 trabajaba en faenas como albañil, pintor y empapelador, logró con su trabajo tener hacia 1898 su propio aserradero de leña y maderas y después en sociedad formó una fábrica de carros, no sin que el hombre se haya integrado -como se verá más adelante- en la primera "sociedad obrera de resistencia" del Territorio.




Aserradero "18 de septiembre"

de Ezequiel Garrido

Pampa Redonda

"Leña aserrada para estufas i cocinas, de las dimensiones que se pidan. Zoquetes para edificios, según orden. Recibe órdenes en las casas de A. Whalen i P. Sánchez. Indicar calle i número. Servicio rápido. Precios módicos."
(206).

Algo más de las condiciones económicas que se vivían en el Territorio, se encuentra reflejado en los siguientes precios y salarios.




Salarios y precios

en Magallanes en 1896

Tomando como fuente la "Guía Comercial de Punta Arenas" publicada en julio de 1896, pueden conocerse algunos aspectos de la vida de los habitantes de Magallanes en esa época.


Obsérvese que numerosos precios han sido señalados en los pesos y medidas usuales (ingleses y españoles) de fines del siglo XIX.
Los jornales que se cancelaban en el Territorio de Magallanes y en particular, en la ciudad de Punta Arenas, a algunas de las categorías más frecuentes de obreros, eran las siguientes:
Carpinteros: $ 4 a 7 diarios

Albañil: 4 a 8 diarios

Gañán (obrero sin calificación) 2 a 3 diarios

Sirvientes domésticas: 30 a 40 mensuales

Cocineros, mozos, etc.: 40 a 80 mensuales

Mozos de almacén: 80 mensuales

Niños: 20 a 30 mensuales
A su vez, entre los precios de artículos de primera necesidad, pueden referirse: carne de cordero 0.17 a 0.20 centavos el kilo; leche fresca $ 1.50 el litro; carne salada $ 12.50 el quintal; pan $ 0.10 la libra; verduras surtidas $ 0.22 el kilo; lentejas $ 10 el quintal; papas $ 4.50 el quintal; te a granel (lata de 25 libras) $ 10; fideos blancos primera clase $ 15; velas (cajón de 7,5 kgs.) $ 7; mantequilla en barriles $ 100 el quintal; arpillera para forros de habitaciones $ 4.50 la pieza; aguardiente en damajuanas $ 3.80 cada una; frijoles $ 8 el quintal; aceite italiano $ 11 la arroba; carbón de madera $ 2.20 el saco; harina de piedra $ 6.80 el quintal; sal en sacos $ 3 el quintal. (207)

1896:

aparecen nuevas organizaciones

En 1896 el ambiente social en el Territorio y sobre todo en Punta Arenas, permitía la formación de organizaciones más avanzadas en sus fines y medios.


Varios hechos revelan este ambiente. Por una parte, en marzo de 1896 se constituyó una agrupación de curioso nombre: la "Sociedad Obrera Internacional de Tiro al Blanco", de la cual existen pocos datos respecto de su continuidad, lo que hace presumir que no subsistió a pocos meses de formarse.
Este mismo año de 1896 se tienen escasos datos de la primera huelga de la que se tiene conocimiento en Magallanes: solo sabemos que los obreros de la construcción de lanchas en el puerto de Punta Arenas (o sea, los carpinteros de ribera), paralizaron por tres días en febrero de ese año, en demanda de aumentos salariales, pero se desconoce el resultado de su reivindicación.
Estos obreros, obviamente, no estaban organizados en gremio o sociedad alguna, pero la sola ocurrencia del conflicto constituye un dato significativo.
También a inicios de 1896, se registra la primera reunión de una Logia Masónica en el Territorio, convocada por el inmigrante inglés y comerciante L.L. Jacobs.


A.L.G.D.G.A.D.U.S.F.U.

"Se invita a todos los h.h. mas residentes en el u. de Punta Arenas para concurrir a la casa del q.h. L.L. Jacobs el lunes 17 del presente a las 5 h. p.m. mañana h.h." (208)

En febrero de 1896 por lo tanto, se registra la fecha de fundación de la primera Logia Masónica en Magallanes. Como se apreciará más adelante, ésta entidad desempeñó una significativa influencia en algunas organizaciones sindicales y gremiales, particularmente desde los años veinte y treinta, en los gremios del Magisterio.


A su vez, de acuerdo a las condiciones fijadas por el Gobierno central, se publicaron en Magallanes las franquicias otorgadas a los inmigrantes que quisieran instalarse en el Territorio.
El "Reglamento para el servicio de inmigración libre", publicado en febrero de 1896, establecía entre dichas franquicias: pasajes de 3ª y 2ª clase para los inmigrantes y sus familias, así como "...flete libre para las máquinas i herramientas de trabajo que traigan consigo i que les pertenezcan." (209).
Estábamos en la etapa final del Gobierno de Jorge Montt y en los inicios de la administración de Federico Errázuriz Echaurren.
Poco tiempo antes, el gobierno chileno había instalado en París (Francia) un Agente General de Colonización e Inmigración, que se encargaba de contactar diferentes países de Europa ofreciendo trasladarse a Magallanes.
Paralelamente, en el mismo mes de diciembre se convocó a la formación de una Sociedad Obrera Internacional de Tiro al Blanco, cuyo extraño nombre y finalidades nunca han sido aclarados. Esta organización tuvo su propios Estatutos, sus reuniones periódicas y hasta elecciones de su Directorio.


Sociedad Obrera Internacional

de Tiro al Blanco

"Cito a reunión jeneral a todos los socios de ésta, para hoy domingo 9 del presente a la h. 1 p.m. en punto en el local de costumbre, según lo exije el artículo 15 de nuestros Estatutos. Objeto de la reunión: elección de un nuevo Directorio. El Secretario." (210)

A su vez, en los últimos días de 1896 y principios de 1897, se constituyó la Unión Obrera.



1897:

la Unión Obrera de Punta Arenas,

la primera sociedad obrera de resistencia

de la Patagonia

Detengámonos en detalle en la historia de esta sociedad obrera, la primera de su género en el Territorio de Magallanes y en su periódico "El Obrero", que marcó una época única en la evolución del pensamiento social de los trabajadores, no obstante su breve duración.


Respecto a los primeros pasos para la formación de la Unión Obrera, la crónica del periódico de Punta Arenas escribía al respecto: “Sociedad de obreros. Se dice que el domingo próximo se efectuará una reunión de personas que quieren echar en Punta Arenas las bases de una sociedad de obreros como las que existen en los grandes centros industriales y comerciales.” (211)
Y el primer aviso de convocatoria decía:


A los obreros

"Se invita a los obreros en jeneral a una reunión preparatoria que con objeto de cambiar ideas acerca de la formación de una sociedad obrera de resistencia, tendrá lugar hoy domingo 27 del corriente a las 3 p.m. en el Circo Raffetto. Se recomienda la asistencia". (212)

Y el domingo siguiente, último día del año 1896, apareció el siguiente aviso en el periódico local, reflejando de paso que la idea de constituir una sociedad obrera de resistencia ya había sido adoptada como criterio predominante.




A los obreros

"Se invita a los obreros en jeneral a la reunión que con objeto de dejar definitivamente constituída la sociedad obrera de resistencia, tendrá lugar el domingo 3 de enero a las 3.30 p.m. en los salones del Jardín de Italia. Se recomienda la asistencia." (213)

Cuatro días mas tarde de la segunda sesión, efectuada en el restaurant "Jardín de Italia" del emigrante italiano Luis Berruti, se tomaron acuerdos básicos para constituir la nueva organización.


Aparece en el periódico local: "Unión Obrera. Los promotores de esta nueva asociación se reunieron en la tarde del domingo pasado i acordaron nombrar una comisión de ocho personas para que redactara el proyecto de estatutos por los cuales deberá rejirse. Esta comisión celebrará su primera junta próximamente. Se han inscrito hasta ahora en el libro de matrícula de la Unión Obrera unos 80 individuos". (214)
Meses más tarde, cuando apareció el semanario “El Obrero”, publicaban sus dirigentes el siguiente programa de la organización.



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