Historia Social



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Las primera huelgas obreras


en el norte de Chile

(1890)

El desarrollo del movimiento obrero en Chile fue el producto de un largo proceso de luchas, iniciadas en tiempo de la Colonia española, de donde comienza el proceso de transición que culminará en la segunda mitad del siglo XIX en la consolidación del modo de producción capitalista.


El hecho más relevante fue el afianzamiento del proletariado minero; en las explotaciones de plata, cobre, en la industria fundidora de cobre y, fundamentalmente, el salitre. Hubo también un aumento del numero de obreros carrilanos, que trabajaban en la construcción de las vías férreas. Se registro asimismo un aumento del proletariado rural, sobre todo en la zona centro—sur, y el surgimiento de los primeros núcleos del proletariado industrial entre 1870 y 1890.
Tan solo algunos años antes, en 1871, había sido creada en Europa la Asociación Internacional de Trabajadores, cuyos estatutos anunciaban:
ESTATUTOS GENERALES

DE LA ASOCIACION INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES
Considerando:
que la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la propia clase obrera; que la lucha por la emancipación de la clase obrera no es una lucha por privilegios y monopolios de clase, sino por el establecimiento de derechos y deberes iguales y por la abolición de todo dominio de clase;
que el sometimiento económico del trabajador a los monopolizadores de los medios de trabajo, es decir, de las fuentes de vida, es la base de la servidumbre en todas sus formas, de toda miseria social, degradación intelectual y dependencia política;
que la emancipación económica de la clase obrera es, por lo tanto, el gran fin al que todo movimiento político debe ser subordinado como medio;
que todos los esfuerzos dirigidos a este fin han fracasado hasta ahora por falta de solidaridad entre los obreros de las diferentes ramas del trabajo en cada país y de una unión fraternal entre las clases obreras de los diversos países;
que la emancipación del trabajo no es un problema nacional o local, sino un problema social que comprende a todos los países en los que existe la sociedad moderna y necesita para su solución el concurso práctico y teórico de los países más avanzados;
que el movimiento que acaba de renacer de la clase obrera de los países más industriales de Europa, a la vez que despierta [15] nuevas esperanzas, da una solemne advertencia para no recaer en los viejos errores y combinar inmediatamente los movimientos todavía aislados;
Por todas estas razones ha sido fundada la Asociación Internacional de los Trabajadores.
Y declara:
que todas las sociedades y todos los individuos que se adhieran a ella reconocerán la verdad, la justicia y la moral como base de sus relaciones recíprocas y de su conducta hacia todos los hombres, sin distinción de color, de creencias o de nacionalidad.
No más deberes sin derechos, no más derechos sin deberes.
En este espíritu han sido redactados los siguientes Estatutos:
1.- La Asociación es establecida para crear un centro de comunicación y de cooperación entre las sociedades obreras de los diferentes países y que aspiren a un mismo fin, a saber: la defensa, el progreso y la completa emancipación de la clase obrera.
2.- El nombre de esta asociación será «Asociación Internacional de los Trabajadores».
Por lo tanto, los obreros tendrían que comprender que solo ellos podían lograr vencer los obstáculos del sistema capitalista de dominación y reivindicar sus derechos.
Los salarios, muchas veces pagados en fichas sólo canjeables en la pulpería del patrón, variaban entre 20 centavos y un peso diario. Los patrones demoraban dos y tres meses en el pago de los salarios. La huelga —como arma de los trabajadores para enfrentar los abusos patronales, el mal trato y los bajos salarios— se generalizó en la segunda mitad del siglo pasado, aunque antes hubo huelgas en la zona del carbón y de la plata.
A la cabeza de estas luchas estuvieron los mineros, ferroviarios, portuarios y obreros de la construcción. Una de las huelgas más combativas fue la de los obreros del carbón en septiembre de 1888 en Lota. El periódico burgués “La Libertad Electoral” informaba que las “turbas asaltaron -y tomaron el cuartel de policía que destrozaron y trataron de incendiar. No lo consiguieron sino en la parte destinada a las caballerizas; atacaron las casas de comercio de Waldner y Copelli, las que desvalijaron por completo.
Las huelgas de los jornaleros de los puertos, especialmente del Norte, eran temidas por la burguesía porque dejaban paralizados los embarques de salitre y cobre. Los tipógrafos también se declararon en huelga en julio de 1888, exigiendo los cajistas el pago diario de 30 centavos por el mil de letras. A la semana siguiente, se declararon, en huelga los canillitas, vendedores de “El Mercurio” de Valparaíso, exigiendo que se los vendiera el diario a tres centavos en vez de cuatro.
La publicación denominada “Revista Económica”, dirigida por el conservador Zorobabel Rodríguez, hizo un balance de las huelgas de 1888, caracterizándolas de comunistas presentándolas como “el fenómeno del año” (Año II, tomo III,p.347, Santiago, 1988). El movimiento huelguístico alcanzó su culminación en el año 1890, mientras se incubaba el conflicto político e institucional que terminaría con el gobierno de Balmaceda.
El movimiento de 1890 puede caracterizarse como una huelga general escalonada que comenzó en el norte y que se extendió gradualmente hasta la región de Concepción. En rigor, no fue una huelga general simultanea en todo el país, sino una serie ininterrumpida de huelgas por gremios y por provincias. Los motivos de la huelga fueron aumentos de salarios, supresión de la ficha—salario, pago del salario en moneda de plata en lugar de papel moneda para contrarrestar la inflación y mejores condiciones de trabajo.
Todo comenzó en Iquique.
En efecto, los lancheros de Iquique iniciaron sus manifestaciones el 2 de julio de 1890 con una concentración de 5.000 personas. El 4 de julio de 1890, “El Mercurio” publicaba un telegrama recibido de Iquique: “Graves desórdenes en Iquique. Choque de la tropa y bomberos con el populacho, 38 heridos. La huelga de los lancheros y trabajadores toma proporciones inmensas. Grupos numerosos recorren las calles atajando los coches y vehículos impidiendo todo trabajo. El gremio de los lancheros, que también toma parte en la huelga, exige el pago de sus sueldos en plata”.
La huelga se extendió el 17 de julio a toda la provincia de Tarapacá, a las oficinas de San Donato, Ramírez, Tres Marías, Sacramento, San José, Peña Chica, Constancia, Mercedes, Rosario, etc., abarcando unos 10.000 obreros de las salitreras y a los portuarios de Pisagua. Los obreros ya en plena huelga expropiaron o mejor dicho, hicieron recuperación de bienes del pueblo, en las pulperías y cortaron las vías del ferrocarril de Iquique para impedir la llegada del Ejército, que ya habían trabajadores en otras oficinas salitreras. El l3 de julio se plegaron los portuarios de Arica.
El 11 de julio estalló el paro en Antofagasta, encabezado por los ferroviarios. Las manifestaciones, que llegaron a contar con 3.000 huelguistas en esta ciudad, fueron reprimidas por los militares, registrándose numerosas muertes y heridos.
El 21 de julio comenzó la huelga en Valparaíso. Los obreros de la Compañía Sudamericana de Vapores se pusieron a la cabeza del movimiento, recibiéndose de inmediato el apoyo de los obreros portuarios y de los panaderos del puerto. En la tarde de ese día, casi todos los trabajadores de Viña del Marx y Valparaíso estaban plegados a la huelga. El ataque de las fuerzas represivas en Valparaíso provocó la masacre de 12 muertos y 500 heridos. El político balmacedista Julio Bañados, en su libro “Balmaceda. Su gobierno y la revolución de 1891”, tomo I, p. 517, París, 1894, señalaba que los trabajadores exigían que “...se les pagara en plata o su equivalente en billetes y la supresión definitiva del 25% que se les descuenta a los jornaleros por derecho a muellaje y el 12% para la Caja de Ahorros. Los huelguistas se derramaron por la ciudad en pequeños grupos y saquearon 7 casas de prendas, 30 despachos, tres almacenes, una fábrica de fideos, una de galletas, una carnicería y una panadería (...)Los desórdenes duraron tres días, del 21 al 23 de julio. El gobierno envió en el acto al General Valdivieso que fue nombrado Comandante General de Armas y las tropas necesarias para salvar la ciudad del desastre que la amagaba. Para cualquier evento se ordenó que estuvieran listos trenes para el envío del Buin”. A pesar de la represión, la huelga de los lancheros, jornaleros, panaderos y obreros mecánicos continuo varios días.
El movimiento huelguístico se extendió durante el mes de julio de 1890 a Santiago, Quillota, Talca, Lota y Coronel. Los diarios y políticos burgueses usaron toda clase de epítetos contra los trabajadores, acusándolos de vándalos, ladrones y pillos, y azuzando a las Fuerzas Armadas a una represión más generalizada. Según algunos autores, el presidente Balmaceda habría intentado frenar la represión. Sin embargo, la masacre de obreros fue el motivo para que los trabajadores no respaldasen al gobierno nacionalista con ocasión de la guerra civil desencadenada por los reaccionarios y pro imperialistas ingleses seis meses después de esta huelga general.
Esta serie de huelgas, que pueden ser consideradas como la primera huelga general producida en América Latina, abarcó a miles de trabajadores que por primera vez en la historia latinoamericana lograron coordinar un movimiento huelguístico de alcance nacional. La experiencia de lucha adquirida por las nuevas capas obreras chilenas forjó gradualmente una conciencia de clase que, a principios del siglo XX, se traduciría en la creación de la Federación Obrera de Chile (FOCH).

Magallanes y la Patagonia llevaban por su parte un ritmo de desarrollo y de expansión económica que no presagiaba aún la creación de organizaciones obreras. En este ambiente de crecientes migraciones desde Europa, se registra la aparición de las primeras Sociedades Mutuales de Magallanes y de toda la Patagonia.


Pero estos extranjeros llegaron a un territorio donde habían escasas poblaciones, apenas una ciudad (Punta Arenas), una autoridad que todo lo sabía y lo administraba y con una sociabilidad casi inexistente: algo así como un "far-west" o “far-south” patagónico...
La única ciudad del Territorio (si es que el concepto de ciudad sirve para referirse a una pequeña comunidad de 4.000 habitantes) era Punta Arenas, una localidad que pujaba por surgir con su pequeño comercio, con sus talleres artesanales, con su puerto cada vez más activo, con su multitud de colonos extranjeros y chilenos, con sus calles de tierra o recién empedradas.
Veamos algo de la localidad de Punta Arenas en el momento en que se comenzaron a formar las mutuales.
J.F. Fowler, un ingeniero especialista que propiciaba algunas iniciativas progresistas, describía la ciudad en invierno, en su informe de propuesta para la instalación de alumbrado eléctrico: "Durante las largas noches del invierno casi polar de aquella latitud, las calles permanecen cubiertas de nieve i sumidas en profunda oscuridad. Allí no se emplea ni siquiera el alumbrado de sebo o de parafina en las calles públicas. Aún el que se usa dentro de las habitaciones particulares o de las oficinas públicas es el alumbrado primitivo de parafina." (189).
Esos inmigrantes europeos más los chilotes que ya llegaban a radicarse o a trabajar la temporada, se encontraron entonces desamparados frente a las inclemencias del clima, de la geografía, de la escasa legislación y de un trabajo duro.
Pero en esta época, la actividad ganadera se estaba convirtiendo en el sector productivo más dinámico de la pujante economía de Magallanes y de toda la Patagonia austral.
Julius Popper, el celebre aventurero de Tierra del Fuego nos brinda esta certera y bien informada descripcion de la vida economica en las tierras australes.

En la región Este de Tierra del Fuego, en el vecino Territorio de Magallanes, sucede en materia de ganado lanar igual cosa que en Malvinas.


Hace dos años Magallanes contaba con 2.000 habitantes y con 250.000 ovejas. Hoy día cuenta con 6.000 pobladores y con cerca de 600.000 cabezas de ganado, de modo que en el breve término de dos años triplicó el número de sus habitantes y de su ganado ovino.
También aquí la riqueza de los pobladores ha aumentado en la misma proporción y á veces aún más que en las islas Malvinas, porque al par con esa industria, hay la caza de anfibios, la explotación de bosques y minas y el comercio del Estrecho, que ha venido a dar recientemente un considerable impulso á su desarrollo. Pero las grandes fortunas de sus principales pobladores, acumuladas sin base de capital tomar origen principalmente en la cría del ganado lanar. En este territorio como en el de Malvinas, no hai una sola hectárea de tierras disponibles.
A cada lado del Estrecho de Magallanes y en cada punto que ofrece pasto se ven casas, estancias y poblaciones...
Según informe del gobernador de Magallanes, se han extraído en dicho año 1.200 kilogramos de oro, pero resulta de los datos recojidos en las casas exportadoras de Punta Arenas y en las agencias de vapores que hacen escala en el Estrecho, que la cantidad de oro embarcada en el año 1892 asciende a dos toneladas...” (190)

Mientras tanto, las corrientes migratorias continuaban llegando a las costas australes. Entre 1894 y 1895, por ejemplo, llegaron en los sucesivos barcos que "hacían la carrera" en la costa chilena, alrededor de 250 chilotes inmigrantes.


En este contexto se comenzaron a formar las sociedades mutuales.
Es importante subrayar que, a diferencia de lo ocurrido en el resto de Chile, las mutuales magallánicas surgieron bajo el directo influjo de los trabajadores y artesanos extranjeros emigrados al Territorio, quienes trajeron de Europa las ideas y experiencias del mutualismo.



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