Historia Social



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La formación de la riqueza ganadera


en Magallanes y en la Patagonia

Entre 1843 y 1876, los extensos campos de la Patagonia y de Magallanes permanecieron prácticamente inexplotados y poco explorados. Como se ha visto, en esta primera etapa del desarrollo económico de Magallanes, las actividades económicas estaban orientadas por las necesidades de subsistencia, de manera que solo una agricultura de chacarería, la pesca artesanal, y la explotación de las minas de carbón cercanas a Punta Arenas, daban algún trabajo a los colonos, peones y gañanes que llegaban por estas tierras.


El resto de las tierras patagónicas eran un espacio desconocido, susceptible para las correrías de los aborígenes. Pocos eran los colonos y habitantes que se atrevían a internarse en estos campos.
Sólo se entregaron algunos pequeños lotes de terrenos en los alrededores de Punta Arenas, los que eran destinados a alguna agricultura de chacarería y la crianza de vacunos y porcinos.
En el período inicial de colonización y poblamiento, las primeras ovejas fueron traídas desde Chiloé y desde Valdivia, pero no existía en los años de 1850 o 1860 una visión de las posibilidades ganaderas del Territorio.
De hecho, en 1855 habían aquí 55 ovejas y en 1868 eran 240, la mayoría de las cuales se criaban en el sector de Agua Fresca al sur de Punta Arenas.

Las primeras ovejas

malvinenses en la Patagonia

Los inicios de la explotación extensiva de la ganadería ovina en la Patagonia se remontan a 1876, cuando el Gobernador Diego Dublé Almeyda concibió la idea de traer ovejas desde las islas Falklands/Malvinas donde su crianza daba excelentes resultados gracias a la experiencia de los ovejeros escoceses allí radicados.


A fines de 1876 trajo Dublé Almeyda 300 ovejas desde las islas Falklands/Malvinas las que vendió en Punta Arenas al comerciante Enrique Reynard, quién las instaló en la Isla Santa Isabel (un islote de 3.500 hectáreas) frente a Cabo Negro en el Estrecho de Magallanes.
Motivados por los resultados de esta primera internación de ovejas y su aclimatación, otros emprendedores se iniciaron en el negocio ganadero. En 1878 José Nogueira, comerciante y armador, trajo desde las mismas islas una partida de 300 ovejas para el empresario Cruz Daniel Ramírez, las que instaladas en la isla Magdalena perecieron todas por las condiciones geográficas adversas.
Ese mismo año, Mario Marius, colono suizo, importó desde Malvinas una partida de ovejunos que instaló en los terrenos de San Gregorio, y aunque asociado con Justino Roca tuvo éxito, vendió sus derechos y animales a José Menéndez.
En 1882, creció el número de ovejas traídas desde el archipiélago, traídas por José Menéndez, para su estancia en San Gregorio, Enrique Reynard para su campo en Oazy Harbour, José Nogueira para su estancia en Pecket Harbour y por Waldron y Wood, para su establecimiento en Punta Delgada, de manera que en 1883, habían 30.000 cabezas en el Territorio de Magallanes.
Inicialmente, éstos incipientes empresarios hubieron de traer desde Malvinas/Falklands algunos ovejeros ingleses, para que realizaran el trabajo de cuidado y manejo de los aún limitados piños.
La necesidad de contratar mano de obra escocesa e inglesa ya sea en las islas o en la propia Gran Bretaña, que se extendió a lo largo de los últimos veinte años del siglo XIX y primeros diez del siglo XX, se originaba en el mejor conocimiento y experiencia de estos ovejeros, vínculo que facilitó además, la aclimatación de razas lanares típicamente inglesas como la "Romney March" y "Corriedale", así como la venida anual desde Inglaterra de expertos clasificadores de lanas británicos.
Los primeros estancieros, tuvieron que enfrentarse a innumerables contratiempos, no siendo el menor las dificultades para el traslado de las ovejas desde las Malvinas.
Los subidos fletes y las mortandades sufridas en el viaje por mar, significaban pérdidas de hasta una libra esterlina por cabeza, a lo que había que agregar la rudeza del clima patagónico, las frecuentes correrías y robos de ganado realizados por los aborígenes invadidos en sus tierras ancestrales, además de las depredaciones realizadas por los pumas y zorros.
Además, estos emprendedores recién introducidos en el negocio ganadero apenas conocían sus particularidades técnicas de gestión, por lo que hubieron de recurrir a los servicios de capataces y administradores expertos, y para ello, también recurrieron a sus contactos en Inglaterra o mediante la casa Duncan Fox & Co., a través de la cual se consiguió contratar experimentados administradores ingleses o escoceses, entre los cuales, los más caracterizados aunque no los únicos fueron Alexander A. Cameron, Thomas R. Burbury y L.R. Greer.(173)
Pero, ¿quienes trabajaban en las estancias en éstos primeros tiempos de la ganadería?
Ilustrativa resulta la descripción que hace el médico de ciudad Lautaro Navarro Avaria en 1897, donde deja entrever algo de las condiciones laborales de estos obreros.
Los primeros pioneros de la ganadería recurrieron al trabajo de ovejeros británicos, como lo manifiesta Lautaro Navarro en 1897: “Jeneralmente se emplea un ovejero para cada 2.000 ovejas, cuando éstas están en campo abierto. Este ovejero, que es casi siempre un escocés, tiene una piara de seis caballos i dos perros para su servicio. En potreros, un hombre puede asistir un número mucho mayor de ovejas.” Y refiriéndose a la importancia creciente que estaba teniendo el trabajo de los ovejeros y esquiladores, dice el mismo Lautaro Navarro: “Ya a mediados o a fines de noviembre la colonia se despuebla. Centenares de hombres se van a las numerosas estancias a ofrecer sus servicios para la esquila. De ordinario, un individuo que ya tiene alguna práctica puede esquilar en un día (doce horas de trabajo constante, con los intérvalos de desayuno i comida) hasta 120 hembras o 100 capones. Hai personas que han esquilado hasta 200 animales en un día, pero son estos verdaderos ‘tour de force’. Hasta ahora los ingleses ovejeros son los más aptos para este trabajo, pero desde algún tiempo se encuentran chilenos que los igualan i no tardarán en sobrepasarlos, una vez que adquieran la práctica suficiente. La esquila se hace, en las haciendas de importancia que cuentan con las instalaciones necesarias, en grandes galpones mui subdivididos.” (174)

Las primeras concesiones

y remates de tierras

Este mismo año 1883 el Gobernador Sampaio, comprobada ya la factibilidad de asentar la ganadería, sugirió al Gobierno de Federico Santa María que se intentara dar en arrendamiento los campos patagónicos más apropiados para destinarlos a la explotación ganadera extensiva.


La respuesta en la capital fué positiva y el primer remate de tierras -abarcando 90 lotes de tierras fiscales en la península de Brunswick y costa oriental del Estrecho de Magallanes- por un total de 570.325 hectáreas, se efectuó a fines de 1884. En esta primera ocasión, los beneficiarios de los remates fueron empresarios como Guillermo Wahlen, José Nogueira (con 30.000 hectáreas), J. Waldron, Thomas Fenton, José Menéndez, Mauricio Braun y Julio Haase, entre otros.

Las grandes concesiones

de tierras

En el proceso de decisión en Santiago, respecto de las concesiones de tierras fiscales, la opinión de los Gobernadores del Territorio era fundamental. Pero intervenían aquí dos factores adicionales: por un lado, el conocimiento y cercanía que la autoridad en Magallanes tenía con los propios emprendedores y sus familias, y por otra parte, la intensa labor de "lobby" que varios de ellos hacían directamente en las altas esferas gubernamentales en la capital.


Para este esfuerzo de lobby (que hicieron por ejemplo, en su ocasión Nogueira, Blanchard, Braun o Menéndez directamente, o a través de abogados y comisionados especiales), como se ha visto anteriormente, la extensión de los negocios ya instalados en Magallanes y la Patagonia por estos empresarios, servía como "seguro de garantía", a fin de mostrar éxito y voluntad de radicación en el Territorio.
Pero además, el dicho popular aquel de que "la plata llama a la plata" funcionaba plenamente por aquel entonces.
En virtud de todos estos factores, y bajo la motivación de propender a un efectivo poblamiento del Territorio y fortalecimiento de la naciente explotación ganadera, desde 1887 a 1891, el Estado de Chile hizo nuevas concesiones de tierras en la Patagonia continental y en la Tierra del Fuego, en vista del buen resultado obtenido gracias a la calidad de las pampas para la explotación ganadera: Mauricio Braun recibió otras 20.000 has. adicionales, Gastón Blanchard (hermano de Juan Blanchard y asociado con Braun) recibió 20.000 has. en Ciaique; la Sociedad Wehrhahn se hizo acreedora de 120.000 has. en Tierra del Fuego; José Nogueira (en 1889) recibió 180.000 has. en la parte norte de la Isla; Mauricio Braun, también en 1889 recibió 170.000 has. en terrenos aledaños a la primera concesión Nogueira y finalmente en 1890 (9 de julio), José Nogueira recibió una concesión de 1.000.000 de hectáreas también en Tierra del Fuego.
En junio de 1890, a su vez, el Estado de Chile entregó por 20 años a la Congregación de los Padres Salesianos la isla Dawson, a fin de prolongar sus esfuerzos de evangelización de las razas aborígenes australes, y donde aquellos fundaron una Misión dedicada al efecto.
En 1893, Mauricio Braun con sus propias tierras arrendadas, más las que pertenecían a la sucesión del recién fallecido José Nogueira con quién estaba casada su hermana Sara, constituyó la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego. Las tierras entregadas a estos empresarios fueron atribuídas por el Estado a 20 años plazo.
Hacia 1893, en consecuencia, ya habían sido constituídas varias sociedades ganaderas, sobre la base de las concesiones mencionadas con capitales regionales, del resto del país e incluso del extranjero. Las principales eran, la ya mencionada Explotadora de Tierra del Fuego, la Tierra del Fuego Farming Company, la Sociedad Wehrhahn & Co. y la Philip's Bay Sheep Farming Company. (175)
Otros empresarios instalados en la Patagonia como Francisco Arnaud, Henry Wagner, Francisco Poivre, John MacLean y otros, obtuvieron entre 1891 y 1893 concesiones o permisos de ocupación de suelos en la Patagonia continental, las que llegaron a ser unas 250.000 has.
Por lo tanto, hacia 1893 existían ya en el Territorio de Magallanes 23 estancias funcionando, con una dotación total de 500.000 cabezas de ganado ovejuno.
Al mismo tiempo, desde 1895 en adelante se registra el proceso de construcción de los cascos de las estancias más importantes del Territorio: “Los cascos del período formativo de la industria ganadera ovina en los tres distritos de la región de Magallanes se construyeron en poco más de dos décadas, o sea, entre 1895 y 1920.” (176).
Siguiendo un modelo constructivo característicamente británico y escocés y traido inicialmente a la Patagonia por albañiles y constructores ingleses, después los carpinteros y albañiles chilenos continuaron la construcción de estos “complejos pecuario-industriales” que eran las estancias patagónicas: en lugares elegidos por su cercanía a los caminos (huellas) o al mar, estos “maestros de obra” levantaron las casas patronales, las bodegas, galpones de esquila, pesebreras, oficinas, corrales, bretes, herrerías, graserías, cocinas, comedores y casas de alojamiento para los empleados y obreros, según una distribución espacial que repetía la jerarquización social propia de las relaciones laborales de esa época.
Las casas del administrador, las oficinas y la vivienda del capataz, marcaban la diferencia con las modestas casas de los obreros, con la calidad de su construcción.
Las faenas de alambrado de los campos (en base a una técnica también traída desde Escocia y Australia), servía al mismo tiempo para delimitar las tierras, y dificultar el acceso a intrusos e indígenas nómades: los peones alambradores formaban grupos o “comparsas” que realizaban un trabajo duro y exigente, sometido a todos los rigores del clima patagónico.
La construcción de las edificaciones siguió también un patrón constructivo característico: estructura en vigas de madera y techumbre y cubierta exterior de las paredes en fierro acanalado, galvanizado y pintado de rojo ocre, todo hecho para soportar los fuertes vientos de la pampa.
Mientras tanto, seguía el proceso administrativo y jurídico de las concesiones de tierras.
A continuación, con el respaldo del Gobernador Manuel Señoret se impulsaron nuevas concesiones, esta vez especialmente en la recién explorada zona de Ultima Esperanza.
Los primeros colonos y estancieros que recibieron permisos de ocupación o concesiones fueron Hermann Eberhard y Augusto Kark, pero a continuación resultaron beneficiados otros emprendedores como Rodolfo Stubenrauch, José Bucksbaum, Claudio Paton, Carlos Heede, Juan Towedie y C. Gliman entre otros.
Otras concesiones se otorgaron también a colonos en las islas Navarino y otras al sur del canal Beagle donde se constituyeron pequeñas explotaciones.
Hacia 1900 (Decreto del 26 de enero) por su parte, y definitivamente confirmada la vocación ganadera de las grandes pampas magallánicas, el Estado de Chile procedió a otorgar más tierras a particulares, mediante remates de arrendamientos, por una superficie total superior a las 300.000 has., las que fueron asignadas a veintidos empresarios, entre los cuales los más caracterizados eran Mauricio Braun (25.000 has.), John Cameron, Stanley Wood (30.000 has.), Manuel Iglesias (29.294 has.), W.B. Waldron (30.000 has.), Arturo Waldron (30.000 has.) y John MacLean (10.000 has.).

La formación

de las grandes sociedades ganaderas

A principios del siglo XX, la mayoría de las grandes y mejores extensiones de tierras fiscales en Magallanes, ya habían sido concesionadas o arrendadas para las sociedades o empresarios particulares mencionados.


Ahora vino entonces el turno de las tierras fiscales más cercanas a las localidades pobladas y a las de menor extensión.
Así, entre 1900 y 1903 se volvieron a rematar tierras fiscales, con un propósito de subdivisión e "hijuelación". Una ley del 13 de enero de 1902 facultó al Estado para vender tierras a particulares en Magallanes, de donde resultaron cinco remates de tierras, efectuados entre marzo de 1903 y septiembre de 1906, en los que se remataron un total de 1.756.882 has. a un valor promedio de $ 7.27 la hectárea.
En menos de veinte años, el proceso de acumulación y concentración de la propiedad de las tierras en Magallanes, dio un salto considerable.
Es el caso paradigmático de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, que entre 1893 y 1910, es decir en solo diecisiete años, se convirtió en la más grande empresa de explotación ganadera de la Patagonia y probablemente del mundo, por la extensión de sus tierras bajo una sola propiedad.
En 1893, la Explotadora se constituyó sobre la base de la concesión otorgada a José Nogueira en 1890 por 1.000.000 de hectáreas. A partir de este momento, el proceso de expansión y concentración del capital de esta empresa no se detuvo.
Así, en el remate de tierras de septiembre de 1905 la Sociedad adquirió 380.000 has. en Ultima Esperanza y 7.500 en la Patagonia continental. A fines de 1905 la Explotadora se fusionó con la anterior Sociedad "La Riqueza de Magallanes", que disponía de dos concesiones mayores: una por 350.000 has. en Tierra del Fuego y otra por 600.000 has. en Isla Riesco y otros puntos del Territorio, las que pasaron ahora a dominio del creciente conglomerado.
A su vez, en 1907 compró 107.000 has. pertenecientes a la anterior Sociedad Explotadora de Cerro Palique ubicadas en la Patagonia argentina y contiguas a las anteriormente rematadas: por ello, tiene sentido las afirmaciones populares de que la frontera entre Chile y Argentina atravesaba los campos de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego...y que Chile limita al sur con la Explotadora...
En 1910, la Sociedad adquirió los activos y pasivos de la Sociedad Ganadera de Magallanes, su principal competidora hasta ese momento en los remates y concesiones de tierras, incorporando a su patrimonio otras 356.000 has. en la Patagonia chilena.
Su proceso de expansión continuó hasta principios de la década de los veinte, cuando compró otros lotes de tierras en la Patagonia argentina, en Ultima Esperanza y Tierra del Fuego, hasta llegar a configurar en 1924 un patrimonio total de 945.770 hectáreas, una dotación de 1.778.613 ovejas y un capital de 1.800.000 libras esterlinas. Ese mismo año de 1924, las utilidades líquidas del balance ascendieron a 921.551 libras esterlinas, 7 chelines y 3 peniques.
En 1905 se constituyó a su vez, la Sociedad Ganadera Gente Grande, sobre la base de las 120.000 has. de la concesión Wehrhahn. En 1924, esta Sociedad poseía 50.000 has. propias en la Isla Dawson, 400.000 has. propias tambipen en Neuquen (Argentina) y 73.700 has. arrendadas en Tierra del Fuego, con una existencia total de 156.956 ovejunos, 2.528 vacunos y 1.337 caballares y con un capital de 400.000 libras esterlinas. Su administrador a mediados de los años veinte era el inmigrante inglés Ernesto W. Hobbs.
Otra sociedad de importancia en los primeros diez años del siglo XX, fué la Sociedad Ganadera "Laguna Blanca" con 137.932 has. de su propiedad y 20.000 en arrendamiento y una dotación de 135.000 cabezas de ovinos, empresa que operaba con un capital de 230.000 libras esterlinas, con su gerencia instalada en Valparaíso y su administrador en Punta Arenas A. Ross.
Finalmente cabe consignar la formación de la Sociedad Industrial y Ganadera de Magallanes, en 1914, la cual operaba diez años más tarde con 483.700 has., de las cuales 207.300 se situaban en la península de Brunswick y 276.400 en Tierra del Fuego, con un capital de 150.000 libras esterlinas.
Se constituyeron así verdaderos conglomerados empresariales, extendidas como redes de empresas en Chile y en Argentina, con múltiples vínculos con Europa y Norteamérica. En estas explotaciones ganaderas extensivas, mientras el trabajo de cada vez más peones y obreros especializados producía la riqueza, el capital se asociaba íntimamente con los negocios y mercados ingleses, los que a su vez, suministraban el personal directivo (administradores, capataces) que aquellas necesitaban.
La mayoría de estas empresas, por su parte, operaban financieramente con bancos ingleses de Punta Arenas, o contribuyeron a crear bancos con capitales regionales o directamente con entidades bancarias de Gran Bretaña, pero también se vincularon a la economía internacional, a través de las compañías de seguros y de las bolsas de valores inglesas, francesas y alemanas, donde se transaban los productos regionales.
Así se formó esta economía ganadera de exportación en la Patagonia pero, tan pronto como surgieron las grandes concesiones y las primeras sociedades ganaderas, se inició también una de las más prolongadas polémicas en la opinión pública magallánica: la cuestión de la subdivisión de las tierras y las ventajas o desventajas de la propiedad latifundiaria, debate que atraviesa toda la primera mitad del siglo XX.
Dos ejemplos característicos de estos conglomerados empresariales son la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego y la Sociedad Anónima Ganadera y Comercial Menéndez Behety, siempre entendiendo que la enorme riqueza acumulada por estos descomunales imperios empresariales de la Patagonia, tiene su origen no tanto en la audacia inversora de algunos avezados emprendedores –que ya tiene valor por si misma- sino sobre todo en el trabajo abnegado, anonimo y pionero de miles y miles de peones, obreros, empleados y artesanos.
Veamos una rápida descripción de la red de empresas e intereses que constituyó la Sociedad Anónima Ganadera y Comercial Menéndez Behety.
Los negocios iniciados por José Menéndez en 1874 fueron convertidos en dos sociedades anónimas, una fué la Sociedad Anónima Ganadera y Comercial Menéndez Behety, creada en 1911 y con sede en Punta Arenas, y la otra fué la Sociedad Anónima Ganadera Argentina Menéndez Behety, creada en 1918 y con sede en Buenos Aires.
La rama argentina del conglomerado dirigía y controlaba las siguientes empresas: la Compañía Frigorífica Argentina de Tierra del Fuego, la Sociedad Cooperativa Frigorífica de Puerto Deseado, la Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia (con 24 sucursales comerciales diseminadas por toda la costa argentina), la Sociedad Anónima Ganadera Nueva Oriental (situada en Santa Cruz y Chubut), la Sociedad Anónima Ganadera Valle Huemules (también en el Chubut), la Sociedad Anónima Ganadera Los Lagos (con estancias en Viedma y San Martín), la Sociedad Anónima Ganadera y Comercial Estancias Uspallata (con establecimientos ganaderos en Mendoza), la Sociedad Anónima Ganadera La Nacional (con estancias en la provincia de Córdoba), la Sociedad Anónima La Fármaco-Argentina (dedicada a la fabricación de productos químicos, jabones y fármacos de uso ganadero) y la Sociedad Anónima Salinas Hermanos (con una fábrica de bolsas de género, lonas y arpilleras).
Pero además, ésta rama argentina del conglomerado, era propietaria de la Compañía de Alumbrado Eléctrico de Rio Gallegos, la Sociedad Anónima Eléctrica de Santa Cruz, la Compañía Telefónica y Luz Eléctrica del Chubut y la Empresa Telefónica del Sur, instalada en Comodoro Rivadavia.
Por su parte, la rama chilena de este imperio, estaba dirigida por la Sociedad Anónima Ganadera y Comercial Menéndez Behety, desde Punta Arenas, la que operaba con cuatro secciones: la Sección Comercial (dedicada a la importación y exportación de mercaderías en general); la Sección Marítima (que atendía el cabotaje en el Estrecho de Magallanes, puertos del Pacífico y Tierra del Fuego, con 6 vapores, 3 remolcadores un pontón-depósito y varias lanchas y chatas, además de muelles y malecones, bodegas de depósito y un taller mecánico para reparación de embarcaciones); la Sección Mina Loreto (que operaba una mina de carbón de 30.000 toneladas anuales de producción, ubicada a 8 kms. de Punta Arenas, unida a ésta por una línea de ferrocarril de trocha angosta, y que abastecía las necesidades de consumo doméstico e industrial y de los buques de cabotaje); y una Sección Aserraderos (que abastecía el Territorio de Magallanes, Tierra del Fuego y los puertos de la costa atlántica argentina, y que poseía además un área de producción de puertas, ventanas, muebles, molduras y materiales de construcción).
Además, la rama chilena de la empresa tenía intereses o parte del capital de las siguientes entidades: la Compañía Frigorífica de la Patagonia (con un frigorífico establecido en San Gregorio), la Compañía Industrial y Ganadera de Magallanes (dedicada a la ganadería y la explotación de bosques), la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego (constituída, como se ha visto, en 1893 por Mauricio y Sara Braun, sobre la base de las concesiones otorgadas a Nogueira), la Compañía de Electricidad de Punta Arenas, la Compañía Telefónica de Magallanes y la Compañía de Seguros La Austral. (177)

A fines de la década de 1870, el sector más dinámico de la economía magallánica era el comercio de exportación e importación, es decir, la actividad productiva y comercial de la Patagonia estaba ya fundamentalmente orientada hacia el mercado mundial, pero ademas, la ganadería se aproximaba a su momento de despegue.


¿Qué es lo que explica que Magallanes y la Patagonia hayan seguido este rumbo, desde fines de la década de 1870?
Aquí se produjo una feliz e irrepetible combinación de factores económicos, sociales, políticos e internacionales, pero también hay que incorporar el ingrediente del temple pujante de esos emprendedores y obreros que invirtieron, trabajaron, se atrevieron a innovar y perseveraron.

Los principales elementos que posibilitaron el desarrollo de esta orientación exportadora de la economía de la Patagonia y en Magallanes en particular, fueron: el libre movimiento internacional de capitales que era posible en aquel período, la correlativa expansión que estaba experimentando el comercio mundial, la creciente inmigración de mano de obra y de colonos experimentados y el incremento de los medios y vías de transporte, especialmente marítimo, con la navegación a vapor.


En síntesis, a fines de los años setenta y principios de los ochenta del siglo XIX, había una actividad comercial ya instalada en Magallanes, una red ya diversificada de contactos comerciales y bancarios con firmas de Europa, una creciente inmigración europea con colonos de mentalidad pujante, un conjunto de facilidades materiales y franquicias tributarias y aduaneras para los emprendedores que quisieran arraigarse, una ganadería extensiva que comenzaba a desarrollarse, capitales y capitalistas dispuestos a invertir en la lejana Patagonia, mano de obra obrera cada vez más numerosa y disponible, grandes extensiones de tierras inexploradas y entregadas en concesión...es decir, ya estaban sentadas las bases primigenias, para que ésta región patagónica dé un salto cualitativo mayor en su estructura productiva, en su modo de vida y en sus formas de trabajo.
Pero para que toda esta enorme maquinaria economica creciera y se desarrolle, se necesitaba mano de obra, gente que trabaje, obreros y artesanos que den forma material a la riqueza. Y esa fuerza de trabajo –en esta epoca de crecimiento y expansion- venia mayoritariamente desde Europa.

SE FORMA EN LA PATAGONIA

UNA "ECONOMÍA GANADERA DE EXPORTACIÓN"

(1880 - 1890)

La década de 1880 a 1890 debe ser considerada como la época en que el trabajo y la riqueza dieron forma a un nuevo horizonte de desarrollo para Magallanes. El impulso vino al mismo tiempo, del comercio (de la riqueza y el capital comercial que habían crecido en la década anterior) y de la ganadería que estaba en los comienzos de su expansión.


Como se ha visto, a partir de la segunda mitad de la década de los setenta, se comenzó a producir una decisiva transformación de la economía colonial magallánica.
En este período, las actividades económicas principales eran la extracción del oro (en el continente y en Tierrra del Fuego), del carbón mineral y las pieles finas de orígen marino, así como alguna chacarería, todo lo cual era movilizado hacia el mercado de Londres mediante los buques vapores mercantes que pasaban con creciente frecuencia por Punta Arenas.
Veamos algunas cifras ilustrativas al respecto.
En 1880, un año en el que Punta Arenas era una pequeña localidad con 1.500 habitantes, su actividad comercial así como algunas de sus industrias estaban comenzando a experimentar un franco despegue. Este año, la cifra total de las importaciones fué de $ 95.980, mientras que las exportaciones alcanzaron $ 171.518, lo que estaba convirtiendo al comercio en uno de los rubros motores de la economía del Territorio.
La riqueza mercantil, transformada en capital comercial, sumada al ahorro de los comerciantes más el trabajo de quienes laboraban para éstos, se estaba convirtiendo en una fuente de crecimiento económico y de expansión de los intercambios.
El número anual de vapores que pasaron por el puerto de Punta Arenas en 1881, fué de 151, mientras que en 1885 alcanzó a los 172 y en 1892 a 330 barcos (principalmente vapores, pero también veleros y otras embarcaciones). Este incremento anual, que continuó a lo largo de la última década del siglo XIX, necesariamente implicaba un aumento en el número de lancheros y gañanes ocupados en las faenas de embarque y desembarco de carga.
En este período, como en los años anteriores, una corriente de migraciones trajo a Magallanes la mano de obra que necesitaban las faenas.
Muchos peones y gañanes ingleses, escoceses y algunos chilenos vinieron a las faenas del carbón –como hemos visto antes- bajo la Sociedad Carbonífera de Magallanes y a las faenas del oro en los lavaderos de Magallanes, pero los registros sobre su presencia son escasos.
De este modo, las primeras actividades de importancia en los orígenes de la economía patagónica fueron la producción de carbón mineral y la extracción del oro, a lo que se agregó durante la década de los años setenta el comercio en general, incluido el comercio de pieles finas y plumas, producto de la caza de animales marinos de piel fina como el lobo de dos pelos o del intercambio con las poblaciones indígenas nómadas del territorio.
Otras actividades de interés –como se ha visto anteriormente- fueron la producción de maderas (para durmientes, leña combustible y para la construcción) lo que implicaba a su vez, algunos peones dedicados a las faenas madereras, y una incipiente chacarería que abastecía a Punta Arenas y algunos barcos de la carrera del Estrecho.
En estas faenas, trabajaban directamente sus propietarios y algunos gañanes enganchados en el puerto.
La diversidad de faenas de trabajo era todavia poco exigente, de manera que muchos peones y gañanes se podian ocupar en distintas tareas en un mismo periodo: unos meses laboraban en las chacras, otro tiempo hacian de cargadores en la playa o se ocupaban en cargar sacos, jabas y cajones para los comerciantes de la ciudad. No habian todavia trabajadores manuales muy especializados y los pocos empleados que atendian al mostrador en pulperias y oficinas, eran europeos.
Desde 1880 en adelante, los establecimientos comerciales ya establecidos fueron incrementando la actividad de intercambio, sobre todo con el exterior. Como se ha visto, desde un principio estos comerciantes intercambiaban productos patagónicos con casas comerciales de Londres, de Valparaíso, de Buenos Aires, de Montevideo y también con Puerto Stanley en las Falklands/Malvinas.
La creciente actividad comercial en la Patagonia hacia fines de los años setenta y principios de los ochenta, se refleja en las cifras de exportación desde Magallanes: en 1869 se exportaron $ 10.923,75 mientras que en 1870 se exportaron $ 19.298,50, y las cifras siguieron incrementándose hasta 1920!
Pero, en 1880, el monto total de productos exportados desde Magallanes (incluyendo el cabotaje hacia el resto del país) alcanzó a $ 171.508, en 1885 subió a $ 404.550 y ya en 1892 el total vendido exportado sumaba $ 1.420.723, una suma enorme para aquellos años...
En materia de empleados de comercio, los comerciantes instalados en Punta Arenas (Bloom, Musters, Piedrabuena, Schroeder, y más tarde Nogueira y Menéndez) contrataban preferentemente "dependientes" de orígen extranjero, como resulta evidente de los avisos publicados en las primeras ediciones de "El Magallanes" o del contrato del comerciante José Nogueira con Elías H. Braun, que se presenta más adelante.
Rusos, judíos y obreros en el siglo XIX

La Rusia zarista de la segunda mitad del siglo XIX, era una cárcel de pueblos y nacionalidades. Las numerosas nacionalidades no rusas de la Rusia zarista hallábanse completamente privadas de derechos, sometidas sin cesar a todo género de ultrajes y humillaciones. El gobierno zarista había enseñado a la población rusa a ver en los pueblos indígenas de los territorios nacionales razas inferiores, a las que se daba el calificativo oficial de gente "de otras razas", y le había inculcado el desprecio y el odio hacia ellos.

El zarismo encendía conscientemente las discordias nacionales, azuzaba a unos pueblos contra otros, organizaba frecuentemente pogromos para eliminar a los judíos y matanzas entre tártaros y armenios en la Transcaucasia. Muchas familias judías, ante la persistencia de las persecuciones, preferían emigrar fuera de Rusia, como sucedió con la familia de Elías Braun.

En los territorios nacionales, todos o casi todos los cargos públicos eran desempeñados por funcionarios rusos. El ruso era la lengua obligatoria en todas las instituciones y ante los tribunales. Estaba prohibido publicar periódicos y libros en las lenguas nacionales o enseñar en las escuelas sirviéndose de la lengua materna. El gobierno zarista esforzábase en ahogar todas las manifestaciones de la cultura nacional y seguía la política de "rusificar" a la fuerza a las nacionalidades no rusas. El zarismo actuaba como verdugo y tirano de pueblos no rusos.

Después de la abolición del régimen de la servidumbre, el desarrollo del capitalismo industrial en Rusia siguió una marcha bastante rápida, a pesar de que los residuos del régimen feudal seguían entorpeciendo este desarrollo. Durante 25 años, de 1865 a 1890, el número de obreros, solamente en las grandes fábricas y en los ferrocarriles, aumentó de 706.000 a 1.443.000, es decir, en más del doble.

Más rápido aun fue el desarrollo que comenzó a adquirir en Rusia la gran industria capitalista durante la década del 90. Hacia el final de esta década, el número de obreros que trabajaba en las grandes fábricas, en las empresas industriales, en la industria minera y en los ferrocarriles, solamente en las 50 provincias de la Rusia europea, había ascendido a 2.207.000, y en toda Rusia a 2.792.000.

Y éste era ya un proletariado industrial moderno, que se distinguía radicalmente de los obreros de las fábricas del periodo de la servidumbre y de los operarios de la pequeña industria, del artesanado y de toda otra industria, tanto por su concentración en grandes empresas capitalistas como por su combatividad revolucionaria.

Este rápido progreso industrial de la década del 90 fue unido, en primer lugar, a la intensa construcción de ferrocarriles. Durante esta década (de 1890 a 1900), se tendieron más de 21.000 kilómetros de nuevas vías férreas. Estos ferrocarriles absorbían una cantidad enorme de metal (para los rieles, las locomotoras, los vagones) y exigían un volumen cada vez mayor de combustible, carbón de hulla y petróleo. Esto condujo al desarrollo de la metalurgia y de la industria del combustible.

En la Rusia anterior a la revolución, lo mismo que en todos los países capitalistas, los años de prosperidad industrial se alternaban con años de crisis industriales y de estancamiento de la industria, crisis que castigaban duramente a la clase obrera, lanzando al paro forzoso y a la miseria a cientos de miles de proletarios.

Aunque el desarrollo del capitalismo siguió en Rusia, después de la abolición del régimen de la servidumbre, un ritmo bastante rápido, el país marchaba, en su desarrollo económico, muy a la zaga de otros países capitalistas. La inmensa mayoría de la población seguía viviendo de la agricultura. En su famosa obra "El desarrollo del capitalismo en Rusia", Lenin cita algunas cifras importantes del censo general de la población rusa efectuado en 1897. De estas cifras resulta que cerca de cinco sextas partes de la población total del Rusia trabajaban en la agricultura y la sexta parte restante se distribuía entre la grande y la pequeña industria, el comercio, el transporte ferroviario, fluvial y marítimo, la construcción y los trabajos forestales.

Esto indica que, a pesar del desarrollo que había adquirido aquí el capitalismo, Rusia era un país agrario, un país económicamente atrasado, un país pequeñoburgués; es decir, un país en el que predominaba aún la explotación campesina individual, basada en la pequeña propiedad, de escaso rendimiento.

El capitalismo se desarrollaba no solamente en la ciudad, sino también en el campo. Los campesinos, que eran la clase más numerosa en la Rusia prerrevolucionaria, se fueron diferenciando, fueron formándose entre ellos diversas capas sociales. Del sector de los campesinos más acomodados se destacó una capa superior, los kulaks, la burguesía de la aldea, mientras que de otra parte muchos campesinos se iban arruinando y pasaban a engrosar el número de los campesinos pobres, de los proletarios y semiproletarios de la aldea. El número de campesinos medios iba disminuyendo de año en año.

En 1903, había en Rusia unos 10 millones de explotaciones campesinas. En su folleto "A los pobres de la aldea", Lenin calculaba que dentro de esta cifra había, por los menos, tres millones y medio de explotaciones campesinas sin ganado de labor. Estos campesinos, los más pobres de todos, sólo sembraban, por lo general, un puñado insignificante de tierra, entregando el resto a los kulaks y yéndose ellos a ganar un jornal. La situación de estos campesinos pobrísimos era la que más los acercaba al proletariado. Lenin les llamaba proletarios o semiproletarios de la aldea.

De otra parte, había (dentro de aquella cifra total de 10 millones) un millón y medio de explotaciones campesinas ricas, de kulaks, que concentraban en sus manos la mitad de todas las sementeras campesinas. Estos burgueses del campo prosperaban, oprimiendo a los campesinos pobres y medios, se enriquecían a costa del trabajo de los peones y de los jornaleros agrícolas y se iban convirtiendo en capitalistas agrarios.

La clase obrera de Rusia comenzó a despertar y a luchar contra el capitalismo ya en la década del 70, y sobre todo en la del 80 del siglo XIX. La situación de los obreros en la Rusia zarista era extraordinariamente penosa. En la década del 80, la jornada de trabajo, en las fábricas y empresas industriales, no era nunca inferior a 12 horas y media, y en la industria textil llegaba hasta 14 y 15 horas. El trabajo de la mujer y el niño se explotaba en grandes proporciones. Los niños trabajaban el mismo horario que los adultos, pero cobrando, al igual que las mujeres, salarios muy inferiores. El nivel de los salarios era extraordinariamente bajo. Había muchos obreros que no ganaban más que 7 u 8 rublos al mes. Los obreros mejor pagados de las fábricas metalúrgicas y de fundición no cobraban más de 35 rublos mensuales. No se tomaba ninguna medida de protección del trabajo, lo que originaba accidentes en masa y constantes muertes de obreros. No se conocía el seguro obrero, y la asistencia médica sólo la obtenía el que pagaba. Los obreros vivían en condiciones horribles, hacinados en tugurios, en casas de vecindad, a razón de 10 a 12 hombres en cada habitación. Muy a menudo, los patronos engañaban a los obreros al hacerles la cuenta de los jornales, les obligaban a comprar en la tiendas patronales de la fábrica artículos tres veces más caros de los que valían y les saqueaban por medio de multas.

Los obreros comenzaron a ponerse de acuerdo unos con otros y a presentar conjuntamente al patrono sus reivindicaciones para el mejoramiento de las condiciones insoportables en que vivían. Abandonaban el trabajo, es decir, declaraban el paro, se ponían en huelga. Las primeras huelgas, en las décadas del 70 y del 80 del siglo pasado, estallaban, por lo general, como protesta contra las multas desmedidas, contra las estafas y los engaños de que se hacía objeto a los obreros al liquidarles el jornal, contra la reducción de las tarifas del salario.

En la primeras huelgas, los obreros, agotada ya la paciencia, destrozaban a veces las máquinas, rompían los cristales de las fábricas, destruían las tiendas patronales y las oficinas.

Los obreros más conscientes comenzaron a comprender que, para luchar con éxito contra el capitalismo, era necesario organizarse. Y así, surgieron las primeras asociaciones obreras.

En 1875, se organizó en Odessa la "Unión de obreros del Sur de Rusia". Esta organización obrera, la primera de todas, no vivió más que 8 ó 9 meses, siendo aniquilada por el gobierno zarista.

En Petersburgo, organizóse, en 1878, la "Unión de obreros rusos del Norte", a cuyo frente se hallaban un carpintero llamado Jalturin y un cerrajero llamado Obnorski. En el programa de esta organización se decía que sus objetivos eran análogo a los de los partidos obreros socialdemócratas de los países occidentales. Su meta final era llevar a cabo la revolución socialista, "derribar el régimen político y económico del Estado existente, como un régimen de todo punto injusto". Uno de los organizadores de esta Unión, Obnorski, había vivido algún tiempo en el extranjero, donde tuvo ocasión de conocer la actuación de los partidos socialdemócratas marxistas y de la Primera Internacional, dirigida por Marx.

Esta circunstancia imprimió su sello al programa de la "Unión de obreros rusos del Norte". El objetivo inmediato que esta organización se propuso alcanzar era la conquista de la libertad y los derechos políticos del pueblo (la libertad de palabra y de prensa, el derecho de reunión, etc.). Entre las reivindicaciones inmediatas, figuraba también, la reducción de la jornada de trabajo.

El número de afiliados a esta organización era de 200, contando con otros tantos simpatizantes. La Unión comenzó a tomar parte en las huelgas obreras y a dirigirlas. También esta organización fue destruida por el gobierno zarista.

Pero el movimiento obrero seguía desarrollándose y extendiéndose a nuevas y nuevas regiones. En la década del 80, aumenta el número de huelgas. Durante cinco años (de 1881 a 1886), se produjeron más de 48 huelgas, con un total de 80.000 huelguistas.

En la historia del movimiento revolucionario, ocupa un lugar especialmente importante la gran huelga que estalló en 1885 en la fábrica "Morosov" de Oréjovo-Súievo.

En esta fábrica trabajaban cerca de 8.000 obreros. Las condiciones de trabajo iban empeorando de día en día: de 1882 hasta 1884 el salario fue reducido cinco veces, y en 1884 el tipo de salario fue reducido de golpe en una cuarta parte, es decir, en un 25 por ciento. Por si esto fuera poco, el fabricante Morosov no dejaba vivir en paz a los obreros a fuerza de multas. Según se demostró ante los tribunales después de la huelga, de cada rublo que el obrero ganaba, le quitaban en concepto de multa de 30 a 50 céntimos de rublo, que iban a parar al bolsillo del patrono. Los obreros, dispuestos a no seguir tolerando este robo, se declararon en huelga en enero de 1885. La huelga fue organizada de antemano. La dirigió un obrero avanzado, llamado Piotr Moiseienko, que había estado afiliado a la "Unión de obreros rusos del Norte", y que tenía ya una experiencia revolucionaria. En vísperas de la huelga, Moiseienko formuló, en unión de otros tejedores de los más conscientes, una serie de reivindicaciones que habían de ser presentadas al patrono y que fueron aprobadas en una reunión secreta de los obreros. Estos exigían, ante todo, que cesase el saqueo de las multas.

La huelga fue aplastada por la fuerza de las armas. Fueron detenidos más de 600 obreros y algunas decenas de ellos, procesados.

Huelgas parecidas a ésta se produjeron también en el año 1885 en las fábricas de Ivánov-Vosnesensk.

Al año siguiente, el gobierno zarista, asustado ante el desarrollo del movimiento obrero, vióse obligado a dictar una ley sobre las multas. En esta ley, se disponía que el dinero de las multas no se lo pudieran apropiar los patronos, sino que habría de invertirse en las necesidades de los propios obreros.


La incorporación de factores productivos en la economía magallánica y patagónica en general, en el periodo examinado en este libro, fue extraordinaria y gradual, tanto en lo que se refiere a la tierra, como a la mano de obra y a la creación y expansión del capital.

Como se describe en detalle más adelante, durante esta etapa se incorporaron millones de hectáreas de tierras incultas al proceso económico, tanto en el continente como en la Isla de Tierra del Fuego.
La expansión de la "frontera ganadera" siguió la marcha de la ocupación poblacional en la costa del Estrecho de Magallanes y en otros mares interiores, aunque no exactamente.
Esta incorporación de las tierras a la producción, vinculada originariamente a la ganadería y luego a los productos ganaderos e industriales de exportación implicó una concentración cada vez creciente de la industria y el comercio en el puerto de Punta Arenas, consolidando a su vez, y en buena medida, al sistema extensivo de explotación latifundista y sus vínculos con la economía inglesa.
Mientras esto sucedia en la lejana Patagonia, en el resto del mundo los cambios economicos y tecnologicos eran enormes.

Revolución Industrial y clase obrera

en la Inglaterra de mediados del siglo XIX

Las consecuencias de la primera Revolución Industrial en la economía y la sociedad inglesa, fueron trascendentales en todos los aspectos. Desde el punto de vista económico todos los sectores productivos se transformaron y la producción creció en un 90%, el liberalismo económico (mentalidad capitalista) se va a imponer como doctrina económica.


Desde el punto de vista político la burguesía, que tiene el poder económico, aspira a conseguir el poder político necesario a través de revoluciones políticas y a establecer regímenes políticos burgueses, liberalismo político. Pero en lo social las transformaciones no van a ser menos importantes, desaparece la sociedad estamental, que será sustituida por la sociedad de clases, otra forma de desigualdad, la clase dominante estará integrada por los burgueses y la dominada por la clase trabajadora explotada por aquellos, de esta desigualdad surgirá entre la clase obrera el rechazo a su situación y a la larga el surgimiento de nuevas ideologías que cuestionan la sociedad burguesa: marxismo y anarquismo principalmente.

 Entre las consecuencias económicas, se puede mencionar la revolución que experimentó la producción.

Es la consecuencia más evidente desde el punto de vista económico, al transformarse las formas de producción así como los sectores productivos se multiplicó la producción, esto, junto con el desarrollo de los transportes y el comercio, hizo que los productos llegaran a todos los lugares y se crearan mercados nacionales e internacionales en los que cada área se especializó en la producción de un determinado producto, es decir, la economía se hizo más global.

En cuanto a la forma de organizar el trabajo se pasó del trabajo manual en el taller al trabajo en las fábricas; las diferencias desde el punto de vista social entre el artesano y el obrero eran abismales, el artesano podía ser dueño de los medios de producción (taller, herramientas...) pero el obrero de la fábrica era sólo un asalariado.

La fuerte migración del campo a la ciudad, sería otra transformación importante, la agricultura, principal sector económico en el Antiguo Régimen, va a ceder paso a la industria y al comercio. La mecanización del campo liberará un gran número de población que se desplazará a las ciudades donde se encuentra la industria (principal sector) y el campo iniciará una lenta pero progresiva despoblación (éxodo rural).

Aunque la sociedad seguía siendo desigual, las condiciones de vida de la mayoría de la población se vieron mejoradas con el aumento de la producción, de momento el hambre ya no era un problema, la elaboración de productos con máquinas aumento el número de estos, su cantidad, su calidad y abarató los precios. El desarrollo del transporte puso a disposición de los usuarios unas posibilidades de desplazamiento hasta entonces inéditas. Con lo dicho anteriormente no queremos decir que toda la población se viera favorecida por la Rev. Ind. de la misma manera, todo lo contrario, seguían existiendo pobres viviendo en condiciones precarias, pero si lo comparamos con la situación en el Antiguo Régimen veremos como el cambio es sustancial.

El impacto combinado de los beneficios de la revolución agrícola y la industrial generan un aumento espectacular de la población, tal y como hemos comprobado. Este crecimiento se ve reforzado también por los avances en materia médica y sanitaria que a lo largo del XIX serían importantes. En este ambiente y basándose en el comportamiento de la población hubo teóricos como Robert Malthus que por primera vez lanzaron la voz de alarma sobre la superpoblación del planeta al describir que la población crece de una manera mucho más rápida que los recursos.

Las consecuencias sociales fueron también impactantes.

Desde el punto de vista social los triunfos de la Revolución Industrial no han sido tan rotundos como en lo económico. La burguesía que es el grupo social dominante desde el punto de vista económico, cuando consigue el poder político (ya vimos que en Inglaterra lo tenía) aprueba leyes que le van a favorecer, basándose en los principios del liberalismo económico: jornada laboral de hasta 14 horas, trabajo legal de mujeres y niños por la mitad del salario... El obrero industrial pagará un alto precio por la industrialización y hará un enorme esfuerzo por sobrevivir en condiciones de vida tan penosas. Cuando el obrero tome conciencia de su terrible explotación se empezarán a formar movimientos de protesta que desembocarán en la creación de sindicatos, prohibidos la mayoría de las veces por la burguesía gobernante, y más tarde de movimientos políticos, que reclaman una concepción del mundo mucho más justa, o abiertamente la conquista del poder. En resumen la sociedad se encuentra polarizada en dos clases sociales irreconciliables que sustituyen a la antigua división estamental: la clase dominante con la burguesía (patronos) a la cabeza, y la clase dominada o trabajadora que luchará por cambiar sus condiciones de vida y aspirará, a la larga, a destruir el poder político o a conquistarlo.

Basándose en las ideas del liberalismo económico capitalista (máximo beneficio al menor coste posible) los patrones para conseguir ganancias, van a recortar gastos de todos sitios, pero principalmente a costa del horario de trabajo de los obreros y de su salario.

La jornada laboral era de sol a sol, pero con la luz de gas desde principios del siglo XIX se podía prolongar todavía más (se llegó a la jornada de 18 horas; el trabajo diario era tremendamente duro y agotador, sobre todo en las minas, y las condiciones higiénicas y de seguridad eran nulas, era frecuente ver a obreros inválidos, con afecciones respiratorias y tuberculosis. En la industria textil la humedad necesaria para que no se rompieran los hilos era asfixiante y degeneraba en enfermedades respiratorias y pulmonares. Por si fuera poco no existían fiestas y, como el objetivo era producir más y a menor coste, los domingos también se trabajaba, no se descansaba casi ningún día al año. Si el obrero estaba enfermo y no podía trabajar ese día no cobraba.

Al llegar a casa el panorama era desolador, con un salario ridículo no se podía pretender otra cosa que la supervivencia, pero si existían enfermedades éstas se llevaban el salario de la familia ya que no existía seguridad social. El hambre no era infrecuente y esto obligaba a situaciones dramáticas de prostitución, robo... Las casas eran caras y, a menudo, toda la familia podía vivir hacinada en una misma habitación, no siendo raros los casos de relaciones sexuales incestuosas.

Pero el panorama no se quedaba ahí. Con la mecanización se podían usar niños para mover las máquinas, esto generó una explotación atroz de la infancia, al principio con apoyo del Gobierno, aunque más tarde fuera ilegal no por ello se dejaba de hacer. El sueldo de un niño era la mitad o menos que el de un hombre y su horario de trabajo legalmente era como máximo de 14 horas, pero era normal llegar a las 18. Las mujeres también sufrieron la explotación en unas condiciones parecidas a las de los niños, siendo frecuentes los abusos sexuales por parte de los capataces. Las mujeres y los niños tenían prohibido trabajar en las minas, pero al patrono le resultaba rentable y era frecuente que realizaran trabajos propios de esclavos; si llegaba una inspección eran ocultadas por los capataces.

    Ante la explotación tan tremenda que soportó el obrero, mayor en unos lugares que en otros, éste tomo conciencia de su situación y empezó a organizarse para reclamar mejoras laborales y aumento de sueldo, esto topó con la burguesía que desde el poder, muchas veces, declaró ilegales estas organizaciones o legisló simplemente que los alborotadores podían ser fusilados o encarcelados.

Las primeras manifestaciones obreras se expresaron en el llamado movimiento luddista. Se desarrolló desde finales del siglo XVIII hasta el año 1824. Debe su nombre a un obrero inglés llamado Lud que inició la protesta quemando las máquinas de la industria textil en Leicestershire, ludismo es sinómimo de mecanoclastia, de destrucción de las máquinas.

Desde finales del siglo XVIII hay algunos tímidos intentos de asociaciones de obreros que fueron legalizadas por el gobierno británico y que pedían mejoras laborales. La bajada de salarios y la agitación social hizo recapacitar al Gobierno y aprobó en 1799 las Combination Laws por las que se prohibían las asociaciones obreras. Con las asociaciones ilegalizadas, los obreros reaccionaron con la quema de máquinas, sobre todo a partir de 1810, la respuesta del Gobierno fue la pena de muerte para los culpables. La máquina es el símbolo de la eliminación de los puestos de trabajo para el obrero.

Un segundo paso fueron las llamadas Trade Unions, formadas entre 1824 y 1835. Los obreros británicos en 1824 consiguieron que el Gobierno derogara las Combination Laws y permitiera la existencia de los primeros sindicatos, éstos se organizaban por oficios y reclamaban exclusivamente mejoras laborales, así surgió el primer sindicato, las Trade Unions, con líderes como Doherthy y Owen. Owen intentó crear un sindicato de toda la clase obrera con la intención de que pacíficamente conquistara el poder, sus propósitos eran muy idealistas (ya hablaremos de él en el siguiente tema). El año 1834 fue trascendental, gracias a los esfuerzos de Doherthy y Owen se realizó la primera huelga general para pedir la jornada de ocho horas diarias, el Gobierno se vio obligado a conceder la jornada de 13 horas, pero a partir de ese momento iba a reprimir a los obreros y a prohibir que un sindicato fuera para todo tipo de obreros, tenían que ser por oficios (así la burguesía dividía a los obreros). En 1835 este movimiento perdió fuerza al ser encarcelados sus líderes.

Una tercera etapa fue el cartismo, desarrollado entre 1835 y 1848. En esta nueva etapa los obreros se dan cuenta de que si no se cambia el sistema político las reformas son imposibles, empieza entonces a pedir reformas políticas. Se dieron tres tendencias principales.

a) Tendencia reformista. Su objetivo fundamental era pedir el sufragio universal, sólo votaban las personas con un número determinado de ingresos (sufragio censitario). Sus peticiones se materializaron en 1838 en una carta que dirigieron al Parlamento solicitando el sufragio universal, de esa carta procede el nombre del movimiento cartista.

b) Tendencia revolucionaria. Estuvo dirigida por O´Brien que se considera un pre-marxista. Promovía como medidas de presión de los obreros contra los patronos la huelga general o la revuelta armada.

c) Tendencia preanarquista. Tuvo como líderes a O´Connor y a Stephens, propugnaba el abandono de las fábricas y la vuelta al campo tras la destrucción de estas.

El único logro importante de todos estos movimientos de esta etapa (1835-1848) es conseguir la jornada laboral de 10 horas diarias. A partir del 1848 desaparece el cartismo reprimido por el Gobierno.


Las cifras del volumen total de ganado que existía en las pampas magallánicas, reflejan también esta progresiva expansión: en 1885, habían 40.000 ovejunos, en 1888 se contaban unos 165.000 cabezas y en 1892 eran 400.000, en 1896 eran 1.000.000 ovejunos y en 1897 se contabilizaban unos 813.000 animales.
A medida que crecían los piños de ovejas en las estancias, se requería más mano de obra y, como se trataba de actividades especializadas (la esquila en particular, pero además la marca, la parición y otras faenas), los primeros estancieros hubieron de confiar sus ovinos a los escoceses e ingleses que llegaron atraídos y contratados a la Patagonia.
En las nóminas de obreros, que encontramos en los libros de contabilidad de las estancias, hacia estos años de 1880 y 1890, figuran numerosos apellidos ingleses, escoceses, españoles y uno que otro austríaco.



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