Historia Social



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El impulso de progreso

proveniente


de las inmigraciones

En los inicios de la década del setenta, la idea que predominaba en la autoridad de la Colonia y en sus superiores en Santiago, respecto del impulso a su progreso, era de promover la llegada de colonos extranjeros.


En la mentalidad de Oscar Viel y otros Gobernadores que le sucedieron, predominaba el concepto según el cual la venida de colonos extranjeros, debidamente seleccionados por sus cualidades industriosas y de trabajo, contribuiría a fomentar el progreso de la Colonia de Magallanes, de manera similar a lo que se veía estaba sucediendo en la zona de Valdivia y Llanquihue. Después de haber visto el modo de trabajo de los colonos chilotes y chilenos ya instalados, Viel consideraba que el aporte de colonos europeos, contribuiría positivamente a impulsar el trabajo y el progreso.
Pero, ¿cómo atraer colonos desde Europa para que vengan a las lejanas tierras de la Patagonia?
El Estado de Chile fijó un conjunto de requisitos y condiciones que debían reunir los eventuales colonos, las que se tradujeron en varios reglamentos. Por lo tanto, durante los años setenta del siglo XIX, la venida de colonos a Magallanes no era sólo el producto del deseo de aventura, sino sobre todo fue el resultado de un propósito deliberado de las autoridades.
Por ejemplo, los europeos interesados en llegar a Magallanes a principios de los años setenta del siglo XIX, debían suscribir un contrato, cuyas condiciones aparecen en un curioso e interesante documento en francés elaborado por el Agente Diplomático chileno en París Alberto Blest Gana, que estaba destinado a los suizos que desearan radicarse en Magallanes y cuya versión en español es la siguiente.

"Condiciones ofrecidas por el Gobierno de la República de Chile

a las personas que vinieran a establecerse en

la Colonia del Estrecho de Magallanes.

Artículo 1°: El gobierno pagará el pasaje de los colonos en tercera clase, desde Suiza hasta Burdeos.
Artículo 2°. El transporte por mar desde Burdeos hasta la Colonia de Punta Arenas, en tercera clase, a bordo de uno de los barcos a vapor de la Compañía Inglesa del Pacífico. Las concesiones de los dos artículos precedentes serán completamente grauitas para los colonos.
Artículo 3°. El Gobierno concede además:
1° una extensión de terreno de 48 hectáreas a cada padre de familia, y 12 hectáreas a cada uno de sus hijos mayores de 14 años, el valor por hectárea (cincuenta centavos, es decir, 2 francos cincuenta) será pagado al Estado por el colono en la forma indicada más abajo;
2° 400 tablas de madera, 100 libras de clavos y una colección completa de semillas cuyo valor no superará las 10 piastras (es decir, cincuenta francos), todo avaluado al precio de compra;
3° cuatro vacas lecheras, cinco ovejas y un caballo;
4° La ración entera de víveres, igual a aquella que reciben los empleados de la Colonia, es decir, una ración para el padre durante un año, una media ración durante el mismo tiempo para la madre y para cada uno de los hijos sobre los dos años de edad;
Los artículos que componen la ración ordinaria serán detallados más adelante.
5° Una pensión de cinco piastras (o sea, veinticinco francos) por mes a cada familia, durante un año;
6° Escuela para los niños y asistencia médica, comprendiendo los medicamentos, todo gratuitamente;
7° Entrada libre de objetos, maquinarias y utensilios pertenecientes a los colonos;
8° Exención del servicio militar en la Guardia Nacional;
4° Las concesiones enumeradas en los párrafos 1, 2,3,4 y 5 del Artículo 3 impondrán a los colonos la obligación de efectuar el desembolso de su valor por décimos en diez años, a la expiración del tercer año después de su llegada a la Colonia.
Artículo 5°. El colono, que sin causa debidamente aprobada por el Gobernador, no se establezca en su lote de terreno, sea por sí mismo, sea por delegado legalmente nombrado, en el plazo de seis meses después de la recepción del citado terreno, perderá su derecho a este terreno y el Gobernador podrá hacer la concesión a otro colono como estando libre.
Artículo 6°. El título de propiedad será entregado a cada colono cuando, según la opinión del Gobernador, haya realizado los trabajos de cercado y de agricultura de alguna importancia.
Artículo 7°. El colono que, después de tres años contados a partir del día en que se le haya entregado su lote no se encuentre en estado de recibir el título de propiedad, no habiendo hecho los trabajos indicados en el artículo precedente, perderá su derecho de propiedad del dicho lote de terreno, y el Gobernador dispondrá en favor de otro colono, cargando a la cuenta del nuevo propietario el valor de los trabajos ya realizados.
Artículo 8°. La extensión del terreno concedido a los colonos, según el artículo 2 será hipotecado en favor del Fisco, hasta el completo reembolso de las entregas hechas a dichos colonos.
Artículo 9°. Gozarán de las concesiones precedentes:
1°. Las veinte familias de agricultores suizos que deberán ser enviados con gastos del Estado.
2°. Los cien primeros colonos de la misma nacionalidad que irán por su cuenta a establecerse a la Colonia de Punta Arenas y podrán presentar al Gobernador los certificados debidamente legalizados constatando su buena conducta y su conocimiento en agricultura y cuidado de animales.
Firmo aceptando la escritura anterior en todos sus artículos y me comprometo por mi parte y de mi familia, a cumplir las obligaciones que aquí son detalladas, en lo que concierne a los colonos.
Artículos que componen la ración ordinaria

mencionada en el Artículo 6 de las condiciones que preceden
Artículos: Precio por artículo:

centavos F.s.
1 libra de harina 8 centavos 0.40

1/2 libra de galleta de mar 11 centavos 0.55

1/2 libra de porotos 5 centavos 0.25

3/4 libra de trigo 5 centavos 0.25

4 onzas de arroz 16 centavos 0.80

4 onzas de charqui 40 centavos 2.-

1 1/2 onza de azúcar 16 centavos 0.80

1 onza de grasa 32 centavos 1.60

1 onza de sal 2 centavos 0.10"

(157)


Cabe señalar aquí que la ración de Estado descrita en este documento, es en general similar a aquella que se acostumbraba entregar diariamente a los colonos chilenos y a los funcionarios de Gobierno venidos a Magallanes en los años cincuenta y sesenta.


Estas condiciones favorables produjeron el efecto deseado: numerosos colonos suizos y de otras nacionalidades eligieron venir a Magallanes.
Eran -en su mayoría- gente de trabajo y emprendedora.
Una primera oleada de inmigrantes se registró entre 1872 y 1873, entre los cuales algunos de ellos formarían familias de importancia en el desarrollo magallánico: Guillermo Wood, Juan Harvey, Enrique Reynard y otros entre los ingleses, Hilario y Celestino Bousquet, Francisco Roux y Eduardo Lamiré entre los franceses, Augusto Wahlen entre los alemanes, José Montes entre los españoles y Elías H. Braun entre los judíos-rusos. Algunos de ellos llegaron con sus familias, con sus esposas e hijos, pero la mayoría eran hombres solos que viajaron varias semanas desde Europa.
Todos ellos llegaron a Magallanes en los cada vez más numerosos vapores que hacían la ruta del Estrecho procedentes de Europa en dirección de los puertos del Pacífico. Además, siguiendo una política sistemática acordada a nivel central, se procedió también a estimular la inmigración de europeos que se encontraran en Buenos Aires, de manera que muchos de ellos lo hicieron atraídos por las ventajosas ofertas hechas por el Gobierno chileno.
A pesar de las buenas condiciones ofrecidas, debio ser una aventura para esos inmigrantes provenientes de lejanos paises europeos, llegar a un puerto casi insignificante del Estrecho de Magallanes para venir a vivir y trabajar y forjarse un futuro.
Del mismo modo, el Gobernador de Magallanes Oscar Viel tomó contacto con la compañía de vapores alemanes Kosmos, cuyos buques pasaban regularmente por el Estrecho, para que a través de los diarios germanos circulara por todo el norte de Europa (Alemania y los países nórdicos), una información favorable a la inmigración hacia Magallanes.
A su vez, en un folleto de propaganda redactado y publicado por Oscar Viel en 1873, se describía para los emigrantes agricultores, las condiciones de vida y de trabajo de la colonia de Punta Arenas en los siguientes términos: “La colonia de Punta Arenas, situada en el Estrecho de Magallanes, en la cual existen hoi día 1.200 habitantes protejida eficazmente por el Gobierno de Chile, posee magníficos terrenos, abundantes montes, inmejorable clima......Todas las legumbres se producen admirablemente como también la cebada i la avena. Existen lavaderos de oro, a corta distancia de la población i trabajo para aquellos que no quieran dedicarse a los trabajos del campo. Se explota actualmente una gran hullera de carbón de piedra. Gran facilidad de comunicación con Europa i la costa oeste del Pacífico, tocando en el puerto 12 vapores de carrera fija cada mes.” (158)
Según estas referencias del Gobernador Viel, los principales trabajos que se ejecutaban en la colonia eran la agricultura (se refiere a los ensayos de siembra de avena y cebada efectuados por aquel entonces), la extracción del carbón de piedra, además del servicio de los vapores que pasaban por la bahía de Punta Arenas.
Muchos de estos incipientes colonos llegaron a la costa del Estrecho atraídos por la fama que ya estaba comenzando a ganar la Patagonia. Sin lugar a dudas las tierras australes se habían instalado en el "imaginario colectivo" de muchos europeos más o menos ilustrados: tierra de aventuras y de promesas, espacio abierto a la empresa y al trabajo, tierras donde se encontraba el oro y otras riquezas naturales inexploradas...
En 1874, el comercio de Magallanes alcanzó la cifra de $ 175.000 en el rubro de las importaciones, mientras que los productos de exportación seguían siendo el carbón mineral, el guano, las plumas de avestruz, las pieles de guanacos y de lobos marinos.

Llegan a Magallanes inmigrantes

con vocación de trabajo

y emprendedores

Poco a poco comenzaron a llegar a la Patagonia algunos extranjeros interesados en emprender negocios en Magallanes. Los pocos que iban llegando, eran sin duda gente recia y con mentalidad trabajadora.


Entre los franceses que llegaron a la Colonia de Magallanes, desde 1871 en adelante deben contarse a lo menos unos cuarenta o cincuenta, quienes –se afirmó por algunos autores- habrían tenido algún grado de participación en la histórica Comuna de Paris en 1871. (159)
Sin embargo, lo que atrajo a numerosos europeos y franceses en particular a la lejana tierra de Magallanes, fue más bien el deseo de progresar trabajando alejados de toda acción social o colectiva, lo que explica que ninguna de las ideologías de que fueron portadores los "communards" parisinos en los eventos de 1870-1871 (anarquistas, comunistas, socialistas o nihilistas...) tuvieron expresión en la sociedad magallánica, por lo menos entre 1872-73 y 1897. (160)
De hecho, la primera organización genuinamente obrera creada en Magallanes, la sociedad obrera de resistencia llamada Unión Obrera, de 1897, fué creada por italianos, españoles y chilenos –como se verá más adelante- y en realidad ningún francés aparece tampoco en sus registros. Si fueron “comunnards” algunos de aquellos franceses llegados a Magallanes, nada hicieron por demostrarlo o por dejar huella de sus presuntas inclinaciones políticas. Es el caso –por ejemplo- de los hermanos Celestino e Hilario Bousquet, quienes se dedicaron a la crianza de animales y al comercio, y resultaron ser prósperos emprendedores en la década de los ochenta.
Hacia 1875, Punta Arenas presentaba así el aspecto de un pequeño puerto, con modestas edificaciones en madera y rodeada de campos y bosques, pero ya era una comunidad pujante y emprendedora que se dirigía por el camino del progreso material y económico. Este año de 1875, las exportaciones desde Punta Arenas alcanzaron un valor total de $ 76.605 (pieles finas y maderas, principalmente) y la cifra total de importaciones ascendieron a $ 125.860, desequilibrio que se explica por la paralización de las explotaciones carboníferas. (161)
La actividad del trabajo se expandía en todas direcciones.
A medida que se incrementaban las faenas de la pesca, la caza de lobos marinos y las faenas madereras, mas individuos iban engrosando la fuerza de trabajo. Incluso sucedia ocasionalmente, que algun marinero embarcado en los vapores y veleros que recalaban en la colonia, bajaban a tierra y se presentaban a las autoridades para solicitar permiso de residencia. Otros colonos con alguna experiencia en los bosques del sur de Chile, se acercaban a los primeros aserraderos. Asi comenzaba a desarrollarse la naciente industria de explotación de la madera.
En esta misma época, el emprendedor Cruz Daniel Ramírez instaló un aserradero a vapor en el sector de río de los Ciervos, con cuya producción comenzó a abastecer las demandas de maderas elaboradas y en bruto, de los puertos de islas Falklands (Port Stanley), Buenos Aires y Montevideo. Al mismo tiempo, en el sector de Leña Dura se instaló hacia 1875 un aserradero hidráulico de Francisco Roig, mientras que el Gobierno administraba su propio establecimiento aserradero, para abastecer las necesidades de las construcciones oficiales.
A medida que se incrementaba la actividad de los aserraderos, fueron necesarios nuevos operarios y mano de obra conocedora de estos trabajo, lo que favoreció la contratación de peones o artesanos en madera procedentes de Chiloé, de Llanquihue o de Valdivia.
El comercio marítimo estaba también comenzando a expandirse desde Punta Arenas. Cruz Daniel Ramírez, como se ha visto, negociaba con algunos puertos del Atlántico, pero también comerciaba con las Falklands José Nogueira quién, con sus propias embarcaciones realizaba viajes llevando maderas. En ocasiones, se aventuraba hasta el puerto de Montevideo llevando sus productos a los comerciantes de esa plaza.
La agricultura recibió también algún nuevo impulso en estos años, como que en 1876 se efectuó la primera trilla de trigo y cebada en el Territorio, lo que revela que ya habían en Magallanes peones con la experiencia campesina y agrícola de la zona central.
Ahora bien, es necesario reconocer que del "material humano" que legó desde Europa, salvo una buena parte de gentes emprendedoras y con gusto por el trabajo, también -como en toda comunidad humana tan heterogénea en sus nacionalidades y costumbres- llegaron otros que no soportaron las inclemencias del clima, la rudeza de la geografía y hasta la soledad de éstos páramos abandonados "a la mano de dios", por lo que optaron por regresar a sus países de orígen.
Como que el territorio de Magallanes hubiera actuado durante largos años como un inmenso laboratorio de selección natural de las gentes y las personalidades: para quedarse en la Patagonia en aquellos años, había que tener un temple muy firme, una personalidad muy fuerte y una actitud muy perseverante.
Y no todos estaban hechos de esa madera...
Algunos europeos, al igual que había sucedido en los años sesenta con los colonos chilenos, permanecieron inactivos con la comodidad de la ración de Estado y la ayuda material del Gobierno, y cuando ésta terminó simplemente renunciaron y se fueron.
En cambio, un importante contingente de estos alrededor de 400 colonos que llegaron a principios de los años setenta, se dedicaron a trabajar y se diversificaron en las más diversas actividades y faenas.
Un grupo de estos colonos se orientaron hacia la actividad de caza de lobos de dos pelos como en el tráfico e intercambio de pieles, plumas y otros abalorios con las tribus indígenas que pululaban por las pampas, para lo cual habrían de procurar engancharse en las goletas del lobero José Nogueira o intentaron armar sus propias embarcaciones.
Otros se dedicaron a la agricultura y a la ganadería bovina, y aquí los suizos y algunos franceses, pudieron desarrollar su ancestral savoir-faire en materia de crianza de animales, para la producción de leche y quesos, que después vendían en el mercado local o abastecían a los vapores de paso.
En cambio, aquellos que tenían poca formación o experiencia artesanal trabajaron como peones en las faenas de extracción del carbón de la Sociedad Carbonífera de Magallanes, cuya producción había comenzado a abastecer a los vapores que atravesaban por el Estrecho.
Y un grupo de ellos además, se orientaron al trabajo independiente ya sea realizando alguna labor artesanal, en maderas por ejemplo, en el lavado de arenas auríferas en las riberas del Río de las Minas o en pequeños negocios de comercio.
Este grupo de "colonos independientes" -por nombrarlos de alguna manera- fué el motor impulsor de nuevas explotaciones e industrias, como la explotación de las guaneras en las costas del Estrecho al norte de Punta Arenas, que realizaron el alemán Julio Haase y el chileno Cruz Daniel Ramírez, o la creación de aserraderos, el primero de los cuales -un rudimentario establecimiento que cortaba y pulía las maderas con máquinas a vapor, en Río de los Ciervos- estuvo en manos de Guillermo Bloom, herrero que habíamos visto recién emprendiendo el comercio, o también la industria de aserradero del inglés Enrique L. Reynard, antes que se interesara en la ganadería...
La creación del primer horno para la fabricación de ladrillos, por su parte, contribuyó junto a los aserraderos mencionados, a que la construcción urbana recibiera un "impulso modernizador": lentamente desde entonces, el estilo constructivo de las casas y edificaciones del Territorio, comenzó a perfeccionarse, pasando desde las modestas casas en madera labrada a hacha con techumbre de tablas, como lo hacían los artesanos chilotes de los años cuarenta y cincuenta, a edificaciones de mayor envergadura en ladrillo y paredes sólidas. (162)
Alrededor de 1873 y 1874, el Gobernador de la época Oscar Viel escribió describiendo someramente la faenas carboníferas: "La población actual de la colonia de Magallanes era en 1874 de 1.300 personas, entre los cuales se encuentran los trabajadores que había introducido la Sociedad Carbonífera i cuyo número no llegaba a noventa." (163). No existen otros registros de estos primeros obreros mineros en Magallanes, pero es de presumir que fueron traídos sucesivamente desde el centro del país, muy probablemente desde algunos centros mineros de antigua data en Chile, como la zona de Lota y Coronel.
Las explotaciones de carbón mineral se efectuaban en un precario sistema de extracción en el valle del río de las Minas, en las que habían concentradas algunas precarias casuchas y galpones de madera, para los talleres.
Los trabajadores –después que hubo sido derribado una buena parte del bosque circundante para obtener madera- laboraban el frente del mineral con picos, barretas y palas e iban llenando una serie carros de madera con ruedas (similares a los de la explotación salitrera), los que eran llevados a pulso hasta la bocamina, desde donde un tren-decauville los llevaba hasta el muelle de carga, que la Sociedad Carbonífera había hecho construir en la bahía de Punta Arenas.
Más adelante, hacia 1875, el Gobernador Diego Dublé Almeyda dió por culminados los trabajos de construcción de la escuela de la Colonia, lo que nos relata Robustiano Vera en éstos términos: "El 28 de febrero de 1875 se inauguró la escuela en Punta Arenas, arreglando dos salas en la casa que antes funcionaba, con un buen mobiliario hecho por los carpinteros de la Colonia. En el interior hizo construir dos grandes salas, una para los niños i otra para las niñas, colocando en cada una de estas secciones un aparato jimnástico. Estas salas servían de patio a los alumnos para guarecerlos de las lluvias i del frío." (164).
El trabajo era lo único que podían y necesitaban hacer, aquellos que se aventuraban por las desconocidas tierras australes de la Patagonia. Pero, como hemos visto, para concretar esa aventura necesitaban estar dotados de un espíritu de laboriosidad, de ahorro, de perseverancia y de austeridad, cualidades que no todos tenían.




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