Historia Social



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Historia Social


Colonos, gañanes y peones

Historia del trabajo en Magallanes y la Patagonia



Manuel Luis Rodríguez U.

VOLUMEN I
(1843-1920)

Indice:

Agradecimientos


Presentación del autor
Prólogo de Eugenio Mimica Barassi
Introducción

LIBRO I



Primer período:

Los fundadores (1843 - 1920)
1843 – 1850: Los primeros tiempos de la colonia de Magallanes.
La dura vida de trabajo de los colonos en Punta de Arenas: 1850-1860.
Oro y pieles finas, carbón y comercio: los comienzos de la economía patagónica. 1860 – 1870.
La década del despegue económico: 1870 – 1880.
Se forma en la Patagonia una “economía ganadera de exportación”: 1880-1890.
Se intensifica la actividad ganadera, marítima e industrial en Magallanes y la Patagonia: 1890 – 1900.
1900- 1910: el trabajo y el progreso a principios del siglo XX.
El surgimiento de una clase trabajadora en Magallanes y en la Patagonia: 1910 – 1914.
El fortalecimiento de la organización obrera en Magallanes y la Patagonia: 1914 – 1916.
Se intensifica el conflicto social: 1916 – 1918.
La espiral del conflicto social en Magallanes: 1919.
El momento final de la Federación Obrera: 1920.


LIBRO II




1920-1929: los años de retroceso.
1930- 1938: crisis en la economía austral.
1938-1940: la formación de la Confederación de Trabajadores de Chile.
1940-1949: años de división en el mundo del trabajo.
1950-1959: el fortalecimiento de la organización sindical y la Central Unica de Trabajadores.
1960-1969: el incremento de las demandas sociales.
1970-1973: la confrontación generalizada.

HISTORIA DEL TRABAJO EN MAGALLANES

Manuel Luis Rodríguez U.



Derechos Reservados

Inscripción Nº 139.828

Prohibida la reproducción total o fragmentada de esta

obra sin permiso previo del autor.

Punta Arenas, 2004
 

Los hechos son fríos y duros


AGRADECIMIENTOS

Me hago un deber en expresar mi testimonio de gratitud por los comentarios, críticas y opiniones recibidos de los sres. Pavel Oyarzún, René Cárdenas Eugenín, Eugenio Mimica Barassi, Carlos Vega Delgado, Gerardo Alvarez Alvarez y del historiador argentino don Horacio Lafuente, quienes hicieron un valioso e inestimable aporte intelectual para enriquecer este ensayo.


El historiador magallánico y Premio Nacional de Historia don Mateo Martinic Beros, ha contribuido desinteresadamente con numerosos documentos inéditos y con su invaluable consejo experto.
Numerosos dirigentes sindicales, gremiales y obreros me ofrecieron su testimonio, el cual sirvió para enriquecer el contenido humano del relato. Entre ellos cabe mencionar de una forma destacada a Francisco Alarcón Barrientos, Mario Galetovic, Francisco Márquez, René Cárdenas Eugenín y Custodio Aguilar. La sra. Herminia González, secretaria administrativa en la Central Unica de Trabajadores en Punta Arenas hasta 1973, me permitió tener una visión testimonial única, sobre las reuniones del Consejo Directivo de esa organización.
Debo además un emocionado recuerdo de agradecimiento al dirigente minero y obrero José Evalterio Agüero Vera, quién me proporcionó valiosos testimonios sobre su vida y las condiciones de trabajo en las minas de carbón de Magallanes.
También don Roque Tomás Scarpa contribuyó con numerosos documentos y referencias de gran utilidad.
Un agradecimiento muy particular cabe hacer al personal de la Biblioteca Municipal y del Archivo Municipal de Punta Arenas, del Archivo de la Intendencia de Magallanes, de la Biblioteca del Instituto de la Patagonia, de la Biblioteca Pública de Puerto Natales y de los periódicos “El Magallanes” y “La Prensa Austral”, por su dedicación, profesionalismo y paciencia.
Debo también agradecer el trabajo de Pablo Velásquez Fuica, por sus búsquedas en el Archivo Nacional y otras bibliotecas y archivos en Buenos Aires.
Numerosos alumnos inspirados por esta investigación, contribuyeron también con su esmerado trabajo de documentalistas, como Paula Vargas Valderas, Blanca Ruiz Romero, Yasna Santana, Arturo Navarro y Pamela Vargas Valderas, a quienes agradezco su dedicación y compromiso con este esfuerzo.
Fueron consultados además, para distintos aspectos de esta investigación, el Archivo Histórico de Ancud, el Archivo Histórico Municipal de Río Gallegos, los archivos de la Societé Historique de la Commune, del Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia y del Cementerio de Pere-Lachaise de París, del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Argentina y de la Embajada de Francia en Buenos Aires, a cuyo personal agradezco su dedicación y esmero.
Mi hijo, Ricardo Rodríguez Roa, de alguna manera se vio involucrado en la creciente vorágine de documentos, folletos, contratos de trabajo, periódicos y miles de papeles en el hogar familiar, por lo que hizo también su valiosa contribución explorando la prensa obrera magallánica, en la Sección de Diarios de la Biblioteca Nacional en Santiago.
También debo agradecer la colaboración económica y el apoyo prestado por la Ilustre Municipalidad de Punta Arenas y en particular por su Alcalde Juan Morano Cornejo, para financiar una parte de la investigación cuyos resultados aquí publico.
En particular, todas las numerosas personas que ofrecieron sus testimonios personales acerca de sus experiencias de trabajo y en la vida sindical, y que aparecen nombradas en las Referencias del libro, merecen una mención especial de agradecimiento.
Por último, debo subrayar que el uso y presentación de la información documental y testimonial recogida por mí y por quienes han colaborado en la investigación, es de mi exclusiva responsabilidad.

PROLOGO DEL AUTOR

Este ha sido un parto de larga gestacion.


Desde principios de la decada de los ochenta, buscaba y acumulaba en archivos diversos y literatura varia, materiales acerca de los movimientos obreros y sociales que jalonan la historia magallanica y patagonica. Una inquieta curiosidad me perseguia desde aquel entonces: como han evolucionado, como se han formado, que han propuesto, cual ha sido el aporte del trabajo y de los trabajadores al desarrollo de Magallanes y la Patagonia?
Al cabo de un buen tiempo, tenia registrados numerosos episodios y acumuladas cantidades considerables de documentos y testimonios y entonces comprendi que habia tocado en los bordes de una enorme veta: la historia de los trabajadores, de sus organizaciones y de sus formas de trabajo, es decir, una “historia del trabajo y los trabajadores”, con todas las poderosas connotaciones que estas dos palabras poseen.
Entiendo y asumo que la historia es un campo de fuerzas, es una construccion cultural y politica y, al mismo tiempo, es el producto de las intervenciones de sujetos sobre estructuras, en el sentido de que los seres humanos y las organizaciones que crean, son actores que se ponen en escena en una representacion de la que la historia da cuenta, siempre desde el presente del historiador, pero donde los sujetos-protagonistas-actores no siempre estan completamente conscientes de los alcances del libreto que estan teatralizando en vida. Por eso, tambien asumo que la historia no es lineal –sino probablemente de trayectoria ondulada y en forma de espiral sin fin- y al historiador le es otorgado por unn instante el raro privilegio de volver a intentar poner en escena a los actores y sus circunstancias, y sus contextos.
Cuando baja el telon de este relato-teatro, lo que espero sin embargo no son aplausos, solamente deseo sentir que mis lectores han quedado con la profunda curiosidad de saber mas, de profundizar mejor en esta historia social de Magallanes y la Patagonia.
No pretendo dar lecciones ni extraerlas de los hechos que relato: solo pretendo que al leerlos, el lector pueda comprender mejor lo que sucedió y pueda encontrar el mismo, las continuidades, repeticiones, aceleraciones, retardos y quiebres en las sinuosas curvas del tiempo pasado.
Los sujetos iran apareciendo entonces como en la escena de un gran teatro: los veremos aparecer por un instante como protagonistas de primera linea, o mantenerse en roles secundarios, a algunos los veremos aparecer y desaparecer como estrellas fugaces; veremos sus discursos, conoceremos sus decisiones, escrutaremos sus gestos, oiremos sus palabras, juzgaremos sus documentos, valoraremos sus actos y despues presenciaremos como se van desapareciendo o transformando.
Este es el primero de una serie de volúmenes, en los que presento un estudio histórico acerca de la evolución del trabajo, de los trabajadores y de los movimientos sociales formados por éstos en la región de Magallanes y la Patagonia, en el período que abarca desde 1843 hasta 1990.
Este primer volumen abarca el período entre 1843 y 1920.
Los orígenes de este trabajo, están en una primera investigación histórica publicada en Punta Arenas en 1986, con el título de "Perfil Histórico del Movimiento Obrero en Magallanes. 1893-1973", texto que hoy se encuentra completamente agotado.
En este estudio presento completas referencias cronológicas y bibliográficas sobre el trabajo y los sindicatos; se encuentran pormenorizados relatos de los eventos sindicales más importantes; aparecen las fechas y momentos más relevantes de las organizaciones sindicales de los distintos períodos; la explicación de las acciones, movimientos y huelgas más decisivas, así como las aspiraciones y demandas que las movilizaron.
Al mismo tiempo, aporto una profusión de citas y referencias respecto de una considerable cantidad de textos sindicales y documentos originales (en la forma de petitorios, pliegos de peticiones, contratos de trabajo, programas de acción, resoluciones, memoriales, declaraciones públicas e incluso discursos de algunos de sus dirigentes), a fin de poner de relieve -con la mayor fidelidad posible- el pensamiento y las posiciones de las organizaciones de los trabajadores magallanicos y patagonicos frente a sus problemas y a los de la región.
Como se apreciara, la historia social de Magallanes esta intimamente asociada a la historia social de Chile, pero tambien de la Argentina, de la Patagonia en general, y hasta de muchos otros paises del mundo. De alli su interes y su importancia novedosa.
También incorporo algunas referencias acerca de las empresas existentes en la zona en los distintos períodos que abarca esta historia.
Más importante que la interpretación de los hechos, lo que he intentado hacer aquí es presentar los acontecimientos relatados por sus propios protagonistas, de manera que el lector "vea los acontecimientos" ocurridos, a través de las propias palabras, discursos y documentos de quienes fueron los protagonistas.
Además, he querido profundizar en el análisis del contexto socio-económico, político y cultural en el que se sitúan los hechos históricos relatados, a fin de lograr su mejor comprensión para el lector.
No hay en este trabajo intelectual ninguna intención laudatoria ni de juicio crítico de la acción de los movimientos obreros y sindicales, sino solo he tenido el propósito de relatar los hecho tal como sucedieron (propósito por lo demás, inherente a la propia ciencia histórica) y situarlos en la perspectiva del contexto histórico (es decir, social, económico, político y cultural) en el que se produjeron.
En este primer volumen, he elegido como título el de "Colonos, gañanes y peones", en referencia a las tres denominaciones más usuales que se daba a la gente de trabajo, durante la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del siglo XX.
Considero que la historia del trabajo es parte del patrimonio cultural de un pueblo, y por lo tanto, este estudio constituye un esfuerzo de rescate de una parte significativa de la memoria histórica de Magallanes.
Cómo tópico de estudio, la historia del trabajo y de los movimientos sindicales y sociales -en cuanto campo específico del conocimiento histórico- puede ser situada en una frontera difusa entre la Historia Política, la Historia Económica y la Historia Social, pero además creemos que constituye un aporte a la Historia Regional, ya que debe tomar en consideración los hechos históricos relativos a ciertos aspectos sociales y políticos de la acción colectiva y de los movimientos sociales, y a las ricas y variadas formas de trabajo que existían en Magallanes y en la Patagonia.
¿Cuáles son los hechos históricos sobre los que se interesa y focaliza esta historia?.
Para los efectos de este ensayo, he compulsado información y datos acerca de cuatro tipos de eventos históricos, a saber: primero, la evolución experimentada por las condiciones económicas y sociales del trabajo y las organizaciones obreras y sindicales; segundo, los movimientos de demandas desplegados por las organizaciones obreras y sindicales; tercero, los conflictos y huelgas realizadas y sus resultados y; cuarto, las ideas, aspiraciones, intereses y demandas impulsadas por las organizaciones sindicales y obreras.
Por ello, dada la naturaleza compleja del tema investigado y dentro del amplio campo de la Historia de la región de Magallanes y de la Patagonia, es necesario subrayar que ésta es -a la vez- una visión panorámica y focalizada de la historia del trabajo, en casi un siglo de su evolución, y una interpretación de dicha historia.
Aún cuando ésta es una historia de los movimientos obreros y sindicales magallánicos, es necesario comprender que estos movimientos no aparecen ni funcionan desconectados de la realidad social y política de su época, por lo que necesariamente este relato incluye también referencias generales de orden económico, social y político, así como aparecen indicaciones sobre otras agrupaciones, movimientos y procesos sociales ocurridos en Magallanes en el período considerado.
Además, esta íntima interconexión entre el mundo sindical y el resto de la realidad social, se extiende al aspecto geográfico, de manera que muchos procesos y movimientos obreros magallánicos encuentran su explicación y relación contextual -como se verá en el texto- con los movimientos obreros de la Patagonia argentina.
Los hechos relatados están respaldados por la documentación consultada y citada y, en aquellos eventos en que ha sido posible, se ha recurrido a numerosas fuentes testimoniales, que debieran darle al relato un aspecto más humano y realista.
Para un mejor ordenamiento de los datos y del relato, he optado por seguir una periodización histórica que toma como criterios ordenadores los grandes períodos y grandes tendencias dominantes en la evolución general de los movimientos obreros y sindicales de la región magallánica, aún cuando -como se podrá observar en el texto- éstos períodos siguen de cerca las grandes etapas del movimiento obrero chileno e incluso, es posible percibir la interdependencia existente entre estos movimientos y los procesos políticos y sociales generales de la región y del país.
Así, cada uno de los capítulos, está limitado cronológicamente por la formación o crisis de las grandes agrupaciones, que reunían a los sindicatos y movimientos obreros.
El marco teórico y conceptual en la Introducción, acerca del trabajo, la economía y los salarios, ha sido elaborado sobre la base de algunos de los principales autores de la Economía Política clásica.
La antigua sabiduría dice que para que un ser humano se realice plenamente en su vida, tiene que, por lo menos, sembrar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. Mi árbol lo sembré a fines de 1973 en una desolada isla en el Estrecho de Magallanes; mi hijo crece y sigue creciendo y aquí está el primer libro.
Esta es una contribución intelectual y un aporte cultural, para la recuperación de la memoria histórica de la región magallánica y patagónica, al desarrollo de la identidad cultural regional y por un mejor conocimiento y comprensión de la historia social de la región de Magallanes y de la Patagonia.

Punta Arenas (Magallanes), invierno de 2004.



Historia del Trabajo en Magallanes:

nuestra memoria laboral y cultural

Resulta valioso por poder contar desde ahora con un texto documentado, profuso y profundo, nutrido además en cronologías, citas y paralelos, como esta particular Historia del Trabajo en Magallanes. Pero resulta satisfactorio también el hecho de que su autor sea un persistente conocedor del tema, un apasionado de su tierra natal, un magallánico irrestricto, sincero más que nada consigo mismo, que es quizás la mejor de las sinceridades de las que podamos disponer. Una obra enorme, de difícil temática y más complicada exposición, que ha demandado a Manuel Rodríguez Uribe la no despreciable cantidad de veinte años de acopio, consultas, registros, revisiones bibliográficas, testimonios orales y escritos, hallazgos felices, búsquedas febriles y no menos dudas personales respecto a su producto final.


Cuánto de cierto, cuánto de reflexión innata y básica, y por lo mismo exenta de filosofía rebuscada, hay en la aseveración del autor de esta obra cuando asegura en su Introducción que “El trabajo creó a la Patagonia”. Una verdad sin discusión. Y es que la Patagonia conformaba un territorio donde nada había, más allá o más acá del deambular de los pueblos nómades originarios. Y aún ellos debieron trabajar e idear formas para alimentarse y para que sus medios de transportes marítimos, llámese canoas de troncos o de pieles, y hasta sus viviendas, hechas con iguales materiales, tuvieran la consistencia necesaria para no terminar naufragadas o arrancadas de su sitio, según el caso, por efectos de un temporal de viento y lluvia de patagónica frecuencia. Esa era y es una realidad.
Si hasta la vestimenta fue acondicionada en función del trabajo. Los hombres y las mujeres de este fin del mundo debieron vestirse acorde a las condiciones laborales, casi siempre extremas, y a la climatología del lugar. Una climatología por lo general sin variaciones durante las cuatro estaciones del año. El vestuario era para el trabajo. La ropa, era "de trabajo". Y no podía ser de otro modo cuando los habitantes de Magallanes, mayoritariamente emigrados desde Europa, o desde el archipiélago de Chiloé (el orden de los factores no altera ni alterará el producto), traían impresa en sus mentes y voluntades una condición básica de existencia, apelando a una esencial forma de cubrirse, como requerimiento de una misma funcionalidad, guardándose en cambio y como recambio excepcional, cual tesoro en algún ropero o baúl, la única prenda o tenida "de domingo", a usarse en fiestas comunitarias o particulares, en bodas, nacimientos y funerales. Una sola prenda para ocasiones especiales, y una sola prenda, a lo más dos, para la subsistencia, para bregar de sol a sol, o de nublado a nublado, que acaso corresponda más a nuestra idiosincrasia magallánica.
También la alimentación, una alimentación cuyos pilares eran las proteínas y los condimentos fuertes, tuvo y tiene una estrecha relación con el mundo del trabajo. Una dieta basada en productos cárneos, escasa sí de vegetales, y no sólo por la carencia de ellos, pues bien se sabe que en Magallanes se dan perfectamente diversos tipos de hortalizas, aún fuera de invernaderos, sino por la necesidad de un sustento rico en materia grasa, fundamental para "soportar el frío" y las condiciones laborales de extramuros, que eran y siguen siendo, principalmente en aquellas faenas rurales, llámense campesinas o industriales, un requisito sin mayores variaciones. Dieta acorde a una necesidad de esfuerzo y resistencia. Comida fuerte para el trabajo fuerte, que es como decir comida de machos para machos y de hembras para hembras, sin más concesiones ni debilidades.
Al incipiente Magallanes, y a toda la Patagonia, no llegaron capitales económicos, no hubo aporte monetario para sacar adelante al territorio, más allá de las "raciones" primerizas para entusiasmar el asentamiento humano y una que otra anémica inyección de apoyo estatal, consistente en materiales de construcción, en simple aporte monetario o en acarreo marítimo de fuerza laboral, cuando no de carácter e interés netamente funcionario, con uniforme o sin uniforme. Mucho más no hubo; mucho peor tal vez sí. El mayor capital del que se dispuso entonces fueron las manos y brazos prestos al trabajo, al desvelo, y además con una mentalidad emprendedora para no ceder en el intento. Aunque no pocos sucumbieron. El trabajo era lo único que podían y necesitaban hacer, aquellos que se aventuraban por las desconocidas tierras australes de la Patagonia. Pero para concretar esa aventura necesitaban estar dotados de un espíritu de laboriosidad, de ahorro, de perseverancia y austeridad, cualidades que no todos tendrían, señala el autor en uno de sus comentarios, situación que, para mal, aún es aplicable en estos días. Y es que todo se hizo y debió hacerse acá, entre esa gente que llegó con una mano delante y otra detrás, vinieran de donde vinieran.
Si hasta la banca privada hubo de ser creada, y los seguros de capitales, y las mutuales o sociedades de socorros mutuos, y las instituciones de beneficencia y de salud, y la necesidad de que cada niño tuviera una instrucción educacional básica, e incluso la seguridad social. Leamos: Mientras en el resto de Chile, prácticamente sin protección legal, muchas categorías de obreros trabajaban casi en condiciones semi-feudales, en el Territorio de Magallanes una elevada conciencia social y un avanzado espíritu de seguridad social de parte de trabajadores y empresarios hacía posible que los obreros metalúrgicos contaran con una protección mínima en caso de accidente e incluso tuvieran las garantías de una atención sanitaria de urgencia en la Cruz Roja de la ciudad (institución benéfica que por cierto fue fundada primero acá, en Magallanes).
Y es que todo hubo de ser iniciado de "mutuo propio". Incluso las ideas de reivindicación social, y los paradigmas libertarios y de justicia, dignidad y trato igualitario entre las personas, fuesen del apellido que fuesen. Así como el ahorro y el sudor llegaron de afuera, asimismo el intelecto del humanismo se apersonó desde esas mismas coordenadas, específicamente desde Europa. Vaya como testimonio este párrafo de una novela feminista de comienzos del siglo XX, inspirada en la ciudad de Punta Arenas: ¿Pero aquí, en este país nuevo tan rico y tan extenso, los obreros despiertan también? - preguntó ella ansiosamente. Se despiertan tanto más señora, cuanto que al venir a la vida respiran en la atmósfera socialista creada por otros y que pesa sobre todo el viejo mundo. Ellos, jóvenes, curiosos, ávidos, leen, escuchan, oyen y se hacen criterio aliado con sus pasiones (1).
Significativo resultan también aquellos acápites de la obra donde el autor habla de las "diferencias" entre la FOM (Federación Obrera de Magallanes) y la FOCH (Federación Obrera de Chile), expresando a través de documentos y testimonios que la organización magallánica (dicho sea de paso que el dirigente obrero Luis Emilio Recabarren la consideró la más importante colectividad trabajadora de toda Sud América) nunca se afilió a su similar chilena, no pudo ser absorbida por ella, principalmente por las diferencias ideológicas (anarcosindicalismo versus socialismo) entre una y otra. Sin embargo, más allá de consideraciones válidas en el campo de las ideas y de la distancia geográfica - con la dificultad cierta de un contacto fluido en aquella época - debe considerarse esta discrepancia como consecuencia de escenarios distintos y de culturas totalmente contrarias. En efecto, mientras acá la FOM propiciaba un trato deferente, anteponiéndose casi de igual a igual a una oligarquía poseedora de miles y miles de hectáreas, su "par" santiagüina se encontraba recién tratando de zafarse del inquilinaje colonial y del resabio de las "encomiendas".
Pero hay más. Resulta particular la forma como el autor va desgranando el recuento del trabajo en Magallanes. Lo hace década por década, desde 1843 (año de la Toma de Posesión y la construcción del Fuerte Bulnes) hasta 1973 (año en que se rompió violentamente el devenir democrático de la Nación). De un septiembre a otro septiembre. Es un esfuerzo notable de investigación que queda a la vista, y que abarca por lo mismo ciento treinta años de acontecimientos laborales en la zona. Década a década, por lo demás, van quedando registrados los hechos, las celebraciones del 1º de mayo con sus diferentes matices, pero también los incidentes polémicos, los puntos de vista, las denuncias, huelgas y petitorios, algunas y algunos más radicales que otras y otros. El impacto de las guerras mundiales en la economía y por lo mismo en las condiciones del trabajo, o la radiografía socio política nacional e internacional, son parte de aguda observación y desarrollo en la visión del autor, entregando un marco de referencia que apoya un mejor entendimiento del devenir regional. Aunque a ello debe sumársele cierto personal escenario que Manuel Rodríguez incluye para oxigenar su documentación. Cobra manifiesta importancia entonces, y le da una atmósfera familiar, la transcripción de avisos y citaciones insertos en la prensa local de la época, que sirven como registro del ambiente que rodeaba al mundo trabajador magallánico. Y llega el recuerdo, a la rápida, como para confirmar que la memoria siempre es y será frágil, a través de episodios que ya apenas forman parte de un pasado inmediato, visiones de un ayer romántico, como la forma de vida al interior de los hogares magallánicos, las marcas comerciales de productos y enseres, o las siglas de instituciones y empresas ya fenecidas, pero que en un momento circularon en boca de todos y hasta fueron motivo de no menos álgidas controversias. Un rescate de entornos y costumbres, como aquella tradición anual del "paseo de los huerfanitos", en una larga caravana de vehículos con sus cláxones al viento (a la lluvia, al frío, al sol tímido, al nublado amenazante, según el turno que fijara a mansalva la ruleta del clima ese día), rodando cálidos por las calles puntarenenses, en manos de los choferes de taxis de la ciudad. Si las bocinas escandalizaban al terminar el día y en fin de semana era fijo el anuncio de un casamiento, pero si sonaban en plena mañana o iniciada la tarde de un día intermedio se trataba, en forma incuestionable, de aquel paseo de los niños del Hogar Miraflores, y toda la población se daba por enterada.
Como una puesta en escena, esta obra invita entonces a impregnarse con cada suceder, y hasta, por qué no, a respaldar o disentir con tal o cual medida administrativa, con tal o cual gestión obrera, con tal o cual decisión de demanda salarial, y a estremecernos, a asombrarnos y hasta a lamentarnos por tal o cual actitud o medida. Porque el trabajo es esencia en el hombre, es condición fundamental. Pero cuando en su nombre y por su causa brota la sangre, cuando llega y se presenta la muerte, el trabajo deja de ser una actividad y se vuelve inmolación. Porque la muerte, como escribió una vez el historiador argentino Osvaldo Bayer (2), es irrecusable, irreconciliable, y porque también, como una vez anotara un poeta chileno (no recuerdo la fuente, de manera que por favor, disculpad al Alzaimer), sea uno o sean mil los inmolados, el holocausto es el mismo.
Y es que en esta obra, mucho más que libro por su extensión y contenido, Manuel Rodríguez consigue que quien recorra sus páginas se vuelva protagonista, se torne partícipe, porque logra atrapar y hacer que los lectores, aquellos lectores interesados en la materia, tomen partido, se entrelacen, se alegren y hasta se enrabien con esa o aquella otra vicisitud. La lectura adquiere entonces militancia histórica y cultural, lo que le otorga una validez extra al texto mismo, que perfectamente pudo haber sido presentado como una mera exposición fría de los hechos. Manuel Rodríguez, superando la monotonía temática, buscó y consiguió una participación activa, de él y de quienes tengan su obra en sus manos. Decisión valiosa y no exenta de riegos. Un jugársela al todo o nada, considerando incluso aquellas labores femeninas comunes y corrientes, escasamente catalogadas y menos reconocidas, como el servicio femenino doméstico, o el de costureras, modistas, pasteleras y simples dueñas de casa.
Sin pretensiones lúdicas, porque ya fue dicho que el trabajo no es un juego, mucho menos si hubo represión y mal trato, si hubo sangre y muerte de por medio, esta obra da espacios para teniéndola entre manos poner las manos en ella. Hay párrafos que abren sendas con el fin de interpretar lo interpretado, y para sacar conclusiones de las mismas conclusiones. Entramos así en el campo del lector participativo, del lector cómplice, en el decir literario. Y es que llama la atención, sólo a vía de ejemplo, entre otros que se puedan mencionar ante la profusa nómina de actores y protagonistas de esta amplia historia, la escasa presencia de apellidos de pueblos originarios provenientes del centro- sur de Chile. Al menos de apellidos paternos, pues en tiempos lejanos y aún hoy una mala suerte de patriarcalismo borró y borra de las listas toda rama materna. No se encuentra en los primeros trámites de la obra una evidente y palpable dirigencia, que incluya entre sus integrantes a componentes raciales nativos. Resulta curioso y como para sacar, precisamente, conclusiones de las conclusiones. Dicho elemento étnico estaba, aún más, debió haber tenido una fuerte presencia, al igual que hoy, entre el conglomerado de habitantes magallánicos, y para corroborar aquello no es necesario acudir a fuentes estadísticas. Sin embargo, salvo unos cuantos apellidos con claro vínculo originario, no se aprecia una fuerte incidencia ni protagonismo de tal vertiente en la conducción o en la participación dentro del conglomerado obrero, al menos en la época más álgida, esto es entre 1910 - 1920. Aunque tampoco mucho más después de eso. Curiosidad de curiosidades, acaso algún intento de respuesta se pueda encontrar en aquella interlocución entre el militar Arturo Fuentes Rabé y uno de los administradores de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego: Contamos en los montes de Carmen Sylva con tres familias de indios, excelentes cuidadores de ganado y muy poco exigentes en sueldos y en comidas. (3)
Debe suponerse que no se estaba hablando en ese párrafo de nativos fueguinos selk'nam, y ello es entendible si se acepta que por la fecha en que transcurre el episodio se hace dudoso el asentamiento de familias de dicho componente racial, cuando ya todos ellos, por una u otra razón, habían desaparecido o hechos desaparecer de la isla grande, al menos en su porción chilena. La respuesta sea quizás más categórica: respecto a composiciones etnográficas los integrantes de la colectividad indígena (permítase la acepción colectividad) bregaban en Magallanes por necesidades fundamentales, como el plato de comida o el techo donde cobijarse. De otros sería el protagonismo de reivindicaciones sociales; de otros las ideas avanzadas traídas desde distintos escenarios, culturas y civilizaciones, y por lo mismo de otros el imprescindible y exigido trato igualitario. Así, mientras unos se esforzaban por mejores facultades desde una similar condición formativa a la de sus empleadores, diferencias de fisonomías, pigmentación capilar y poder económico de por medio, otros simplemente quedaban fuera o se mantenían al margen, tal vez por falta de discernimiento, urgencia por superar carencias endémicas, aunque quizás más que ninguna otra cosa por causa de condiciones existenciales fuera de un contexto de cultura ancestral.
Lo anterior sí que no es una circunstancia pasada y de otro siglo. Querámoslo aceptar o no una situación paralela en todo ámbito se vive en el presente, donde el tómalo o déjalo se antepone a cualquier posibilidad particular de exigencias y donde conquistas logradas con dolor son borradas ante la oferta y la demanda ligera, y ante un individualismo y un materialismo cerrado, ciego y tentador, ofreciendo la oportunidad (y el triste espectáculo al mismo tiempo) de tener algo más, por el afán de parecerse y competir con el del lado, con el vecino o pariente, incluso con "el jefe" en asuntos de accesos y bienes de consumo. ¿Qué es eso de reivindicación social y para qué tanto romanticismo obsoleto, tanta conciencia, si lo que importa de verdad es cuántos electrodomésticos se puedan tener en casa, si a lo que se aspira es poseer un buen "home theater" para solazarse con películas arrendadas, sin olvidar la televisión por cable, el último teléfono celular con pantalla ancha y carcaza multicolor, o el más reciente "Dvd" con la música desechable del momento? Nietzcshe, en esta mentalidad que no se crea tan escasa, ni siquiera huele a comunismo; más bien suena y resulta algo tan lejano, desconocido y fuera de contexto como la China misma.
Por supuesto que en esta y otras materias el tema da para mucho de qué hablar y disentir. Y es que cuando se hace historia, se la comunica, se la percibe y se la absorbe, todo va a depender del cristal con que miremos o queramos mirar los distintos factores que intervinieron en su desenvolvimiento, sin que podamos evitar asumir una comparación entre el antaño y el hogaño. Puede ser nada más que un asunto de interpretaciones. Dejémoslo como tal, un asunto de interpretaciones.
Sólo resta insistir en el aporte que en su conjunto entrega esta Historia del Trabajo en Magallanes. Un tema con muchas aristas, variadas perspectivas, distintos ángulos, no menos escenarios ni escasez de protagonistas, pero que aparte de todo ello, sirve principalmente como testimonio directo de la comparecencia laboral y cultural, que hubo de forjarse en esta tierra de siempre finales y siempre comienzos.

Eugenio Mimica-Barassi

Punta Arenas, otoño de 2004.



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