Historia del arte en canarias (10-xi-04)



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ARTE EN CANARIAS
HITOS CLAVES PARA LA HISTORIA DEL ARTE EN CANARIAS


  1. Los estilos: el carácter retardatario de las manifestaciones artísticas insulares.

Las novedades artísticas llegan con retraso a nuestro Archipiélago, de modo que, sólo a partir el siglo XX, especialmente a raíz de la primer exposición surrealista en Canarias y la publicación de la revista Gaceta de Arte, Canarias muestra una clara sincronía con los aspectos de vanguardia. Esta dilación en la arribada de las ideas estéticas imperantes en el momento trae consigo que las Islas constituyan en realidad una zona periférica, alejada de los centros de decisión.



  1. La preeminencia del arte religioso hasta el siglo XIX.

Al igual que acontece con el arte hispano en su conjunto, Canarias va a ofrecer unas manifestaciones artísticas de carácter esencialmente sacro hasta la centuria decimonónica. Ello es fiel reflejo de la sociedad contemporánea, en la que el clero jugaba un papel fundamental. Sólo a partir de dicho siglo, con las medidas desamortizadoras y el régimen liberal en general, el arte civil irrumpe de manera notable. Al hilo de lo que comentamos podemos indicar que nuestra ciudad, que contó desde el siglo XVII con seis conventos (tres en Vegueta y otros tantos en Triana), los perdió todos en el siglo XIX, manteniéndose hoy sólo las iglesias de tres de ellos, esto es, la que correspondió a los dominicos (iglesia de Santo Domingo de Guzmán, en Vegueta), los agustinos (Iglesia de San Agustín, junto a la Audiencia, también en Vegueta) y San Francisco de Asís (zona alta de Triana, junto a la Alameda de Colón).

En las zonas rurales ocurrió otro tanto, pues también durante el XIX desaparecieron los franciscanos de San Antonio de Padua (Gáldar) y Nuestra Señora de la Antigua (Telde), así como los habitados por monjes dominicos en Firgas y Agüimes.




  1. Las primeras manifestaciones artísticas: el gótico.

La conquista de Canarias se desarrolló entre 1402, fecha de la expedición normanda de Jean de Bethencourt, y 1496, data ésta en la que concluye la dominación de Tenerife por Alonso Fernández de Lugo. Las Islas, pues, quedan incorporadas al mundo occidental a finales del siglo XV. Es por ello que el primer estilo que aflora en nuestro suelo es el gótico en su fase final, lo mismo que en el resto de la península Ibérica. No podemos olvidar, asimismo, que durante esta centuria ya en Italia se manifestaba claramente el Renacimiento. Por las razones citadas en el apartado nº 1, determinados aspectos del gótico, tales son los arcos apuntados y ojivales, perduran hasta bien entrado el siglo XVII y aun el XVIII.

La impronta de la arquitectura mudéjar no dejó de sentirse, sin embargo, hasta avanzado el siglo XVIII. De este modo, escasos son los edificios góticos con techumbres abovedadas, construcciones éstas de primer orden, frente a aquéllas que se cerraban con armaduras. De hecho, la catedral de Santa Ana es el único ejemplo de este estilo que, en el siglo XVI, ofrece arbotantes y cubiertas abovedadas.

Algunas pautas del gótico volvieron a aparecer en Canarias a principios del siglo XX, con lo que se conoce como estética neogótica. Tal tendencia, como la neorrománica y la neoárabe, es fruto de las ideas románticas decimonónicas, y en conjunto reciben la denominación de estilos recurrentes, historicismos o revivals, esto es, aquellos estilos que suponen una mirada hacia detrás, una mirada retrospectiva. Al igual que los estilos generales, las tendencias revivals llegan a Canarias un poco tarde, pero aún en el siglo XIX. Son pioneros en tal sentido Manuel Ponce de León y el arquitecto Laureano Arroyo en Gran Canaria. A principios del siglo XX comienza a elevarse, por ejemplo, la iglesia de san Juan Bautista de Arucas, erróneamente conocida como la catedral, cuando solo es iglesia.


  1. El arte sigue al comercio: el cultivo de la caña y la vid durante el siglo XVI.

Ya desde las últimas décadas del siglo XV Canarias se especializa en el monocultivo de la caña de azúcar, producida en los ingenios. La toponimia insular refleja en ocasiones este aspecto. En Gran Canaria tenemos los casos de Ingenio, Bagacera, Trapiche. Las tradiciones populares recuerdan aún hoy este cultivo, como ejemplifican claramente las fiestas dedicadas a la Inmaculada Concepción en Jinámar a principios del mes de diciembre, celebraciones en las que se vende caña de azúcar. En la plazoleta que se sitúa frente al templo de este barrio existe un monumento que conmemora dicho cultivo, obra de Ana Luisa Benítez. La localidad de Ingenio posee asimismo, en la rotonda de acceso a su casco, un monumento que refleja una prensa de caña.

La vid era otro producto que se cultivaba en Canarias, si bien su etapa dorada se desarrolló en el siglo XVII y gran parte del Setecientos.





  1. Las zonas de decisión

Los centros artísticos por excelencia en Canarias fueron esencialmente las capitales de las Islas administradas directamente por la Corona, las llamadas Islas de realengo. Las Palmas de Gran Canaria y La Laguna se convirtieron ya desde el siglo XVI en enclaves notables en tal sentido. El gran atractivo de la primera ciudad fue esencialmente el ser la sede del único obispado de Canarias, hasta que en 1819 surge la Diócesis Nivariense, esto es, la que engloba a la actual provincia de Santa Cruz de Tenerife, estableciéndose la pertinente catedral de dicha sede en la que fue iglesia de los Remedios de La Laguna. Tenerife contó asimismo con otros lugares destacados, tales fueron La Orotava y su puerto, el actual Puerto de la Cruz, Garachico e Icod y su comarca. A principios del siglo XVIII, Garachico es prácticamente destruida por las lavas, de modo que el Puerto de la Cruz toma su relevo. Desde finales del siglo XVIII, Santa Cruz de Tenerife, hasta entonces un pequeño enclave portuario, pasa a sustituir a la entonces capital de la isla de Tenerife, La Laguna, como centro de decisión en lo que a la actividad artística concierne.

La Palma tuvo por sede notable a su capital, Santa Cruz, si bien Argual y Tazacorte, ubicadas al Oeste de la Isla, fueron sede de importantes familias, algunas de origen foráneo.

Más modestas resultaron las islas menores. En el caso de Lanzarote y Fuerteventura, sus capitales fueron, hasta el siglo XIX, Teguise y Betancuria, respectivamente.



  1. Las importaciones

Durante los primeros momentos posteriores a la conquista, las Islas recurrieron a la importación de piezas artísticas. Tal es así que, hasta principios del siglo XVII, apenas nos son conocidos artífices de origen insular. Aun después de esta fecha, el fenómeno de la importación de piezas artísticas continuó, constituyéndose así en una constante en el panorama de las Bellas Artes en nuestro suelo. Flandes durante el siglo XVI, Andalucía, América y la península Itálica especialmente en las centurias siguientes, constituyeron los focos de producción que surtieron los templos, viviendas particulares y enclaves públicos (plazas, alamedas...).



  1. Los artistas foráneos

Al tiempo que se importan objetos artísticos desde otras latitudes, Canarias experimentó la arribada de artífices foráneos que recalaban en nuestra tierra, bien para permanecer aquí, bien como vía de paso hacia las prometedoras tierras americanas. Un ejemplo de tal aserto en el siglo XVII lo supone el tallista andaluz Martín de Andújar, quien se desplazó al Archipiélago y estableció taller en Garachico y Las Palmas de Gran Canaria, para finalmente dar el salto hacia América, donde fallece. En nuestra isla deja realizados el retablo e imagen de San Pedro (catedral de Las Palmas), y una Santa Lucía para el convento franciscano de Telde.

Situación distinta es la que afecta, ya en el siglo XIX, al pintor sevillano José Rodríguez de Losada, pues es contratado por la catedral grancanaria para realizar los grandes cuadros del Via Crucis que aún posee dicho edificio. Acabado el trabajo, retorna Losada a su lugar de origen.

Al mismo siglo, el XIX, corresponden algunos súbditos del imperio británico que, por razones varias, llegan a Canarias. Destacamos entre ellos al dibujante y acuarelista Alfred Dinston y su hija Soledad, afincados en el valle de La Orotava, o la esposa de cónsul británico en Tenerife Elizabeth Murray, asimismo pintora.



  1. Las féminas y el arte

Durante el Antiguo Régimen, pocas son las mujeres nacidas en Canarias que practicaron las Bellas Artes. Algunas de ellas son recogidas por la documentación, pero su obra se ha perdido. Adquieren mayor relevancia, sin embargo, durante el siglo XIX, y su papel en el quehacer artístico en el siglo XX está fuera de todo comentario.

Un caso singular para nosotros es el que afecta a Pilar de Lugo Eduardo (Las Palmas de Gran Canaria, 1820-1851), discípula del pintor Manuel Ponce de León. Pertenecía a la alta sociedad, por lo que, al igual que otras pintoras de su clase, sólo trabajó como diletante, esto es, pintaba por afición, no como medio de vida. Realizó retratos de algunos parientes suyos, así como de personalidades contemporáneas, y falleció a los 31 años víctima del cólera.





  1. El patrimonio artístico insular

La situación reflejada anteriormente ha dado lugar a que Canarias cuente con un patrimonio artístico de cierta entidad. Destaca sobremanera, sin duda, el conjunto de piezas flamencas, de pintura y talla, existentes en nuestro suelo. A la cabeza de este acopio se muestra la isla de La Palma, zona en la que asentó una notable colonia de personalidades nacidas en Flandes, algunos de cuyos apellidos se han mantenido hasta hoy (van de Walle, Van Dahl o van Dalle, Monteverde, traducción hispana de Groenenberg), etcétera. Arribaron estas gentes, ávidas de enriquecimiento, atraídas por la prosperidad que conllevaba la producción y consecuente exportación de azúcar. Las bodegas de las embarcaciones que zarpaban hacia aquellas plazas de norte de Europa, repletas del apetecido edulcorante, cobijaban con frecuencia, en el trayecto de retorno, objetos artísticos fabricados en Flandes, uno de los grandes epicentros artísticos europeos durante el siglo XVI.

Gran relevancia ofrece asimismo el patrimonio artístico de origen indiano, tanto en lo que se refiere a las manifestaciones escultóricas, pictóricas y de platería. Los objetos fabricados en Italia fueron asimismo comunes hasta los momentos finales del siglo XIX, como queda singularizado en nuestra ciudad si nos ceñimos a los bustos de Colón (La Alameda) y Cairasco de Figueroa (plaza homónima, junto al Hotel Madrid), ambos realizados en Génova; Santa Cruz de Tenerife ofrece la bella fuente, igualmente de fabricación ligur, que embellece y da prestancia a la recoleta Plaza Weyler. A la península Itálica se enviaban asimismo cargamentos de azúcar en el siglo XVI, lo que propició, al igual que mencionábamos en relación con Flandes, la llegada de linajes de aquella zona, con apellidos como Ponte, Lercaro, Justiniani, Amoreto, Riverol.





  1. Los percances

A pesar de lo citado en el apartado anterior, no han sido pocos los sucesos que han llevado a la pérdida de piezas artísticas y aún edificios señeros. Destacamos primeramente aquellos que se relacionan con ataques piráticos, tanto norteafricamos como europeos. Las Palmas Gran Canaria perdió una parte importante de su patrimonio en ocasión del ataque capitaneado por el holandés Pieter van der Does en 1599, invasión que arrasó prácticamente esta ciudad. Lanzarote y Fuerteventura experimentaron diversas incursiones de gentes llegadas del norte de África, especialmente durante el siglo XVI y la primera mitad del siguiente. Destacamos ahora la que realizó Xabán Arráez, que destruyó la localidad de Betancuria en 1593. La isla de La Palma no se libró de la piratería, pues a mediados del siglo XVI el bucanero francés François Leclerc (1553), alias “pata de palo”, asoló su capital, destruyendo la primitiva ermita de El Salvador.

Los incendios, fruto ahora de descuidos, trajeron consigo la destrucción de algunos templos. Durante el siglo XIX se incendiaron las iglesias principales de Tías (Lanzarote), Santa Brígida y Agaete (Gran Canaria). El siglo XX ve desaparecer la mayor parte de los enseres cobijados en los templos dedicados a Nuestra Señora de Guadalupe (Teguise, Lanzarote), San Agustín (La Laguna), Nuestra Señora de la Concepción en 1970 (Los Realejos, Tenerife) o el más reciente, y quizá por ello más triste, acaecido en 1997, que afectó al recinto de Nuestra Señora de los Remedios (Buenavista del Norte, Tenerife). El año 2005 trajo consigo, por último, la destrucción por un incendio del edificio episcopal tinerfeño, ubicado en el palacio que perteneció a los condes del Valle de Salazar (calle de San Agustín, La Laguna).

Las decisiones políticas, especialmente las que afectan a la desamortización durante el siglo XIX, trajeron consigo la supresión de numerosos conventos, como ya indicábamos en el apartado nº 2. Muchas de sus piezas artísticas, recogidas en principio por la Junta de Incautación, desaparecieron.

No podemos evitar el mencionar, igualmente, la desidia y estrechas miras de ciertos párrocos, que no tuvieron reparo en alterar, y aun destruir, piezas de notable valor. El exceso de confianza, y en ocasiones escaso celo de algunos de estos rectores, favorecieron los robos y un continuado expolio.




  1. Las enseñanzas artísticas

El aprendizaje de las Bellas Artes en Canarias hasta los momentos finales del siglo XVIII se realizaba a través del pupilaje con artistas ya conocidos. Los jóvenes entraban, pues, en el taller de dichos artífices, y allí emprendían el dominio de la actividad pertinente (pintura, escultura, platería, albañilería). Comúnmente se establecía un contrato entre los padres o tutores del alumno y el maestro, documento que era firmado ante un notario. Se seguía, pues, el sistema gremial en la transmisión del oficio. Cuando el joven estaba ya adiestrado, realizaba un examen, prueba que le permitiría ejercer el oficio con independencia.

Como indicábamos, es ya en los últimos momentos del XVIII, con los aires renovados que aporta la Ilustración, cuando surgen las escuelas de Dibujo, alentadas por las instituciones públicas. Estos centros de enseñanza aumentan de manera ostensible durante el siglo XIX, y se localizaban especialmente en las capitales de las islas mayores, esto es, en Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife.

Algunos artistas, asimismo, seguían practicando la enseñanza en régimen privado. Un ejemplo de ello lo supone en Gran Canaria el pintor Manuel Ponce de León, quien, aparte de dedicarse al diseño de edificios, trabajó asimismo la pintura y enseñó sus rudimentos.

Un verdadero acicate para el desarrollo del arte en las Islas fueron las exposiciones, que comenzaron a celebrarse también en el siglo XIX. Notables fueron las que realizó el Gabinete Literario de Las Palmas, entidad pionera en Canarias al respecto.

Frecuentemente, asimismo, los pintores optaban por continuar su formación fuera de las Islas, bien en la Península, bien en ámbitos más lejanos, como París o Roma. España ofrecía las enseñanzas de un centro de solera, la madrileña Academia de Bellas Artes de San Fernando. París, como sabemos fue el centro de decisión en la pintura y aun en la escultura decimonónica. Roma permitía el estudio con artistas contemporáneos, así como el contacto directo con las grandes obras del pasado.

Mientras, la escultura insular vivía aún inmersa en la tradición de la talla religiosa, de modo que algunos tallistas del siglo XIX no hicieron más que seguir la estela trazada por el guiense José Luján Pérez (1756-1815). Frente al auge de la pintura, el panorama escultórico decimonónico fue, pues, ciertamente pobre.

La conjunción de elementos favorables para la enseñanza y las muestras artísticas que hemos bosquejado trajo consigo, en el cambio al siglo XX, la apertura del primer museo de Bellas Artes, establecido en la capital tinerfeña.

Situación especial experimentó la arquitectura, pues salvo los maestros de obras y albañiles, formados aquí, el pleno dominio de la disciplina se adquiría en Madrid. De hecho, el primer arquitecto titulado que tuvo Canarias vino de fuera. Se trata del burgalés Manuel de Oráa, nombrado arquitecto provincial, esto es, para toda Canarias. A él debemos el primer mercado de nuestra ciudad, el de Vegueta, construido durante el reinado de Isabel II, como indica una leyenda colocada en su frontis, bajo el reloj actual.





  1. Los encargos artísticos

Si atendemos a la estructura social imperante en Canarias hasta el siglo XIX, es evidente concluir que los encargos artísticos parten especialmente del estamento clerical y la aristocracia. La burguesía asume en tal sentido, asimismo, un papel importante, así como aquellas corporaciones ligadas de alguna manera a la iglesia, tales son las cofradías y hermandades.

En este contexto es necesario precisar que en Tenerife, las casas tituladas, esto es, la nobleza con título, fue más importante que en Gran Canaria. La primera estirpe con título en nuestra isla es la Casa Condal de la Vega Grande, cuya andadura es algo tardía, pues tal rango fue concedido en 1777. Mientras, ya desde el XVII Tenerife contaba con numerosos títulos, como los marquesado de Adeje, Celada, Villanueva del Prado, San Andrés, Acialcázar, Torrehermosa o Villafuerte, los condados de Siete Fuentes, del Palmar, del Valle de Salazar....



Los encargos de obras, por otra parte, tanto si atendían a obras arquitectónicas, escultóricas, pictóricas o de platería, se hacían comúnmente tras la redacción del pertinente contrato, que se realizaba ante notario si se trataba de una escritura pública. Muchos de estos acuerdos tuvieron, sin embargo, un carácter meramente privado, de modo que no aparecen en los documentos notariales conservados. Tal género de documentos son muy importantes para la Historia del Arte, pues posibilitan el conocimiento de los acuerdos que tomaron conjuntamente el artista y el encargante o comitente de la obra. Asimismo, podemos encontrarnos contratos que conciernen a trabajos ya perdidos, lo que nos permite saber cómo eran tales obras, si efectivamente fueron llevadas a cabo.


  1. Pintura y colección privada

Si pretendemos estudiar la pintura canaria realizada durante el siglo XIX nos encontramos con un severo contratiempo: gran parte de ella se halla en manos privadas. Esta situación se atenúa si nos acercamos a Tenerife, pues, como ya se advertía, en 1898 se constituyó el Museo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, entidad que cobija buen número de piezas pictóricas realizadas en esa centuria.


  1. La escultura pública

Hemos indicado que hasta bien avanzado el siglo XIX, la producción escultórica insular era de tema religioso, y se ubicaba en templos, conventos y edificios privados. Ya en el siglo XVIII, sin embargo, la capital tinerfeña ve erigir una obra de carácter público. Se trata del monumento a la Virgen de Candelaria, todavía hoy ubicado en la plaza de Candelaria, su lugar de origen. La temática civil aparecerá en el siglo siguiente, adornando plazas y espacios públicos en general. De este siglo conserva Gran Canaria las cuatro piezas alegóricas de las estaciones, emplazadas originariamente en el llamado Puente Verdugo (hoy laterales de la carretera del centro, a la altura de la cale obispo Codina), fenómeno que tiene su paralelo en la santacrucera Plaza del Príncipe. A la misma centuria corresponden los bustos de Cairasco de Figueroa (frente al Gabinete Literario) y Colón Alameda de Colón). Si avanzamos hacia el siglo XX destacamos que la primera pieza pública colocada fuera del municipio capitalino es aquella que aún da prestancia a la plaza de San Sebastián de Agüimes, obra de finales de los años veinte.


  1. Las remodelaciones urbanas decimonónicas

Comentábamos anteriormente los resultados de la desamortización eclesiástica y sus efectos negativos sobre el patrimonio artístico insular. Nos interesa destacar ahora cómo la supresión de comunidades conventuales trajo consigo la aportación de nuevos espacios urbanos, que será aprovechados de manera diversa. Si nos ceñimos a la capital grancanaria podemos destacar que el extenso solar del monasterio de religiosas clarisas (franciscanas), permitió el trazado de la actual Alameda de Colón y el primitivo edificio de El Gabinete Literario, situado en el solar donde se eleva el actual. A su vez, la expulsión de las religiosas bernardas permitió, pasado el tiempo, elevar en el lugar la Sociedad Científica El Museo Canario. La Audiencia, por otra parte, se levanta donde se halaba la zona de clausura del convento agustino, del que sólo queda su iglesia. Un edificio militar, por último, se construyó donde estaban el claustro y las dependencias monacales de los religiosos franciscanos (hoy se alza allí el Conservatorio de Música de la ciudad).

En la isla de Tenerife hacemos mención de la Plaza del Príncipe y los juzgados santacruceros, ubicados en el solar que fue de los monjes franciscanos. El Ayuntamiento de La Orotava, por otra parte, ocupa el suelo del convento de San José, mientras la antigua capital, La Laguna, vio construir unas dependencias militares sobre el solar de la comunidad de San Miguel de las Victorias (religiosos franciscanos), aunque se conservó el templo, hoy conocido como iglesia del Cristo, pues acoge la venerada imagen flamenca.

Frente a estas desapariciones monacales, La Laguna conserva aún dos conventos, ocupados ambos por comunidades femeninas, clarisas y dominicas.

A su vez, los esquemas propios de la burguesía liberal, dominantes durante el siglo XIX, llevan a la remodelación de espacios hasta entonces abandonados (Plazuela, actual Plaza de las Ranas), o la alineación de calles, potenciación del arbolado en las ciudades, medidas higiénicas y de salubridad, con la creación de mataderos municipales, potenciación del abasto de aguas, etcétera. Fieles reflejo de los que anotamos son las directrices que, ya desde las mentes ilustradas del siglo XVIII, abogaban por la creación de cementerios, frente a los enterramientos en las iglesias, dominantes hasta entonces. La capital de nuestra isla vio aparecer el primer camposanto en la segunda década del siglo XIX, construcción que se elevó fuera de la muralla sur, pues esta ubicación posibilitaba la expansión de las miasmas en tal dirección, llevadas por los vientos dominantes, evitando, pues, que entraran en la ciudad.

El aumento de población durante el Nuevo Régimen trajo consigo, a su vez, la eliminación de obstáculos que pudiesen impedir la expansión urbana, tal es el caso de las murallas que encerraban hasta entonces la capital grancanaria. La ubicada al norte transcurría desde la zona alta del Castillo de Mata hasta la costa, atravesando la actual calle Bravo Murillo. Aquélla construida en el costado sur quedaba algo más allá de la ermita de los Reyes. La zona oeste, limitada por el escarpe, era controlada por el castillo de San Francisco, ubicado en lo alto, junto al actual Hospital Militar.

LAS MANIFESTACIONES ARTÍSTICAS EN CANARIAS: DE LAS PAUTAS GÓTICAS A LAS BARROCAS


CONCEPTOS PREVIOS


  • Gótico. Estilo artístico que se da en la Europa occidental desde la segunda mitad del siglo XII hasta el siglo XV. Esta última centuria supone ya la aparición de las pautas renacentistas en la Península Itálica. El término comenzó a utilizarse durante este período, el renacimiento, con matiz peyorativo.




  • Mudéjar: manifestación arquitectónica que se extiende por la España Cristiana entre los siglos XI y XV. Tal estilo muestra una mezcla de elementos cristianos, propios del arte románico y gótico, con otros musulmanes (utilización de madera, ladrillo, yeso y cerámica vidriada). El término mudéjar, en su origen, se refería a aquellos musulmanes que vivían en zonas cristianas, pues la etimología del término responde al árabe mudeyyen, esto es, aquéllos a los que se les permite quedarse. Es en el siglo XIX cuando comienza a utilizarse el vocablo para aludir a las labores constructivas.


ELEMENTOS DISTINTIVOS DE LA CONSTRUCCIÓN MUDÉJAR


  • Utilización del mampuesto reforzado por la cantería en las esquinas (piedra esquinera) y vanos.

  • Muros sencillos, sin decoración sobre la capa de cal. El ornato se reduce a las portadas.

  • Construcciones religiosas que se van ampliando, a medida que los caudales lo permiten.

  • Armaduras mudéjares en sus diferentes variedades: parhilera, par y nudillo, de limas (limabordón, lima mohamar)

  • Arcos ojivales y conopiales en sus distintas tipologías

  • Los alfices.

  • Utilización de baquetones (columnas muy delgadas)

  • Presencia en ocasiones, por influjo portugués, del baquetón sogueado.

  • Decoración de bolas (influjo del gótico Reyes Católicos)

  • Vanos abocinados

  • Estos rasgos se resisten a desaparecer, de modo que los vemos en el siglo XVII y aun en el XVIII (el carácter retardatario de las manifestaciones artísticas en las Islas).

  • Tales pautas indicadas pueden observarse en la arquitectura sacra, doméstica y militar.

BIBLIOGRAFÍA




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  • MARTIN GALÁN, Fernando (1984): La fundación de Las Palmas. Ciudad y puerto. (1º edición). Las Palmas de Gran canaria.

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  • VV. AA. (1982): Historia del Arte en Canarias. Ediciones Edirca. Las Palmas de Gran Canaria.

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  • (2005). Guía del patrimonio arquitectónico de Gran Canaria. Las palmas de Gran canaria.


RASGOS FUNDAMENTALES DE LA CONSTRUCCIÓN RENACENTISTA


  • El Renacimiento se desarrolla en Canarias en la segunda mitad del siglo XVI, aunque sus pautas se prolongan en el siglo XVII.

  • Los elementos propios de los edificios renacentistas se reducen a diversas zonas del edificio, de modo que le resto ofrece las invariantes mudéjares. La obra que ejemplifica el Renacimiento en Canarias es, sin duda, la fachada del actual Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma.

  • Columnas clásicas en sus distintos órdenes (dórico-toscano, jónico, corintio). Fustes lisos, estriados simples o entorchados.

  • Preferencia por las columnas pareadas sobre plintos o pedestales.

  • Pilastras en sus distintas variantes (cajeadas, lisas y estriadas)

  • Ornato a “candelieri”, de espejos, conchas, mascarones, querubines...

  • Presencia en ocasiones del almohadillado.

  • Utilización de medallones decorativos.

  • Rechazo de los vanos abocinados.

  • Presencia de las tres zonas del entablamento (arquitrabe, friso y cornisa). El segundo a veces muestra las metopas y los triglifos.

  • Frontones triangulares generalmente, y en ocasiones curvos, tanto completos como rotos. Estos últimos se generalizan ya en el siglo XVII.

  • Aparición en ocasiones de volutas en la clave de los arcos y otras zonas del edificio.

  • Repertorio decorativo clásico.

  • Algunas realizaciones renacentistas sufren añadidos posteriores, como se observa el la fachada de la Iglesia de El Salvador (Santa Cruz de La Palma), que muestra remate propio del barroco. A veces, la partes renacentistas son las únicas realmente antiguas del edificio, como ocurre en la actual iglesia del Carmen en Los Realejos, levantada en la década de 1960 donde estuvo la iglesia del convento agustino, incendiada años antes. El edificio se reconstruyó, montándose de nuevo la portada renacentista.


BIBLIOGRAFIA

Anotamos aquí exclusivamente dos obras monográficas dedicadas al Renacimiento, y una tercera que se centro el edificio del Cabildo de Gran Canaria, desaparecido a mediados del siglo XIX. De resto hay que acudir a los textos generales sobre la Historia del Arte en Canarias.

La obra de López García recoge el panorama general del estilo en Canarias. Martín Rodríguez recrea los aspectos socioeconómicos, políticos, culturales y artísticos de la capital palmera durante el siglo XVI. Sus comentarios sobre la iglesia de El Salvador y el correspondiente a las Casas del Cabildo, actual Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, son de inestimable valor.

El antiguo Cabildo de Gran Canaria fue estudiado por D. Tomás Espinosa San José.




  • ESPINOSA SAN JOSÉ; Tomás (1993): Las viejas Casas Consistoriales. Edición del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria.

  • LÓPEZ GARCÍA, Juan Sebastián (1983): La arquitectura del Renacimiento en el Archipiélago canario. Coedición del Instituto de Estudios Canarios y el Cabildo Insular de Gran Canaria.

  • MARTÍN RODRÍGUEZ, Fernando Gabriel (1985): Santa Cruz de la Palma. La ciudad renacentista. Santa Cruz de Tenerife.


LA ARQUITECTURA DURANTE LOS SIGLOS XVII Y XVIII
LAS MANIFESTACIONES DEL BARROCO

RASGOS GENERALES


  • Los siglos XVII y XVIII siguen respondiendo a la invariante mudéjar. Los elementos propios del barroco se limitan a las portadas. La aportación plenamente barroca la realizan las manifestaciones retablísticas, escultóricas, pictóricas y de platería que los edificios religiosos y civiles contienen.

  • Tales elementos de barroco arquitectónico surgirán, además, en fecha tardía, a partir de la década de 1680.

  • El elemento quizá más significativo del lenguaje barroco es la columna salomónica, aparecida ya en fechas postreras (siglo XVIII), aunque ya fue utilizada desde el Seiscientos en sagrarios y retablos. La primera de estas obras que la utiliza es el sagrario del templo de Santo Domingo de Guzmán en Vegueta (hacia 1665).

  • Los remates alabeados son también ciertamente frecuentes.

  • Continúan los frontones partidos, aunque de estructura barroquizante.

  • Aportación importante del siglo XVIII son las iglesias con bóvedas y cúpulas, limitadas en este siglo a los templos de San Francisco de Borja (iglesia de los jesuitas, Las Palmas de Gran Canaria), inaugurada en 1754, o el dedicado a la Inmaculada Concepción en La Orotava (1768-1788), en aquella época el núcleo de población más importante del Valle de su nombre. La iglesia de Nuestra Señora del Pino en Teror (1770-1776) no posee bóvedas, pero sí cúpula sobre pechinas. El primero de los templos surgió ex-novo, mientras que los otros dos sustituyeron a construcciones anteriores, dañadas, en el caso de Teror por la endeblez del suelo, en tanto que el caso tinerfeño se debió al efecto negativo que los volcanes y movimientos de tierra acaecidos en Tenerife a principios del siglo tuvieron sobre el edificio.

BIBLIOGRAFÍA




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LAS ARTES PLÁSTICAS: DEL GÓTICO AL BARROCO

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