Himnarios jehovistas: una aproximación histórica a los cancioneros utilizados por los Testigos de Jehová



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HIMNARIOS JEHOVISTAS: UNA APROXIMACIÓN A LOS CANCIONEROS UTILIZADOS POR LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ EN ESPAÑA1
Miquel Àngel Plaza-Navas

Institució Milà i Fontanals. CSIC



maplaza@bicat.csic.es
Resumen

Aunque los Testigos de Jehová son conocidos ampliamente por sus prácticas evangelizadoras o sus posturas ante las transfusiones de sangre, la objeción de conciencia o el tabaco, por mencionar algunas, poco o nada se conoce fuera de sus propios círculos sobre la música que han utilizado a lo largo de su historia. La música, en mayor o menor medida, es reconocida como uno de los elementos que intervienen en la formación de la identidad grupal. Dentro de los grupos religiosos, sus himnarios son una fuente interesante que permite observar dicha identidad y su evolución en el tiempo. En el caso de los Testigos de Jehová estos himnarios son desconocidos para la mayoría de investigadores. Este trabajo pretende ofrecer una visión histórica de los diferentes cancioneros que los TJ han utilizado durante casi un siglo de implantación en nuestro país.


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INTRODUCCIÓN
“Pasé la mañana cosiendo en un pequeño cuarto y continué después de la comida. Hacia las cuatro de la tarde o poco más, llamó mi atención la llegada de varias personas. Supuse que era día de visita para los señores, y que probablemente era una fiesta por todo lo alto, a juzgar por el ruido de las conversaciones. Entonces, de pronto, hubo un silencio, seguido por el sonido suave y armonioso de un piano, y pronto se añadieron voces cantando, como el cantar de un himno muy bello. Nunca antes había escuchado cosa semejante.” 2
Estas palabras que, en principio, pueden parecer no tener nada de particular son de gran importancia para el tema que aquí nos ocupa. Se trata de la referencia más antigua que se ha localizado sobre el uso, en nuestro país, de algún tipo de música por parte de los testigos de Jehová o, como se denominaban hasta 1931, de los Estudiantes Internacionales de la Biblia3. Fueron recordadas por Carmen Tierraseca quien, habiendo aceptado un trabajo en una casa particular resultó que se trataba del hogar de Francisco Corzo, el representante oficial de los TJ en España por aquellos años. Este era el lugar donde se reunía el pequeño grupo de TJ de Madrid y alrededores para celebrar algunas de sus “reuniones cristianas” 4 y, por casualidad, Carmen Tierraseca fue testigo de una de ellas, con la particularidad, descrita anteriormente, de dejarnos eco de la parte musical de las mismas.
Hasta la fecha el aspecto musical de los TJ no ha sido tratado ni en profundidad ni superficialmente por casi ninguna de las publicaciones que sobre este grupo religioso se han editado a lo largo de los años. Si bien es cierto que, en alguna de ellas, se puede encontrar mención de que los TJ entonan cánticos, o citan la letra de alguno de estos e, incluso, la lista de cancioneros que han utilizado, la realidad es que no van más allá. Además, en la mayoría de las ocasiones se trata de publicaciones del mundo anglosajón y, por tanto, aún menos podemos encontrar datos centrados en los TJ de nuestro país o, al menos, de habla hispana. Es digno de ser mencionado el trabajo de Agustín Izquierdo5, como uno de los pocos que incluye alguna información de interés sobre los cánticos utilizados en sus reuniones referida a nuestro país. Como una de las pocas excepciones en este sentido debe mencionarse el trabajo publicado recientemente bajo el título La música en las reuniones de los Testigos de Jehová6, en el que se incluye información bibliográfica de interés al respecto.
Lógicamente sí se localiza información sobre la música de los TJ y sus cancioneros en sus propias publicaciones y, se convierten, por tanto, junto a la observación presencial, en fuente imprescindible para su descripción. Este trabajo se ha basado, casi exclusivamente, en estas dos fuentes para intentar aportar más luz al desconocimiento existente sobre los himnarios utilizados por los TJ en nuestro país así como de sus prácticas e musicales.
El escaso interés suscitado hasta ahora por la música de grupos religiosos minoritarios no es un caso aislado. Sandra Myers lo deja muy claro con respecto a la música religiosa española de índole protestante:
“En ninguna de las historias hasta ahora escritas sobre la música española se encuentra mención de la música cristiana ‘no-católica’, omisión que podría indicar que la actividad musical de los protestantes ha sido escasa o nula en España. Bien es cierto que el protestantismo se implantó muy tarde en España, siendo resultado de las políticas liberales del XIX y del fervor e imbatible esfuerzo de un pequeño núcleo de españoles con la ayuda de distintas misiones extranjeras; pero también es cierto que el movimiento evangélico español logró producir un repertorio musical propio que puede ser considerado como una rama de la larga tradición de música protestante europea. Ignorar por completo la existencia de música protestante en España y, sobre todo, la influencia que haya podido tener el protestantismo europeo sobre la música culta española, es ignorar una página de la historia, por pequeña que ésta sea.”7
Se trata de una afirmación aplicable al caso de los TJ. Aunque es cierto que los TJ españoles, que se sepa, no han desarrollado repertorio musical propio, sí que es verdad que en muy pocas de las historias, bibliografías, catálogos, etc. sobre música religiosa se encuentra mención alguna de la música de los TJ. En este sentido, el posible repertorio musical español de los TJ se limitaría a la traducción de los himnos editados originalmente en inglés puesto que se desconoce, hasta le fecha, la existencia de composiciones originales en nuestra lengua. Este aspecto estaría en total consonancia con el gran centralismo que impera en los TJ, donde cualquier aspecto doctrinal y de organización viene dado directamente desde su sede central en los Estados Unidos. Igualmente, la afirmación de Myers es aplicable en un sentido más amplio puesto que tampoco se ha tratado el tema de la música en los Testigos de Jehová por parte de ningún estudio dedicado a la música religiosa en general o a la música en las diferentes denominaciones y grupos de índole protestante. En ninguna de las obras centradas más o menos ampliamente en la música de origen protestante (como las de Etherington8, White9 o Westermeyer10) o de las obras dedicadas a la música de alguno de estos grupos protestantes (como las de Booth11, Warren12, Titon13, Hicks14, Guthrie15, Blycker16 o Hustad17) encontramos mención alguna a los TJ.
Los orígenes históricos y religiosos de los TJ deben situarse en los movimientos milenaristas y segundoadventistas norteamericanos y británicos de mediados del siglo XIX18, movimientos encuadrados plenamente dentro del protestantismo. En este sentido, no debe extrañar que la música utilizada por los TJ durante gran parte de su historia, y quizás durante toda su historia, sea heredera de la música religiosa protestante. Con este trabajo, junto al mencionado unas líneas más arriba, se pretende que esta “página de la historia, por pequeña que sea” empiece a ser mejor conocida.
Una situación que, desde el mundo académico se ha venido confirmando puesto que, como se ha mencionado anteriormente, en casi todas las obras de referencia (diccionarios, enciclopedias, bibliografías, catálogos, etc.) sobre himnos religiosos que se han consultado, se pasa por alto a los diferentes himnarios que los TJ han editado a lo largo de su historia, mientras que sí incluyen, por curioso que pueda parecer desde una perspectiva hispanocatólica, himnarios de otros grupos minoritarios como, por ejemplo, de los Adventistas, los Cuáqueros, los Mennonitas, los Moravos, el Ejército de Salvación, la iglesia de la Ciencia Cristiana, los Mormones o los Swedenborgianos19. La única excepción a este aislamiento la encontramos en la excelente obra de Wasson20, en la que se incluyen los cánticos del último cancionero editado en inglés, en 1984, por los TJ, Sing Praises to Jehovah. Aunque se trata de una obra de referencia que, por el momento, cubre principalmente el campo de los himnarios en lengua inglesa, pueden encontrarse, también, algunos en otros idiomas. En español, por ejemplo, incluye algunos himnarios baptistas, episcopalinos, evangélicos y luteranos. Es posible que, en actualizaciones posteriores, la obra de Wasson pueda ir abarcando los demás himnarios publicados por los TJ.
Volviendo al comentario de Carmen Tierraseca, aunque es breve y parece no aportar demasiados datos, conviene prestarle cierta atención. De entrada, nos informa que los TJ se reunían en casas particulares, entonaban himnos y utilizaban instrumentos musicales; en este caso, un piano. ¿A qué año se está refiriendo? ¿Podían reunirse en un local público y cantar himnos? ¿Cómo eran aquellas reuniones religiosas? ¿Qué himnos entonaban? ¿Tenían himnario propio los TJ españoles de la época? Y, también, las respuestas a esas preguntas relacionadas con sus prácticas musicales nos permiten plantearnos cuál ha sido la evolución histórica de las mismas en nuestro país hasta llegar a nuestros días: ¿Cuáles fueron sus prácticas musicales durante los cuarenta años de dictadura franquista? Y, ¿a partir de la llegada de la democracia? ¿Siguen cantando actualmente en sus reuniones? ¿Cómo son sus reuniones actuales? ¿Utilizan el mismo himnario o disponen de nuevos repertorios? ¿Qué importancia le dan a la música? Algunas de esas preguntas encuentran respuesta directa en este capítulo de la tesis centrado en los himnarios jehovistas, mientras que otras, aquellas más relacionadas con las prácticas musicales en las reuniones de los TJ, lo hacen en los capítulos siguientes. No obstante, a pesar de la estructura que se le ha dado, a lo largo de todos los capítulos que componen este trabajo de investigación se pueden encontrar datos referentes a la historia de los TJ, así como a aspectos relacionados tanto con sus reuniones religiosas, sus himnarios y sus prácticas e ideas musicales.
Carmen Tierraseca menciona que empezó a trabajar en el hogar de la familia Corzo en octubre de 1927, y que se bautizó como TJ en el río Manzanares en junio de 1928. Por tanto, con bastante seguridad, su comentario sobre la primera ocasión en que escuchó cantar a los TJ tuvo que ser de antes de finales de 192721. Ciertamente es una fecha bastante temprana para lo que comúnmente se tiene entendido sobre la presencia de grupos religiosos minoritarios en nuestro país. Pero es del todo cierta. Los TJ tienen un registro de cerca de un siglo de presencia en España, sugiriéndose que sus inicios podrían situarse entre 1905 y 191522.


Ilustración 1. La única fotografía localizada hasta la fecha de Carmen Tierraseca. La segunda empezando por la izquierda. Entrevistada en la inauguración del primer Salón de Asambleas de los TJ en España, Madrid, 1975. (Foto extraída del programa de mano: Asamblea de Distrito de los Testigos de Jehová ‘Esperanza Viva’, Estadio Rayo Vallecano, 2-5 agosto 1979, Madrid. [Madrid?: Asociación de los Testigos de Jehová?, 1979?])
¿Dónde se reunían? ¿Tenían lugares de culto abiertos al público? Puede afirmarse con bastante seguridad que no. El contexto sociopolítico español de finales del s.XIX y las primeras décadas del siglo XX (1900-1940) fue un constante yugo para los grupos no-católicos con presencia en el país. La realidad fue la preponderancia de los momentos de gran persecución, o al menos, de gran presión (por ejemplo, durante la dictadura de Primo de Rivera), ante los de una cierta permisividad o tolerancia por parte de las autoridades, e incluso hasta de tímida libertad religiosa legal (como, por ejemplo, en 1869-1873 y durante la Segunda República)23. Martínez de Pisón lo expresa de forma contundente:
“Y es que la historia constitucional española es la historia de la confesionalidad y de la intolerancia en materia religiosa. Con la salvedad del período 1869-73 y 1931-36, en España, hasta la fecha, no ha existido en sentido estricto ni libertad religiosa ni tolerancia”24
Si los grupos protestantes con mayor presencia y antigüedad tenían grandes problemas para abrir y mantener sus lugares de culto, aún más para unos recién llegados como los TJ quienes no consiguieron permiso para abrir ninguno hasta varias décadas más adelante25. Es más, en muchas ocasiones incluso resultaba peligroso celebrar reuniones en los mismos hogares privados26, algo que, en teoría, no debería estar prohibido27.
Los TJ no tenían otra opción legal, por tanto, que la de realizar sus reuniones religiosas en casas particulares y, fue así, hasta el año 1970 cuando consiguieron el reconocimiento oficial en España como confesión religiosa al amparo de la Ley de Libertad Religiosa de 196728. A partir de ese momento pudieron reunirse libremente en lugares abiertos al público conocidos como “Salones del Reino de los Testigos Cristianos de Jehová” y, por tanto, entonar sus cánticos con total libertad.
Aunque durante los años 20 y 30 los TJ predicaron ampliamente por toda la geografía española (Asturias, Navarra, Valencia, Tarragona, Málaga, Huesca) fue en las ciudades de Madrid y Barcelona donde centraron su labor evangelizadora29. Se organizaron grupitos dispersos de TJ que se atrevieron a organizar reuniones en algunas de sus ciudades, como en el caso de Madrid, mencionado anteriormente por Carmen Tierraseca. También en Barcelona se tiene constancia de este hecho, como recuerdan algunos de aquellos primeros TJ. Es el caso de Ramón y Francisco Serrano Abella quienes, siendo unos niños, recuerdan como a finales de los años 20 y principios de los 30, su madre ya los llevaba a las reuniones de los TJ que se celebraban en hogares particulares30.

Otro ejemplo en este sentido es el que recuerda Joan Sirera, hijo de uno de aquellos primeros TJ.


“Mi padre, Salvador Sirera i Colom, conoció a los Estudiantes de la Biblia por medio de sus publicaciones ... Esto fue hacia 1926 o 1927. En seguida, también, contactó con algunas personas más [en Barcelona] que leían aquellas publicaciones y empezaron a celebrar reuniones en casas particulares, comentando y discutiendo su contenido. Algunas de estas reuniones se hacían en la pensión que mi padre tenía en la calle Regomir … En 1930 regresó, junto con su mujer, a su pueblo [Pradell] en Lérida.”31

De manera que las reuniones de los TJ se realizaban en hogares particulares (o, como el caso indicado de Barcelona, en una pensión) lo que, al menos, en ocasiones, incluía el cantar himnos con el acompañamiento de algún instrumento como el piano citado por Carmen Tierraseca. Pero, ¿qué himnos entonaban? y, ¿de qué himnario o himnarios?



¿HIMNARIOS JEHOVISTAS?32
Con respecto a la utilización de las palabras “himnario” e “himno” debe tenerse en cuenta lo siguiente: aunque en un principio los TJ las utilizaron ampliamente, al igual que las demás iglesias, para referirse al conjunto de sus cánticos religiosos, fueron siendo eliminadas de forma paulatina tanto de sus publicaciones como de su lenguaje habitual a medida que se iban distanciando doctrinalmente de aquellas. De manera que hace cerca de 80 años que han dejado de ser utilizadas por los TJ, siendo substituidas por “cancionero” o “libro de cánticos” y “cántico”33. Ha sido tan completa esta substitución que si, en nuestros días, se le menciona a un TJ que muestre su himnario o que hable de sus himnos, le parecerá una petición extraña (son palabras que no se encuentran entre las expresiones de uso común entre los miembros este grupo) y, quizás, le cueste entender qué es lo que se le está pidiendo. Una diferenciación doctrinal que, aunque en esta ocasión no va más allá de lo meramente terminológico (dejar de utilizar ciertos términos de uso común en los demás grupos religiosos para diferenciarse claramente de ellos, pero seguir utilizando otros para referirse al mismo concepto; es el caso de “himnario” versus “cancionero”) en muchas otras implica un cambio de significado radical en contraposición con lo que comúnmente es aceptado por los demás grupos religiosos (es el caso de conceptos como “alma”, “Armagedón”, “cruz”, “infierno”, “Trinidad”, “Vuelta de Cristo”, etc.)34. Por supuesto, en el caso que aquí nos ocupa –cambio de himnario a cancionero o de himno a cántico--, el TJ rápidamente puede llegar a reconocer sin mayor dificultad qué es lo que se le está pidiendo. Pero, de entrada, le sonará extraño… y pueden obtenerse respuestas como: “no, nosotros no usamos himnos, usamos cánticos” o, “el himnario es para los demás, para las iglesias de la cristiandad; nosotros, los cristianos, utilizamos el cancionero”.
Una TJ norteamericana, recordando su niñez a finales de los años 20 e inicios de los 30 nos ofrece el siguiente comentario que puede ser ilustrativo al respecto y, en el que se menciona expresamente esta relación “cántico = moderno, himno = antiguo”.
“Mi madre me enseñó a leer y a escribir antes de que entrara a la escuela, y me sabía las tablas de multiplicar hasta la del cuatro. Siempre puso especial atención en ayudarme a aprender. Me colocaba sobre una silla a su lado para que pudiera secar los platos mientras ella los lavaba, y me enseñaba a memorizar citas bíblicas y a cantar los cánticos del Reino, o himnos, como se les llamaba entonces.”35
Todo este proceso conlleva a una clara identidad grupal. El lenguaje que utilizan es exclusivo y, además, no es sólo un lenguaje de uso en el lugar de reunión para el culto sino que, también, es el lenguaje que se usa coloquialmente entre los TJ. El siguiente ejemplo puede ilustrar cómo esta identidad grupal es pieza clave en momentos de persecución religiosa.
“En las ciudades pequeñas y los pueblos del interior, las autoridades locales vigilaban muy de cerca a los Testigos. En algunos casos, espías del gobierno iban a los Salones del Reino haciéndose pasar por personas interesadas. Por esa razón, los hermanos vieron la necesidad de ser más cautelosos. En las reuniones no trataban el tema de la neutralidad para así evitar confrontaciones con las autoridades.

En cierta ocasión, uno de tales espías fue a un Salón del Reino justo antes de que comenzara la reunión. Preguntó a uno de los hermanos: '¿En qué momento cantará la congregación el himno hoy?'. La palabra himno puede ser tanto el himno nacional como un cántico religioso, por lo que el hermano, dándose cuenta de que se trataba de un espía, le contestó: 'Tres veces: al comienzo de la reunión, a la mitad y al final'. Claro, el hermano se refería a los cánticos del Reino. Pero el espía se fue de inmediato, completamente satisfecho imaginándose que los hermanos iban a cantar el himno nacional tres veces durante la reunión.”36


De manera que la utilización de la palabra “himno” deja al descubierto que el interlocutor no es miembro de los TJ y, en este caso, en el Uruguay de mediados de los años 70, en época de proscripción, fue suficiente para descubrir a un espía “poco informado”.
La expresión “Himnarios Jehovistas” es, por tanto, meramente un instrumento utilizado en este trabajo con la intención de dejar claro que su contenido tiene que ver, en principio, con música religiosa similar a la de otros grupos protestantes. En este trabajo se utiliza “himnario” y “cancionero” indistintamente pero, debe quedar claro que, en la actualidad, el primero no es utilizado ya por los TJ.
Antes de presentar la información sobre los himnarios jehovistas editados en español creo que es conveniente y necesario tener una clara idea de cuáles han sido los que han publicado en inglés. Toda la literatura que imprimen los TJ se edita en primer lugar en lengua inglesa y es a partir de esta lengua que se realizan las traducciones directas a los demás idiomas. Mazars Denys, en uno de los pocos trabajos en español sobre la obra traductora de los TJ lo expone de la siguiente forma:
“2. La importancia y la urgencia decisivas que adquiere la actividad traductora en esta Organización. Se trata de una doble urgencia:

1º Hay que traducir rápidamente y tener una potente red de distribución, lo bastante eficaz como para que todos los Testigos que están ya en 232 países reciban a tiempo, simultánea y periódicamente las mismas consignas, los mismos consejos, la misma literatura, traducidos de un texto original escrito en americano y preparado por el Cuerpo Gobernante en la Sede Central de Brooklyn (Nueva Cork)



2º Urgencia también, esta vez para cada Testigo, que debe y quiere predicar al mayor número posible de personas, advirtiéndoles que el fin del actual mundo se aproxima, que han de prepararse y realizar algunos ajustes para salvarse. La exhortación ¡Prediquemos a gente de todas las naciones! Que leemos en la segunda carta a los Corintios (2 Cor. 6: 11-13) o en el último Libro de la Biblia (Apoc. 14:6), es de máxima actualidad para ellos.”37
Debe tenerse en cuenta, además, que no “todas” las publicaciones son traducidas a “todos” los demás idiomas si no que, los responsables de los TJ deciden a cuál o cuales idiomas deben ser finalmente traducidas. Los motivos podrían ser variados pero, entre ellos, destacarían, por ejemplo, que el contenido de la obra fuera destinado a un grupo de personas en concreto (por ejemplo, una publicación dirigida a las personas de creencia hindú se editaría principalmente en los idiomas donde mayoritariamente se encontrara a este tipo de creyentes), o que no hubiera la posibilidad de contar con traductores en dicho idioma (por ejemplo, durante los primeros años de los TJ no se disponía de traductores más que para un cierto número de idiomas), o que existiera cierta imposibilidad técnica para imprimir en ciertos idiomas (por ejemplo antes de la llegada de la informatización)38. Lo que sí es cierto es que el idioma original de todas sus publicaciones suele ser el inglés. Esto es así, también, en el caso de los himnarios. En inglés se han editado todos los himnarios utilizados por los TJ y, a partir de ese idioma se han ido publicando traducciones completas o parciales de los mismos en otros idiomas.

HIMNARIOS JEHOVISTAS PUBLICADOS EN CASTELLANO
En el siglo de presencia que tienen en España, los TJ han editado 5 cancioneros en español para su uso en las reuniones religiosas que celebran (aunque, de uno de ellos tenemos serias dudas de que, finalmente, se utilizara en nuestro país). Todos ellos, son la traducción o adaptación española de los himnarios originales en inglés. Es decir, para los TJ no se puede hablar de una tradición hímnica religiosa española (como tampoco francesa, italiana, etc.) o como Sandra Myers mencionaba anteriormente de “un repertorio musical propios”; más bien debe hablarse de una tradición inglesa (“universal”), aunque desarrollada a partir de la aportación de himnos y tonadas provenientes de TJ de todos los continentes (y en el caso de sus primeros himnarios y cancioneros, también de autores no TJ). Es decir, el idioma oficial en el que, por primera vez, se publica un cancionero es, normalmente, el inglés y, posteriormente se hacen las pertinentes traducciones a los demás idiomas, incluido entre ellos el español. No existen, hasta la fecha, traducciones en los demás idiomas del territorio nacional, ni en catalán, ni en gallego ni en euskera39.
Aunque históricamente la presencia en España de los TJ puede establecerse en varias etapas, en este trabajo, dado que se centra en sus himnarios, el desarrollo histórico se hará a partir de las fechas de publicación de estos. Se entiende, por tanto, como “etapa” el período cronológico en que cada uno de esos himnarios ha sido, o ha podido ser, utilizado en las reuniones de los TJ españoles. Partiendo de esta base, su historia hímnica puede compartimentarse en 6 etapas. Como se ha indicado en el párrafo anterior existen evidencias de que los TJ han publicado cinco cancioneros en español. A pesar de ello, tengo serias dudas de que uno de ellos haya llegado a utilizarse en nuestro país alguna vez; al menos, no he podido localizar ningún dato que me permita decir lo contrario. Finalmente, al tratarse de un cancionero en español he decidido incluirlo en este trabajo como una de las posibles etapas de su historia hímnica. Los himnarios o cancioneros en cuestión son:


Himnario de la Aurora del Milenio

Cánticos para los Testigos de Jehová40

Cánticos de alabanza a Jehová

Cantando y acompañándose con música en su corazón

Canten alabanzas a Jehová

La evolución doctrinal de los TJ a lo largo de su historia ha sido objeto de varios estudios41. Es más, una detenida lectura de sus publicaciones en orden cronológico permite darse cuenta de esa evolución. Desde los tiempos de su fundador, Charles Taze Russell, en los que se aceptaba la cruz como símbolo cristiano de adoración, se pensaba que el pueblo judío era todavía el pueblo elegido de Dios, se celebraban las Navidades o los cumpleaños, no se tenía tan claro la objeción de conciencia o su postura ante el tabaco, hasta la fecha actual han sido muchos los cambios que se han producido en el seno de los TJ. Es lógico pensar que esta evolución doctrinal y desarrollo de su identidad grupal actual también deba verse reflejada en los himnarios y cancioneros que han editado.




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