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REDUCCION DEL ESCURRIMIENTO DE PLAGUICIDAS AL MAR CARIBE


Informe Nacional: Costa Rica
GEF/1100-99-04/PNUMA

Ministerio de Ambiente y Energía

(MINAE)
Escuela Agrícola de La Región del

Trópico Húmedo

(EARTH)

Diciembre 2000





Resumen


Costa Rica importa y distribuye anualmente gran cantidad de plaguicidas que representan un consumo cercano a 18 kg de ingrediente activo por hectárea cultivada. La entrada de estas sustancias al ambiente costero del Caribe, es especialmente importante por la presencia de parques nacionales y refugios de vida silvestre en donde se protegen humedales, arrecifes de coral, lechos de pastos marinos y áreas de anidamiento de tortugas. Existe una corriente circular en el Mar Caribe, por lo que el manejo de la zona marino-costera es de interés nacional e internacional.


La importación de plaguicidas de ingrediente activo alcanza las 8 000 T.M. al año, el 28% de estos productos son considerados de toxicidad moderada a extremadamente peligrosa para el ser humano; casi la mitad de la importación son fungicidas y una cuarta parte herbicidas. La actividad agrícola es altamente dependiente de los plaguicidas, ya que son la principal herramienta utilizada para el control de plagas y enfermedades.
El marco legal relacionado con el manejo de los plaguicidas en Costa Rica regula el manejo, el almacenamiento, el registro, la formulación, el reempaque, el transporte, la comercialización, la propiedad intelectual, el etiquetado, el control de los derrames y la contaminación y la distribución de los químicos sintetizados. La Ley General de Salud, la Ley de Protección Fitosanitaria y numerosos reglamentos señalan las obligaciones para proteger el ambiente y la salud de las personas de los efectos negativos de los plaguicidas.
El análisis de este profuso marco jurídico muestra que en la práctica existen diversos que limitan su eficacia y efectividad. Entre estas limitaciones se pueden citar problemas de control en el manejo de plaguicidas, legislación permisiva y muy dispersa, políticas poco claras en el registro de sustancias, poco control en el transporte, deficiencias de mecanismos preventivos, procesos de desregulaciones que reducen la participación del Estado y un marco sancionatorio inadecuado.
Para analizar el uso de plaguicidas en la vertiente Caribe, se revisaron avíos bancarios y se realizaron encuestas en fincas de cultivo de arroz, banano, café, caña de azúcar, frijol, jengibre, macadamia, maíz, naranja, ornamentales, papa, pastos, plátano, piña y tiquizque. Se estimó que alrededor de un 40% del total de los plaguicidas importados al país es utilizado en el Caribe.
La aplicación de medidas de seguridad personal, de mantenimiento y lavado de equipo y manejo de desechos, es medianamente aceptable. El uso de mejores prácticas de manejo se ha ido desarrollando en cultivos como el banano, donde varias empresas han sido certificadas con sellos ISO 14001 y EKO-OK. Por iniciativa privada y con apoyo de ONGs se han desarrollado cultivos orgánicos en hortalizas, banano y cacao, pero aún representa un pequeño porcentaje del área total sembrada.
No todo el plaguicida aplicado entra en contacto directo con la plaga o el follaje. A la atmósfera llegan por deriva durante la aplicación, por acción eólica o por volatilización; al suelo llegan por aplicación directa, por erosión hídrica de lugares aledaños contaminados o lavado por precipitación de residuos presentes en la atmósfera y en la vegetación. El grado de adsorción de plaguicidas en el suelo depende de su textura y contenido de materia orgánica. La movilidad de las sustancias tóxicas en el suelo hacia las aguas subterráneas y superficiales se relaciona con la disponibilidad de agua, el tipo de suelo y las características del plaguicida.
Existen pocos datos sobre la presencia de plaguicidas en aguas dulces superficiales y costeras y sólo se han estudiado en tres cuencas en el sector norte del Caribe: San Juan, Tortuguero y Reventazón-Parismina. En todos estos muestreos se ha detectado la presencia de sustancias tóxicas utilizadas en el cultivo de banano, incluso presentes en organismos marinos del Parque Nacional Cahuita.
Para un programa de acción nacional se propone fomentar un sistema de extensión agrícola, fortalecer el proyecto de capacitación existente, propiciar investigación en medidas alternas al uso de agroquímicos, sistematizar un registro digitalizado a nivel cantonal de área sembrada y uso de plaguicidas por cultivo, definir áreas de mayor riesgo de escorrentía de sustancias tóxicas, analizar el uso de fertilizantes por el problema de eutroficación de los cuerpos de agua superficiales y, estructurar un plan de muestreo y monitoreo de las aguas costeras para analizar la distribución y los efectos de los plaguicidas en el Caribe de Costa Rica.

Introducción




Importancia de los plaguicidas

Desde mediados del siglo pasado el hombre ha venido utilizando compuestos orgánicos sintéticos, para el control de plagas en sus actividades productivas de tipo agrícola, forestal y veterinario, así como médicas. Con la intensificación de esas actividades se favoreció el monocultivo y los ecosistemas artificiales han sustituido los ecosistemas naturales, en detrimento de la biodiversidad y originando una proliferación de plagas que afectan las cosechas.


El uso de plaguidas prevalece sobre las prácticas de manejo, tales como diversificación y rotación de cultivos, manipulación de fechas de siembra y cosecha y otros. Esto, debido a sus propiedades para reducir las poblaciones de organismos plaga en forma inmediata y en el momento preciso. Se estima que en ausencia de plaguicidas la producción agrícola disminuiría en al menos un 30%. El problema radica en el uso exagerado de los plaguicidas, pues causan efectos negativos importantes en el ambiente y en la salud de las personas, así como en la sostenibilidad del agrosistema.
La tecnificación de la agricultura durante los años sesenta y setenta en Costa Rica con semilla de alto rendimiento, fertilización, sistemas de riego y maquinaria, provocó un incremento importante en la demanda y consumo de agroquímicos. A la vez, durante ese periodo, se dio un proceso de concentración de la propiedad de la tierra, una mejor vinculación con mercados internacionales y una presión de las políticas agrícolas y económicas para incrementar el rendimiento y la producción. Además, por la falta de instrucción y por el temor a perder su cosecha, el agricultor pequeño y mediano ha tendido a utilizar rutinariamente una mayor cantidad de plaguicida a la recomendada por los técnicos extensionistas del Estado (Hilje et al. 1987). Como resultado, cuando se analiza la relación entre el empleo de plaguicidas en los últimos años, el área cultivada y la población nacional, se observa que Costa Rica utiliza aproximadamente 18 kg de ingrediente activo por hectárea cultivada, y 2 kg de ingrediente activo de plaguicida/habitante/año (Base de datos, IRET) (Anexo 6).
Una vez aplicado, parte del pesticida presente en el suelo es transportado en partículas sólidas, suspendidas mediante erosión y escorrentía hacia los cursos de agua superficiales, lagos y aguas costeras. Las áreas de cultivo de pasto, naranja, piña, tubérculos, arroz y frijol de la zona norte de Costa Rica drenan al Mar Caribe a través de los ríos San Juan y Colorado. Las cuencas de los ríos Pacuare, Matina, Banano, Estrella y Sixaola recogen en su mayoría aguas provenientes de bananales; mientras que los ríos Suerte-Tortuguero drenan áreas de cultivo tanto de banano como las agropastoriles de la zona norte. Finalmente, está la cuenca de los ríos Reventazón-Parismina, en donde escurren aguas de hortalizas y ornamentales, café, caña de azúcar y banano.

Importancia del medio ambiente marino y el impacto de plaguicidas


La zona marino-costera del Caribe es una región crítica que requiere mucha atención en lo que respecta al manejo adecuado de plaguicidas. Los recursos marino-costeros del Caribe costarricense incluyen una diversidad de ecosistemas que soportan una importante biodiversidad y actividades económicas como pesquerías, pesca deportiva, turismo, conservación y desarrollos urbanos costeros. Los plaguicidas ingresan a estas aguas acarreados por la escorrentía superficial y luego a los ríos, que finalmente desembocan al mar. Una vez allí, los plaguicidas son dispersados y recirculados por las corrientes marinas.
Las corrientes observadas en el Mar Caribe están influenciadas por el viento noreste sobre la superficie del mar y, por corrientes originadas en el Océano Atlántico. Esta corriente circular penetra en el Mar Caribe a través de las Antillas Menores y pasa esta área en dirección noroeste, bajando por los países mesoamericanos y volviendo de nuevo a las islas del sector oriental del Caribe.. Por esta razón, las prácticas sobre el manejo responsable de plaguicidas, abarcan aspectos de interés tanto para la comunidad nacional como internacional.
Asimismo, la entrada de plaguicidas al ambiente marino es especialmente importante desde la perspectiva de conservación, por la presencia, en zonas protegidas, de ecosistemas frágiles como humedales costeros, arrecifes de coral (Cortés y Guzmán 1985), pastos marinos (Soto 1998) y sitios de anidación de poblaciones de especies de tortugas marinas (Chaves 1989 y Chaves et al. 1994). En la vertiente Caribe el Sistema Nacional de Areas de Conservación administra 8 Reservas Forestales, 14 Zonas Protectoras, 16 Parques Nacionales, 2 Reservas Biológicas, 6 Refugios de Vida Silvestre y 2 Humedales.
Entre las áreas protegidas que contribuyen a conservar estos ecosistemas y recursos costero-marinos están: el Parque Nacional Tortuguero, de 18 946 ha, donde desova la tortuga verde; el Refugio Nacional de Fauna Silvestre de Barra del Colorado protegiendo 92 000 ha de bosques pantanosos y mixtos con fauna silvestre muy abundante; el Parque Nacional Cahuita con un arrecife de tipo marginal y praderas submarinas de pasto de tortuga en una superficie de 240 ha y; el Refugio Nacional de Vida Silvestre de Gandoca-Manzanillo con 4 436 ha en el mar y arrecifes que se extienden por 5 km2.
La vertiente Caribe de Costa Rica incluye un área de 24 100 km2, el 46 % del área total del país, es prácticamente todo el sector al norte y al este del eje montañoso que divide el territorio nacional. Comprende 29 cantones de los 81 existentes, en las provincias de Limón, Cartago, Guanacaste, Heredia, Alajuela y San José (Anexo 5).
En orden de importancia por área y porcentaje que representan en la vertiente, se encuentran las cuencas de los ríos San Juan, Reventazón-Parismina, Sixaola, Tortuguero, Matina, Estrella, Pacuare, Banano, Madre de Dios y Moín (Cuadro 1).

Cuadro 1

Area de drenaje de las cuencas del Caribe de Costa Rica


Cuenca

Área (ha)

% del total

Río San Juan

1 264 007

52.5

Río Tortuguero

177 300

7.3

Río Reventazón

278 173

11.5

Río Pacuare

91 585

3.8

Río Madre de Dios

20 247

0.8

Río Matina

167 362

6.9

Río Moín

18 776

0.8

Río Banano

40 535

1.7

Río Estrella

101 677

4.2

Río Sixaola

251 133

10.4


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