Formación continuada de la abogacíA



Descargar 364.9 Kb.
Página1/8
Fecha de conversión18.11.2018
Tamaño364.9 Kb.
  1   2   3   4   5   6   7   8

APUNTES Y REFLEXIONES SOBRE EL EJERCICIO DE LA ABOGACÍA
Carlos Fernández Sessarego

SUMARIO
I.- LA PROFESIÓN DE ABOGADO
1.- Introducción

1.1.- Una justa remembranza

1.2.- Necesarios previos esclarecimientos conceptuales

2.- La ambigua noción de profesional

2.1.- El impreciso significado del concepto “profesional”

2.2.- Distinción entre los conceptos de “profesión” y “oficio”

2.3.- Diversas acepciones o sentidos del concepto “profesional”

2.3.1.- Concepción amplia de “profesional”

2.3.2.- Concepción restringida de “profesional”

2.3.3.- Concepción intermedia del concepto “profesional”

3.- Significado de la calificación de profesional “liberal”

3.1.- El debate en curso

3.2.- La noción de “profesional liberal” ¿ conlleva una carga

conceptual discriminatoria ?

3.3.- El abogado ¿ es un profesional “liberal” ?

3.3.1.- Alcances de la noción de profesional “liberal”

3.3.2.- Responsabilidad de las Facultades de Derecho en

la capacitación del abogado

3.3.3.- El exceso de abogados y el mercado laboral

3.3.3.1.- La proletarización del abogado

3.3.3.2.- El deterioro de la imagen social del abogado

3.3.3.3.- Responsabilidad compartida entre el hogar,

el Estado, la escuela, la universidad, los

colegios de abogados

4.- Responsabilidad social del profesional

4.1.- Sentido del trabajo profesional del abogado

4.2.- La función social del abogado

4.3.- El rol del Estado en la regulación de la actividad

profesional

5.- El ser abogado

5.1.- Noción de “abogado”

5.2.- Actitud del abogado

5.3.- Deontología jurídica

5.3.1.- Su sentido y necesidad

5.3.2.- Las virtudes y los deberes del abogado

5.4.- El secreto profesional y el deber de informar

6.- Abogado, jurista, filósofo del derecho

7.- El abogado y los supuestos científicos y filosóficos del derecho
II.- FORMACIÓN BÁSICA DEL ABOGADO
8.- Lo que todo abogado debería saber

8.1.- Fundamentos teórico-prácticos del accionar del abogado

8.2.- La formación del estudiante de Derecho ¿ integral o

especializada ?

8.3.- El inicio de la especialización

8.4.- El abogado y su medio social

9.- La pregunta sobre el ser del ente que el abogado debe proteger

y defender

9.1.-El ser humano como ser libertad

9.2.- La dimensión coexistencial del ser humano

9.3.- La libertad como decisión y como fenómeno

9.4.- Aplicaciones prácticas del “redescubrimiento” del ser

humano

10.- El abogado y el juez como vivenciadores de valores

11.- La pregunta sobre el objeto de la disciplina que aplica o ejerce

el abogado en su desempeño profesional

11.1.- De los unidimensionalismos al tridimensionalismo jurídico: una nueva concepción del Derecho

11.2.- Aplicaciones prácticas del tridimensionalismo

11.3.- El sentido del Derecho para la vida humana

III.- FORMACIÓN CONTINUADA DEL ABOGADO
12.- Capacitación y actualización permanente del abogado

13.- La deficiente formación universitaria del abogado

13.1.- La proliferación de las Facultades de Derecho y la

masificación de la enseñanza

13.2.- Formación integral del abogado

13.2.1.- Formación humanista del abogado

13.2.2.- Formación ética del abogado

14.- Aspectos fundamentales de una formación continuada

15.- Otorgamiento del título profesional de abogado y evaluación

de los profesores de derecho

15.1.- Consideraciones sobre el otorgamiento del título de

abogado

15.2.- De la evaluación de profesores de derecho

16.- El perfil de la formación continuada de la abogacía

17.- La formación continuada y actualizada sobre lo

fundamental para el abogado: el ser humano y el Derecho

18.- La formación del autodidacta

19.- Responsabilidad en la formación ética continuada de la

abogacía

20.- Ethos, códigos de ética profesional y responsabilidad gremial

21.- La vocación por la justicia

22.- Las bienaventuranzas del abogado

23.- El rol de las Facultades de Derecho y de los Colegios de

Abogados en la formación integral continuada del abogado




I.- LA PROFESIÓN DE ABOGADO
1.- Introducción
En el presente trabajo formulamos algunas apreciaciones, reflexiones y comentarios personales sobre el ejercicio de la abogacía en nuestro país, fruto, muchos de ellos, de nuestra propia experiencia a través de un ya extenso trajín tanto profesional como académico y docente por más de cincuenta años, sin pretender que ellos sean exhaustivos ni necesariamente acertados.
Tal vez una de las más importantes experiencias derivadas de dicho ejercicio profesional y académico es la de la humildad. Esta virtud es indispensable para reconocer las propias limitaciones, los errores y vacíos en el planteamiento, tratamiento o conclusión de las múltiples cuestiones que se abordan y para rectificarlos apenas puedan ser percibidos. La humildad científica es necesaria para estar libres de prejuicios, apartados de nocivos fundamentalismos o dogmatismos, para mantenerse con la suficiente apertura mental para reconocer, aceptar e incorporar al bagaje personal los positivos aportes que nos ofrece continuadamente la creatividad humana en el área de nuestra disciplina. No sabemos, por ello, si más alegría nos proporciona descubrir la verdad o la de rectificarse de un error.
Otra experiencia que hemos atesorado a través de nuestra trayectoria existencial se vincula con la honestidad. Ésta supone un permanente compromiso de fidelidad con la verdad adquirida, con la coherencia de pensamiento y la consecuencia con las propias convicciones y principios éticos rectores de la vida. Por ello, es un deber del abogado luchar permanentemente, con denuedo y dignidad, por alcanzarla a través de los actos, importantes o menudas, de la vida cotidiana. Luchar por la honestidad obliga, con frecuencia, a sacrificios y renuncias pasajeras que han de tener, como resultado o natural consecuencia, la satisfacción personal, la impagable tranquilidad de conciencia.
1.1.- Una justa remembranza
Cada vez que reflexiono sobre lo que significa ser abogado surge en mi recuerdo la figura, pétreamente cincelada en mi memoria, de José León Barandiarán a cuyo lado tuve el privilegio de formarme como abogado desde que era estudiante y luego como practicante de su estudio y, durante el curso de su fructífero existir, como su discípulo, asistente, amigo y colega. Estuve siempre a su lado, con afecto, hasta el día en que acongojados lo vimos desaparecer de nuestra existencia terrenal.
Léon Barandiarán fue y sigue siendo un paradigma de lo que debe ser un abogado. He tratado sobre su vida y su obra en varias oportunidades pues no puedo dejar de elogiarlo por todo lo que desinteresadamente entregó a la comunidad así como agradecer lo mucho que recibí de él en enseñanzas y en ejemplo de vida. La consecuencia, la lealtad, es una virtud humanamente cardinal de la que he tratado de no apartarme nunca durante mi ya extenso tránsito existencial.
Por lo expuesto, he querido que en el pórtico de este trabajo en que debo referirme a la abogacía, rememorar, por su pertinencia, lo que alguna vez escribió el Maestro Léon Barandiarán explicando, con su acostumbrada brillantez, la razón por la que debía existir el abogado, la que compartimos plenamente. Respondiendo a esta cuestión dijo: “Si los hombres viviesen en edénica paz, si no se rebullesen entre apetitos codiciosos y sórdidos ajetreos; si no alcanzasen una conspicua elevación moral para no proceder en daño o desmedro del prójimo; si fuesen todos los varones justos, como el tipo paradigmático del que hallamos referencias en la Biblia; si el individuo pudiese recobrar su prístina inocencia de la inocencia de Juan Jacobo, cuando hablaba del hombre como había salido de las manos del Creador; si todos se conformaran a un honestum vivire, sin violentar las normas fundamentales de una armónica convivencia social, no habría necesidad del abogado”.
Como natural consecuencia de lo antes expresado, León Barandiarán expresaba certeramente que el “ideal de una sociedad de un alto nivel espiritual conduce lógicamente a descartar la presencia de disputas judiciales”, para concluir que el “litigio es un caso patológico”. Para remediar este mal, para desfacer entuertos como se propuso el Quijote, existe el abogado quien, al decir de León Barandiarán, en su cotidiano quehacer, “se encuentra frente a incorrecciones en la textura social del mundo” por lo que “se esfuerza por corregirlas”. De ahí que el abogado sea, en opinión del Maestro, “un sacerdote del derecho” que defiende la paz social cuya entelequia es la justicia. No habrá paz social sin justicia y, sin ambas, es difícil o imposible para la inmensa mayoría de los seres humanos realizar su personal “proyecto de vida”, su plena realización como personas.
El abogado que no asume con honestidad y sabiduría el rol que según Léon Barandiarán le corresponde en la sociedad en que vivimos contribuirá a intensificar sus males, sus lacras, contrariando la esencia de su sacerdotal función.
1.2.- Necesarios previos esclarecimientos conceptuales
Antes de abordar el tema específico de este trabajo, relativo a la formación continuada de la abogacía, es útil esclarecer previamente el significado de tres conceptos estrechamente vinculados como son los de abogado, profesional y profesional liberal. Referirse al abogado es mencionar a un ser humano, a una persona, que ha adquirido la calidad de profesional al ser autorizado para ejercer la abogacía. Ello, luego de cumplir con todos los requisitos legales necesarios para graduarse en una Facultad de Derecho, titularse de licenciado en derecho y colegiarse en su respectivo Colegio Profesional.
Es importante, para comprender cabalmente la función social del abogado y la necesidad de su formación continuada, referirse a los alcances de los mencionados conceptos. Es decir, saber que significa ser “profesional”, qué sentido tiene y en qué consiste ser un “abogado” y, además, pese a todas las dificultades que ello comporta conocer, luego de desentrañar los pertinentes alcances conceptuales, si al abogado se le puede catalogar como un profesional “liberal”.
Vale la pena recordar que las primeras Universidades surgen entre los siglos XII y XIII de la era cristiana. Es sólo desde esta época que los abogados acceden a un título que los faculta para el ejercicio de su profesión. Antes de este tiempo existieron personas que se dedicaban a la defensa de intereses ajenos pero el abogado era, en estas circunstancias, tan sólo un experto en el conocimiento y aplicación de las normas jurídicas imperantes en sus respectivas comunidades. La denominación de abogado (advocatus) nace en Roma. Se suele mencionar el nombre de Cicerón para rememorar, en aquellos tiempos, la actividad de los expertos en la defensa.
Cuando en el siglo XII se funda la Universidad de Bologna lo hace con cuatro Facultades: Teología, Humanidades, Derecho y Medicina. Los humanistas, los teólogos, los médicos y los abogados fueron los primeros profesionales que recibirían sus respectivos títulos universitarios. A ellos, cuando son auténticos, los vincula su vocación de servicio al ser humano, el que resulta ser el centro de sus preocupaciones desde sus singulares perspectivas. Ellos, en buena cuenta, son los más calificados representantes del humanismo.

2.- La ambigua noción de “profesional”
2.1.- El impreciso significado del concepto “profesional”
El término “profesional”, según el Diccionario de la Lengua Española, en su primera acepción, es la persona “perteneciente a la profesión o magisterio de ciencias y artes”. En su segunda acepción, “dícese de la persona que ejerce alguna actividad como profesional”1. En cuanto a la expresión “profesión” el mismo Diccionario señala que es “el empleo, facultad u oficio que cada uno tiene y ejerce públicamente”. De lo anteriormente expuesto se desprende que se confiere a la expresión “profesional” un amplio, impreciso y genérico significado.
Lo anteriormente expresado es corroborado por Atilio A. Alterini y Roberto López Cabana cuando, al referirse al vocablo “profesión”, advierten que si bien dicho término ha adquirido un especial protagonismo en las últimas décadas, “adolece de imprecisiones propias de su vaguedad”, lo que complica su debida comprensión2. Ello , además, se observa del significado tan amplio e impreciso que le confiere al término el Diccionario de la Lengua Española, tal como se ha apuntado.
Por su parte, Giovanni Cattaneo acota que, por provenir la expresión “profesión” del lenguaje común - de donde pasó al lenguaje jurídico - , resulta ser un término equívoco3. Viney, ante esta situación precisa que la calificación de “profesional”, por su carácter a menudo incierto y fluctuante, “no puede ser fijada de manera definitiva más que por intervención del legislador”4.
Las opiniones de tan connotados abogados-juristas, como los anteriormente citados, pertenecientes a la Argentina, Italia y Francia, respectivamente, nos releva de mayor comentario en torno a la ambigüedad e imprecisión del concepto de “profesional”. No obstante lo expresado, debemos optar por alguno de sus alcances o sentidos conceptuales según lo que analizaremos en el parágrafo 2.3 del presente trabajo.
2.2.- Distinción entre los conceptos de “profesión” y “oficio”.
Existe, a nuestro entender, una difusa frontera entre los conceptos de “profesión” y de “oficio”. Ello se hace patente, por ejemplo, en el texto del artículo 35° de la Constitución española de 1978 cuando, al referirse al trabajo, expresa que los españoles tienen el derecho a la “libre elección de profesión u oficio”. Este enunciado disyuntivo da pie a ciertos autores, como es el caso de Martínez Calcerrada, entre otros, para considerar que el concepto profesión tiene el significado del ejercicio de una “actividad de nivel superior” mientras que el oficio se refiere a cierta actividad “mecánica”, en el sentido de constituirse en una de contenido predominantemente “físico y manual y de ejercicio más o menos estandarizado” 5.
No obstante la opinión antes citada cabe señalar al respecto que un sector mayoritario de la doctrina supera el distingo tajante, como el formulado por Martínez Calcerrada, entre ambos conceptos al hacer extensivo el concepto de profesional a todo experto que desarrolla habitualmente una determinada actividad al servicio de los demás, con prescindencia de calificarla como de nivel superior o inferior, intelectual o manual. En sentido amplio, por consiguiente, el concepto de profesional se hace extensivo tanto a la actividad de un abogado o de un médico como a la de un ebanista o a la de un albañil.
Consideramos que no puede oponerse en forma tajante y nítida, desconociendo la naturaleza del ser humano en cuanto “unidad psicosomática”, las nociones de “profesión” y de “oficio”. No puede ignorarse, precisamente por la estructura propia del ser humano antes referida, el que toda actividad humana supone el despliegue de todas las potencialidades y energías psicosomáticas que dispone la persona en cuanto tal. No existe, por consiguiente, ni un trabajo intelectual puro ni mucho menos uno manual de la misma naturaleza. En toda actividad humana se hallan presentes ambos extremos, aunque en la del profesional predomine la primera sobre la segunda mientras que en la del trabajador manual prevalezca la segunda sobre la primera. Debemos, por lo expuesto, descartar la falsa antinomia propuesta por un sector de la doctrina.
2.3.- Diversas acepciones o sentidos del concepto “profesional”
2.3. 1.- Concepción amplia de “profesional”
Una revisión de la literatura jurídica sobre los alcances del concepto “profesional” nos permite comprobar que existen hasta tres acepciones o sentidos que se suele otorgar al referido concepto. Nos referimos a las acepciones amplia o lata, intermedia y restrictiva del concepto “profesional”.
La más amplia de las mencionadas acepciones es la que, según Alterini y López Cabana, deriva de la oposición de los conceptos de “profesional” y de “profano”. De conformidad con esta amplia distinción, el profesional sería el experto que ejerce de modo habitual cierta disciplina, oficio o materia en la que posee destreza, habilidad, arte, saber o técnica. Es decir, se trata de una determinada persona que ostenta conocimientos suficientes y una cierta capacidad técnica en alguna área del saber o de las actividades humanas. Por contraposición, el profano es aquella persona que carece de aquellas calidades, técnicas o saberes por lo que desconoce la actividad que domina y maneja el experto.
Alberto Bueres coincide con lo expuesto por Alterini y López Cabana en el sentido que, a grandes rasgos, el profesional es un experto en relación con el profano que requiere de sus servicios. En este sentido se comprende bajo la primera acepción a todos los profesionales designados como “liberales”6. Dentro de este amplio marco conceptual, como reiteran Alterini y López Cabana, el profesional sería, en sentido amplio o lato, tanto un mercader como un ingeniero o un mecánico7. Todos estos profesionales poseen, en su singular actividad, calidades y conocimientos técnicos que no están al alcance de los demás, por lo que ésta sería la nota distintiva de “profesional”en el sentido más amplio del concepto.
Es de señalar que, en tiempos recientes, con el desarrollo del concepto de “consumidor” y su consiguiente protección jurídica, se tiende a equiparar la noción de “experto” con la de “proveedor profesional” de servicios o productos y el de profano con el de “consumidor” de aquellos servicios o productos. De lo expuesto resulta el que algunas legislaciones consideran al abogado como un “proveedor” de servicios de abogacía y a los clientes como “consumidores” de los mismos. Esta equiparación genera, como consecuencia natural, el que “todo suministrador de bienes y servicios” es un profesional y como profesional, se agrega, “su responsabilidad frente al consumidor está agravada” 8.
2.3.2.- Concepción restringida de “profesional”
En sentido restringido el concepto de “profesional” se presenta como la del experto capacitado en un área del saber humano, que ostenta un título de nivel universitario logrado en forma regular y que detenta una matrícula en un determinado colegio profesional. Es decir, el profesional debe poseer un diploma profesional obtenido en forma regular9 y que “represente en cada rama o saber científico una calificación de áreas específicas”10. A este profesional se le suele designar comúnmente, cuando se dedica en forma habitual a su actividad, como “profesional liberal”.
2.3.3.- Concepción intermedia del concepto “profesional”.
Un sector de la doctrina jurídica asume una posición intermedia entre las concepciones de amplia y restrictiva, antes mencionadas, que se otorga al concepto de “profesional”. Alterini y López Cabana nos ofrecen al respecto una definición de profesional que ha merecido la aceptación de un sector importante de la doctrina argentina. Para dichos autores el concepto “profesional” supone la concurrencia de alguna de estas notas distintivas en su desempeño: “habitualidad, reglamentación, habilitación, presunción de onerosidad, autonomía técnica y, en su caso, sujeción a la colegiación y sometimiento a potestades disciplinarias. No es imprescindible el título profesional universitario” 11.
La posición antes señalada se aleja de la concepción amplia de profesional desde que, para los mencionados autores, se requiere de precisas notas características de las que carecen otros expertos para referirse a esta específica categoría de profesional. Ellas son las de reglamentación, habilitación y autonomía técnica. Es decir, que estos profesionales están sujetos a una cierta normatividad jurídica y ética, así como que han sido aceptados por un determinado Colegio Profesional. La habilitación es una de las notas que no pueden faltar en el caso al cual nos referimos así como tampoco la de autonomía técnica. Según esta última característica, el profesional liberal es absolutamente independiente en cuanto no se somete, en sus opiniones, informes o dictámenes, al criterio que le pretenda imponer cualquier persona, autoridad o empleador. La ausencia de subordinación intelectual o técnica es pues una nota imprescindible en cuanto a la definición de profesional.
La posición intermedia, bajo comentario, se aleja también de la concepción restrictiva. Ello se hace patente en cuanto que, para los autores antes citados, no es imprescindible el título universitario.

3.- Significado de la calificación de profesional “liberal”
3.1.- El debate en curso
Es de advertir que pocas denominaciones han suscitado tanto debate como la de profesional “liberal”. La calificación de “liberal” se le suele calificar por algunos autores como clásica, tradicional, propia del siglo XIX. Cabe preguntarse, al respecto, que le puede añadir o agregar a la calidad de profesional el adosarle el adjetivo de “liberal”, es decir y en pocas palabras, se trata de indagar sobre cuál es su significado.




Compartir con tus amigos:
  1   2   3   4   5   6   7   8


La base de datos está protegida por derechos de autor ©composi.info 2017
enviar mensaje

    Página principal