Ficha de estudio



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Ficha de Estudio

e Investigación nº 15


La literatura religiosa

del judaísmo

en la

«época intertestamentaria»

I. La “Biblia” de los “lxx1.
A} Trebolle Barrera, J., La Biblia Judía y la Biblia Cristiana. Introducción a la historia de la Biblia. Trotta, Madrid, 1993, págs. 315-3402.
I. INTRODUCCIÓN.

1. Importancia histórica de la versión de los LXX.

La importancia de la versión de los LXX no se limita al propio campo de los estudios bíblicos sino que alcanza a la historia cultural y literaria del Oriente y Occidente europeos y del medio Oriente semítico, con todas las ramificaciones que estos focos de cultura (bizantino, latino y semítico) han tenido a lo largo de su historia.

Esta versión constituye el primer ejemplo de traducción de todo un cuerpo de literatura sagrada, legal, histórica y poética de un pueblo y de una lengua del mundo cultural semítico a la lengua de la cultura clásica griega.

Hasta el descubrimiento de los manuscritos del Mar Muerto, la versión griega era la fuente más importante y casi única para el estudio de la historia del texto de la Biblia hebrea, así como para el estudio de las ideas teológicas y exegéticas del judaísmo alejandrino y palestino.

La versión de los LXX posee un valor añadido por el hecho de que los autores del NT y los escritores cristianos encontraron en ella el arsenal de términos y de conceptos en el que expresar los contenidos y símbolos de la fe cristiana. Constituye por ello el puente de unión entre los dos Testamentos; esta relación se pone de relieve de modo particular en las citas que el NT hace del AT a través de la versión de los LXX.

Los primeros cristianos adoptaron la versión griega como su “Antiguo” Testamento. Las diversas comunidades de la diáspora judía conocían la Biblia griega en colecciones que seguramente se diferenciaban mucho unas de otras; el número de libros recogidos en una colección podía ser mayor o menor, y el texto de cada libro podía ser el original de la versión o uno revisado conforme a un texto hebreo más actualizado. Las comunidades cristianas asumieron este pluralismo de libros y de textos en la versión griega. Acrecentaron incluso el proceso de diversificación del texto griego, hasta el punto de hacerse necesarios los esfuerzos de un Orígenes por introducir una cierta racionalidad en la transmisión del texto griego de la Biblia.


2. Importancia actual de los estudios sobre LXX

La investigación sobre la versión de los LXX conoce en la actualidad una nueva época de florecimiento.

El primer impulso en esta investigación arranca de los estudios de A. Deissmann sobre los papiros e inscripciones de época romana, que permitieron situar la lengua de los LXX en el ámbito de la koiné helenística.

El segundo impulso vino dado por el descubrimiento de los manuscritos del Mar Muerto, que trajeron consigo una revalorización de esta versión, al reconocerse que en determinados libros y variantes su texto representa un original hebreo diferente del texto masorético3 y, en ocasiones, preferible a éste.

Los estudios de las décadas pasadas sobre las versiones targúmicas (especialmente tras el descubrimiento del Codex Neophyti 14) y sobre la literatura “intertestamental”, supusieron un tercer impulso en el proceso de la investigación sobre LXX. Esta literatura y aquellas versiones arameas transmiten tradiciones de lectura e interpretaciones teológicas del AT que encuentran también paralelo en la versión de los LXX.

Un último factor en el resurgir de los estudios sobre la versión de los LXX lo constituye el abandono de posiciones apologéticas, que hacían de Pablo y del NT el comienzo absoluto de la teología cristiana, sin referencia alguna a sus presupuestos veterotestamentarios. Hoy existe entre los estudiosos una mayor disposición a reconocer una línea de continuidad (frente a otras de ruptura) entre la lectura judía de la Tanak en la época anterior y posterior al nacimiento del cristianismo y la lectura que los primeros cristianos hicieron del AT (Harl5).

Así, pues, la importancia de la versión de los LXX proviene de dos aspectos de esta la misma versión: su valor crítico como traducción de un original hebreo, en ocasiones divergente de la tradición masorética, y su valor exegético como traducción, que refleja tradiciones de interpretación e ideas teológicas del judaísmo helenístico.
3. Lugar, fecha, autores y propósito de la traducción.

La versión del Pentateuco al griego, conocida como versión de los LXX, fue realizada en Alejandría probablemente hacia mediados del s. III a.C., durante el reinado de Ptolomeo II Filadelfo (285-247 a.C.). Según la carta apócrifa de Aristeas, el sumo sacerdote Eleazar envió a petición del rey desde Jerusalén 72 sabios, 6 por cada tribu de Israel, con la misión de traducir la Torah hebrea para la biblioteca de Alejandría.

Esta carta es en realidad una novela histórica, muy inexacta en algunos datos, pero con un fondo de verdad en lo esencial. Fue escrita por un judío de Alejandría en la segunda mitad del s. II a.C. o algo más tarde. La información de la Carta de Aristeas sobre la aportación palestina a la obra de traducción de los LXX responde a datos verídicos. Por el contrario, la atribución del origen de la versión a la iniciativa del bibliotecario Demetrio, quien se habría propuesto dotar a la biblioteca alejandrina de una traducción de la Torah judía, ha suscitado las sospechas de la crítica moderna. La realización de esta versión ha sido atribuida a razones más bien de orden litúrgico (Thackray), educativo (Brock y Perrot), y de proselitismo u otras.

Bickerman y otros retornan, sin embargo, a la explicación dada por el Pseudo-Aristeas, considerando la versión como un producto de la iniciativa regia, en respuesta a necesidades de orden jurídico (Rost) o relacionadas con la políteuma judía de Alejandría (Barthélemy). Según Mélèze-Modrzejeweki, la traducción griega constituye una versión oficial, destinada al uso en los tribunales del sistema judicial de los lágidas, al igual que versiones similares del derecho consuetudinario de los indígenas egipcios fueron realizadas también para que pudieran ser utilizadas en los tribunales de justicia. Parece fuera de duda que la políteuma judía se regía por una ley específica, pero no cabe decir que esta ley fuera precisamente el Pentateuco de la versión griega. Posiblemente la atribución de la versión al bibliotecario Demetrio encierra un punto de verdad al suponer que, tras la iniciativa regia de emprender tal versión, se esconde un propósito de política cultural.

Otros datos sobre los orígenes de la versión, más o menos coincidentes con los del Pseudo-Aristeas, pueden encontrarse en Aristóbulo (primera mitad del s. II a.C.), Filón de Alejandría, F. Josefo, en fuentes rabínicas y en escritos cristianos.

El estudio de los procedimientos de traducción, unido al de la lexicografía, contribuye a establecer el origen geográfico de la traducción de cada libro de la Biblia griega.

En Alejandría fueron traducidos los libros de la Torah, Jue, 1-4 Re, 1-2 Paralipómenos, 3 Mac, Prov, Job, XII Profetas, Is (Van der Kooij), Jr, Bar, Carta de Jeremías, Ez, etc.

En Palestina se tradujeron los de Rut, Est, Ecl, Cant, Lam, Jdt, 1 Mac, etc. El traductor de Sabiduría fue seguramente un judío alejandrino de origen palestino, como lo fue también el traductor del Sirácida.

Los continuos contactos entre Alejandría y Jerusalén impiden establecer, como se venía haciendo (cf. p. 242), una oposición demasiado tajante entre estos dos centros judíos, que se disputan el honor de ser el lugar de origen de la traducción de los diferentes libros de LXX. La reciente investigación no permite seguir hablando de que la versión de la Biblia al griego comportara una helenización de la misma; es preciso reconocer, por el contrario, un mayor equilibrio entre la parte correspondiente a la expresión griega de la traducción y la correspondiente al contenido judío, que sigue constituyendo el fondo de esta misma traducción (R. Marcus, D. Barthélemy).

La designación de “versión de los LXX” se refería en un principio a la traducción de sólo el Pentateuco. Los demás libros bíblicos fueron traducidos más tarde, hasta mediados o a lo sumo finales del s. II a.C. Recoge en consecuencia traducciones hechas por diversos autores. La traducción es en general de gran calidad, en unos libros más literal, en otros más libre. Además de los libros del canon hebreo, la Biblia griega incluye, con variaciones de un manuscrito a otro, las obras siguientes: 1 Esd, Sab, Ecl, Jdt, Tob, Bar, Carta de Jeremías y 1-2 Mac. En algunos libros del canon hebreo la versión de los LXX añade nuevos textos, como son las adiciones al libro de Ester, cuyo texto griego tiene una extensión mayor del doble que la del texto hebreo. Algunos manuscritos de LXX añaden al final del Salterio varios himnos.

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