Expediente seclo nº



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Seminario: Mujer y trabajo en Situaciones de Crisis

Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social

Comisión Tripartita de Igualdad de Trato y Oportunidades entre Varones y Mujeres en el Mundo Laboral








Presentación de la Presidenta de la Comisión Tripartita de Igualdad de Trato y Oportunidades entre Varones y Mujeres en el Mundo Laboral, Prof. Liliana Jensen

Documento de trabajo elaborado sobre la base de los siguientes textos:



  • Guía para la elaboración de proyectos con perspectiva de genero. UNICEF. Argentina.

  • Consejo Nacional de la Mujer. Buenos Aires 1995.

  • Género en la reforma o reforma sin género? Desprotección social en las leyes

  • previsionales de América Latina Haydeé Birgin Laura Pautassi. Unidad Mujer y Desarrollo N 36. CEPAL.

  • Las relaciones de género en un mundo global. Virginia Guzmán. Unidad Mujer y Desarrollo N 38. CEPAL

  • Mujer y trabajo; Reformas económicas, flexibilidad y globalización.


Género y Trabajo

La categoría de genero abarca el conjunto de características oportunidades y expectativas asignadas a las personas, basadas en sus rasgos biológicos de sexo.

Esto implica establecer una distinción entre las características anatómicas y fisiológicas que definen el sexo de las personas y las características sociales o de genero que aluden a las definiciones sociales de roles, comportamientos actitudes y valores, atribuidos a mujeres y varones y que son internalizados mediante los procesos de socialización.

Este concepto permite visibilizar los condicionamientos normativos de "lo masculino" y "lo femenino" en la sociedad las consecuentes identidades subjetivas y colectivas, las valoraciones y el tipo de relaciones que se establecen entre varones y mujeres. Él genero es una construcción social y por lo tanto varia de una sociedad a otra, de un agrupamiento social a otro de una época a otra. Esto significa que es susceptible de modificaciones

Es así que, él genero debe ser entendido como una categoría relacional que remite el carácter cualitativo e interdependiente de la posición de las mujeres y varones en la sociedad, constituyendo de este modo una relación de poder.

En este punto es necesario recalcar que él genero no alude en forma exclusiva a los problemas de las mujeres ni trata de abstraerlas del conjunto de la sociedad.

La propuesta no es de exclusión sino de inclusión. Las problemáticas que se derivan de las cuestiones de género solo pueden encontrar resolución en tanto incluyan cambios en mujeres y varones, el sistema de genero no esta aislado sino que atraviesa todo el entramado social, articulándose con otros factores condicionantes y generando situaciones especificas relacionadas como la edad, el estado civil, la etnia, la educación, la clase social.

El Mundo del Trabajo

La inserción social de las mujeres en el sistema de genero no puede comprenderse sino se problematiza la responsabilidad sobre el mundo domestico que recae primordialmente sobre las mismas.

Este rol domestico que desempeñan las mujeres de todos los sectores sociales cobra particular importancia en el caso de las mujeres de toda cobra particular importancia en el caso de las mujeres pobres, que carecen de asistencia externa tanto personal como técnica (posibilidad de contratar el servicio domestico y disponer de la tecnología que alivie las tareas domésticas).

En cada hogar, las mujeres ocupan el rol de ama de casa, lo que implica resposabilizarce por el conjunto de actividades vinculadas al mantenimiento y aseo de la vivienda, organización del consumo y provisión de servicios (comida, ropa, etc.) y la crianza de niños entre otras. Este conjunto de actividades es requerido para salir al ámbito público, mantener los vínculos familiares, etc., y constituye el llamado trabajo domestico. El trabajo domestico no por invisible en términos sociales y económicos - dada la existencia de una remuneración monetaria - ,es menos necesario social y económicamente.

La producción y reproducción cotidiana de la fuerza de trabajo, aquella que se va a vender al mercado a cambio de una remuneración es realizada por el trabajo domestico.

Si bien estas tareas no son contabilizadas todavía en las cuentas nacionales, constituyen un servicio indispensable para el funcionamiento de la economía.

Hoy en día subsisten dificultades para medir el valor del trabajo domestico a pesar de ello algunas evaluaciones macroeconómicas sitúan concepción al nivel de cada hogar el valor de la producción del hogar entre el 25 y el 40% de lo contabilizado en el producto bruto nacional de las sociedades industrializadas. Esto estaría señalando un aporte significativo mayor para el caso de dicha producción en los países latinoamericanos.

Traduciendo esto, puede afirmarse que el trabajo en el mismo forma parte de los ingresos familiares, dando que brinda un servicio que implicaría una erogación monetaria si se obtuviera en el mercado.

La tarea domestica realizada gratuitamente por el ama de casa forma parte del ingreso global del hogar, no en aporte monetaria sino en forma de trabajo que permite mejorar la capacidad de compra de los miembros ocupados del hogar.

En consecuencia entendemos que no es posible referirse a la situación social de las mujeres restringiendo en termino trabajo o actividad al empleo remunerado.

El cuidado del hogar es también un trabajo con valor económico.

La devaluación de este trabajo así como la del trabajo comunitario, predominantemente realizado también por mujeres, sigue un camino paralelo al de la subordinación de las mismas.

La mera conexión entre productividad y empleo remunerado continua invisibilazando la enorme cantidad de trabajo no remunerado que realizan las mujeres, el que en realidad fundamenta y subsidia todos los demás tipos de trabajos.

En este marco de análisis se inscribe el trabajo de la mujer e Hijos de las familias del sector rural. El crecimiento del llamado sector informal a conducido a reconocer ocupaciones que no son detectadas por las estadísticas, esta invisibilidad es más evidente en el caso de las mujeres y hace referencia al fenómeno poco reconocido aun de la FEMINIZACIÓN DEL TRABAJO INFORMAL.

Pertenecen a este sector diversas categorías de trabajadoras: Por cuenta propia, domiciliarias, domésticas, rurales, las ocupadas en actividades de comercialización etc. Este conjunto de mujeres es más vulnerable en el mercado de trabajo desde todo punto de vista. La mayoría se encuentra en situación de pobreza con el agravante de que no cuentan con sistemas previsionales de jubilación y atención de salud, no tiene condiciones para organizarse para fortalecer su capacidad de negociación y perciben bajos ingresos. El aumento de la participación de las mujeres en el trabajo remunerado se presenta como tendencia estructural que seguirá en ascenso independientemente de las situaciones coyunturales.

Frente a esta tendencia es importante llamar la atención acerca de las condiciones de discriminación en que las mujeres se insertan en el Mercado Laboral: La denominada doble jornada de trabajo, los ingresos generalmente inferiores a los percibidos por los hombres, cualquiera sea su nivel educacional y en todos los grupos ocupacionales, el acoso sexual en los lugares de trabajo los bajos niveles de sindicalización.

DEBE SEÑALARSE QUE EL PUNTO CENTRAL NO ES SI LAS ACTIVIDADES TIENEN UNA MAYOR O MENOR CONNOTACIÓN TRADICIONALO MODERNA SINO QUE LA INSERCIÓN DE LAS MUJERES EN AREAS PEOR REMUNERADAS REPORODUCE O AGUDIZA LA POBREZA; VUELVE INEFICIENTES EL USO DE LOS RECURSOS HUMANOS DISPONIBLES QUE SON UN ELEMENTO ESENCIAL PARA EL CRECIMIENTO CON EQUIDAD, OBTACULIZA A LAS MUJERES A ACCEDER A UNA FORMACIÓN CIUDADANA CON CAPACIDAD DE GESTION Y/O NEGOCIACIÓN EN EL MUNDO LABORAL; PROVOCA UNA PERDIDA DE PRESTIGIO DE LOS SEGMENTOS OCUPACIONALES A LOS QUE SE INTEGRAN, LO QUE REFUERZA EL PROCESO DE DISCRIMINACIÓN E INEFICIENCIA.

Buscando la equidad

A partir de la década del 50 comienza a considerarse a las mujeres dentro de los programas y proyectos que respondieron a las más diversas orientaciones políticas.

Primero aparecieron los programas llamados de BIENESTAR cuya preocupación central era, dar respuesta a las comunidades pobres en términos generales; y a pesar que las mujeres aparecían como principales beneficiarias solo eran intermediarias en la búsqueda del bienestar familiar

Este tipo de programas contemplaba a la mujer en su rol domestico y reproductivo: proveía servicios a nivel comunitario, programas de nutrición, planificación familiar etc. La maternidad es el rol de mayor relevancia en la sociedad y el desarrollo económico.

Esta perspectiva asume a las mujeres como receptoras pasivas del desarrollo.

A mediados de los 60 y principios de los 70 la preocupación pasa por el ingreso de la mujer al mundo del trabajo. Se las descubre como un recurso no utilizado.

Dentro de esta línea el ENFOQUE ANTIPOBREZA detecta la desigualdad económica entre hombres y mujeres y enfatiza la necesidad de un aumento en la productividad de las mujeres de escasos recursos. Se procura generar proyectos que aumenten la generación de ingresos mediante el acceso de las mujeres a recursos productivos.

Generalmente se promueven proyectos relacionados con actividades netamente "femeninas" como la confección de prendas de vestir.

Esta visión no atiende el hecho de que las mujeres jefas de hogar atienden también la crianza de los hijos, las tareas domesticas, generando entonces dobles y hasta triples jornadas de trabajo.

ENFOQUE DE EFICIENCIA.

Esta perspectiva se asienta en la reconocida capacidad de las mujeres para alcanzar objetivos, se las percibe como un recurso humano no tenido en cuenta en la planificación para el desarrollo y reconoce también el papel esencial de las mujeres en el bienestar del hogar y su carácter de principal usuarias de la vivienda y los servicios.

¿Cuál es el supuesto de esta posición? Que una mayor participación de las mujeres en los programas y proyectos de desarrollo garantiza resultados más eficientes con una reducción de costos y un mayor rendimiento al mismo tiempo que garantiza respuesta a sus necesidades y a las de su hogar.

Para ello se procura facilitar su acceso a la capacitación, tecnología, créditos, servicios de asesoría etc.

¿Qué es lo que no se tiene en cuenta? Además de que en muchos casos se duplica o triplica la jornada de trabajo y no se reconocen los diferentes roles que las mujeres cumplen, se ve afectado el principio mismo en que se basa esta política la capacidad de las mujeres para el logro de objetivos.

ENFOQUE DE IGUALDAD O AUTONOMÍA.

Este enfoque asume y se concentra en la desigualdad entre mujeres y varones en todos los grupos socioeconómicos y especialmente en la división sexual del trabajo.

Asume también que una mayor igualdad entre los géneros traerá como resultado un aumento en el crecimiento económico y dicha igualdad se alcanzaría mediante una redistribución de esfuerzos Por ejemplo programas de capacitación de mujeres en tareas no tradicionales (soldadura eléctrica)

La igualdad de oportunidades es objetivo explícito de este tipo de proyectos en los que las mujeres serán beneficiarias y participes de los mismos.

Se procura por ejemplo determinar la proporción de mujeres que necesariamente formara parte del grupo objetivo y en la administración e implementación del proyecto.

Es importante mencionar que si bien los resultados de las intervenciones no fueron los ideales no puede dejar de mencionarse su contribución a hacer más visibles a las mujeres en el discurso social, ya que se generaron conocimientos, investigaciones y datos que colaboran en la modificación de las percepciones y toma de conciencia acerca de la existencia de problemas propios y específicos de las mujeres.

De las dificultades experimentadas en la búsqueda de la equidad entre los géneros surge el ENFOQUE DE GENERO EN EL DESARROLLO producto de la evaluación de los modelos anteriormente descriptos y los resultados obtenidos.

Este enfoque reconoce la existencia de la subordinación de genero y el lugar que esta ocupa en la estructuración del poder en la sociedad. Se centra en la necesidad misma de considerar los efectos e impactos diferenciales y desiguales por genero de las políticas y estrategias de desarrollo. Se considera en consecuencia que varones y mujeres tienen diferentes problemas, intereses, necesidades y prioridades, que no deben ser confundidos ni homologados al momento de plantear planes programas y proyectos.

Y en el marco de este mismo análisis el llamado ENFOQUE DE EMPODERAMIENTO realiza aportes sumamente significativos

Bajo esta perspectiva el desarrollo socioeconómico no implica solo bienestar y acceso a los recursos , sino también control sobre los mismos, EL DESARROLLO ES: IGUALDAD + EMPODERAMIENTO.

En el momento de definir políticas se debe tener en cuenta el bienestar material, el acceso de los recursos que garantizan bienestar, control de los recursos, concientización en cuestiones de genero y participación en las decisiones.

Esto no significa que haya metas más importantes que otras: se trata de un proceso que no es lineal sino de un ciclo interconectado en el cual la igualdad en la participación y control de los recursos son componentes insoslayables junto al bienestar para lograr la igualdad de genero.

Es decir no son pasos lineales de un proceso a seguir se trata de articular de modo tal que impulsen cambios en el sentido buscado, tanto en las condiciones objetivas de las vidas de las mujeres como en las relaciones de genero que regulan su subordinación y marginación.
 

Síntesis de: GENERO EN DESARROLLO.

"EL DESARROLLO ES IGUALDAD + EMPODERAMIENTO
Las Reformas Político- Económicas. Género y Macroeconomía

El concepto de género se refiere a la construcción social de las relaciones entre hombres y mujeres, por lo cual debería tomarse en cuenta en todo análisis social o económico.

El género constituye una categoría analítica imprescindible para comprender la iniquidad en campos que se consideraron neutrales, como la macroeconomía. Cuando se definieron las reformas no se considero la dimensión de genero mas aun, esta no estuvo incluida en la agenda del debate ni en la políticas pertinentes.

Esta omisión del género encuentra su explicación, por una parte, en una concepción del derecho que pretende reducirlo a la norma, pese a que éste sobrepasa tales límites; y por la otra, en una concepción tradicional de la economía que niega que las desigualdades de género en los niveles micro incidan en la macroeconomía.

Es importante tener en cuenta que en los actuales procesos económicos orientados al mercado y la prestación privada de servicios, tropiezan con la división sexual del trabajo, el ingreso y las responsabilidades, lo que permite señalar que las fuerzas del mercado modifican las relaciones de género y éstas, a su vez, modifican las fuerzas del mercado.

La especificidad del empleo femenino está determinada por un conjunto heterogéneo de factores, como el tamaño y composición de la fuerza de trabajo, los esquemas institucionales vigentes y el papel del trabajo productivo y reproductivo.

Por ejemplo cabe señalar que la dimensión de género no fue incluida en las reformas previsionales porque tampoco estuvo presente en el proceso de reforma y ajuste estructural, en el que prevaleció un enfoque tradicional de la economía, marco en el que se considera las desigualdades entre mujeres y hombres como un tema social separado, que debe tratarse en el terreno de las políticas sociales y no como un obstáculo para el desarrollo económico sostenido y como elemento fundamental para el desarrollo humano.

En la perspectiva neoclásica no se identifica ninguna dimensión de género en los niveles micro y macroeconómico. Sus propuestas de política se refieren a legislación que propicie la igualdad de oportunidades, educación para combatir los prejuicios y "redes de seguridad" para las mujeres a quienes se les niegan empleos plenos. No se contempló la reestructuración de las instituciones o el rediseño de las políticas macro. Lo que esta corriente desconoce es que aquello que puede ser racional para el agente económico individual puede no serlo necesariamente para el sistema como un todo.

Desde los años ochenta en adelante, movimientos de mujeres pusieron de relieve la falta de neutralidad de la política macroeconómica en términos sociales y la imperiosa necesidad de examinar ex ante sus efectos en dicha esfera. De esta manera se vinculan la economía, la equidad y el género, cuya interelación debe convertirse en la base fundamental del nuevo paradigma de desarrollo. Durante la última década, en numerosas investigaciones se avanzó hacia el reconocimiento de la no neutralidad de las repercusiones de las políticas macroeconómicas, centrándose en los efectos de retroalimentación que ejercen las relaciones de género sobre la macroeconomía.

El argumento principal es el siguiente:

· los efectos de las políticas macroeconómicas presentan, por lo general, sesgos de género,

· las desigualdades de género en los niveles micro y meso tienen

implicaciones macroeconómicas

Reconocidas estas interelaciones, es inexcusable que los problemas específicos de las mujeres volvieran a quedar marginados del debate central respecto del desarrollo

En las políticas macroeconómicas que se implementaron en la región durante el proceso de ajuste se desconocieron manifiestamente las implicaciones de las relaciones de género; más aún, las mujeres fueron consideradas como recurso económico. En primer lugar, en los diagnósticos previos a la aplicación de las políticas de ajuste se señaló el vínculo existente entre sectores productivos e improductivos. Por una parte, se implementaron medidas de austeridad de corto plazo dirigidas a mantener la demanda agregada bajo control para bajar la inflación y disminuir los déficit fiscales y, por la otra, políticas de largo plazo con vistas a liberalizar el comercio, desregular y privatizar.

Según esta concepción, si se permite que el mercado opere libremente, éste va a producir como resultado un aumento de la eficiencia y la eficacia. Para mejorar la eficiencia se redujeron drásticamente los subsidios a los precios, las inversiones públicas en infraestructura y el gasto social en educación, salud y servicios públicos. Estas políticas incidieron negativamente en el bienestar de los sectores mas desprotegidos y, especialmente, en el de las mujeres de hogares más humildes.

Los costos sociales de la reproducción y mantenimiento de la fuerza laboral fueron transferidos a una esfera en la que ya no eran visibles.

En los estudios de caso se ha demostrado que los efectos de las políticas de ajuste han sido adversos para los sectores vulnerables especialmente las mujeres, y que el trabajo reproductivo de las mujeres se ha intensificado. Las mujeres absorbieron el impacto del ajuste por la vía de trabajar más tiempo y más arduamente dentro y fuera del hogar.

Como resultado del ajuste las mujeres incrementaron su participación en la fuerza laboral para poder mantenerse ellas mismas y a sus familias, se incorporaron al empleo informal en condiciones desventajosas e inseguras y, debido a la disminución de sus ingresos, aumentaron su trabajo doméstico no remunerado. Los costos de la reproducción social fueron transferidos a la esfera doméstica. Si bien la reforma estructural se llevó a cabo para aumentar la eficiencia, la invisibilidad del trabajo doméstico no remunerado puede estar ocultando un aumento de la ineficiencia. Al no tomar en cuenta el valor económico del trabajo reproductivo de la mujer en el hogar se han sobredimensionado los efectos positivos de las políticas implementadas en las últimas décadas a nivel internacional y, especialmente, en América Latina. Las mujeres han duplicado su carga de trabajo en la sociedad para reemplazar a un Estado que se redujo y que, por lo tanto, se supone que se volvió más eficiente. Una contabilidad económica adecuada de la eficiencia macroeconómica general tendría que restar de los beneficios de una mayor eficiencia parcial, los costos sociales.

Mientras el sector informal no remunerado permanezca invisible en las cuentas nacionales resulta difícil evaluar la eficiencia y el impacto de las políticas a nivel macroeconómico.

El reto es dar visibilidad al sector reproductivo, de tal manera que se pongan de relieve los efectos de las diferentes políticas macroeconómicas en términos del bienestar de las mujeres.

Por ejemplo, las mujeres están subrepresentadas en el sistema previsional, lo que se debe a que el peso de la reproducción social opera como una de las causas principales de su baja inserción en el mercado formal y su sobrerepresentación en los segmentos peor remunerados y en la economía informal.

Por lo tanto resulta claro que los aportes al sistema previsional de las mujeres es inexistente. Por otra parte en todas las categorías ocupacionales las mujeres perciben ingresos inferiores a los de los hombres. Esas diferencias entre sus remuneraciones aumentan con la edad y la calificación, siendo más amplias en los niveles superiores de instrucción: en iguales condiciones educativas, el ingreso promedio de las mujeres representa el aproximadamente 60% del de los varones.

En síntesis, en un contexto signado por un progresivo envejecimiento de la población, un aumento de la participación femenina en el mercado de trabajo y una más marcada exclusión de las mujeres de los beneficios previsionales, la consideración del género en el diseño de las reformas permitiría:



  • adecuar los cálculos prestacionales a la población beneficiaria;

  • determinar las prestaciones teniendo en cuenta la mayor participación femenina y los esquemas familiares que la sustentan;

  • proveer fondos o mecanismos para responder a las necesidades de las mujeres insertas en el mercado informal;

  • garantizar al menos una prestación mínima de subsistencia.

La ausencia de la dimensión de género en el diseño de la reforma sólo se explica por la lógica económica que primó, en cuyo marco los técnicos y quienes toman las decisiones políticas se preocuparon más de resolver el problema de los déficit financieros y de crear un mercado de capitales que de prever los impactos diferenciados que ejercerían sus medidas sobre la población.


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