Estudios en Agapanto (Agapanthus africanus (L.) Hoffmgg.): Efecto del tamaño del propágulo en el desarrollo vegetativo y floral de la planta; conservación postcosecha de sus flores



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2.2. Algunos requerimientos agroecológicos del género


En este punto se hace una revisión de la temperatura y fotoperíodo, luminosidad y suelo que requieren los agapantos.

2.2.1. Temperatura y fotoperíodo


Las temperaturas óptimas son 18 a 21ºC durante el día, y 10 a 13ºC durante la noche. Temperaturas sobre 21ºC pueden causar retraso en el crecimiento.

Agapanthus no necesita de un fotoperíodo en particular para florecer. Sin embargo, para inducir la floración, necesita temperaturas iguales o menores a 15ºC por 50 a 60 días. Después de este período de frío, a 20-22ºC demoran unos 120 días hasta el inicio de la floración. El período de desarrollo floral es más corto si el período de frío ha sido más largo. Existe desarrollo floral a partir de 10-15ºC (RÜNGER, 1976 y MSU, 1998).

Si se quiere establecer agapantos en el exterior, se puede hacer desde climas cálidos hasta climas donde caigan algunas heladas. En éstos últimos el follaje se pondrá amarillo, pero las plantas no sufrirán mayor daño y volverán a crecer en primavera gracias a sus tallos tuberosos. Se asegura la sobrevivencia de éstos aplicando sistemas de “mulch”. En climas muy fríos se recomienda cultivar agapantos en macetas o como planta de interior. En general las especies caducifolias de Agapanthus son más resistentes al frío que las especies perennes.

De las especies caducifolias, la más resistente a las heladas es A. campanulatus que puede soportar hasta -15ºC, sin embargo, en zonas donde se registran temperaturas bajo 1ºC, lo ideal es resguardar las especies caducifolias establecidas en maceta en un lugar cubierto durante el invierno.

De las especies perennes, la más resistente al frío es A. praecox, que soporta temperaturas de hasta -8ºC, sin embargo, lo ideal es mantener las especies perennes establecidas en maceta a una temperatura sobre 4ºC durante el invierno (PURCELL, 1997; DUNCAN, 1998; MBG, 2001; OKHAPKINA, 2002; TARRAGON LANE, 2002; AGAPANTHUS FREUNDE, 2003; BBC, 2003; CIBF, 2003; PERRY, 2003; RHS, 2003 y SLATER, 2003).


2.2.2. Luminosidad


Las plantas requieren estar a todo sol, o al menos recibir la luz de la mañana hasta las 12 AM para tener una buena floración, sobretodo en primavera y verano. Durante la dormancia invernal de las especies caducifolias, no es necesaria la presencia de luz.

En climas muy calurosos es recomendable evitar la radiación directa, ya que las hojas se queman y se decoloran las flores (PURCELL, 1997; DUNCAN,1998; ANDERS, 2002; OKHAPKINA, 2002; TARRAGON LANE, 2002; AU JARDIN, 2003; BBC, 2003; CIBF, 2003; PERRY, 2003 y RHS, 2003).


2.2.3. Suelo


Si bien Agapanthus crece en suelos muy pobres, los mejores resultados se obtendrán en suelos fértiles y con muy buen drenaje (PURCELL, 1997; VANPLANT, 1997; DUNCAN, 1998; MSU, 1998; PLANT GROWERS AUSTRALIA (PGA), 1998; GILMAN, 1999; MCG, 2000; JAMIESON, 2001; CYBERSCAPES, 2002; NOTTEN, 2002; AU JARDIN, 2003; BBC, 2003; PERRY, 2003 y RHS, 2003).

Para plantas en maceta, TARRAGON LANE (2002), recomienda hacer una mezcla con dos partes de arcilla, una parte de tierra de hojas y una parte de guano. ANDERS (2002), recomienda utilizar mezcla con una parte de tierra de hojas, una parte de turba y otra parte de arena o perlita añadiendo 2,5- 4 g de cal por kg de mezcla.


2.3. Aspectos generales de manejo


En este punto se hace una revisión de la fertilización, de la propagación de las plantas, del riego y del reconocimiento, prevención y control de algunas enfermedades y plagas de los agapantos.

2.3.1. Fertilización


La literatura no registra aún las demandas nutricionales específicas de Agapanthus, sino de raíces carnosas y tuberosas en general.

Los agapantos toleran tanto altos niveles de acidez como de alcalinidad, siendo el pH óptimo del suelo entre 5.8-6.3. Suelos con una conductividad eléctrica por sobre 2 dS/m no deben ser utilizados para producción de agapantos, ya que afectarán negativamente la brotación de los tallos tuberosos y el rendimiento y calidad de las flores (DUNCAN, 1998; PINOCHET, 1999).

Si existe acidificación del suelo, se debe realizar una corrección con cal dos meses antes de la plantación, a fin de que ocurra una adecuada reacción de neutralización y precipitación del aluminio y/o manganeso tóxico. Para calcular la dosis de CaCO3/m2, la diferencia entre el valor óptimo de pH y el arrojado por el análisis de suelo, se multiplica por la capacidad tampón determinada según el tipo de suelo: para Trumaos 100g CaCO3/m2/0.1 pH, para Pardo arcillosos 90g CaCO3/m2/0.1 pH, para Rojo arcillosos 80g CaCO3/m2/0.1 pH y para Graníticos y Terrazas marinas 50g CaCO3/m2/0.1 pH (PINOCHET, 1999).

Para saber qué dosis aplicar de un determinado nutriente, se debe saber la demanda de nutrientes de la planta, el suministro dado por el análisis del suelo a cultivar y la eficiencia de recuperación de los fertilizantes aplicados. Con estos datos, se aplica la siguiente fórmula:



Para calcular la dosis de Nitrógeno, la demanda para raíces tuberosas se ha estimado para un rendimiento alto y medio, de 28g de N/m2 y 17g de N/m2, respectivamente. A esta demanda se le debe restar un 18% que corresponde al aporte del órgano de reserva (NOR). Las plantas geófitas son poco eficientes en la recuperación del N aplicado como fertilizante alcanzando con un nivel tecnológico medio una eficiencia de un 45% (PINOCHET, 1999).

En plantas cultivadas en maceta, el fertilizante nitrogenado debe ser suministrado idealmente en forma líquida, desde comienzos de la estación de crecimiento, hasta la formación de las umbelas cada dos o tres semanas. Para plantas cultivadas en el exterior, son más adecuados los fertilizantes en forma granular. La mayor eficiencia de la fertilización nitrogenada (55%), se logra a través de fertirrigación con riego por goteo o microjet. Un nivel medio es obtenido con tres parcializaciones del fertilizante: una aplicación inmediatamente posterior a la emergencia (25%), otra 20 días después (25%) y una tercera después de la cosecha de la flor (50%). Después de aplicarse la fertilización, si es posible, se debe regar abundantemente (PURCELL, 1997; VANPLANT, 1997; DUNCAN, 1998; PGA, 1998; PINOCHET, 1999; JAMIESON, 2001; MBG, 2001; ANDERS, 2002; TARRAGON LANE, 2002 ; FAUCON, 2003 y PERRY, 2003).

El Fósforo y Potasio tienen un alto requerimiento interno en los cultivos de flores, siendo muy importantes en la calidad y el rendimiento obtenido. Para las raíces tuberosas en general, para un rendimiento esperado alto, el nivel crítico de P disponible es de 14 mg P-Olsen/kg de suelo y el nivel crítico de K es de 140 mg K intercambiable/kg de suelo. La eficiencia de recuperación para P y K en suelo trumao es de un 11% y un 95%, respectivamente. La fertilización debe aplicarse en su totalidad al momento de la plantación y en forma localizada en la línea de plantación, 5 cm bajo el órgano subterráneo. En el caso de haber fertirrigación, la forma más eficiente de la aplicación de P es un 90% y de K un 70% al momento de la plantación. Los respectivos 10% de P y 30% de K restantes, se aplican durante el cultivo (PGA, 1998; PINOCHET, 1999).

El nivel crítico para Calcio es < 0.50 cmolc/kg de suelo, para Magnesio es < 15 mg/kg de suelo y para Azufre< 6 mg/kg de suelo.

Un nivel de concentración adecuado para Cloro es 8 mg/kg de suelo, para Fierro entre 2.0 – 4.5 mg/kg de suelo, para Manganeso y para Zinc entre 0.5 - 1.0 mg/kg de suelo, para Molibdeno y Cobre entre 0.2 – 1.0 mg/kg de suelo

(PINOCHET, 1999).

2.3.2. Propagación de las plantas


Para propagar el agapanto se establecen tres métodos de propagación: por semilla, por división de las plantas, y por cultivo de tejidos.

2.3.2.1. Propagación por semilla


Es un método que se utiliza prácticamente sólo para crear nuevas variedades o híbridos, ya que se obtienen plantas muy distintas a la planta madre, debido a la recombinación genética que ocurre al haber fecundación. Además, la mayoría de las plantas ornamentales tienen genotipos altamente heterocigotos, perdiéndose fácilmente las características únicas. Por otro lado, al propagar una planta por semilla, ésta debe pasar por dos períodos: un período juvenil donde no ocurre floración, que suele durar varios años, y el período reproductivo (HARTMANN y KESTER, 1988).

En las regiones de lluvias invernales, las semillas son liberadas desde las cápsulas maduras después de las primeras lluvias de otoño. En las regiones de lluvias de verano, las semillas quedan en dormancia hasta la caída de las primeras lluvias de primavera (DUNCAN, 1998).

El número total de semillas producidas por umbela varía entre las especies y puede ir entre 3 a más de 10. Las semillas de todas las especies de Agapanthus tienen una viabilidad limitada, por esto, los mejores resultados se han obtenido en siembras establecidas inmediatamente después de la maduración de las bayas.

La siembra debe hacerse en un sitio protegido de las heladas. La fecha de siembra es desde junio a agosto, con temperaturas de 13 a 25ºC. La semilla debe plantarse en un sustrato de arena y compost fino en partes iguales, cubriéndolas levemente. Deben permanecer humedecidas y estar a semisombra. La germinación ocurre dentro de tres a ocho semanas después de la siembra (DUNCAN, 1998; GILMAN, 1999; HOFFMANNS, 2000; JAMIESON, 2001; CYBERSCAPES, 2002; NOTTEN, 2002; OKHAPKINA, 2002; AGAPANTHUS FREUNDE, 2003; PERRY, 2003 y RHS, 2003).

Las plántulas deben permanecer en los surcos por un año, después del cual pueden ser colocadas en macetas individuales para que vigoricen durante un año más. Después de este tiempo las plantas pueden ser ubicadas en un su lugar definitivo. Las especies perennes generalmente florecen por primera vez al segundo año de vida, mientras que las caducifolias demoran un año más (DUNCAN, 1998).

2.3.2.2. Propagación por división de plantas


Es la forma más utilizada para multiplicar las plantas de agapanto; se asegura que el material propagado sea igual al original y es más económica que la propagación por semilla sólo por la superioridad y uniformidad de los clones obtenidos, y por la eliminación del período juvenil (HARTMANN y KESTER, 1988; DUNCAN, 1998).

Antes de dividir las plantas, el follaje debe reducirse a la mitad de su largo original y los tallos tuberosos deben reducirse a dos tercios de su tamaño. Las nuevas plantas deben tener al menos un brote vigoroso que garantizará un buen desarrollo futuro.

Se sugieren distancias de plantación de 15, 20, 22, 30, 45, 50 y 60 cm. También se recomiendan profundidades de plantación en que los tallos tuberosos apenas se cubran de suelo, que queden a 2,5 o 5 cm bajo el suelo. Mientras más frío sea el clima mayor debe ser la profundidad. (MSU, 1998; GILMAN, 1999; MBG, 2001; ANDERS, 2002; CYBERSCAPES, 2002; OKHAPKINA, 2002; TARRAGON LANE, 2002; AGAPANTHUS FREUNDE, 2003; CIBF, 2003; PERRY, 2003; RHS, 2003; SLATER, 2003 y STANDARDOUT, 2003).

El mejor momento para dividir a las especies perennes es al final del período de floración (a comienzos de marzo) y deberían ser divididas cada cuatro años. Por su parte, el mejor momento para dividir a las especies caducifolias, es a fines de invierno o principios de primavera antes que empiece el crecimiento activo (en agosto-septiembre), ya que si no es así se corre el riesgo de que haya pudrición de las raíces, ya que estas especies en invierno sufren un receso en su crecimiento. Deberían ser divididas cada seis años (DUNCAN, 1998).

Si bien ambos grupos de especies florecerán luego de la división, lo harán con todo su potencial en las siguientes temporadas, ya que las plantas propagadas vegetativamente tienen un ciclo de desarrollo que incluye una fase vegetativa corta y una fase reproductiva posterior. El cambio de fase está determinado por el nivel de fotosíntesis (HARTMANN y KESTER, 1988; DUNCAN, 1998).

2.3.2.3. Propagación por cultivo de tejidos


Es un método reciente y al igual que el método por división de plantas, se obtienen clones desde el material parental.

Las plántulas se obtienen en mucho menor tiempo (alrededor de un mes) y en más cantidad por planta madre que en los dos métodos anteriores. Sin embargo, este método es el más costoso de los tres y para el género Agapanthus y sus especies aún no ha sido perfeccionado para una producción comercial (VANPLANT, 1997; DUNCAN, 1998 y AGRI-STARTS, 2003).


2.3.3. Riego


En Sudáfrica, sólo hay Agapantos en las regiones donde caen más de 500 mm anuales de lluvia. No obstante, todas las especies pueden resistir un periodo de sequía, especialmente A. praecox y sus híbridos. Sin embargo, las plantas deben ser regadas ya sea natural o artificialmente durante todo el período de crecimiento, si se quiere tener una buena floración, teniendo cuidado de no saturar el suelo. Excepciones constituyen A. africanus y A.walshii que requieren relativa sequedad en verano (PURCELL, 1997; DUNCAN, 1998; MSU, 1998; PGA, 1998; GILMAN, 1999; MIESON, 2001; MBG, 2001; CYBERSCAPES, 2002; NOTTEN, 2002; OKHAPKINA, 2002; AGAPANTHUS FREUNDE, 2003 y RHS, 2003).

La necesidad de riego va a depender fundamentalmente de la evapotranspiración de las plantas y del tipo de suelo en que se han puesto las mismas, sin embargo, como recomendación general, en primavera y verano el riego puede ser semanal para plantas de jardín y tres veces por semana para macetas, observando que con este riego nunca esté el suelo seco, si no es así, aumentar la frecuencia de riego. Durante el invierno es conveniente mantener el suelo ligeramente seco.

Después de hacer una división de plantas de agapanto, los propágulos recién plantados deben ser regados en forma abundante, pero luego debe hacerse con moderación hasta la aparición de los primeros brotes nuevos. Tan pronto como el crecimiento se ha hecho estable se debe regar abundantemente hasta finalizada la floración (DUNCAN, 1998; MSU, 1998; PGA, 1998; GILMAN, 1999; PINOCHET, 1999; MIESON, 2001; MBG, 2001; CYBERSCAPES, 2002; NOTTEN, 2002; OKHAPKINA, 2002; AGAPANTHUS FREUNDE, 2003 y RHS, 2003).

Las aguas de riego deben tener contenidos de sales menores a 0.7 dS/m, un contenido de Cloro menor a 4mmol/L y un contenido de Boro menor a 0.7 mg/L. (PINOCHET, 1999).


2.3.4. Enfermedades y Plagas


Si se realiza un buen manejo del cultivo de agapanto, las plantas rara vez serán atacadas por enfermedades y/o plagas.

En climas húmedos, puede presentarse Botrytis, enfermedad cuyo agente causal Botrytis parasitica, provoca severas malformaciones en los botones florales e impide su apertura. También eventualmente, Macrophoma agapanthii causa necrosis café en el envés de las hojas, apareciendo desde el ápice hacia el resto de la hoja.

Ocasionalmente puede producirse pudrición basal del tallo tuberoso y de las raíces, debido al ataque de uno o más de los siguientes patógenos: Rhizoctonia solani, Pythium ultimum, Phytophtora cactorum o P. richardiae, y Fusarium oxysporum. Para evitar éstos patógenos, se debe cultivar agapantos en suelos bien drenados, utilizar tallos tuberosos sanos, realizar rotaciones con otros cultivos no susceptibles a éstos patógenos. Sin embargo, recientemente, se probó que Agapanthus posee propiedades fungitóxicas lo que explicaría la baja presencia de enfermedades causadas por hongos. Sólo en caso de severas infestaciones, la presencia de estos hongos se evita aplicando fungicida antes y después de la aparición de los botones florales (DUNCAN, 1998; ANDRADE, 1999 y PRETORIUS et al; 2002).

Los agapantos son atacados por ácaros como Tetranychus urticae Koch que se reconoce por la presencia de telas plateadas en el envés de las hojas. Rhizoglyphus echinopus (Fumouzone y Robin) ataca la base de las hojas, causando malformaciones en éstas.

Dentro de los insectos, especies de Thrips tales como Thrips simplex (Morison), Thrips tabaci Lindeman y Frankliniella occidentalis Pergande, se ubican en el envés de las hojas, pudiendo transmitir virus. También producen daño directo al atacar las inflorescencias afectando la calidad de las flores. Sólo en el caso que se presentaran severas infestaciones de plagas se recomienda aplicar insecticidas (DUNCAN, 1998; CARRILLO, 1999 y GILMAN, 1999).

Los caracoles no constituyen un peligro para los agapantos, ya que sólo se refugian bajo las hojas, no se alimentan de ellas (DUNCAN, 1998).

Frecuentemente en el proceso de manipulación de plantas o por ataque de las distintas especies de Thrips se pueden introducir virus, los cuales se manifiestan por un veteado amarillo de las hojas. Se deben propagar sólo plantas madres que estén libres de virus, de existir plantas enfermas, deben ser removidas y destruidas (DUNCAN, 1998; ANDRADE, 1999; GILMAN, 1999; JAMIESON, 2001; NOTTEN, 2002 ; BBC, 2003 y RHS, 2003).



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