Estado Civil



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Tabla 41
Firmantes de dictámenes de mayoría en comisiones de la Cámara iniciadora, por sexo





Proyecto / Autoridad

Mesa Directiva de Bloque

Mesa Directiva de Comisión

Mesa Directiva de Cámara




Varones

Mujeres

Varones

Mujeres

Varones

Mujeres

Cupo Sindical Femenino

2

2

2

2

0

1

Anticoncepción Quirúrgica







4

5







Protocolo CEDAW

2

2

1




1



Fuentes: Bases de Datos de Proyectos de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación y del Honorable Senado de la Nación


En consecuencia, la información podría indicar que el avance de estos proyectos en la agenda parlamentaria estuvo apoyado en partes iguales por integrantes de ambos géneros de estas instancias. Sin embargo, en virtud de que los datos presentados no contemplan la distribución por género de los cargos en las mesas directivas indicadas 161, la evidencia no resulta suficiente consistente para avalar esta suposición.

Además, la información emergente de las entrevistas tiende a matizar la presunción del esfuerzo conjunto. Las legisladoras entrevistadas describieron el ingreso de los proyectos a la agenda de las comisiones como el resultado de un conjunto de estrategias diseñadas e implementadas predominantemente por mujeres y de las cuales los varones fueron, en general, apoyos pasivos.


La formación de coaliciones parlamentarias inter-genéricas con núcleo femenino
Las legisladoras impulsoras de los proyectos analizados tuvieron, como estrategia fundamental para lograr su introducción en la agenda, la formación de coaliciones162 de apoyo a las iniciativas que abarcaran tanto a mujeres como a varones y que involucraran representantes del arco partidario más amplio posible. Así lo explicó la diputada Margarita Stolbizer a propósito del caso del Cupo Sindical Femenino:
“Creo que la estrategia correcta en este tema, como en otros [similares], es hacerlo pluripartidario, plantearse una estrategia no por partido. Por partido, siempre, salvo el partido que tiene mayorías muy fuertes, si uno intenta negociarlo solamente a través de sus partidarios, las chances son muy pocas”.
Es precisamente la omisión de toda mención al género en la explicación de Stolbizer lo que subraya la naturaleza inter-genérica de la coalición que se trata de formar: así como no se trata de partidos, tampoco se trata de varones y de mujeres – sino de apoyos.

Por su parte, la diputada Leyba de Martí remarcó el carácter específicamente inter-genérico de las coaliciones legislativas como una necesidad derivada de la composición mayoritariamente masculina de las Cámaras:


“A veces se piensa que las mujeres se juntan en cosas que les interesan para hacer fuerza, para actuar en bloque para que estas cosas salgan. Quiero decirle que no, porque si bien puede haber habido esa intencionalidad en muchas mujeres, las comisiones están constituidas por diputados y diputadas y realmente hemos tenido una enriquecedora discusión”.
Si las comisiones están compuestas por varones y mujeres, entonces el avance de los proyectos depende de las coaliciones inter-genéricas que en ellas puedan formarse.

Ahora bien, el núcleo de estas coaliciones legislativas, de acuerdo con las fuentes, fue femenino. Y la naturaleza femenina de ese núcleo coalicional fue explicada por las entrevistadas como una consecuencia del incremento del número de legisladoras producido por el cupo femenino.163 Para el caso del Protocolo CEDAW, la senadora Perceval lo explicó de la siguiente manera:


“Con la incorporación de 2003 de senadoras, ahí hubo una interesante presencia de mujeres que fueron más favorecedoras, aun no compartiendo en otros temas iguales posiciones, pero se hizo un grupo interesante de cinco o seis senadoras que, dentro de nuestro bloque y en concordancia con mujeres del bloque de la minoría, de la UCR… fuimos encontrando mayor receptividad interna en el Senado a partir de 2003 que antes.”
Un argumento convergente expuso la diputada Stolbizer para el caso del Cupo Sindical Femenino:
“Hay proyectos que algunas mujeres los empujan, los empujan, los empujan hasta que en algún momento ganamos por cansancio, ¿no? Pero por supuesto que la mayor cantidad de mujeres en el Congreso lo que ha permitido es que algunos proyectos entraran en discusión. Este tema no lo hubiera presentado nunca un varón. Lo que hace que haya temas que se instalan, que se hablan a partir de que hay mujeres en el Congreso”.
El testimonio de Stolbizer, así como el de Bösch de Sartori, sugiere que el núcleo femenino de las coaliciones inter-genéricas que hicieron falta para impulsar los proyectos fue una derivación consistente de la motivación fundamental para la presentación de estas iniciativas: la experiencia o el conocimiento directo de problemas padecidos por mujeres. En tanto una motivación tal fue el origen del proyecto, el núcleo de la coalición que lo impulsó hubo de ser femenino. Ello resultaría consistente, en principio, con dos patrones establecidos en el capítulo sobre agenda y actividad legislativa: por un lado, la concepción de la representación por parte de las legisladoras como vinculada a la resolución de problemas concretos específicamente padecidos por mujeres; por el otro, la existencia de un grupo de legisladoras especializado en presentar e impulsar proyectos con contenido específico de género o vinculados con temáticas de género.

No obstante el peso del núcleo femenino, la posición secundaria de los varones en las coaliciones legislativas con que se aprobaron estos proyectos no implicó que su participación en el proceso legislativo haya sido irrelevante. Dado que los legisladores ocupaban las posiciones institucionales decisivas para la creación y el movimiento de la agenda parlamentaria – i.e. las jefaturas de bloque y, en su mayoría, las autoridades de comisión y de Cámara – su apoyo, aun pasivo, resultó imprescindible para el avance de los proyectos. En el caso del Cupo Sindical Femenino, el apoyo de las autoridades masculinas tuvo dos formas. Por el lado de la UCR, la forma del compromiso del jefe de bloque. De acuerdo con la diputada Stolbizer,


“El presidente del bloque en ese momento era Horacio Pernasetti [quien] fue durante todo su mandato presidente de la comisión de Legislación del Trabajo, actuó en los congresos de la OIT. Así que creo que había con él como presidente del bloque una apreciación de lo que estábamos haciendo. … [Y] si el presidente decide que esto va, va; esa es la verdad”.

Por el lado de la mayoría justicialista en la comisión de Legislación del Trabajo, el apoyo tuvo la forma de la aquiescencia resignada, tal como lo describió la diputada Camaño:


“[El proyecto fue] no muy bien [recibido en el bloque]. No por los legisladores, sino por los legisladores gremiales. Y en realidad todas las leyes referidas al campo del trabajo, en el peronismo, si bien no hay muchos diputados de extracción sindical como en otra época, son muy consultados. El peronismo acostumbra a que la representación sindical tenga injerencia en las leyes laborales. Entonces era muy difícil tener la posibilidad de que saliera porque yo tenía colegas gremialistas que no estaban de acuerdo. … Esperé el momento y la oportunidad. … Fue una guerra de trincheras. Yo cavé el pozo y me quedé sentada ahí adentro esperando el momento oportuno. … Mientras estuvo la presencia [de legisladores gremiales opuestos al proyecto dentro de la comisión] no hubo posibilidad siquiera de discutir el tema. El tema se puso en discusión cuando se despejó el campo”.
En el caso del Protocolo CEDAW, el apoyo de los varones adoptó la forma de una cooperación pasiva, como se desprende del relato de la senadora Perceval:
“También teníamos dos o tres varones favorables al protocolo, dentro del bloque del FPV y también el radicalismo, y obviamente el senador socialista. … No habían hecho suyo el tema, pero habían hecho suya la defensa de que otros no lo frenaran. No hablaron en el recinto por el CEDAW, no militaron el tema, no repartieron nuestras cartillas, no fueron a los encuentros que hicimos con Cancillería con las chicas provinciales. Pero favorecieron decididamente que el tema se tratara en lo que eran las definiciones de agenda parlamentaria dentro del Congreso”.
Esta cooperación habría sido, en cambio, más activa en el caso de las autoridades del bloque justicialista, tal cual aseveró la senadora Vilma Ibarra:
“Para la eficacia y para lograr sacar ese proyecto la alianza necesaria fue con los presidentes de los bloques mayoritarios. … Y en general el bloque mayoritario sólo acompaña cuando hay visto bueno del Poder Ejecutivo. Esta es una alianza necesaria, diría imprescindible.”
En suma, fuera bajo la forma del compromiso activo, la aquiescencia resignada o la cooperación pasiva, la participación de los legisladores en las coaliciones inter-genéricas que hicieron posible el ingreso de estos proyectos en la agenda de las comisiones – y, más en general, su avance a través de las etapas del proceso legislativo – resultó decisiva para la realización de los objetivos propuestos por el núcleo femenino de impulsoras.
La formación de coaliciones extra-parlamentarias
La formación de coaliciones extra-parlamentarias con organizaciones interesadas en los proyectos tuvo dos focos estratégicos: por un lado, las organizaciones de mujeres y las organizaciones de derechos humanos; por el otro, el Poder Ejecutivo Nacional. En los casos de Anticoncepción Quirúrgica y del Protocolo CEDAW, organizaciones de estos tipos participaron en actividades conjuntas con las legisladoras impulsoras tanto dentro de las comisiones a cargo del proyecto como en otros espacios públicos. En el caso del Protocolo, la participación de organizaciones fue más activa fuera que dentro del Congreso las impulsoras recorrieron el país celebrando, en cooperación con esas organizaciones, reuniones con “mujeres de base” para difundir la existencia de la CEDAW y crear conciencia sobre la importancia del Protocolo; cooperaron con agencias del sistema de Naciones Unidas (UNIFEM, UNICEF) y organizaciones de derechos humanos como el Instituto Interamericano de Derechos Humanos para imprimir folletos y documentos acerca del Protocolo. En el caso de Anticoncepción Quirúrgica, la discusión estuvo más circunscripta al ámbito parlamentario, aunque en ella participaron, tanto a favor como en contra del proyecto, organizaciones de mujeres y de derechos humanos. La importancia de la cooperación con organizaciones extra-parlamentarias interesadas en temas de género para la inclusión de los proyectos en la agenda de las comisiones fue explicada de este modo por la senadora Perceval:
“[El proyecto de aprobación del Protocolo CEDAW] se instala bajo lo que siempre hacemos las mujeres desde nuestras organizaciones: visibilizando que esto existe. … Lo primero que había que hacer era decir: existe el Protocolo Facultativo para hacer más real lo dicho en la Convención, y si no lo aprobamos es una letra inspirada, pero es una Convención sin aplicabilidad. Entonces hicimos sensibilización, información, alfabetización”.
En el caso del Cupo Sindical Femenino, empero, las coaliciones extra-parlamentarias relevantes no estuvieron basadas en organizaciones de mujeres ni de derechos humanos, sino en ámbitos estatales vinculados al mundo sindical donde la presencia de mujeres era significativa y, lisa y llanamente, en las conducciones de los sindicatos. Por una parte, la diputada Stolbizer aprovechó los contactos realizados en el marco de la delegación argentina a la OIT: con Noé Ruiz, secretaria general del Sindicato Argentino de Modelos y entonces secretaria de la Mujer en la CGT; la comisión tripartita en el Ministerio de Trabajo; el grupo de trabajo organizado por Carmen Storani en el Consejo Nacional de la Mujer. Por otra parte, la diputada Camaño apeló a sus contactos en la jerarquía sindical masculina:
“Para impulsar el proyecto, acá yo conté con Daer. Se lo convocó como secretario general de la CGT y apoyó el proyecto. Yo había hablado con él, le expliqué la necesidad… y lo comprendió muy bien. Y con Barrionuevo. Son las dos personas que me ayudaron a sacar el proyecto”.
La inclusión del Poder Ejecutivo Nacional en las coaliciones extra-parlamentarias se debió a su incidencia sobre la agenda del Congreso a través de la conducción del bloque mayoritario. Las impulsoras de los proyectos buscaron persuadir al Presidente o a sus ministros del área específicamente vinculada con las iniciativas, o procuraron directamente converger con políticas oficiales previamente explícitas en la materia. Ejemplo de lo primero fue el Protocolo CEDAW; de lo segundo, la ley de Anticoncepción Quirúrgica. De acuerdo con el testimonio de la senadora Ibarra sobre el primer caso:
“Estuvimos mucho tiempo muchas mujeres, y algunos senadores varones acompañaron, como el senador Gerardo Morales... Muchas mujeres buscando reuniones con Cancillería, hablando entre nosotras, planteándolo en Labor Parlamentaria. Igual uno tuvo la percepción [de] que era un tema que todavía viene ordenado por bloques y por gobiernos [más] que por género. O sea que hubo un peso importante de mujeres tratando de poner el tema en el temario, en discusión, pero sólo se logró cuando hubo una decisión del Poder Ejecutivo”.
Según la diputada Leyba de Martí, la convergencia entre el proyecto de Anticoncepción Quirúrgica y las políticas impulsadas por el ministerio de Salud de la Nación fue decisiva para el avance de la iniciativa:
“El ministro Ginés [González García] es muy abierto a esta problemática… Así que en ese sentido cuando vos tenés un responsable en la cartera que está de acuerdo con estas cosas y además las fogonea, salen más rápido”.
La participación del Poder Ejecutivo Nacional en las coaliciones extra-parlamentarias, empero, no aparece en estos testimonios como específicamente ligada a la naturaleza de género de los proyectos, sino más bien como un fenómeno general, presente en el proceso legislativo de proyectos de todo tipo. Ello resulta consistente con análisis previos del funcionamiento del Congreso argentino que han subrayado la centralidad del Ejecutivo en el proceso legislativo y su capacidad para disciplinar a su partido y a otros tras sus preferencias e intereses (Jones 2002; Mustapic 2000, 2002).

Por otra parte, cabe observar que los testimonios transcriptos en este párrafo y en el precedente sugieren que – al menos en la visión de las entrevistadas – el incremento del número de legisladoras en el Congreso nacional podría estar alentando la constitución, aunque todavía incipiente, de un subsistema de política pública (policy subsystem) especializado en temas de género.164 Si un subsistema de política pública, siguiendo a Sabatier y Jenkins-Smith (1999: 135), consiste en un grupo de personas y/u organizaciones que interactúan regularmente para influir en la formulación e implementación de políticas públicas en un ámbito determinado, puede sostenerse que el crecimiento del número de legisladoras y su vinculación más o menos sistemática con organizaciones de mujeres y de derechos humanos y con sectores del aparato administrativo del Ejecutivo para impulsar proyectos parece apuntar a la formación de tal tipo de agrupamiento. Ello, sin embargo, no añadiría, por sí mismo, ninguna especificidad de género al proceso legislativo: de acuerdo con la literatura referida, los subsistemas de política pública son formas típicas de agregación de intereses para avanzar agendas y proyectos en las legislaturas, útiles para y practicadas por grupos de interés de todo tipo. La especificidad de género continuaría, pues, residiendo en el núcleo femenino de la coalición parlamentaria que sostendría proyectos con contenido de género en el Congreso.


Los procedimientos para mantener el estado parlamentario de los proyectos
A las tareas de formación de coaliciones parlamentarias y extra-parlamentarias, las impulsoras de los proyectos añadieron estrategias específicas de trámite legislativo destinadas a mantener los proyectos con estado parlamentario y hacer posible, de ese modo, su inclusión en la agenda. Estas estrategias fueron de dos tipos: la reiteración de la presentación de los proyectos, utilizada en los tres casos; y la postergación de su tratamiento, utilizada en los casos del Protocolo CEDAW y del Cupo Sindical Femenino.

La reiteración de la presentación de los proyectos tuvo como propósito mantener los temas en la lista de asuntos pendientes de las comisiones. Este dispositivo permitió a las impulsoras darse tiempo para la formación de coaliciones parlamentarias y extra-parlamentarias en apoyo de los proyectos. La postergación del tratamiento de los proyectos estuvo asociada, en cambio, a la fortaleza de los actores opuestos a las iniciativas. En el caso del Protocolo CEDAW, la fortaleza de los opositores fue interpretada como un problema de número de alineamiento de preferencias entre los miembros de la conducción de la comisión clave en el Senado – la de Relaciones Exteriores – y actores extra-parlamentarios opuestos al proyecto – i.e. el Poder Ejecutivo durante la presidencia de Duhalde y, en general, la Iglesia Católica. En el caso del Cupo Sindical Femenino, la fortaleza de los opositores residió en el peso político dentro del bloque justicialista de los legisladores de extracción gremial que integraron la comisión de Legislación del Trabajo de la Cámara de Diputados durante 2001. En ambos casos, las impulsoras de los proyectos optaron por postergar su tratamiento en las respectivas comisiones hasta que cambiara la composición de las mismas, y específicamente de las conducciones, en beneficio de membresías y líderes de comisiones más receptivos a las temáticas de género y a las posiciones que sobre ellas planteaban las iniciativas en cuestión.

Cabe destacar, sin embargo, que algunas entrevistadas no clasificaron las estrategias utilizadas para impulsar el ingreso de los proyectos en la agenda parlamentaria como específicamente femeninas sino, por el contrario, como estrategias masculinas o neutras – i.e. usuales dentro del Congreso para lograr el avance de cualquier proyecto de ley. Consultada acerca de si debió plantearse estrategias específicas para la sanción del proyecto de Cupo Sindical Femenino, la diputada Camaño respondió:
“En realidad no hubo una estrategia de género en torno al proyecto. Mi estrategia [de esperar al retiro de los legisladores de origen gremial opuestos al proyecto de la comisión de Legislación del Trabajo para impulsar su tratamiento] fue muy masculina. Porque los hombres hacen eso. Las mujeres no suelen hacer eso; son más deliberativas. Somos más apasionadas, más apuradas…”
Ante el mismo interrogante a propósito del Protocolo CEDAW, la senadora Ibarra contestó:
“Cuando uno tiene que sacar un proyecto, uno tiene que buscar, además del consenso acá, si es un proyecto que va a modificar realmente algo importante, consenso en el Ejecutivo. Ahora si uno va a sacar la ley de ‘promover, estimular, organizar’, nos juntamos y lo hacemos. Ahora, si hay que ejecutar, hay que reunirse con el Ejecutivo, convencer, explicar… No hubo leyes de grandes definiciones que uno vea que se armaron los consensos políticos en el ámbito legislativo…. Hablar es convencer al Ejecutivo de que el proyecto es bueno, que te digan ‘listo, metele para adelante’, que después hablen con los legisladores y el presidente del bloque…”.
Estos testimonios sugieren que las estrategias vinculadas con procedimientos parlamentarios no se encontraron, en los relatos de las entrevistadas, asociadas a la especificidad de género de los proyecto de ley en discusión sino a los comportamientos racionalmente incentivados por la estructura institucional del proceso legislativo en el Congreso argentino. En cambio, la naturaleza de las coaliciones de apoyo formadas y movilizadas para impulsar y sostener los proyectos sí resultaría consistente con el carácter de género de las iniciativas.

En síntesis: para lograr el ingreso de proyectos con contenido de género en la agenda de las comisiones parecieron requerirse coaliciones específicamente formadas a tal efecto, pero esas coaliciones operaron con las mismas estrategias de procedimiento parlamentario que se utilizan para avanzar cualquier tipo de proyecto.


La discusión de los proyectos en las comisiones
En ninguno de los tres casos estudiados aparecieron diferencias significativas en los argumentos utilizados por varones y mujeres durante la discusión de los proyectos en las comisiones. La documentación disponible sobre los argumentos planteados en tales discusiones – i.e. los fundamentos de los dictámenes producidos por las comisiones – no permite apreciar contraste alguno. Preguntadas las legisladoras que protagonizaron el trámite parlamentario de los proyectos acerca de la existencia de diferencias entre los argumentos esgrimidos por mujeres y varones durante la discusión en las comisiones, la totalidad de las entrevistadas negó que hubiera habido diferencias. Acto seguido, algunas de ellas describieron espontáneamente los argumentos del debate en las comisiones como inscriptos en discusiones ideológicas sobre los temas tratados en los proyectos – esto es, en discusiones donde los actores plantean las posiciones típicas que, sobre cada tema, existen en distintos espacios sociales – i.e. partidos políticos de izquierda, centro y derecha, organizaciones religiosas, organismos de derechos humanos, movimientos sociales, etc. La senadora Perceval afirmó, en referencia a las posiciones de varones y mujeres durante la discusión en comisiones del Protocolo Facultativo de CEDAW:
“No, monolítico era [el planteo de varones y mujeres]. No porque era abortista, no porque perdemos soberanía. … Y en el caso de quienes estaban a favor, el tema era comprender la indivisibilidad, universalidad e integralidad de los derechos humanos”.
En referencia al mismo asunto pero acerca de la ley de Anticoncepción Quirúrgica, la diputada Leyba de Martíaseveró:
“Seguramente tanto los legisladores como las legisladoras, con esta preconcepción que se tiene del género… siempre están con la idea de que [esta ley] es la ley de ligadura de trompas… El discurso siempre va enfocado hacia ese tema”.
Y a propósito del mismo proyecto, la diputada Irene Bösch de Sartori sostuvo que:
“El mayor argumento que decían era que era para facilitar el aborto. Que el próximo paso de esto era la despenalización del aborto, que esto no podía ser… Eso fue lo principal. Por eso fue la gran pelea, decir que [la ley] no es abortiva, que es para evitar el aborto”.
Estos testimonios sugieren que los temas en discusión no generaron clivajes de género dentro de las comisiones sino clivajes de naturaleza ideológica, derivados directamente de las posiciones valorativas de cada legislador/a. Ello parece funcional a la naturaleza inter-genérica de las coaliciones parlamentarias que impulsaron los proyectos: de haberse planteado la discusión dentro de las comisiones en torno de clivajes de género, dichas coaliciones probablemente habrían resultado más difíciles de sostener.
2.3. Los debates y las votaciones en las Cámaras
Los indicadores formales de esta etapa del proceso legislativo sugieren que en los debates de los tres proyectos en las Cámaras las coaliciones parlamentarias inter-genéricas operaron de forma consistentemente homogénea: los legisladores de ambos géneros que las integraban presentaron argumentos idénticos, similares o convergentes – tanto a favor como en contra de los proyectos – y los que votaron favorablemente las iniciativas lo hicieron en proporciones significativas. En cambio, los testimonios recogidos en las entrevistas sugieren que legisladoras y legisladores desplegaron comportamientos diferenciales: las autoridades parlamentarias masculinas asignaron el uso de la palabra en los debates de acuerdo con divisiones de género; las legisladoras fueron las únicas en utilizar argumentos acerca de la autonomía en el uso del propio cuerpo; y el grado de acompañamiento de los varones hacia las mujeres en la votación de los proyectos difirió según el posicionamiento ideológico de los partidos políticos respecto de los temas en debate.

Para examinar los argumentos, se distinguieron las posiciones a favor y en contra y el género de los enunciadores.165 En el caso del Cupo Sindical Femenino, todos los argumentos fueron favorables a la sanción del proyecto:



Tabla 42
Cupo Sindical Femenino - argumentos del debate en Senado





Argumento

Mujeres

Varones

No hay mujeres en representaciones electivas de sindicatos, o están confinadas a Acción Social o al Consejo de la Mujer

X




Hay que darle una nueva mirada a la acción sindical

X

X

Las mujeres siempre tienen urgencia por reclamar derechos

X




El cupo permitirá incrementar igualdad

X

X

El cupo es una suerte de apartheid transitorio; lo mejor es equilibrar la igualdad de oportunidades (50/50)




X

Los horarios de reuniones en sindicatos son fijados sin atención a la responsabilidades de las amas de casa

X




Las mujeres defienden con garra los sindicatos




X

Fuente: Versión Taquigráfica de la sesión del 6/11/02 en el Honorable Senado de la Nación. En la Cámara de Diputados el proyecto de ley se aprobó sin debate.


Esta serie de argumentos aparece como consistente con las motivaciones que condujeron a la presentación del proyecto y con la naturaleza de la coalición parlamentaria que lo apoyó. Los argumentos formulados únicamente por mujeres remitieron al problema padecido que motivó el impulso de la iniciativa; los argumentos formulados tanto por varones como por mujeres versaron sobre puntos de consenso entre ambos géneros.

No ocurrió lo mismo en los casos de Anticoncepción Quirúrgica y Protocolo CEDAW. Los cuadros siguientes distinguen, pues, los argumentos favorables y desfavorables según el género de sus enunciadores.


Tabla 43
Anticoncepción Quirúrgica - argumentos a favor y en contra en ambas Cámaras, por sexo





Género

A favor

En contra

Mujeres

El ejercicio de la autonomía sólo afecta a quien decide y no a terceros (art. 19 Constitución Nacional)

La morbilidad y mortalidad femeninas son mayores por inequidad social

La libertad en el ejercicio de derechos debe concederse aunque las consecuencias del ejercicio sean irreversibles

El proyecto repara inequidad entre provincias porque en algunas ya se reconoce el derecho a realizar estas operaciones

Expertos coinciden en que ligadura es decisión personalísima que no requiere autorización ni consentimiento conyugal

El proyecto busca ofrecer un método anticonceptivo alternativo

La vasectomía modifica patrones culturales al responsabilizar a los hombres por su cuerpo y su rol en la planificación familiar

Las prácticas son irreversibles; por eso importan la información y el consentimiento explícito

El proyecto protege el placer sexual de las mujeres que no desean quedar embarazadas

La información a los esposos es importante para que si ligadura no procede se hagan vasectomía

Encuestas muestran que consentimiento es informado y mujeres son mayores de 30

El porcentaje de arrepentimientos de personas operadas es bajo

Las mujeres representan a las mujeres y deben garantizar sus derechos independientemente de cualquier condición

Las instituciones confesionales deben acatar políticas de salud y proveer prácticas en otros establecimientos a su coste



La práctica no requiere indicación médica y puede hacerse por cualquier motivo

No se incluye consulta interdisciplinaria

Obligación de prestar a centros de salud confesionales es imposición autoritaria

Consentimiento informado requiere campaña informativa para la cual no se incluyen fondos

Si requerimiento se funda en goce o deseo no debe ser financiado por el Estado, porque no implica elección libre

Proyecto avanza en terreno desconocido que puede producir daños irreparables

Derechos reproductivos no deben asociarse a cuestiones demográficas o económicas

Prácticas son políticas de control demográfico de países ricos contra países pobres

Nadie puede consentir legalmente que se le inflija un daño corporal

Hay que educar sobre sexualidad antes que dar libre elección a mujeres sobre ligadura



Varones

Obliga a obras sociales y prepagas a proveer las prácticas de anticoncepción quirúrgica

Las prácticas son de bajo costo

El proyecto es consenso social recogido por fuerzas mayoritarias

El consentimiento informado elimina el tipo penal

El cónyuge debe ser informado pero requerido su consentimiento


Riesgo de estimular contagio de enfermedades de transmisión sexual por interrupción del uso de preservativos

Temor por uso de la ley por personal médico y ciudadanía desinformada y no educada

El tema no está en agenda popular

Las prácticas de anticoncepción quirúrgica son esterilizantes

El consentimiento informado no supone comprensión adecuada ni decisión racional, por lo cual no elimina tipo penal

Mutilar humanos atenta contra DDHH

No se puede obligar a provincias a costear prácticas porque viola federalismo

Mujeres de 21 años no deben estar habilitadas para ligadura de trompas por irreversibilidad

Consentimiento no es informado porque se practica bajo stress post-parto


Mujeres y Varones

La ley instrumenta derechos establecidos en pactos con jerarquía constitucional

La ley incluye a pobres sin cobertura de salud y a incapaces de derecho

Consagra derecho individual y autonomía de la voluntad

Respeta derechos profesionales reconociendo objeción de conciencia

Los antecedentes provinciales de estas políticas no crearon olas de ligaduras tubarias ni vasectomías

La ley permitirá controlar embarazos no deseados, abortos provocados, abandono de niños.

El proyecto es central para igualdad de género

El proyecto busca garantizar la libre elección de plan de vida y dar medios para materializarla

El proyecto avanza derechos sexuales y reproductivos de argentinas y argentinos, ciudadanía sexual

La iniciativa no obliga; da derechos

La experiencia en la práctica de la medicina muestra necesidad de aprobar proyecto

Las mujeres sufren cesáreas, desorden hormonal por pastillas y son forzadas a sexo no seguro

El proyecto implica rechazar la tutela elitista sobre los pobres


Hay un alto porcentaje de arrepentimientos en personas operadas; y es alto el costo de fecundación in vitro

Hay que concentrarse en mejorar situación de pobres antes que en obstaculizar su reproducción

La reversión de la anticoncepción quirúrgica es cara y poco probable

Los hospitales públicos no tienen recursos para practicar estas operaciones y tienen otras prioridades

El Estado debe financiar la reversión de la anticoncepción quirúrgica

No requerir el consentimiento conyugal mina matrimonio civil y es causal de divorcio

Faltó discutir el proyecto en las comisiones de Legislación General y Legislación Penal

No se cumplió el plazo de siete días para considerar el proyecto previsto en el art. 113 del Reglamento


Fuentes: Versiones Taquigráficas de las sesiones de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, 28-29/11/06, y del Honorable Senado de la Nación, 9/8/06.


Tabla 44
Protocolo CEDAW - argumentos a favor y en contra en el Senado, por sexo



Género

A favor

En contra

Mujeres

El Protocolo ayuda a crear conciencia pública sobre los derechos humanos de todas las mujeres

La CEDAW apunta a la igualdad de derechos civiles, políticas, familiares, sociales, etc.

Las mujeres no se piensan como sector sino como parte de la sociedad; por eso combaten la desigualdad

El Estado no está obligado a aceptar recomendaciones de Comité

El Protocolo no habilita el aborto

El Comité puede instar al Estado a tomar medidas ante incumplimientos de lo dispuesto en la CEDAW

El Comité no obliga a país porque no es un tribunal

Las objeciones contra el Protocolo provienen de organizaciones religiosas con apartheid contra mujeres

El Comité no es pro-aborto; recomienda cómo cumplir mejor derechos ya consagrados en cada país

No hay igualdad política entre mujeres y hombres si no hay posibilidad efectiva de las mujeres de decidir todo en la vida pública



Las mujeres tienen derechos por ser personas, no por constituciones o tratados

El Protocolo es innecesario porque es opcional y la CEDAW ya está aprobada

El Comité es grupo de expertos que no conoce realidad argentina, por lo que no puede hacer recomendaciones


Varones

El Protocolo no lesiona soberanía porque el Estado debe consentir visita de Comité y participa de su proceso

Las recomendaciones del Comité sobre el aborto deben ser bienvenidas para que se discuta el tema






Mujeres y Varones

El proyecto apunta a igualdad y equidad porque permite instrumentar la CEDAW

El proyecto no crea derechos ni obligaciones nuevas sino instrumenta las de la CEDAW

Las mujeres merecen gozar iguales de derechos que los varones en todo ámbito

El Protocolo permite que nada impida que las mujeres tengan derecho a ciudadanía plena



El Comité es pro-aborto

El Estado debe hacer uso de art. 10 del Protocolo para reservarse el derecho de negar ingreso al país al Comité en los supuestos de arts. 8 y 9 del Protocolo y así preservar su soberanía

Varias legislaturas provinciales se declararon contra el Protocolo solicitando su rechazo por el Congreso

Fuente: Versión Taquigráfica de la sesión del Honorable Senado de la Nación, 1/11/06.

Tanto en el caso de Anticoncepción Quirúrgica como en el del Protocolo CEDAW, es posible detectar convergencias entre los argumentos planteados exclusivamente por mujeres y los planteados por varones y mujeres en conjunto. En el caso del Protocolo CEDAW, la preocupación por la igualdad de derechos; en el caso de Anticoncepción Quirúrgica, los beneficios sanitarios, la garantía de derechos sexuales y reproductivos y el mejoramiento de la situación de los pobres en todo el país que se derivaría de su implementación. Estas convergencias, al igual que en el caso del Cupo Sindical, sugieren consistencia con las motivaciones detrás de los proyectos y con la naturaleza de la coalición parlamentaria impulsora: fue el núcleo femenino de esa coalición el que planteó los argumentos que estructuraron el debate, y fueron los ejes propuestos por esos argumentos los que organizaron el consenso inter-genérico que sostuvo las iniciativas en las Cámaras.

Las votaciones nominales disponibles sugieren la existencia de patrones moderadamente consistentes con la estructura de las coaliciones parlamentarias inter-genéricas que impulsaron los proyectos. En los tres casos estudiados, las legisladoras que presentaron las iniciativas aprobadas fueron acompañadas en las votaciones por los legisladores de sus respectivos partidos. Las votaciones nominales disponibles muestran que, con la excepción del Peronismo Federal – que no acompañó a la diputada Rico en el proyecto de Anticoncepción Quirúrgica ni, en general, a sus legisladoras en el Protocolo CEDAW – y de la UCR en el Protocolo CEDAW, no menos del 58,5% de los varones acompañó a las mujeres de sus respectivos bloques que presentaron los proyectos en discusión.



Tabla 45
Anticoncepción Quirúrgica - votación nominal Cámara de Diputados






Frente para la Victoria-PJ

Justicia-lismo Nacional

Peronismo Federal

ARI


PRO

Partido Socialista

UCR

Otros

 

M

V

M

V

M

V

M

V

M

V

M

V

M

V

M

V

Afirmativo

38

55

1

0

3

0

6

3

1

3

2

2

8

18

1

6

Negativo

0

1

3

5

4

10

0

1

1

6

0

1

0

0

5

3

Ausente

6

16

2

4

0

2

2

1

0

1

0

0

3

11

4

15

% votos afirmativos por bloque

86,3

76,3

16,6

0

42,8

0

75

60

50

30

100

66,6

72,7

62

11,1

25



Fuente: http://www.diputados.gov.ar Nota: las autoras de los proyectos pertenecían a los bloques FV-PJ, ARI, UCR, Partido Socialista y Peronismo Federal.

Tabla 46
Protocolo CEDAW - votación nominal Cámara de Diputados






Frente para la Victoria-PJ

Justicia-lismo Nacional

Peronismo Federal

ARI

PRO

Partido Socialista

UCR

Otros

 

M

V

M

V

M

V

M

V

M

V

M

V

M

V

M

V

Afirmativo

35

41

0

0

4

1

6

3

0

0

1

2

8

11

2

2

Negativo

1

2

2

2

1

4

0

0

1

5

0

1

0

1

5

5

Ausente

9

27

2

4

2

8

3

2

0

3

1

0

3

16

4

22

% votos afirmativos por bloque

77,7

58,5

0

0

57,1

8,3

66,6

60

0

0

50

66,6

72,7

39,2

18,1

6,8



Fuente: http://www.diputados.gov.ar

Nota: las autoras de los proyectos pertenecían a los bloques FV-PJ, UCR, ARI, FREPASO, Partido Socialista y Movimiento Popular Neuquino.


Esta información sugiere que en estos tres casos existió, al menos en los partidos cuyo voto fue clave para tomar decisiones en la Cámara de Diputados, una coalición consistente de legisladores de ambos géneros dispuesta a apoyar proyectos con contenido de género.

La consideración agregada de la información presentada hasta ahora sugiere que, en estos tres casos, las coaliciones inter-genéricas existieron, en rigor, en ambas Cámaras del Congreso. Tanto en Diputados como en el Senado legisladoras y legisladores presentaron proyectos relativos a las leyes examinadas, los incluyeron en la agenda de las comisiones, produjeron dictámenes sobre ellos, debatieron sobre ellos utilizando argumentos similares o convergentes, y los aprobaron con mayorías consistentes. No obstante, el tamaño de esas mayorías, medido como proporción de cada Cámara, fue mayor en Diputados que en el Senado – en el cual los proyectos en cuestión parecen haber suscitado divisiones más profundas o difíciles de resolver.

La información emergente de las entrevistas permite subrayar, en cambio, algunas diferencias significativas en el comportamiento de varones y mujeres durante esta etapa del proceso legislativo. Una primera diferencia apareció en los testimonios acerca de las decisiones sobre la asignación del uso de la palabra en los debates sobre los proyectos estudiados.

La asignación del uso de la palabra en los debates de las Cámaras del Congreso argentino es, típicamente, una decisión de las autoridades de los bloques, tal como la distribución de cargos en las comisiones (Mustapic 2000). Los reglamentos de ambas Cámaras se limitan a garantizar el derecho a la palabra a los miembros informantes de cada proyecto de ley, pero no establecen criterio alguno para armar las listas de oradores fuera de otorgar precedencia – en este orden – a las autoridades de bloque y a los miembros informantes por sobre los demás legisladores. Los miembros informantes son, típicamente, los autores de los proyectos, pero no necesitan ostentar esa condición para desempeñarse como miembros informantes. Así, pues, aun cuando legisladores y legisladoras se auto propongan para hacer uso de la palabra, la asignación de la palabra no resulta de una autoselección, sino de una decisión de las autoridades políticas.



De acuerdo con las entrevistadas, la asignación del uso de la palabra durante los debates de los tres proyectos analizados respondió a una división de género. Esta división se operacionalizó como una distribución temática: hay temas “de mujeres” sobre los cuales corresponde que hablen las mujeres. Ello apareció marcadamente en el caso del Protocolo CEDAW; en palabras de la senadora Perceval:
“Hay temas de los cuales hay una segmentación sexista de quién habla en el recinto de qué cosa. Porque hasta en algunos casos, hasta por formación, también hay una segmentación educativa. No tenemos casos de mujeres acá economistas. Que sepan economía sí, pero no hay una economista… Abogadas casi no hay; hay pocas. … Hay una tendencia… de las sutiles y múltiples discriminaciones de los espacios sociales que también repercuten acá. En los debates económico-financieros siguen estando subrepresentadas las voces femeninas. ¡Y encima en la valoración social esos temas son importantes y estos no! Seguramente algunos varones querrían hablar de esto, pero tienen vergüenza de hablar de estas cosas, porque este es tema de mujeres” 166.
También la senadora Ibarra, otra impulsora clave del proyecto, precisó lo siguiente:
“En general, los temas vinculados al género en el ámbito político, salvo alguna minoría, en general son tomados como temas muy menores. ‘Menores’ significa que dicen ‘Bueno, está bien. Pónganlo en el temario’. … Hay todavía una fuerte mirada de que… son temas que cuesta mucho incorporar en la agenda en términos políticos. … Tengo una explicación sociológica: me animaría a decir que el desinterés responde a una resistencia. … Por definición propia o por presiones que importan lo suficiente como para detenerse. Mi percepción es que muchos estarían dispuestos a acompañar pero no tienen tanta convicción como para aceptar las presiones que no responden a mayorías sociales, que responden a pedazos, a corporaciones concretas que tienen capacidad de daño. Y todos los políticos le temen a la capacidad de daño de las corporaciones”.
Ahora bien, esa distribución temática apareció también asociada a una especialización motorizada por las propias mujeres. Así lo expresó la diputada Leyba de Martí:
“[El uso de la palabra proporcionalmente mayor de las mujeres en los debates sobre estos proyectos se debió] sobre todo porque la mujer trabaja más en asociaciones intermedias, en asociaciones donde el género tiene mucho que ver. Más que el hombre, que a eso no se dedica, porque todo lo tiene. Así que la mujer está constantemente trabajando con otras mujeres en este sentido. Entonces lógicamente cuando hay estos temas, que son mucho más caros, me parece a mí, a las mujeres que a los varones, el varón es más indiferente frente a estos temas, la mujer tiene mayor protagonismo… y posiblemente el hombre debe tener menos interés en participar de estas cosas… En cambio cuando son temas políticos, o incluso temas económicos o temas jurídicos, el hombre naturalmente participa más… Ningún hombre se pelearía por participar en este tema”.
En el mismo sentido se manifestó la senadora Ibarra:
“En principio me parece que en los varones hay desinterés y resistencia. En las mujeres, hay interés, hay muchas que tienen una militancia, y además están hablando representando a movimientos sociales en los que además participan. Necesitan dejar su voz”.
La militancia en organizaciones de mujeres, entonces, parece haber operado, al menos en estos casos, como un vector que reforzó la división de género en la selección temática de los proyectos impulsados por las legisladoras y, por consiguiente, también en la asignación del uso de la palabra durante los debates de los mismos. De acuerdo con las entrevistadas, los varones pueden, en cambio, presentar proyectos sobre cualquier temática y, por tanto, hacer uso de la palabra en las Cámaras también acerca de cualquier temática. Ello resulta parcialmente consistente con los patrones de especialización temática por género establecidos en el capítulo sobre agenda y actividad legislativa, según los cuales las mujeres tienden a concentrar su tarea de actuación en temas de política social en sentido amplio (niñez y familia, tercera edad, género, salud, trabajo y previsión social, educación, etc.) mientras que los varones, en rigor, suelen presentar proyectos sobre temas diversos, aunque con alguna tendencia a especializarse en economía, relaciones exteriores y asuntos institucionales.

Una segunda diferencia de comportamiento entre legisladoras y legisladores en esta etapa apareció en los argumentos utilizados por las mujeres para persuadir a sus pares masculinos de que apoyaran los proyectos con contenido de género. Esta diferencia, emergente particularmente en el caso de Anticoncepción Quirúrgica, consistió en el recurso, exclusivamente utilizado por mujeres, a argumentos sobre el derecho a la autonomía en el uso del propio cuerpo. Dos ejemplos paradigmáticos de este tipo de argumentos fueron, a propósito de ese proyecto, aquellos que afirmaron:


“Los expertos coinciden en que la ligadura de trompas es una decisión personalísima que no requiere autorización ni consentimiento conyugal”.
“El proyecto protege el placer sexual de las mujeres que no desean quedar embarazadas”.
El uso de este tipo de argumentos apareció, en los testimonios de las entrevistadas, inscripto en una estrategia argumentativa más general: la de remitir a la experiencia de las necesidades sociales de las mujeres para convencer a los varones de la relevancia de los proyectos impulsados. Según la diputada Bösch de Sartori, las estrategias durante el debate del proyecto de Anticoncepción Quirúrgica fueron
“El diálogo y contarles las cosas que uno vivió. … Tuve que volver a representar [el proyecto] cuando se estaba formando el bloque del Frente Para la Victoria. También se dio un gran debate dentro de este bloque, donde volví a contar la historia de otras tantas mujeres que han pasado por estas cosas, hasta que por fin la mayoría del bloque decidió apoyarme”.
Esta referencia a la experiencia de los problemas padecidos por mujeres parece, de nuevo, consistente con el tipo de motivaciones aducidas para presentar proyectos con contenido de género y para impulsar su sanción.

Una tercera diferencia en el comportamiento de varones y mujeres durante esta etapa del proceso legislativo apareció en el grado de acompañamiento de los legisladores a su colegas femeninas en la votación de los proyectos. El examen de las votaciones nominales disponibles muestra que ese grado de acompañamiento difirió según el posicionamiento ideológico de los partidos políticos respecto de los temas abordados por los proyectos en debate. Tal como muestran los Cuadros 6 y 7, es posible identificar un comportamiento diferencial en los varones respecto de las mujeres en los partidos que, a propósito de los proyectos estudiados, reprodujeron o acompañaron posiciones de la Iglesia Católica o de organizaciones de esa confesión: PRO, PF y JN. En los bloques de estos partidos, a diferencia lo ocurrido en los bloques del PS, la UCR (salvo en el caso del Protocolo CEDAW), ARI y el FR, los legisladores no acompañaron mayoritariamente a las legisladoras en la votación de los proyectos con contenido de género. Es, no obstante, posible que ello se haya debido a que aquellos partidos hayan tomado la decisión política de votar en contra de tales proyectos. De hecho, en los debates fueron miembros de esos bloques los que hicieron uso de la palabra para criticar los proyectos y promover su rechazo. Sin embargo, en el caso de Anticoncepción Quirúrgica, pese a las críticas desplegadas en el recinto, el bloque de PRO votó dividido – y sólo el 30% de los varones acompañó al 50% de las mujeres en el apoyo al proyecto.

Estos datos sugieren dos patrones de comportamiento diferencial entre varones y mujeres en la votación de proyectos con contenido de género. Por un lado, que el alineamiento de los legisladores de ambos géneros dependió de la afiliación partidaria: los legisladores y legisladoras de bloques típicamente alineados con posiciones católicas sobre temas de género fueron menos propensos a apoyarlos que los legisladores y legisladoras de bloques no alineados sino críticos de tales posiciones. Por otro lado, que la afiliación partidaria podría ser un indicador apto para predecir la división de género dentro de los bloques a la hora de votar proyectos con contenido de género – en tanto esa afiliación refleje posicionamientos diferentes respecto de opiniones de la Iglesia Católica y/o de organizaciones católicas respecto de estos temas.167

En síntesis, las coaliciones parlamentarias inter-genéricas que sostuvieron los proyectos con contenido de género en las Cámaras parecieron operar, en general, de manera homogénea en los debates y en las votaciones, aunque ciertas prácticas – como la asignación del uso de la palabra en los debates, el recurso a argumentos sobre el derecho a la autonomía en el uso del propio cuerpo y el grado diferencial de acompañamiento de los varones hacia las mujeres según la afiliación partidaria – mostraron diferencias de comportamiento entre legisladoras y legisladores. Estas diferencias resultaron consistentes con la naturaleza de las motivaciones para presentar los proyectos y de las coaliciones inter-genéricas con núcleo femenino formadas para impulsarlos, así como con las prácticas institucionalizadas de división temática de género y de distribución asimétrica de la autoridad parlamentaria establecidas empíricamente en otros capítulos de este informe.



3. Consideraciones finales

La comparación del comportamiento de varones y mujeres en el proceso legislativo de los proyectos estudiados permite formular dos conclusiones. La primera de ellas es que tal comportamiento difirió en cuatro aspectos: a) el impulso inicial de los proyectos, b) la naturaleza de las coaliciones formadas para su inclusión en la agenda de las comisiones, c) la asignación del uso de la palabra en los debates, y d) el recurso exclusivo por parte de las mujeres a argumentos sobre el derecho a la autonomía en el uso del propio cuerpo. La segunda conclusión es que el alineamiento de los legisladores de ambos géneros respecto de los proyectos dependió de su afiliación partidaria. Estos hallazgos permiten sostener parcialmente el supuesto que guió la investigación, esto es, que si el incremento del número de legisladoras a partir de la introducción del cupo femenino amplió y modificó la agenda parlamentaria probablemente habría modificado también el proceso de sanción de determinadas leyes. Ello habilita a plantear preguntas cuya investigación podría arrojar más luz sobre la dinámica del proceso legislativo en general y, en particular, del vinculado a proyectos con contenido de género.

La marca femenina en el impulso inicial de los proyectos examinados consistió no sólo en su redacción y presentación sino también, y fundamentalmente, en las motivaciones que condujeron a ese impulso inicial: la experiencia y/o conocimiento directo de los problemas y necesidades de las mujeres que se trató de resolver con las iniciativas; la militancia en organizaciones de mujeres; la división temática misma del trabajo legislativo entre varones y mujeres. Las legisladoras presentaron e impulsaron estos proyectos porque apuntaban a resolver problemas que ellas mismas habían padecido o de los cuales tenían un conocimiento directo.

La especificidad de género en la naturaleza de las coaliciones formadas por las impulsoras de los proyectos para conseguir su inclusión en la agenda de las comisiones residió en el núcleo femenino de esas coaliciones. Dada la composición de género del Congreso, toda coalición parlamentaria debe ser inter-genérica, pero no toda coalición parlamentaria tiene un núcleo femenino. Las coaliciones que apoyaron estos proyectos lo tuvieron. En cambio, ni la naturaleza de las coaliciones extra-parlamentarias ni las estrategias de trámite parlamentario utilizadas para mantener los proyectos en la agenda parecieron haber tenido una marca de género, sino más bien haber respondido a los incentivos propios de la organización del trabajo legislativo en el Congreso de la Nación. Las coaliciones extra-parlamentarias tuvieron como bases, al igual que en iniciativas de cualquier otro tipo, a los grupos sociales interesados en la sanción de los proyectos. Las estrategias de mantenimiento del estado parlamentario de los proyectos fueron las mismas que se utilizan para continuar habilitando la discusión de cualquier tipo de iniciativa en el Congreso. Lo específico en la etapa de inclusión en la agenda de las comisiones, cabe insistir, no residió – al menos en los casos estudiados – en las estrategias desplegadas por las legisladoras para formar coaliciones ni para hacer avanzar los proyectos en el proceso legislativo, sino en la naturaleza del núcleo de las coaliciones parlamentarias.

La asignación del uso de la palabra pareció haber sido consistente con una división temática de género del trabajo legislativo alentada tanto por los varones como por las mujeres. Por los varones, a través del desinterés por los temas de género y/o de la resistencia a involucrarse activamente en la redacción, presentación e impulso de los proyectos analizados. Por las mujeres, a través de la especialización – parcial pero consistente – de su tarea legislativa en esos temas.

El recurso, utilizado exclusivamente por legisladoras, a argumentos sobre el derecho a la autonomía en el uso del propio cuerpo guardó una estrecha relación con las motivaciones aducidas por las entrevistadas para iniciar e impulsar los proyectos con contenido de género. A través de ellos se intentó dar cuenta no sólo de necesidades sociales de mujeres sino también de derechos propios, específicos de mujeres.

Los diferentes alineamientos por partido de legisladores de ambos géneros en relación con los proyectos estudiados parecieron reflejar posiciones cuya distribución en otros espacios sociales se encuentra cristalizada en torno de clivajes ideológicos. Ello implica que aun cuando las coaliciones parlamentarias formadas para llevar adelante estos proyectos sean de naturaleza pluripartidaria, la participación en ellas de varones o mujeres pertenecientes a partidos con posiciones cercanas a las planteadas por la Iglesia Católica u organizaciones de ese credo resulta, en principio, menos probable, y por consiguiente que también debe ser tenido como poco probable el apoyo de esos bloques a los proyectos en las votaciones.

Estos hallazgos permiten plantear al menos dos preguntas cuya investigación podría resultar productiva para ampliar el conocimiento sobre los procesos legislativos en el Congreso argentino. Por una parte, cabe interrogarse por las diferencias entre las estrategias implementadas para avanzar en los proyectos con contenido de género y las seguidas para impulsar proyectos sin contenido de género. ¿En qué difieren las estrategias para formar las coaliciones parlamentarias y extra-parlamentarias que apoyan típicamente proyectos de uno y otro tipo? ¿En qué difieren las estrategias de trámite parlamentario empleadas para movilizar los proyectos en la agenda del Congreso? La información recolectada permite aventurar que no habría diferencias significativas en estos aspectos, aunque sí en la naturaleza de los actores que formarían esas coaliciones, en los argumentos esgrimidos para concitar apoyos y en el género de los legisladores respecto de la asignación y del uso de la palabra durante los debates. Una respuesta empíricamente fundada a estos interrogantes exigiría un estudio cuantitativo y cualitativo de la composición de las coaliciones parlamentarias y extra-parlamentarias, de los argumentos y de la asignación de la palabra en una muestra representativa de proyectos con y sin contenido de género. De confirmarse la presunción antes formulada, ello constituiría una evidencia de que las instituciones que organizan el proceso legislativo en el Congreso Nacional – i.e. los reglamentos de las Cámaras, la organización de los bloques, la relación regular formal e informal con el Poder Ejecutivo – resultarían más determinantes de la consistencia y de los outputs del proceso legislativo que la naturaleza de género de los proyectos y/o de las coaliciones que los apoyan.

Por otra parte, cabe preguntarse por la persistencia de las divisiones partidarias tanto en proyectos con contenido de género como en proyectos sin tal orientación. La literatura sobre el Congreso argentino no ha estudiado las posiciones de los bloques en las votaciones en términos de la ubicación ideológica de los partidos sino más bien en función de la cohesión de los agrupamientos parlamentarios. La investigación de los argumentos utilizados por los distintos partidos en cuestiones de género y de la consistencia entre esos argumentos y el comportamientos de sus integrantes en las votaciones podría constituir un punto de partida relevante para el estudio del comportamiento de los partidos en votaciones de otro tipo de proyectos y, por ende, de la naturaleza ideológica o no ideológica de las decisiones legislativas de los partidos políticos argentinos.



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