Estado Civil



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Tabla 36
Proyectos de género mencionados por las y los legisladores,
clasificados de acuerdo con su enfoque





Enfoque

Legisladoras

Legisladores

Necesidades, derechos de mujeres

Licencias por maternidad, no discriminación de la mujer trabajadora respecto del varón trabajador

Legislación sobre cuotas alimentarias y bienes conyugales

Reconocimiento y reglamentación del empleo doméstico

Protección y asistencia a las víctimas de la violencia familiar

Despenalización del aborto

Tipificación de los delitos sexuales

Combate a la trata de personas (en especial, mujeres)

Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes

Ratificación del Protocolo Facultativo de la CEDAW

Otorgamiento de rango constitucional a la Convención de Belem do Para (Violencia contra las Mujeres)



Igualación de los derechos de la madre biológica y la madre adoptante

Prisión domiciliaria para madres

Derechos de las mujeres embarazas en las cárceles

Ley de Salud Sexual y Procreación Responsable

Ley de Ligadura de Trompas y Vasectomía

Ratificación del Protocolo Facultativo de la CEDAW




Medidas de acción afirmativa

Ley de Cupo Femenino

Ley de Cupo Sindical

Integración más igualitaria de mujeres en las conducciones partidarias y en el ámbito del Poder Ejecutivo

Reemplazo de legisladoras que renuncian a una banca en el Congreso por personas de su mismo género



Sin registro


Transformación de los papeles de género

Educación sexual e inclusión de contenidos de género en la currícula educativa

Unión civil entre personas de un mismo sexo



Paternidad responsable

Fuente: Elaboración propia a partir de entrevistas.

En función de la descripción comparativa hasta aquí presentada, es posible destacar especialmente dos hallazgos. Por un lado, la proporción de entrevistadas femeninas que exhibieron una actitud atenta al género resultó considerablemente más elevada que la de legisladores masculinos, lo cual ya había sido evidenciado en el análisis de sus valoraciones sobre la representación política. Por otro lado, la mayor cantidad y amplitud temática de las iniciativas mencionadas por las legisladoras sugiere la existencia de cuestiones, tales como la institucionalización de mecanismos de acción afirmativa, que preocuparían casi con exclusividad a ellas y no así a los varones.132

Inversamente, los proyectos inscriptos en el campo económico solamente fueron priorizados por parte de tres entrevistadas (dos de ellas con una formación en Ciencias Económicas y una restante que ejercía, en el momento de ser entrevistada, una vicepresidencia de la Comisión de Defensa del Consumidor de la Cámara baja)133, en tanto prácticamente la mitad de los entrevistados masculinos hizo mención a un profuso conjunto de proyectos relativos a diferentes aspectos de la economía y las finanzas134. Además, en contraposición a lo observado en relación con sus colegas femeninas, estos legisladores ostentan credenciales educativas muy diversas que comprenden no sólo profesionales en Ciencias Económicas sino también abogados, ingenieros y graduados universitarios en diversas disciplinas de las ciencias sociales, así como a personas sin títulos superiores ni terciarios. Es decir, entre las legisladoras que priorizaron proyectos económicos la formación académica y la experiencia previa cobraron una relevancia que no se registró entre los legisladores.

Finalmente, otros contrastes emergentes de los testimonios ofrecidos por los y las entrevistadas, referidos a proyectos enmarcados en los campos de la justicia, la legislación penal y la seguridad (más mencionadas por legisladoras), y a cuestiones de orden institucional (más mencionadas por legisladores), probablemente respondan a razones coyunturales y no necesariamente indiquen preferencias distintas. De hecho, al considerar los proyectos relacionados con la calidad institucional aludidos por parte de varones notamos que, en general, refieren a un conjunto reducido de iniciativas específicas (nombramiento de integrantes de la Corte Suprema de Justicia; reforma del Consejo de la Magistratura; reglamentación de los decretos de necesidad y urgencia; “superpoderes”; etc.), que concentraron buena parte de la atención legislativa en 2006 y que, además, generaron polémica. Por su parte, cuando se llevaron a cabo las entrevistas a legisladoras (2005) aún estaban muy presentes en el imaginario colectivo y en los medios masivos de comunicación las movilizaciones sociales en torno del reclamo de seguridad y se habían tratado y aprobado en el Congreso varias iniciativas de reforma penal (las denominadas Leyes Blumberg), también controvertidas135.

En suma, el análisis de las actitudes de los y las legisladoras en relación con los proyectos legislativos subjetivamente más valorizados136 parecería evidenciar que, al compás del considerable incremento que ha experimentado la proporción de mujeres en ambas Cámaras del Congreso argentino, se constituyen nichos de política pública, como las relacionadas con el género, primordialmente concebidas como una esfera de actuación femenina, en tanto otras, como la relativa a economía, serían percibidas como un campo de dedicación primariamente masculina.

Esta división sexual del trabajo legislativo (evidenciada previamente en el análisis de la composición de las comisiones permanentes de ambas Cámaras) fue reconocida por diversos legisladores de ambos géneros en el marco de las entrevistas. En términos de una legisladora: “La presencia de la mujer [en el Congreso] otorga a algunos temas la importancia que a veces los hombres no le dan, principalmente en todos los temas que no tienen que ver con la economía. Me parece que la mujer en eso tiene mucha más presencia” (F20, PJ). Por su parte, desde la óptica de un entrevistado,
“La mujer ha introducido en el debate legislativo, en el debate de la política, temas de índole social, en muchos casos vinculados a los derechos de las personas, a las familias, temas de profundo interés para las mujeres que por ahí los hombres no los teníamos en cuenta. Voy a poner un par de ejemplos. La ley que expresa la educación sexual en las escuelas viene de la mano, de la presión y de la perseverancia de la mujer; otra ley que está por salir en algún momento también... la ley de acoso. Son regulaciones o leyes que, de alguna manera, tratan de tipificar o de reglamentar hechos de la vida real donde la mujer participa y, en muchos casos, donde la mujer sufre mucho más que el hombre. De manera que esto hace que se orienten a tomar estos temas…” (M32, FV-PJ).
Estas apreciaciones, y algunos problemas que pueden acarrear, serán advertidos con mayor claridad al considerar las valoraciones de los y las legisladoras acerca de si la inclusión de mujeres ha provocado cambios en la agenda del Congreso argentino.
1.3. La contribución de las legisladoras a la agenda de deliberación legislativa: ¿complementación o división sexual que expresa jerarquías?
Desde la óptica de prácticamente la totalidad de los y las legisladoras entrevistadas en el presente estudio, la inclusión de mujeres en el Congreso de la Nación habría estimulado el tratamiento de temas nuevos o no jerarquizados –básicamente lo social, las cuestiones de género y la sexualidad– en la agenda de discusión legislativa137. A propósito, algunos resultados de investigaciones previas permiten vislumbrar que desde la primera elección con Ley de Cupo en adelante, las diputadas nacionales promovieron una amplia gama de propuestas relativas a derechos constitutivos de la ciudadanía femenina. De acuerdo con Archenti y Johnson (2006), por ejemplo, 87 de las 177 diputadas nacionales que ocuparon dicho cargo al menos por un año entre 1994 y 2003 (es decir, casi el 50% de las mismas) presentaron proyectos de ley relativos al género. Asimismo, las autoras señalan que dichas iniciativas representaron un 10% del total de las 3.735 propuestas presentadas por estas diputadas a lo largo del citado período (Ibíd. 2006: 8 y 25)138.

Esta incorporación de asuntos y perspectivas novedosas por parte de legisladoras fue considerada, por diversos entrevistados de ambos géneros, en términos de una contribución o aporte femenino que se constituye como tal por oposición a lo que se consideran asuntos masculinos139. Con todo, algunas expresiones empleadas en los testimonios de las parlamentarias parecerían indicar que la inclusión de perspectivas y cuestiones que anteriormente parecían invisibles o intratables no tendría un sentido simplemente aditivo. Por el contrario, el hecho de que las legisladoras prioricen o estimulen el tratamiento de problemas no debidamente considerados en un Congreso mayoritariamente masculino en términos de su composición demográfica podría implicar más bien un verdadero desbloqueo temático y, de este modo, un avance cualitativo en la agenda deliberativa140. Los relatos de tres entrevistadas de distintos partidos, que se presentan a continuación, respaldan esta interpretación.


Testimonios ilustrativos de legisladoras


“Somos, como suele decirse, más trabajadoras de los temas, o por lo menos hay algunos temas en los cuales lamentablemente los hombres no se involucran. No son solamente los temas de la mujer. Son los temas de la niñez, de la infancia, de la adolescencia, de los jóvenes, de las adicciones, de la educación. En general, son temas en los cuales hay muy poco involucramiento de legisladores varones” (F28, PJ).

“La mayor cantidad de mujeres en el Parlamento, para mí, digamos que puede significar aliadas en algunos temas que no se podían tocar; reitero, todos los temas de los derechos de la mujer. Desde ya, con pocas legisladoras que levantaban una bandera era mucho más difícil, ahora somos un número importante, entonces esa materia que era como que estaba vedada y tenía muchos obstáculos empieza a ser más tratable” (F27, UCR).

“[Con más mujeres] se puede enriquecer la agenda pública a partir de la incorporación de temas invisibilizados por el poder tradicional […] Por ejemplo, el tema de la salud reproductiva, que había ‘muerto’ en el Senado por olvido e indiferencia durante años, fue clave. Parto humanizado... [Los legisladores] ni lo leían! Ahora es ley” (F24, PJ).

Los entrevistados masculinos expresaron valoraciones concordantes con las de sus colegas femeninas, pero sus relatos permiten establecer matices e identificar algunas líneas interpretativas distintas. En efecto, un conjunto mayoritario de legisladores se refirió a los campos temáticos que, desde su perspectiva, cobraron mayor notoriedad o relevancia en virtud de la incorporación de más mujeres, ponderando muy positivamente estas iniciativas pero sin poner en discusión la división de roles en términos de masculino y femenino emergente en el Congreso argentino. Además, generalmente las apreciaciones de los legisladores acerca de las contribuciones que realizarían las mujeres a la dinámica de discusión legislativa tienden a enfatizar más ciertas cualidades que se derivarían de su condición de género (como su sensibilidad especial o su predisposición para tratar ciertas cuestiones) que las potenciales consecuencias que tendría la ampliación de la agenda en términos de políticas públicas y actuación del Estado. A su vez, algunos de estos señalamientos aparecen nuevamente teñidos por una cierta idealización de las legisladoras (“es increíble verlas trabajar determinados temas” problemáticos “con mucha dignidad”) lo cual, como fue sugerido en el capítulo sobre el Congreso como lugar de trabajo, resulta problemático ya que responde a estereotipos.



Testimonios ilustrativos de legisladores


“En todos los temas que hacen al tema discriminatorio ellas llevan la bandera. En los temas de los derechos humanos también. En los temas de género, donde ellas se han sentido más postergadas, han trabajado. En temas sociales han trabajado extraordinariamente bien, hay que reconocerlo. En toda esta cuestión la mujer tiene una sensibilidad especial y ha traído eso y lo ha vertido también en el marco de las comisiones y en el marco del congreso en su totalidad” (M17, PF).

“Yo veo que hay algunos temas en los cuales se ve que las mujeres tienen una mayor predisposición para tratarlos y tienen una fortaleza. No para mí, pero para mucha gente es increíble verlas trabajar determinados temas. Estos temas que ahora están de moda; el aborto y otros como ese que son conflictivos, por un lado, y por otro lado muestran una carga irracional desde el punto de vista religioso. Ellas los asumen, los afrontan y los llevan adelante con mucha dignidad, y celebro que así sea (M15, UCR).

“[Las legisladoras se ocupan de] los temas referidos a sexualidad, procreación, SIDA. Pareciera que las mujeres son más sensibles a estas temáticas o, por lo menos, son las temáticas de las cuales se adueñan y van para adelante” (M24, FV-PJ).

Un conjunto reducido de entrevistados masculinos acentuó que, más allá de la promoción de nuevos temas, por su condición de género las legisladoras serían portadoras de una perspectiva socialmente más amplia que permitiría que el Congreso se torne más abierto y receptivo a determinados problemas y necesidades de la ciudadanía. Tal como lo formuló uno de ellos: “La posibilidad de encontrar una mirada que desde el varón muchas veces no se da, o por cuestiones de carácter cultural no se da […] ha traído claramente una agenda mucho más integral y mucho más completa con respecto a los problemas y a la solución de los problemas y conflictos de nuestra sociedad” (M8, FV-PJ). Si bien aquí también se hace presente una argumentación que acentúa la especificidad de las mujeres, ésta es explícitamente derivada de las diferentes posiciones estructurales y papeles que las personas de ambos géneros desempeñan en el orden social. Además, el énfasis es claramente trasladado hacia los impactos potenciales de la inclusión de nuevas perspectivas para la ciudadanía, lo cual tendría implicancias en términos de representación política.



Un legislador perteneciente a un partido político que exhibe un notorio protagonismo de mujeres ofreció, en este marco, una interpretación más dinámica (pero sin embargo excepcional) de las transformaciones ocurridas. En particular, este entrevistado hizo hincapié en los aportes de las legisladoras que habrían enriquecido y ampliado la agenda del Congreso, pero sugirió, además, la posibilidad de trascender las fronteras de género a partir del mutuo aprendizaje y del intercambio de experiencias entre varones y mujeres. Puesto en sus propios términos: “La presencia de la mujer, por un lado, aproxima la agenda de la política a la agenda cotidiana y, además, lleva a los hombres también a aproximarse” (M22, ARI). De acuerdo con otro entrevistado, habría temas problemáticos para los legisladores que pudieron comenzar a tratarse, precisamente, por la mayor presencia y actividad de las mujeres:
“Hay temas [como violencia doméstica, violencia contra la mujer, sexualidad] que son tabú para los hombres, o que produce hasta vergüenza plantearlos. En un cuerpo colegiado de hombres, a veces producen vergüenza algunos temas. Teniendo la posibilidad de que haya mujeres incluidas, yo creo que se facilita profundamente [la tarea]” (M34, UCR).
Esta óptica dinámica y relacional también fue asumida, aunque desde una perspectiva crítica, por parte un conjunto acotado de legisladoras. En efecto, estas entrevistadas no se limitaron a identificar diferencias en la orientación legislativa desplegada por parte de varones y mujeres sino que las interpretaron, explícitamente, en términos de una división que expresaría jerarquías. Vale decir, si existe complementación entre representantes de ambos géneros (como lo sugieren los testimonios reproducidos más arriba) ésta no sería una complementación en condiciones de igualdad. Incluso, como lo sugiere la siguiente valoración de una legisladora, la desigual importancia otorgada a determinados temas podría atentar contra la posibilidad de que las mujeres desplieguen una actitud más atenta al género en su trabajo en el Congreso, por considerar que ello les restaría prestigio o capital político:
“A mí me parece bueno que haya muchas mujeres en el Parlamento y me parece que sería óptimo que haya mujeres con ‘compromiso de género’ […] Los temas de género son, hoy día, menospreciados por la conducción, por los hombres que están en lugares de liderazgo. Entonces hay algunas mujeres que especulan con esto, piensan que sus posibilidades se acotarían si toman los temas de género y los relegan” (F17, UCR).
Los testimonios de algunas legisladoras parecen indicar que la inclusión de tópicos relacionados con una agenda propia habría sido fruto de un proceso dificultoso y no lineal. Desde una primera perspectiva, los campos de la economía y de la gran política serían dominios aún hoy más importantes que la política de lo social (considerada femenina), con lo cual las discusiones y los debates prioritarios seguirían siendo habitualmente monopolizados por parte de varones. En el relato de una entrevistada que se reproducirá a continuación, se evidencia una apelación a la inversión de la importancia cultural e institucionalmente otorgada a estos temas que pone de relieve que las cuestiones supuestamente promovidas por mujeres “se filtran” entre las discusiones relevantes, lo cual sugiere su relativa marginalidad. Es decir, si bien las legisladoras realizan contribuciones al Congreso en términos del planteo o promoción de ciertos temas, éstos se instalarían desde una posición subordinada que atenta contra la conformación de una agenda civilizada. Una política civilizada, entonces, debería surgir de una transformación en función de la cual mujeres y varones compartan las preocupaciones vinculadas con la cuestión social.
“Creo que nuestra participación incorporó la visión de lo social con mayor fuerza, aunque no toda la que se necesita. Todavía los temas económicos y políticos de alguna manera siguen dominando la discusión parlamentaria, cuando los temas a mi juicio centrales –porque yo creo que la economía y la política son subsidiarias de la defensa de la vida– siguen colándose en medio de las grandes discusiones. Para los temas políticos somos capaces de reunirnos de un día para el otro. Nos hacen venir de Jujuy y de Tierra del Fuego porque parece que se nos acaba el país. Pero para sacar la ley que termina con el patronato y para evitar que se sigan muriendo siete chicos en una comisaría, para eso no nos hacen venir, no todavía. De todos modos, creo que hemos empezado abrir un camino para que se civilice, para que digamos que en realidad no hay nada más valioso que el derecho a la vida y que esto debe estar reflejado en las leyes. Si bien lo económico es una parte importante, no es lo central. Yo creo que en el centro debe estar la política de lo social. Y las mujeres para eso, para dar esa vuelta, para volver a dar centralidad a la política de lo social, tenemos una enorme influencia desde lo que es la visión femenina, que debe ser algo compartido con los hombres, [pero] aún no lo es. Quiero decir, así como nosotras las mujeres escuchamos a los hombres sus planteos político-económicos y decimos si estamos de acuerdo o no, queremos que ocurra lo mismo al revés. Todavía no lo hemos logrado en la medida de lo necesario” (F1, PJ).
De acuerdo con la valoración de una segunda entrevistada, la participación de las mujeres en el Congreso cobra mucha importancia cuando se trata de abordar temas relacionados con niñez y adolescencia, educación o con política social, lo cual es positivamente valorado. Sin embargo, esta legisladora planteó explícitamente el desafío de abordar otras temáticas que calificó como no tradicionales en términos de actuación femenina. En sus palabras: “Por ahí siempre se nos asocia a acción social, a educación, y es bueno. Pero creo que hay que atreverse a otros temas también. Cuando digo atreverse [me refiero a] formarse, pensando que en esos temas también vamos a poder opinar” (F5, MPN). Nuevamente, lo que aquí parece enfatizarse es la necesidad promover una mayor integración en el trabajo legislativo que llevan adelante los y las legisladoras nacionales, quebrando las jerarquías temáticas anteriormente mencionadas.

Ambos planteos efectuados por entrevistadas –esto es, el que discute las diferencias de orientación temática por género en términos de jerarquías que deberían ser modificadas y el que manifiesta la necesidad de que los temas no asociados con lo femenino sean más abordados por parte de mujeres– señalan puntos de tensión y la necesidad generar una dinámica de producción legislativa más horizontal y menos segmentada. En contrapartida, las interpretaciones de los legisladores masculinos fueron más optimistas y no identificaron análogas tensiones.



2. El comportamiento de los y las legisladoras: La autoría de proyectos de ley

En la introducción de este capítulo, ha sido señalado que las actitudes y el comportamiento de las y los legisladores constituyen nociones que ameritan ser diferenciadas. Esta distinción es relevante a la luz del supuesto según el cual la predisposición subjetiva a priorizar ciertas materias o áreas de política (actitudes indagadas a partir de entrevistas) no se traducen de modo necesario ni lineal sobre el comportamiento (concepto restringido, en este marco, a la actividad de presentar proyectos). De tal modo, con el propósito de conocer sobre qué han legislado las y los entrevistados, cotejar esta información con el examen previo de sus actitudes y profundizar la indagación acerca de si existen diferencias de orientación temática en el trabajo que llevan adelante varones y mujeres, se realizó una recopilación de la totalidad de los proyectos de ley que impulsaron en calidad de autores entre el 1 de enero de 2004 y el 31 de diciembre de 2006 inclusive141.

Como resultado, se confeccionó una base de datos de 1.757 proyectos, que fueron clasificados y agrupados en función de las siguientes categorías: 1) niñez y familia142; 2) género143; 3) salud; 4) ambiente y recursos naturales; 5) cultura, educación, ciencia y tecnología; 6) políticas asistenciales; 7) derechos humanos144; 8) justicia, legislación penal y seguridad pública145; 9) asuntos institucionales146; 10) economía147; 11) protección del usuario; 12) trabajo, empleo y previsión social; 13) relaciones exteriores, integración regional y MERCOSUR; y 14) indígenas, tercera edad y discapacidad. Una última categoría, transferencia de inmuebles148, surgió de manera inductiva a partir de la sistematización y análisis de los datos. En buena parte de los proyectos recabados, la tarea de codificación demandó una lectura pormenorizada de los mismos, lo cual hizo posible aumentar el grado de validez lógica o de contenido de las categorías149. (Para una ilustración del tipo de proyectos incluidos dentro de cada una de estas categorías, véase el anexo 6).

Atendiendo al propósito comparativo de este estudio, los hallazgos serán organizados en torno de tres ejes principales de análisis. En primer lugar, se tomarán en consideración las orientaciones temáticas de los proyectos presentados según el género de su autor o su autora. Seguidamente, será de interés considerar si existen campos de política que se presenten como feminizados o masculinizados, tomando en cuenta el porcentaje relativo de entrevistados y de entrevistadas que se han dedicado a determinados temas. Finalmente, procuraremos trazar perfiles legislativos individuales, según el grado de concentración temática de los y las entrevistadas cuyas propuestas constituyen el objeto de análisis.


2.1. ¿Sobre qué legislan los y las representantes nacionales de Argentina? Un análisis de los proyectos presentados por los entrevistados de ambos géneros.
El análisis de los proyectos recabados pone de manifiesto que las y los entrevistados han legislado sobre una considerable diversidad de temas. Tomando en cuenta las categorías previamente indicadas, no se encontró ninguna que remita exclusivamente a propuestas presentadas por varones ni, alternativamente, por mujeres. Asimismo, es interesante destacar que economía es la categoría que comprende la mayor cantidad de iniciativas promovidas por los entrevistados de ambos géneros en el período considerado.

A la luz del supuesto de que las legisladoras tenderían a centralizar su actividad en áreas culturalmente consideradas como femeninas (lo social en sentido genérico) este hallazgo podría resultar disonante y aún contra intuitivo. No obstante, un examen más detenido de los datos permitirá advertir que la proporción de proyectos económicos es notablemente menor entre las propuestas de autoría de mujeres que entre las presentadas por parte de varones (véase Tabla 37). En consecuencia, es probable que la existencia de esta brecha contribuya a alimentar la percepción –identificada y comentada en las secciones previas– de que las mujeres no se ocupan de este tipo de cuestiones, aún cuando buena parte de las entrevistadas haya promovido iniciativas de orden económico.



Tabla 37
Proyectos presentados por los y las entrevistadas entre 2004 y 2006, según categorías (en porcentajes)







Iniciativas de mujeres

(n= 995)


Iniciativas de varones

(n= 762)


Niñez y familia

10,6

5,0

Género

6,3

1,8

Salud

8,4

4,2

Ambiente y recursos naturales

3,3

3,4

Cultura, educación, ciencia y tecnología

9,8

10,0

Políticas asistenciales

1,3

1,8

Derechos humanos

3,7

1,0

Justicia, legislación penal y seguridad

10,6

10,9

Asuntos institucionales

5,8

9,2

Economía

13,5

29,7

Protección del usuario

5,3

2,6

Trabajo, empleo y previsión social

8,8

7,5

Relaciones exteriores, MERCOSUR

0,5

1,6

Tercera Edad, indígenas y discapacidad

3,0

2,0

Transferencias de inmuebles

2,4

5,9

Fuente: Elaboración propia con base en datos de la Dirección de Información Parlamentaria de la H. Cámara de Diputados de la Nación.

La Tabla 37, que describe sobre qué han legislado las entrevistadas, por un lado, y los entrevistados, por el otro, considerando la proporción de los proyectos presentados según categorías, señala que las diferencias más notorias se presentan primordialmente en cuatro áreas temáticas: niñez y familia, salud y género (donde las propuestas impulsadas por mujeres cobran una notoria preeminencia) y economía (que presenta un claro sesgo a favor de varones).

En efecto, las propuestas atinentes a niñez y familia representan el 10,6% de las iniciativas de las entrevistadas, duplicando porcentualmente a las de sus colegas masculinos (5%). Por su parte, algo más del 8% de los proyectos promovidos por las legisladoras se ubican en el área salud, que comprende, en cambio, un 4,2% de las propuestas impulsadas en este campo por parte de varones. Finalmente, el 6,3% de los proyectos firmados por mujeres se sitúan dentro de la categoría género; guarismo que desciende, en el caso de los legisladores, a un exiguo 1,8%. Si bien la proporción de proyectos de género150 sobre el conjunto de las iniciativas de mujeres podría parecer cuantitativamente reducida, resulta especialmente relevante teniendo en cuenta el significado específico otorgado a esta categoría, a diferencia de nociones más inespecíficas pero usualmente empleadas como la de “cuestiones femeninas”, que suelen englobar materias tales como las relativas a la niñez y la familia. En cuanto a economía, la tendencia observada es inversa: los proyectos económicos representan prácticamente un tercio de las propuestas promovidas por varones versus un 13,5% de las originadas por mujeres.

Más allá de las diferencias de orientación temática observadas en los campos temáticos de género y de economía, otras categorías en las cuales no se manifiestan contrastes importantes entre los proyectos firmados por parte de los y las entrevistadas presentan particularidades que, en principio, se apartan de las valoraciones –expresadas en el análisis de las actitudes– que señalan que las legisladoras tenderían a ocuparse más que los legisladores de aspectos relativos a la política social (véase apartado 1.3 de este capítulo). A propósito, en el marco de los proyectos recopilados en el presente estudio, las iniciativas relativas a la educación, las políticas asistenciales y la protección de la tercera edad, los indígenas y las personas con discapacidad (que pueden ser ubicados en dicha perspectiva) son porcentualmente análogas y no permiten identificar diferencias significativas entre los entrevistados de ambos géneros (Tabla 37). La paridad notada en cuanto a los proyectos del área educativa resulta interesante precisamente porque varios testimonios de los y las entrevistadas ubicaron a la educación como un área más trabajada por mujeres151.

No obstante, al examinar qué proporción de entrevistados y de entrevistadas ha promovido iniciativas en cada una de las áreas temáticas, considerando a ambos grupos separadamente, es posible relativizar estas tendencias y brindar una mayor especificidad a estos hallazgos (Tabla 38).



Tabla 38
Entrevistadas y entrevistados que presentaron proyectos dentro de cada categoría (en porcentajes)






Mujeres

(100%= 31)



Varones

(100%= 35)



Niñez y familia

71

37

Género, derechos de mujeres

61

26

Salud

71

34

Ambiente y recursos naturales

32

31

Cultura, educación, ciencia y tecnología

74

63

Políticas asistenciales

29

20

Derechos humanos

52

17

Justicia, legislación penal y seguridad

77

60

Asuntos institucionales

39

51

Economía

84

69

Protección del usuario

68

40

Trabajo, empleo y previsión social

71

34

Relaciones exteriores, MERCOSUR

13

26

Tercera Edad, indígenas y discapacidad

39

3

Transferencias de inmueble

32

29

Fuente: Elaboración propia con base en datos de la Dirección de Información Parlamentaria de la H. Cámara de Diputados de la Nación.

En el caso de niñez y familia, y también de salud, el 71% de las entrevistadas presentó algún proyecto inscripto en estas áreas, mientras que el 61% ha promovido alguna iniciativa en materia de género. La actividad de los legisladores masculinos es, en cambio, mucho más reducida en los tres campos (37%, 34% y 26%). De este modo, al tomar en cuenta las categorías de proyectos que tienen mayor peso porcentual entre las propuestas impulsadas por parte de mujeres, notamos que también es mayor la proporción de legisladoras que se ha ocupado de estos temas.

El examen de la categoría economía presenta, nuevamente, un panorama diferente. Como ha sido indicado anteriormente, un tercio de los proyectos presentados por los entrevistados masculinos quedan comprendidos dentro de esta área, mientras que las propuestas en el campo económico sólo representan el 14% del total de las iniciativas de las entrevistadas (Tabla 37). Sin embargo, como lo demuestran los datos de la Tabla 38, el porcentaje de mujeres que ha presentado algún proyecto económico es llamativamente elevado (un 84% de las entrevistadas) y supera, paradójicamente, al porcentaje de varones que han legislado en la materia (un 67% de los legisladores de la muestra). Ello sugiere que una proporción considerable de entrevistadas ha promovido menos proyectos económicos que un conjunto más acotado de varones, quienes han presentado más proyectos en este campo específico de legislación. Asimismo, este dato permite vislumbrar que las legisladoras participan, aunque en menor medida que los legisladores, en el tratamiento de estos temas que fueron calificados como tradicionales (es decir, masculinos) en varias entrevistas.

Por último, al comparar los datos hasta aquí presentados es posible apreciar que las propuestas en materia de ambiente y recursos naturales; justicia, legislación penal y seguridad; trabajo, empleo y previsión social; exhiben una participación porcentualmente semejante sobre el total de los proyectos impulsados por los y las entrevistadas. Por su parte, dentro de las categorías de derechos humanos y de protección del usuario, observamos una leve mayor concentración de propuestas presentadas por mujeres, mientras que asuntos institucionales y transferencias de inmuebles tienen un mayor peso en el conjunto de las iniciativas presentadas por varones (Tabla 37).

Si bien en varios de estos casos se trata de diferencias numéricamente reducidas como para comprobar tendencias claras según género, surgen algunos contrastes evidentes cuando se considera la proporción de legisladoras y legisladores que han presentado iniciativas en cada una de estas áreas (Tabla 38). Por ejemplo, casi el 40% de las entrevistadas han legislado sobre tercera edad, indígenas y discapacidad, porcentaje muchísimo menor en el caso de los entrevistados masculinos (3%). Análogamente, también es claramente mayor la cantidad de mujeres que han promovido iniciativas relativas a derechos humanos, protección del usuario y trabajo, empleo y previsión social (52%, 68% y 71%, respectivamente).


2.2. ¿Existen áreas de producción legislativa feminizadas o masculinizadas?
Otra alternativa apta para profundizar el examen de los contrastes revelados en la producción legislativa de los y las entrevistadas consiste en indagar si, efectivamente, existen áreas que puedan ser calificadas como feminizadas o masculinizadas, alternativamente. A los fines de emprender dicho análisis, la participación porcentual de las iniciativas de los y las legisladoras dentro de cada categoría de proyectos fue calculada tomando en consideración la totalidad de las propuestas presentadas por el conjunto de los entrevistados de ambos géneros a lo largo de los tres años comprendidos en esta indagación.

Al ser vistas desde este ángulo, las diferencias previamente manifestadas se amplifican. De hecho, el 73% de las propuestas referidas a niñez y familia; el 72% de las relacionadas con salud; y el 82% de los proyectos de género han sido promovidos por mujeres. Otros campos de legislación donde se detectó una mayor actividad por parte de mujeres son derechos humanos (en el cual las legisladoras fueron autoras del 82% de los proyectos presentados en el período 2004/2006), protección del usuario (73%); trabajo, empleo y previsión (61%), así como tercera edad, indígenas y discapacidad (67%). En contrapartida, el 63% del total de los proyectos económicos ha sido impulsado por varones, así como el 71%% de las propuestas relativas a relaciones exteriores.




Tabla 39
Participación relativa de los proyectos de las y los entrevistados dentro de cada categoría








Total de proyectos

(n = 1.757)



% Mujeres

% Varones

Niñez y familia

143

73

27

Género

77

82

18

Salud

116

72

28

Ambiente y recursos naturales

59

56

44

Cultura, educación, ciencia y tecnología

174

56

44

Políticas asistenciales

27

48

52

Derechos humanos

45

82

18

Justicia, legislación penal y seguridad

188

56

44

Asuntos institucionales

128

45

55

Economía

360

37

63

Protección del usuario

73

73

27

Trabajo, empleo y previsión social

145

61

39

Relaciones exteriores, MERCOSUR

17

29

71

Tercera Edad, indígenas, discapacidad

45

67

33

Transferencias de inmuebles

69

35

65

Fuente: Elaboración propia basada en datos de la Dirección de Información Parlamentaria de la H. Cámara de Diputados de la Nación.


Estos datos resultan convergentes con la valoración según la cual, en el Congreso de la Nación, existen áreas temáticas predominantemente femeninas y otras de mayor preponderancia masculina, tal como fuera sugerido por las y los entrevistados al manifestarse acerca de los temas y asuntos de política de los cuales se ocupan, primordialmente, varones y mujeres.


2.3. Perfiles legislativos individuales según concentración temática
Dado que en algunos casos la cantidad absoluta de proyectos por categoría es pequeña para calcular estadísticas descriptivas confiables, y que el análisis se apoya en con dos muestras cualitativas de legisladoras y de legisladores que comprenden números de casos reducidos (treinta y una mujeres y treinta y cinco varones), se examinaron las iniciativas impulsadas por cada persona entrevistada dentro de cada categoría de proyectos sobre el total de las propuestas de ley de su autoría. En función de este análisis individualizado, es posible trazar algunas regularidades y delinear perfiles legislativos según grados de concentración temática, así como establecer comparaciones entre los y las entrevistadas de ambos géneros152.

En términos generales, el análisis de los proyectos impulsados por las entrevistadas nuevamente pone de relieve una mayor inclinación femenina hacia cuestiones vinculadas con la política social, mientras que, entre los entrevistados masculinos, la categoría economía adquiere preeminencia. Este hallazgo guarda relación con las percepciones identificadas en el examen de sus actitudes, pero también presenta algunas particularidades especialmente sugerentes en términos de la configuración de la agenda de debate del Congreso argentino.

Una proporción considerable de las legisladoras entrevistadas presenta un perfil legislativo que evidencia preferencias vinculadas con la política de lo social, pero sin concentrar su actividad en unos pocos temas. En cambio, un segundo grupo mucho más reducido (seis casos; esto es, una quinta parte de las mismas) exhibe un perfil legislativo concentrado en una o dos categorías. En este marco, tres legisladoras ostentan una clara orientación hacia un único campo de trabajo principal: una en materia de niñez y familia, una en salud y otra en educación y cultura, que aluden a cuestiones cultural e institucionalmente vinculadas con lo femenino. Las tres restantes, en cambio, conjugan una clara y definida dedicación a cuestiones de género con una intensa actividad en materia económica, en asuntos institucionales y en justicia; es decir, con relación a temas preponderantemente definidos, en el contexto de las entrevistas, como tradicionales y más vinculados con un dominio masculino.

En cuanto a los legisladores, prácticamente la mitad de los entrevistados (quince casos) exhibe perfiles legislativos temáticamente concentrados, pero, a diferencia de lo observado entre las legisladoras, la categoría que cobra mayor preponderancia es la de economía (nueve casos). Un segundo conjunto de entrevistados masculinos evidencian perfiles legislativos temáticamente más dispersos pero que también presentan, como rasgo en común, cierto peso de la categoría economía. Finalmente, entre los entrevistados se hallaron algunos perfiles individuales concentrados en materia de cultura y educación; ambiente; justicia; y asuntos institucionales; en tanto un único legislador ostenta –tomando en cuenta la orientación de los proyectos de ley de su autoría– una clara dedicación a cuestiones de niñez y familia, desplegando, de este modo, una actividad legislativa poco frecuente (o no tradicional) entre los parlamentarios masculinos153.



3. Consideraciones finales

A partir de una distinción analítica entre las actitudes y el comportamiento, este capítulo procuró investigar la orientación temática de los y las legisladoras argentinas desde una perspectiva comparada y metodológicamente innovadora que combinó dos fuentes principales de datos. En primer lugar, se examinó la inclinación de los y las entrevistadas a priorizar determinados asuntos de política pública, sobre la base de sus percepciones recabadas a través de entrevistas (actitudes). En segundo lugar, se analizaron los proyectos de ley presentados por parte de los entrevistados de ambos géneros a lo largo de 2004, 2005 y 2006, con el propósito de cotejar sus actitudes con su comportamiento propiamente dicho.

En cuanto a los hallazgos más significativos, el estudio efectuado ofrece evidencia acorde con la presunción –usualmente planteada en la literatura sobre cuotas de género y representación sustantiva– en función de la cual la inclusión de mujeres en las organizaciones legislativas tendría el potencial de ampliar y enriquecer la agenda de debate, al incorporar temáticas y perspectivas virtualmente ausentes –o en todo caso marginadas– en una organización casi exclusivamente integrada por varones. La apreciación según la cual las legisladoras han contribuido a transformar la agenda del Congreso argentino fue indicada, de manera profusa, en los relatos ofrecidos por los entrevistados de ambos géneros. En particular, los y las entrevistadas adjudicaron a las legisladoras un especial activismo en temas vinculados con la política social considerada (incluyendo asuntos relativos a la infancia y los jóvenes, la prevención de adicciones, la educación y la legislación sobre familia, entre otras), así como en cuestiones de género. Esta transformación de la agenda del Congreso fue valorizada, mayoritariamente, como un aspecto positivo.

En dicho marco, si bien se pudo constatar que los y las entrevistadas comparten una serie de preocupaciones y de preferencias de política, la voluntad de representar a las mujeres fue sugerida exclusivamente por legisladoras, cuyos testimonios pusieron de relieve la emergencia de diversos sentidos. Específicamente, fue posible identificar, al menos, tres orientaciones que acentúan la promoción de derechos de mujeres, la dedicación a asuntos de interés femenino que no preocuparían a los legisladores en la misma medida, y la generación de modelos capaces de impulsar una mayor integración femenina en los partidos y en las instituciones políticas. Como fuera señalado en la sección correspondiente, las dos primeras perspectivas podrían dar lugar al impulso de cierto tipo de propuestas de legislación mentadamente favorables a las mujeres como categoría (representación sustantiva). La tercera perspectiva, en cambio, inscribe a la representación de mujeres en un plano simbólico y no la asocia con la promoción de una agenda definida como temáticamente femenina.

Los variados sentidos que las legisladoras entrevistadas asignaron a la representación de mujeres resultan significativos desde un punto de vista teórico y empírico. En efecto, tal diversidad sugiere que a menudo las representantes comparten determinadas perspectivas o preocupaciones específicas en razón de su género, sin que ello signifique que sus valoraciones e intereses resulten uniformes. Más aún, la evidencia que indica que la representación de mujeres no se asienta en una perspectiva homogénea es consistente con la idea de que los asuntos usualmente relacionadas con el género no aluden a una única cuestión sino a varias cuestiones (Htun y Powell 2006: 6), que pueden ser convergentes pero también contradictorias entre sí. Por ejemplo, la preocupación por atender necesidades de mujeres o asuntos de interés femenino podría tanto reforzar como cuestionar los roles y los estereotipos derivados de una condición biológica.

Al trasladar el foco analítico de las valoraciones acerca la representación hacia la consideración de los proyectos legislativos más valorizados por parte de las y los entrevistados, pudo detectarse una clara preponderancia de cuestiones de género en los relatos de las legisladoras y una mayor propensión de los legisladores masculinos a mencionar iniciativas inscriptas en el campo económico. Este constaste se evidenció también –siempre en el plano analítico de sus actitudes– en las apreciaciones de los y las legisladoras acerca del aporte femenino a la agenda de deliberación legislativa.

A propósito, los entrevistados de ambos géneros manifestaron de modo prácticamente unánime que las legisladoras habrían ampliado y diversificado la agenda del Congreso a partir de su mayor dedicación a ciertos temas (género, sexualidad, niñez y adolescencia, política social), escasamente trabajados habitualmente por varones. Más aún, al examinar el material de entrevistas fue posible apreciar que en ocasiones el planteo o tratamiento de asuntos anteriormente no valorizados (no tradicionales o invisibles, según los términos empleados por legisladoras) implicarían un efectivo desbloqueo más que la simple adición de temas novedosos. El hecho de que algunos entrevistados reconocieran la existencia de cuestiones que tradicionalmente eran tabú o vergonzantes desde una perspectiva masculina –tales como los relativos a la reproducción y la sexualidad– o de problemas que no llegaban a ser reconocidos como tales en virtud de factores de orden cultural, podría ser considerado desde esta perspectiva.

La mayor actividad y dedicación de las legisladoras a determinadas temáticas fue celebrada, en diversos relatos, en términos de una complementación de perspectivas (lo cual implícitamente reconoce la existencia de una división del trabajo en términos de masculino y femenino que no es puesta en cuestión). En cambio, desde una óptica menos optimista –planteada exclusivamente por parte de mujeres– esta situación fue interpretada en términos de una segmentación que expresaría jerarquías. Los temas femeninos no serían precisamente aquellos que se sitúan en la centralidad de los debates, relativos (siempre de acuerdo con los testimonios recabados) a los campos de política pública, como la economía, que concentran una mayor actividad por parte de legisladores en detrimento de las áreas en las cuales las legisladoras han cobrado más protagonismo.

Como fue manifestado precedentemente, estas valoraciones divergentes llaman la atención acerca de la existencia de tensiones y de desigualdades entre los representantes nacionales de ambos géneros en el seno del Congreso argentino. Dicho de otro modo, el hecho de que las mujeres hayan logrado integrarse en mayor número en el ámbito legislativo –resultado logrado en virtud de la notable eficacia de la Ley de Cupo Femenino– no implica que gocen del mismo estatus o prestigio que los actores masculinos.

Por su parte, el análisis del comportamiento de las y los entrevistadas, emprendido a través de la consideración de los proyectos de ley de su autoría, permitió confirmar la existencia de áreas de legislación que pueden ser catalogadas como feminizadas y masculinizadas, en concordancia con lo expuesto en las secciones anteriores del capítulo. Con todo, un hallazgo de interés para este estudio es que los perfiles legislativos concentrados en materia de género fueron encontrados exclusivamente entre mujeres que combinan su dedicación a estos asuntos con un trabajo muy activo en esferas de política pública calificadas como tradicionales (masculinas). Ello permite sugerir, a manera de hipótesis, que la labor de legisladoras con este tipo de perfiles podría estimular la introducción de una mirada atenta al género en el planteo de temas que no son considerados femeninos, con consecuencias enriquecedoras sobre la agenda legislativa.

En cuanto a los factores que podrían dar cuenta de la orientación temática desplegada por parte de legisladores y de legisladoras154, la evidencia presentada permite concluir que el género –en conjunto con ciertos rasgos propios de las trayectorias políticas y de las experiencias previas– constituye un factor de relevancia cuya influencia fue puesta de relieve sobre todo en el examen de las actitudes de las y los entrevistados, pero también cobró importancia en términos de su comportamiento.

La incidencia de las credenciales académicas o profesionales, en cambio, resultó más ambigua. En este sentido, cabe enfatizar que dentro de cada una de las categorías temáticas consideradas en el análisis del comportamiento legislativo, encontramos una gran diversidad formaciones entre los y las autoras de proyectos. Con todo, en el plano analítico de las actitudes, en ciertos casos específicos fue posible apreciar, por ejemplo, que algunos abogados y abogadas relacionaron su actividad legislativa en el campo del derecho (administrativo, penal, constitucional) precisamente con su formación profesional. En cambio, cuando se puso en consideración la dedicación de los y las entrevistadas a cuestiones relativas a la economía y las finanzas, se tornó evidente que –si bien una proporción considerable de las legisladoras de la muestra presentaron alguna iniciativa en este campo– las pocas que manifestaron consagrarse centralmente a presentar propuestas de este orden ostentan títulos universitarios en Ciencias Económicas. En contrapartida, los entrevistados masculinos que presentan una mayor actividad en esta categoría de legislación exhiben una notable diversidad de profesiones e, incluso, algunos de ellos no poseen títulos terciarios ni universitarios. Este contraste parecería sugerir que el género (y no el conocimiento) legitima a los legisladores para ocuparse de la economía, al tiempo en que des-legitima a las legisladoras. A propósito, el argumento sugerido específicamente por parte de mujeres que vincula la menor dedicación femenina a estos asuntos con una carencia de credenciales educativas afines a la economía parecería formar parte de este mecanismo de legitimación y des-legitimación.

Lo expuesto indicaría, entonces, la existencia de una orientación legislativa más dependiente del género y de la jerarquía institucionalmente asignada a los distintos temas que de la formación educativa de las y los entrevistados, quienes desarrollan una actividad política que se diferencia de las ocupaciones que demandan perfiles técnicos o expertos y que involucra compromisos de valor, decisión y juicio (Pitkin 1995: 236). No obstante, ello no implica que las formaciones específicas no influencien el modo de encarar la actividad legislativa. En tal sentido, por ejemplo, la disparidad de profesiones encontradas entre los y las legisladoras argentinas que se pusieron de manifiesto en el capítulo en el cual se compararon datos socio demográficos (con una mayor proporción de docentes entre las mujeres y de abogados y contadores públicos entre los varones), podría dar lugar a perspectivas disímiles en sus modos de idear o de fundamentar sus proyectos de ley.

Finalmente, de acuerdo con la hipótesis que sostiene que los integrantes de las organizaciones partidarias situadas a la izquierda o centro izquierda del espectro político serían más proclives a legislar sobre derechos de mujeres o igualdad de género, los datos analizados en este capítulo no permiten arribar a conclusiones taxativas. De hecho, entre quienes presentaron propuestas relativas a este campo temático a lo largo de los años 2004, 2005 y 2006 se encuentran legisladores y legisladoras pertenecientes a distintas expresiones de la UCR y del PJ/Frente para la Victoria155 así como del ARI, del FREPASO y de partidos usualmente catalogados como conservadores (por ejemplo, Fuerza Republicana). Sin embargo, como podrá advertirse en el siguiente capítulo, las distinciones partidarias resultan relevantes al considerar el posicionamiento de los y las integrantes de los distintos bloques según el contenido u orientación particular de estos proyectos.






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