Estado Civil



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VI. AGENDA DE POLÍTICAS Y ACTIVIDAD LEGISLATIVA: LAS ACTITUDES Y EL COMPORTAMIENTO DE LOS Y LAS LEGISLADORAS ARGENTINAS

Los estudios sobre género y política suelen presuponer la existencia de un vínculo –por cierto, no lineal ni automático– entre la presencia femenina en el Poder Legislativo (representación descriptiva) y una actuación orientada por el propósito de promover intereses o dar cuenta de ciertas necesidades de mujeres (representación sustantiva)110. De hecho, una pluralidad de investigaciones conducidas en distintos países ha puesto en evidencia que las legisladoras tienden a incorporar temas, inquietudes y perspectivas históricamente poco jerarquizadas en los procesos de deliberación y toma de decisiones públicas, particularmente relativas a la igualdad de género, así como a niñez y familia111.

Generalmente, dichas investigaciones se concentran en el estudio de las prioridades de las legisladoras a través de entrevistas, sin considerar las percepciones o experiencias de los legisladores masculinos que podrían iluminar ciertas transformaciones generadas a partir de la interacción entre representantes ambos géneros al interior de una organización específica (Childs y Krook 2006: 23). Por su parte, otra línea importante de trabajo analiza cuantitativamente los proyectos presentados por parte de varones y mujeres, procurando detectar diferencias temáticas en su producción legislativa. Finalmente, una perspectiva más reciente y novedosa se pregunta no sólo si las parlamentarias hacen una diferencia a través de su actuación en el Congreso sino cómo ocurre, en la práctica, la representación sustantiva de mujeres (Franceschet 2006). Ello implica trasladar el foco analítico de la pregunta acerca de si las legisladoras pretenden representar intereses de mujeres hacia el interrogante acerca de qué hacen, concretamente, quienes procuran promover normas en esta perspectiva112.

En tanto esta última cuestión será abordada en el siguiente capítulo, donde se investigará el proceso legislativo que culminó en la sanción de tres normas concretas en el Congreso argentino113, en éste se analizarán las prioridades de política de los y las legisladoras desde una óptica comparativa. Específicamente, el propósito central será explorar si los representantes nacionales de ambos géneros exhiben diferencias respecto de sus preferencias por determinados temas. Asimismo se procurará indagar en qué medida el mayor ingreso de mujeres al Congreso de la Nación (posibilitado por la Ley de Cupo Femenino) ha estimulado el tratamiento de cuestiones diferentes de las que tradicionalmente han concitado la atención de sus colegas masculinos. A tal fin, se trabajará con información cualitativa obtenida a través de entrevistas a una muestra de legisladoras y legisladores (datos actitudinales)114 y con material de archivo sobre la totalidad de los proyectos de ley firmados por las y los entrevistados entre los años 2004 y 2006 inclusive.

Como fuera señalado por Jones (1997:624), el estudio de las prioridades de política de los y las representantes a través del análisis de los proyectos de ley de su autoría no es una aproximación metodológica perfecta puesto que –como él mismo indica– muchas de estas iniciativas suelen ser puramente simbólicas (es decir, a menudo procuran mostrar interés o actividad en un determinado tema). No obstante, dado que este tipo de acciones constituye una parte importante de la actividad que llevan adelante las y los legisladores, la presentación de proyectos de ley constituye una medida idónea para investigar sus preferencias temáticas y de políticas.
Supuestos orientadores del análisis
En función de estos propósitos, la siguiente indagación asume que las prioridades de política de los y las representantes se despliegan tanto a través de sus actitudes como de su comportamiento, concebidas como nociones vinculadas pero que deben ser diferenciadas analítica y empíricamente. En este sentido, se conceptuará a las actitudes como la predisposición de los actores a priorizar ciertas materias, en tanto que el comportamiento estará delimitado, en el marco del presente capítulo, a la actividad puntual de presentar proyectos115. Esta distinción, apoyada en Schwindt-Bayer (2006), permite considerar que las actitudes de los y las legisladoras no necesariamente se traducen directamente sobre su comportamiento, sino que puede mediar toda una gama de factores que estimulen o limiten dicha posibilidad, dependiendo –entre otras variables– de la naturaleza y de la jerarquía de los temas.

Un segundo supuesto que guiará el análisis es que las prioridades de política de los y las representantes no responden a un único patrón sino que resultan de la combinación de factores diversos. Por un lado, como lo sugiere la sociología de las organizaciones (Pfeffer 2000), sus preferencias temáticas pueden estar influenciadas por su formación académica y profesional, así como por determinados rasgos de sus trayectorias personales y sus actividades previas. Habida cuenta que los y las legisladoras argentinas exhiben algunas notorias diferencias en relación con dichos atributos, es posible esperar que éstas se expresen de algún modo en sus maneras de enfrentar la actividad legislativa. De acuerdo con el enfoque asumido y con la información disponible en este estudio, procuraremos detectar estas posibles relaciones, que tendrán un carácter eminentemente ilustrativo.

Asimismo, como fuera planteado en el capítulo relativo a la integración de comisiones, las preferencias pueden verse afectadas por la inserción de mujeres y varones en una sociedad estratificada por género que establece papeles diferenciados en términos de femenino y masculino, y atribuye a las primeras las principales responsabilidades vinculadas con la reproducción humana y el cuidado de otros. Esto no implica que mujeres y varones constituyan dos grupos o categorías homogéneas, sino que las personas de un mismo género comparten una serie de experiencias y preocupaciones (perspectivas sociales) derivadas de su posicionamiento en un marco de relaciones estructurales de desventaja y privilegio (Young 2000)116.

Finalmente, las orientaciones de política también pueden estar condicionadas por la pertenencia partidaria y por propia dinámica institucional del Congreso. A propósito, una conjetura recurrente en la literatura es que las preferencias sustantivas de los legisladores variarían en función del clásico clivaje ideológico entre derecha e izquierda. En el caso específico de los trabajos sobre representación y género, se suele presumir que los integrantes de las organizaciones partidarias situadas a la izquierda o centro-izquierda del espectro político serían más proclives a promover o apoyar legislación favorable a las mujeres como categoría117. La segunda presunción reconoce que las instituciones políticas constituyen en sí mismas regímenes de género que forjan ideologías distintivas acerca del modo en que mujeres y varones deben conducirse y pensar (Lovenduski 2005:26-28), lo cual otorga relevancia analítica al entorno organizacional específico donde se desenvuelven los actores118.

En términos de Swers (2003:261), el hecho de tomar en consideración la influencia de identidades sociales significativas como el género sobre la actividad parlamentaria permite expandir una comprensión establecida en la ciencia política, fundada en las teorías de elección racional, que plantea que los legisladores se conducen de una manera tal que les permita conseguir su reelección, o bien apuntalar sus carreras políticas. Si bien dicha perspectiva puede ser eficaz para explicar, por ejemplo, el comportamiento en las votaciones, donde los y las legisladoras suelen verse claramente influenciadas por factores como la disciplina partidaria119, ello no invalida su posibilidad de priorizar ciertas áreas de política pública que encuentren una manifestación en otras facetas de su labor en el Congreso, tales como la de acompañar o presentar proyectos.

1. Las actitudes de las y los legisladores argentinos



1.1. Valoraciones sobre la representación política
Al analizar las actitudes que mujeres y varones ponen en juego en su labor legislativa, es oportuno comenzar considerando dos dimensiones imbricadas en la noción de representación política, que han sido previamente aludidas. Desde una perspectiva descriptiva, que acentúa la importancia de ciertas propiedades demográficas o socioculturales de los parlamentarios (tales como su género, edad, etnia o condición socioeconómica), la función primordial de un representante político es sustituir y reflejar a otras personas con atributos semejantes a los suyos (Pitkin 1985 [1967]). De este modo, el aspecto más significativo de una institución legislativa estaría dado por su composición social120. En cambio, al ser considerada como una actividad sustantiva, la representación política remite a la definición y promoción de determinados intereses a través del ejercicio de un mandato121. Por tanto, si se asume que los intereses a ser representados no son inmanentes, y que el género es una variable que contribuye a edificarlos (Phillips 1991), las valoraciones subjetivas de los y las entrevistadas acerca de qué o a quiénes representan en el Congreso de la Nación ofrecen un primer conjunto de evidencias para examinar su propensión a ocuparse de determinados asuntos.

El análisis de los testimonios obtenidos permite distinguir básicamente tres focos principales hacia los cuales legisladores y legisladoras orientarían su actividad de representación: distritos electorales (provincias); grupos o sectores de la ciudadanía; así como principios, valores o temas específicos no necesariamente emparentados con un territorio o conjunto particular de individuos. Esta última orientación guarda relación con la noción de intereses no vinculados tal como la conceptualiza Pitkin (1985: 171), quien reconoce que el concepto de interés que subyace a la noción de representación es en sí mismo una abstracción que a menudo se corresponde con cierto grupo de personas y otras veces se expresa sin tal asociación. Desde esta perspectiva, los intereses desvinculados se exteriorizan cuando se presupone que hay algo objetivamente en juego, relativo a una causa (el medioambiente, los derechos humanos, las instituciones republicanas, por ejemplo) que tiene algo que perder o ganar.


1.1.1. La representación de los distritos
En el marco de los testimonios recabados, la representación de los distritos emergió como un criterio claramente priorizado tanto por las legisladoras como por los legisladores, lo cual amerita ser interpretado a la luz del diseño institucional del sistema electoral argentino. En tal sentido, si bien las percepciones de los entrevistados de ambos géneros como representantes de un ámbito territorial fueron justificadas en función de razones de distinto orden (por ejemplo, de un mentado mayor compromiso o conocimiento de la realidad subnacional), es dable recordar que en Argentina la nominación de los candidatos legislativos nacionales se dirime, precisamente, en las provincias y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Como fue señalado en el capítulo que examinó las lógicas que comandan los procesos de selección de candidatos, los parlamentarios nacionales deben fundamentalmente sus mandatos a las instancias partidarias distritales responsables de su nominación (donde la figura de los gobernadores es central en aquellas provincias donde el partido ejerce el gobierno) y a los votantes de la lista por la cual resultaron electos. De este modo, los distritos se constituyen en una arena privilegiada de la dinámica partidaria argentina y es precisamente allí donde las carreras políticas suelen encontrar su principal sostén (Jones 2004; Jones y Hwang 2007). En función de lo expuesto, el sistema electoral argentino genera una estructura de incentivos para que tanto los senadores –quienes constitucionalmente deben representan a sus provincias– como diversos diputados –cuyo mandato expreso es el de representar al pueblo de la Nación– se conciban a sí mismos como representantes de un territorio específico.

Tal como lo manifestó una entrevistada, “si bien es cierto que como diputados nacionales somos legisladores de la Nación, no de una provincia, yo tengo muy en claro cuáles son los intereses de mi provincia y represento a la gente de [mi distrito] porque es a ellos a quienes debo el voto” (F15, PJ). Estas justificaciones basadas en una lógica electoral no inhabilitan, sin embargo, que los y las representantes nacionales puedan escoger qué temas o áreas de política pública priorizar en su trabajo legislativo en el Congreso.

Si bien la representación de los distritos fue sugerida de manera profusa en los testimonios de los legisladores nacionales de ambos géneros, todos los senadores masculinos manifestaron exclusivamente representar a sus provincias, poniendo de relieve una concepción de su labor anclada en una dimensión territorial que no brinda mayores descripciones acerca de sus preferencias temáticamente sustantivas. En contrapartida, las legisladoras femeninas (ambos cargos) y diversos diputados combinaron esta comprensión de la representación referenciada en lo territorial con indicaciones más precisas acerca de sus prioridades de política pública. Los siguientes fragmentos de relatos ofrecidos por legisladores y legisladoras, diferenciados según cargo, posibilitan visualizar este contraste.



Testimonios ilustrativos de los y las entrevistadas


Senadores/as

Yo represento, por sobre todas las cosas, el interés del pueblo de la provincia, como estado federado de la argentina” (M32, FV-PJ).

“Los senadores y las senadoras representamos a los estados, con lo cual la vigilancia y el sentido de nuestro voto nunca pueden contradecir ni disminuir los intereses de nuestra provincia […] y dentro de la agenda represento causas. Trabajo los temas de género, de derechos humanos, lucha contra la corrupción, contra el crimen organizado y las mafias transnacionales que vulneran especialmente a mujeres, niños y niñas, con lo cual [represento] a movimientos sociales, a organizaciones sociales, a centros académicos, a temas…” (F24, PJ).

Diputados/as

“Como dice la Constitución [como diputado debo representar al pueblo de la Nación] pero yo me siento más representante de mi provincia… Por supuesto, para hacer una aclaración, mi vocación de servicio, mi sentido comunitario […] que me ha hecho entrar a la política, me hace estar en política por la defensa de los que menos tienen. Como vengo de un origen radical hay una frase que me impactó mucho, que fue de Alem: ‘Nuestra causa es la causa de los desposeídos’. Así que, sobre esa base, yo defiendo a mi pueblo nacional, a mi pueblo provincial, pero dentro de ellos a quienes menos tienen” (M27, CE).

“Yo estoy representando, fundamentalmente, a todo lo que es el pueblo de la provincia, sin estar encasillada en un sector específico, sea social, sea etario, pero he trabajado mucho por los niños y los adolescentes (F27, UCR).





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