Energías alternativas: realidades y encrucijadas



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Energías alternativas: realidades y encrucijadas


Por Lucía Vásquez Celisi
Junio, 2018

Introducción


Ante las inminentes crisis energética, ecológica y ambiental a nivel mundial, se oyen voces disonantes y crecientes debates tanto en los países llamados desarrollados como en los catalogados en vía de desarrollo. Por un lado, las élites y los nuevos ricos que se oponen a reducir su “alta calidad de vida”, desde la consideración que se trata de desarrollar nuevas propuestas tecnológicas para mitigar impactos y por otro lado, sectores de movimientos sociales en el que confluyen pueblos indígenas, feministas, campesinos, movimientos ambientales y agroecológicos y también voces de académicos, quienes claman por otros modelos alternativos al desarrollo economicista, por otras formas de vivir, desde la armonía con la naturaleza y entre las personas, y desde la reducción de la demanda energética, es decir integrando “la reducción de la huella ecológica” individual y social como un componente de alternativas vitales.
Colombia no ha sido ajena a estos debates y en la actual coyuntura varios hechos los han visibilizados aún más. Por un lado, la graves situación de riesgo y humanitaria surgida alrededor de la hidroeléctrica hidroituango1 y la emergencia ambiental derivada de varios derrames recientes de petróleo que afectaron a varios cuerpos de agua y a poblaciones locales, entre otros, el caso del afloramiento de petróleo en el campo Lizama, ocurrido en marzo del 20182, del derrame de petróleo en el río Magdalena3, el derrame de petróleo en el río Saldaña4 y por otro, el abordaje de éstos temas por parte de los candidatos de la reciente contienda electoral. El candidato del Centro Democrático, ganador de la contienda presidencial, Iván Duque, en su agenda propone, promover transportes limpios y con energías alternativas para mitigar el cambio climático (Propuesta no.176); promover una matriz energética que integre energías renovables como la solar, eólica, geotérmica, entre otras (Propuesta no.180); la Promoción de Inversión Internacional a Gran Escala para la producción y exportación de energías renovables (Propuesta no. 181). Por su parte, el candidato de la “Colombia Humana” quien perdió la contienda, hace una propuesta más integral “Gustavo Petro es el primer político latinoamericano que plantea con claridad y contundencia el cambio de la matriz productiva basada en el extractivismo minero-energético (petróleo-carbón) y la promoción de energías limpias con soporte en fuentes de energía renovables (solar y eólica). Lo hace en el marco de la economía capitalista pero atacando las causas estructurales que destruyen la naturaleza y generan el cambio climático. Lo más interesante es que lo ha realizado con relativo éxito, posicionando su visión y nuevas temáticas en la agenda político-electoral. Además, su propuesta incluye la industrialización de las materias primas y la democratización de la propiedad de la tierra con herramientas de mercado (gravando con impuestos a grandes latifundios improductivos). Su objetivo es construir una economía moderna, con alto desarrollo tecnológico y participación masiva de los productores urbanos y rurales existentes (grandes, medianos y pequeños) y de los profesionales y emprendedores que en la actualidad tienen un limitado campo de acción, teniendo que migrar muchos de ellos al mundo desarrollado”. (Fernando Dorado. 2018. Nuevas formas de oposición en Colombia)
En este escenario, en el que no se resuelven las dicotomías frente al desarrollo y a las demandas energéticas y en el que por el contrario, se agudizan las crisis sociales, se plantea como urgente la promoción de energías alternativas renovables que no dependan del uso de combustibles fósiles y que produzcan energía a partir de una fuente natural “inagotable”, como el sol, el viento y el agua. Entre estas, se señalan la energía hidroeléctrica a diferentes escalas, la energía eólica, la solar, el aprovechamiento de la Biomasa residual o cultivada y el potencial geotérmico.
Sin embargo, y pese a reconocer la urgencia de una transición a corto y mediano plazo a este tipo de energía, considero conveniente señalar que éstas, en sí mismas no son la panacea para resolver las crisis ecológica, ambiental, social como tampoco la misma crisis energética. Los impactos muchas veces irreversibles derivados de algunos tipos de energía renovables y especialmente de las energías nuclear e hidroeléctrica (a gran escala) muestran por un lado, que no basta con implementar cualquier energía renovable para atender las crisis ecológica, ambiental y/o energética porque muchas veces, como lo muestran evidencias en distintas partes del mundo, ha sido difícil controlar sus efectos negativos sobre las sociedades y el medio natural y estos efectos han agudizado las crisis. Esto sugiere que se hacen necesarias estrategias integrales, más allá de la tecnología para atender dichas crisis, en razón a las causas multifactoriales implícitas en éstas.
En esta reflexión abordo, a muy grosso modo, un recuento histórico de las llamadas energías limpias, ventajas y desventajas de éstas, el estado de arte del uso de estas energías en Colombia, los conflictos ambientales y sociales alrededor de la construcción y funcionamiento de hidroeléctricas a gran escala en Colombia y recojo algunas propuestas conceptuales y metodológicas que dan luces sobre el cómo asumir las realidades y encrucijadas, en torno a la crisis energética, ecológica y ambiental.


ANTECEDENTES


La historia de la humanidad se ha visto determinada por el hallazgo y la utilización de la energía y en varias etapas históricas las fuentes energéticas eran no fósiles. “El primer logro que se suscitó lo fue el uso y dominio del fuego, después lo sucedieron los avances en el aprovechamiento agrícola y ganadero como fuente de energía en forma de alimentos, así como la aparición de los transportes con la invención de la rueda. Así bien, aproximadamente para el siglo (XX a.C.), se emplearon las velas para captar la energía del viento para posteriormente surgir la rueda hidráulica y los molinos de viento, que constituyeron ulteriormente en el continente Europeo la principal fuente de energía durante la Edad Media….Desde la antigüedad se inventaron artefactos capaces de hacer un uso útil de la radiación solar y unos de los primeros fueron los Griegos y Romanos ya en el Siglo (III a.C.) fueron capaces de prender las antorchas de los rituales religiosos por medio de unos recipientes en forma parabólica con el interior reflejante. El funcionamiento de este artefacto era sencillo, bastaba con exponerlo los días soleados al sol para que la radiación se concentrara en su foco alcanzando altas temperaturas y en el momento en el que se ponía una antorcha en el foco esta prendía en pocos segundos5 .

A finales del siglo XVIII, se desarrollaron experimentos orientados a la utilización del vapor como fuente de energía y 100 años más adelante se consolida este tipo de fuente energética en la máquina de vapor, hecho que según Oviedo-Salazar et al, se constituye en la base de la “civilización mecanizada” y a su vez, en el camino para abandonar el campo y las energías domésticas e iniciar la “revolución industrial”, época en la cual el vapor revolucionó también el transporte marítimo con barcos de vapor y el transporte terrestre con el ferrocarril. Hasta mitad del siglo XIX el vapor y la madera fueron suficientes como fuentes de energía para atender las demandas de la humanidad. No obstante, en 1859, en los Estados Unidos de Norteamérica se perfora el primer pozo de petróleo y esta fuente de energía se impulsa como prioritaria porque “comienzan a producir una gran cantidad de inventos que utilizan esta fuente de energía, como lo es el generador eléctrico, el motor de combustión interna, la luz eléctrica y el automóvil. La inventiva de la primera central eléctrica representó además el comienzo de un sistema de distribución de energía de uso cotidiano, como lo vino a ser la electricidad6.

El descubrimiento y uso prioritario de la energía fósil, se articula con el cambio de estilos de vida a medida que se pasa de una economía de subsistencia a una economía basada en la industria o en los servicio, con incrementos mayores en la demanda7 y con la concentración de bienes de uso y consumo para obtener lo que se ha dado por llamar “una alta calidad de vida”, con un crecimiento asimétrico de la demanda, concentrada en los países llamados desarrollados.

En el siglo XX el aumento logarítmico de la demanda de bienes de consumo, exigió aumentar excesivamente también el uso de energía. “La mayor parte de la energía mundial se genera a partir de fuentes no renovables especialmente petróleo, carbón y gas. Tan sólo el 13% de la energía mundial procede de fuentes renovables y el 10,6% de éstas renovables de combustibles y desechos urbanos renovables. El resto de las energías renovables son la hídrica, geotérmica, solar, eólica y maremotriz. Las proyecciones relativas al consumo mundial de energía total muestran que, entre 2004 y 2030, la mayor parte del incremento corresponderá a los combustibles fósiles, y que la energía nuclear y de otras fuentes registrará aumentos relativamente menores en cifras absolutas. En porcentaje, el gas y el carbón registrarán probablemente los cambios más importantes, aumentando del 65 y 74 por ciento respectivamente. Se espera que el consumo de petróleo aumente en un 42 por ciento, mientras que la energía nuclear y las energías renovables, que partirán de niveles mucho más bajos, aumentarán, según se anticipa, en un 44 y un 61 por ciento” (FAO 2008)

Dado que la producción de carbón empezó a decaer posterior a la Primera Guerra Mundial, el petróleo se constituye hasta la fecha en la fuente principal de energía. Si bien es cierto, también, en el siglo XX se descubre la energía nuclear y varios países construyen reactores nucleares, el primero de ellos en 1942 en los Estados Unidos de Norteamérica, este tipo de energía ha sido por un lado, una fuente mínima ante la demanda creciente y por otro lado, graves problemas derivados de su uso hacen que sea un tipo de energía marginal en proceso de desuso.

En la década de los años 70 la demanda mundial de más de (6.000) toneladas equivalentes de petróleo, llevó a la situación de crisis energética que aún vivimos y que cada día se agudiza.




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