En la localidad de panquehue



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REVISIÓN BIBLIOGRÁFICA




El cultivo del limonero


Según Odepa (2003), la superficie total en Chile cultivada con limoneros es de 7700 ha, concentrándose éstas en la V, VI y Región Metropolitana.


Los eventos fenológicos del limonero son, tanto en época como en duración, muy dependientes del clima reinante en cada localidad, como asimismo de la variación que este presenta año tras año. Con respecto al crecimiento de brotes se distinguen tres períodos: primavera (septiembre a noviembre), verano (enero y febrero) y otoño (abril a junio) (Figura 1). Los crecimientos de primavera y otoño son los más intensos, promovidos por temperaturas medianas. El del verano es más débil y más corto, probablemente debido a las temperaturas excesivas de esa época. El desarrollo de la brotación es óptimo a temperaturas medias diarias entre 15 y 25 ºC (Razeto, 2002).
El crecimiento de raíces ocurre a continuación de los ciclos de crecimiento de brotes de primavera y verano. El primer periodo de crecimiento radicular se presenta desde octubre hasta enero. Mientras que el segundo lo hace desde febrero a mayo (Figura 1). A pesar que normalmente el crecimiento de raíces sigue al crecimiento de brotes, en la Zona Central generalmente no se presenta crecimiento después del periodo de brotación de otoño, debido probablemente a la fuerte baja en la temperatura del suelo. Las raíces de los cítricos crecen de manera significativa con temperaturas superiores a los 13 ºC en el suelo y alcanzan una tasa de crecimiento en aumento lineal desde 17ºC hasta 30 ºC. Las raíces de los cítricos por situarse preferentemente en forma superficial en el perfil del suelo, están muy expuestas a rápidos cambios de temperatura según la época del año (Razeto, 2002).

El portainjerto Citrus macrophylla ha sido el patrón más usado en limonero durante los últimos años debido a su rápida entrada en producción y un excelente calibre inducido a la variedad injertada. Es una excelente alternativa a usar, pero tiene una alta susceptibilidad a nematodos, además de Cachexia y Tristeza (Ortuzar, 1996a).


De las variedades más plantadas en el último tiempo, Eureka (posiblemente el clon Frost) es muy popular en el país debido a su alta productividad, especialmente cuando se injerta sobre Citrus macrophylla (Ortúzar, 1996b). Además, Ortúzar et al. (2002) señalan que también es compatible con limón rugoso, naranjo agrio (combinación aparentemente menos longeva), limón volkamer, Benton citrange y el citrandarin X-639. Es incompatible con Poncirus trifoliata y la mayoría de sus híbridos (Carrizo, Troyer, Swingle).
Figura 1. Períodos de crecimiento de brotes y raíces en limoneros (Virtual)

Fuente: Bruno Razeto M.



El nematodo de los cítricos, Tylenchulus semipenetrans Cobb.

Ciclo de vida
Corresponde a un nematodo cuyo ciclo de vida está conformado por un estado de huevo, 4 estados juveniles y el adulto, hembras y machos (Aballay, 1998).
La hembra adulta es sedentaria. En los sectores de la raíces que se encuentran parasitados, generalmente se localizan muchas hembras agregadas y cubiertas con una matriz gelatinosa conteniendo muchos huevos de los que eclosan las larvas correspondientes al segundo estado juvenil. La eclosión se produce cuando las condiciones de humedad, temperatura y aireación son adecuadas. Se ha observado que la eclosión normalmente ocurre cuando existe agua libre en el suelo y una temperatura sobre los 18º C (Aballay, 1995).
La hembra adulta joven penetra la raíz a lo largo de su esófago. El resto del cuerpo permanece fuera de la raíz y comienza a engrosar, aumentando de 25 a 30 veces su diámetro, en un breve lapso (Aballay, 1995).
La reproducción es partenogenética, produciéndose huevos que dan origen a juveniles de ambos sexos. El macho no se alimenta y demora de 7 a 10 días en llegar a adulto. Se ha determinado que hasta un 50% de la población pueden ser machos (Aballay, 1995).
Una generación ocurre normalmente entre 6 a 9 semanas, con una temperatura del suelo de 24-26º C (Dropkin, 1980, citado por Fontaine, 1997).

Daño y sintomatología
El nematodo de los cítricos causa síntomas poco específicos y difíciles de diagnosticar. La presencia del nematodo puede ser confirmada por análisis microscópico de suelo o de raíces. Cuando las raíces tienen un alto grado de infestación se presentan llenas de incrustaciones de suelo difíciles de lavar con agua corriente, situación que es provocada por el material gelatinoso que la hembra secreta durante la producción de los huevos (Magunacelaya y Dagnino, 1999).
A medida que la población se incrementa, se aprecian síntomas en la parte aérea, tal como brotes más cortos, mayor pérdida de hojas, clorosis, falta de vigor, todo lo cual se traduce en rendimientos menores y pérdida de calidad. Estos síntomas son normalmente más marcados en la parte superior de las plantas (Aballay, 1995).
El daño producido por T. semipenetrans normalmente es incrementado por la presencia de otros organismos en el suelo que invaden los sitios de infección, tal como Fusarium oxysporum, F. solani y Phytophthora spp. (Aballay, 1995).
Generalmente las condiciones ambientales que afectan a las plantas, como baja fertilidad, salinidad o fluctuaciones extremas de humedad incrementan el daño producido por el parasitismo del nematodo de los cítricos. En suelos salinos, las plantas atacadas absorben una mayor cantidad de Na y disminuye la absorción de elementos menores como Zn, Mn y Cu (Aballay, 1996)
El efecto más serio y rápido de los nemátodos sobre el crecimiento y producción de los cítricos, ocurre cuando árboles jóvenes se plantan sobre antiguos suelos de cítricos altamente infestados con el nematodo. Estos árboles jóvenes muestran síntomas claros de decaimiento. Cuando el nematodo coloniza nuevos suelos de cítricos, es posible que la infestación no se detecte en muchos años (10-50). Cuando el suelo ha sido fumigado, los síntomas del nematodo se notan a partir de diez años después (Magunacelaya y Dagnino, 1999).

Considerando que no todos los huertos citrícolas son económicamente dañados por este parásito, Cohn (1972), sugiere que la actual reducción en las producciones de cítricos en el mundo debido a Tylenchulus semipenetrans fluctúa entre 8,7 a 12,2%.


El nivel crítico de infestación para el “nematodo de los citrus” (Tylenchulus semipenetrans) en limoneros, naranjos, pomelos y mandarinos adultos, es de alrededor de 7000 ejemplares juveniles por 250 gramos de suelo. Sobre este nivel comienza una restricción del crecimiento en las raicillas con desprendimiento de corteza radicular, muerte de ramillas terminales, clorosis en hojas, desfoliación, frutos pequeños y disminución de la producción (Cohn, 1972).


Medidas de control
Portainjertos resistentes. Existen especies de portainjertos resistentes tales como Poncirus trifoliata e inmunes como Severina buxifolia. Algunos híbridos, como Carrizo y Troyer Citrange, son tolerantes a algunos biotipos de Tylenchulus semipenetrans (González, 1987).
Temperatura. Prácticamente todos los nemátodos fitoparásitos son eliminados a temperaturas entre los 44º C y 48º C. Tratamientos como calentamiento del suelo con vapor o calor seco, solarización y sumergimiento en agua caliente de las raíces infestadas son empleados para reducir las poblaciones de nemátodos (Heald, 1987, citado por Fontaine, 1997).
Control biológico. Los nemátodos son atacados por numerosos organismos, tales como hongos de los géneros Arthrobotrys, Dactylaria, Dactylella y Trichothecium. También los nemátodos saprófitos, ácaros, collembolos y amebas, pueden destruir nemátodos fitoparásitos (González, 1984).
Materia orgánica. La incorporación de materia orgánica, (guano de gallina, cabra, vacuno) causa una disminución substancial de las larvas del nematodo de los citrus a los 90 días de la aplicación. Por lo general es recomendable combinar una aplicación de nematicida (en primavera) con una de guano (en invierno), para obtener los mejores resultados (González, 1987).
Barbecho. Consiste básicamente en dejar un suelo sin cultivar por un cierto período, principalmente durante los meses de primavera y verano. Todo ello, por supuesto, removiéndolo periódicamente (González, 1984).
Control químico. El control químico con fumigantes y no fumigantes fue la primera estrategia de control que se utilizó en California. La fumigación de preplantación con 1,3 dicloropropeno se recomienda cuando un cultivo se arranca y en los tres años siguientes se establece un cultivo susceptible o tolerante. Otros químicos como bromuro de metilo y cloropicrina pueden también usarse en viveros o alguna zona puntual o donde además hay problemas de hongos (Magunacelaya y Dagnino, 1999). Dentro de los nematicidas no fumigantes se encuentran el grupo químico de los organofosforados como fenamiphos (Nemacur) y etoprofos (Mocap), así como también el grupo de los carbamatos, entre los cuales se encuentran aldicarb (Temik), oxamil (Vydate) y carbofuran (Furadan) (Philippi, 1989).


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