Elites políticas en el poder legislativo venezolano: 2000-2010 Composición y Circulación de las Elites en la Asamblea Nacional Carla Chacón/John Dávila venezuela fundación Instituto de Estudios Avanzados (idea) Resumen



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ELITES POLÍTICAS EN EL PODER LEGISLATIVO VENEZOLANO: 2000-2010

Composición y Circulación de las Elites en la Asamblea Nacional

Carla Chacón/John Dávila

VENEZUELA

Fundación Instituto de Estudios Avanzados (IDEA)
Resumen

Las elites políticas, se configuran como los principales actores en espacios de concertación del Estado, participando en calidad de minoría representante de los distintos sectores, encontrándose en distintos niveles de la estructura del Estado. La movilidad de los actores que conforman los espacios de representación podría resultar determinante para la definición de las características del sistema político, influyendo en la inclusión de nuevas demandas para garantizar la estabilidad y orden del sistema; desde esta perspectiva el presente estudio, busca interpretar la realidad venezolana, específicamente el movimiento de las elites políticas en el Parlamento, en un contexto donde los principios jurídicos y político-institucionales del país se inscriben en la figura democrática. De esta forma, se evaluó la circulación de las elites políticas, en términos de renovación y sustitución, dentro de la Asamblea Nacional (AN) en el periodo 2000-2010, prestando especial atención a la introducción de nuevos actores políticos que transformen la composición de esta instancia.



Palabras clave: elites políticas, circulación, Venezuela, Parlamento
Uno de los principios fundamentales de los sistemas democráticos es la inclusión de los ciudadanos que conforman una comunidad política, desde un criterio de igualdad que permite la creación de distintos niveles de representación y participación que varían según el caso de estudio, pero que en general dotan de legitimidad a dicho sistema. Se estructuran así distintos niveles de representación política que ejercen el poder en diferentes formas y niveles, teniendo la capacidad de toma de decisión en múltiples ámbitos de acción, así como la capacidad de reconfigurar y crear normas que afectan a la comunidad política en su conjunto.

Estos espacios de representación son ocupados por minorías organizadas (elites) con funciones específicas de gobierno y liderazgo, que resultan indispensables para el funcionamiento del sistema; conformando círculos de poder que se legitiman a través de comicios electorales, protegidos por la representación como herramienta que permite la inclusión de demandas y derechos dentro del sistema, siendo el vínculo para asegurar de alguna forma la estabilidad la política y posibles cambios en el sistema. Quienes ocupan estos espacios conforman entonces las denominadas elites políticas, en tanto se conforman como círculos de individuos que llevan sobre sus hombros la responsabilidad de conducir una sociedad a través de las instituciones del Estado, bajo la figura de representación que les fue delegada; la elite es más que la suma de individuos con responsabilidades específicas, conformando un espacio de consenso y disenso de los distintos intereses y demandas de los sectores de la sociedad.

Es así como se configuran como los principales actores en espacios de concertación del Estado, participando en calidad de minoría representante de sectores sociales, políticos, culturales y económicos, aglutinando así tres aspectos importantes: el reflejo de la estructura del Estado, en tanto asumen responsabilidades específicas a través de la figura representativa; la autoridad política de gobierno, encargada de llevar a cabo un proyecto de sociedad y salvaguardar el orden social, y finalmente; la capacidad de relacionar al representado con el Estado. En este sentido, las elites políticas se pueden encontrar en distintos niveles de la estructura del Estado, seleccionando para el presente estudio al Parlamento (Asamblea Nacional), conformado por minorías representantes que detentan el poder formal en la estructura del Estado, los diputados, reuniendo así las características conceptuales descritas, para el caso venezolano en el período comprendido entre los años 2000 - 2010.

Circulación de las Elites Políticas, Definiciones del sujeto y su movimiento a través de la renovación y sustitución.

El movimiento de las elites tiene comportamiento orientado a la reforma y transformación del sistema para la adaptación del sistema político en virtud de satisfacer el imaginario de los ciudadanos que conforman la sociedad política. En este caso particular, Mosca (1992) define dicho movimiento a través de la renovación de las clases dirigentes. Esta renovación de las elites políticas no resulta ser de efectos instantáneos o espontáneos, lo que de alguna manera define una velocidad del movimiento, de hecho menciona cierta movilidad de las elites dentro de las esferas políticas, sin dejar la ocupación de la clase dirigente. “Todas las fuerzas políticas poseen esa cualidad que en física se llama inercia; es decir, la tendencia a permanecer en el punto y en el estado en que se encuentran” (Mosca, 1992: 31).

La clase dirigente como organización política del sistema no es perpetua, ya sea porque los mecanismos de representación (elecciones democráticas y universales) norman el reemplazo de los individuos que conforman la elite política, o porque las elites dejan de cumplir las condiciones que las llevaron y las mantuvieron en el poder. Resulta ser una especie de estructura movible, que puede incluir pequeños cambios sin necesitar del remplazo de los dirigentes políticos; sin embargo, existen momentos donde la introducción de pequeños cambios no son suficientes, modificando toda la estructura de las elites políticas para que la ocupen nuevos miembros. Las clases políticas declinan inexorablemente cuando ya no pueden ejercer las cualidades que la llevaron al poder, o cuando no pueden suministrar más el servicio que prestaban, o cuando esas cualidades y servicios pierden importancia en el ambiente social en que viven (Mosca, 1992: 34)

Las condiciones del escalamiento de las elites políticas a las esferas más altas del poder, no se componen de cánones perpetuos, generalmente son justificadas por necesidades políticas de la sociedad que dirigen, por lo que el cambio de las circunstancias sociales y políticas vienen dadas de forma natural dentro del sistema.

Básicamente, la renovación de las elites políticas, cumple con un ciclo de la política para transformarse, adaptarse o reproducirse, “… observamos que en las sociedades humanas predomina a veces la tendencia a la clausura, la inmovilidad, la cristalización de la clase política, y otras veces la que tiene por consecuencia su renovación más o menos rápida” (Mosca, 1992: 34)

La importancia de la renovación de las elites políticas viene dada por el movimiento de factores sociales, económicos y culturales que pueden transformar la política, siendo la renovación un proceso de refrescamiento de la escena política e introducción de nuevas demandas, liderazgos e intereses. Resulta importante resaltar, que la introducción de nuevas demandas, intereses y necesidades no forman parte de una relación causal directa para la renovación de las elites políticas; la elite política puede transformarse para adaptarse a los cambios de las sociedades que dirigen, permitiéndoles más tiempo en la dirección del poder.

Es natural que sobrevenga un período de renovación, o si se prefiere definirlo así, de revolución, durante el cual las energías individuales tienen importante participación y algunos de entre los individuos más apasionados, más activos, más audaces e intrépidos, pueden abrirse camino desde los grados inferiores de la escala social hasta los más elevados (Mosca, 1992: 35).

Mosca (1992) menciona que la clase política renovada toma fuerza y se consolida en el poder con todas las atribuciones que corresponden y se convierten en fuerza conservadora, pierden la característica de renovación y transformación del sistema y persiguen el control y la estabilidad de la esfera política para consolidar y concentrar el poder.

Para Michels (1969) la democracia tiene un error en sí misma el cual consiste en la necesidad de la organización de minorías para la dirección del sistema político y la negación de las mayorías como portadoras de poder, lo que niega los principios de la democracia; este autor menciona la ausencia de una relación directa e igualitaria entre los miembros de la sociedad, lo que dificulta el acceso de la mayoría a la elites dirigentes, partiendo de la desigualdad como característica emergente de la sociedad.

La conformación de las elites políticas viene dada según la teoría elitista como castas/ clases cerradas que dificultan el acceso a este tipo de liderazgo, por lo que Michels (1969) sólo identifica la sustitución como movimiento de las elites, este consiste en la introducción de nuevos actores con las mismas características que la elite que está reemplazando pero que además tiene como fin mantener el sistema en el que se desarrolla, por lo que el cambio radical no resulta posible en la tesis de este autor.

Los inicios de los estudios sobre elites, enfocan su análisis por el reconocimiento de una grupo de individuos que dirige (dominan) al resto de la sociedad, son estos grupos los encargados de la dirección política de los Estados Nacionales; normalmente el comportamiento de las elites según los autores clásicos anteriormente mencionados, es estable en virtud de mantener y concentrar poder, sin embargo, cuando se reconoce la posibilidad del remplazo total de la elite se introduce el tema de la revolución como cambio radical de las normas, transformando el sistema.

Esencialmente, tanto Mosca como Pareto, y también Michels, coinciden en que una minoría gobierna la sociedad -elite gobernante o clase política- ocupando los puestos de mando y tomando las decisiones que afectan al conjunto de la sociedad, independientemente de los cambios que puedan existir en su membrecía por el reclutamiento de nuevos miembros individuales procedentes de los estratos más bajos, por la incorporación de nuevos grupos sociales o incluso por el total reemplazamiento de una elite establecida por una contra-elite, como ocurre en las revoluciones (Cinta, 1977:445).

Mosca (1992), Pareto (1966) y Michels (1969) hacen un trípode conceptual sobre el estudio de las elites, debido a que cada uno profundiza en puntos neurálgicos de las elites. Mosca (1992) reconoce a las elites como clase dirigentes, lo que implica una formación y marco de relaciones particular, lo que asegura el ingreso a la elite de poder; por otro lado, identifica un elemento estructural para la conformación de las elites políticas, y es que éstas pueden ser el reflejo del grado de civilización de la sociedad que representan.

En cambio, Pareto (1966) analiza a las elites como grupo de individuos con características intrínsecas a su ser que lo hacen diferente, lo hacen capaces de dirigir a otros, siendo los actores elegidos para representar y conformar las elites políticas. Dentro del análisis que realiza Pareto (1966), coloca a los integrantes de las elites como super hombres de la política, con dotes carismáticos y autoritarios para tener poder, siendo la formación y el círculo de relaciones parte del kit de elementos que deben tener y consolidar los individuos que pretendan pertenecer a las elites políticas, "disfrutan de un poder porque poseen unas características psicológicas apropiadas: astucia y capacidad de engaño, fortaleza y decisión" (Hernández, 2008: 54).

Dentro de la teoría clásica de elites, también se puede ubicar a Thomas Bottomore (1965), quien establece una distinción conceptual entre elite y clase dirigente, expresando un carácter orgánico de representación, rechazando la tesis de Mosca (1992), Michels (2001) y Pareto (1966) sobre el poder de las elites en sí misma. Para Bottomore (1965), las elites deben tener apoyo de base a través de las clases para gobernar en democracia, siendo la democracia una forma de difuminar el poder para asegurar la participación de todos los ciudadanos, estrechando la separación entre gobernante y gobernados con la finalidad de hacer de las decisiones políticas expresión de un sistema de iguales.

…se mueven entre lo social y lo político sin encontrar una síntesis cognoscitiva rentable. Sobre una experiencia de sociedad preindustrial se mantienen diferenciando ámbitos y nociones, modelos y conceptos: la clase tiene carácter económico, la elite política: hay hombres de gobierno y hombres de estado (Mosca);el poder es administrado siempre por una minoría constituye una ley de hierro (Michels); en el flujo social predominan los intereses de grupo y circulación de elites (Pareto); las sociedades se distinguen según contienen una clase dominante y una elite (Bottomore); se supone que mientras las minorías son organizadas, las mayorías no se organizan (Hurtado, 2000: 54)

El sistema político ha estado influenciado por el ejercicio de las elites políticas como responsables de la conducción del Estado, el vínculo entre el gobernante y gobernado se sustenta el sistema electoral como mecanismo de legitimación y sufragio para la selección de los mejores para dicha conducción. En el marco del análisis de circulación de las elites dentro del Parlamento, la teoría elitista competitiva concuerda con la tesis de Juan Carlos Rey (1991) respecto al Pacto de Conciliación de Elites para el estudio del caso venezolano, relacionando el sistema representativo para la integración social y política, fortalecimiento a través de las elecciones periódicas las elites como organización de minorías capaz de responder a las necesidades de dirección del sistema político.

La competencia entre las elites viene dada según la oferta de intereses y las demandas del electorado para la satisfacción de necesidades, enmarcado en un sistema de mercado de la política que se autorregula a través de la competencia. La participación del ciudadano está sujeta a la elección de una minoría, conformada en partidos políticos para la toma las decisiones políticas.

El modelo liberal democrático se configuró como una forma pragmática y universal para la consolidación de los sistemas políticos, limando las diferenciaciones entre los distintos modelos de gobierno y unificando criterios de democracia; la sociedad se tradujo políticamente en masa, dirigida por elites representantes con el poder de estructurar la política según el paradigma liberal como única forma de gobernabilidad. A partir estos criterios, el modelo dejó de lado la posibilidad de reconfiguración de la participación en la política, desestimando la capacidad de transformación del sistema y su necesidad de reconstrucción.

Además, de la tipificación del ciudadano como seguidor de una elite, la relación entre gobernados y gobernantes se estructuró en la distancia de las elecciones periódicas que garantizan una participación pasiva de la sociedad, limitando las promesas del modelo democrática desde sus orígenes en una elección de la mayoría simple con incidencia en posibles cambios de las elites dirigentes, continuando con las estructura rígida de la política.

La conversión del modelo liberal en modelo único y universal implica, a nuestra manera de ver, una pérdida de demodiversidad. La negatividad de esa pérdida reside en dos factores. El primero se refiere a la justificación de la democracia. Si, como creemos, la democracia tiene un valor intrínseco y no una mera utilidad instrumental, ese valor no puede sin más asumirse como universal. Está inscrito en una constelación cultural específica, la de la modernidad occidental, y esa constelación, por coexistir con otras en un mundo que ahora se reconoce como multicultural, no puede, sin más, reivindicar la universalidad de sus valores. (Avritzer, & De Sousa 2004:23)

Vinculado a la capacidad adaptativa de las democracias, la función de las elites políticas se configura a través de la introducción de cambios que permiten la reforma del sistema y, a su vez, la relación entre la ciudadanía y el Estado, la democracia representativa (o liberal) ha jugado un papel fundamental como órgano operativo de dichos principios, consiste en la elección de individuos para ejercer la función pública en virtud de la resolución de conflictos, garantizar el Estado de Derecho y equilibrar las bondades de la libertad, las contradicciones del poder y la legitimidad del uso de la violencia (poder coercitivo), resulta ser un “sistema de gobierno basado en funcionarios electos que se comprometen dentro de territorios delimitados y a la vez garantizar el imperio de la ley” (Held, 1997: 25).

La conjunción de los modelos de democracia, elites políticas y Estado, enmarcan los elementos fundamentales que definen la estructura política de una sociedad, aceptando la necesidad continua de cambios dentro de las complejas realidades de la política, las democracias han jugado un papel fundamental para la inclusión de derechos en la esfera política a través de las acciones de las elites. Sin embargo, la dinámica de las sociedades actuales ha introducido nuevas problemáticas que desarticulan paradigmas de representación, planteado la necesidad del surgimiento de nuevos modelos de democracia que mezclan los logros de todo el recorrido político e intenta volver al principio de articulación directa entre el ciudadano y el Estado.

Composición y Circulación de las elites políticas dentro de la Asamblea Nacional en Venezuela

La composición de la Asamblea Nacional venezolana tuvo variaciones importantes en relación con elecciones anteriores, así lo demuestra el comportamiento del indicador género; mostrando cómo durante el período de estudio la participación de mujeres llegó a sus niveles más altos en la historia parlamentaria, alcanzando un porcentaje máximo de 16 % en las elecciones de los años 2005 y 2010, mientras que para el año 2000 representó el 11%. La participación femenina en el parlamento ha mantenido un crecimiento sostenido durante todo el período democrático (representativo/participativo), experimentado bajas en dos oportunidades, 1993 y 2000, lo que podría traducirse como consecuencia de la crisis de partidos políticos durante el año 1993 y la introducción hegemónica del movimiento revolucionario para el año 2000. Posteriormente se normaliza el comportamiento del indicador de género dentro de la Asamblea Nacional. A pesar del crecimiento sostenido de la participación de las mujeres en el máximo órgano de representación nacional, la presencia masculina continua siendo dominante dentro de dicha estructura en el período 1958 -2010.

Otro de los aspectos abordados para el análisis de la composición de la Asamblea Nacional, fue la composición etaria de los diputados, como forma de aproximación para la observación de nuevos integrantes al parlamento desde la juventud. El promedio de edad de los parlamentarios según la muestra seleccionada para este estudio, fue de 45, 47 y 46 años en los años 2000, 2005 y 2010 respectivamente, resultando un promedio total de 46 años de edad. Durante el período 1993-1998, la edad promedio de los parlamentarios fue de 50 años, lo que confirma la disminución de la edad promedio del cuerpo deliberativo, interpretándose como la inserción de nuevos actores con menor edad. En este aspecto, resulta importante mencionar que en las normas establecidas para las candidaturas al Congreso Nacional (1958–1998), se exigía en el caso de los senadores ser mayor a 30 años, mientras que para la cámara de diputados debían ser mayores de 21 años; aspectos éstos que cambian en la Constitución del año 2000, cuando pasa a una sola cámara, manteniendo el derecho a participar para cualquier ciudadano venezolano mayor de 21 años.

La observación de las profesiones de los parlamentarios demuestra la inclusión de nuevas disciplinas a la AN. La diversidad de dicho indicador abarca distintas ciencias con distintos niveles de especialización, diferenciándose así de la estructura parlamentaria anterior, que presentaba como principal profesión la abogacía. Una de las distinciones fundamentales en este aspecto, es la inserción de perspectivas desde otras formaciones universitarias y la incidencia de los espacios educativos universitarios para la formación de líderes políticos. Esta afirmación se realiza, debido a que para la muestra seleccionada durante el período 2000–2010, todos los diputados poseen estudios superiores.

Para el análisis de la composición de las elites políticas en la AN, se consideró también el período anterior (1958–1998) con la finalidad de contrastar su comportamiento. Este contraste evidenció cambios progresivos de la composición del cuerpo parlamentario en términos de composición de la elite política, disminuyendo edad promedio, incrementando la participación de las mujeres y la inserción de nuevas profesiones en la AN; sin embargo, estas tendencias se observan en el comportamiento de los indicadores para el periodo de vigencia del Congreso Nacional (1958-1998). Por lo tanto, la composición del cuerpo parlamentario en todo el período democrático (1958 -2010) ha contado con la inserción sostenida de pequeños cambios, que resultaron en la transformación radical de la estructura parlamentaria, si tomamos como referencia las características existentes en 1958 y las del año 2010.

Una vez realizado el análisis de la composición de las elites políticas de la Asamblea Nacional en términos de edad, género y profesión, fue necesaria la observación del comportamiento de la distribución de los partidos políticos y su conformación en fuerzas políticas a través de polos. El bipartidismo marcado en la democracia representativa, se manifestó en el control del poder dentro del Congreso Nacional, a través de la consolidación de la mayoría parlamentaria mediante AD y COPEI, la intervención de partidos minoritarios en este período queda entonces opacada por la fuerza electoral que representaba el bipartidismo.

La ruptura del bipartidismo se manifiesta durante la segunda presidencia (1993) de Rafael Caldera, con su organización política denominada Convergencia, la cual resulta el primer partido político que no pertenece al Pacto de Conciliación de Elites (Rey,1991) en alcanzar el poder ejecutivo, sin embargo el Congreso Nacional continúa bajo el dominio del bipartidismo, alcanzando un 54,6 % de los curules. Lo que se traduce en que la crisis de los partidos políticos penetra la estructura parlamentaria en las elecciones de 1998, cuando la pluralidad de partidos políticos se incrementa, rompiendo con la normalidad de la democracia representativa en términos de participación de organizaciones políticas.

A pesar de la crisis de representación de los partidos políticos tradicionales, y el ya citado debilitamiento de la dinámica bipartidista en 1993, los partidos tradicionales (AD y COPEI) logran alcanzar una proporción importante en las elecciones parlamentarias de 1998, ocupando el 44 % de los escaños; dejando espacios para de organizaciones políticas como La Causa R, el MVR, PPT y PRVZLA. Las elecciones parlamentarias de 1998 y 2000, reflejan un tejido político organizacional fértil, en el que ganan espacio nacientes partidos políticos, rompiendo definitivamente con el tradicional bipartidismo.

Paralelamente al surgimiento de nuevas organizaciones en la esfera política, que logran posicionarse en el poder legislativo, se inicia la conformación de los polos políticos como fuerza en la sociedad venezolana; más allá de las tendencias ideológicas, la contraposición entre los proyectos estructura la necesidad de alianzas políticas para las elecciones parlamentarias de los años siguientes. Es así como las elecciones de los años 2000, 2005 y 2010 se desarrollan como competencia entre dos proyectos políticos que se niegan entre sí.

El polo oficialista se fundamentó en la incorporación en la variedad de asociaciones políticas de diferentes tendencias ideológicas que perseguían el cambio del sistema político, un claro ejemplo es la coalición que se da en el Congreso de 1998 para auspiciar la Asamblea Constituyente. Este comportamiento continuó en las elecciones de 2000 y 2005, pero en el 2010, el polo oficialista está compuesto por 4 organizaciones políticas, sólo el PSUV alcanza suficientes votos para imponerse como ganador en las elecciones parlamentarias; fundado en el 2007 buscó precisamente uniformizar las distintas tendencias ideológicas que apoyan la Revolución Bolivariana.

El polo opositor ha tenido sus altibajos, entre ellos el retiro parcial de los candidatos en las elecciones de 2005, recomponiéndose como fuerza política a través de distintos mecanismos, resulta importante mencionar que el polo opositor representa la resistencia al proyecto de la Revolución Bolivariana, formando parte de tendencias tradicionales de la política pero a su vez ha sido pionero en su ordenamiento interno.

Es así como para las elecciones de 2010, la oposición se presenta bajo la tutela de una organización (Mesa de la Unidad Democrática) que reconoce la diversidad de partidos políticos, sin desdibujar las fronteras de los mismos, es decir, se realizan pactos y acuerdos electorales que consolidan candidatos a la Asamblea Nacional en todas las regiones del país.

Las características de conformación de polos políticos dentro del cuerpo parlamentario son resultado de la polarización política y social de la realidad venezolana, hegemonizando los espacios de representación bajo la identificación de los polos, inhibiendo la posibilidad de otras formas políticas ajenas a los mismos. A pesar de este comportamiento hegemónico dentro del Parlamento, la circulación de las elites políticas reportó una tasa superior al 80% en los tres períodos, según la reelección de diputados en las elecciones, lo que ratifica la alternancia como principio democrático. Esta alternancia se da a través de la sustitución de actores, sin necesariamente representar la transformación de las fuerzas de representación política en la AN, ya que son los mismos polos políticos los que predominan en el parlamento.

La circulación de las elites políticas a nivel parlamentario, que para el periodo estudiado presentó una tasa superior al 80% resulta ser alta, a pesar de no existir estudios previos en el país para este criterio. Sin embargo, estudios realizados por Cordero (2003) para el caso Chileno en el periodo (1961-73 y 1990-02) evidenciaron que la tasa de circulación alcanzó un 40% y la tasa de permanencia fue el 60%; cifras similares a las resultantes del estudio de circulación de las Elites políticas femeninas en el parlamento español, según estudio realizado por (Roig, 2008). Claro está que las diferencias tan marcadas de los casos antes mencionados no permiten una comparación detallada entre los países, sin embargo, funcionan como referencia en el marco de un estudio exploratorio

El contexto político venezolano resultó determinante para el comportamiento de la continuidad y circulación de las elites políticas en el parlamento. Un claro ejemplo dentro del periodo estudiado, lo representa el comportamiento de la tasa de circulación entre los años 2005 y 2010, cuando alcanzó una incorporación de nuevos actores equivalente al 92% de la Asamblea Nacional, probablemente ocasionado por reincorporación del polo opositor en la contienda electoral, luego de haberse retirado de las elecciones realizadas en el año 2005. Por lo tanto, la alta movilidad de los diputados pone en manifiesto la importancia de la pluralidad partidista y su rol como representantes de la sociedad.

Por otra parte, es importante señalar que a pesar de que el estudio de la circulación de elites políticas contempla dos procesos de movilidad, a saber, la renovación y la sustitución, en el período de estudio sólo se encontraron evidencias de sustitución de las elites políticas dentro de cuerpo deliberativo. Las evidencias indican que en el periodo estudiado hubo incorporación de actores, que introdujeron pequeños cambios en el sistema político para el fortalecimiento del mismo, sin representar transformaciones radicales en la estructura política, consolidando un proyecto político anclado en la polarización política, además de estar fuertemente influenciado por el poder ejecutivo; de manera similar al comportamiento observado desde los inicios del periodo democrático venezolano (1958), tal como señala Aveledo (2005).

Sin embargo, durante el período seleccionado para este estudio, surgió la iniciativa de Parlamentarismo Social de Calle, que tiene como principio la transformación de la relación representante/representado. La introducción de esta iniciativa carece de un cuerpo normativo, por lo que su funcionamiento no es claro, teniendo que recurrir a la cobertura informativa de esta, que reseña la discusión de las leyes para la incorporación de las reformas necesarias, pero no hay mecanismos formales que regulen dicha discusión, así como determinaciones operativas que definan el carácter vinculante de dicho proceso con las decisiones parlamentarias. Resulta una experiencia interesante dentro de la permanente reconstrucción de la democracia participativa.

Reflexiones Finales

La composición y circulación de las elites parlamentarias permitieron la observación de los cambios dentro del parlamento en distintos períodos, consolidando un panorama general que tiene incidencias en la toma de decisiones y funcionamiento del poder legislativo. La redefinición del sistema político ha impactado en las dinámicas y comportamiento de las elites en términos de composición y circulación dentro de los espacios de poder. Las consecuencias parecen traspasar las esferas legales, de gestión y de participación política en Venezuela, confirmando la visión de democracia como proceso inconcluso.

Las elites políticas han seguido jugando un papel fundamental y parecen rotarse entre las instancias de representación y otros espacios de gobierno; los esfuerzos por el distanciamiento de una lógica exclusivamente representativa, en la que unos pocos gobiernan, y el interés por generar espacios y dinámicas orientados a la inclusión, tienen sus manifestaciones de igual manera en la estructura y comportamiento de las elites que conviven en dinámicas híbridas de representación/participación en el caso venezolano.



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