El renacimiento



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EL RENACIMIENTO
CONDICIONANTES HISTÓRICOS.

Hay un acontecimiento histórico que marca esta época: la caída de Constantinopla, la antigua capital bizantina, en manos de los turcos (1453). Este hecho provoca, a su vez, que se produzca el cierre de las grandes rutas comerciales que comunicaban a Europa con Oriente a través de Asia, y la llegada a occidente de pensadores y científicos huidos de Constantinopla. Cerrado el Mediterráneo oriental por los turcos, los comerciantes y marinos occidentales buscarán una alternativa marítima; primero intentarán bordear el continente africano para llegar a las Indias, después Colón, como es sabido, descubrirá en 1492 el continente americano. Este hecho impulsará definitivamente el empuje económico de Europa occidental a lo largo de los siglos siguientes. La ampliación del mundo conocido es el acta de nacimiento de mundo moderno. Ya durante la Baja Edad Media, es apreciable el proceso de fortalecimiento del poder real (…) en detrimento de la nobleza; así como el auge político de la burguesía ciudadana representada en las Cortes. El poder del príncipe y el fortalecimiento del Estado no perderán su condición privilegiada. Pero para entonces el Renacimiento ya estaba en marcha en algunas ciudades italianas.

En Italia las cosas habían sido distintas durante gran parte de la Edad Media. Ya hemos visto la poca huella que los estilos medievales cristianos (románico, gótico) habían dejado en su sensibilidad, y cómo se había mantenido un repertorio de formas cuya raíz evidente era el clasicismo. El Trecento italiano, con Giotto a la cabeza, supone ya un claro precedente de la renovación artística que culmina en el Renacimiento. Los caminos que este pintor abre para la pintura en particular y para el arte, en general, son de una gran trascendencia, como ya hemos visto en el tema anterior.

Además, las Repúblicas y Estados italianos ya en el siglo XV, preceden a Europa en la economía organizada. Sus relaciones mercantiles entre Europa y oriente, y su banca cada vez mejor estructurada, la hacen alcanzar una modernidad económica y una estructura social mucho más avanzada y dinámica. La prosperidad económica, y la existencia de una poderosa burguesía repercutirán de forma significativa en esta expansión artística. Es Italia la que mejor ofrecerá una alternativa al agotado vocabulario de formas que Europa necesitaba para superar el vacío del último gótico (flamígero). Europa acogerá, en mayor o menor medida, el nuevo estilo. Pero nadie discutirá la primacía de Italia en el desarrollo de las Artes. Y es que el Renacimiento es, ante todo, un movimiento italiano.


El retorno a la medida humana

Al humanismo emotivo del s. XIII (franciscano) viene a sustituirle un humanismo racional. En las universidades se leen los clásicos en griego o en latín, se discuten postulados teológicos y se duda de los dogmas. La imprenta permite la divulgación de la cultura escrita y la brújula permite la ampliación de horizontes y la conquista del mundo.

Por primera vez desde la Antigüedad, el hombre se siente centro del Universo (Antropocentrismo) y reclamará un lenguaje a su medida. En el gótico las dimensiones del edificio poseen al hombre, lo elevan o lo distienden, pero en el Renacimiento será el hombre quien domine el edificio, gracias a sus proporciones creadas por artistas que razonan según métodos y procesos humanos. El equilibrio entre las dimensiones de la planta y la altura responden a una exigencia humana, según la cual no deben preponderar las dimensiones verticales sobre las horizontales. Frente al teocentrismo medieval, se abre paso el antropocentrismo de raíces clásicas.

El hombre es tridimensional, pero se relaciona con las cosas preferentemente sobre el plano horizontal. La contemplación del horizonte es afín a la biología humana, pero la observación de una aguja gótica requiere de un mayor esfuerzo, que se traduce en desazón. En el primer Renacimiento la arquitectura logra encontrar la medida del hombre al establecer proporciones sencillas, ceñidas a una geometría simple y comprensible. Es la misma medida humana que el hombre griego había sabido encontrar para sus espacios exteriores, pero que ahora encontraremos en los espacios interiores.

La figura clave para comprender el Renacimiento nos la da el humanista. Este hombre culto, versado en la Antigüedad, que lee en latín y en griego, que discute sobre Platón o sobre Aristóteles y que conoce las más avanzadas teorías sobre Geografía y Cosmología es, además poeta y un gran dilettante. En el siglo XV era posible reunir en una biblioteca la mayor parte de los libros editados por la imprenta, que es tanto como decir toda la cultura escrita de su tiempo. En las cortes renacentistas, deseosas de abrirse a un mundo nuevo, estos hombres son reclamados con veneración. Y en manos de ellos está el progreso del pensamiento y de la cultura y, en cierto modo, del arte.



Por vez primera la obra de arte es analizada desde el punto de vista del espectador. Era lógico. Los pensadores renacentistas empezaron discutiendo sobre la Idea de la Belleza y acabaron discutiendo sobre la Belleza misma, sobre la cosa bella. Nace así la crítica de arte. Sin embargo, el humanismo siente un gran respeto por el artista, y con frecuencia son amigos, cuando no el mismo artista es un humanista La influencia recíproca es altamente beneficiosa y uno de los rasgos que mejor definen el Renacimiento. El artista consulta al humanista sobre mitos o sobre el ideario clásico y el humanista comprueba visualmente en la obra del artista la validez de sus tesis.

Por otra parte, el trabajo del artista ya no es meramente artesanal, como lo había sido durante la Edad Media. Su trabajo es, sobre todo, reflexión, estudio y experimentación en cualquiera de los campos de la expresión artística. Son intelectuales y hombres libres. El arte dejará, desde ese momento, de ser algo anónimo y el genio creador, individual, pasará a situarse en el primer plano de las manifestaciones artísticas.

Pero el Humanismo es también una nueva forma de concebir el mundo y la religión, que trastoca los fundamentos teocráticos de la sociedad bajomedieval y conducirá a la reforma y ruptura de la Iglesia Católica.

La renovación intelectual que el movimiento humanista emprende de la mano de hombres como Erasmo de Rótterdam, supone una reacción contra el espíritu teológico y autoritario medieval, el descubrimiento del hombre en su dimensión clásica. Este antropocentrismo crítico y de carácter laico, produce la manifestación de un individualismo libre, crítico y, a menudo, paganizante, que impulsará los estudios filosóficos y el redescubrimiento de la filosofía de Platón. Las viejas virtudes clásicas se convierten, de nuevo, en los valores de referencia para el individuo culto y crítico. El estudio de la literatura, la gramática, los monumentos y los objetos de la Antigüedad se desarrollan de forma extraordinaria y, con ellos, la figura del mecenas y el coleccionismo de obras antiguas. No se tratará, en cualquier caso, de una simple vuelta a la Antigüedad (cosa harto difícil, por otra parte), sino del redescubrimiento de sus valores fundamentales como guía y modelo para el hombre cristiano de la Edad Moderna.



EL QUATTROCENTO
Giorgio Vasari aplicó por primera vez esta denominación en 1570, para designar la corriente cultural que nacida en Italia con el siglo XV, rompió con los presupuestos ideológicos en la Edad Media, promoviendo el nacimiento del “buen arte antiguo”; no obstante, será en el siglo XIX cuando, tras su estudio sistemático, se perfile el concepto. Florencia fue la cuna de este despertar intelectual que revolucionó el mundo espiritual occidental, primero el italiano y un siglo más tarde el del resto de Europa.

El auge de las ciudades en la Baja Edad Media encontró en Italia una peculiar concreción, pues aquel organismo de producción artesanal que fue la ciudad medieval, por la peculiar estructuración social y económica de las ciudades italianas, se convirtió en el centro de un pequeño estado, cuyo poder económico había sido conquistado por la alta burguesía mercantil, en la que se apoyaba el poder político. Esta sociedad, que abandonó el misticismo decadente de la Edad Media, en el que el orden venía establecido desde lo alto, imprimió una nueva dinámica humanista, de signo laizante, a la vida y a la concepción del Universo, que abocará finalmente a la Reforma.
El siglo XV italiano, conocido en el ámbito cultural como “Quattrocento”, supuso el comienzo de una vuelta a las fuentes mismas de la civilización occidental, es decir, a la antigüedad greco-romana, y el consiguiente abandono del lenguaje formal del mundo gótico. El que este renacimiento de lo antiguo encontrarse su punto de partida en suelo italiano, y más concretamente en la Toscana, no fue un hecho fortuito, pues en Italia se había mantenido la pervivencia de elementos clásicos a lo largo de la Edad Media, debido a los contactos y hallazgos arqueológicos que ahora se vieron incrementados por un afán de estudio de aquel lenguaje estético, cifrado en rigurosos sistemas matemáticos de proporciones y armonías numéricas.
En lo que al urbanismo se refiere, desarrolló una actividad teorizante y utópica, como producto de la interacción de los ideales políticos y estéticos. En el centro de la ciudad de abría una gran plaza con su estatua conmemorativa, a veces porticada destinada a las celebraciones y ceremonias; en torno a ella se distribuían los palacios y la sede de la autoridad política, que fueron perdiendo exteriormente el carácter de fortaleza de los medievales, y aumentando en el interior el gusto por el lujo y la ornamentación.

La prosperidad económica, el anhelo cultural e incluso el deseo de ostentación provocaron entre los grandes señores la aparición de la figura del mecenas, quien hacia llamar y protegía a los artistas a su alrededor, no solo para que ejecutasen los encargos sino también por el prestigio que ello le proporcionaba. Paralelamente al fenómeno social del mecenazgo, el artista experimentó un proceso de individualización y personalización, frente al anonimato de los de la Edad Media, como fruto del culto humanista por el individuo.



El idea humanista, que se cifraba en la dimensión universal del hombre, hizo a menudo que el artista del Renacimiento simultanease distintas formas de arte; así arquitectura, escultura y pintura frecuentemente se interrelacionan y complementan bajo una misma concepción totalizadora de la obra artística, cuyo objetivo lo encontró en la Naturaleza misma.

Los nuevos valores estéticos requirieron igualmente nuevos sistemas de representación, dando lugar a una concepción de la perspectiva como pirámide visual y al estudio de las proporciones que encuentra su fundamento en la figura humana, objetivo de la representación artística.

En el campo de la arquitectura, no supuso una ruptura violenta con las formas góticas, ya que estas no habían logrado aquí una gran aceptación. Se produjo una vuelta al lenguaje arquitectónico clásico, laizante y antropocéntrico, prefiriéndose las estructuras centralizadas de la construcción religiosa como trasunto de las ideas neoplatónicas de la época; los órdenes clásicos reemplazaron al pilar gótico, se trazó el arco de medio punto, y el techo se hizo plano con casetones o en bóveda de cañón, reservando la cúpula semiesférica para los espacios centralizados. En lo decorativo el repertorio de motivos clásicos, almohadillado, medallones, guirnaldas, candelabros, grutescos, amorcillos, etc…_ proporcionó al edificio un característico embellecimiento.

En el ámbito de las artes figurativas, además de la temática religiosa se introdujeron también temas profanos, por lo común mitológicos, de inspiración humanista. Los artistas más importantes del Quattrocento, auténticos técnicos del arte, no buscan solo la novedad de la incorporación del desnudo, sino la significación ético-filosófica del asunto, que no es elegido por casualidad, sino a través de un profundo estudio de los textos y las ideas del mundo clásico. Así, tanto la escultura, como la pintura, encontraron sus modelos en el mundo clásico, imitando tanto las formas _ monumentalidad, estudio anatómico a través del desnudo, profundidad psicológica, severidad de líneas, etc._ como los materiales _mármol y bronce_ realizando el bulto redondo y el relieve; pero dejando traslucir también algunas reminiscencias del gótico internacional: alargamiento de las figuras, formas curvilíneas, gusto por el detalle y lo anecdótico.



En el campo de la pintura, el Quattrocento actuó en un doble frente: la pintura mural y la de caballete. Gustó de las formas monumentales, estudio los problemas de perspectiva introduciendo arquitecturas y paisajes, frecuentemente con elementos decorativos clásicos, interesándose por una concepción realista de la representación y un minucioso estudio psicológico y hasta sociológico de los personajes.


ARQUITECTURA DEL QUATTROCENTO
Características.-

☼ La arquitectura no obedecía solamente a principios religiosos, ante todo el edificio tiene que ser resultado de un cálculo matemático, y éste deriva no solo del conocimiento científico, sino de un valor teórico de las leyes de la armonía y buen gusto. La proporción áurea (uno de alto por uno con sesenta y uno de ancho, obtenida empíricamente) se impone en muchas creaciones.

☼ Frente a unos edificios góticos, habituados a recibir frescos y mosaicos, el Renacimiento propugna la pared limpia y luminosa. Aunque se ha insistido por diversos autores en el significado laizante y puramente estético de estas creaciones, no debe olvidarse que tal pureza geométrica se interpretaba como resultado de la claridad divina.

Respecto al espacio, desaparece la concepción medieval basada en una tensión longitudinal hacia el altar mayor. Por influencia de los tiempos clásicos tienden a predominar los planes centrales; pero aún en los longitudinales se trata de obtener una unidad espacial, con interiores anchos y desahogados.

Se restablece la arquitectura clásica. Se prefieren soluciones abovedadas, usándose bóvedas de arista y medio cañón; pero son las cúpulas las que mejor expresan este carácter, hasta el punto de que dan la medida y capacidad de aquella arquitectura.

Abundan los arcos de medio punto, apoyados en finas columnas de ligeros éntasis, en las paredes se emplean pilastras. De todas formas era el muro y no la columna el verdadero sustento de los edificios.

El orden predominante es el corintio, como consecuencia de ser el más empleado en la arquitectura romana y el más imitado en los tiempos medievales.

FILIPPO BRUNELLESCHI (1377-1446)
La arquitectura renacentista florentina empieza con él. Su gran obra, que dura toda su existencia, es la cúpula de la catedral de Florencia de Santa María de las Flores. Cuando tomo el encargo llegaba ya al tambor de arranque, no era por tanto una invención suya. Brunelleschi no tenía que resolver un problema de dimensiones sino de construcción, puesto que hasta la forma octogonal del tambor le obligó a una solución gótica nervada. Imitando los abovedamientos romanos, empleó dos cúpulas superpuestas, pero sin fundir, y extraordinariamente ligeras. Es, por tanto, una cúpula hueca, ingrávida.

En el Hospital de los Inocentes, de Florencia, hizo una obra enteramente renacentista. Maravilla la ligereza del pórtico o logia, de amplios vanos y esbeltas columnas. El piso superior contrasta por su opacidad, allí aparecen ventanas coronadas por frontón, primer ejemplo en el renacimiento.

En la sacristía de San Lorenzo y en la capilla Pazzi usa un plan consistente en un cuadrado cubierto con cúpula. El círculo y el cuadrado son armoniosamente combinados. La capilla Pazzi cuenta, además, con un pórtico que armonizan bóvedas, arcos y arquitrabes. En sus pórticos emplea tirantes de hierro, lo que le permite obtener mayor apertura en los vanos. De la misma manera había usado abrazaderas de hierro en la cúpula de la catedral.

Brunelleschi supo revitalizar el viejo modelo de basílica, creando templos de San Lorenzo y Santo Spirito, en Florencia. Cambia el concepto espacial, ya no es el espacio-camino medieval, por el contrario propende a la igualación ambiental, haciendo esbeltas columnas, en orden a que la vista se expanda a lo largo y a lo ancho. Nuevamente el cuadrado es el secreto de la composición. Sobre los capiteles se coloca un trozo de entablamento, hábil recurso que le permite obtener mayor altura sin desproporcionar.



Las grandes familias patrocinan el arte. Luca Pitti encarga a Brunelleschi un palacio (el palacio Pitti) que será concebido como una masa cerrada, que tiene pretensiones de muralla. Usa el sillar de tipo almohadillado, de tradición romana. Pero en la base se coloca una variante, el sillar rústico, que presenta la cara sin tallar, lo que acentúa el efecto de robustez.

LEO BATTISTA ALBERTI (1404-1472)
Florentino que vivió y trabajó casi siempre fuera de Florencia. Su residencia favorita fue Roma. En el Coliseo y en otros edificios romanos aprendió a usar la arquitectura con fines decorativos. Su sistema fue fundamentalmente romano. Pero también le interesó el valor teórico de la arquitectura, y el tratado que escribió sobre esta materia fue piedra angular de todos los posteriores. Crea una ciencia arquitectónica basada en el número y en la proporción. Las armonías numéricas son análogas a las musicales.

► Así, compone la fachada de santa María la Novella de Florencia. Todo el conjunto de la fachada puede inscribirse en un cuadrado. El cuerpo principal se compone de otros dos cuadrados, cuyo lado es la mitad del general .En otro cuadrado como éstos puede ser encerrado el cuerpo superior. En este templo inauguró un modelo de fachada, consistente en dos cuerpos de tamaño distinto, unidos por volutas y coronados por frontón.

Alberti crea además, determinados tipos arquitectónicos imitados después sin cesar. Uno de ellos es el plan de nave única con contrafuertes, entre los cuales se disponen capillas, sistema inspirado en las iglesias catalanas.

En la iglesia de san Andrés de Mantua, dejó abiertas y cerradas alternativamente las capillas, de modo que las últimas semejan pilares gigantescos. En el exterior crea un tipo de fachada arquitectónica pero extrayendo el módulo de los tiempos clásicos: el arco de Trajano de Ancona. A partir de ahora será normal que las fachadas de los templos cristianos se constituyan, en este primer cuerpo, con un arco de triunfo romano.

El templo de Malatesta en Rímini, (dedicado por su fundador a su amante Isotta) demuestra mejor que nada el influjo de la arquitectura romana: la fachada es como un arco de triunfo con superposición de órdenes, dando a arcos y columnas una misión decorativa, como la tenían en el Coliseo.


ESCULTURA DEL QUATTROCENTO
Características:

■ El arte seguirá siendo cristiano en lo fundamental pero los artistas no centrarán su atención en el expresivismo sino en la belleza de las formas. El Renacimiento nos ofrece obras basadas en un carácter inmanente, que proporcionan puro placer estético.

■ Las obras civiles abundan, el artista abandona el anonimato y tiene conciencia de creador. Aunque el comitente le impone los temas, se verá libre para dar a la obra un sentido personal.

El hombre y la naturaleza serán los protagonistas de este arte. El cuerpo desnudo aparece como portador de suma belleza. También se presentan temas paganos, mitológicos y alegorías, a imitación de la época clásica. Pero esto no significa la paganización de la vida. Los temas cristianos seguirán predominando.

■ En cuanto al estilo, subsisten muchos elementos góticos, como el plegado de paños. La formación de los maestros en el arte de la orfebrería hace que la técnica del bronce adquiera enorme perfección como en el caso de Ghiberti.

■ Los géneros son muy diversos: puertas monumentales de bronce y mármol, altares, tumbas, fuentes públicas, púlpitos, estatuaria urbanística, etc…

Durante toda la primera mitad del siglo XV predomina el realismo. El retrato triunfa, ya sea de busto funerario o ecuestre. Renace el arte de la medalla.

LORENZO GHIBERTI (1378-1455)
Artista afincado en Florencia, es un broncista con facultades de orfebre y con tendencia a lograr efectos pictóricos.

En 1402 ganó el concurso para hacer una de las tres puertas del baptisterio de Florencia imponiéndose sobre sus rivales Jacopo della Quercia y Brunelleschi, por fundir todas las figuras en un bloque y dar al conjunto una ambientación paisajística. Se puso como tema el Sacrificio de Isaac. Obtuvo en las puertas un rico claroscuro, muy pictórico, aunque por lo demás continuaba el sendero tradicional de Pisano, de espacios vacíos y marco de cuadrifolias.

Su obra fue tan perfecta que Miguel Ángel dijo que eran dignas de ser las del Paraíso y desde entonces se llaman así, Puertas del Paraíso. Redujo Ghiberti el número de escenas, aumentando el tamaño. Adoptó la forma cuadrada muy apropiada para conseguir el efecto pictórico. Para conseguir este efecto, el modelado decrece en vigor hacia el fondo, donde se colocan, como pantalla de término, árboles o arquitecturas clásicas. El largo tiempo que invirtió en este trabajo explica bien el virtuosismo de la técnica. Los recuadros que envuelven con una orla decorada con pájaros, medallones con cabezas humanas, nichos con estatuas, emulando la decoración de los manuscritos.

En 1417 tomó el encargo de hacer las Fuentes Bautismales de Siena, obra en las que intervinieron otros maestros. Los relieves de Ghiberti que en esta obra realizó representan la transición entre las dos puertas. También hizo algunas estatuas para los nichos del exterior de Or San Michele.
DONATO DI NICOLO (DONATELLO) 1386-1466
Técnico consumado, supo servirse con habilidad e inteligencia de lo ideal y de lo real, hasta el punto de que no hay otro escultor que haya manejado estos dos polos del arte con mayor acierto.

Debe bastante al pasado clásico: el culto al desnudo, el retrato ecuestre; pero el vibrante expresivismo le liga a la Edad Media. Representó todos los estados de ánimo, la alegría y la tristeza, el curso completo de la vida, desde la infancia a la senectud. Su motivo fundamental es lo humano y no se detuvo ni ante lo feo ni ante lo macabro. Para Donatello era fundamental la expresión. Tocó todos los géneros (orfebrería supo también de arquitectura y pintura) y usó las más variadas técnicas.

Son las figuras juveniles las más típicas del artista, especialmente sus versiones de David tanto en bronce como en mármol, de gracia y delicadeza extremas o en los San Juan Bautista adolescentes. En el David de bronce ofrece un tipo praxitélico (curva praxiteliana): es el primer desnudo en bulto completo del Renacimiento.

El San Jorge del año 1417, con el tabernáculo obra también de Donatello, fue un encargo del Gremio de fabricantes de armaduras; el resultado venía condicionado porque, evidentemente, el gremio quería una obra donde tuviesen protagonismo las armas y armaduras. La figura, ligeramente en rotación alrededor del eje central, se basa en la superposición de tres líneas ovales: la cara con las cejas, el pecho y el escudo. El trazo de la cabeza, en la dirección opuesta a la del torso, es un recurso del artista para dinamizar la obra.

El San Juan Evangelista anciano y sentado, posee una nobleza y fuerza considerables, y anuncia el Moisés de Miguel Ángel.

En sus relieves la sutileza de la técnica en el modo de tallar el mármol o de preparar el fundido del bronce, obtiene efectos de gran refinamiento. Sus Vírgenes abrazando al Niño, crean un tipo de enorme difusión posterior por obra de sus discípulos. []El naturalismo de Donatello se aprecia en el Cristo de la Santa Croce, criticado por sus contemporáneos porque les parecía un aldeano. Desde 1425 Michelozzo colabora con él haciendo junto una serie de tumbas.



Donatello viaja a Roma y se impregna del espíritu de la antigüedad, sus figuras se llenan de vida y agitación como el relieve del Banquete de Herodes, para las Fuentes Bautismales de Siena. De los tiempos clásicos toma el modelo de niños desnudos (putti). Crea Donatello un retrato renacentista de busto sin peana, seccionado en línea horizontal. Utiliza para ello el barro cocido (terracotta) policromado.

En 1444 pasa a Padua y allí se le encarga el grupo ecuestre del Gattamelata, un condottiero muy popular, su modelo era Marco Aurelio. Nadie había intentado realizar algo semejante, invirtió nueve años en la obra. Con él surgió el retrato ecuestre en el Renacimiento y la estatuaria urbana. Es prototipo del clasicismo, por la robustez y equilibrio de proporciones y masas, de forma que el jinete es digno de la fuerza física del caballo. La línea se mantiene cerrada; de ahí el recurso de apoyar la pata del animal sobre la bola, para garantizar el equilibrio y cerrar el contorno.

En 1456 de regreso a Florencia ejecuta los púlpitos de San Lorenzo, acabados por sus discípulos. El san Juan Evangelista de la catedral de Siena y la Magdalena del baptisterio de Florencia expresan el espíritu de Donatello en su etapa postrera. Con el tremendo lamento ascético, representación suprema de la miseria humana, de la Magdalena, se acaba el arte expresivo de aquel mensajero del espíritu.



PINTURA DEL QUATTROCENTO
Características:
Como las otras manifestaciones artísticas, la pintura descansará sobre la ciencia. La geometría y las matemáticas irán por delante, en la misma concepción de la pintura la perspectiva y la ciencia constituirán una obsesión para los pintores. Lucca Pacioli en su libro De divina proporcione establece un tratado basado en la armonía numérica, continuando los de la época clásica. En él formula el principio de la sección dorada, “para que un espacio dividido en partes desiguales resulte agradable deberá haber entre la parte más pequeña y la mayor la misma relación que entre la mayor y el todo”.

▼ Desde el punto de vista formal se abandona el arte esencialmente lineal, donde el color es generalmente un elemento ornamental, igual que la línea.

Resurge la tradición clásica del busto pleno, que procura obtener formas fuertemente tridimensionales y, al propio tiempo, situarlas en un espacio posible.

▼ La relación de tamaño entre figura y ambiente tiende a situarse en los justos términos de la naturaleza. Al mismo tiempo la obra cobra un valor esencial en sí misma, ya que se dirige a los ojos del espectador, despertando el placer estético.

▼ Durante el Quattrocento los problemas pictóricos se han complicado. Los artistas buscan los efectos más diversos: la perspectiva, el paisaje, la luz, las proporciones. Unos piensan que no hay sino que imitar lo real, otros escapan hacia la poesía y la imaginación, y no faltan los que tratan de reducir la pintura a pura ciencia.


MASACCIO (1401-1428)
El siglo XV se abre en Florencia con la obra de dos artistas de muy diferente significación: Fra Angélico y Masaccio.

Muerto en plena juventud Masaccio, es el creador de una nueva sensibilidad, poderosa y monumental, desligada de todo recuerdo de la sensibilidad del gótico y entroncado directamente con la grandiosidad escultórica del Giotto, y con su gravedad expresiva, donde lo psicológico constituye preocupación fundamental. Discípulo de Masolino derivará hacia una mayor preocupación espacial.



Evita lo anecdótico y acentúa el valor de lo sustancial. Sus obras principales son los frescos de la Capilla Brancacci en la iglesia del Carmen de Florencia, iniciados por su maestro y concluidos, muchos años más tarde, por Filippino Lippi. En ellos la sensación de espacio y atmósfera se halla absolutamente conseguida, junto a la expresión de las pasiones del alma (dolor desesperado de Adán y Eva, la tensión expectante de los apóstoles en torno a Cristo, etc…)
Destaca el Tributo de la moneda que fue una lección para los pintores de Florencia, que por espacio de cien años le tuvieron de modelo. Aquí aparece algo nuevo: una perspectiva horizontal, no ascensional, como en la mayoría de los cuadros contemporáneos. Pese a la isocefalia, hay profundidad en el cuadro. En primer término, hay un personaje vuelto de espaldas, cuyas arqueadas piernas dan movimiento a todo el cuadro.

SANDRO BOTTICELLI (1444-1510)
A partir de 1460 la pintura florentina adquiere un carácter de suntuoso refinamiento y de sorprendente vivacidad e interés por los aspectos concretos de la vida. Los contactos con la pintura flamenca, a través del activo comercio y la presencia de banqueros, introducen un gusto en cierto modo burgués por lo concreto, aunque interpretado siempre con mayor dignidad clásica y en unos fondos en los que la evocación del mundo clásico está siempre presente.

Botticelli es la personalidad más famosa de este ambiente debe su gloria no al fresco, sino a los cuadros de caballete. Dibujante exquisito refinado y nervioso, protegido por Lorenzo el Magnifico. No le preocupan las conquistas técnicas se deja llevar solamente por la inspiración. Domina en él el dibujo de líneas deliciosas, que oscilan como ondas, su arte es puro, arabesco en lo divino y en lo humano.

Pintó escenas religiosas de lírica significación, como los tondos de las Vírgenes del Magnificat y de la Granada. Como pintor religioso expresa siempre una cierta melancolía, que en sus últimos años, impresionado por las predicas de Savonarola, se convierte en dramático expresionismo.



Es el creador de unas maravillosas composiciones mitológicas, la Alegoría de la Primavera trae el tema clásico de las Tres Gracias, pero formando aquí un grupo de danza, eurítmico, de bellísimas curvas, sutiles transparencias, escenificando un bosque salpicado de florecillas, esta alegoría está basada en escrito de Luciano y Policiano. Si el desnudo se barrunta en esta obra, aparece sin embozos en el Nacimiento de Venus, bello poema dedicado al cuerpo femenino, la obra es ritmo, melodía, poesía moviéndose todo a impulsos del céfiro, que incurva el cuerpo de Venus y riza las olas del mar. Esta pintura pretende reconstruir una de las obras más famosas, no conservadas del pintor Apeles. La inspiración en lo clásico aparece siempre patente en Botticelli.






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