El Profeta Muhammad



Descargar 1.22 Mb.
Página1/31
Fecha de conversión26.06.2018
Tamaño1.22 Mb.
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   31

WWW.ISLAMENLINEA.COM



El Profeta Muhammad

Por


M. Fethullah Gülen




Introducción General
Me gustaría presentar al lector la vida ejemplar del bendito Profeta Muhammad [1] y su personalidad distinguida y excepcional. “El agua de la vida” para la salvación de la humanidad debería ser conocida por todo el mundo.

El Profeta Muhammad es la gloria de la humanidad. Durante los catorce siglos pasados, muchos pensadores, filósofos, científicos y eruditos, cada uno una estrella radiante en nuestro mundo intelectual, han permanecido de pie tras él en señal de respeto y admiración, y se han enorgullecido de pertenecer a su comunidad.

Es suficiente para apreciar y entender su grandeza que incluso después de tantos ataques recibidos, todavía oigamos las palabras “atestiguo que Muhammad es el Mensajero de Allah” en los alminares cinco veces al día. Nos alegramos mucho mientras su nombre se proclama desde los minaretes, como hacen los muertos y otros seres espirituales. A pesar de los esfuerzos concertados para corromper a nuestra gente joven y pervertirla, ellos siguen dirigiéndose sin cesar hacia él, aunque no puedan percibir la realidad de Muhammad en su totalidad.

El tiempo no nos ha hecho olvidar su verdad. Está tan claro en mi mente que si menciono su sagrado nombre, es como si estuviera a punto de encontrarme con él. Una vez, mientras iba en peregrinación a su ciudad, la radiante Medina, sentí que estaba a punto de aparecer y darnos la bienvenida. Al pasar el tiempo algunos pensamientos se convierten en obsoletos, pero él permanece tan fresco como un capullo de rosa en nuestros cora­zo­nes. Además, cuando oímos su nombre desde los alminares, abando­namos nuestro trabajo inmediatamente y, aceptando su invitación, nos apresuramos a la mezquita.

Si hubieran permitido que nosotros lo describiéramos como los otros han sido descritos, si hubiéramos usado las instituciones sociales y educativas como un medio para este fin, entonces, quizás, nuestros jóvenes seguirían su camino. A pesar de nuestros defectos, muchos toman sus cántaros y corren para llenarlos en esta “fuente pura”. En cada lugar del mundo, incluidos los Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Alemania, tiene lugar un renacimiento islámico. Los musulmanes siembran estas tierras con las semillas de un futuro feliz. El Islam está sano y florece en todas partes como lo hacía durante la Era de la Felicidad, la época de Muhammad.

Lo mismo ocurre sobre todo en las tierras musulmanas. Aquellos musulmanes cuya devoción al Islam era en gran parte inconsciente y carecían de percepción profunda o de ansia de investigación, han dado paso a una nueva generación que sigue conscientemente a Muhammad, a la luz de la ciencia y con los avances del conocimiento. Aquellos que explotaban la incredulidad en las escuelas y las universidades, corren ahora a él. Incluso gente tan conocida como Maurice Bucaille y Roger Garaudy han reconocido la falsedad de sus sistemas y se apresuran a recibirle. [2]



Muhammad como el más querido de los corazones

Me pregunto si hemos reconocido como se merece al más querido de los corazones. Incluso yo, que he estado realizando cinco salat [3] diarios desde que tenía cinco años, esforzándome por ser un criado en su puerta, me pregunto si puedo reconocerlo. ¿Hemos podido entusiasmar con amor los corazones de nuestras generaciones actuales al describir la última fuente de todo amor y entusiasmo?

Si la humanidad conociera a Muhammad, se habría enamorado de él, como Maynun se enamoró de Layla. [4] Siempre que su nombre fuera mencionado, temblarían de alegría esperando entrar en la atmósfera que le rodea a él y a aquellos que siguen su camino incondicionalmente.

Sólo podemos amar a quienes conocemos, y sólo hasta lo que alcanza nuestro conocimiento. Nuestros enemigos han intentado hacérnoslo olvidar, y asegurarse de que su nombre ya no sea mencionado. Como él es apoyado por Allah, todos los obstáculos han sido derribados y la nueva generación se somete a él tan gozosamente, como el que está muriendose de sed y al final encuentra el agua que tanto buscaba. Su impresionante ternura y su compasión abrazarán a cada persona "sedienta" que se le acerque.

Debéis haberos dado cuenta de que cuando venís al salat del yuma (el salat del viernes), la reunión de los fieles en la mezquita consiste fundamentalmente en jóvenes reunidos. ¿Os habéis pregun­tado alguna vez, a pesar del predominio de la equivocación y de la rebelión, del frío y otras dificultades, por qué los jóvenes vienen a las mezquitas y permanecen allí? Solamente hay una razón: Muhammad. Tanto si podemos percibirlo como si no, el alma y el corazón corren a él como las mariposas revolotean en torno a una vela. Incluso las ovejas descarriadas que no han tenido tanta suerte volverán a él. Los científicos y los pensadores lo estudiarán. Los que son actualmente sus enemigos, serán sus amigos íntimos y se refugiarán en su calurosa acogida. En su tiempo, hasta sus enemigos le aceptaron.

Una vez, relató un sueño: “Se me puso en una balanza junto a diez personas de mi Umma y yo fui mayor que ellas. Luego, me pesaron con cien y luego mil personas más y yo fui más pesado que todas”. [5] Relató también: “Y al final me pesaron con toda mi Umma y yo los superé a todos en peso”. [6] Él es mayor que toda la gente intelectual, los místicos y gente de espiritualidad, de fe y de conocimiento, ya que todos los otros seres fueron creados debido a él. Sabemos que en una ocasión Allah le dijo: “Si no fuera por ti, no hubiera creado las esferas”. [7]



Muhammad describe el significado de la creación

El universo es un libro. Si Muhammad no hubiera sido creado, este libro no podría haber sido entendido. Crear un libro incomprensible es una pérdida de tiempo y un esfuerzo inútil. Como Allah está más allá de tales cosas, Él creó a Muhammad para describir el significado de la creación. Allah sería su maestro y la Tierra y los firmamentos estarían sometidos a él. Contestaría a todas las preguntas eternas: “¿Quién soy y dónde me hallo?” “¿Por qué fui creado?” “¿Cuál es mi destino final?” y “¿Quién es mi guía durante ese viaje?”

Muhammad da sentido a la creación y da respuesta a tales preguntas. Si hubiera sido reconocido en su totalidad, habría sido realmente querido. Aunque sabemos poco sobre él, seguimos queriéndole.

Dejadme narrar un incidente que ocurrió durante una visita a la santa ciudad del Profeta. La atmósfera era agobiante. Se me ocurrió algo: Suplico a Allah cada mañana diciendo siete veces: “¡Señor Mío! ¡Protégeme del fuego eterno del infierno y hazme entrar en el Paraíso entre Tus siervos devotos!” ¿Puede existir algún creyente que no desee entrar en el paraíso? Sin embargo, en ese ambiente, me pregunté: “Si os invitaran a entrar en el paraíso por cualquiera de sus siete puertas, ¿preferiríais entrar en la Rauda-la zona de la mezquita situada cerca de la tumba del Profeta-o directamente en el paraíso?”. Creedme: Juro por Allah que me dije: “Este lugar es más atractivo para mí. He tenido oportunidad de rozar mi cara con la tierra de mi maestro, donde yo preferiría ser un esclavo encadenado a todas las otras cosas del mundo. No quiero dejar escapar esta oportunidad”.

Creo que es el deseo de todos los creyentes. Cuando tuve esa oportunidad, estaba con un miembro del Parlamento Turco, el señor Arif Hikmet. Me comentó que había prometido revolcarse en la tierra como un asno al entrar en Medina. Ese gran hombre cumplió su promesa. Cuando me acuerdo de ese incidente, no puedo reprimir las lágrimas.

El mensaje de Muhammad abraza a toda la humanidad y los genios

Desde que el Profeta Muhammad vino con una sagrada Ley que nunca será derogada, un Mensaje que abraza a toda la humanidad y los genios, y que tiene cientos de milagros que superan a los de los demás profetas, él es la cabeza de todos los profetas. Por lo tanto, él es el núcleo y la confirmación de todos sus milagros. Es decir, el acuerdo de todos los profetas sobre la misma fe y el testimonio de sus milagros apoyan la honestidad y la veracidad de Muhammad. Al mismo tiempo, él es el maestro y la cabeza de todos los awliya-santos-y los eruditos de pureza y del conocimiento profundo, que han alcanzado la perfección por su enseñanza y orientación, y por la luz de su sagrada Ley.

Además, él es el alma de las maravillas, la afirmación de todos y la fuerza de la verificación de sus conclusiones. Desde que el camino que ellos han seguido para alcanzar la verdad está abierto, pues así lo deseó él, tanto todas sus maravillas y conclusiones,-establecidas por una investigación meticulosa e intuición-, como el consenso sobre la misma fe, apoyan su misión profética y su veracidad. Es por ello por lo que su llegada es prometida por todos los profetas anteriores. Allah hizo un pacto con ellos de que creerían en él y le apoyarían.

Y cuando Allah concertó un pacto con los profetas: “Cuando venga a vosotros un Enviado que confirme lo que de Mí hayáis recibido como Escritura y como Sabiduría, habéis de creer en él y auxiliarle”. Dijo: “¿Estáis dispuestos a aceptar mi alianza con esa condición?” Dijeron: “Estamos dispuestos”. Dijo: “Entonces, ¡sed testigos! Yo también con vosotros, soy testigo”(3:81).

Todos los profetas guiaron sus vidas con total devoción a su promesa. Cuando el Profeta Muhammad iba a hacer su miray-la Ascensión o Viaje Nocturno-, dirigió su oración-el salat-ante las almas de todos los profetas. [8] Ellos, incluso Abraham, Moisés, Noé y Jesús, demostraron su deseo de convertirse en su almuecín-el que llama a rezar el salat-.

En la Biblia, Jesús dio repetidamente a sus discípulos las buenas nuevas de la llegada de Muhammad. Según Juan (véase 14:16, 26, 30; 16:7) él dijo:

Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre. Este Consolador, el Espíritu de la Verdad, al cual el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho. Ya no hablaré mucho más con vosotros porque viene el príncipe de este mundo; cuando el Revelador de la Verdad venga, os llevará a la Verdad. Es necesario que yo me vaya: porque si yo no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros.

Me pregunto si comprendemos su inigualable faceta como cabeza de familia. ¿Sabemos cómo ha criado a sus hijos o nietos, de modo que cada uno llegara a ser un gran líder en los siglos venideros? Trató a sus mujeres con tanto acierto, que no había ningún desacuerdo entre ellas. Él está más allá de todo intento de comparación como padre, marido o ser humano.

Él hizo acopio de tantas virtudes sublimes en su bendito ser, de tantas cualidades excepcionales en su misión profética, y de tantos méritos preciosos en la religión y en la sagrada Ley que predicó, que ni siquiera sus más implacables enemigos pudieron encontrarle defecto alguno. Visto que él reúne el cargo, la religión y las virtudes más encomiables, es ciertamente la personificación, el maestro y el representante de todas las perfecciones y las más altas y laudables virtudes que se encuentran en la creación.

Este perfecto comandante desafió a todo el mundo con pocos seguidores. Repelió a todo el que se opuso a sus enseñanzas y nunca fue derrotado, aunque no tuvo ningún maestro mortal y nunca fue a una academia militar.

Él estaba tan bien informado sobre la ciencia que habló a sus seguidores sobre casi todos los acontecimientos importantes que ocurrirían hasta el Día de la Resurrección, como si viera la televisión o leyera una tablilla oculta. [9]

Hace tiempo, un amigo mío me mostró una grabación de video en la que una pediatra canadiense, Keith Moore, había comprendido cómo el Corán relata el desarrollo del embrión humano en el útero y había declarado su aceptación del Islam. En el mismo casete, un psicólogo japonés, que había descubierto que el Islam resuelve muchos problemas que desconciertan a los científicos modernos, estaba intentando pronunciar las palabras árabes para hacer la misma declaración.

¿Quién enseñó aquellos hechos científicos a Muhammad? Es cierto que no habló por sí mismo. Las palabras que dijo le fueron reveladas por su Maestro, El que sabe todo, el Omnisciente. Según avance la ciencia, la humanidad podrá descubrir aspectos diferentes de su personalidad, y se arrepentirá de no haberlo conocido antes.

Sus Compañeros le conocieron y lo quisieron más que a sí mismos. Estuvieron dispuestos a sacrificar sus vidas para protegerle. Por ejemplo, él envió a un grupo de enseñantes a la tribu de Hudail, porque se lo habían pedido. Los incrédulos de la tribu Hudail traicionaron a sus maestros y mataron a la mayoría de ellos. Zaid ibn Dasina y Hubaib fueron entregados a la tribu de Coraich, que a la sazón era enemiga de los musulmanes.

Cuando estaban a punto de ser ejecutados, alguien le preguntó a Hubaib: “¿No deseas ahora que esté Muhammad en tu lugar y tú quedarte con tu familia en Medina?” Hubaib estaba sobrecogido y le respondió: “Preferiría ser cortado en partes a querer que Muhammad estuviera en mi lugar. ¡No quiero que una espina siquiera haga daño a su bendito pie, a cambio de que yo vuelva con mi familia!” Hubaib suplicó a Allah deseándole paz y bendiciones a Su Mensajero y que confirmara que se había mantenido leal hasta la muerte. Entretanto, el Profeta informó a sus Compañeros sobre el martirio de Hubaib, y devolvió sus saludos. [10]

Una mujer llamada Sumaira corrió al campo de batalla al oír que los musulmanes habían sufrido un revés en Uhud. Le mostraron el cadáver de su padre y los de su marido y de su hijo, pero ella los ignoró. Sólo siguió preguntando que había pasado con el Profeta. Cuando uno le llevó hasta el Profeta, se tiró al suelo cerca de sus pies y exclamó: “¡Mensajero de Allah! ¡Todas las desgracias no tienen ningún sentido ante mí, siempre que tú estés vivo!” [11]

Era tan querido que sus Compañeros habrían dado sus vidas si eso hubiera significado que viviría para siempre. Sin embargo, era mortal como todos los seres creados. La hora señalada se acercó y él tuvo que despedirse de sus amigos hechos durante veintitrés años. Muaz ibn Yamal había ido y venido entre Medina y Yemen transmitiendo el Mensaje del Profeta. El día que estaba a punto de irse, el Mensajero de Allah le dijo: “Muaz, ahora vete a Yemen. Cuando vuelvas, probablemente visitarás mi mezquita y mi tumba”. Estas palabras fueron suficientes para que se viniera abajo emocionalmente. [12]

Nuestros problemas pueden ser solucionados sólo siguiendo su camino

Los problemas de nuestro tiempo serán solucionados siguiendo el camino de Muhammad. Esto ha sido reconocido por intelectuales imparciales de Occidente y de Oriente. Como reconoció Bernard Shaw, la humanidad puede resolver sus problemas acumulados volviendo al Profeta Muhammad, quien resolvió las situaciones más complicadas de la manera más sencilla.

La humanidad está a la espera de la vuelta del espíritu muha­m­ma­diano–de los fieles seguidores de Mahoma-mediante el Mensaje de Muhammad. Cuando vuelvan a él para resolver sus problemas, se salvarán de la explotación, se liberarán del sufrimiento, conquistarán la verdadera paz y la felicidad. Este segundo renacimiento ya ha empezado a pesar de la aversión de los incrédulos:

Quisieran apagar de un soplo la Luz de Allah, pero Allah hará que resplandezca, aunque a los incrédulos no les guste. Él es Quien ha mandado a Su Mensajero con la Dirección y con la religión verdadera para que prevalezca sobre toda otra religión, aunque a los politeístas no les guste (61:8-9).

Allah ensalzará su religión y la gente correrá hacia el Profeta Muhammad. Encontrarán la paz y la felicidad con él. La humanidad finalmente aprenderá a vivir en seguridad gracias a él, y eso hará que parezca que vive en el paraíso aunque esté en este mundo temporal. Eso tendrá lugar a pesar de la presencia de los incrédulos de cada país, los malhechores, los hipócritas y los que le ignoran. El señor de los profetas, cuyo nombre proclamamos desde los alminares cinco veces al día, entrará tarde o temprano en los corazones de todos los seres humanos. Como el Profeta Muhammad era un hombre de paz, la humanidad ha encontrado la felicidad en su Mensaje transmitido: el Islam.


[1] En cualquier publicación que trata del Profeta Muhammad, su nombre o título es seguido por la frase “que Allah le bendiga y le dé la paz” para mostrar nuestro respeto a él y porque es una tradición islámica hacerlo. Una frase similar se usa para sus Compañeros y otros musulmanes ilustres: “que Allah esté complacido con él (o con ella)”. Sin embargo, como esta práctica podría molestar a lectores no musulmanes, estas frases no aparecen en el libro, con la condición de que se den por supuestas y sobreentendiendo que ninguna falta de respeto es intencionada.


[2] Maurice Bucaille es un médico y científico francés que aceptó el Islam hace aproximadamente 25 años. Roger Garaudy es uno de los ideólogos del comunismo de nuestra época y un importante cargo del Partido Comunista Francés años atras. Él eligió el Islam hace aproximadamente 20 años.
[3] Es la plegaria preceptiva que se efectúa cinco veces al día.
[4] Layla y Maynun son dos figuras legendarias que se amaron el uno al otro profundamente.
[5] Qadi Iyad, Shifa’ al-Sharif, 1:173.
[6] Ahmad ibn Hanbal, Musnad, 2:76.
[7] Al-Ayluni, Kasf al-Khafa’, 2:232.
[8] Ibn Yarir al-Tabari, Yami’ al-Bayan ‘an Ta’wil Ay al-Corán; Ibn Kazir, Al-Bidaya wa’n-Nihaya, 3:139.
[9] Sahih al-Muslim, “Fitan, 24-25”: Ibn Hanbal, 1:4.
[10] Ibn Kazir, Al-Bidaya, 4:76.
[11] Ibn Kazir, Al-Bidaya, 4:54; al-Haysami, Mayma al-Zavaid, 6:115.

[12] Ibn Hanbal, 5:235.




El período oscuro de la ignorancia
Cada período de la historia caracterizado por la presencia de falsos dioses, ya sea por la adoración de los ídolos, ya sea deificando los indivi­duos o atribuyendo la creación a la naturaleza y a causas mate­riales, es totalmente oscuro. Cuando la fe en Allah el Único falta en los corazones de la gente, esto oscurece sus mentes y almas, cambia las normas y los acontecimientos y el mundo son juzgados desde un falso punto de vista. El Corán define este estado moral, espiritual, social e incluso económico como ignorancia–yahilia-:

O como tinieblas en un mar profundo, cubierto de olas, unas sobre otras, con nubes por encima, tinieblas sobre tinieblas. Si se saca la mano, apenas se la distingue. No dispone de luz ninguna aquel a quien Allah se la niega (24:40).

No me gusta describir la falsedad. Además, describirla está mal allí donde la verdad puede ser descrita. En las Palabras de Allah: Y ¿qué hay más allá de la Verdad, sino el extravío? (10:32). Sin embargo, para aclarar el tema, voy a decir algunas palabras sobre la era preislámica, conocida como la Era de Ignorancia.

El Profeta Muhammad apareció en un tiempo en que la gente había olvidado su conocimiento de la religión verdadera, y habían vuelto a la adoración de los ídolos de piedra, de barro, de pan, e incluso de queso. Como se indica en el Corán:

En lugar de servir a Allah, sirven a lo que no puede ni dañarles ni aprovecharles, y dicen: “¡Éstos son nuestros intercesores ante Allah!” (10:18).

Estaban tan degradados en pensamiento y moral que, como lo relata Abu Darr al-Ghifari, cortaban en trozos sus ídolos y se los comían. La única excusa que tenían consistía en que ellos seguían los pasos de sus antepasados:

Y cuando se les dice: “¡Seguid lo que Allah ha revelado!”, dicen: “¡No! Seguiremos las Sunna de nuestros padres” (2:170).

Enterraban vivas a sus hijas también:

Cuando se le anuncia a uno de ellos una niña, se queda hosco y se angustia. Esquiva a la gente por vergüenza de lo que se le ha anunciado, preguntándose si la conservará, para deshonra suya, o la esconderá bajo tierra... (16:58-59).

Las mujeres fueron despreciadas, no solamente en la Arabia preislámica sino también en las tierras de los sasánidas y de los romanos. El Corán abiertamente declara que los hombres serán preguntados acerca de esto: Cuando se pregunte a la niña enterrada viva ¿qué crimen cometió para que la mataran? (81:8-9)

Después de que Muhammad declarara que era un Profeta, uno de sus Compañeros le dijo lo que él había hecho con su hija:

¡Mensajero de Allah! Yo tenía una hija. Un día le dije a su madre que la vistiera, para llevarla a ver a su tío. Mi pobre esposa sabía lo que esto significaba, pero no podía hacer nada más que obedecer y llorar. Vistió a la muchacha, que estaba muy feliz porque iba a ver a su tío. La detuve cerca de un pozo y le dije que mirara adentro. Mientras ella miraba, la empujé. Mientras ella caía dentro, me gritaba: “¡Papá! ¡Papá!"

Mientras el hombre contaba esto, el Profeta sollozó como si él hubiera perdido a uno de sus parientes más cercanos.[1]

Se les endurecieron los corazones. Cada día se cavaba un hoyo en el desierto para sepultar a una muchacha inocente. Los seres humanos eran más brutales y crueles que las hienas. El poderoso aplastaba al débil. Consideraban la brutalidad como la humanidad, la crueldad recibía la aprobación general, los sanguinarios eran ensalzados, la matanza era considerada como una virtud, y el adulterio y la fornicación eran más comunes que el matrimonio legal. La estructura de la familia había sido destruida.

Este período oscuro fue seguido por el Islam. Además de la erradicación de otros males, Allah declaró en el Corán: No matéis a vuestros hijos por miedo a empobreceros-ya os proveeremos Nosotros a vosotros y a ellos (6:151).

[1] Darimi, Sunan, “Muqaddima” 7-8.





La vida del Profeta antes de su misión profética
El Profeta Muhammad fue criado bajo la atenta mirada y el cuidado de Allah. Su padre Abdallahmurió antes de que él naciera, lo que significó que tuvo que depositar su confianza en Allah y entregarse completamente a Él. Visitó la tumba de su padre años después en Medina, lloró a lágrima viva su corazón, y a su vuelta dijo: “Lloré por mi padre y supliqué a Allah para que le perdonara”.

Después de la muerte de su padre, Allah lo privó del apoyo de los demás y lo orientó para que se diera cuenta de que no hay más dios que Allah, Quien no tiene igual.

Su abuelo y tío le protegieron hasta cierto punto pero él se percató de que su verdadero protector era Allah. Detrás de cada fenómeno, y de cada causa y efecto, pudo discernir al Único Creador del universo y de las causas. En la luz de la Unidad Divina-tavjid-le sería manifestado que Allah es el Único. Es decir, él sería probado en este mundo de sabiduría, donde las causas y los medios materiales tienen lugar en cada logro, y así tendría que usar las causas y medios materiales necesarios y tomar las medidas adecuadas para lograr cada objetivo. Tendría que depender totalmente de su Señor y suplicarle ayuda, así demostrando que sólo Allah puede crear los resultados y dar el éxito.

Como resultado de la muerte de su padre, le llamaron “El Incomparable Diamante Huérfano”-Durr-i Yekta-. Con referencia a esto, Allah se dirigió a él dos años después:



Tu Señor te dará bienes y quedarás satisfecho. ¿No te encontró huérfano y te recogió? ¿No te encontró pobre y te enriqueció? En cuanto al huérfano, ¡no le oprimas! Y en cuanto al mendigo, ¡no le rechaces! (93:5-6, 8-10)

El Incomparable Diamante Huérfano también perdió a su madre, Amina, a una temprana edad. Cuando ella murió en Abwa a la edad de veinticinco o veintiséis años, durante el camino de vuelta tras visitar la tumba de su marido en Medina, Muhammad tenía sólo seis años. Así, él aprendió el dolor de no tener padre ni madre. En efecto, él aprendería y sufriría todo, ya que había sido enviado para enseñar todo a la humanidad y ser un ejemplo en el amplio sentido de la palabra.

Su abuelo Abd al-Muttalib, un anciano respetado de La Meca, se dedicó a protegerle. Por esta razón, Allah salvó a Abd al-Mutalib de la desgracia. Él acogió a su querido nieto, y siempre le ofreció un sitio preferente en su casa.

Él sintió que Muhammad crecería para salvar a la humanidad. Muhammad era tan noble y educado que su abuelo suponía que sería un Profeta. Él no era el primero de sus antepasados en serlo, no obstante: Kab ibn Luayy, a quien algunos consideran un profeta, predijo que el Último Mensajero se criaría entre su propia progenie. Él lo mencionó con su nombre:



De repente el Profeta Muhammad aparecerá;
él dará noticias y será veraz en ellas.

Abd al-Muttalib, a quien ni el gran ejército de Abraha consiguió hacer que se le llenaran los ojos de lágrimas, lloró amargamente cuando estaba en el lecho de muerte. Cuando su hijo Abu Talib le preguntó el porqué lloraba, contestó: “Lloro porque ya no podré abrazar a Muhammad” y añadió: “Tengo miedo de que algo le pueda pasar a mi Diamante Incomparable. Te lo confío”.

Abu Talib asumió la protección de Muhammad y, a cambio, a su hijo Ali le sería otorgado ser el padre de la progenie de Muhammad. Después de convertirse en Profeta, el Mensajero de Allah le dijo a Ali: “La progenie de cada Profeta ha descendido de él, pero mi progenie descenderá de ti”. Ali sería el santo mayor y el padre de los santos que vendrían hasta el Último Día, como representante de la santidad del Profeta. Esta es la recompensa de Abu Talib por ayudar a Muhammad.

Abu Talib protegió a Muhammad con suma atención. Ibn Ishaq, entre otros historiadores y biógrafos, relata que él llevó a su sobrino a Siria en una caravana comercial cuando Muhammad tenía diez o doce años. Pararon cerca de Damasco y le dijeron a Muhammad, que como era el más joven, cuidara de la caravana. Desde un monasterio cercano, un monje cristiano, Bahira, observaba la caravana. Él esperaba la llegada del Último Profeta, y así siempre estudiaba a la gente. Notó que una nube seguía la caravana de tal modo que uno de sus miembros siempre tuviera sombra.[1] Él pensó: "Ésta es una característica especial de los profetas. El Profeta esperado debe de estar en aquella caravana”.

Cuando la caravana se detuvo cerca de su monasterio, Bahira invitó a sus miembros a una comida. Al notar que la nube todavía se cernía sobre la caravana, preguntó a Abu Talib si alguien había sido dejado atrás. Abu Talib contestó que habían dejado a un muchacho joven para cuidar de las cosas. El monje les pidió que lo trajeran. Cuando Muhammad llegó, Bahira llevó a Abu Talib a un lado y le preguntó sobre su relación con el muchacho. “Es mi hijo” contestó Abu Talib, pero Bahira rechazó esto, diciendo: “Él no puede ser tu hijo. Según nuestros libros, su padre debe haber muerto antes de su nacimiento”. Luego añadió: “Déjame darte este consejo. Lleva a este muchacho de vuelta inmediatamente. Los judíos son envidiosos. Si lo reconocen, le harán daño”. Abu Talib puso una excusa a los otros miembros de la caravana y volvió a La Meca con su sobrino.[2]

El Profeta Muhammad hizo un segundo viaje cuando tenía veinticinco años, con la caravana comercial de Jadiya, una viuda respetada con la que se casaría más tarde. Durante el viaje, él se encontró con Bahira una vez más. El monje se puso muy contento con este segundo encuentro, y le dijo: “Serás un Profeta, el Último Profeta. Quiero que Allah permita que yo viva para verte alzar como un Profeta. ¡Yo te seguiría, llevaría tus zapatos y te protegería contra tus enemigos!”

Otro acontecimiento principal de la temprana vida de Muhammad fue la guerra sacrílega que aconteció durante su adolescencia. Era la cuarta guerra que violaba la santidad de los meses sagrados Dhu Al-Qadah, Dhu Al-Hiyah, Muharram y Rayab y el territorio sagrado de La Meca. Su causa directa fueron los celos y la animosidad de dos hombres. Uno era de los Banu Kinanah-un grupo confederado a la tribu Coraich-y otro del Qays-Aylan-un clan importante de la tribu Hawazin-. El futuro Profeta, que terminaría con toda la injusticia y la anarquía, ayudó a su tío Zubayr ibn Abd Al-Muttalib juntando las flechas del enemigo, quien representaba a los Banu Hashim en la guerra.

Otro acontecimiento importante fue su presencia en la reunión resultante del hilf al-fudul-la alianza de los virtuosos-. Esta liga contra la injusticia fue patrocinada principalmente por las tribus Banu Hashim y Banu Al-Muttalib. Fue creada para asegurar que los comerciantes extranjeros no fueran más privados de sus derechos por más tiempo, como ocurrió cuando el Coraichi As ibn Wail se apropió de los bienes de un comerciante yemení. El yemení apeló a los líderes Coraichíes en demanda de ayuda, pero éstos le ignoraron.

Cuando los Banu Hashim, la tribu de Muhammad, se enteraron de esto, decidieron formar el hilf al-fudul y obligar a restituir el dinero del comerciante. Hicieron el juramento de que siempre que alguien en La Meca, ciudadano o forastero, sufriera una injusticia, ellos le ofrecerían apoyo hasta que la justicia fuera restablecida. A Muhammad le impresionaron tanto estos nobles objetivos, que diría más tarde: “Asistí a la conclusión de un acuerdo en la casa de Abdallah ibn Yudan. Yo no lo cambiaría por la mejor ganancia material. Si alguien lo reivindica en el Islam, yo le apoyaría”.

La infancia y la juventud de Muhammad eran un preludio de su Profecía. Aparte de otras características excelsas y laudables, todos estaban de acuerdo en su veracidad y honradez. Nunca mintió, engañó, faltó a su palabra, o participó en rituales paganos. Le llamaron al-Amin, “que dice la verdad” hasta sus enemigos más implacables. La gente decía:




Compartir con tus amigos:
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   31


La base de datos está protegida por derechos de autor ©composi.info 2017
enviar mensaje

    Página principal