El Principado y el Dominado



Descargar 89.99 Kb.
Fecha de conversión24.05.2018
Tamaño89.99 Kb.

Escuela de Derecho

Universidad Católica del Norte, Sede Coquimbo.

Cátedra de Historia del Derecho

Ayudante: Daniel Bravo Silva.



El Principado (31 a.C. a 235 d.C.)

El Principado es el periodo de la historia de Roma que sucede a la República, caracterizado por la supervivencia de las instituciones republicanas, en conjunto, junto a un poder centralizado, producto de la creación de un nuevo órgano, el príncipe (princeps), y que fue iniciado por Octavio1.

El comienzo de este periodo está fechado el año 31 a.C., luego de la batalla de Accio (Actium)2, que puso fin a la crisis de la República.


  1. Octavio y el origen del Principado.

Después de Accio, Octavio3 muestra deseos de volver a la normalidad constitucional republicana, si bien conservado los poderes extraordinarios que le aseguraron el mando del ejército y el dominio de las provincias, y así, desde el año 31 a.C., asume anualmente el cargo de cónsul, lo que le confiere la investidura constitucional normal para el ejercicio de su poder en Roma e Italia. Por otro lado, desde el año 30 a.C. se atribuye el gobierno de Egipto.

El 13 de enero de 27 a.C. declara en el Senado su voluntad de restituir al propio Senado y al pueblo, que se encontraban desprovistos de competencia, por la atribución a él de poderes extraordinarios, el gobierno del “Estado” romano4. Esto implicaba la renuncia, por su parte, a los poderes extraordinarios nacidos de la coniuratio5, consolidados por el consenso general6 luego de la victoria definitiva.

Sin embargo, no suponía todavía, como el mismo Octavio quería hacer creer, la restauración de la constitución republicana, dado que, aparte de la conservación del consulado, el Senado se apresura a conferirle, además del nombre Augustus y otros signos honoríficos, un imperium, confirmado, mediante una ley, por diez años, para regir las provincias aún no pacificadas y que, por tanto, requerían la presencia de tropas. Imperium que él, reelegido anualmente cónsul hasta el año 23 a.C. pudo ejercitar en tal sentido, pero asegurándole el mando exclusivo de los ejércitos y apareciendo desvinculado de los estrechos límites de la colegialidad y de la anualidad, lo sitúa fuera de las reglas constitucionales republicanas.

Finalmente el año 23 a.C., habiendo renunciado Augusto al consulado, basándose en el acuerdo del senado se realiza una ulterior reforma en su posición constitucional, que da entrada definitiva al nuevo régimen.


  1. Los poderes, títulos y honores de Octavio.

A Augusto se le confiere mediante una ley, posiblemente con un plebiscito, la potestad tribunicia (tribunicia potestas) vitaliciamente7.

Se le concede, además, el imperio proconsular (imperium proconsulare) vitaliciamente, sin límite territorial y temporal. Este imperium constituye prosecución del imperio que ya se le había atribuido el año 27 a.C., en razón de su calidad de cónsul, pero la diferencia estriba en que ahora lo asume no estando investido del consulado, por lo que se le califica de proconsular.

Entre los otros poderes que poseía Augusto, se puede mencionar el ius belli ac pacis, el derecho a decidir sobre la guerra o la paz, que le permitía concertar tratados internacionales, lo que le aseguró la total dirección de la política exterior y de la diplomacia internacional.

En cuanto a los títulos, Octavio, en virtud de la abrogación testamentaria de César, había tomado su nombre y más específicamente el apelativo de imperator8, que servía para designar la titularidad de un imperium extraordinario, de acuerdo a los precedentes republicanos, por lo que pasó a llamarse Caesar Imperator. Posteriormente, luego que le Senado le confirió el nombre honorífico de Augustus, de marcado tinte religioso (cuyo significado es venerado, honorable osagrado) en el año 27 a.C., su denominación corriente pasó a ser Imperator Caesar Augustus.

Anteriormente, en el año 28 a.C., el Senado le había otorgado el título de princeps senatus, que durante la República tuvo otro significado9, ya que aquí era en el sentido absoluto de princeps civitatis o princeps universorum (Augusto se califica, en Res gestae, simplemente como princeps, sin calificativo, entendido como primer ciudadano).

El último título honorífico atribuido a Augusto, en el año 2 d.C., por aclamación del Senado, de la orden ecuestre y del pueblo, fue el de pater patriae (padre de la patria)10, de evidente contenido ético-político.

En relación a los honores de carácter religioso, Augusto, aparte de ser miembro de uno de los principales colegios sacerdotales romanos, obtiene por una ley el año 12 a.C., después de la muerte de Lépido, el pontificado máximo (pontifex maximus) y, con él, la dirección oficial de la vida religiosa.



  1. Naturaleza jurídica del Principado.

Desechada la definición de Principado de Augusto, como mera restauración republicana, contraria no sólo a la realidad política, sino también a la jurídico-constitucional, reconociendo la inserción de un elemento indudablemente diferente a las viejas estructuras republicanas, si bien conservando unido el concepto tradicional de libera res publica (como antítesis del regnum helenístico), es necesario determinar la naturaleza jurídica del régimen constitucional del Principado.

Entre las teorías que se han propuesto al respecto, se pueden mencionar:


  1. Diarquía: Mommsen señalaba que el Principado era una diarquía, es decir, un gobierno de dos entes o cabezas, pues por un lado se encontraba el poder del príncipe y por el otro el poder del Senado y demás órganos republicanos (magistraturas), que en conjunto gobernaban.

No cumple su propósito la fórmula precedente, pues entre el príncipe y el Senado no existía división de poderes. Ambos órganos no estaban colocados en un mismo plano, sobresaliendo la indiscutible preeminencia del príncipe, que podía intervenir en la esfera de competencia senatorial.

  1. Protectorado: Arangio-Ruiz, sostiene que el príncipe ejercía una protectorado respecto a la res publica, conservada en sus órganos, análogamente con los protectorados ejercidos por Roma, o bien por un rey griego o por un príncipe de su dinastía sobre ciudades que conservando su estructura ciudadana, sin embargo, habían entrado en la esfera de dominación política de Roma, del monarca o príncipe protector. O sea, un poder protector que se colocaba por encima de los órganos republicanos. Teoría que se podría verificar en la existencia de provincias senatoriales (pacificadas) y provincias imperiales (no pacificadas), pudiendo el príncipe intervenir en éstas; asimismo el fiscus Caesaris era superior al aerarium populi Romani, administrado por el Senado; como también en que los funcionarios designados por el príncipe (legati) responden ante este, con posibilidad de intervenir en las provincias senatoriales, lo que no sucede con los funcionarios republicanos, en relación a las provincias imperiales.

Sin embargo, tampoco satisface esta fórmula, pues Augusto no era, en lo que afecta a la República, ni un Estado o un monarca extranjero ni, en general, una autoridad extraña, sino que el mismo era ciudadano romano devenido órgano del único “Estado” Romano. Es decir, para hablar de protectorado debemos estar en presencia de diferentes Estados y no de órganos que forman parte de un mismo Estado.

  1. Monarquía: P. de Francisci señala que el Principado era sustancialmente un régimen monárquico, creado por la introducción de un órgano nuevo: el príncipe, insertado en la constitución republicana, formalmente conservada.

Esta tesis podría ser correcta si se refiere al periodo siguiente de la Historia de Roma, el Dominado, (o a la última etapa del Principado), pues todavía, en esta época, no se había realizado una transformación total del régimen republicano a uno monárquico, siendo un régimen mixto con preeminencia del príncipe.

  1. Situación de los órganos republicanos durante el Principado.

La constitución del principado de Augusto, como solución de compromiso entre lo nuevo y lo antiguo conserva, junto a las instituciones creadas, las tradicionales de la constitución republicana: Magistraturas, Senados y Asambleas populares.




    1. Las magistraturas.

En lo sustancial sobreviven las magistraturas republicanas ordinarias, salvo algunas excepciones, restauradas en su dignidad formal, que había resultado comprometida por los avatares del final de la República.

Mantienen, en general, sus poderes y atribuciones, pero paulatinamente van siendo mermadas, en beneficio del príncipe o de los funcionarios imperiales.

Entre las magistraturas mayores, la censura está prácticamente abolida, por la asunción, por parte del príncipe, de la censoria potestas. Respecto al consulado, es la magistratura que, por razones obvias, se reciente de forma más acusada, perdiendo en provecho del príncipe todo el poder de dirección militar. Privado del imperium militiae, ve también limitado por el princeps, y por los funcionarios dependientes de él su propio imperium domi. La duración del cargo, primero anual, se reduce a dos meses durante los Severos, permitiéndose la reelección. No siendo obstáculo, todo lo anterior, para que en el consulado permanezca la suprema representación del Estado en ausencia del príncipe, el poder de convocar y presidir el Senado y los Comicios, la eponimia, resultando con esto la magistratura más honorífica.

La magistratura que mantiene por mayor tiempo sus atribuciones es la pretura, dado que su función era la jurisdiccional, más técnica que política. Los dos pretores siguieron ejerciendo la jurisdicción civil, dentro del proceso formulario. Sin embargo, todo esto cambia cuando el príncipe se arroga la facultad de intervenir en la etapa previa del juicio y, especialmente, con el fin del agere per formulas y la aparición, durante Octavio, del procedimiento extraordinario (cognitio extra ordinem). Otro cambio fundamental se produce, durante el gobierno de Adriano, con la dictación del Edicto Perpetuo, obra del jurista Salvio Juliano en el año 129, lo que produce que el edicto del pretor no evolucione más.

Permanecen la edilidad (curul y plebeya), pero la preparación de los juegos públicos pasa a los pretores, y el suministro de la ciudad a los nuevos funcionarios imperiales, los praefecti annonae. En cuanto a los cuestores, reducidos a 20, pierden las obligaciones de vigilancia del erario, pasadas a los praetores aerari.

Permanecen también los tribunos de la plebe, como magistratura reservada a los plebeyos, pero desprovistos de toda influencia política, aunque con similares atribuciones, desapareciendo los relativos poderes legislativos, al dejar de reunirse los comicios.


    1. El Senado.

Sobrevive propiamente el Senado, cuya dignidad y autoridad fue restaurada por Augusto. No obstante, experimenta diversas alternativas bajo sus sucesores, aunque, perdiendo definitivamente el viejo carácter de asamblea suprema de gobierno, continúa siendo un órgano importante dentro de la constitución.

La renovación más radical de la asamblea fue operada en el año 18 a.C., fijando en 600 el número de senadores y restableciendo su prestigio mediante la exclusión de personas indignas.

En cuanto a los poderes del Senado, ya con Augusto perdió totalmente a favor del príncipe la dirección de la política exterior y militar, mientras aquella parte de la administración financiera y provincial aún reservada al Senado, tiende a disminuirse. Al dejar de reunirse los comicios, asume la función legislativa, pero en la función consultiva (propiamente senatorial), fue sustituido con el tiempo, por el Consilium princeps.

Por otra parte, el Senado adquiere y conserva durante el tiempo del principado, el derecho a nombrar formalmente al príncipe mediante la atribución conjunta de los títulos y poderes11.


    1. Las Asambleas populares.

Sobreviven también, en última instancia, las asambleas populares (y plebeyas) pero, dado el proceso de natural decadencia que venían dando muestra, y que el proyecto de restauración de Augusto no logró detener, sus funciones aparecen en franco declive , y su misma existencia, luego de la dinastía Julia-Claudia, se conserva como mera apariencia externa en aras a la tradición, de manera análoga a como continúa la distinción entre comicios centuriados y por tribus, aunque quede en la sombra que se han fundido en uno solo.

En lo que atañe a las funciones legislativas, se aprecia un reflorecimiento de la producción normativa merced a las leyes comiciales y a los plebiscitos, en tiempos de Augusto. Sin embargo, durante el gobierno de Tiberio se habrían dictado las últimas leyes comiciales (por tribus) y durante el gobierno de Claudio se habrían dictado los últimos plebiscitos.

Por sus funciones electorales, las asambleas siguieron confiriendo poderes y títulos al emperador mediante la lex de imperio, pronto reducida a mera aclamación en el pleno del Senado, aunque continuara correspondiéndole la elección de los magistrados republicanos.



  1. El órgano imperial y la base del poder del príncipe.

La atribución conjunta y vitalicia en Augusto de las tribunicia potestas y del imperium proconsulare infinitum et maius, constituyen el fundamento de la nueva y definida posición constitucional desprovista de los esquemas republicanos, que posee el príncipe.

Ambos poderes fueron el elemento constante de la posición del emperador, durante todo el principado, hasta el fin de la dinastía de los Severos, mientras que oscilaron la atribución de otros poderes o magistraturas12.

Tanto el imperium proconsulare como la tribunicia potestas se confieren de por vida, aunque, imitando lo que había sido hecho por Augusto, sus sucesores recurrieron a ceremonias de renovación cada diez años respecto al imperium y de repetición anual en orden a la última.




              1. Imperio proconsular vitalicio mayor e infinito.

El imperio se manifiesta como poder de mando, esencialmente militar. El príncipe es el jefe supremo del ejército, que le jura fidelidad; él manda y dispone de los ejércitos; nombra a los oficiales y generales, tiene a su cargo el reclutamiento de tropas, y la determinación de las retribuciones, condecoraciones y el licenciamiento de los soldados.

Este imperio se ejerce sobre todo respecto de las provincias. Fundamentalmente sobre las provincias imperiales, que requieren la permanencia de tropas a cargo de delegados del príncipe, pero también se ejerce sobre las provincias senatoriales. Asimismo, también se ejercía sobre Roma e Italia, donde reside en la guardia personal del emperador (guardia pretoriana) y las cohortes urbanas, con misión de policía.

Pero este imperio es, asimismo, infinito (infinitum), o sea, no conoce el límite territorial representado por el pomerio ciudadano, extendido por tanto a Roma y a Italia; así como también es mayor (maius) esto es, superior al de los procónsules de las restantes provincias (senatoriales), sobre las que se extiende el poder de control del príncipe, sin necesidad de gobierno directo, con la consecuencia de unirse a él el mando supremo, incluso de los ejércitos allí radicados.


              1. Potestad tribunicia.

La tribunicia potestas confiere al príncipe, todas las facultades de los tribunos de la plebe, ante todo, la inviolabilidad, sin limitación territorial al pomerium, y el derecho negativo de intercessio, sin que él esté sujeto a la intercessio de sus colegas, pues no es tribuno.

Conexo a la potestad tribunicia está el ius agendi cum patrum, por el cual podía convocar al Senado, convalidar con su presencia cualquier reunión, presentar relaciones verbales o escritas proponiendo senado consultos.



  1. La burocracia imperial.

La burocracia imperial estaba formada por todo el aparato administrativo (cargos, funcionarios, recursos, etc.) destinado al funcionamiento del principado.

En el príncipe confluyen una serie de funcionarios, algunos de nueva creación, por él nombrados como colaboradores en el despacho de asuntos varios, en parte sustraídos de la competencia de las magistraturas republicanas y en parte respondiendo a exigencias nuevas. Lo anterior provoca un aumento de funcionarios y una mayor centralización del poder.

Todos estos funcionarios imperiales tienen importantes diferencias con las magistraturas republicanas: reciben una remuneración, poseen una escala jerárquica rigurosa, y una organización muy similar a la militar.

Además, es preciso indicar que éstos, no eran, jurídicamente, funcionarios estatales, sino empleados particulares del princeps, y la caja con que él financiaba las actividades de toda la administración (o burocracia), el fiscus Caesaris, estaba formado por fondos particulares suyos (auque, como es natural, ingresaban allí la mayoría de los ingresos estatales).

De los nuevos funcionarios se puede mencionar al praefectus urbi y a los praefecti praetorio. El prefecto urbano es una figura que formalmente se conecta con la antigua del mismo nombre, aparecida en la Monarquía y mantenida en la República, para designar al delegado del magistrado supremo en el gobierno de la ciudad en su ausencia. Le está encomendada la custodia urbis, o sea, el ejercicio de la funciones de policía en la ciudad, a lo que se une el mando de tres o cuatro cohortes urbanas, y funciones judiciales (en la cognitio extra ordinem). Posteriormente deviene en un órgano jurisdiccional.

Los prefectos del pretorio fueron instituidos en el año 2 a.C., por Augusto a modo de comandante de la guardia personal del emperador, constituidas por cohortes pretorias, radicadas en Roma. Su función de mando de la guardia imperial se extendió a todas las tropas localizadas en Italia, a excepción de las cohortes urbanas y ciertas legiones acantonadas en Italia. También se les confiaron funciones judiciales en el procedimiento extra ordinem.

Sin embargo, el órgano más importante es el llamado Consilium principis, creado por Octavio con carácter consultivo y no permanente, para conocer materias fundamentalmente judiciales (relativas al procedimiento extraordinario), y que era, normalmente, presidido por el príncipe.

Bajo los sucesores de Augusto el consilium principis, constituido para casos especiales y concretos por familiares y amigos del emperador, adquiere creciente importancia, transformándose en permanente durante el gobierno de Adriano, y se le agrega funciones administrativas y políticas (además de las jurídicas), al que se llaman a formar parte a altos funcionarios y juristas, en calidad de consiliarii retribuidos. Lo que no impide que modificara su composición de acuerdo a la materia llamada conocer.

El consilium principis acaba por convertirse en la máxima expresión de la burocracia imperial, y termina por sustituir al Senado como órgano consultivo del emperador en toda cuestión de interés público.



  1. La sucesión del príncipe13.

El problema de la sucesión del príncipe no encuentra con Augusto, ni en toda la duración del principado, una regla fija en lo que se refiere a su solución.

Formalmente como los distintos poderes le habían sido conferidos a Octavio por senado consultos o por leyes, así también la designación de sus sucesores siguió fundándose en una concesión análoga de poderes por parte del Senado, mientras que la concesión legislativa, a causa de la decadencia de las asambleas comiciales, se transformó en una mera aclamación popular.

Lex de imperio se denominó el procedimiento del Senado, aprobado por aclamación del pueblo, por el cual se acostumbró a conferir unitariamente a los sucesores de Augusto, los varios poderes que él había gozado. Tal atribución de poderes constituyó para todo el principado el fundamento legal de investidura del nuevo príncipe, aunque en realidad la elección efectiva de éste estaba ya preparada por predecesor, o bien dependía de las distintas fuerzas políticas y sobre todo militares del imperio, las cuales en último extremo, aclamando como imperator a su candidato, anticipaban y determinaban su investidura por parte del Senado.

La necesidad de la atribución formal de poderes estaba sustentada en la idea misma del princeps, cuya suprema autoridad no se concebía como patrimonio hereditario, sino como posición de supremacía, de fondo moral o político, basada en sus méritos personales, generalmente reconocidos.

Si esta concepción impedía acoger un verdadero y propio principio de sucesión hereditaria o dinástica, por lo demás extraño a la tradición romana, ya a partir de Augusto no dejaron de manifestarse tendencias, por parte del príncipe investido, para pretender que el poder se conservare en el seno de la propia familia, tal cual se había conocido en la tradición republicana, la transmisión del padre al hijo, en el ámbito de la familia de la nobilitas, la posición social y política y con ello la aspiración a ostentar los cargos públicos.

En definitiva hubo dos procedimientos:




              1. Adopción.

Se adoptaba, en lo posible, en el círculo de su familia, al sucesor, otorgándole algunos de los poderes del gobernante en ejercicio (generalmente la potestad tribunicia), mediante las habituales formas legales (intervención del Senado y aclamación popular), aunque se trataba de un mero expediente político que no eliminaba, por lo general, la necesidad de investidura formal a la muerte del predecesor.


              1. Asociación al trono o corregencia (cooptación).

Se elige al sucesor, en lo posible, dentro del círculo de la familia, y se le otorgan al corregente poderes del mismo rango del príncipe en ejercicio, limitado a algunas de las atribuciones fundamentales (imperio proconsular o potestad tribunicia) o ambas, si bien con independencia entre ambos, salvo el reconocimiento de la preeminencia del príncipe titular y sus mayores poderes, títulos y honores.
La práctica tiende a convertir las sucesiones en hereditarias. Posteriormente el elemento militar, en principio representado tan sólo por la guardia imperial y por las cohortes radicadas en Roma, después además por las legiones que constituían el nervio de las fuerzas del imperio, se arrogó el derecho de proceder a la proclamación del nuevo emperador (generales victoriosos), imponiendo consiguientemente, la investidura formal.

La falta de una adecuada reglamentación de este fenómeno, motivó que la sucesión del príncipe acabare siendo influenciada por complejos factores ambientales, que interfiriéndose y luchando entre ellos, provocaron ocasionales crisis de poder, cuando no insurrecciones.

La muerte del último de los Severos, Alejandro, acaecida el año 235 d.C., que marca, de forma convencional el fin del Principado, fue seguida de un largo periodo de anarquía (235 a 284)14.

El Dominado (284 d.C. a 476 d.C. [1453])

El último periodo de la historia de Roma, y última fase del Imperio, es el Dominado, que comienza en 284. En ese año, el ejército aclama emperador, en Nicomedia15 (sector oriental del imperio)16, a un general ilírico, Cayo Valerio Diocle17 que, tomando el nombre de C. Aurelius Valerius Diocletianus, devendrá pronto dueño absoluto de todo el Imperio; continuarán, sin embargo, produciéndose los motivos de presión del exterior (pueblos germanos o bárbaros, en particular en la frontera oriental del Imperio) y de agitación interna, a los que el nuevo emperador deberá hacer frente, sea con la fuerza de las armas, sea llevando a cabo una serie de reformas en la total organización estatal.



  1. Diocleciano y el Dominado.

Elementos básicos para la unidad y la solidez del Imperio fueron siempre el reconocimiento de la autoridad y la estabilidad del poder imperial. Diocleciano pretende, ante todo, consolidar el poder absoluto del emperador (como en una monarquía absoluta), dándole una connotación religiosa y rodeándolo de un halo místico a la misma persona del monarca.

Por esto asume, siguiendo los precedentes de los emperadores Aureliano, Probo y Caro, el título de dominus et deus (señor y dios), de allí el término con que se designa este periodo. Asimismo utiliza el apelativo de Iovius, no ya como protegido y representante de Júpiter, sino como verdadera encarnación de él mismo.

También introduce en la corte un ceremonial derivado de la monarquía helenística y persa, por el cual el emperador vive retirado en su palacio y, recubierto con preciosos mantos de púrpura y oro, aparece en presencia de sus súbditos (ya no ciudadanos), que deben arrodillarse (prosternarse) en acto de adoratio, mediante un ritual muy complicado.

El expediente, no hubiere resultado más ventajoso para Diocleciano de lo que hubiere a sido para sus predecesores si no hubiere sido acompañado de medidas prácticas, encaminadas a consolidar el poder imperial. Con el transcurso de los años construirá un sistema tetrárquico de regencia imperial.


    1. La tetrarquía.

Diocleciano instituyó la tetrarquía18 como medio para impedir levantamientos militares y proporcionar estabilidad en la sucesión, dividiendo de facto (hecho) al Imperio en dos partes o secciones.

El Imperio quedaba a cargo de dos Augustos y dos Césares. Se conocieron como augustos a los dos emperadores o gobernantes en ejercicio, incluido él mismo, y como césares a los dos reemplazantes. La dirección del imperio se dividía entre los cuatro, es decir, entre el propio Diocleciano y Maximiano19, ambos con el título de augusto, de oriente20 y occidente21, respectivamente, por un lado, y Galerio22 (oriente) y Constancio Cloro23 (occidente) como césares24.

Sin embargo, la mayor parte del poder (preeminencia) se lo reserva Diocleciano, arrogándose la facultad de intervenir en Occidente.



    1. Algunas reformas de Diocleciano.

Otro problema de primer orden, tanto para la defensa externa del Imperio como para la estabilidad del poder imperial, era el de la reorganización del ejército, a la que Diocleciano consagró especial atención.

Para ello reunificó el ejército, incrementó el número de sus efectivos, fuerza destinada principalmente a la protección de los confines del Imperio (limitanei). Para los cuerpos auxiliares, admitió nuevos contingentes de origen bárbaro, prisioneros o voluntarios.

Administrativamente, dividió el Imperio en 101 provincias, dirigidas por gobernadores, agrupadas en doce diócesis25, dirigidas cada una por un vice agens praefectorum praetorio o vicarius (subordinado al prefecto del pretorio), y en cuatro partes principales, cada una de ellas dirigida por un césar o un augusto.



  1. Constantino.

Emperador romano (306 a 337), el primero de ellos convertido al cristianismo. Fundador de Constantinopla (la actual Estambul), capital del Imperio romano de Oriente (y más tarde Imperio bizantino) hasta 1453.

Nacido con el nombre de Flavio Valerio Constantino, en Naissus26, hijo de Constancio Cloro (más tarde emperador Constancio I) y de Elena (que llegó a ser canonizada como santa Elena).

Fue tan popular entre sus tropas que le proclamaron augusto cuando Constancio murió ese mismo año (306). Sin embargo, durante las dos siguientes décadas tuvo que luchar contra sus rivales al trono, y no logró ser emperador único hasta el 324.

Siguiendo el ejemplo de su padre y de los anteriores emperadores del siglo III, en su juventud fue un henoteísta solar: consideraba que el dios romano Sol era la manifestación visible de un Dios Supremo invisible (summus deus), que era el principio del Universo, y que era equiparado con el emperador romano. Su adhesión a esta creencia resultó evidente tras afirmar que vio al dios Sol, en el 310, mientras estaba en una arboleda de Apolo, en la Galia, en el mismo año en que derrotó a Maximiano.

En el 312, en la víspera de una batalla contra Majencio, su rival en la península Itálica e hijo de Maximiano, se dice que soñó como se le apareció Cristo y le dijo que grabara las dos primeras letras de su nombre (XP en griego) en los escudos de sus tropas. El día siguiente, la leyenda dice que vio una cruz superpuesta en el sol y las palabras “con esta señal serás el vencedor” (in hoc signo vinces). Derrotó a Majencio en la batalla del Puente Milvio, cerca de Roma, en octubre de ese año. El Senado aclamó al vencedor como salvador del pueblo romano y le tituló primus augustus.

Constantino consideró que el Dios cristiano le había proporcionado la victoria, por lo que abandonó sus anteriores creencias paganas. Detuvo la persecución de los cristianos, y junto al otro augusto, Licinio Liciniano, se le unió en la proclamación del Edicto de Milán, en el año 313, que ordenó la tolerancia del cristianismo en el Imperio romano y restituyó a la Iglesia los bienes confiscados.
Pronto comenzó la lucha por el poder entre Licinio y él, de la que en el 324 emergió único dueño del Imperio tras derrotar a aquél en Crisópolis. Como emperador de Oriente y Occidente, comenzó a realizar reformas administrativas importantes. Reorganizó el Ejército, y completó la separación de la autoridad civil y militar, comenzada por su predecesor, Diocleciano. Dirigió el gobierno central, en compañía de un consejo asesor, conocido como el sacrum consistorium. El Senado recuperó sus poderes, los cuales había perdido en el siglo III, y comenzó a emitir el sueldo (solidus) de oro, que fue la moneda de uso hasta el final del Imperio bizantino.

Intervino en los asuntos eclesiásticos procurando establecer la unidad de la Iglesia, amenazada por el arrianismo27; con este fin presidió el primer Concilio ecuménico de la Iglesia en Nicea, en el 325. También comenzó la construcción de Constantinopla, en el 326, en el emplazamiento del antiguo Bizancio griego. La ciudad se terminó en el 330 (ampliada más tarde), y fue embellecida con antiguas obras de arte griego. Además, Constantino construyó iglesias en Tierra Santa28.

El emperador fue bautizado poco antes de su muerte, el 22 de mayo del 337.


  1. Teodosio.

Emperador romano de Oriente (379 a 395) y de Occidente (394 a 395), último gobernante que dirigió un Imperio romano unido.

Teodosio estableció a la religión católica como la religión oficial del imperio, asimismo fue defensor del cristianismo dogmático; persiguió a los arrianos y desalentó la práctica de la vieja religión pagana romana, a veces de forma violenta29.

El 17 de enero del 395, tras su muerte en Milán, le sucedieron sus hijos, Arcadio en Oriente y Honorio en Occidente. Produciéndose definitivamente la división del Imperio.





  1. Rómulo Augustulo.

Último emperador romano de Occidente (475 a 476). Fue un usurpador, por lo que Zenón, emperador romano de Oriente, no le reconoció. En el 475 su padre, el general panonio Orestes, depuso al emperador Flavio Julio Nepote (que reinaba desde un año antes) y proclamó emperador a su hijo.

Debido a su juventud, se le llamó despectivamente Augústulo en lugar de Augusto. Orestes gobernó en su nombre durante un año, hasta que tropas bárbaras federadas radicadas en Italia, constituidas por hérulos y otras poblaciones germánicas, se sublevaron y proclamaron rey a Odoacro. Su entronización marcó el fin formal del Imperio romano de occidente30.

La tentativa de reconquista de occidente fue llevada adelante, y parcialmente actuada, por el emperador Justino I, prácticamente lograda en 554. Muerto Justiniano en 565, bajo sus inmediatos sucesores no sólo se perdieron paso a paso las tierras reconquistadas en Occidente, sino el mismo Imperio de oriente se encaminaba a su eclipse: lo poco que quedaba cuando se produce en 1453 la conquista de Constantinopla, por los turcos otomanos, tenía muy poco que ver con lo que había sido el Imperio romano.




1 Nacido en Roma el 23 de septiembre del año 63 a.C.; era sobrino nieto de Julio César, el que estaba orgulloso del joven y lo presentó en el Colegio de Pontífices (sacerdocio principal romano) a la edad de dieciséis años. Cuando César fue asesinado en el 44 a.C., Octavio estaba en Iliria, donde servía en el Ejército; a su regreso a Italia, se enteró de que era el heredero adoptivo de César.

2 Combate naval decisivo mantenido el 2 de septiembre del 31 a.C. frente al promontorio de Accio, en la punta meridional del golfo de Ambracia (en el noroeste de Grecia), entre la flota romana de bajo el mando de Marco Vipsanio Agripa, y una flota combinada romano-egipcia dirigida por Marco Antonio y Cleopatra. La batalla representó el fin de la vieja rivalidad entre Marco Antonio y Octavio por el control del mundo romano y estuvo precedida por un largo periodo de luchas entre sus dos grandes ejércitos acampados en las orillas opuestas del golfo de Ambracia.

En contra del consejo de sus generales y supuestamente a petición de Cleopatra, quien quería una oportunidad para retirarse a Egipto, Marco Antonio dio inicio al combate. Su flota, compuesta por 220 barcos pesados equipados con catapultas, se lanzó al ataque. La flota de Octavio, de 260 barcos ligeros, tenía mayor capacidad de maniobra. El resultado de la batalla era dudoso hasta que Cleopatra, aparentemente asustada por la maniobra del enemigo, ordenó al contingente egipcio, de 60 barcos, retirarse. Marco Antonio fue tras ella, pero la mayoría de los barcos que le quedaban pronto fueron abordados y aniquilados. La armada romano-egipcia se rindió a Octavio, quien de ese modo obtuvo una supremacía indiscutible en el mundo romano.



3 Antes sólo poseía los poderes asignados al (segundo) triunvirato, al ser uno de los triunviros.

4 Así se expresa en Res gestae: “Rem publicam ax mea potestate in senatus populique Romani arbitrium transtuli”.

5 Coniuratio Italiae et provinciarum, especie de juramento de fidelidad recibido de Italia y de las provincias occidentales en razón de la guerra finalizada en Accio.

6 Octavio expresa en Res gestae la justificación de sus poderes: he sido “proclamado señor de todas las cosas por consentimiento de todos” (per consensus universorum potitus rerum omnium).

7 En el año 36 a.C. se le había atribuido un ius tribunicium, que comprendía la inviolabilidad tribunicia y el derecho de permanecer en el senado como tribuno, aumentadas el año 30 a.C. con el ius auxilii, incluso fuera del pomerium; así pues, en el año 23 a.C. se completan estas prerrogativas tribunicias, con el ius intercessionis, el ius coercitionis y el ius agendi cum plebe.

8 Vocablo que se empleaba, tradicionalmente, para referirse al general victorioso al que se le confería el honor del triunfo.

9 El primero de los senadores.

10 Que también, en su tiempo, fue atribuido a César.

11 Aunque en la práctica influyesen en dicha designación varios elementos, especialmente el militar.

12 Ejercieron el consulado, tuvieron la potestas censoria, el derecho de guerra y de paz, la facultad de recibir embajadores extranjeros y de concluir tratados, entre otras.

13 Durante el principado se sucedieron las siguientes dinastías:

Julio-Claudia: Augusto (30 a.C. a 14 d.C.); Tiberio (14 a 37); Calígula (37 a 41); Claudio (41 a 54); Nerón (54 a 68).

Flavia: Vespasiano (69 a 79); Tito (79 a 81); Domiciano (81 a 96).

Antonina: Nerva (96 a 98); Trajano (98 a 117); Adriano (117 a 138); Antonio Pío (138 a 161); Marco Aurelio (161 a 180); Cómodo (180 a 192).

Severos: Septimio Severo (193 a 211); Caracalla (211 a 217); Publio Septimio Geta (211 a 212); Heliogábalo (218 a222) y Alejandro Severo (222 a 235).

14 El periodo posterior a la muerte de Alejandro Severo (235) fue de gran confusión. De los 12 emperadores que gobernaron en los 33 años siguientes, casi todos murieron violentamente, por lo general a manos del Ejército, quien también los había entronizado. Los emperadores ilirios, nativos de Dalmacia, lograron que se desarrollara un periodo breve de paz y prosperidad. Esta nueva “dinastía” incluyó a Claudio II el Gótico, que rechazó a los godos, y Aureliano, quien entre el 270 y el 275 derrotó a los godos, germanos y a la reina de Palmira, Septimia Zenobia, la cual había ocupado Egipto y Asia Menor, restaurando la unidad del Imperio durante algún tiempo. A Aureliano le siguieron una serie de emperadores relativamente insignificantes hasta el ascenso al trono en el año 284 de Diocleciano.

15 Actual ciudad de Ízmit, ubicada en el noroeste de Turquía, capital de la provincia de Kocaeli, en el golfo de Izmit.

16 Con Diocleciano comienza el predominio oriental en el imperio

17 Nacido de padres humildes en Ilyria (antigua región de Europa que, en su mayor extensión, incluía la parte occidental de la península Balcánica desde el río Danubio hasta Epiro, costa este del mar Adriático), sirvió en una legión del Ejército romano. Cuando el emperador Marco Aurelio Numeriano murió, en el 284, sus tropas le proclamaron emperador. Carino, el hermano de Numeriano, denunció la proclamación y derrotó a las tropas de Diocleciano en Mesia, en el 285, pero fue asesinado por sus propios soldados, que reconocieron a Diocleciano.

18 Que se traduce como el gobierno de un territorio que es dividido en cuatro partes.

19 Que tenía atribuido como apelativo de Herculius.

20 Con sede en Nicomedia.

21 Con sede en Mediolanum (Milán) o Aquileia (Venecia).

22 Que tuvo como centro de operaciones a Sirmium (Sremska Mitrovica, en lo que ahora es Serbia).

23 Que tuvo como base a Augusta Treverorum (en la actualidad Tréveris) en Germania.

24 Adoptados como hijos, Galerio por Dicoleciano y Constancio Cloro por Maximiano, luego de haberse contraído matrimonio con sus respectivas hijas.

25 A mediados del siglo V, las diócesis del Imperio eran Asia, Ponto, Oriente, Tracia, Macedonia, Dacia, Illyria, Italia, África, Galia, Hispania y Gran Bretaña.

26 Hoy, Nis, en la actual Serbia.

27 Herejía cristiana del siglo IV d.C. que negaba la total divinidad de Jesucristo en su pleno sentido.

28 Donde se supone que Elena, su madre, encontró la Vera Cruz en la que se crucificó a Jesús

29 En el 390 ordenó la masacre de 7 mil ciudadanos insurrectos de Tesalónica (Grecia), y fue excomulgado por el obispo Ambrosio de Milán.

30 Orestes fue asesinado, pero su hijo se salvó y se exilió en una villa cerca de Nápoles.





Compartir con tus amigos:


La base de datos está protegida por derechos de autor ©composi.info 2017
enviar mensaje

    Página principal