El poder ejecutivo y la modernizacióN



Descargar 449.81 Kb.
Página1/13
Fecha de conversión28.10.2018
Tamaño449.81 Kb.
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   13



INTRODUCCIÓN




1. Antecedentes del Estado

En su forma más simplificada –pero también más equívoca— se define al Estado, como un ente compuesto de territorio, población y gobierno. Entre las clásicas definiciones de Estado se encuentra: "la corporación formada por un pueblo, dotada de un poder mando originario y asentada en un determinado territorio"1. Lo que se puede decir de otra forma: que "el Estado se caracteriza por tres elementos: territorio, población y poder", que presupone, además, "una cierta tendencia comunitaria y una voluntad de trabajar en común" y la coordinación de "sus actividades hacia metas comunes"2.

Históricamente, estos elementos han recibido desigual preponderancia. D’Ors distingue el énfasis del concepto de la "polis" griega en el aspecto “territorial”, en contraste con la connotación de “populus” (población) que tiene el concepto equivalente de "civitas" romana. Esta diferencia entre el territorialismo griego versus la preponderancia del elemento "población" del derecho público romano, se confirma con la categoría personalista que la noción romana de "imperium" concede a los magistrados que rigen las provincias: “(el imperium) significa propiamente una atribución de competencia personal de los magistrados prorrogados, y sólo secundariamente la delimitación territorial para el gobierno fuera de Italia”3.

La Nación

El enfoque que considera la unidad de una “Nación” como base ma-terial del Estado, carece de sustento en la realidad del Estado moderno, sea esto en la España, Francia, Bélgica, Alemania, de Europa, o en varios Estados africanos o asiáticos contemporáneos; realidad de la cual el mejor ejemplo es el Estado que hoy ostenta la hegemonía mundial: los Estados Unidos.

Una constante reciente del Ecuador de fin de siglo XX ha sido la insistencia de grupos indígenas determinados de considerarse como “nacionalidades” separadas. Esto se manifiesta en el texto de la reforma y codificación constitucional realizada por la Asamblea Constituyente de 1998, en la Sección sobre “pueblos indígenas y negros o afroecuatorianos”, que hace una venia al concepto de naciones indígenas y afroecuatorianas, sin por eso otorgarles un reconocimiento definitivo: “Los pueblos indígenas, que se autodefinen como nacionalidades de raíces ancestrales, y los pueblos negros o afroecuatorianos, forman parte del Estado ecuatoriano, único e indivisible” (Art. 83). La “nacionalidad”, por otra parte, como lo señala Crossman, es algo que depende de un gobierno central4, es decir la única realidad unívoca de la nacionalidad en el siglo XX es la provisión de las diferentes constituciones y leyes que la definen.

No obstante la realidad política que restringe la importancia del tema “Nación” en el concepto de “Estado”, todavía pudo Carré de Malberg a comienzos del siglo XX, “siguiendo la definición adoptada por los autores franceses” afirmar que “El Estado es la personificación de la Nación”, o, citando a Bluntchli, decir que “El Estado es la persona política organizada de la nación”5. Esto se explica por la tremenda importancia que los filósofos y juristas alemanes impartieron al concepto de Nación durante el siglo XIX. Incluso en la segunda mitad del siglo XX, todavía el reputado constitucionalista francés Duverger se refiere en el sentido sociológico al Estado-nación6.

A pesar de lo dicho, esta reminiscencia del concepto nación pesa todavía en la realidad política, y consecuentemente en la realidad doctrinal, de los albores del siglo XXI. Crossman, citado líneas arriba, expresa el estado actual de la cuestión de la siguiente manera:

Nación” y “Estado”, son dos aspectos del orden social moderno, y cada uno es ininteligible sin el otro. Un Estado debe poseer o crear una base de nacionalidad, y una nación debe someterse a cierta forma de control centralizado, si es que cualquiera de ambas organizaciones quiere perdurar7.



Evolución histórica: de la unidad política-social a la concepción secularizada de Estado

Los términos de “pueblo”, “territorio” y “gobierno”como constitutivos del concepto de “Estado”, tal como se manejan en los países del sistema de derecho público, romano-napoleónico –lo que incluye los países latino-americanos— son indeterminados en extremo. Así, muchas veces el nombre de “Estado” ofrece la impresión errónea de tratarse de un concepto aplicable a todas las épocas históricas y en toda la extensión geográfica del planeta. Pero, en forma muy precisa, D’Ors ha subrayado, por ejemplo, “la inexistencia de una realidad política similar al ‘Estado’ en el mundo romano”8. Así, afirma que:

… no toda forma de gobierno, es decir, no toda organización que rija a la sociedad civil y evite el caos puede ser considerada como un Estado. Realmente, yo no hago más que recoger una línea de pensamiento que viene de Max Scheler y especialmente de Carl Schmitt, según los cuales el Estado nace en el siglo XVI: ni los judíos, ni los faraones, ni Roma conocieron un verdadero Estado … Me parece que el abuso del concepto de Estado se debe a que la historia ha sido escrita en la Edad Moderna9.
En la “polis” concebida por Aristóteles “[l]a prudencia es la única virtud peculiar del que manda: las demás parece que son necesariamente comunes a gobernados y a gobernantes”. En consecuencia, el autor de “Politiká” inicia su obra con el estudio de la familia, citando, por ejemplo, a Homero: “Cada uno es legislador de sus hijos y esposas10. A inicios de la Edad Media, corresponde al Papa investir con el poder temporal al Emperador del Sacro Imperio Germánico-Romano: “…el Emperador, y asimismo los demás Gobernantes, derivan sus cargos de Dios solamente en forma mediata; pero inmediatamente de la cabeza de la Iglesia”11.

La constatación del divorcio creciente entre el mundo político y las demás áreas de la vida de la persona (religiosa, social, económica, cultural) en el Estado contemporáneo, conduce a Hegel a definir a la “sociedad civil”, en la cual los individuos, afuera del Estado así restringido, legitiman su egoísmo y, en palabras de Avineri, se emancipan “de las consideraciones religiosas y ético-políticas que hasta entonces han frenado el libre juego de los intereses individuales en su máxima extensión”12.

En la historia del Derecho y del Estado, es notoria la cúspide a que llega la teorización del Estado con Hegel y la tesis contraria de Marx13. Hegel atribuye al Estado la característica de encarnar el movimiento del Espíritu, es decir la representación de la “racionalidad”. Al contrario, Marx afirma que "[e]l Estado es una abstracción; solamente el pueblo es lo concreto"14.

Según Avineri, Marx usa el término “el Estado moderno” “tal como se desarrolla en la tradicional filosofía germánica, con sus connotaciones protestantes. Él (Marx) concibe el surgimiento del Estado moderno como un corolario de la secularización expresada en la ‘emancipación política’, esto es, la separación de las consideraciones religiosas y teológicas de la política y la relegación de la religión institucional a una esfera separada y limitada”. Enseguida, Avineri cita a Marx cuando este enumera a “Maquiavelo y Campanella, y más tarde Hobbes, Spinoza, Hugo Grotius y finalmente Rousseau, Fichte y Hegel” como los primeros que percibieron el Estado a través de unos ‘ojos humanos’ y que comenzaron a desarrollar sus leyes naturales desde la razón y la experiencia antes que de la teología, …”15. Cassirer acoge este criterio cuando afirma que “[c]on Maquiavelo nos situamos en el umbral del mundo moderno. Se ha logrado el fin que se deseaba: el estado ha conquistado su plena autonomía”, pero anota que ha “perdido su conexión no solo con la religión o la metafísica, sino también con todas las demás formas de la vida ética y cultural del hombre. Se encuentra solo, en un espacio vacío”16.

Ahora bien, cinco siglos transcurrieron entre el primero y el último de los filósofos citados por Marx (Maquiavelo y Hegel), pero Hegel, dice Cassirer, “[e]ncontró que había un exacto paralelo entre la vida pública alemana en el siglo XIX y la vida nacional italiana en el período de Maquiavelo –se refiere a la fragmentación del poder político entre las diferentes regiones. Esto despertó en él (en Hegel) un nuevo interés y una nueva ambición. Soñó en convertirse en un segundo Maquiavelo, en el Maquiavelo de su propio tiempo”. Lo que Hegel vio en Maquiavelo fue el haber concebido “con fría circunspección la idea necesaria de la liberación de Italia por medio de su unión en un solo estado”17.

Por supuesto que el abismo entre los conceptos de Estado de Maquiavelo y de Hegel es mucho más extenso que los quinientos años que los separan. De la Cueva anota que “nunca se le ocurrió al historiador de Florencia (Maquiavelo) decir que la república o el principado tuviera una existencia trascendente a los hombres o fuera un ente real o fingido o abstracto18. Pero la verdad es que Hegel manifiesta una clarísima percepción del anhelo inextinguible de los pueblos por un Estado arquetípico, que abarque en su totalidad los variados aspectos de la vida social del hombre. Hyppolite denomina esta aspiración de Hegel como “su ideal de la ciudad antigua”. En la obra del filósofo alemán “[l]a filosofía del derecho natural, es decir racional, será entonces el pensamiento del Estado, de la bella totalidad, al seno de la cual el individuo, superándose como parte, actualiza su destino”19.



¿Cuál es la diferencia entre las antiguas unidades políticas y el Estado contemporáneo?

La moderna noción de “Estado” comprende la organización social, dotada de un poder de mando originario, que es soberano en sus actividades. En tal contexto, esta definición así como aquella citada al principio de esta introducción, según la cual el Estado está constituido por los tres elementos de territorio, población y Gobierno, son definiciones que podrían encajar también a las llamadas ciudades-estado –que no se llamaron así en la antigüedad, porque la palabra griega para su denominación era sencillamente la “polis” griega— o podría también aplicarse a la “civitas” y “res publica” romana.

Sin embargo, estas descripciones no concuerdan en el concepto contemporáneo de Estado. La doctrina del Estado actual se forma en los siglos XVII y XVIII y se perfecciona en el siglo XIX, encontrando su apogeo filosófico en el sistema de Hegel. Culmina su más acendrado desarrollo técnico en la “Teoría Pura del Derecho” de Kelsen, en la primera mitad del siglo XX. En efecto, el sistema kelseniano destaca insistentemente el necesario desglose entre el “Derecho” y el orden social y la moral. En este tema lo que hace Kelsen es reiterar el desglose que planteó Jellinek, para el estudio del Estado, distinguiendo el Estado sociológico del Estado jurídico. Criterio que fue recogido y desarrollado por Weber. La debilidad tremenda de una norma jurídica que se sustenta exclusivamente en el positivismo o la validez formal —en el cumplimiento de los trámites constitucionales para su expedición— es la paradoja de la existencia de leyes válidas por su forma, pero injustas en su contenido. Habermas intenta superar las opciones tradicionales derecho natural vs. derecho formal con la noción “procedimental” de la vía del consenso social, noción de ley que es “tan incompatible con la idea Platónica de que la ley positiva puede derivar su legitimidad de una ley superior; como es incompatible con la negativa empírica a reconocer cualquier legitimidad que no se derive exclusivamente de la contingencia de la decisión legislativa”20.

Los lineamientos prevalecientes en la actualidad sobre los aspectos de la sociedad son los expresados por Parsons y acogidos por Jaguaribe, quien considera el "sistema político" como uno de los cuatro grandes sub-sistemas del sistema social, al que define como "el sistema de interacción humana"21; sin que se pueda identificar este "sistema político" propiamente con el Estado en ninguna de sus acepciones. Es el mismo esquema que se encuentra en “La crisis de legitimación del Capitalismo Tardío” de Habermas.

La actividad política es actividad de todos los seres humanos en la sociedad. Así, en el mismo sentido –sociológico—, dice Borja y Borja: "La misma sociedad en cuanto organizada para declarar y hacer efectivo el Derecho constituye el Estado"22.

A este sentido sociológico se refirieron los tratadistas que abordaron este tema desde Aristóteles, que define al Estado (ciudad) como “una cierta multitud de ciudadanos”23, y Rousseau como "una persona moral cuya vida consiste en la unión de sus miembros"24. Estos criterios destacan el aspecto global de la sociedad, a diferencia de Kelsen, que excluye todos los elementos que no sean “Derecho” en su puridad.



El Estado como división de grupos humanos: gobernantes y gobernados

Contra los criterios citados anteriormente, Engels sostuvo que la aparición del Estado proviene de la necesidad de "una institución que no sólo perpetuase la naciente división de la sociedad en clases, sino también el derecho de la clase poseedora de explotar a la que no poseyese nada, y la preponderancia de la primera sobre la segunda"25, con lo que establece una neta división entre ciertas clases sociales y el Estado.

Contemporaneamente, además de Marx y sus discípulos –sin contar los importantes estudios teóricos de los anarquistas— desde otra corriente política y filosófica reputados publicistas han rechazado la noción clásica de la existencia del Estado: a principios del siglo XX, el cuestionamiento provino de Duguit. Más recientemente, en nuestros días, siguiendo la línea de Duguit, Burdeau, niega también la existencia real del Estado e inicia retóricamente su obra sobre “L’État” con la frase: “Personne n’a jamais vu l’État” (Nadie jamás ha visto el Estado). Todos estos autores citados consideran el Estado una ficción que permite a un grupo político determinado tomar el control del poder estatal. Así, a pesar de su innegable realidad, Burdaeu define al Estado como "la forma por la cual el grupo se unifica y se somete al derecho ... se asienta sobre el reconocimiento del hombre que lo concibe con el símbolo de un conjunto de valores". Su criterio se resume en que:
…los hombres han inventado el Estado para no obedecer a los hombres. Lo han hecho la sede y el apoyo del poder del cual ellos experimentan su necesidad y el peso todos los días, pero que, desde que se imputa al Estado, les permite someterse a una autoridad a la que saben ineluctable, sin estar sujetos, no obstante a voluntades humanas26
En la práctica esto se refleja en la división de gobernantes y gobernados. En el mismo sentido, Lasky afirma: “El Estado moderno, desde el punto de vista práctico, está integrado por un número relativamente limitado de personas que dictan y ejecutan disposiciones que se refieren a un número mas amplio de individuos”27.

Por otra parte, a pesar de las teorizaciones de Marx y de Lenín sobre la eventual desaparición del Estado, la extinguida Unión Soviética se consideró a sí misma –no tan provisionalmente como se afirmó en un principio— un Estado también. En la época de Stalin, por razones políticas fue modificada la original teoría de la extinción del Estado. Por mantener el credo de la extinción estatal, en 1937 fue ejecutado Pachukanis, el más destacado teórico marxista de la teoría del Estado y del Derecho, apenas un año después de su importante colaboración en la Carta Fundamental soviética de 1936.



Las características del Estado contemporáneo

En conclusión, se puede afirmar que las características más notables del concepto de Estado del siglo XX y en general del Estado moderno son:


1. La realidad de su drástica separación de la sociedad civil y del consecuente divorcio de la vida política del individuo con las demás esferas de su existencia, resaltada desde diferentes puntos de vista por Hegel, Marx, Duguit, Kelsen, Lasky y Burdeau, a lo largo de los últimos doscientos años.
2. La monopolización del Poder estatal sobre la expedición de las leyes y la administración de justicia. Este aspecto del Estado moderno no es tan antiguo como parece a primera vista. En la Edad Media, se considera a la ley “de igual rango que el Estado y su existencia no depende del Estado”28.
Posteriormente, el hecho fundamental del inicio del Estado moderno se define por Gierke como:
una derivación (drift) hacia la concentración teórica del derecho y del poder en los más alto y amplio grupo, por una parte, y en el hombre individual por la otra, en detrimento de los grupos intermedios. La Soberanía del Estado y la Soberanía del individuo se convirtieron consistentemente en los axiomas centrales de los cuales procederían todas las teorías de la estructura social29

El Estado contemporáneo

Actualmente el Estado es la estructura de un poder originario, que se ejercen sus órganos conforme al derecho, sobre los habitantes de un territorio determinado. Sus finalidades son, con variados énfasis en los diferentes países, el desarrollo humano sustentable y la aplicación de la justicia económica y social, pero de hecho su fuerzas se han visto copadas con el combate de las crisis.



La personalidad jurídica del Estado

En este apartado se esbozan los antecentes políticos y filosóficos de la personalidad jurídica del Estado, que se desarrolla jurídicamente más adelante, en los capítulos sobre “La Personalidad Jurídica” y “La Personalidad Jurídica de Derecho Público”. Cabe establecer que el concepto que se llama en este apartado “contemporáneo” del Estado, dista de ser de universal aceptación en los países de Derecho Público, romano-napoleónico; ni se puede aplicar indiscriminadamente a la antigüedad clásica. Por otra parte, en un país tan importante para el derecho constitucional y la teoría de las instituciones públicas, como es Inglaterra, la doctrina no contempla la figura del Estado como una personalidad jurídica, como se lo concibe en los países del derecho romano-napoleónico. En Inglaterra la realidad de los poderes del Rey y del Parlamento, se sustituyen a la noción abstracta continental. Las declaraciones de los derechos de la época de la independencia de los Estados Unidos tampoco se pronuncian sobre la existencia de un Estado en el sentido que se discute en este capítulo.

El clásico concepto de Estado, desarrollado a partir de la teorización de Hegel, se recoge en Francia por publicistas como Esmein y especialmente Carré de Malberg. Su principal característica es la personalidad jurídica de derecho público. La citada teoría pura del derecho de Kelsen consagra la identificación absoluta del Estado con el Derecho.

El principio de la personalidad jurídica de derecho público del Estado es unánimemente reconocida en los países que aplican los sistemas romano-napoleónico y germánico, pero no existe en países como Inglaterra y Estados Unidos.

En este momento de la discusión, el punto no es de continuar en el debate superado sobre la realidad o la ficción de la personalidad jurídica, incluyendo la personalidad jurídica de derecho público –ver más adelante la discusión sobre este tema en los capítulos sobre "la personalidad jurídica" y "las personas jurídicas de derecho público"— sino que, acogiendo la definición de Waline, lo importante es que se puedan atribuir competencias, patrimonios, obligaciones y responsabilidades a un punto de convergencia, que en este caso se trata de la persona jurídica Estado. Así, por ejemplo, se pueden asignar a diferentes órganos públicos, la aplicación de justicia en nombre del Estado, la contratación a nombre del Estado o la suscripción y ratificación de convenios internacionales a nombre de ese mismo Estado, no obstante tratarse en todos los casos de diferentes órganos públicos o personas.

La discusión sobre el concepto de Estado y su vínculo con el Derecho resulta hoy tan actual como nunca. Para analizar apropiadamente los interrogantes de si el Estado crea al Derecho, o viceversa, o –como lo postula Kelsen—Estado y derecho son esencialmente la misma cosa, cabe en primer lugar investigar los conceptos de poder político y norma jurídica.





Compartir con tus amigos:
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   13


La base de datos está protegida por derechos de autor ©composi.info 2017
enviar mensaje

    Página principal