El Estado miente deliberadamente…



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Guerras, experimentos con armas químicas, atentados y fracaso de la ONU a la luz de la más reciente historia

El Estado miente deliberadamente…” (Albert Einstein: Notas autobiográficas. 1947).



<< ¿Por qué miente? Porque siendo la representación político-institucional de la clase burguesa explotadora, pues eso, que necesita justificarse ocultando su verdadero carácter que le define como un animal de rapiña, taimado y simulador, dos “virtudes” que trasmite e inculca en el subconsciente de su personal subalterno. Todos ellos educados en el afán de alcanzar el poder y la opulencia exclusivista. Tal como lo expusiera el genial ítalo-argentino José Ingenieros en el capítulo III apartado II de su obra magistral: “La simulación en la lucha por la vida” (formas colectivas de luchas y de simulación)>>.GPM.
01. Introducción

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) fue creada el 24 de octubre de 1945, meses antes de que se diera por finalizada la Segunda Guerra Mundial en enero de 1946. Anunció su nacimiento con la declamada finalidad de garantizar la paz y la seguridad en el Mundo. Fue un engendro pergeñado en una reunión entre el presidente americano Roosevelt, el británico Churchill y el soviético Stalin ese mismo año en Yalta el 11de febrero. El organismo quedó integrado por 15 naciones1, cinco de las cuales pasaron hasta hoy a ser miembros permanentes con derecho de veto2: Estados Unidos, Reino Unido, República Francesa, Federación Rusa y República Popular China, más 10 miembros no permanentes: Bolivia, Egipto, Etiopía, Japón, Italia, Kazajstán, Senegal, Ucrania, Uruguay y Suecia.

En este trabajo nos limitaremos al análisis de conflictos bélicos entre países, provocados por la interesada injerencia de potencias económicas capitalistas de la cadena imperialista en países económicamente dependientes, excluyendo las guerras civiles como fue el caso, por ejemplo, en España entre 1936 y 1939, pero incluyendo las más recientes que acabaron comprometiendo a terceros países hasta desembocar en conflictos internacionales. Con esta exposición queremos contribuir a la necesaria tarea de poner en evidencia el carácter genocida, mentiroso y embaucador de la burguesía internacional. En todas estas guerras participaron los países más poderosos de la cadena imperialista: EE.UU, Francia, Canadá y Gran Bretaña, dando ejemplo justamente de todo lo contrario respecto de lo que supuestamente les indujo a crear la ONU y su “Consejo de Seguridad”.

02. Guerra de Vietnam 1955-1975

Fue un conflicto bélico en la península de Indochina, que tuvo lugar entre mediados de los cincuenta y mediados de los setenta y enfrentó a los EE.UU. y el gobierno de Vietnam del Sur por un lado, contra Vietnam del Norte y las guerrillas comunistas que actuaban en Vietnam del Sur por otro. La guerra que se extendió también a Laos y Camboya, fue la más larga que debió afrontar en su historia la burguesía francesa y norteamericana, una experiencia que sin lugar a dudas acabó con el más serio fracaso militar y político para los EE.UU. durante la llamada “guerra fría”.

El inicio de la implicación americana se remonta a inicios de los cincuenta cuando apoyaron los desesperados intentos de Francia por mantener su presencia colonial en Indochina frente a las fuerzas comunistas del Vietminh. La derrota francesa y los Acuerdos de Ginebra de 1954, que consagraron la partición de Vietnam en dos, llevaron a que Washington volcara su apoyo al régimen anticomunista de Ngo Dinh Diem en Vietnam del Sur, que hacía frente al Vietnam del Norte comunista de Ho Chi Minh, apoyado por la URSS.

La corrupción de Diem hizo a su régimen crecientemente impopular, quien finalmente fue derrocado y asesinado por sus propios militares en 1963. Mientras tanto se había creado en Vietnam del Sur el Frente Nacional de Liberación (FNL) donde se aglutinaba toda la oposición incluyendo los comunistas.

En 1964, la situación parecía desesperada para Vietnam del Sur cuando EE.UU., alegando como justificación el incidente de Tonkín contra su destructor Maddox el 2 de agosto de 1964, inició una intervención abierta en ese territorio, pasando de 4000 soldados norteamericanos en 1962 a casi 500.000 en 1967. Los bombardeos masivos, el uso de agentes químicos y la crueldad de la primera guerra en Indochina retrasmitida por los medios de comunicación, hicieron enormemente impopular la política de EE.UU. en el Tercer Mundo, en el bloque comunista de la URSS y en partes significativas de la opinión pública occidental. Dentro del propio país, la oposición a la guerra se extendió entre la juventud norteamericana ligándose a movimientos contra el sistema, como fue el caso del llamado movimiento "hippie".

Tras la ofensiva vietnamita del Têt en 1968, el presidente norteamericano Lindon Johnson decidió la progresiva desvinculación de su país en el conflicto y la búsqueda de una solución política negociada. Tras una compleja fase de negociaciones y enfrentamientos militares, se firmó en París en enero de 1973 un acuerdo de paz. Y en agosto el Congreso norteamericano prohibió cualquier reanudación de la intervención norteamericana. La retirada de las tropas estadounidenses hizo que el régimen de Vietnam del Sur se derrumbara inmediatamente. La ofensiva final comunista norvietnamita tuvo lugar en la primavera de 1975. El 17 de abril, Phnom Penh cayó en manos de los Khmers Rojos y el 30 los comunistas tomaron Saigón. La guerra había terminado.

La derrota supuso un verdadero trauma para EE.UU. con 58.000 muertos, 300.000 heridos, centenares de miles de soldados con una amplia adicción a las drogas y serios problemas de adaptación a la vida civil en tiempos de paz, arrastrando el orgullo de potencia mundial herido... Lo que se vino a denominar el "síndrome de Vietnam" supuso en el corto plazo una gran renuencia a la intervención militar exterior por parte de la potencia norteamericana. Cfr.: http://www.historiasiglo20.org/GLOS/vietnam.htm.

03. Primera guerra en Afganistán 1978-1992

Desde 1938 —cuando los británicos construyeron las primeras refinerías en Irán y Arabia—, ya se sabía de la existencia de yacimientos petrolíferos al norte de Afganistán desde 1959 explotados por los soviéticos, quienes construyeron el primer gasoducto del país que terminaba en su territorio de Uzbekistán. Hasta 1966 habían perforado otros 60 pozos en el suelo afgano de Herat y Helmand entre otras zonas. Pero no sólo se trataba de petróleo, porque desde hacía más de un siglo las expediciones coloniales imperiales rusas y británicas habían descubierto allí la existencia de toneladas de oro, diamantes, esmeraldas, cobre, hierro, uranio y otros minerales. Más tarde, fueron los geólogos soviéticos los que realizaron un estudio minucioso sobre los tesoros afganos, estimando su valor en 404 mil millones de dólares, el segundo depósito de oro en el Mundo.



En 1960, gobernaba en Afganistán un emir talibán, de la misma forma despótica que cualquier emir del siglo XV, país donde predominaba la pobreza, el analfabetismo, la mortalidad infantil y la esclavización de la mujer, con una economía basada en el cultivo del opio y su comercio con las potencias coloniales de Occidente, Inglaterra fundamentalmente. Ese gobierno yihadista fue derrocado en 1978 por una revolución socialista que lo cambió todo en el país. Eliminó el negocio del opio, fomentó el comercio con riqueza saludable y promovió la cultura, equiparando por decreto los derechos de las mujeres y los hombres. Disminuyó en pocos años el analfabetismo y las mujeres accedieron a la cultura, hasta el punto de que llegaron a ocupar el 40% de los puestos en la educación, desde la escuela primaria hasta la universidad.
La primera guerra de Afganistán en el Siglo XX comenzó en abril de 1978, cuando tuvo lugar la Revolución de Saur, que convirtió a ese país en un Estado Socialista gobernado por el Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA). En tales circunstancias fue cuando el gobierno de los Estados Unidos inició la llamada Operación Ciclón suministrando armas y una amplia financiación a los rebeldes islámicos muyahidines que habían sido desplazados del poder y que, para recuperarlo, desestabilizaron el país hasta tal punto que menos de un año después, el Consejo Revolucionario afgano solicitó la intervención del Ejército Soviético en el conflicto17 18, a raíz del cual ambos países firmaron el Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación entre la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y la República Democrática de Afganistán”, acordado y firmado por el burócrata soviético Leonid Brézhnev y el demócrata soviético afgano Nur Mohammad Taraki el 5 de diciembre de 1978. Situación que se mantuvo vigente entre enero de 1979 y diciembre de 1989, lapso durante el cual el ejército soviético de la URSS depuso y ejecutó sumariamente al presidente de la República Democrática de Afganistán (RDA) Jafizulá Amin, quien previamente había mandado ejecutar de manera arbitraria al anterior presidente y líder de la revolución Nur Mohammad Taraki. El gobierno que le sucedió se refería a Amín como “el traidor”, al descubrirse sus contactos con la CIA de los Estados Unidos.

< la década de los ochenta, mientras EEUU armaba a los mercenarios liderados por Bin Laden y les llamaba “luchadores por la libertad”, desmantelando al gobierno socialista del doctor Nayibloha, la URSS iba a construir una refinería capaz de producir un millón de toneladas de gas por año. La guerra de Afganistán ha hundido sus raíces en los ricos yacimientos de petróleo y gas bajo el territorio de ese país>>. (https://storify.com/wormholepro/afganistan-el-congo-euroasiatico).

La intervención soviética en Afganistán tuvo por respuesta un resurgimiento de los guerrilleros muyahidines, que aun estando divididos en varias fracciones, se embarcaron en una larga campaña militar contra las fuerzas armadas soviético-afganas, respaldados por los suministros y el apoyo logístico y financiero de la coalición formada por los Estados Unidos, Pakistán, Irán, Arabia Saudí, China, Israel y el Reino Unido. Todo ello en pos de apropiarse de los riquísimos yacimientos minerales y energéticos en ese país. Después de más de nueve años de guerra, los soviéticos se retiraron en 1989 después de la firma de los Acuerdos de Ginebra entre Pakistán y la República Democrática alemana (RDA). No obstante, los enfrentamientos entre los insurgentes muyahidines y las tropas del gobierno afgano, continuaron hasta abril de 1992 cuando la disolución de la URSS provocó el colapso económico del país afgano y los fundamentalistas pudieron establecer lo que desde 1993 —y a instancias de los acuerdos de Peshaward— pasó a ser un Estado Islámico21, desde entonces popularmente conocido como el Vietnam de la URSS.22 23. A raíz de ese acuerdo político, todos los comunistas y partidarios de la antigua República Democrática que aún residían en el país, fueron perseguidos y asesinados. La televisión, los videos y la música fueron prohibidos completamente.6 Todas las películas conservadas en la empresa estatal afgana «Afghan Films» fueron quemadas por orden del régimen. Sólo se salvaron las de producción nacional que permanecieron ocultadas por los trabajadores, quienes debieron escapar posteriormente del país.7 Las mujeres dejaron de tener derecho alguno y fueron obligadas a llevar burka, en algunas regiones de color blanco (color de la bandera); esta prenda era muy costosa y muchas mujeres debían, por ende, quedarse encerradas en sus casas. También fue prohibido el trabajo femenino fuera del hogar (excepto unas pocas médicas en Kabul para atender a mujeres), así como salir de la casa sin un responsable masculino (padre, hermano o marido). Quedaron prohibidos los estudios (salvo los religiosos), así como el uso de cosméticos y tacones, montar en bicicleta o motocicletas, practicar deportes, llevar colores vistosos, reír en voz alta, participar en festejos, lavar ropa en ríos o plazas públicas, asomarse a balcones, ser fotografiadas o filmadas.6 Los talibanes continuaron con las prácticas de la lapidación y el azote público instaurados desde 1992. Las ventanas de las casas debían ser opacas para bloquear la vista desde del exterior. Si una mujer se pintaba las uñas, sus dedos era cortados.8 A causa de estas represiones, el suicidio, generalmente quemándose vivas, era muy frecuente entre las mujeres y se ha reportado que el 90% de ellas sufrían problemas psicológicos.9

Cuatro años después de que los talibanes ocuparan Afganistán”, durante 1996 irrumpieron en la sede de la ONU, secuestrando, torturando, mutilando y asesinando a Mohammad Najibullah, presidente de ese país entre 1987 y 1992, quien se encontraba refugiado allí. Además, en 1998 los talibanes forzaron el consulado de Irán en Mazar-i-Sharif y ejecutaron a los diplomáticos que allí trabajaban13. A finales de 1996 una coalición de fracciones militares guerrilleras muyahidines crearon la llamada “Alianza del Norte” conocida como “Frente islámico unido por la salvación de Afganistán”, cuyo objetivo fue derrocar al régimen talibán. Esta coalición fue respaldada por Irán, Rusia, India, Tayikistán y varios estados más, mientras que los talibanes estuvieron respaldados por Al Qaeda y las Fuerzas Armadas de Pakistán. Y ni que decir tiene que todo este proceso estuvo principalmente patrocinado por la entente pro yihadista islámica imperialista entre los EE.UU. y el Reino Unido.



04. Guerra Irán-Irak 1980-1988.

El conflicto hunde sus raíces en una antigua disputa territorial sobre las márgenes del Shatt al-Arab, río formado por la confluencia del Tigris y el Éufrates, zona rica en petróleo, y las sospechas de Saddam Hussein sobre las posibilidades de que el régimen islámico de Teherán alentara la rebelión entre la importante población chiíta iraquí. Saddam tuvo también en cuenta el aislamiento internacional del régimen de Jomeini, entonces enfrentado a EE.UU. (asalto de la embajada y toma de rehenes) y a la URSS.

  En septiembre de 1980, las tropas iraquíes lanzaron un ataque que, pese a conseguir avances en torno a 80-120 kilómetros, no fue suficiente para doblegar la resistencia de las milicias iraníes formadas por los Guardianes de la Revolución. En adelante se inició una dura y larga guerra en la que se utilizó abundante armamento suministrado por países extranjeros. Iraq recibió amplio apoyo de Arabia Saudí, Kuwait y otros estados árabes (uno de los rasgos del conflicto era el histórico enfrentamiento entre árabes y persas) y fue tácitamente apoyado por los EE.UU. y la URSS. Mientras, Irán sólo contó con el apoyo de Siria y Libia, estados árabes enfrentados a Saddam Hussein.

Pese a ser visto como un freno a la expansión del islamismo radical de Jomeini, el régimen de Saddam Hussein empezó a ser cuestionado internacionalmente ante la evidencia de la utilización de armas químicas contra los iraníes y contra la propia población kurda del norte de Irak.

Finalmente, las dificultades económicas acabaron por apear a Jomeini de su negativa testaruda a cualquier tipo de acuerdo negociado. En agosto de 1988 Irán aceptó un cese el fuego que había sido previamente elaborado por las Naciones Unidas.

La guerra acabó en un práctico empate pero las pérdidas humanas fueron enormes. Se habla de un millón de bajas, pero hay que fuentes que doblan esa cifra. Quizá se pueda cifrar las muertes en medio millón de seres humanos, con Irán como el país que sufrió más duras pérdidas.

El coste de la guerra y la búsqueda de medios económicos para enjugarla fue uno de los elementos clave para que Saddam Hussein atacara Kuwait en 1990. La guerra del Golfo de 1991 fue el resultado de esa nueva agresión del dictador iraquí. Cfr.:

05. Envenenamiento masivo en España atribuido al aceite de colza en 1981

Mientras se desarrollaban los acontecimientos bélicos en Afganistán durante la primavera de 1981, según la Organización Mundial de la Salud más de 5.000 personas en el Mundo —de las cuales 1.300 en España—, fueron víctimas de una “extraña enfermedad” a la que inicialmente se le denominó “neumonía atípica”; y los afectados que sobrevivieron a ella todavía soportan graves y dolorosas secuelas físicas y psíquicas irreversibles. Veintitrés años después hicieron explosión casi simultánea en cuatro distintos trenes de la línea ferroviaria de cercanías, en Madrid, doce artefactos explosivos conteniendo 20Kg. de dinamita cada uno, asesinando a 192 personas y heridas de distinta gravedad y consideración a otras 1.200.

¿Qué han tenido de común estos dos actos genocidas? Que los respectivos tribunales dedicados a juzgar los hechos, jamás probaron científicamente las respectivas causas materiales que oficialmente dieron por válidas en uno y otro caso. Tanto en el Juzgado de Instrucción que atendió al llamado “síndrome tóxico” como en la Vista oral del Juicio por la masacre del 11 de marzo en 2004. Porque lo que sí se pudo demostrar fuera de los dos ámbitos de la “justicia” española en que se “juzgaron” los hechos, es que la naturaleza de la sustancia tóxica supuestamente causante del envenenamiento masivo en 1981, en realidad no fue el aceite de colza, ni el explosivo que deflagró en los trenes en 2004 fue un tipo de dinamita llamado “Goma2” de la marca “Eco”.

Semejante cambio como por arte de birlibirloque de una causa material presuntamente desconocida por otra supuesta, permitió acusar, procesar y condenar, a personas que nada tuvieron que ver con los hechos que les fueron imputados en uno y otro caso. Por el “síndrome tóxico” pagaron el pato algunos industriales y comerciantes al por menor que habían venido lucrándose con la producción y distribución de aceite de colza desnaturalizado absolutamente inocuo. Y en el caso de los atentados del 11M, oficiaron de chivos expiatorios ciertos delincuentes comunes dedicados al trapicheo con drogas y explosivos en pequeñas cantidades —todos ellos confidentes de la policía o de la Guardia Civil— así como unos cuantos inmigrantes de distinta procedencia que profesan la religión islámica —como fue el caso del inocente Jamal Zougam— seleccionados “ad hoc” por los servicios de inteligencia policiales y de la Guardia Civil, en claro contubernio prevaricador con el Juez de Instrucción y la Fiscalía del Estado español, tal como se pudo poner en evidencia durante todo el proceso.



El Juicio sobre el llamado “síndrome tóxico”

<1. Desde entonces y hasta hoy, los gobiernos que lo fueron a cargo respectivamente de UCD y del PSOE, han centrado sus esfuerzos en impedir que el auténtico criminal de semejante matanza salga a la luz pública. Había que borrar por todos los medios las huellas que conducían al foco de la intoxicación. Se llegó así a un oscuro montaje de los distintos sectores del Poder y de los servicios de inteligencia, para conformar el efectivo «pacto de silencio» que debía evitar que se supiera que aquí se aplicó a seres humanos una nueva combinación química, aplicable en el futuro a una posible guerra química.>. (Andreas Faber-Kaiser: “Pacto de silencio”

El primero de mayo de 1981, una enfermedad hasta entonces desconocida irrumpió en la escena nacional española, atacando a colectivos de personas de forma aparentemente aleatoria en las zonas centro, norte y noroeste del país. Fue algo que las autoridades políticas sanitarias bajo el gobierno de la “Unión de Centro Democrático”, empezaron denominando “neumonía atípica” que atacaba las vías respiratorias de las víctimas. Confundiendo la sintomatología o forma de manifestación de la enfermedad con su etiología o causa que la produce, difundieron que se trataba de un micoplasma o especie de hongo trasmitido a los seres humanos por vía aérea, pero sin aportar las pruebas científicas fundadas en serias investigaciones de laboratorio y hechos empíricos estadísticamente contrastados. Una explicación muy poco consistente, dado que el contagio se extendió a grupos reducidos de personas en poblaciones poco masificadas, así como que se difundió con gran rapidez en determinadas áreas geográficas distantes unas de otras, todo lo cual permitió descartar la tesis de la transmisión por vía aérea. Pero bastó que el Estado apelara al ejército de periodistas venales afines al gobierno de turno —silenciando al resto con veladas amenazas de no hacer publicidad institucional en sus medios— para que la tesis oficial cuajara en la conciencia ciudadana.

Según lo dejó negro sobre blanco en el capítulo 12 de su libro titulado: “La CIA en España” —publicado en 2006—, Alfredo Grimaldos reportó que:

<(por vía aérea) en pleno invierno en la zona norteamericana de la base de Torrejón y que afecta también a algunos militares españoles. Es probable que esta primera onda epidémica sea consecuencia de algún escape provocado accidentalmente con armamento bacteriológico, cuya presencia en la base es contraria a la legalidad internacional y contraviene el tratado bilateral que permitió su creación. Un serio inconveniente en tiempos del (slogan que corrió a cargo del por entonces Secretario General del PSOE Felipe González Márquez: "OTAN, de entrada, no".

Con la segunda onda, mediante tomates tóxicos tratados con productos organofosforados, se trataba de inducir una epidemia más amplia, más extendida, cuyos signos y síntomas no sólo abarcasen los de la primera, sino que los agravasen, de forma que al derramarse la enfermedad no sólo en Torrejón de Ardoz, sino por una gran parte del territorio nacional, Torrejón fuese sólo un árbol más, y sin importancia cualitativa, en la atormentada geografía de la enfermedad. Toda la mentira generada en torno a la investigación era precisamente para ocultar el origen de esa segunda onda epidémica generada intencionadamente, envenenando una partida de tomates en Roquetas de Mar." (Op. Cit. Pp. 113)

A todo esto, investigando el cuerpo de los muertos afectados por la enfermedad, el doctor Antonio Muro y Fernández-Cavada, a la sazón director en funciones del Hospital del Rey, comprobó en todos ellos la existencia de una “hiperplasia” en sus intestinos delgados, lo cual reveló de modo concluyente que la causa de la epidemia había sido una sustancia tóxica ingerida por vía digestiva.

Una vez desvirtuada la tesis de su difusión por vía aérea, los políticos españoles eventualmente a cargo del aparato de Estado, de un día para otro se olvidaron de la neumonía atípica y la enfermedad pasó a ser oficialmente denominada síndrome tóxico. Hasta que el 10 de junio de 1981, con la misma irresponsabilidad científica y a través del Ministro del ramo en ese momento, llamado Sancho Rof, el gobierno decidió popularizar la enfermedad con el nombre de síndrome del aceite tóxico o, más concretamente, caso del aceite de colza, tesis presuntamente basada en la hipótesis de que el mal fue producido por la anilina utilizada para adaptar el aceite industrial de colza al consumo humano.

Un mes antes y a instancias del mismo gobierno de la entonces UCD, el Estado español ya había puesto la investigación del asunto en manos del “Centro para el Control de la Enfermedad” (Center Of Disease Control) con sede en la ciudad norteamericana de Atlanta, cuyos directivos recibieron la orden del Departamento de Estado, para que ocultaran los estudios epidemiológicos y las encuestas realizadas que vinculaban las causas de la enfermedad con el aceite de colza, sencillamente porque tales “estudios” transgredieron los principios más elementales de la metodología científica. Y por supuesto nunca pudieron demostrar ningún vínculo entre el aceite de colza y la causa de la enfermedad.

Si el aceite hubiera sido el agente tóxico —tal como sostuvo el gobierno de la UCD en connivencia con TODOS los partidos del arco parlamentario español, incluido el PCE, lo cual evidencia que se trató de una mentira genocida de Estado— entonces la enfermedad habría alcanzado a todos los miembros de una misma familia que inevitablemente debieron consumirlo, dado que en la cocina hogareña española el aceite es un producto de consumo general. Pero quedó demostrado estadísticamente que en los hogares donde la toxicidad alcanzó, por ejemplo, a uno de sus miembros, fue muy raro que afectara siquiera a la mitad de los demás.

La tesis de que el agente tóxico fue el aceite de colza, tampoco permite explicar la discriminación que la enfermedad ha hecho entre una familia y otra, pues, como es sabido, el "garrafista" ambulante vendió el mismo producto a diversos residentes en bloques completos de pisos, y resulta que solo hubo afectados en unas familias que lo adquirieron y en otras no, a pesar de que las garrafas se llenaron en el mismo momento procedentes del mismo tanque y vendidas el mismo día.

Dado que la tesis del aceite de colza fue anunciada recién el 10 de junio —cuando la enfermedad había hecho su aparición pública el 1 de mayo—, los hogares donde coincidió que hubo un enfermo y se consumía ese tipo de aceite, el resto de la familia debió seguir consumiéndolo durante cuarenta días, dado que en ese lapso de tiempo no pudieron conocer su presunta toxicidad. Sin embargo ninguno de ellos resultó afectado.

Durante la práctica experimental con el aceite aplicado sobre animales de laboratorio, los investigadores oficiales nunca pudieron verificar la más mínima lesión causada por el supuesto agente tóxico. Y aunque utilizaron dosis masivas del mismo aceite retirado de las casas donde se registró el mayor número de enfermos, lo único que consiguieron es que los cobayos engordaran aumentando de peso.

No deja de resultar menos paradójica la supuesta discriminación que la enfermedad hizo en distintas regiones de España, porque resulta que durante los mismos períodos del año 1981, el mismo aceite de colza adulterado de composición semejante al distribuido en Madrid, fue vendido en Cataluña. La cantidad comercializada en esa región, fue superior a 350.000 Kg. Sin embargo, no se ha tenido constancia de que allí se hubiera registrado algún afectado.

Lo más sorprendente es que aceite de estas mismas características, concretamente el de la marca “El Olivo”, producido y distribuido en Cataluña, donde no hubo ningún afectado, también fue distribuido entre familias de Castilla, sobre todo en Madrid capital y poblaciones colindantes. Pues bien, a la luz de la estadística de afectados, según la tesis oficial habría de concluirse que el aceite de colza se vuelve tóxico por el simple hecho de trasponer los límites en tránsito entre una comunidad autónoma y otra.

Todas estas evidencias fueron deliberadamente hurtadas a la opinión pública, y el 15 de mayo de 1981 el Dr. Antonio Muro y Fernández-Cavada fue cesado en sus funciones de director del Hospital del Rey. No por razones de ineficiencia y falta de responsabilidad social en el desempeño de sus funciones, sino bien al contrario. El secreto motivo de su cese fue, que la verdadera causa material del “síndrome tóxico” no debía ser conocida por la ciudadanía.

A partir del mes de julio y asumiendo ya la investigación de forma privada, el Dr. Muro enunció su hipótesis de que el síndrome tóxico ha sido causado por un producto fitosanitario, un organofosforado deliberadamente introducido en una partida de tomates o pimientos. Desde entonces y hasta su muerte en 1985 de un cáncer de pulmón, el doctor Muro se dedicó a investigar el fenómeno del envenenamiento masivo, reconstruyendo el proceso de la producción, distribución y consumo de los productos envenenados. Pero lo hizo invirtiendo su orden de sucesión económica natural, que va del productor al consumidor. Al contrario, el Doctor Muro orientó su investigación partiendo del consumidor. Desde allí fue al punto de venta o distribución al por menor inmediato anterior al acto del consumo. Y de éste a la empresa distribuidora en el mercado de abasto o distribución al por mayor, hasta llegar a individualizar a la empresa productora.

Así fue cómo pudo descubrir que el envenenamiento tuvo su origen en una partida de tomates cultivados en Roquetas de Mar (Almería), previamente tratados deliberadamente con un compuesto organotiofosforado, el fenamifos (comercializado con el nombre de Nemacur), combinado con isofenphos (comercializado con el nombre de Oftanol).

Cabe señalar que el isofenphos es el producto que habría causado la característica neuropatía retardada acusada por los afectados, y que la expresión "tio" en la denominación del compuesto, alude a la presencia de azufre. Combinación química por lo tanto fosforada y azufrada. Así lo dejó escrito el Dr. Muro:




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