El cooperativismo en general, y el agrícola en particular, surge en España con un ligero retraso respecto a los países de Europa nor-Occidental



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COOPERATIVISMO AGRARIO DE CREDITO EN ESPANA (1890-1935); SOLIDARIDAD DESDE ABAJO?

Autores:

Ángel Pascual Martínez-Soto

Universidad de Murcia

Susana Martínez Rodríguez1

Universidad Autónoma de Barcelona.
Filiación profesional.

Ángel Pascual Martínez Soto

Profesor Titular de Universidad

Área de Historia e Instituciones Económicas - Departamento de Economía Aplicada

Facultad de Economía y Empresa (Despacho A4.04)- Universidad de Murcia

Campus de Espinardo, 30100 MURCIA

Tlf.: 968367932; Fax: 968363745

e-mail: apascual@um.es

Susana Martínez-Rodríguez

Department of Economics and Related Studies, University of York

Dirección postal:  Department of Economics and Related Studies, University of York,

Heslington, York, UK. YO10 5DD

Tfno: +4401904 43 3680

email: smr518@york.ac.uk



COOPERATIVISMO AGRARIO DE CREDITO EN ESPANA (1890-1935); SOLIDARIDAD DESDE ABAJO?

Resumen
La difusión del cooperativismo agrario de crédito en España (1890-1934) se realizó bajo distintas orientaciones ideológicas y económicas. El trabajo se centra en construir varias herramientas e indicadores que permitan explicar las características de la implantación de estas entidades. El análisis de funcionamiento financiero de las cajas rurales ligado a otros aspectos sociopolíticos que influyeron en su desenvolvimiento, es utilizado para analizar el éxito relativo de un proceso de adaptación de los modelos cooperativistas de crédito alemanes a la realidad agraria española, como sucedió en otras periferias europeas.
Palabras clave

cooperativismo agrario de crédito, cajas rurales, movimiento confesional


Abstract.

The spreading of agrarian credit cooperativism in Spain (1890-1934) was done under several ideological and economic filiations. This article focuses on building few tools and indicators to explain the characteristics of agrarian credit cooperatives. Financial organization, sociological and political aspects have influenced on rural saving banks development; analyzing these topics will help us to explain the relative success of German credit cooperatives models to Spanish environment, as it happened on European periphery.


Key words.

Agrarian credit cooperativism, rural saving banks, denominational movement.



INTRODUCCIÓN.
El éxito alcanzado por las cooperativas de crédito en Alemania a partir de 1850 fue uno de los motivos clave que contribuyó a su difusión por Europa. En la década de 1880 estaba consolidado y sólidamente organizado en la mayor parte de los países Nor-Occidentales2, hasta el punto de convertirse en una de las respuestas más eficaces para la implantación de las pequeñas explotaciones ante la Crisis finisecular. Una de las tesis más aceptadas que explica el éxito en la implantación de los modelos alemanes enfatiza las ventajas adicionales que presenta frente al sistema bancario en cuanto a la mayor disponibilidad para obtener información sobre sus potenciales clientes, ofreciendo productos financieros más cercanos a las demandas reales a un menor coste. Esta hipótesis general puede ser contrastada en Alemania porque allí no sólo existía un sistema bancario desarrollado, sino que contaba con precedentes de finanzas rurales de grandes propietarios que se remontan al siglo XVII. Las cooperativas de crédito triunfaron en Francia, los Países Bajos3 y el Norte de Italia4, pero no en Dinamarca5 o Irlanda6. En la Europa Mediterránea tampoco demostraron ser un instrumento eficaz para afrontar la necesaria modernización agrícola.

El objetivo de este trabajo es analizar las dificultades que encontró esta modalidad de cooperativismo para su implantación en España, especialmente para lograr cotas significativas de sostenibilidad, eficiencia, estabilidad y cobertura y, por tanto, para convertirse en un instrumento útil para el desarrollo de las finanzas rurales, evitando con ello la exclusión financiera de amplios sectores campesinos.

En segundo lugar – en la sección “La implantación del cooperativismo agrario de crédito en España: 1890-1934 – se realiza un estudio sobre el proceso de introducción del cooperativismo agrario de crédito en España entre 1890 y 1934, analizando la difusión de los modelos de las primeras cooperativas para lograr sus sostenibilidad y qué factores impidieron un mayor desarrollo de este tipo de entidades; a través de la implantación de las asociaciones, tratando de explicar las causas que determinaron la misma, delimitando su implantación espacial. Para analizar los factores que condicionaron su crecimiento hemos utilizado el microanálisis de cajas (tipología de socios, de operativa, de recursos, de tecnologías financieras, etc.) y hemos construido distintos indicadores que muestran la densidad cooperativa de crédito en España.

En la sección tercera se analiza el funcionamiento financiero de este tipo de cooperativas atendiendo a distintos indicadores como son la demanda de crédito, los costes de información y transacción, la estacionalidad de las operaciones de los clientes – sometidos al ciclo de la cosecha –, la incertidumbre ante los riesgos, la carencia de garantías reales de los socios, etc. En este sentido, se trata de explicar cómo las cajas rurales abordaron estos problemas, así como los riesgos exógenos – que no dependen de la clientela, sino del contexto institucional – y trazar una explicación de su éxito o fracaso.

Y por último, se aborda el estudio comparativo entre estas instituciones de microcrédito rural y los pósitos, que coincidieron temporal y espacialmente, actuando sobre la misma clientela potencial.

En este trabajo utilizamos el término “finanzas rurales” refiriéndonos a la provisión de servicios financieros a un grupo heterogéneo de población agrícola y no agrícola de diferentes niveles de ingreso. Abarca una variedad de ajustes institucionales formales, informales o semi-formales, así como diversos tipos de productos y servicios entre los que se incluyen préstamos, depósitos de ahorro, seguros, compra de insumos y maquinaria, etc. El término engloba tanto a las finanzas agrícolas como las microfinanzas rurales, y constituye un subsector del sector financiero global. Seguimos en esta definición la línea marcada por la corriente conocida como “New Paradigme of Rural Finances”7. Esta corriente de pensamiento económico referido a la financiación rural considera a las poblaciones rurales como susceptibles de recibir servicios bancarios a través de instituciones eficaces. Entre los objetivos de las instituciones financieras rurales se incluyen la maximización de la cobertura y el alcanzar la sostenibilidad para conseguir el mayor impacto posible en la población rural. Estas metas se consiguen a través de los proyectos realizados en los distintos tipos de instituciones, productos, servicios y procesos que surgen como respuesta a las barreras de información, incentivos, y el cumplimiento del contrato, que dificultan las transacciones financieras en las áreas rurales. Se analizan las instituciones de propiedad de sus miembros: cooperativas de ahorro y crédito y también las influencias que sobre éstas ejercieron las instituciones financieras de segundo nivel (federaciones, centrales, confederaciones, etc.)

Además de las definiciones aclaratorias, señalaremos que todo análisis sobre el cooperativismo de crédito desde su historia debe conllevar una disposición a tener en cuenta las características esenciales de las agriculturas en las que se desenvuelve, así como las posturas de los agricultores frente a estas entidades de economía social8.
I. LA IMPLANTACIÓN DEL COOPERATIVISMO AGRARIO DE CRÉDITO EN ESPAÑA: 1890-1934
El cooperativismo agrario de crédito surgió en el contexto cambiante de la agricultura y de la evolución del campesinado a mediados del siglo XIX en Alemania (sistemas: Raiffeissen, Schulze-Delizsch y Haas) y, desde allí se propagó por toda Europa. En su origen este movimiento trató de frenar los efectos de las fuerzas del mercado que tendían a eliminar a los productores más vulnerables frente a la competencia.

La primera difusión de sistemas de microcrédito agrario y, más concretamente, las cajas rurales del sistema Raiffeissen correspondió a Joaquín Díaz de Rábago9 este propagandista no generó ninguna iniciativa práctica, a pesar de ser el director de la sucursal del Banco de España en Santiago de Compostela y de sus relaciones políticas con el líder liberal Eugenio Montero Ríos.

La primera adaptación de las cooperativas Raiffeisen en España la realizó Nicolás Fontes Álvarez de Toledo en Murcia en 1891 con la asimilación de las Darlehnskassen con los grupos de autoayuda. Fundó la Caja Rural de Ahorros, Préstamos y Socorros de Javalí Viejo10, guiándose por el modelo de entidad realizado por el Centro Católico Alemán de Westfalia (Asociación de los labradores Westfalianos). El modelo Fontes tuvo una amplia difusión en las localidades de la huerta murciana. Su objetivo fundamental era evitar el conflicto entre los arrendatarios-jornaleros y los propietarios, pasar así frenar la propagación de las ideas socialistas y anarquistas. En 1898 se había implantado en 8 localidades agrupando a un total de 2.350 socios y en 1900 se habían fundado “Cajas Rurales Fontes” en las provincias próximas de Albacete (Chinchilla, Pétrola, Fuanteálamo, Corral-Rubio, Bonete y Tobarra), Granada, Alicante, Badajoz y Málaga.

El cliente meta eran campesinos pobres (pequeños arrendatarios, propietarios ínfimos y jornaleros) con la finalidad de lograr que pudieran adquirir tierras en propiedad a través de un peculiar sistema consistente en la adquisición de las mismas por parte de la entidad la cual establecía un contrato a diez años con el socio interesado, teniendo éste que amortizar cada año la décima parte del valor y por intereses del 5% del capital pendiente. Las cajas también actuaron para evitar la comercialización forzosa de sus socios productores de capullo de seda, comprando sus producciones para poder vender al por mayor en los mercados más convenientes. A pesar de la coincidencia temporal, no existió ningún contacto entre Díaz de Rábago y Nicolás Fontes. La ausencia de una red de información cohesionada fue una constante entre los primeros teóricos del microcrédito y los primeros prácticos españoles.

En los primeros años del siglo XX se gestaron varios modelos de instituciones de finanzas rurales en distintos puntos del país. Luis Chaves Arias11 fundó en 1902, diferentes cajas rurales en la región de Castilla-León. El mismo modelo fue utilizado por los sacerdotes Anacleto Orejón, Gregorio Amor y Valentín Gómez, para fundar en 1901 otra caja rural del mismo modelo en Amusco (Palencia)12.

La Iglesia Católica española, y más concretamente, sus organismos de política social, antes los cambios sociales que estaban desarrollándose en el ámbito agrario y la conflictividad consiguiente, desarrollaron distintas iniciativas para evitar que los grupos más desfavorecidos se uniesen a las nuevas organizaciones políticas y sindicales que cuestionaban el orden social y económico existente.

En esta línea, el desarrollo de instituciones de financiación para las pequeñas explotaciones familiares agrarias constituía un elemento básico para evitar su desaparición ante los avatares de los mercados agrarios. El Catolicismo Social consideró que el modelo cooperativo Raiffeisen era un instrumento útil para la aplicación de sus estrategias políticas, sociales y económicas. Por este motivo la actividad publicista de Luis Chaves contó con el apoyo de la organización católica y tuvo un impacto considerable, al ser adoptado su modelo de cooperativas de crédito por la Confederación Nacional Católica Agraria para sus sindicatos y cajas rurales.

Donde más éxito tuvo el modelo Raiffesenista fue en Navarra. Entre 1903-1904 Atanasio Mutuarría13 fundó la Caja Agrícola de Tafalla, a la que siguió la Caja de Ahorros y Préstamos de Olite fundada esta por Victoriano Flamarique en 1904. Entre 1904-1907, los sacerdotes V. Flamarique y Antonino Yoldi iniciaron una activa campaña propagandista por los pueblos navarros logrando fundar varias cajas rurales14 (CUADRO 1). Hay que remarcar que el éxito de esta iniciativa residió en el apoyo recibido del clero local, el obispado y, en algunos casos, los grandes propietarios. Una de las claves para la consolidación de las cajas cooperativas navarras fue la creación de un Consejo Diocesano y el desarrollo de un proyecto organizativo con una coordinación en tres niveles (caja local-caja de distrito-caja provincial) elaborada por A. Yoldi. La existencia de organismos de segundo nivel fue un hecho diferencial respecto a lo que sucedió en otros territorios en los que la estructura de instituciones no superó el primer escalón local. En 1908 ya eran 130 cajas rurales para 346 pueblos con más de 14.000 familias asociadas, encontrándose este entramado conectado con 57 sindicatos agrícolas que agrupaban a 5.600 socios. Las cooperativas navarras se convirtieron en pioneras de la difusión de los abonos químicos a través de compras en común, lo que reforzó su aceptación entre los pequeños explotadores de la región; en 1910 más de la mitad de los municipios navarros (143 sobre 269) tenían caja rural y el proceso de crear una organización coordinadora de este entramado se cerró con la fundación en ese año de la Federación Católico-Social de Navarra, que supuso el núcleo raiffesianista más sólido del país en este primer momento.



CUADRO 1. IMPLANTACION DEL COOPERATIVISMO AGRARIO CONFESIONAL Y RAIFFESIANISTA EN NAVARRA, 1907-1910.

Población

1907

1908

1909

1910

Cajas Rurales

Poblaciones agrupadas

Cajas Rurales

Poblaciones agrupadas

Cajas Rurales

Poblaciones agrupadas

Cajas Rurales

Poblaciones agrupadas

Aoiz

12




37

144

31

129

40

157

Estella

22




42

96

44

93

49

96

Pamplona

12




26

77

25

129

29

135

Tafalla

13




19

23

19

23

19

23

Tudela

4




6

6

6

6

6

6

Total

63




130

346

125

380

143

417




Sindicato Agrícola

Poblaciones agrupadas

Sindicato Agrícola

Poblaciones agrupadas

Sindicato Agrícola

Poblaciones agrupadas

Sindicato Agrícola

Poblaciones agrupadas

Aoiz

9

44







17

103







Estella

15

42







18

98







Pamplona

13

45







18

91







Tafalla













2

2







Tudela

























Total

37

130

57

250

55

294

57

250

Fuente: Yoldi, A.: Sexta Semana Social, 1916, tomado de MAJUELO GIL, E.; PASCUAL BONIS, A.: Del catolicismo agrario al cooperativismo empresarial. Setenta y cinco años de la Federación de Cooperativas navarras 1910-1985, Madrid, p. 48
Otro núcleo importante de cooperativas de crédito de carácter “neutro”15, surgió en Extremadura16, concretamente en Badajoz, impulsado por Tomás Marín (director de la sucursal del banco de España en Badajoz) que fundó varias cajas rurales en 1905 (Fuente de Cantos y de Cabeza de Buey) que se atenían a la solidaridad ilimitada y a la exclusión de dividendos, pero admitían cuotas de entrada y mensuales, lo que les alejaba de la puridad del sistema. Este grupo de cajas no se limitó a actuar como cajas de ahorros y préstamos, sino que también realizaron operaciones propias de los sindicatos agrícolas (compra de maquinas, animales reproductores, semillas, abonos químicos, depósito y venta en común de cosechas, guardería rural, seguros y conciliación), aunque las operaciones financieras constituían el centro de su labor. Este tipo de instituciones financieras rurales no estuvo ligado a las organizaciones católicas; fue una iniciativa de los propietarios agrícolas grandes y medianos que aportaron importantes sumas de capital social, de tal manera que serán las cajas rurales más capitalizadas del país durante todo el período (1890-1934). Desde el principio utilizaron tecnología financiera (técnicas, procedimientos y productos financieros) muy novedosa, como es el caso de las cuentas corrientes con garantía hipotecaria que llegaron a convertirse en su principal modalidad de crédito.

La gran solvencia y los avales reunidos por las entidades de Badajoz les brindó el apoyo del Banco de España, de tal manera que se convirtieron en las entidades que mayores créditos obtuvieron del banco central, prestando los capitales a un interés que osciló entre el 5,50 y el 7 %, cuando ellas obtenían el dinero al 4,50 % con la garantía de sus socios (CUADRO 2).


CUADRO 2. DESARROLLO INICIAL DE LAS CAJAS RURALES SISTEMA RAIFFEISEN DE LA PROVINCIA DE BADAJOZ, 1906-1911.




1906

1907

1908

1909

1910

1911

Número de Cajas Rurales

9

14

20

24

24

24

Poblaciones agrupadas

24

40

49

63

63

63

Número de socios

1.519

3.012

4.582

5.739

5.941

5.974

Capital social (pesetas)

40.245.106

84.478.784

134.483.480

157.064.788

161.349.675

161.933.220

Préstamos

(ptas)

Personales

332.037

834.594

1.199.438

1.343.681

1.354.887

1.415.621

Pignoraticios




24.945

143.364

203.063

180.829

219.591

Hipotecarios

717.167

2.530.441

4.591.627

6.395.530

7.173.575

6.943.098

Total

1.049.244

3.389.980

5.934.429

7.942.274

8.709.291

8.578.310

Participación fondos públicos (ptas).







141.370

434.060

716.056

829.350

Balance de las Cajas Rurales (ptas)

59.200

760.477

1.720.026

2.817.165

4.089.173

4.417.732

Préstamos recibidos del Banco de España (ptas)

1.323.510

3.090.429

4.326.019

5.556.346

5.183.813

4.815.992

Revervas (ptas)

11.033

72.941

158.254

222.909

308.540

389.105

Fuente: Asociación de Agricultores de España Memoria del Segundo Concurso de Asociaciones Agrícolas, Madrid, 1911.
Excluyendo al grupo extremeño, en 1909 las cajas rurales confesionales organizadas ascendían a 37317 en toda España. La mayor parte de ellas introdujeron modificaciones en la estructura original del modelo Raiffeisen, al añadirle la operativa de cajas de ahorros, lo que exigía pequeñas aportaciones para el capital social (lo usual eran 10 pesetas que se hacían efectivas a plazos). La ausencia de una regulación legal que favoreciese la implantación de estas cooperativas de crédito obstaculizó su desarrollo hasta 1906; a partir de esa fecha la aprobación de la Ley de Sindicatos Agrícolas y su posterior reglamento de 1908. Esta normativa, influida por la Ley de Sindicatos Agrícolas de Francia de 1884, constituía la figura del “sindicato agrícola” como asociación de agricultores (propietarios y cultivadores). Esta organización podía desempeñarse como cooperativas agrarias combinadas (producción, comercialización, compra de insumos, crédito, etc.) o sencilla, también podría tener una sección específica de crédito o fundar una cooperativa de crédito (Caja Rural) que dependía de ella. La ley también permitía el funcionamiento independiente de cooperativas agrarias de crédito con la autodenominación de Cajas Rurales, que constituyen el objeto de estudio de este trabajo. Las exenciones fiscales que preveían estas normativas fueron sistemáticamente entorpecidas desde el Ministerio de Hacienda y en especial desde la Dirección General del Timbre18. Esta política fiscal encarecía las operaciones de las cajas rurales y por tanto contribuían a que tuvieran dificultades para su sostenibilidad. (TABLA 3).

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