Eje 14: defensa, seguridad y derechos humanos



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EJE 14: DEFENSA, SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS

Coordinadores de Eje:

Sonia Winer - Andres Bustos - Lucas Melfi - Laura Sala

Mesa :

DEFENSA, SEGURIDAD INTERNACIONAL Y DERECHOS HUMANOS


Moderadores: Lucas S. Melfi y Andres A. Bustos

La incidencia de la estrategia imperial de Estados Unidos en las políticas de Defensa de Chile (2008-2015).




  • Mariano Del Pópolo1

  • Facultad de Ciencias Humanas

  • Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires

  • Eje temático 14: Defensa, Seguridad y Derechos Humanos

Política exterior norteamericana y reorientación estratégica bajo los gobiernos de Obama

Los hechos ocurridos el 11 de septiembre del 2001 permitieron a Estados Unidos evidenciar públicamente y con aguda claridad cuáles eran sus nuevos enemigos y en base a esto cuál debía ser la nueva estrategia para enfrentarlos. Los distintos documentos elaborados por la Casa Blanca y el Departamento de Defensa a partir de los hechos del 11 de Septiembre de 2001 reforzaron la idea según la cual Estados Unidos debía sostener su liderazgo mundial para enfrentar las nuevas amenazas emergentes. En el año 2002 se publicó el documento Estrategia de Seguridad Nacional, popularizado también como “Doctrina Bush”, donde se plantearon los nuevos lineamientos estratégicos. Esta doctrina consideró que la paz y estabilidad internacional de la nueva etapa se encontraba amenazada por los emergentes grupos terroristas aliados y financiados por un grupo de Estados villanos, y por la posibilidad de que estos grupos se hicieran de armas de destrucción masiva para atacar a Estados Unidos o a sus aliados:

“Por primera vez desde los albores de la Guerra Fría, una nueva línea estratégica está cobrando forma en Washington. Su impulso inicial y más directo es la reacción ante el terrorismo, pero también constituye una visión más amplia de cómo Estados Unidos debería ejercer el poder y organizar el orden mundial. De acuerdo con este nuevo paradigma, Estados Unidos estará menos atado a sus socios y a las reglas e instituciones globales, al mismo tiempo que se propone desempeñar un papel más unilateral y previsor en enfrentar las amenazas terroristas y encarar a los estados villanos que aspiren a poseer WMD (armas de destrucción masiva).” Ikenberry (2002: 8)

En un mismo sentido, Fabián Calle y Khatchik DerGhougassian afirmaron que la nueva “Doctrina Bush” tuvo como objetivo fundamental sostener la posición hegemónica de Estados Unidos en el mundo y prevenir el surgimiento de otra potencia competidora:

“De acuerdo a la ESN, la posición hegemónica de los Estados Unidos en el mundo será mantenida mediante dos estrategias. La primera es la de los ataques preventivos. La segunda es la disuasión hacia potenciales adversarios. Ambas marcan una nueva dimensión en la política exterior de Washington. (...) la estrategia preventiva y más proactiva se centrará en la amenaza encarnada por el terrorismo internacional (y sus vinculaciones con el crimen organizado) y los denominados “Estados villanos” mientras que la relación con grandes potencias como China tenderá a conducirse con una mayor dosis de elementos propios de la disuasión y la contención.” Calle y DerGhougassian (2003:67)

Así, los ataques preventivos pasaron a ocupar el lugar que ocupó la disuasión y la contención durante la guerra fría como principal estrategia del gobierno norteamericano en su política exterior, especialmente luego del 11 de septiembre y durante el gobierno de George W. Bush. Asimismo, se evidenció el interés norteamericano en sostener su liderazgo mundial y evitar que surgiera otra potencia capaz capaz de disputarle. La idea de unipolaridad fue ampliamente discutida por los teóricos de las relaciones internacionales con el fin de la guerra fría. El 11 de septiembre marcó una nueva etapa en la lucha por sostener este mundo unipolar. Por un lado, se evidenció que para sostener la Pax Americana del Siglo XXI resultaría ineludible apelar al uso de la fuerza. Por otra parte, fueron emergiendo nuevos Estados que comenzaron a tomar mayor relevancia en la arena internacional, fundamentalmente Rusia, China e India.

La crisis económica internacional que estalló en el 2008 afectó con dureza a las economías más desarrolladas del mundo, fundamentalmente a la Unión Europea y Estados Unidos. La crisis, que comenzó atacando al mundo financiero pronto se trasladó a la economía real de los dos principales centros económicos del mundo provocando un impacto social pocas veces visto en estos territorios aumentando drásticamente el desempleo, la pobreza y provocando fuertes desequilibrios en las cuentas nacionales.

En este marco, la asunción de Barack Obama planteó grandes continuidades respecto a los lineamientos estratégicos de la administración Bush. Existieron consensos y un núcleo estratégico compartido (Ezcurra, 2013:11) que sobrevivió de la gestión anterior respecto al rol hegemónico global y a la necesidad de que el liderazgo mundial norteamericano se base en preservar una fuerza militar con capacidad global. Sin embargo, la profunda crisis que debió enfrentar Obama al asumir el gobierno replanteó los objetivos dando prioridad al frente doméstico (White House, 2010:4) y planteando como eje de la política exterior un globalismo selectivo que de lugar una restricción estratégica de los compromisos internacionales de Estados Unidos como potencia global (Ezcurra, 2013:13).

En el año 2010 la Casa Blanca publicó una nueva versión del documento National Security Strategy donde se planteó la necesidad de renovar el liderazgo norteamericano. Este documento estuvo fuertemente marcado por la profunda crisis que atravesó Estados Unidos en el 2008, según el documento la más profunda desde la Gran Depresión de 1930 (White House, 2010:2). La crisis interna erosionó el liderazgo estadounidense en el sistema internacional, por lo que se debía fortalecer el frente doméstico y fundamentalmente la economía como punta de su hegemonía mundial. En este marco, y frente a la compleja situación interna, Estados Unidos aplicó una restricción estratégica en su política exterior reorientando su proyección de poder hacia Asia - Pacífico. En el año 2012 el Departamento de Defensa publicó un nuevo documento actualizando la estrategia de seguridad, denominado “Sustaining U.S. Global Leadership: priorities for 21st Century Defense” (Department of Defense, 2012). Este documento pretendió actualizar la estrategia de liderazgo estadounidense, por un lado en lo referido a la emergencia indiscutible de China, India y Rusia como potencias, fundamentalmente reflejando la creciente preocupación norteamericana por la emergencia de China como un actor clave en la economía mundial.

En el año 2015 se publicó la última edición del documento National Security Strategy reafirmando la necesidad del liderazgo norteamericano frente a las amenazas mundiales (White House, 2015:2). El documento nuevamente reflejó la intención norteamericana de proyectar su poder hacia el pacífico, puesto que en los próximos 5 años aproximadamente la mitad del crecimiento económico mundial por fuera de Estados Unidos se espera que provenga de Asia, lo que aumentaría los riesgos y conflictos en la región (White House, 2015:24). Frente a esto se fortalecerían las alianzas con los aliados regionales y las instituciones multilaterales como ASEAN y APEC. El Tratado Trans Pacífico (TPP), en este marco, adquirió una relevancia trascendental. La firma del TPP formalizó el acuerdo comercial de mayor envergadura mundial impulsado por Estados Unidos. No resulta paradójico que China, la principal economía de Asia-Pacífico, no se encontrara entre las partes signatarias. Al respecto, Atilio Borón señaló que el principal objetivo del acuerdo comercial fue aislar al gigante asiático y disminuir su influencia y proyección de poder en la región (Borón, 2015). Por otra parte, el resurgimiento de Rusia como una voz fuerte en la arena mundial ya no se advierte como una posible competencia sino como una potencial amenaza:

“La agresión Rusa en Ucrania deja en claro que la seguridad Europea y las reglas y normas internacionales contra la agresión territorial no pueden ser dadas por sentado. (...) Continuaremos imponiendo sanciones y otros costos significativos a Rusia mientras contrarrestamos la propaganda engañosa de Moscú con la más pura verdad. Disuadiremos las agresiones de Rusia, permaneceremos alerta a sus capacidades estratégicas, y ayudaremos a nuestros aliados y compañeros a resistir a la coerción Rusa a largo plazo, si es necesario. (...)” (White House, 2015)

La nueva orientación estratégica hacia el Pacífico también incidió en la política exterior norteamericana hacia América Latina, fuertemente desgastada en la primera década del siglo XXI. El surgimiento de un bloque regional de países del pacífico, materializado en la Alianza del Pacífico, capaz de contrabalancear el eje progresista y bolivariano en la región significó un objetivo fundamental para la política norteamericana en la región. Además, a partir del 2008 Estados Unidos profundizó la injerencia en la región a través del aumento de la presencia militar. La reactivación de la IV Flota y la instalación de nuevas bases militares en todo el continente reforzaron notablemente la presencia del Comando Sur en América Latina. El aumento de ejercicios conjuntos entre las Fuerzas Armadas de los países de la región y las tropas del Comando Sur fue otro de los mecanismos fundamentales a través de los cuales Estados Unidos logró aumentar su injerencia. Dichos ejercicios conjuntos se enmarcaron en la lucha contra las “nuevas amenazas” en la región, el narcotráfico, el terrorismo o los desastres naturales. La ampliación del concepto de seguridad fue parte fundamental de los lineamientos estratégicos norteamericanos para América Latina. La noción ampliada de seguridad, también denominada como seguridad multidimensional fue planteada por Estados Unidos en distintos ámbitos de la OEA. En el año 2003 se aprobó la Declaración sobre Seguridad de las Américas donde se reconoció la noción de seguridad multidimensional como un principio hemisférico fundamental, basado en el compromiso de los Estados para combatir las amenazas tradicionales y las nuevas amenazas. Bajo el concepto de nuevas amenazas se enmarcaron diversas problemáticas que afectan potencialmente a la región (narcotráfico, terrorismo, pobreza extrema, delincuencia, crimen organizado, protección del medio ambiente, lavado de dinero) y que debían ser abordadas desde esta nueva perspectiva de seguridad. Esta es la perspectiva que ha utilizado el Comando Sur en los ejercicios conjuntos con las Fuerzas Armadas de la región, promoviendo y ampliando la securitización de diversos ámbitos de la vida social.

En materia de defensa y seguridad internacional, Chile es uno de los principales apoyos con los que cuenta Estados Unidos en Sudamérica. Esto se comprueba, por ejemplo, en la relación que sostiene Chile con el Comando Sur y el Comando Pacífico materializada en acuerdos bilaterales y ejercicios militares conjuntos. Resulta estratégico para la proyección de Estados Unidos en América del Sur que Chile cumpla un rol de liderazgo regional en el ámbito de la defensa y la seguridad internacional, promoviendo ejercicios militares conjuntos y participando en otras acciones conjuntas como Operaciones de Mantenimiento de Paz y ejercicios de asistencia humanitaria.

Chile y Estados Unidos: una relación estratégica.

La transición democrática en Chile y la llegada al gobierno de la Concertación, una alianza política auto referenciada como de centro-izquierda, se enmarcó en un contexto internacional de profundas transformaciones: la caída de la Unión Soviética y el bloque socialista alteró notablemente el tablero geopolítico internacional. Asimismo, el sistema capitalista adquirió carácter global instaurando una hegemonía neoliberal que tuvo un notable impacto en América Latina a través de las políticas que se implementaron en el marco del denominado Consenso de Washington.

El principal objetivo de la política exterior chilena fue poder lograr una exitosa reinserción internacional tras los años de aislamiento que sufrió Chile por las denuncias internacionales de violaciones a los derechos humanos cometidas por el dictador Augusto Pinochet. Esta tarea fue emprendida con éxito por los gobiernos de la Concertación. Chile se reincorporó como un actor activo en las Naciones Unidas y reestableció relaciones diplomáticas con Estados de importancia estratégica como México, Italia, Suecia, Holanda o Francia (Maira, 2010).

En clara sintonía con el nuevo contexto internacional Chile desarrolló una política de negociaciones económicas internacionales destinada a consolidar relaciones económicas con una amplia gama de Estados de diversas regiones, fundamentalmente América Latina, América del Norte, Europa y Asia - Pacífico. Muchas de estas negociaciones económicas se formalizaron a través de la firma de Tratados de Libre Comercio, lo que llevó a Chile a ser uno de los países con más acuerdos comerciales firmados en el mundo; Chile firmó 25 acuerdos de liberalización comercial con distintos Estados y bloques regionales (DIRECON, 2015).2 Este paradigma de política exterior que tuvo como objetivo la reinserción internacional de Chile en el marco y bajo las pautas de la globalización neoliberal fue denominado por diversos autores como regionalismo abierto (Van Klaveren, 2012) en referencia a las ideas promovidas por la CEPAL durante la década de 1990.

La firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos en el año 2003 fue el logro más esperado por la diplomacia económica chilena que anhelaba la firma del acuerdo comercial desde la década de 1990. Para Chile la firma del TLC significó formalizar una relación económica de privilegio con Estados Unidos, pero también terminó de sellar una relación estratégica que desde la transición democrática fue considerada como prioritaria. Poder convertirse en un socio estratégico regional de la primer potencia mundial en el contexto de posguerra fría representó un objetivo fundamental en la estrategia de inserción internacional de Chile. La firma del acuerdo comercial se dio en el marco de un conjunto de iniciativas que emprendió Chile para mostrarse frente a Estados Unidos como uno de sus socios fundamentales en América del Sur. Profundizando, la firma del Tratado de Libre Comercio significó un gesto de alineamiento y adhesión de Chile al proyecto estratégico de liderazgo mundial encabezado por Estados Unidos en el nuevo escenario geopolítico mundial.

Para Estados Unidos, Chile representa un modelo a seguir para el resto de los países sudamericanos y un interlocutor estable en la región (Fermandois, 2012). Chile sostuvo posicionamientos internacionales moderados, promoviendo el multilateralismo y un fuerte activismo en los foros internacionales. Asimismo, Chile se incorporó al APEC, foro de cooperación económica de Asia - Pacífico que promueve el libre comercio. Chile manifestó su fiel acompañamiento a todas las iniciativas norteamericanas en el plano estratégico internacional, con excepción de la invasión a Irak del año 2003 cuando la representación chilena en el consejo de seguridad no apoyó las pretensiones norteamericanas para invadir el país del Golfo. Sin embargo, previo a eso, Chile apoyó las resoluciones 1368 y 1441 del Consejo de Seguridad que fueron utilizadas como precedente por Estados Unidos y la denominada Coalición para justificar la invasión. En términos generales, Chile se mantuvo alineado a los lineamientos de Estados Unidos sobre la guerra contra el terrorismo, incluso en el tema Irak. En este sentido, Fermandois afirmó:

“El ex presidente Lagos asumía lo esencial del discurso norteamericano post 11 de septiembre de 2001, que no es idéntico a lo que se llama “neoconservadurismo” de la administración Bush hijo, pero se le parece bastante (...)” (Fermandois, 2012:486)

Por otra parte, frente a la emergencia de gobiernos en América Latina fuertemente contestatarios a la política exterior norteamericana y sus lineamientos estratégicos para la región, Estados Unidos valoró fuertemente los posicionamientos políticos moderados que han sostenido los distintos gobiernos del país andino. Asimismo, altos representantes del gobierno chileno manifestaron en reiteradas oportunidades a distintas autoridades norteamericanas que el “modelo chileno” representaba se encontraba en sintonía con los lineamientos estadounidenses en la región. De acuerdo a los cables diplomáticos publicados por el portal Wikileaks, en el año 2006 quien se desempeñaba como Ministro de Defensa, Jaime Ravinet, le informó a la delegación del Congreso de Estados Unidos encabezada por el Senador McConnell que Chile era el aliado más confiable de Estados Unidos en la región y que, a diferencia de otros países latinoamericanos, más que culpar al Consenso de Washington por sus problemas, Chile prefería encarar políticas de responsabilidad fiscal y focalizarse en los programas de asistencia social para los sectores más empobrecidos de la sociedad (06SANTIAGO93_a, 2006). En una reunión realizada el 6 de Marzo de 2008 entre el Embajador de Estados Unidos y el entonces Ministro de Gobierno Francisco Vidal Salinas por la situación de tensión diplomática entre Ecuador y Colombia, el funcionario chileno afirmó que Uribe era un aliado que promovía un modelo “no Chavista” para América del Sur (08SANTIAGO221_a, 2008). Los funcionarios norteamericanos también han devuelto las gentilezas a sus pares chilenos, señalando la importancia del modelo chileno en América del Sur. En una reunión realizada en Febrero del 2009, el Subsecretario Adjunto de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado de Estados Unidos le manifestó al entonces Ministro de Relaciones Exteriores de Chile Alberto Van Klaveren su agradecimiento a Chile por su trabajo promoviendo la moderación en la región (09SANTIAGO162, 2009).

Pero además, la orientación de Chile hacia Asia-Pacífico es uno de los principios fundamentales de su política exterior (Maira, 2010), entendiendo que esta región adquirió una importancia estratégica en el tablero mundial con la emergencia de nuevos actores de fuerte peso económico. En clara sintonía, Chile fue uno de los socios fundadores del foro APEC en 1994. Más recientemente, Chile fue uno de los impulsores de la Alianza del Pacífico, iniciativa regional integrada por Chile, Colombia, México y Perú con el fin de profundizar los lazos económicos entre los países. El bloque regional se destacó al ser conformado por Estados cuyos gobiernos sostenían una política exterior de mayor afinidad hacia Estados Unidos (resulta importante señalar que los 4 países, junto con Panamá que se encuentra en proceso de incorporación al bloque regional, han firmado tratados de libre comercio con Estados Unidos) en un contexto de fuerte cuestionamiento por parte de los gobiernos progresistas o posneoliberales de América del Sur a la política exterior norteamericana y sus lineamientos estratégicos. Asimismo, la iniciativa regional emergió en un contexto en el cual los intereses estratégicos de Estados Unidos se volcaron hacia la región del Pacífico. Además, Chile fue uno de los miembros fundadores del acuerdo comercial denominado TTP (Acuerdo Transpacífico), una iniciativa promovida por Estados Unidos que tiene como objetivo ejercer un notable contrapeso a China, la principal economía de Asia-Pacífico.

Una alianza estratégica en el ámbito de la defensa

Estados Unidos y Chile sostienen una estrecha relación en el ámbito de la defensa. Chile es un importante colaborador para Estados Unidos en el ámbito de la seguridad internacional, siendo uno de los países latinoamericanos que más tropas aporta en las Misiones de Paz de las Naciones Unidas. Chile sostiene una fuerte colaboración con las denominadas acciones de mantenimiento de la paz y la seguridad internacional, especialmente a través del envío de tropas a Operaciones de Mantenimiento de Paz. Actualmente, Chile participa de 6 misiones de paz: Haití (MINUSTAH), Chipre (UNFICYP), Bosnia y Herzegovina (ALTHEA), India y Pakistán (UNMOGIP), en Medio Oriente (UNTSO) y recientemente en República Centroafricana (MINUSCA). De acuerdo a un informe de las Naciones Unidas de Enero del 2016, Chile fue el tercer país que más tropas aportó a las misiones de paz luego de Brasil y Uruguay: 8 policías, 5 expertos y 405 tropas regulares3. El 27 de Enero de 2016, la Comisión de Defensa del Senado de Chile aprobó la participación de las tropas chilenas en la misión de la ONU en República Centroafricana, decidiendo enviar 4 miembros de las Fuerzas Armadas de Chile. Por otra parte, Chile es signatario de los 13 tratados internacionales para combatir el terrorismo y su financiamiento. Esto fue valorado positivamente por el gobierno de Estados Unidos en los documentos elaborados por el Departamento de Estado denominados “Country Report on Terrorism” y “Patterns Reports of Global Terrorism”, donde se presenta un informe sobre la situación del terrorismo en el mundo y cómo aporta cada país a la lucha antiterrorista. Allí, el Departamento de Estado también valora positivamente todas las normativas antiterroristas sancionadas por Chile, especialmente aquellas que tienden a regular, sancionar y evitar el financiamiento a los denominados grupos terroristas. Además, Chile es el país que más tropas envía a la Escuela de las Américas después de Colombia (Luzzani, 2012:264).

En el ámbito de la seguridad hemisférica, Chile es un fiel aliado para Estados Unidos en lo referido a lucha contra el terrorismo, combate al crimen organizado y asistencia humanitaria. Ambos países sostienen una gran cantidad de ejercicios e intercambios militares como operaciones marítimas o de mantenimiento de paz. Resulta paradigmático señalar que cuando la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) fue expulsada de Bolivia en 2008, el Embajador de Estados Unidos en Chile le solicitó al entonces Ministro del Interior de Chile si el personal de la DEA expulsado podía ubicarse en Chile, puesto que dichas expulsiones podían tener efectos desestabilizadores en la región. De acuerdo a los cables diplomáticos filtrados por el portal Wikileaks, el Ministro Perez Yoma aceptó el pedido. De acuerdo a los cables diplomáticos, la Embajada de Estados Unidos en Chile realizó los contactos correspondientes para que dos miembros de la DEA expulsados de Bolivia se relocalizaran en Chile (08SANTIAGO1105_a, 2008). El gobierno de Estados Unidos valoró positivamente los esfuerzos que han realizado las distintas administraciones chilenas para combatir el narcotráfico. En su primer visita a Chile en Abril de 2012 el ex Secretario de Defensa de Estados Unidos, Leon Panetta, manifestó a Sebastián Piñera la importante colaboración que realizaba el país andino junto con Estados Unidos para mantener la paz y la estabilidad hemisférica. Entre estos esfuerzos, destacó la participación chilena en la Operación Martillo, un ejercicio multinacional destinado a interceptar drogas en la costa de Panamá. En ese año, Chile participó de la Operación donde se confiscaron drogas por un valor de 362 millones de dólares4.

Por otra parte, Estados Unidos es uno de los principales proveedores de armamento militar de Chile. Desde el 2008, Chile ha comprado a Estados Unidos más de $180 millones en material militar. Es importante señalar que Chile ha sido uno de los países de la región que más ha aumentado su gasto militar en los últimos años y posee Fuerzas Armadas altamente equipadas. El gasto militar chileno del último lustro se ubica en alrededor de un 2% del PBI de acuerdo a cifras del SIPRI5.

El 15 de Abril de 2015 una delegación de la Armada del Pacífico de Estados Unidos (USARPAC) encabezada por el General Vincent N. Brooks visitó las instalaciones de la Armada chilena al ser invitado por el Comandante de la misma, el General Humberto Oviedo. En la reunión, el General norteamericano afirmó que USARPAC ve en Chile un aliado clave en la región Indo-Asia-Pacífico. Además, señaló que la relación en materia de defensa es fuerte y vibrante, basada en valores comunes e intereses compartidos6.

Asimismo, la fuerte y vibrante relación que sostienen Estados Unidos y Chile en materia de defensa descansa en sólidos cimientos construidos en base a acuerdos de cooperación y reuniones anuales entre el Ministerio de Defensa de Chile y el Departamento de Defensa de Estados Unidos, que constituyen el marco institucional y regulatorio que posibilita la amplia cantidad de ejercicios conjuntos entre las Fuerzas Armadas, Policía y otras instituciones de ambos países. Una importante instancia institucional que refuerza la estrecha relación en materia de defensa que sostienen ambos países es el Comité Consultivo de Defensa entre Estados Unidos y Chile (CCD), que fue establecido en 1996 con el fin de complementar las relaciones militares bilaterales existentes. Las reuniones del CCD se realizan anualmente con el fin de discutir temas de seguridad y defensa que vinculen a ambos países. El Comité Consultivo de la Defensa consta de cuatro Subcomités, en los ámbitos de ciencia, tecnología y logística; energía y medio ambiente; oportunidades educacionales e interoperatividad. En estas reuniones se busca consolidar la interoperatividad de las Fuerzas Armadas de ambos países en el marco de los ejercicios conjuntos que se llevan a cabo. En la XII reunión realizada en Junio de 2012, se manifestó la importancia de consolidar una alianza estratégica para la defensa del Hemisferio encabezada por los países que componen el denominado Cinturón del Pacífico7. En la última reunión realizada por el Comité en Julio de 2015, los representantes de ambas carteras de Defensa detallaron los temas que ambos países enfrentan en materia de seguridad y fundamentalmente recalcaron la importancia estratégica que ha adquirido la zona del Asia-Pacífico a nivel mundial. No es de menor relevancia señalar que en esa reunión se formalizó un intercambio entre el Colegio InterAmericano de Defensa, el Centro de Estudios Hemisféricos de Defensa William J. Perry (CHDS) y la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (ANEPE) de Chile8.

En un nivel institucional más alto, es destacable la frecuencia con que se realizan reuniones entre los más altos funcionarios de ambas carteras de Defensa, así como las usuales reuniones a las que asisten los Ministros de Defensa de Chile con el Embajador de Estados Unidos en Chile. En el año 2005 se reanudaron las reuniones entre el Ministerio de Defensa de Chile y el Departamento de Defensa de Estados Unidos, que habían sido suspendidas tras los sucesos ocurridos el 11 de septiembre de 2001. Desde esa fecha hasta la actualidad, las reuniones entre ambos Ministros, o entre Ministros de Defensa y Presidentes han adquirido una periodicidad destacable: en el año 2010, el Ministro de Defensa de Chile Jaime Ravinet y el Secretario de Defensa de Estados Unidos Robert Gates se reunieron en dos oportunidades. En ambas reuniones se hizo especial énfasis en las gran capacidad de respuesta de los militares chilenos frente a la catástrofe natural ocurrida ese año en el país andino, señalando la importancia de que Chile promueva y comparta sus conocimientos y experiencia adquiridos en dicho ámbito con el resto de los países de la región. En el año 2012 los representantes de ambos departamentos de Estado volvieron a reunirse en dos oportunidades; en la primer reunión se hizo énfasis en los ejercicios militar conjuntos destinado a las fuerzas especiales o de élite de ambos países que se realizaron ese año en Estados Unidos. Un mes después, en Abril de 2012, Leon Panetta visitó Santiago de Chile donde se reunió con el Presidente Sebastián Piñera y el Ministro de Defensa Andrés Allamand, en el marco del lanzamiento de una nuestra estrategia de defensa y seguridad de Estados Unidos centrada en el pacífico. Asimismo, Panetta volvió a hacer énfasis en las experiencias y logros de Chile en el ámbito de las respuestas a desastres naturales y crisis. Resulta importante destacar que en otra reunión entre ambas carteras, en el año 2014, el entonces Secretario de Defensa de Estados Unidos Chuck Hagel mencionó que considera a Chile como un factor de equilibrio y estabilidad en la región, destacó los compromisos que asumió Chile en la zona del Pacífico y señaló la importancia de la participación de Chile en las Operaciones de Mantenimiento de Paz, fundamentalmente en la MINUSTAH.

La importancia de la participación de Chile en las Operaciones de Mantenimiento de Paz es un eje fundamental en la relación estratégica Chile-Estados Unidos. El tema es remarcado prácticamente en todas las reuniones entre el Ministerio de Defensa de Chile y el Departamento de Defensa de Estados Unidos. En el año 2007, en una reunión entre el Secretario de la Oficina de Asuntos Hemisféricos de Estados Unidos Thomas Shannon y el ex Ministro de Defensa de Chile José Goñi, el funcionario norteamericano destacó las capacidades y el profesionalismo con el que se desempeñaban las tropas chilenas en las Operaciones de Mantenimiento de Paz, lo que llevaba a otras tropas de la región a unir fuerzas con Chile, e instó a Chile a aumentar su participación en las Operaciones de Mantenimiento de Paz (07SANTIAGO687_a, 2007).

Por otra parte, es importante señalar la amplia cooperación en el ámbito de la defensa entre ambos países sostenida por una gran cantidad de acuerdos de cooperación bilateral que fueron firmados entre el Ministerio de Defensa de Chile y el Departamento de Defensa de Estados Unidos. En los últimos 8 años se firmaron 9 acuerdos de cooperación bilateral entre ambas carteras de Defensa. Además, la USAID dependiente del Departamento de Estado de Estados Unidos firmó un memorándum de entendimiento con la Agencia de Cooperación Internacional de Chile en el año 2011 para realizar actividades de cooperación para el desarrollo en Paraguay, donde la agencia norteamericana tiene una fuerte actividad. En el mismo año se firmó otro memorándum de entendimiento entre la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias del Departamento de Seguridad de Estados Unidos (FEMA) y la Oficina Nacional de Emergencias del Ministerio del Interior y Seguridad Pública de Chile (ONEMI) con el objetivo de intercambiar experiencias en lo referido a manejo de emergencias y catástrofes naturales y fortalecer la capacidad de Estados Unidos y Chile para responder a estas situaciones tanto en territorio chileno como estadounidense. El memorándum permite el intercambio de información entre las agencias, compartir lecciones aprendidas y ejercicios de simulacro conjuntos y abre la posibilidad de participar en investigaciones conjuntas en materia de emergencia.

Los acuerdos entre el Ministerio de Defensa de Chile y el Departamento de Defensa de Estados Unidos se centran en el intercambio de información, técnicos e ingenieros para la investigación; intercambio de emergencia médica para los miembros de ambas Fuerzas Armadas en los territorios chileno y estadounidense; además, se han firmado acuerdos de cooperación para el intercambio de combustible para aviones; en el año 2007 se firmó un acuerdo entre la Armada de Chile y la Armada de Estados Unidos para el intercambio de equipos criptográficos con el fin de mejorar las comunicaciones entre ambas Fuerzas. En el año 2011 se firmó un importante acuerdo entre ambas carteras de Defensa con el fin de regular los ejercicios conjuntos y facilitar el apoyo logístico recíproco durante las operaciones que rijan bajo dicho acuerdo; en el acuerdo, el Comando Sur asume las principales responsabilidades a través de sus Puntos de Contacto.

La importancia de este último acuerdo de cooperación radica en la activa participación que tiene Chile en los ejercicios promovidos por el Comando Sur en toda la región. Una de los ejercicios en los cuales las fuerzas armadas y de seguridad de Chile participaron activamente fue el denominado “Fuerzas Comando”, donde cuerpos especiales de policías y militares de la región participan con el fin de “aumentar la cooperación” y “mejorar la interoperabilidad” de los participantes en lo que se refiere a lucha contraterrorista. Concretamente, en los ejercicios participan militares, policías, otros agentes de seguridad y civiles que se entrenan en ejercicios de contraterrorismo coordinados por el Comando Sur de Operaciones Especiales. Allí, las fuerzas de seguridad realizan ejercicios de asalto, puntería o simulacros de operaciones urbanas. Chile participó activamente en al menos las últimas 5 ediciones del ejercicio “Fuerzas Comando” enviando integrantes de las Fuerzas Armadas, de la Policía de Investigaciones y miembros del Grupo de Operaciones Policiales Especiales (GOPE) de Carabineros.

Chile también tiene una participación protagónica en el ejercicio naval multinacional coordinado por el Comando Sur conocido como “UNITAS”, destinado a entrenar a los participantes en distintos escenarios marítimos. En el año 2015, Chile fue el país anfitrión de los ejercicios “UNITAS Pacífico” realizados durante el mes de Octubre en los mares chilenos. Para el ejercicio Chile aportó 7 barcos, 2 submarinos y 4 aviones. Las más altas autoridades institucionales del Sistema de Defensa de Chile asistieron al lanzamiento de los ejercicios, incluyendo el Ministro de Defensa José Antonio Gómez, quien visitó el portaaviones estadounidense USS George Washington9.

La Armada de Chile también participó de otros ejercicios multinacionales importantes coordinados por el Comando Sur como el Partnership of the Americas (PoA). Oficialmente, el PoA es un ejercicio conjunto de intercambio militar, destinado fundamentalmente a profundizar los lazos de cooperación y la interoperabilidad de las fuerzas. En el año 2014, Chile volvió a oficiar de anfitrión de estos ejercicios destinados a entrenar a las Fuerzas participantes en lo referido a Operaciones de Apoyo y Mantenimiento de Paz y misiones de asistencia humanitaria en casos de desastres naturales. Sin embargo, en los ejercicios también se realizaron operaciones militares en terreno urbano que consistieron en “limpieza de habitaciones”, ruptura de puertas y evacuaciones médicas10. Efectivamente, las operaciones simularon ser más entrenamientos de combate en contextos urbanos que de asistencia humanitaria en casos de desastre.

Los ejercicios Partnership of the Americas del 2014 fueron realizados en la base militar de Fuerte Aguayo, Concón en Chile. La base militar de Fuerte Aguayo en Concón fue construida en el año 2012 y su construcción imita una zona urbana con 8 modelos de edificios. El costo de construcción de la misma fue de 500.000 dólares, que fueron aportados por el Comando Sur. Oficialmente, la base militar es un centro de entrenamiento para Operaciones de Mantenimiento de Paz de las Naciones Unidas manejada por el centro chileno CECOPAC, organismo dependiente del Ministerio de Defensa de Chile a través del Estado Mayor Conjunto. La instalación de la base militar en Concón despertó una fuerte polémica al ser denunciada como un centro de entrenamiento de tácticas policiales de represión, contrainsurgencia y guerra interna. En el mismo año oficiales de la Armada de Chile afirmaron que la base de Fuerte Aguayo sería utilizada para el entrenamiento de Cascos Azules de la ONU y no de fuerzas policiales a cargo de Estados Unidos.11 Sin embargo, el mismo sitio oficial del Comando Sur afirma que la base militar será utilizada para el entrenamiento de operaciones militares en terreno urbano (MOUT)12 y durante los ejercicios Partnership of Americas del 2014 se pudo ver a militares chilenos realizando este tipo de ejercicios que simulan operativos en escenarios urbanos.



Consideraciones finales

Estados Unidos y Chile sostienen una sólida relación estratégica en el ámbito de la defensa fuertemente consolidada por acuerdos institucionales y periódicas reuniones que dan el marco organizativo e institucional para que las Fuerzas Armadas de Estados Unidos a través de su Comando Sur capaciten e intercambien experiencias con las Fuerzas Armadas de Chile en diversos ámbitos con el fin de consolidar a Chile como un actor regional con capacidad de liderazgo en el ámbito de la defensa y la seguridad hemisférica.

Chile y Estados Unidos comparten un interés estratégico en el área de Asia-Pacífico, que a partir del año 2008 con el estallido de la crisis internacional y la emergencia de nuevos actores estratégicos ha cobrado una mayor relevancia. Actualmente, Estados Unidos está redireccionando sus recursos y esfuerzos estratégicos hacia esta región con el fin de reforzar su liderazgo mundial y contener la emergencia de China como una potencia capaz de competir por el liderazgo.

Chile es un actor de importancia estratégica en América del Sur y es un fiel aliado de Estados Unidos en esta zona. Los recientes esfuerzos políticos de consolidar un bloque regional de países sudamericanos aliados a Estados Unidos con eje en el Pacífico se enmarca tanto en la nueva orientación estratégica de Estados Unidos como en los lineamientos estratégicos de la política exterior de Chile, especialmente tras la transición democrática. En el ámbito de la defensa, Chile ocupa un papel importante en el ámbito regional. Posee uno de las Fuerzas Armadas más grandes y equipadas de la región y es un activo participante de las Operaciones de Mantenimiento de Paz. En este marco, Estados Unidos busca reforzar su presencia en la región sudamericana consolidando el denominado cinturón del Pacífico y el liderazgo regional de Chile en materia de defensa a través de los ejercicios conjuntos en operaciones de paz y asistencia humanitaria por desastres naturales, dos ámbitos en los que Chile ha adquirido amplia experiencia.



Bibliografía

- BORÓN, Atilio. (2015). “Argentina y el Tratado Trans-Pacífico”. 9/3/2015, de Análisis de la Gestión Pública. Sitio web: http://www.gestionpublica.info/politica-detalles-noticia/items/argentina-y-el-tratado-trans-pacifico.html

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