Educación para todos…



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Articulación entre la Educación Infantil y la Escuela Primaria.

Delia R. Azzerboni

Entendemos por articulación el facilitar el pasaje de los alumnos dentro del sistema, la transición a un nuevo entorno, a un nuevo rol, a nuevas expectativas, nuevas alternativas. Toda transición conlleva posibilidades de éxito y de fracaso. Esto depende en gran medida de las posibilidades de cada individuo, pero mucho depende de cada entorno, de cada propuesta, de cada colectivo y, por sobre todo, de las interacciones que genere el encuentro con los otros.

¿Qué se entiende por articulación?




Unir, enlazar, dar continuidad a un proyecto educativo que se inicia cuando un niño o niña ingresa a un jardín maternal o jardín de infantes y ha comenzado su desarrollo en el sistema formal de escolaridad.


Dar sentido y forma de procesos que intentan evitar fracturas entre las culturas y entidades de cada nivel.

Concertar desde lo político, lo institucional, lo curricular, lo vincular.

Propiciar la diversidad de alternativas y propuestas educativas que la escolaridad formal tiene pensada para niños y niñas sin olvidar la especialidad de cada nivel.

Evitar el “fracaso escolar”, aunque, con mayor precisión, en muchas oportunidades deberíamos decir evitar el fracaso de la escuela para generar experiencias educativas para cada alumno y alumna.


¿Qué no es la articulación?
No es reducir las acciones a meras actividades de integración entre alumnos de un nivel o ciclo con el otro, sino que implica básicamente concertaciones institucionales, concertaciones conceptuales, concertaciones curriculares. Esto implica entender a la articulación desde el paradigma de la complejidad.

No se trata de incluir actividades dispersas en el proyecto institucional, sino que es necesario que converjan condiciones tales como la existencia de un Proyecto Educativo Institucional en proceso de construcción y revisión permanente para garantizar la articulación intra institucional e inter institucional entre niveles.

No implica sólo organizar actividades compartidas sino planificar proyectos a partir de una evaluación diagnóstica de posibilidades educativas mutuas, conformando equipos de trabajo intra e interinstitucionales, concertando modelos teóricos y didácticos.

No es secuenciar y organizar solamente contenidos, sino que esta acción debería alcanzar a todos los componentes curriculares.

No es transferir modalidades de trabajo de un nivel a otro, pensando que uno u otro tienen una propuesta didáctica de mejor calidad, o más actualizada, o respetuosa de la diversidad, sino que es concertar trabajos acordes con la identidad de cada nivel.

No es hacer uso de recursos al estilo del otro nivel sino que es darle un uso apropiado de acuerdo con la experiencia educativa que se intenta provocar.

La articulación no se sostiene desde el espontaneísmo o improvisación, sino desde la planificación de propuestas curriculares que sintetizan convergencias curriculares que muchas veces provienen de la contextualización de los diseños curriculares o de una búsqueda activa de convergencias por parte de la comunidad docente.

No es la inclusión simétrica, competitiva o jerárquica de docentes y/o directivos, sino que la responsabilidad la comparten docentes y directivos. Pero no cabe duda de que el personal de conducción ha de ser quien inicie, sostenga, promueva y genere las posibilidades reales de concreción de la articulación.

No es encontrar algunos “tiempos” en los que los niveles se encuentren, sino que implica planificar de modo espiralado, seleccionado y adecuando los contenidos para trabajar desde la complejización, desde la perspectiva de la globalización.

No es espejar la organización espacial tal como la organiza “el otro nivel”, sino adecuarla en función de la propuesta curricular acordada.

No es cuestión de hacer que los niños y niñas se agrupen porque en el jardín así lo hacen, sino de promover agrupamientos que respondan a una concepción didáctica que valora el conflicto socio cognitivo y las interacciones como generadoras de aprendizajes funcionales.

No es un trabajo descontextualizado ni una oferta desigual entre niveles..., sino una oportunidad para promover el acceso a saberes variados que posibiliten a los niños y a las niñas la interacción con conocimientos que no se ofrecen fuera de la escuela.

No es planificar estrategias que reflejan lo que se hace en jardín..., sino seleccionarlas porque responden a las características del grupo y permiten un adecuado andamiaje y una intervención didáctica pertinente.

No es un trabajo que queda bajo la decisión de algunos docentes y directivos, sino que se debería enmarcar en consideraciones específicas de cada jurisdicción, previniendo encuentros y discusiones que optimicen la función enseñante de la comunidad docente.



El sentido de la articulación

Penetrar en el sentido de la articulación intra e interniveles es apelar a la capacidad de interpelación de la comunidad plena. “La inteligencia es atención y búsqueda antes de ser combinación de ideas. La voluntad es potencia en movimiento, potencia de actuar según su propio movimiento, antes de ser instancia de elección”. La voluntad que preside la acción está orientada por el deseo.

La conjunción de voluntades y deseo conduce a la creación de una escuela que intenta potenciar las posibilidades de creatividad de todos sus actores, la intención de todos de inventar, producir, operaciones que den como resultado experiencias educativas.

Existe inteligencia allí donde cada uno actúa, cuenta o que hace y da todos los medios para comprobar la realidad de su acción”. Sujetos de interpelación, de operación, de creación. Pero estos sujetos no pueden, no deberían actuar en soledad, desde la iniciativa individual, esporádica, asistemática.

Todo querer hacer es un querer decir y este querer decir se dirige a todo ser razonable”. ¿A qué querer decir nos referimos cuando pensamos en querer hacer la articulación entre niveles?

Implica superar las formas para pensar en los sentidos.

¿Cuáles son los sentidos, los procesos simbólicos que subyacen al hacer de los actores?

Pensemos en los aspectos invisibles de la tarea docente y directiva, que nos remiten a una concepción de:



  1. Enseñanza, de aprendizaje, de experiencia educativa;

  2. Currículo;

  3. Sujeto de la educación;

  4. Docente y su profesionalización;

  5. Los procesos de toma de decisiones y la formación e inclusión en equipos de trabajo que dan lugar o no a las variadas formas de participación que posibilitan la configuración y estilos de organización institucional:

  6. Relación directivo – docente, docente – docente, autoridades jurisdiccionales

  7. Política de liderazgo, de procesos comunicacionales, particularmente en el caso de los/las directivos, grados de autonomía en la concreción de la tarea, clima de trabajo

Además de creencias, supuestos, mitos, rituales, en torno a la articulación.

¿Cuáles pueden entenderse como aspectos visibles de la tarea docente y directiva?



  1. El uso y disponibilidad de los recursos, entre los que ocupan un especial lugar el equipamiento y el mobiliario.

  2. La organización y uso de los espacios.

  3. La distribución de los tiempos.

  4. La documentación con que se cuenta para organizar y administrar la tarea.

  5. La evaluación de las acciones realizadas precedentemente (años anteriores, tanto en la dimensión institucional para directivos, como áulica en lo que a docentes se refiere).

  6. La configuración de los procesos de planificación, tanto en el nivel institucional (PEI) como en el nivel curricular (áulico institucional).

Nos interesa ahora vincular algunas ideas planteadas hasta acá:

  1. ¿Quienes son los interlocutores de la interrelación? Funcionarios, directivos, docentes, padres, alumnos, especialistas, la comunidad en general?

  2. ¿Cuáles son los sentidos simbólicos que sostienen los actores de la interpelación? Aquellos que enunciamos como aspectos visibles o invisibles.

Partir de esas ideas fuerza anticipa, fortalece las ideas de que la articulación remite a un proceso amplio y complejo de significados –los sentidos-, que posibilitarán la concreción de acciones –las formas.
¿Cuáles son los ejes en torno de los cuáles se piensa la articulación?
La coherencia subyace a todos ellos. Retomemos algunas ideas ya mencionadas sin intención de desarrollarlas profundamente:

No deseamos hacer afirmaciones absolutas y terminantes con nuestras palabras, sino abrir un espacio para la pregunta, la interrogación, la problematización, de modo que quien lea estas líneas construya su propio itinerarios para el abordaje de la articulación.


Hemos mencionado que, para que haya coincidencia en el interior del sistema y para evitar fracturas, la coherencia se vincula con los acuerdos en torno a los aspectos visibles de la tarea educativa. Por ello es necesario acordar acerca de qué se entiende por enseñanza, aprendizaje, por experiencia educativa. El modelo didáctico que se configura a partir de los acuerdos conceptuales al respecto de estos procesos posibilita planificación adecuadas a cada nivel, espiraladas, contextuadas.

Podemos asegurar que una experiencia educativa si ayuda a pensar, discutir, interpretar, reflexionar, contrastar, dudar, percibir, discriminar, reconstruir, resignificar. No lo es cuando hay reproducción acrítica, memoria sin enlaces significativos, sumisión a la palabra de otros, estereotipia...


El currículo de cada nivel encuadra estos marcos conceptuales. El currículo define, incluye, en un momento determinado de la historia de la sociedad, un conjunto de prácticas educativas orientadas a facilitar la aproximación de alumnos y alumnas a saberes que esa sociedad considera valiosos y significativos para ellos.
Claro está que no es responsabilidad de docentes y directivos formular el diseño curricular, sino a las autoridades educativas en función de determinadas políticas educativas. Por eso hemos destacado que también compete a las autoridades jurisdiccionales incluirse activamente en la concepción de la articulación, para garantizar la instalación de este procesos en el sistema educativo. El currículo requiere de contextualización al ámbito institucional y áulico, por lo cual implica decisiones institucionales y áulicas que faciliten la práctica educativa e incluyan lo que elige cada colectivo institucional para su implementación.
Un currículum flexible ofrece, generalmente, variadas oportunidades de aprendizaje, experiencias dinámicas, basadas en interacciones dinámicas entre sujetos y objetos; las disciplinas se configuran de modo alternativo como medio para permitir una mejor comprensión de la realidad no como un fin en si mismas. Los contenidos disciplinares promueven formas múltiples de apropiación al entorno. ¿Porqué entonces muchas veces la enseñanza de las disciplinas está tan “escolarizada”? ¿Porqué, no repensar si la propuesta curricular disciplinar podría orientar las practicas de otro modo? ¿Cómo recuperar la transposición didáctica como la forma didáctica de instalar en las aulas el saber erudito, científico pero de manera de poder ser enseñado en la escuela?
El currículo en acción remite a definir algunas cuestiones. Por ejemplo: ¿cuáles son los indicadores de aprendizaje en Inicial y en Primaria? ¿Cuál es la concepción en cada disciplina? ¿Qué entendemos por evaluación? ¿Qué valora y espera cada nivel? ¿Se conversa sobre estas expectativas de los adultos enseñantes? ¿Qué representación de alumnos tiene cada nivel? Y... ¿Existen coincidencia u oposiciones? ¿Tienen fundamento estas expectativas o son “viejas representaciones de alumno”?
Algunas veces las características de algunos niños y niñas no responden ni a los supuestos de los docentes de nivel inicial, ni a los supuestos de los docentes de primaria ¿Por qué ocurre esto? ¿Qué infancia esperan recibir los docentes? ¿No será interesante recibir a “las infancias”?
El currículo también caracteriza el tipo de sujeto destinatario de las acciones didácticas y también qué tipo de alumno/a se espera formar bajo la acción de la educación. Se dice comúnmente que se espera formar un sujeto activo, autónomo, curioso, interesado por su medio, colaborativo, respetuoso de normas y valores universales capaz de tomar decisiones... y muchos otros rasgos. Solo nos interesa decir realmente: con las actividades que se proponen en las escuelas, facilitamos estos procesos de subjetivación? La respuesta está en manos de cada docente y de cada colectivo institucional.
Instalar en la agenda de las Escuelas el debate sobre la articulación promueve un perfil docente responsable de la reflexión sobre su práctica y un modo de propender a una cultura escolar que alienta la profesionalización. La profesionalización implica el dominio de ciertas competencias teóricas, destrezas, habilidades y decisiones que permitan al docente desempeñarse en su campo profesional; la competencia da cuenta de la aptitud para tratar un problema debido al dominio que se tiene acerca del enseñar, por lo cual nos parece que es competente y que se profesionaliza; un docente que aprende a enseñar, es decir, sabe hacer, sabe pensar, sabe decidir, sabe valorar, y sabe comunicar, abre el dialogo y no lo cierra, dando tiempo para pensar y obligando a que alumnos y alumnas establezcan relaciones. Al propiciar la discusión cuando hay malos entendidos ayuda a que las opiniones sean suficientemente variadas.
Al adherir al concepto de aprendizaje significativo y funcional, el docente profesional será capaz de plantear situaciones problemáticas, contextuadas a su ámbito de uso, para las cuales los alumnos no tengan todos los conocimientos ni todas las estrategias necesarias para su resolución y podrá organizar proyectos de producción de actividades reales en contextos reales.
Si se desea posibilitar aproximaciones sucesivas a los contenidos a lo largo de la escolaridad y a través de un mismo proyecto, seguramente los docentes profesionales serán capaces de concertar esta sucesión a través de la articulación. Es imposible asegurar aproximaciones sucesivas y cada vez más profundas a los productos de la cultura si no se articula el pasaje de un nivel a otro; seguramente la propuesta curricular presentará “saltos” y “desarticulaciones” si no se logra el trabajo entre docentes de ambos niveles.
Generar en la escuela un espacio de mayor alfabetización -en sentido amplio- al que ofrece el contexto en el que el alumno vive, requiere de acuerdos y de verdadera selección y secuenciación de contenidos. La escuela que reproduce lo que el niño/a sabe del entorno porque allí lo aprendió es una escuela del fracaso. También será la escuela del fracaso si sólo genera el aprendizaje que se limita a dar respuestas para el trabajo escolar e impide que estos aprendizajes puedan ser empleados en la vida cotidiana.
Cuando el docente, con su natural y profesional percepción presta atención a la curiosidad de sus alumnos/as tanto como a sus intentos de expresar necesidades y requerimientos, está en mejores condiciones para involucrar a los alumnos en actividades y experiencias funcionales relevantes, apoyando el aprendizaje sin controlarlo. Pensar en proyectos o unidades didácticas de articulación es encontrar oportunidades para alentar a los alumnos a trabajar en colaboración tal como lo hacen sus docentes y directivos. Es por ello que, al proporcionar tiempos, espacios y recursos niños y niñas podrán experimentar y construir conceptos así como al construir una atmósfera de respeto muto en las aulas valorando los esfuerzos de cada uno pondrán en juego procedimientos para apropiarse de valores y actitudes reconocidos socialmente.
Los procesos de toma de decisiones y la formación e inclusión en equipos de trabajo subyacen a la configuración de la articulación también. Pero se sabe que existen numerosos obstáculos, muchas resistencias, que sería necesario resolver para poder conformar equipos educativos. Esto se debe frecuentemente a que existe un gran vacío en la formación de actitudes democráticas, al miedo al conflicto, a la intolerancia de algunas personas, a los diversos ritmos de trabajo, a las actitudes autoritarias e individualistas y de competencia entre docentes, a que las interacciones entre ellos generalmente son fragmentadas, esporádicas y superficiales y que, además, no siempre existe claridad en la definición de las funciones que debe desempeñar cada actor cuando se intenta trabajar colegiadamente. Por otro lado el juego de poder entre actores, perfiles, roles, niveles, estamentos, subyace el encuentro; nadie resigna en los procesos de concertación os espacios, tiempos y recursos “que supimos conseguir”... muchas veces la interpretación del Proyecto Educativo –en lo referente a la educación de valores y conductas sociales, humanas y religiosas- es tan disímil que la concertación es imposible.
Para modificar y superar estos obstáculos, cada integrante del grupo de trabajo deberá intentar compartir y respetar el punto de vista de los demás, efectuar auto evaluaciones y tolerar las heteroevaluaciones, plantear alternativas para resolver problemas desde puntos de vista respetuosos de la diferencia, aprender a tolerar el tiempo de demora en la resolución de tareas debido a ritmos de trabajo diferentes, sentir que no pierde su estima y la de los demás cuando pide ayuda y asesoramiento sin perder su capacidad para el trabajo autónomo, contando con la habilidad técnica y los saberes específicos para resolver las tareas propuestas y concertadas.
Por todo ello, se hace necesario acordar normas de funcionamiento, generar una organización y estructuras funcionales a las tareas que se desean compartir, diferencias funciones, y roles determinando quienes coordinan y actúan como responsables frente al resto de los integrantes de la institución, es imprescindible ser realistas en la definición de acciones según la disponibilidad de recursos materiales, temporales y humanos, actuar con respeto, aunque vehemente y dinámicamente para proponer actividades que tengan significación para la mayor parte del grupo y advertir que no se puede imponer ni forzar al trabajo colectivo. Una vez tomadas las decisiones acerca de qué, como y cuando se concretarán las acciones compartidas, será necesario asumir lo que se plantee y resuelva percibiendo metas comunes.
Elaborar un cronograma de acciones, aunque sea tentativamente, tanto en la duración del proyecto como en los encuentros y sus periodicidad, permitirá concretar un planeamiento estratégico dando lugar a determinar los recursos con que se van a evaluar las acciones y los resultados logrados.
El designar a un miembro responsable de registrar lo que se trata, resuelve y acuerda, permitirá tener una memoria de la actividad para dar continuidad a la tarea y para permitir un seguimiento y evaluación más profesional.
Dialogar y discutir con una actitud de flexibilidad y respeto facilitará la complementariedad en los perfiles personales y profesionales en la relación directivos – docentes y docentes – docentes, así como también autoridades jurisdiccionales - comunidad docente.
Nos interesa destacar el lugar de los directivos desde una política de liderazgo promotora de claridad en las acciones colegiadas. Creemos que el equipo directivo y quien tenga la responsabilidad de promover y o llevar a cabo el seguimiento de toda propuesta de articulación tendrán que disponer o crear condiciones para liderar, para resolver problemas, para coordinar, tanto como habilidad comunicar e informar –en forma adecuada y oportuna-, para manejar relaciones inter personales y para efectuar el seguimiento, el acompañamiento y la evaluación de la tarea. Esto requiere aprender a configurar estructuras y técnicas de trabajo, en las que pongan en juego su capacidad para analizar la pertinencia o no de llevar a cabo ciertas tareas que puedan o no ser viables y pertinentes para su escuela, garantizando tiempos y espacios para la tarea colectiva, disponiendo y facilitando grados de autonomía crecientes en la concreción de la tarea. El clima de trabajo que se irá configurando a la luz de estos estilos de trabajo posibilitará, año tras año, la mejora de la propuesta y las revisiones sucesivas que permitirán concretar acciones de articulación de calidad.
¿Cuáles son las creencias y supuestos acerca de la articulación?
No deseamos ser reiterativos, pero nuestro apartado sobre qué no es la articulación incluye muchos de estos supuestos y creencias. Pensar acerca de ello permitirá avanzar no sobre los implícitos de la tarea, sino sobre ideas técnicas basadas en cuerpos conceptuales sólidos, así como garantizan hechos y propuestas reflexivas y no “intuitivas” o “reproductivas” de acciones que “en esta escuela se vienen haciendo con buenos resultados”.
¿Cuáles son los mitos y rituales, acerca de la articulación?
Sostiene Marta Amuchástegui: “aunque la escuela permanezca como institución, nunca será la misma en la experiencia de las distintas generaciones, ni los sentidos que en ella se transmitan podrán escapar a esta sujeción temporal del sentido”. Todo ritual tiene la condición de transmitir un orden social, una significación. ¿Cuáles son los rituales de cuyo sentido docentes y alumnos tienen un registro explicito? Tal vez algunos docentes conocen su origen y por tiempo lo han reiterado en varias cohortes de alumnos, prmoviendo la adhesión a ese sentido; pero seguramente otros desconocen su origen. Entonces... ¿por qué los exigen a sus alumnos y alumnas? ¿No se necesita debatir acerca del asentido actual de ciertas repeticiones?
Veamos: ¿Por qué formar fila para hacer una experiencia en la escuela? ¿Y para entrar al aula? ¿Y para salir de la escuela? ¿Por qué sentarse en grupos o en el piso para escuchar una narración o por qué sentarse en hilera para hacer una tarea? ¿Por qué pedir permiso para ir al baño? ¿Por qué saludar a la bandera cada día con una canción o con una poesía? ¿Por qué hacer silencio cuando pasan junto a nosotros un abanderado/a y sus escoltas portando la bandera? AL incluir estos ejemplos no negamos ni aceptamos el ritual. Lo que nos interesa es recuperar la capacidad de pensar sobre lo “ritualizado”, que deja a la acción vacía de sentido, con sólo la “cascara”, lo “superficial y lo externo”. La consonancia o disonancia en estas interpretaciones facilitarán o no el proceso de articulación, porque los docentes de uno y otro nivel adhieren a ciertas ideas que dan lugar a expectativas que no siempre se cumplen, porque hay pensamientos distintos sobre un mismo hecho.
Si un ritual constituye una manera de representar los impulsos sociales controlados por la norma de modo de dominar conflictos y orientarlos hacia el bien social, queda claro que su instalación en la escuela conlleva definiciones sociales implícitas que se espera consoliden la construcción de pautas en los niños y niñas. De tal modo, es imposible continuar la aplicación de rituales sin pensar qué tipo de subjetividad se configura promoviendo ciertas pautas en nuestros alumnos/as: ¿sometidos?, ¿pensantes?, ¿reproductores acríticos?, ¿autónomos?, ¿subordinados?, ¿obedientes?, ¿sujetos de derecho?, ¿sujetos de responsabilidad? Es necesario compartir significaciones...
Las normas se apropian por acción participativa, no por coerción. La escuela de cualquier nivel requiere configurar las pautas para que los niños y niñas se apropien de aquellas que enmarcan el movimiento áulico e institucional. Muchas veces, la escuela se mueve desde lo implícito, esperando respuestas de los alumnos que no fueron discutidas, conversadas, construidas; las rutinas y los estereotipos están en la base de estos implícitos.
Definir cuales son las rutinas que deberían perdurar, y por qué, requiere de un debate en el interior de las escuelas para pensar cuales benefician la transición de los alumnos de uno a otro nivel. Esto ayudaría a percibir que “leyes” han perdido sentido y qué reglas-acordes con cada situación- deberían construirse de modo compartido.


Aspectos visibles de la tarea docente y directiva

El uso de la disponibilidad de los recursos, entre los que se destacan el equipamiento y el mobiliario, ponen de manifiesto claramente el modelo didáctico que subyace a la tarea didáctica. Por ejemplo, cual se selecciona y en relación con qué contenido a enseñar o ¿a evaluar?, cuándo se presenta, de qué modo, con qué frecuencia se vuelve a usar, está disponible para que niños y niñas lo tomen y usen, cuáles son sus características, en qué condiciones se encuentra, son unas pocas preguntas que pueden orientar el diálogo entre docentes de ambos niveles para apreciar sus criterios didácticos al respecto.


La organización y el uso de los espacios también dan cuenta de la adhesión a un marco teórico de referencia, se tenga o no conciencia de ello. Entendemos que el espacio que organiza el adulto para que el niño/a aprenda tendrá que constituirse en un soporte que posibilite la interacción, la actividad para conocer objetos, hechos, sucesos, para descubrir reglas y procesos. En las interacciones estará la potencia del aprendizaje.
La distribución de los tiempos también devela una concepción de enseñanza y de aprendizaje. No es la cuestión si “con recreos o sin recreos”, tampoco es cuestión de flexibilizarlos hasta tanto los chicos se acostumbren a otras estructuras temporales. ¿Hemos justificado la manera de organizar los tiempos en uno y otro nivel? ¿Por qué en inicial las actividades se suceden de la manera que se hace? ¿Tendrá esto que ver con el sentido de abordaje de los recortes didácticos? ¿En que difiere o se asemeja a la manera de abordarlo en la educación básica o primaria? ¿Por qué en este nivel se organiza por horas de clase sucedidas por recreos? ¿Tendré que ver con la concepción de cuerpos curriculares? Este también deberá ser un punto de concertación en el momento de acordar proyectos, que se podrán realizar tanto de modo conjunto como por acciones independientes, pero paralelas y con propósitos comunes.
En cada nivel existe documentación para organizar y administrar la tarea propia y peculiar, pero que podrá facilitar la toma de decisiones en relación con la planificación de la articulación. No es imperativo ponerla en común, sino definir el sentido de su uso y con qué propósito se usará, tanto en un nivel común, sino definir el sentido de su uso y con qué propósito se usará, tanto en un nivel común como independiente. Por ejemplo, los legajos de los niños/as de inicial ¿se pasan a otro nivel? ¿Cómo, quién, cuál es el uso que se les da? ¿Qué formato se adoptará para su confección? ¿Será común, o diferenciado según criterio de cada escuela o jardín?
La evaluación de las acciones realizadas precedentemente (años anteriores, tanto en la dimensión institucional para directivos/as, como áulica en lo que a docentes se refiere) es un recurso muy valioso para la toma de decisiones. Por ejemplo, ¿tienen experiencia estos docentes sobre acciones de articulación?

¿Dónde, cuándo, con quién, cuáles fueron los resultados? En esta región, distrito, escuela, hemos realizado articulaciones? Estos son datos que pueden orientar a los directivos para enfocar la propuesta en el marco institucional con pertinencia.


La configuración de los procesos de planificación, tanto en el nivel institucional (PEI) como en el curricular (Áulico e institucional) hace referencia a estilos de trabajo, pero también a las concreciones reales sobre planificaciones que se han realizado tanto en una como en otra institución –en el nivel inicial y en el nivel primario/ educación básica- como también en el nivel intra institucional. Esto permitirá apreciar cuanta experiencia han tenido maestros y maestras con respecto a la selección de contenidos curriculares que consideran imprescindibles, necesarios, o convenientes.
También permitirá apreciar en qué medida las actividades y los proyectos propuestos favorecen o propician la relación con la familia, de modo de incluirlos, pero también para ver en qué medida pueden ponerse en relación con los valores acordados por la institución.
Intentamos dilucidar estos problemas a fin de superar los reduccionismos que subyacen al propósito de la articulación entre niveles. Apuntamos a una “composición”, es decir esperamos que la articulación supere una “simple conexión” entre actores, tiempo y objetos para configurarse desde un lazo particular, institucional, en una trama de relaciones.
Nos importa destacar que apelamos a la presencia y aporte en este proceso de todos los actores mencionados; pero sabemos que actualmente la sociedad tiene un nuevo modo de producción: no espera que sólo el Estado conforme, delinee los modos de producción y los marcos para la acción, sino que directivos, docentes, padres, desde los múltiples, heterogéneos que los caracterizan lleven a cabo operaciones del pensamiento que caracterizan un dialogo más allá de las limitaciones que caracterizan épocas de fluidez, con un estado diferente. Hoy pensamos a la Escuela desde la lógica de las diferencias, desde la lógica de un estado que no provee todo como en épocas de solidez.
En épocas de fluidez nos preguntamos ¿cómo “nos pensamos” en lo que hacemos?, ¿cómo seguimos pensando nuestro relato cotidiano cuando hay situaciones que nos dejan sin narrativa?, ¿Cómo podemos –directivos, docentes, la comunidad docente en general- dar testimonio de que habitamos un mundo destituido de las formas tradicionales de hacer?, ¿Cómo podemos agenciarnos de la vida cotidiana sin caer en el desaliento de lo imposible?, ¿Cómo habitar la escuela hoy más allá de lo instituido y particularmente cuando el instituido hace barrera, limita o paraliza?, ¿Cómo convertir nuestra contingencia en posibilidad y generar experiencia educativa?, ¿Cómo a pesar de los obstáculos habitamos una escuela que “no difiera”, sino que sea capaz de emprender acciones que den cuenta de su afectación?. ¿Cómo trabajar sobre los planos de la posibilidad?, ¿Cómo a pesar de las interrupciones del devenir tratar de “seguir siendo”?, ¿Cómo pensar en la trama desde el entramado de actores que piensan?, ¿Cómo pasar de la ocurrencia al proyecto compartido encontrando nichos de ampliación de la potencia?, ¿Cómo educar en función de ampliar el poder de actuación de nuestros alumnos y alumnas?.
En todo proceso de co funcionamiento en las escuelas, pensemos en las voces de los “múltiples heterogéneos”; es necesario apreciar que engranajes que atributos posibilitarán el movimiento el componerse, el con – vivir, el con – venirse, como forma potente de producir. No pensemos en las funciones, en los roles, en lo instituido, en lo prescripto por la ley, pensemos siempre en los intersticios...
No creemos que estos párrafos agoten todas y cada una de las cuestiones que implican los procesos de articulación.
Sólo pretendimos tender líneas para el debate y la discusión como medios que permitirán encontrar alternativas para la configuración singular, contextuada y sensible a cada grupo de actores que comprometidos consigo mismos y con la comunidad intentan mejorar las propuestas didácticas que la escuela pueda ofrecer hoy.
Desde una perspectiva simbólica la Escuela no será la misma en todas las épocas ni para todos los sujetos, ni para los mismos sujetos en distintos períodos. La posibilidad de constituirse en núcleo de sentidos radicará en su capacidad de interpelación, en su capacidad de nombrar a los interlocutores, de tal manera que se perciban reconocidos como sujetos de enunciación. La escuela entonces podrá erigirse en el horizonte de lo posible, a partir de articular todo un campo de deseos, aspiraciones e intereses”
Deseamos terminar con palabras del maestro Freire quien dice: “¿Cómo puedo educar sin estar envuelto en la comprensión crítica de mi propia búsqueda y sin respetar la búsqueda de mis propios alumnos?”.-






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