Drogas legales e ilegales



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Drogas legales e ilegales

Actualmente, la venta de algunas drogas (cocaína, hachís, heroína, “éxtasis”) está perseguida por la ley. Sin embargo, el consumo de otras, como el alcohol y el tabaco, está autorizado.


El que una droga sea legal o ilegal no indica que resulte más o menos peligrosa. Baste el ejemplo del alcohol, que está considerado como una de las drogas más perjudiciales, sobre todo entre los jóvenes.
Las drogas legales son muy fáciles de conseguir en cualquier sitio, son bastante económicas y, en general, su consumo no está muy mal visto.
Las drogas ilegales, sin embargo, deben conseguirse de forma clandestina, lo que implica toda una serie de problemas: riesgos de ser engañado, robado o detenido. Su precio es mucho más elevado y, debido a la falta de control sobre su composición, la posibilidad de consumir sustancias muy peligrosas es muy alta.
Durante mucho tiempo se ha discutido sobre la conveniencia o no de legalizar este tipo de drogas, pero aún no acaban de encontrarse razones contundentes en un sentido o en otro.
Podemos considerar un tercer grupo: las drogas que forman parte de medicamentos que sólo pueden obtenerse con receta médica.
El consumo de estas drogas tiene también una gran importancia. Muchas personas toman habitualmente, sin causa médica justificada, tranquilizantes, antidepresivos, adelgazantes o estimulantes, con los correspondientes efectos negativos de su dependencia.
Muchas personas que acaban con una fuerte adicción a las drogas no pensaban que pudiera ser así. Algunas las probaron por curiosidad, para experimentar sensaciones nuevas o para olvidarse de algún problema. Otras, porque lo hacían sus amigos, para hacerse las valientes o para vencer la timidez. Poco a poco su consumo se fue haciendo más fecuente y, sin darse cuenta, se convirtieron en adictos.
La persona adicta a una droga, en general, no se da cuenta de ello, ni quiere reconocerlo. Por eso resulta mucho más difícil que afronte el problema.
No quiere dejarse ayudar y, poco a poco, va perdiendo su libertad y su capacidad de decisión.
La persona adicta a una droga es víctima de numerosos problemas:
Tiene falta de contol sobre sí misma. Deja de lado cosas que pueden ser de gran importancia: aficiones, estudios, trabajo, amigos...
El consumo de drogas está mal considerado por mucha gente. Por eso la actitud hacia las personas que las toman es bastante negativa.
La obsesión por el consumo de drogas le impide disfrutar de otras cosas que están a su alcance.
La necesidad continua de dinero para comprarlas conduce con frecuencia al robo. Al principio suelen ser pequeños y realizados en la propia casa, pero después van aumentando, sobre todo en las drogas de tolerancia elevada.
Finalmente, la droga no sólo no proporcionan el bienestar deseado, sino que acaba creando nuevos problemas cada vez más difíciles de resolver.

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