Dossier de prensa



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Dossier de prensa

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Servicio de Prensa del CCCB

Mònica Muñoz · Irene Ruiz · Àlex Alcolea

34 93 306 41 23 · premsa@cccb.org · www.cccb.org
Servicio de Prensa de la Fundación Foto Colectania

MAHALA Comunicación · Neus Fornells

34 93 412 78 78 ext. 2035 | neus@mahala.es

Índice

01.- Presentación 4
02.- Textos de sala 7
03.- Actividades 13
04.- Propuesta educativa 16
05.- CV comisarios 17
06.- Catálogo 19
07.- Información general 20
08.- Créditos de la exposición 21
09.- Anexo: Texto de catálogo de Moritz Neumüller 23


01.- PRESENTACIÓN

El Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) y la Fundación Foto Colectania presentan, fruto de una excepcional colaboración, la exposición «Fenómeno Fotolibro», que se exhibe de forma simultánea en los dos espacios de la ciudad: del 18 de marzo al 27 de agosto de 2017 en el CCCB, y del 18 de marzo al 25 de junio de 2017 en la nueva sede de Foto Colectania.



«Fenómeno Fotolibro» es una exposición que pone en valor el fotolibro en la cultura visual contemporánea, al tiempo que propone una reinterpretación de la historia de la fotografía a través del papel del fotolibro y de la fotografía impresa.

La muestra es un diálogo de perspectivas entre nueve comisarios internacionales que presentan siete apartados temáticos que nos aproximan a lo que es un fotolibro desde ópticas muy diversas. También involucra a artistas, colectivos, editores, especialistas y libreros del ámbito internacional y local.

En «Fenómeno Fotolibro», entre otros muchos contenidos, pueden verse desde los fotolibros de Ródchencko, William Klein y Robert Frank hasta los fotolibros nipones, pioneros de este fenómeno. El fotógrafo Martin Parr expone los mejores ejemplares de su colección particular, los cuales conforman el hilo conductor que une las dos sedes. En el CCCB también se incluye una sección dedicada a fotolibros de denuncia y propaganda que reúne los diseños más radicales. Y en Foto Colectania se entrelazan libros y fotografías de Manuel Álvarez Bravo, Gabriel Cualladó y Henri Cartier-Bresson. La muestra incorpora asimismo las últimas propuestas de reconocidos artistas contemporáneos que han aportado una visión genuina al medio, como Laia Abril o Vivian Sassen, y que ofrecen una muestra de los procesos de creación de un fotolibro.

Un fotolibro es una obra en sí misma. Un libro en el que las fotografías construyen el relato y responden a un concepto de autor. Una obra coral en la que intervienen el diseño, el grafismo y la tipografía, la secuencia de las imágenes, la maqueta y el texto, es decir, un conjunto de cualidades de concepto y de la materialidad del objeto. En los últimos años, los fotolibros han vivido un período de gran expansión y han pasado a ocupar una posición central en la fotografía contemporánea. Actualmente, se producen más fotolibros que nunca, se compran y se venden, se intercambian y se coleccionan, y comprobamos que, en plena era digital, existe un retorno al objeto impreso. Muchos autores han encontrado en este formato una buena herramienta para mostrar sus fotografías, así como un espacio perfecto para la experimentación y la creatividad.



«Fenómeno Fotolibro» ofrece una mirada caleidoscópica y un diálogo de perspectivas sobre el fotolibro. Los comisarios seleccionados para realizar la exposición son Martin Parr, Gerry Badger, Markus Schaden, Frederic Lezmi, Horacio Fernández, Ryuichi Kaneko, Erik Kessels, Irene de Mendoza y Moritz Neumüller, que ha actuado como comisario ejecutivo. La exposición se acompaña de un catálogo con textos de los comisarios y de la experta Lesley A. Martin, que ofrece una taxonomía del fotolibro contemporáneo.

La muestra indaga también sobre el reto que supone exponer un fotolibro haciendo uso de varios sistemas interactivos que permitan recorrer y «experienciar» el libro y la fotografía a partir de enfoques muy diversos.



Recorrido de la exposición

La muestra se organiza en siete capítulos expositivos y un epílogo:



  1. La visión del coleccionista. Los mejores fotolibros según Martin Parr

  2. Libros de propaganda versus libros de protesta

  3. Reading New York. Un PhotoBookStudy sobre Life is Good & Good for You in New York, de William Klein

  4. Cinco aspectos de los fotolibros japoneses

  5. Prácticas contemporáneas

  6. Fascinaciones y fracasos

  7. La biblioteca es el museo

  8. Estación Beta. Fotolibros contemporáneos

La visión del coleccionista. Los mejores fotolibros según Martin Parr

Comisario: Martin Parr / Sedes: CCCB y Fundació Foto Colectania

Las cincuenta y siete obras que Martin Parr ha seleccionado de su colección integrada por más de trece mil ejemplares son el hilo que recorre la exposición en las dos sedes. Dispuestos en vitrinas que abren los siete capítulos de la muestra, los libros elegidos por Parr ofrecen una perspectiva completa de la historia del fotolibro.

Libros de propaganda versus libros de protesta

Comisario: Gerry Badger / Sede: CCCB

Esta sección presenta una selección de dos géneros del fotolibro que son dos caras de la misma moneda: el libro de propaganda y el libro de protesta. A través de proyecciones sobre los muros de la sala descubriremos libros para alabar el statu quo y libros para denunciarlo, sus diferencias y sus semejanzas.



Reading New York

Un PhotoBookStudy sobre Life is Good & Good for You in New York, de William Klein

Comisarios: Markus Schaden y Frederic Lezmi / Sede: CCCB

Este apartado muestra página a página sobre los muros del CCCB una de las obras fundamentales de la historia del fotolibro: New York, de William Klein (1956), que conmovió y entusiasmó a fotógrafos, editores y aficionados a los fotolibros de todo el mundo.



Cinco aspectos de los fotolibros japoneses

Comisario: Ryuichi Kaneko / Sede: CCCB

Japón es el país de los fotolibros. Este capítulo focaliza la mirada de Ryuichi Kaneko, comisario en el Tokyo Metropolitan Museum of Photography, sobre la cultura del fotolibro en Japón y los apoyos que han permitido la producción de una gran abundancia de obras maestras.



Prácticas contemporáneas

Comisarios: Irene de Mendoza y Moritz Neumüller / Sede: CCCB

Los proyectos expuestos en esta sección son obra de Katja Stuke y Oliver Sieber, Laia Abril, Thomas Sauvin, Julián Barón, Viviane Sassen, Jana Romanova y Alejandro Cartagena, representantes de una generación de fotógrafos que han impulsado sus carreras a través de la creación de excelentes publicaciones de fotografía.



Fascinaciones y fracasos

Comisario/artista: Erik Kessels / Sede: CCCB

La contribución de Erik Kessels a esta exposición consta de dos partes. La primera se centra en los libros o manuales ilustrados con «fotografía útil» con el único objetivo de explicarse visualmente. La segunda parte es una instalación de imágenes encontradas en el Archivo Nacional de Cataluña y que muestran desastres, fracasos e imperfecciones.



La biblioteca es el museo

Comisario: Horacio Fernández / Sede: Fundación Foto Colectania

Este capítulo es una exposición de fotografía dentro de una exposición sobre el fotolibro. A través de las bibliotecas de Manuel Álvarez Bravo, Gabriel Cualladó y Henri Cartier-Bresson, se muestra la influencia que algunos fotolibros han tenido en su trayectoria creativa. Libros y fotografías se entrelazan en la obra de tres creadores pioneros en la reivindicación del fotolibro.



Estación Beta. Fotolibros contemporáneos

Sede: CCCB

Zona de lectura donde se presentan libros fotográficos publicados en los últimos dos años seleccionados por un comité de veinticinco miembros de los cinco continentes —vendedores de libros, blogueros, artistas, editores, comisarios y coleccionistas— con el fin de mostrar un panorama completo y actualizado sobre la elaboración de fotolibros en el ámbito internacional.



02.- TEXTOS DE SALA

El fenómeno del fotolibro

Las publicaciones ilustradas con fotografías, también conocidas como libros de fotografía o sencillamente fotolibros, han ganado popularidad en los últimos años y ocupan un lugar central en la fotografía contemporánea. Hoy en día se producen, compran, venden, intercambian y coleccionan más fotolibros que nunca. El fenómeno de la edición independiente y la autoedición de libros y de fanzines ha tenido un impacto considerable en la industria editorial y en el mundo del arte y, a pesar de encontrarnos en plena era digital, hay una clara tendencia de regreso al objeto impreso. Muchos artistas han descubierto que este formato, además de una buena herramienta para mostrar su trabajo, es el ámbito perfecto para la experimentación y la creatividad. Por otra parte, cada vez hay un mayor interés por reinterpretar la historia de la fotografía a través del papel de los fotolibros y de las fotografías impresas.

Esta exposición, presentada simultáneamente en el CCCB y la Fundación Foto Colectania, asume el reto de acercar el fotolibro a un público más amplio, y para ello recurre a varias tecnologías digitales, como el vídeo y las pantallas táctiles, junto con zonas de lectura y una serie de actividades.

El esfuerzo colectivo del fotógrafo, el autor, el diseñador, el impresor y el editor ha servido de modelo para crear la exposición. Nueve comisarios, que llevan muchos años a la vanguardia de este movimiento, comparten sus visiones respectivas acerca de aspectos concretos del fotolibro como medio. Sus puntos de vista y su selección de obras pueden ser complementarios, coincidentes o incluso opuestos. El resultado es una descripción histórica, basada en gustos subjetivos, con capítulos geográficos y temáticos concretos. Además, se recogen los planteamientos de siete artistas contemporáneos, representantes de una nueva generación de fotógrafos que han construido su carrera a través y alrededor de publicaciones fotográficas extraordinarias.

Moritz Neumüller

Comisario ejecutivo

La visión del coleccionista. Los mejores fotolibros según Martin Parr

Esta sección presenta un cronograma histórico de obras maestras seleccionadas por uno de los grandes expertos en fotolibros, Martin Parr, el fotógrafo que colecciona no solo sus imágenes, sino también las de otros fotógrafos. Como comisario al tiempo que coleccionista de libros de fotografía, él tiene el privilegio de tener una visión única y verdaderamente global de la materia. Las cincuenta y siete obras que ha seleccionado de su colección son el hilo central que recorre la exposición en las dos sedes. Además, estas obras ofrecen una perspectiva completa de las capacidades que tiene este medio en cuanto a la narración, el diseño, las técnicas de producción, la versatilidad de usos y, por supuesto, la calidad fotográfica.

Libros de propaganda versus libros de protesta

Hay dos géneros del fotolibro que son, podríamos llamarlos, dos caras de la misma moneda: el libro de propaganda y el libro de protesta. En sentido estricto, sin duda ambos tienen una intencionalidad propagandística, ya que en gran medida están concebidos para convencer y crear opinión. Ahora bien, dicho esto, algunos de estos libros de protesta simplemente se dedican a documentar, mientras que otros lo que hacen es denunciar.

Esta moneda de dos caras refleja una división política, con el estado a un lado y lo que se podría calificar como el contraestado en el otro, una distinción cabe decir que simplista pero útil. Sin embargo, en esencia, esta distinción pone de manifiesto la dicotomía —y a menudo el conflicto— entre aquellos que controlan y dirigen las cosas y aquellos que se sienten excluidos y les gustaría apropiarse de todo o de una parte de este control.

Por lo tanto, el libro de propaganda es per se casi exclusivamente un instrumento del statu quo y de sus defensores —gobiernos, empresas o instituciones estatales. En cambio, el libro de protesta es el instrumento de aquellos que querrían cambiar o reformar el statu quo, aunque no necesariamente del todo —si bien implícitamente tal vez sí—, ya que en un sentido más modesto su finalidad a menudo es reparar un agravio o ganar un cierto grado de derechos. En general, los objetivos del libro de protesta, a pesar de que podrían ser ambiciosos, son más modestos que los del libro de propaganda. Efectivamente, casi se podría decir que una de las formas que tenemos para reconocer un libro de propaganda es su arrogancia.

La moneda, sin embargo, tiene dos caras más. La única función del libro de propaganda es alabar. Por el contrario, la función primordial del libro de protesta es protestar, si bien los libros que documentan el desarrollo de las protestas están claramente concebidos para elogiar la propia lucha.

Y todavía se puede hacer otra distinción, podríamos decir que un poco más aguda, marcada por el factor del dinero. El libro de propaganda goza del apoyo del poder y de la influencia. En cambio, los autores de los fotolibros de protesta trabajan invariablemente con presupuestos limitados, incluso ínfimos.

Comisario: Gerry Badger

Reading New York

Un PhotoBookStudy sobre Life is Good & Good for You in New York, de William Klein

Pocos años después de su aparición en 1956, el libro de Klein sobre Nueva York ya había alcanzado la categoría de obra fundamental. En todo el mundo, fotógrafos, editores y aficionados a los fotolibros estaban conmovidos y entusiasmados ante lo que constituía fundamentalmente un nuevo tipo de fotografía y de planteamiento editorial. Su publicación revolucionaba las concepciones generales y establecidas del diseño gráfico y la edición, sobre las que se imponía una visión fotográfica sin precedentes, radical, innovadora y auténtica. Inesperadamente, una doble página se convertía en un collage complejo que ponía de manifiesto el ADN de la ciudad, y el contenido periodístico, en su espacio, atestiguaba la condición humana existencial. La metrópolis que reflejaba el libro ya no era un espacio que congregaba a la masa anónima, sino un escenario donde aparecían personas e historias reales y concretas. Críticos y lectores podían descubrir la ciudad y la vida cotidiana de Nueva York como nunca hasta entonces las habían visto.

Actualmente, el fotolibro se ha convertido en un medio muy valorado y aceptado en el mundo fotográfico y ha generado una cultura específica de la literatura visual. Su lectura, sin embargo, sigue siendo un ejercicio difícil y complejo. El fotolibro sigue unas normas y unas estructuras determinadas, utiliza una gramática y un lenguaje visual propios y exige diferentes niveles de estudio, análisis e interpretación.

Reading New York es una contemplación de este proceso, que combina la experiencia cronológica de la lectura con una estimulación simultánea de carácter asociativo y visual. Esta investigación se engloba en la serie de PhotoBookStudies creada por The PhotoBook Museum (Colonia). Su cartografía rizomática relaciona ideas, pensamientos, críticas e impresiones generales con el libro, página a página, capítulo a capítulo: una experiencia de lectura diferente y más rica.

Comisarios: Markus Schaden y Frederic Lezmi

Asistencia curatorial: Linn Phyllis Seeger, con la colaboración especial de Wolfgang Zurborn



Cinco aspectos de los fotolibros japoneses

En la historia de la fotografía, el estudio del lugar que ocupa el fotolibro es un fenómeno relativamente reciente que en buena medida se puede atribuir al fotolibro japonés. Incluso nos podríamos aventurar a decir que Japón es el país de los fotolibros. Los primeros fotolibros modernos se empezaron a editar en las décadas de los veinte y los treinta, al igual que en el resto del mundo. Después de la Segunda Guerra Mundial, en Japón los ideales democráticos tuvieron un peso preponderante en el clima social y ello hizo que la exhibición de reproducciones originales —objetos que pertenecían a una persona, por oposición al pueblo— no estuviera muy bien vista. Y es que, en cuanto se reproducía una fotografía en cualquier publicación, podía pasar a ser copropiedad del pueblo; formaba parte del espíritu de la época del Japón de la posguerra, en los años cincuenta. Así pues, mientras que en Occidente las exposiciones y los fotolibros se realizaban de forma conjunta, en Japón solo era digna de consideración la imagen en su forma reproducida. Esta diferencia se ha convertido en un rasgo característico de la fotografía japonesa y propició las condiciones que dieron lugar a la época dorada de los fotolibros, especialmente en el Japón de la posguerra, entre los años cincuenta y setenta.

Los cinco planteamientos en torno al fotolibro japonés que presentamos aquí no focalizan la mirada hacia las formas de la expresión fotográfica, sino hacia la cultura del fotolibro en Japón y los apoyos que, de diversas maneras, permitieron la producción de una gran abundancia de obras maestras.

Comisario: Ryuichi Kaneko / Asistencia curatorial: Ivan Vartanian

Prácticas contemporáneas

Los proyectos expuestos incluyen maquetas de libros que ilustran un momento clave del proceso de la elaboración del libro, la edición y la puesta en orden de las imágenes. El «producto final» surge como consecuencia de las diferentes versiones y constelaciones del material en crudo. Exponer la transformación del libro en las paredes de una galería a veces requiere del apoyo de otros medios como el vídeo, la instalación y la performance.

Katja Stuke y Oliver Sieber, Laia Abril, Thomas Sauvin, Julián Barón, Viviane Sassen, Jana Romanova y Alejandro Cartagena representan una generación de fotógrafos que han impulsado sus carreras a través de la creación de excelentes publicaciones de fotografía. Son creadores de libros, emprendedores, directores de festivales, coleccionistas, blogueros, gurús autoeditados, vendedores de libros, educadores, comisarios, o un poco de todo. Algunas de las claves de su éxito son el uso eficiente de la tecnología, el tema como base de cada proyecto, las series para conformar el cuerpo del trabajo fotográfico y el apoyo de expertos y de amantes del fotolibro en un marco global.

Comisarios: Irene de Mendoza y Moritz Neumüller

Fascinaciones y fracasos

La fotografía involuntariamente artística me tiene totalmente fascinado. Hay algo intrigante en las fotografías con una función estrictamente práctica. Mi contribución a esta exposición consta de dos partes. La primera se centra en los libros o manuales profusamente ilustrados con «fotografía útil» con el único objetivo de explicarse visualmente. La segunda parte es una instalación de imágenes que he encontrado en el Archivo Nacional de Cataluña y que muestran desastres, fracasos e imperfecciones.

En ensanchar nuestra visión sobre qué es propio de un museo y qué no, y al abrir los ojos a otras formas de fotografía, concebimos todo un mundo nuevo. Es un mundo donde dejan de existir las «reglas» de la fotografía artística profesional, y eso hace que haya sorpresas escondidas en cada rincón. Si, como fotógrafos, no conocéis las reglas del juego, no os costará nada romperlas. Y si, de entrada, no sois ni siquiera conscientes de que formáis parte del juego, aún mejor, porque entonces nosotros, como espectadores, tenemos la misión de descubrir vuestra obra y encontrar en ella inspiración indefinidamente.

Comisario: Erik Kessels

La biblioteca es el museo

El poeta Stéphane Mallarmé aseguraba que «todo existe para acabar en un libro». La ensayista Susan Sontag escribió: «hoy todo existe para culminar en una fotografía»; un axioma que sigue siendo válido, y aún más, si ello es posible, en nuestra época.

La conclusión de estas dos frases es que el mundo existe para convertirse en fotografía y libro. Una síntesis magistral que se produce desde hace más o menos un siglo en los fotolibros, esos libros compuestos básicamente de fotografías y que tienen un valor añadido: ser la mejor obra de los fotógrafos.

Algunas bibliotecas privadas son museos por sí mismas En las de Manuel Álvarez Bravo, Gabriel Cualladó y Martin Parr, por ejemplo, se hallan algunas obras maestras de la historia del fotolibro, reunidas a lo largo del tiempo gracias a incursiones en librerías e intercambios con otros fotógrafos. Por otra parte, estas bibliotecas muestran los gustos y la cultura de sus dueños, y son fuentes de información, inspiración y crítica de su trabajo. Aparte de fotolibros, se pueden encontrar obras dedicadas a temas diversos, como el arte, la filosofía o la literatura, como se observa particularmente en la biblioteca de Henri Cartier-Bresson, que seguramente creía, como Walker Evans, que algunos escritores son fotógrafos inconscientes.

Las bibliotecas son retratos de sus propietarios, su mejor biografía cultural. Y también son el mejor museo posible de la obra de los fotógrafos.

Como los mejores fotógrafos (y los mejores artistas), Manuel Álvarez Bravo poseyó un mundo propio y complejo. Su creación no se puede explicar acudiendo solo a las sofisticaciones de la técnica ni estudiando solo los contenidos. Es un mundo compuesto básicamente por imágenes, pero donde también son importantes otros aspectos, como las colecciones que formó; las fotografías y fotolibros que admiró de sus colegas; los libros que leyó, contempló y revisó, y los objetos que reunió a lo largo de la vida, que amueblaron su casa y fueron sus confidentes.

A finales de los años veinte, Álvarez Bravo se convirtió en un fotógrafo moderno gracias a fotolibros como Die Welt ist schön, de Albert Renger-Patzsch, o Foto-Auge, de Franz Roh y Jan Tschichold, con su extraordinaria cubierta: un autorretrato de El Lissitzki que tiene mucho que ver con algunas fotografías del propio Álvarez Bravo. El fotolibro decisivo, sin embargo, fue Atget, photographe de Paris. «Creo que Atget acabó dando forma a mi pensamiento. Me hizo mirar de modo distinto, me hizo consciente de por dónde caminaba y de lo que veía.»

En 1945 Álvarez Bravo presentó su exposición más importante, con un gran catálogo que es su principal fotolibro. La muestra revisaba dos decenios de producción como un conjunto coherente, donde las partes estaban subordinadas al todo. Como argumentaba el autor, «toda fotografía expresa parcialmente, es una frase; cuando esta frase se une a otras es cuando adquiere otra dimensión, permite alcanzar un sentido y la forma de todo»: un conjunto que «encuentra la expresión completa» tanto en la exhibición como en el fotolibro.




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