Diseño de interiores de la vivienda social en Cuba Interior Design of Social Housing in Cuba



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Diseño de interiores de la vivienda social en Cuba

Interior Design of Social Housing in Cuba

Mabel Matamoros Tuma

Arquitecta, Profesora Titular, Doctora en Ciencias Técnicas, Departamento de Diseño, Facultad de Arquitectura, Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría, Cujae

Email: mabel@arquitectura.cujae.edu.cu


RESUMEN. Este trabajo aborda los problemas relativos al diseño de interiores de la vivienda social en Cuba. Se parte de suponer que el diseño de interiores es un componente del diseño arquitectónico, pero esta relación depende de factores tanto arquitectónicos como de otros definidos por las condiciones sociales en que ésta se produce. El trabajo utiliza métodos teóricos para interpretar los resultados de estudios sobre niveles de satisfacción de la población en relación con sus viviendas, así como de las condiciones de su producción en las últimas décadas. Se presentan los principales problemas de los espacios interiores de la vivienda, definiendo sus posibles causas y se proponen enfoques para su solución. Se concluye que el diseño de interiores de la vivienda social se diferencia del resto de los programas arquitectónicos, lo cual debe ser reconsiderado en las políticas de vivienda bajo las condiciones de producción actuales con vistas a elevar su calidad.
Palabras clave: teoría del diseño, diseño de interiores, vivienda social, espacio doméstico, Cuba
ABSTRACT. This paper deals with interior design of social housing in Cuba. The work starts form the idea that interior design is a component of the architectural design, but this relation depends on architectural factors as well as other coming from the social conditions of its production. This work uses theoretical methods to explain the results of studies devoted to define satisfaction levels of persons regarding their home spaces, and the conditions of production of habitat in last decades. This paper exposes some of the principal problems of indoor spaces at home; explains its possible causes and proposes approaches for its solution. We conclude that interior design of social housing is different from other type of buildings so it must be reviewing in the politics of housing under nowadays-productive conditions in order to improve its quality.
Keywords: theory of design, interior design, social housing, home space, Cuba
INTRODUCCIÓN

¿Es apropiado emplear el término “diseño de interiores” en el caso de la vivienda social? La respuesta podría parecer sencilla a primera vista, pero en realidad no es así, porque la misma puede ser tanto afirmativa como negativa y ambas ser ciertas a la vez. Al intentar explicar esta paradoja, surgen otras múltiples interrogantes: ¿Cuáles son los problemas de los interiores de la vivienda cubana de hoy? ¿Es posible hablar del diseño de interiores de la vivienda como algo independiente de su arquitectura? ¿Qué es lo que hace de la vivienda social un tema particular dentro del campo del diseño?

En este artículo se presentan algunas reflexiones en torno a estas preguntas, con el objetivo de contribuir al inicio de un debate sobre el diseño de la vivienda social desde la perspectiva de la calidad de sus espacios interiores en su sentido más amplio, tema ausente dentro de los encuentros profesionales en el panorama nacional.
MATERIALES Y MÉTODOS

Este trabajo se desenvuelve en el campo de la teoría del diseño, continuando investigaciones desarrolladas por la autora sobre la relación entre el diseño arquitectónico y el diseño de interiores. Se parte de suponer que entre el diseño arquitectónico y el diseño de interiores existen relaciones de unidad y diferencias que se solucionan dentro del proceso de diseño del espacio arquitectónico mediante el enfoque interdisciplinario de problemas comunes, que actúan de forma estratificada. La solución de estos problemas depende del tipo de edificio y del tipo de transformación, condicionado externamente, por el nivel y la orientación de la producción y por el nivel de conocimientos y de experiencias colectivas que le corresponden a cada momento del desarrollo. (1)

En este trabajo se examina la forma particular que adopta este asunto para el caso de la vivienda social bajo las condiciones particulares de Cuba, a partir de la discusión de experiencias recientes en la producción de la vivienda ejecutada por el Estado.

El estudio se desarrolló siguiendo las premisas metodológicas y los procedimientos empleados en investigaciones precedentes (2) (3), las cuales se enriquecieron y actualizaron mediante estudios similares conducidos por la autora en diferentes ciudades del país, como parte de los cursos de la Maestría de Vivienda Social1.

Tales estudios estuvieron dirigidos a conocer los niveles de satisfacción de la población en relación con los espacios interiores de sus viviendas, así como caracterizar la actividad doméstica; definir los problemas que presentan las personas en el uso de los espacios interiores de la vivienda; constatar las características más generales de las familias y su evolución y conocer las preferencias y expectativas de la población en relación con el uso del espacio doméstico, entre los objetivos más significativos.

Una parte de la información se obtuvo a partir de entrevistas a la población, realizadas mediante la visita a viviendas ubicadas en ocho ciudades del país. La muestra se seleccionó atendiendo a dos criterios; que fueran viviendas urbanas ejecutadas por el Estado, y que hubieran sido producidas como máximo en los cinco años anteriores a la realización del estudio, para garantizar la actualidad de los problemas examinados. Las entrevistas fueron realizadas siguiendo una misma guía, de manera que los datos obtenidos pudieran ser comparados y sistematizados.

Otro grupo de informaciones se obtuvieron discusiones grupales con los profesionales que realizaron directamente los estudios, en sesiones de trabajo efectuados dentro de los cursos de la Maestría de Vivienda Social entre los años 2005 a 2015. En tales reuniones, se instó a los participantes a encontrar las posibles causas de los problemas detectados, a través del análisis de las condiciones particulares de producción del hábitat y del mobiliario en las diferentes regiones del país donde se llevó a cabo la investigación. En este artículo no se presentan los resultados detallados de los estudios de campo realizados, sino que se parte de ellos para examinar desde el punto de vista teórico, los problemas actuales del diseño de interiores de la vivienda en el país.

La selección de estas fuentes de información se justifica por el hecho de que los problemas tratados, al menos de la manera particular en que se enfocan en este trabajo, no forman parte de los temas de debate en los encuentros profesionales en el país, ni tienen un espacio en las publicaciones nacionales. Es bueno aclarar no obstante, que en la última década se han actualizado las normas cubanas de la vivienda, tanto en los aspectos relativos al dimensionamiento de los espacios como en los concernientes a su comportamiento físico- ambiental. Sin embargo, estas acciones han estado dirigidas a perfeccionar solo la parte correspondiente a la arquitectura, sin considerar otros elementos de un sistema mucho más abarcador y complejo.

A pesar de las diferencias que se observan en la producción de la vivienda social en Cuba en relación con otros contextos geográficos, para el desarrollo de este trabajo se consultaron también estudios similares desarrollados en países de la región (4) (5) (6) (7), así como obras que aportan miradas complementarias a los asuntos tratados (8) (9), lo que permitió enriquecer los enfoques dados al problema, verificar la validez de los métodos utilizados, e interpretar con mayor claridad los resultados obtenidos.
RESULTADOS

El diseño de interiores de la vivienda social en Cuba. Un problema no reconocido

La vivienda constituye un tema clave dentro de la producción arquitectónica de cualquier país, por el peso que tiene el hábitat en la conformación de las ciudades; por su decisiva influencia sobre el bienestar de la sociedad en su conjunto y de los ciudadanos de forma individual, así como por el papel que desempeña la vivienda en las transformaciones socioculturales de la humanidad, por solo citar algunas de las tantas razones que están en la base de este problema.

La arquitectura cubana de las últimas cinco décadas ilustra los esfuerzos realizados por la Revolución en aras de lograr que cada familia tenga acceso a una vivienda digna, a pesar de lo cual queda mucho por hacer, pues el fondo habitacional de las principales ciudades, y en especial de La Habana, se degrada de manera acelerada (10) (11) (12), mientras que el de las nuevas urbanizaciones construidas más recientemente en diversos lugares del país, distan bastante de satisfacer la demanda y en buena medida, las expectativas de la población en términos de calidad.

Una parte importante de los reclamos que hace la población en relación con sus viviendas están relacionados con dificultades de diversa índole que presentan en el uso de los espacios interiores, principalmente los relativos al tamaño de la vivienda y a su comportamiento ambiental. Sin embargo, muy poco o nada se habla de este tema en los encuentros profesionales. ¿Por qué?

Para responder a estas interrogantes, habría que partir de reconocer que en el diseño de la vivienda masiva se desconoce al usuario que hará uso de ella y al parecer, la necesidad de repetir las soluciones se ha hecho corresponder con la estandarización de las necesidades que satisface, lo cual no ocurre, por ejemplo, con la vivienda por encargo, donde son bien conocidas las situaciones de partida. Sin embargo, la experiencia demuestra que no existe una vivienda que satisfaga las necesidades de cualquier familia, ya sea del campo o de la ciudad, o sean sus miembros jóvenes o ancianos, intelectuales o trabajadores manuales, por sólo citar algunas de las diferencias que pueden establecer variaciones en su diseño.

Si bien es cierto que la “vivienda tipo” no existe, pues como expresa Livingston (13 pág. 75) “con un proyecto típico lo que se ahorra es pensamiento”, al menos hasta la fecha, la masividad en la construcción no puede lograrse al margen de la estandarización de ciertos elementos. Lo que se requiere entonces es enfocar los procesos y en particular, el diseño, de una forma más eficiente, como tempranamente señalara Lápidus (14).

Aparte de la producción masiva de viviendas, a lo largo de los años se han buscado otras formas de aliviar las necesidades de la población. Algunas acciones realizadas recientemente en la capital del país por ejemplo, revelan la transgresión de ciertas reglas elementales en relación con los requerimientos mínimos que deben cumplir estos espacios, como es el caso de la transformación de locales comerciales, naves industriales y otros similares, para ser habitadas por familias que no disponen de un lugar donde vivir. Estudios realizados en algunas de estas viviendas en la Habana Vieja revelan disímiles problemas de habitabilidad que presentan las mismas, los que pueden llegar incluso, a causar ciertos efectos nocivos sobre la salud de los moradores (15). Tales medidas son doblemente cuestionables en momentos en que una apreciable cantidad de viviendas se transforman para ubicar pequeños comercios privados, adicionando nuevos problemas a los ya existentes (16).

Atendiendo a los argumentos anteriores, puede decirse que la caracterización de las familias y de las necesidades concretas de las personas en la vivienda, así como el reconocimiento de las exigencias espaciales para el desenvolvimiento de las disímiles actividades en el hogar, constituyen puntos de partida imprescindibles para el mejoramiento del hábitat. Sin embargo, lo anterior no ha estado claramente considerado en las políticas de la vivienda en los últimos años, entre otras razones, porque el diseño de interiores de la vivienda constituye un problema no reconocido en la práctica profesional, donde aún prevalece la idea de que se trata de un asunto individual de las familias o, peor aún, de un “lujo del cual se puede prescindir”, utilizando la frase de Bonsiepe (17).



Problemas actuales en los interiores de la vivienda social en Cuba

Según se ha comprobado en los estudios realizados, las viviendas construidas por el Estado satisfacen las necesidades más generales de las familias que las habitan, si se tiene en cuenta que se trata de edificios que cumplen los requisitos de habitabilidad establecidos en las normas y además, que las familias beneficiadas, al recibir una nueva vivienda, perciben una mejoría notable respecto de su situación anterior. Sin embargo, cuando se estudia en detalle la vida doméstica, se evidencian problemas que originan molestias en la población, a la vez que se producen otros daños colaterales derivados de éstos.

Los aspectos relativos al dimensionamiento y la disposición de los espacios figuran como la principal causa de insatisfacción en la población, en tanto los problemas físico ambientales le siguen en orden decreciente. Llama la atención sin embargo, que los asuntos concernientes a la valoración estética de los espacios, el mobiliario y el equipamiento por parte de los sujetos no fueron decisivos en las opiniones expresadas por éstos en relación con su vivienda, lo cual requeriría de estudios más específicos en este sentido en el futuro.

Otro asunto de interés que ha podido comprobarse en las diferentes investigaciones mencionadas, se refiere a que el tiempo de permanencia en el hogar es elevado, así como el peso que tienen las labores domésticas dentro de la actividad de las familias, especialmente de las mujeres. Según se ha visto, persisten dificultades espaciales y ambientales para la realización de estas tareas, sobre todo en aquellas que siendo muy comunes, no disponen de un lugar propio, como por ejemplo, coser, planchar y estudiar. Otras actividades en las que se reportan dificultades son las de reparaciones menores en el hogar y las relativas al almacenamiento de diverso tipo.

Las deficiencias en el comportamiento del clima interior y la eficiencia energética de las viviendas estudiadas constituyen otro grupo de problemas significativos. Según se pudo comprobar, las molestias que ocasionan los aspectos de tipo físico ambiental sobre las personas son decisivas en las valoraciones que éstos hacen de sus viviendas.

Las disimiles dificultades observadas en estos estudios, pueden explicar las numerosas transformaciones que realiza la población en sus viviendas, aun cuando éstas no reúnan las condiciones de flexibilidad espacial para ello. Esto sucede incluso en nuevas urbanizaciones especiales, como las destinadas a los médicos internacionalistas, ejecutadas sobre estándares de calidad ligeramente más altos que la media, donde se evidencian comportamientos similares a los descritos, lo cual repercute negativamente sobre la economía del país y también de las familias (18).

Un aspecto importante a destacar en relación con las transformaciones que realiza la población para adaptar el espacio doméstico a sus necesidades particulares, es que éstas en no pocas ocasiones se transfieren al espacio público, lo que causa un impacto negativo -y muy visible- sobre el contexto donde se ubican, lo que ha sido objeto de discusión en diversos encuentros profesionales (19).

Un comentario especial merece el tema de las viviendas ubicadas en zonas centrales de La Habana (12) (20) y en particular, las casas de vecindad, ciudadelas o cuarterías, que constituyen una parte considerable de la masa edificada en las principales ciudades del país, donde habitan centenares de familias en condiciones muy por debajo de lo requerido (21) (22) (23). Las acciones que se han llevado a cabo por diferentes entidades estatales y por la propia población para atenuar esta situación, satisfacen algunas de las necesidades más inmediatas de los habitantes, pero generan otros inconvenientes de tipo espacial y ambiental, que en muchas ocasiones afectan desde diversos puntos de vista el espacio de uso público y dejan además huellas desfavorables sobre la imagen de la ciudad. Este grupo de viviendas requeriría la adopción de medidas particulares de diseño encaminadas a mejorar la calidad de los espacios interiores y como parte de ellas, el diseño y la producción de mobiliario que permita un mejor aprovechamiento del espacio.

Puede decirse que los problemas relacionados con la calidad de los espacios interiores de la vivienda continúan teniendo un peso significativo en los niveles de satisfacción de la población y afectan no sólo la calidad de vida de las familias sino que también comprometen el desarrollo equilibrado de las ciudades desde los puntos de vista económico, medioambiental y patrimonial.

El desarrollo de la arquitectura interior de la vivienda cubana

La evolución del espacio interior y del mueble de la vivienda cubana a lo largo de la primera mitad del siglo XX, se produjo en un proceso de adaptación natural entre la arquitectura y los componentes del interior, bajo la influencia de los cambios sociales y productivos ocurridos en el período. Esto fue generando con el paso del tiempo una cultura con rasgos propios, que tuvo como referencia la vivienda de la burguesía, pues ésta contaba con los medios para materializar su vida en espacios que correspondían a sus necesidades y aspiraciones. Sin embargo, no puede hablarse de una vivienda burguesa única, pues la estratificación de la sociedad en clases se correspondía con una gradación análoga en el hábitat, el cual se producía a partir de la copia y reinterpretación de paradigmas sentados por la arquitectura de la clase más beneficiada, que actuaban como modelos de referencia para la arquitectura del resto de las clases sociales, incluso para el hábitat de los estratos más humildes (24). Este fenómeno predominó a lo largo de las primeras décadas del pasado siglo, y en cierta forma explica la unidad estilística que se aprecia en las diferentes ciudades cubanas.

El mueble en ese mismo periodo experimentó un desarrollo paralelo al de la vivienda, aunque en general, estuvo más apegado a las formas de producción artesanales. A pesar de que no puede decirse que haya logrado el mismo nivel de reconocimiento respecto de aquella, no obstante consiguió conformar un repertorio popular muy valioso, en el sentido utilitario y en su perfección técnica (25) (26). Como parte de este rico movimiento, aparecieron también las primeras manifestaciones del diseño cubano, con la destacada obra de algunos diseñadores, como Clara Porset (27) (28) y Gonzalo Córdoba

Esta forma natural de producirse la vivienda y su equipamiento, conformó a lo largo del tiempo, un sistema de referencias culturales y de experiencias colectivas de gran valor, que tuvo un punto de cambio importante en 1959. La vivienda social producida masivamente a partir de esa fecha se enfrentó a problemas de naturaleza cualitativamente diferente que no contaban con un precedente en la línea anterior de la arquitectura cubana, por lo que en opinión de algunos autores, en los inicios se tomó como patrón la vivienda burguesa (29 pág. 103) (30 pág. 30). Esta idea podría ejemplificarse con los programas de vivienda desarrollados por la Revolución a lo largo de la década de los años 60, que perduran como ejemplos no superados hasta el momento, dentro de los cuales se destaca la obra del Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda INAV (31).

Comparando el diseño de la vivienda masiva posterior a 1959 con la vivienda del período precedente, se puede intentar definir esos nuevos problemas a los que se hacía referencia, algunos de los cuales perduran hasta hoy. En primer lugar, en la vivienda de producción masiva, como se ha dicho, se desconoce al usuario, por lo que la solución queda en manos de la intuición y la experiencia del proyectista, quien debe imaginar las posibles formas de uso de los espacios, conduciendo en ocasiones a esquemas que no captan en toda su complejidad la vida en el hogar.

Un segundo problema, muy vinculado con el anterior, es que la vivienda, una vez que empieza a ser habitada, se diferencia de la vivienda proyectada, porque los individuos al apropiarse del espacio, actúan sobre él de formas no siempre previstas. Y esto no se refiere únicamente a las acciones sobre el espacio físico, sino también a aquellas que configuran el mundo inmaterial de la vivienda, con sus propios significados y valores socio culturales (32) (33) (34). Hasta la fecha, muy poco se ha estudiado sobre este asunto en el país, pero lo cierto es que su relevancia en relación con el diseño de la vivienda, justificaría la realización de investigaciones que permitan tener una mejor comprensión de la vida en el hogar y de sus moradores.

Un tercer problema se refiere a que en la medida en que la vivienda es más pequeña, ésta debe estar mejor equipada si se desea mantener constante la calidad de vida, argumento que ha sido desconocido en la práctica de las últimas cinco décadas en el país, pues salvo en contadas excepciones, los diseños han partido de suponer un equipamiento hipotético que no está respaldado por la producción de los artefactos que podrían hacer más eficiente el aprovechamiento del espacio interior y corresponderse mejor a las expectativas de la población en términos de belleza, utilidad, durabilidad y precios, entre otras cualidades. En la práctica, esta falta de mobiliario y de equipamiento con que se tropieza la población, podría estar influyendo sobre ese sentimiento de inconformidad respecto del tamaño y la conformación de sus viviendas.

Como respuesta a estos problemas, en el marco académico comienzan a plantearse nuevos enfoques en relación con el diseño de la vivienda. Uno de ellos consiste en considerar el cambio desde la etapa de diseño, lo que se conoce como progresividad en la vivienda. Estudios desarrollados por Gelabert (35) demuestran las posibilidades de explotar esta modalidad de la vivienda en zonas céntricas de La Habana, así como los requerimientos productivos, organizativos y legales que la harían posible.

Otro enfoque está encaminado hacia la diversificación de los tipos de vivienda para que se ajusten mejor a las tendencias sociodemográficas y de composición de los hogares cubanos y a los cambios que se han producido en este sentido últimamente, tales como la disminución de la cantidad de miembros de las familias, la diversificación de los tipos de hogares y el incremento de la población de la tercera edad, entre otras tendencias significativas (36). Particularmente, el envejecimiento de la población constituye un rasgo que debe ser atendido de manera prioritaria en los próximos años, lo que requerirá de estudios particulares sobre las características específicas que deben tener las viviendas para la población de mayor edad, partiendo no solo de la experiencia internacional (37) sino también de la nacional. En este sentido pueden mencionarse las viviendas protegidas para el adulto mayor desarrolladas en La Habana Vieja, dentro de los programas de la Oficina del Historiador (38).

Otras aproximaciones al problema deben atender a las nuevas demandas surgidas a raíz de la apertura del trabajo por cuenta propia, el cual ha repercutido sobre el hábitat urbano, con la aparición de numerosos y muy diversos servicios y comercios que se incorporan, a veces de manera precaria, a las viviendas de las zonas centrales de las principales ciudades, y en especial, en La Habana. Este asunto abre nuevas posibilidades pero también nuevas interrogantes en relación con el diseño de la vivienda, y con los mecanismos de control urbano (16) y las bases legales para su viabilidad.

Los anteriores enfoques, aun en ciernes, tendrían no obstante que estar respaldados por modificaciones en el sistema de gestión del hábitat, tanto en el sentido legal como en el de su producción. Sin embargo cualesquiera sean las líneas de desarrollo futuro de la vivienda, será necesario instrumentar políticas efectivas de diseño destinadas a la producción del mobiliario y el equipamiento para este programa arquitectónico. Con esto, se podría dar continuidad a valiosas experiencias producidas en décadas precedentes, no solo las que de forma natural se desarrollaron en la primera mitad del siglo pasado, sino también de aquellas ejecutadas profesionalmente a partir de 1959, entre los que podrían mencionarse los estudios realizados por el Instituto Nacional de la Vivienda (39) y el Instituto de Demanda Interna (40) (41) (42). Otros ejemplos que podrían constituir puntos de partida importantes, son las propuestas de mobiliario para algunos programas especiales de viviendas que tuvieron lugar en la década de los años ´70, tales como el de Alamar (43) y el de los edificios de vivienda con el sistema LH en el Vedado (44 pág. 183), entre otras.

La vivienda social: un tema particular dentro del campo del diseño

Como es conocido, el diseño desde su origen, estuvo fuertemente enraizado en el desarrollo de la producción industrial y esto condujo a la especialización de saberes a lo largo del pasado siglo. Como resultado de este proceso se produjo la segregación del diseño de interiores como una rama particular del trabajo profesional independiente de la arquitectura, a pesar de lo cual, ambas mantienen relaciones de interdependencia mutua. Puede decirse que en las condiciones de la producción industrial, el diseño arquitectónico y el diseño de interiores conforman dos partes de una unidad que se presuponen y complementan mutuamente, lo que significa que la arquitectura debe anticipar las condiciones para el uso y disfrute de los elementos del equipamiento y el resto de los componentes de la producción industrial, en tanto éstos deben ser diseñados y producidos de acuerdo con las exigencias de su uso en los distintos espacios y situaciones de destino. (1)

Asumiendo como cierta tal afirmación, habría que buscar las respuestas a las interrogantes planteadas al inicio, en la década de los años noventa, momento en que las inversiones constructivas destinadas al turismo internacional se diferenciaron respecto de los programas sociales desarrollados en Cuba. Este hecho marcó el inicio de un fenómeno muy importante dentro de la práctica profesional, y es que desde entonces, el diseño de interiores comenzó a perfilarse como una rama particular del trabajo profesional independiente de la arquitectura, ya que los interiores de las obras hoteleras y el resto de los programas vinculados a éstas, contribuyen a incentivar el consumo del producto turístico, dada su capacidad de adaptarse constantemente a la dinámica del mercado, definiendo de esta forma, su carácter efímero, diferenciado de la arquitectura.

Este hecho, sin lugar a dudas de gran relevancia para el ejercicio de la profesión y para los resultados posteriores de la arquitectura cubana, no ha sido aún valorado en toda su magnitud, en el sentido de la diferenciación que estableció respecto de la forma de producirse las obras sociales en Cuba, entre ellas la vivienda, las cuales están ajenas a los mecanismos de la economía de mercado donde se insertan las obras para el turismo. Esta distinción raigal en la forma de producción se transfiere a la manera diferenciada en que se producen los interiores de las obras sociales en relación con las obras para el turismo y puede explicar parcialmente, la falta de claridad de las particularidades e importancia del diseño de interiores de la vivienda y por consiguiente, su vacío dentro del discurso profesional.

Otro aspecto que podría estar introduciendo cierta incertidumbre sobre el asunto que se discute, tiene que ver con el hecho de que el diseño de los espacios interiores de la vivienda no se concreta en un producto (o proyecto) terminado, sino que cada familia “completa” ese diseño a lo largo del proceso de uso, lo que hace creer a simple vista que se trata de un asunto individual de las familias. Este equívoco debe haber contribuido también a la ausencia de una discusión mejor argumentada en relación con la forma en que debe enfocarse el diseño de los interiores de la vivienda.

Sin embargo, el diseño de interiores de la vivienda social no es un problema aislado del diseño de la arquitectura, pues ésta determina los componentes permanentes del edificio, tales como la forma, tamaño y relaciones entre los espacios; las cualidades de la envolvente del edificio, responsables de las condiciones ambientales de iluminación, ventilación, acústica y temperatura, entre otros; el tipo y calidad de los materiales y las terminaciones interiores y la distribución y el funcionamiento de los sistemas técnicos de electricidad, agua, residuales y corrientes débiles, entre los aspectos más significativos.

Asimismo, esos componentes permanentes aseguran la eficiencia energética del edificio; la protección y seguridad de los individuos y la aptitud de los espacios para asimilar los cambios en el tiempo, no solo los que se derivan de la dinámica de la vida de la familia sino también de aquellos que están determinados por la acelerada renovación de los sistemas técnicos de los edificios.

Una dificultad particular que se presenta en el diseño de los componentes permanentes de la vivienda consiste en que ese espacio modelado desde la arquitectura debe permitir que las personas se apropien de él de una manera muy personal y única. Esta acción se realiza en gran parte a través de la selección, disposición y uso de los elementos del mobiliario y otros objetos utilitarios y simbólicos que complementan la vida en el marco más íntimo de la existencia humana. Este compromiso entre lo perenne y lo efímero supone un conocimiento anticipado de las necesidades de las personas, así como de los elementos del mobiliario y el equipamiento, lo que hace que el diseño de la vivienda social, visto desde la arquitectura, se perfile como un proyecto inacabado que existe sólo como hipótesis anticipada de las posibles formas en que el espacio podría ser usado en el futuro.

El diseño de ese producto inacabado impone además altas exigencias de naturaleza estética, porque finalmente se materializa en un sistema portador de cualidades espaciales intrínsecas que debe ser lo suficientemente flexible como para permitir que las personas se inserten dentro de ese medio pre- configurado de relaciones espaciales, para desplegar libremente sus propias ideas y concepciones de orden estético. Adicionalmente, tales exigencias se tornan cada día más complejas debido a los acelerados cambios tecnológicos, lo que abre nuevas interrogantes en las relaciones entre el hombre y los artefactos (45) (46).

Pero, como se ha planteado, el diseño de los espacios interiores de la vivienda no puede existir al margen de la producción de los objetos que complementan y hacen más eficiente el uso de los espacios y permiten además la apropiación estética de los mismos. Esto supone la existencia de un mercado especializado de mobiliario y equipamiento destinado específicamente al hábitat, con cierta autonomía respecto de la arquitectura, aunque referido al sistema espacial definido por ésta, de manera que los individuos puedan seleccionar dentro de esa producción aquellos elementos que les permitan satisfacer sus necesidades particulares, incluidas las espirituales, pues no debe olvidarse el poder que tienen los objetos como portadores de significados y como símbolos culturales y de prestigio. Desde este punto de vista, el diseño de interiores de la vivienda también puede ser considerado como una actividad que tiene su vida propia, en alguna medida, independiente de la arquitectura.

Puede afirmarse entonces que si bien el diseño de interiores de la vivienda social no es un proyecto acabado, como ocurre en otros temas edilicios, la propia sociedad, a través del diseño de la vivienda, en estrecha relación con el diseño de los objetos, puede crear las bases para que ese proceso de apropiación del espacio doméstico, aparentemente individual, satisfaga las expectativas y necesidades cambiantes de los sujetos y se convierta además, en un hecho creativo, participativo, enriquecedor y culturalmente valioso.
CONCLUSIONES

Es apropiado referirse al término de diseño de interiores de la vivienda social, pero no en el sentido en que se usa para otros programas arquitectónicos, porque en este caso, las personas son las encargadas de completar el diseño de sus propias viviendas, al conectar de manera creativa y singular, el mundo del espacio pre- configurado desde la arquitectura y el mundo de los objetos, nacidos en la producción industrial, lo cual supone el reconocimiento previo entre los diferentes componentes del sistema desde el inicio.

El hecho de que se haya ignorado esta forma particular que adopta el diseño de los interiores de la vivienda social es responsable de algunos de los problemas que aún subsisten y de la discontinuidad en el tiempo de la cultura de los interiores en el país. Consecuentemente, una condición para elevar la calidad de la vivienda social en Cuba debe partir del reconocimiento del problema mal definido del diseño de interiores en su unidad con el diseño arquitectónico y de la forma particular en que se presenta para este programa arquitectónico.

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1 Curso “Los espacios interiores de la vivienda”, del programa de la Maestría de Vivienda Social desarrollada por la Facultad de Arquitectura, Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría. Ciudades: Sancti Spíritus (2005); Bayamo (2006); Holguín (2007); Ciego de Ávila (2008); La Habana (2009, 2010, 2013 y 2015); Cienfuegos (2011); Pinar del Río (2012) y Santiago de Cuba (2014)



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