¿De qué vamos los cristianos



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¿De qué va la Palabra de Dios? Grupo de

jóvenes,



Parroquia Santuario del Perpetuo Socorro

La BIBLIA es un rollo, pero de los buenos.



¿Cuántas veces te ha pasado que te aburres o que te resulta pesada e incomprensible una lectura de la Biblia? Muchas, ¿verdad? A veces su mensaje nos suena lejano y exagerado, pero, la realidad es que si lo leyéramos en su contexto descubriríamos la gran riqueza de los textos bíblicos y su actualidad para nuestra vida de cristianos. Hoy nos atreveremos a descubrir la Biblia como luz en nuestro camino (vida) de fe.

  1. ¿Qué no es la Biblia?




  1. Ese libro gordo que tengo en casa en la estantería del salón junto al Quijote pillando polvo.

  2. Ese libro gordo que leen los curas y las monjas, y que se lee en misa.

  3. Un libro histórico aburrido que narra cosas del pasado.

  4. Una colección de cuentos fantásticos antiguos que no toca ni de lejos la realidad.

Aunque todas esas cosas puedan tener un atisbo de razón o sentido, esa no es ni toda la verdad, ni la única verdad sobre la Biblia, sino que más bien esos son los tópicos en los que nos movemos normalmente al hablar de la Biblia.




  1. ¿Qué sí es la Biblia?





  • Historia interpretada: es verdad que la Biblia narra, en ocasiones, hechos históricos que pudieron acontecer; en sus libros; incluso se verifican muchas otras fuentes históricas encontradas fuera de los textos bíblicos, pero también esta a veces recoge mitos explicativos antiguos, como en el Génesis, o narra los hechos históricamente para mostrar la pedagogía de Dios con su Pueblo y la Historia de una relación entre Dios y el hombre. Es la Historia vista según la perspectiva divina y la interpretación del creyente que mira la realidad con los ojos de la fe y no buscando simplemente la veracidad histórica de los hechos, sino, a través de ellos enseñarnos algo acerca de Dios y del hombre.




  • Palabra de Dios: los cristianos no creemos que el libro que es la Biblia sea “materialmente la Palabra de Dios” ahí encerrada y aislada. Físicamente ese no es un lugar donde recluir la Palabra de Dios:

En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio junto a Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre, viniendo a este mundo. En el mundo estaba y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos y los suyos no la recibieron. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.” (Jn 1, 1ss)

¡La Palabra de Dios es Cristo hecho hombre que habla a los hombres en su lenguaje de Dios! La plenitud de la Palabra de Dios es Jesucristo. Las sagradas escrituras (la Biblia) tienen la función de dar testimonio de todo aquello que Dios nos reveló en Jesucristo y que había revelado antes de él en la Historia de salvación que Dios ha tenido con su pueblo elegido: Israel. Lo que Dios nos “ha querido contar” lo ha hecho por medio de su Hijo Jesucristo, con sus palabras de vida y con sus obras salvíficas, y, sobretodo, con su muerte redentora en la cruz por nosotros.


  • Obra humana y divina: aunque la Biblia sea “Palabra de Dios” en el sentido que hemos entendido, no hemos de pensar que nos calló del cielo, ni que su redacción fue obra de los ángeles o del mismísimo Dios. Nada de eso. Dios se sirve y se ha servido a lo largo de la Historia de lazos humanos para llevar a cabo su voluntad y su plan de salvación (Abrahám, Isaac, Jacob, Moisés, Samuel, David, los profetas, Juan Bautista…).

Fueron hombres los que escribieron todo el texto bíblico y lo hicieron con sus propias cualidades y limitaciones, y con sus determinaciones históricas y culturales, pero lo hacían de parte de Dios que les movía a escribir, a contar una historia… (ver tema de la inspiración). De manera que podemos decir, que no hay uno, sino muchos autores de la Biblia; los redactores (muchas veces desconocidos) de cada uno de sus libros.



  1. Las religiones del libro”:

Islam, Judaísmo y Cristianismo son llamadas así, “religiones del libro” o de revelación, porque creen que Dios se puede comunicar al hombre (teología positiva) y lo hace a través de una Revelación en una historia de relación (con su pueblo elegido) que se recoge y se mantiene viva en una obra escrita sagrada (Corán, Torah, Biblia) redactada por hombres, pero inspirada por Dios. Desde este marco hablamos de la Biblia y de las sagradas escrituras de otras religiones.

El Dios único nos quiere transmitir un mensaje, revelarnos algo, sobre: nosotros, sobre él y sobre su plan o proyecto de salvación.


  1. Algunas dificultades en la lectura de la Biblia:

Se puede llegar a un gran conocimiento intelectual y científico de la Biblia y no rozar ni por asomo el contenido de su mensaje para nosotros si se prescinde de la fe en su lectura.


Por otro lado se puede falsear y manipular su contenido si sólo buscamos pías lecturas espirituales que no tengan en cuenta la referencia a la lengua y cultura del libro bíblico que abordemos.
Otra de las maneras de leer mal la Biblia es acercarnos al texto con una precomprensión de lo que allí hay, creer que sabemos de antemano lo que se nos va a decir e imponerle al texto nuestra visión. Usar la Biblia para justificar lo que yo digo en lugar de leer la Biblia y decir lo que pueda decir, porque el texto lo permite, y nada más que eso.

  1. El hecho de la inspiración

Para los cristianos la Biblia es literatura sagrada y por lo tanto se la denomina “Sagrada Escritura”.

Otras religiones poseen escritos a los que les conceden gran valor. Algunas religiones orientales se venera a ciertos textos bien sea por la calidad de su contenido o bien por la grandeza de su autor. En todo caso se trata siempre de textos en cuya elaboración han intervenido sólo seres humanos.

En el caso del Islam, la tercera de las llamadas “religiones del libro”, el Corán, su libro sagrado, es una obra exclusivamente divina, ya que, según la fe musulmana, Alá se lo entregó tal cual a Mahoma sin que éste aportara nada.


Para los cristianos la Biblia no es una obra ni exclusivamente humana ni exclusivamente divina, sino una literatura “inspirada”, término con el que se quiere significar que se trata de unos textos humanos y divinos a la vez. Es decir, en su composición se ha producido una misteriosa intervención de Dios sin que por ello quede anulado el papel del autor humano.
A lo largo de la historia del cristianismo se han presentado diversas maneras de explicar este misterio de la inspiración:

  • Unos consideran que el autor humano habría sido como un instrumento de Dios.

  • Otros hablan de un mensajero que escribe literalmente al dictado o al menos reproduce a su manera lo que Dios le ha manifestado.

  • Otros hablan de la “aprobación subsiguiente” de Dios a lo escrito por el autor humano.

  • Hoy se considera que la Biblia sería fruto de la relación entre Dios y el hombre.



  1. Cuestión del canon

La Biblia no es un libro de un solo autor, en ella intervinieron muchos autores, y tanto el pueblo judío como el pueblo cristiano escribieron obras que no están incluidas, la Biblia es una edición de obras escogidas.

Para la elección de estos textos se tuvo en cuenta que reflejaran adecuadamente la fe de la comunidad creyente. Este criterio se completó con otros más concretos:
Caso judío:


  • Tenían en cuenta el carácter religioso del libro.

  • Su conformidad y sintonía básica con la tradición y la enseñanza recibida.

  • La antigüedad

  • Lengua en que había sido escrita.

Caso cristiano:



  • Se prestó atención al contenido cristológico que fuera concorde con la tradición. (que contuviera el kerygma cristiano, el núcleo esencial de la fe: Jesucristo, Hijo de Dios, vino al mundo, se hizo al hombre y vivió y murió entregándose por nosotros en la cruz, resucitando al tercer día)

  • Tuviera procedencia apostólica.

  • Se usara eclesiásticamente, sobre todo en la liturgia. (Canon de muratori)

Todo este proceso termina con una decisión dogmática, tomada por los órganos competentes de las respectivas comunidades creyentes.

A los libros que no forman parte de la Biblia, son los libros apócrifos, estos libros tienen un gran valor histórico pero no son válidos para la Biblia.


  1. Los Evangelios

La palabra “evangelio” significa buena noticia. Los evangelistas presentan a Jesús anunciando la buena noticia del reino y de la salvación.

El evangelio fue evolucionando hasta lo que es hoy día, en un principio era un anuncio verbal y más tarde con los evangelistas se transformó en un relato escrito.

Esta nueva forma de expresar y transmitir la buena noticia cristiana tuvo una gran fortuna en los primeros siglos de la Iglesia. Además de los cuatro evangelios incluidos en el Nuevo Testamento (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) surgieron otros escritos que también recibieron este nombre. Son los evangelios apócrifos, llamados así por porque su enseñanza se consideraba secreta y se mantenía oculta; la mayoría de ellos fueron compuestos a partir del siglo segundo, son muy dispares entre sí, y mientras algunos tratan de llenar las lagunas de la vida de Jesús, otros intentan defender las posturas de algunos grupos cristianos. Las diferencias entre los evangelios apócrifos y los evangelios canónicos son también notables, tanto por la época en que fueron escritos, como por su contenido y finalidad. Los evangelios canónicos están más enraizados en la tradición apostólica.


Entre los evangelios canónicos existen diferencias. Los tres primeros (Mateo, Marcos y Lucas) parecen haber contado con una tradición común. Se les llama sinópticos, porque pueden ser leídos en paralelo, como versiones diversas de una misma tradición. Sin embargo, el evangelio de Juan, tanto por su forma como por sus contenidos, difiere notablemente de los otros tres.

  1. El primer libro y el más editado del mundo

La imprenta recién inventada produce su primer libro hacia 1450, que dadas las circunstancias, no podía ser otro que la Biblia: la famosa Biblia de 42 líneas de Gutenberg, con 150 ejemplares en papel y 35 en pergamino.





  1. Otras visiones de la Biblia muy válidas

En mi experiencia personal de varios años escribiendo en Protestante Digital sobre temas cristianos relacionados con el compromiso social de los creyentes y cómo la Biblia y Jesús mismo nos reta a preocuparnos por las estructuras sociales, por la injusta acumulación de bienes, por la dignificación de las personas, especialmente los proscritos, oprimidos y marginados, me he dado cuenta que estos temas no son protestados por nadie”.

Juan Simarro www.lupaprotestante.es



  1. Tipos de lectura de la Biblia

Existen dos formas distintas de leer la Biblia. Una que la toma como una colección de libros y otra que la toma como “Escritura Sagrada”.


En el primer caso se trata de una lectura meramente cultural en la que se acude a la Biblia por simple curiosidad. La Biblia es el monumento cultural más importante de occidente y su mensaje se ha proyectado y recogido en las costumbres y formas de vida. Nombres de personas, expresiones verbales, temas escultóricos, pictóricos, literarios, musicales y un largo etc. han salido de la Biblia y se han incrustado en nuestra cultura.

Dentro de esta lectura cultural, cabe también el interés del especialista en el estudio de la antigüedad para quien la Biblia es o puede ser una fuente destacada de información que le proporciona datos muy valiosos.


La otra forma de lectura de la Biblia es la propia de los creyentes, la de aquellos que se acercan a ella para alimentar y fortalecer su fe.

La lectura creyente de la Biblia ha sido la más frecuente y ha pasado por diversas etapas históricas. En un principio predominó una lectura que podríamos calificar de ingenua en la que la Biblia era unívocamente una obra religiosa y cultural y el mensaje religioso llegaba envuelto en una cultura que compartían los lectores. Pero llegó un momento en el que la cultura evolucionó y surgió un conflicto en la lectura creyente debido a la falta de concordancia entre el mensaje religioso y la forma cultural utilizada. Todo esto daría a luz una manera forma de leer la Biblia caracterizada por la distinción entre el contenido religioso y el soporte cultural.


Existen creyentes que niegan esta distinción y se empeñan en leer la Biblia como una obra no sólo religiosa, sino también científica. Tal es el caso del modelo fundamentalista de leer la Biblia que se caracteriza además por una interpretación literal de los textos.


  1. Lectura hermenéutica



La forma de lectura de la Biblia que propone la Iglesia podemos denominarla lectura hermenéutica. Hemos de tratar de captar lo que quiere decir Dios a los hombres a través de lo que quieren decir los hagiógrafos para aplicarlo a la propia vida y alcanzar la salvación.

La Biblia es un hecho de la comunicación humana y debemos aplicarle a ella los mismos principios que rigen toda comunicación humana. En ella existe un emisor que trata de hacer llegar un mensaje a un receptor a través de un medio. El emisor tiene que codificar el mensaje y el receptor sólo puede acceder a dicho mensaje descodificándolo de forma correcta. Pero nos podemos encontrar ante dificultades que pueden hacernos no interpretar correctamente lo que nos quieren comunicar.


Estas dificultades aumentan en algunos casos, entre los cuales se encuentra la Biblia, pues con ella estamos ante unos textos muy antiguos, escritos en unas lenguas desconocidas y por unas personas que tenía una cultura muy distinta a la nuestra. Sólo si contamos con todo eso podremos acceder al mensaje que los emisores bíblicos nos quieren comunicar.
Pero la lectura creyente no termina con este análisis literario de los textos bíblicos. Es necesario que el lector se pregunte lo que Dios ha querido revelar a los hombres con ese mensaje y que cada lector se pregunte cómo le afecta en su vida ese mensaje.
Según lo visto podemos encontrar en la lectura hermenéutica tres niveles distintos:


  • Histórico-literario: se procura conocer qué es lo que dicen y cómo lo dicen los textos bíblicos.




  • Teológico: es el momento de buscar el mensaje religioso, la experiencia de fe que late en esos escritos.




  • Espiritual: ahora ya no se trata de estudiar la Biblia, sino de vivir la Biblia, dejándose iluminar y guiar en la práctica.

12. Para terminar, un consejo: alimenta tu fe con la Biblia
Cuando encontraba palabras tuyas, las devoraba; tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque tu nombre fue pronunciado sobre mí, Señor, Dios de los ejércitos”. (Jer 15, 16)
La manera más clara de sentirnos vivos en la fe y de estar en comunión con el resto de los cristianos, es llenar nuestra fe de contenido desde la Sagrada Escritura. Ésta nos aporta el material de reflexión necesario para poder llevar a cabo, con la ayuda de Dios, nuestra conversión y mejora, nuestro tender a la plenitud que Cristo nos propone en su evangelio.
La mejor manera de cambiar el presente, ha sido siempre conocer el pasado, para, al menos, no repetir sus mismos errores; y por la sabiduría que éste encierra. El texto bíblico es como una persona, un “tú”, que está ahí hablándonos y esperando respuesta, esperando que nos acerquemos a escuchar lo que nos dice: ¿Vas a seguir haciendo oídos sordos a este rollo tan genial?

Tu palabra es lámpara para mis pasos,



luz en mi sendero. [Sal 119, 105].

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