Cuentos populares de chinchilla



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LA TRANSCRIPCIÓN DE LOS CUENTOS

  1. Dificultades de transcripción de los cuentos


La tarea de transcribir los cuentos de tradición oral entraña una serie de dificultades relacionadas con las diferencias entre lengua hablada y lengua escrita. En efecto, resulta difícil reflejar a través de la escritura toda la riqueza de matices que presenta la oralidad (entonación, pausas, inflexiones de voz, gestualidad, etc.). Al transcribir un cuento de tradición oral, el texto se nos presenta en su dimensión verbal y solo quedan de él las palabras. Pero, como afirma María José Vega en su introducción a Cuentos Extremeños (Curiel Merchán, 1987: 27) “el cuento tradicional de transmisión oral es mucho más que una cadena de palabras: es, ante todo, palabras en situación, y palabras de un narrador ante unos oyentes”. Por tanto, aun siguiendo los más fieles principios de transcripción fonética, el resultado carecerá siempre de precisión porque se despoja al cuento de la voz, de la gestualidad, de la peculiar progresión –no siempre lineal- del relato: en definitiva, de todo lo que comporta un discurso en situación.

En cualquier transcripción, naturalmente se pierden la interacción entre el narrador y su auditorio y las variantes de un mismo cuento según la situación y los oyentes. En definitiva, se pierde la corriente participativa que genera todo relato oral: escuchar un cuento es un acto social; leerlo, un acto individual. Al sustituir la voz por la página, se reduce la palabra viva y cambiante a la inmovilidad de la palabra escrita. El cuento se ve alterado cuando se modifica su forma de transmisión, al privarlo de la existencia de un vínculo directo entre narrador y auditorio82.

Así pues, la transcripción despoja al cuento de su contexto social. Hay que tener en cuenta que la condición de las palabras en un texto escrito es totalmente distinta de su condición en el discurso hablado. En efecto, las palabras escritas quedan aisladas del contexto dentro del cual las palabras habladas cobran vida. La palabra en su ambiente oral natural forma parte de un presente existencial real, dado que la comunicación oral se produce en un momento específico, dentro de un marco real que siempre incluye más que las meras palabras. Las palabras habladas siempre consisten en modificaciones de una situación total más que verbal. Nunca surgen solas, en un mero contexto de palabras (Ong, 1987: 102). La escritura no puede aprehender lo que hay de representación dramática en el hecho de narrar, ni tampoco todo lo que la personalidad del narrador imprime a la narración (estilo personal, viveza, sentido, vehemencia, etc.). La teatralidad de toda narración oral se pierde, dejando paso al curso homogéneo e individual de la lectura. Además, toda enunciación comporta elementos variados y variables no susceptibles (o muy difícilmente susceptibles) de transcripción, elementos como los juegos de pausas y demoras o los matices significativos de inflexión y entonación83. Al cabo, todo hecho oral es un acto único, irreversible y fugitivo84, y su recepción irrepetible (Curiel Merchán, 1987: 28).

      1. Sistemas de transcripción


Existen numerosas teorías y numerosos métodos y sistemas de transcripción85. Sin embargo, como señala Payrató (1995: 48-51), no resulta fácil clasificar los sistemas de transcripción en función de corrientes o escuelas, dado que ha habido intersecciones múltiples y aprovechamientos mutuos de las propuestas. Desde un punto de vista histórico, se le debe reconocer a la etnometodología el mérito de haber establecido los primeros sistemas de transcripción del discurso oral. Se llega a estos sistemas gracias al interés de esta corriente sociológica por la descripción y el análisis de los mecanismos conversacionales86. La sociolingüística interaccional y la etnografía de la comunicación, corrientes paralelas a la anterior, prestan en cambio mayor atención a los aspectos puramente lingüísticos.

Otros enfoques ofrecen propuestas específicas para la transcripción de la sincronización de elementos verbales y no verbales en la conversación (Goodwin, 1981), y conectan con los sistemas de transcripción de la gestualidad y la proxémica propios de la semiótica (Poyatos, 1994).

La tradición más puramente lingüística proviene del campo de la fonética87 y de la dialectología. Esta última suele presentar sistemas de transcripción ortográfica. En ambos casos, sin embargo, los sistemas nacen de tradiciones interesadas por los elementos verbales o gramaticales (la fonología, la morfología, la sintaxis y el léxico), y prestan poca atención a los aspectos no verbales y, en general, a los discursivos, situándose así en el polo opuesto respecto a los utilizados por la etnometodología.

Por último, el interés por la lingüística de corpus ha favorecido la aparición de numerosos sistemas de transcripción de la lengua oral, e incluso de normas comunes y estandarizadas para facilitar el tratamiento automatizado de textos y su difusión y análisis.

Claire Blanche-Benveniste (1998: 41-63) propone dos posibles sistemas de transcripción de textos orales que intentan mantener un justo equilibrio entre la fidelidad a lo que se ha dicho y la legibilidad de la trasposición por escrito. El primero de ellos consiste en representar todas las enumeraciones que no hacen avanzar el discurso (titubeos, ensayos léxicos, etc.), ubicando los elementos paradigmáticos en sentido vertical, unos debajo de otros, como proponía Saussure para sus listas de elementos latentes. A continuación ofrezco un ejemplo de este modelo de transcripción. Se trata del inicio del cuento El cura y el monaguillo, en el que aparecen múltiples repeticiones, esbozos, titubeos, provocados por las palabras de una de sus oyentes.

dice que era un -

un señor cura

y como to los curas tienen amas,

antes to los

antes to los curas tenían ama

el ama Fulana o

el ama Mengana

pos el cura tenía la -

el ama


y ese cura

pos tenía

claro

el ama


____________________________________________________

pos nada había -

había hambre

eran los años de –

de esos buenos

de Maricastaña

conque llegan y to los osequios – ea

to los osequios

er eran pal señor cura

había hambre

pero to los osequios pal señor cura


El segundo sistema de transcripción presentado por Blanche-Benveniste en el citado artículo refleja el modelo propuesto por el equipo del GARS (Groupe Aixois de Recherches en Syntaxe), en Aix-en-Provence. Según este modelo, cuando en una grabación se pueden identificar fácilmente las formas de los morfemas y transcribirlos con una ortografía normalizada, es posible la transcripción ortográfica. Pero, por debajo de este nivel, se impone una transcripción fonética (o fonológica).

La transcripción ortográfica se realiza con la forma gráfica de las palabras que figura en los diccionarios, incluidas las mayúsculas en los nombres propios y las onomatopeyas. Los elementos paralingüísticos (chasquidos de lengua, risas, toses) no figuran en la transcripción, aunque eventualmente pueden indicarse en notas. En líneas generales, estas serían las convenciones de transcripción propuestas:



  1. Las particularidades de pronunciación, transcritas en alfabeto fonético, se colocan en notas a pie de página.

  2. Se eliminan los signos de puntuación.

  3. Solo aparecen las mayúsculas en los nombres propios (y en los títulos de libros, películas).

  4. Los números se escriben en letras (salvo números de teléfono).

  5. Las pausas cortas se transcriben mediante un guión cruzado, +, y las pausas largas con dos guiones: - -. Las interrupciones se indican por medio de tres barras oblicuas, ///.

  6. Los pasajes incomprensibles se transcriben con X (tantas X como sílabas discernibles).

  7. Las superposiciones de turnos de los hablantes se indican subrayando los distintos pasajes.

  8. Las posibilidades múltiples de transcripción se colocan entre barras oblicuas, separadas por una coma.

  9. Las partes de las palabras de las que no se está seguro se indican entre paréntesis.

  10. Los esbozos de palabras, en la medida en que son interpretables, se escriben con un guión.

A continuación se presenta la transcripción del cuento El cura y el monaguillo en su totalidad, siguiendo este segundo modelo propuesto por la lingüista francesa.

dice que era un - - un + señor cura y como to los curas tienen amas + antes to los + antes to los curas tenían ama + el ama Fulana o el ama Mengana + pos el cura tenía la + el ama - - y ese cura pos tenía + claro + el ama - - pos nada había + había hambre - - eran los años de de esos buenos de Maricastaña - - conque llegan y to los osequios ea to los osequios eran pal señor cura + había hambre + pero to los osequios pal señor cura - - y + le llevaron al señor cura una liebre - - y dice el ama - - ay qué desazón + el señor cura diciendo misa + y va a venir + y + yo no sé cómo quiere la liebre + y yo quisiera + claro que la tenga pa mediodía + no había otra cosa na más que la liebre - - cómo la querrá + la querrá frita o la querrá cocía - - y había allí + por allí un monecillo + y le dice - - mira nene vas a hacer el favor + vas a ir y le vas a decir al señor cura + que cómo quiere la liebre + si la quiere frita + o la quiere cocía - - y llega el chiquillejo a la iglesia + y dice + madre mía + si el señor cura estaba diciendo la misa - - cómo le decía + cómo quiere la liebre - - y va y le dice88 + señor cura - - que ha dicho la mama María - - que cómo quiere la liebre - - y salta el cura y le dice - - dile a la mama María + que la mitá la friga y la mitá la coza + y saltan las mujeres - - aamén

En cambio, este mismo cuento presentaría la siguiente forma si se realiza una transcripción literal, lo más fiel posible y utilizando el sistema ortográfico de la lengua española:

Dice qu'era un… un señor cura y, como to los curas tienen amas, -antes to los, antes to los curas tenían ama, el ama Fulana o el ama Mengana-, pos el cura tenía la… el ama. Y ese cura pos tenía, claro, el ama. Pos nada, había… había hambre. -Eran los años, de… de esos buenos, de Maricastaña. Conque llegan y, to los osequios… ¡ea!, to los osequios eran pal señor cura. Había hambre, pero to los osequios pal señor cura. Y le llevaron al señor cura una liebre. Y dice el ama:

-¡Ay, qué desazón!, el señor cura diciendo misa, y va a venir, y… yo no sé cómo quiere la liebre; y yo quisiera, claro, que la tenga pa mediodía. -No había otra cosa, na más que la liebre-. ¿Cómo la querrá? ¿La querrá frita o la querrá cocía?

Y había allí, por allí un monecillo, y le dice:

-Mira, nene, vas a hacer el favor, vas a ir y le vas a decir al señor cura que cómo quiere la liebre, si la quiere frita o la quiere cocía.

Y llega el chiquillejo a la iglesia. Y dice -¡Madre mía! Si el señor cura estaba diciendo la misa, ¿cómo le decía cómo quiere la liebre?- Y va y le dice [la narradora imita el cántico de los clérigos]:

-Señor cura, que ha dicho la mama María, que cómo quiere la liebre.

Y salta el cura, y le dice [entonando el cántico de nuevo]:

-Dile a la mama María, que la mitá la friga y la mitá la coza.

Y saltan las mujeres [concluyendo el cántico]:

-¡Aaamén! [risas]

1.3 La transcripción de los cuentos de este trabajo

A pesar de las limitaciones que la lengua escrita impone y de las dificultades antes señaladas, he intentado transcribir fielmente el lenguaje de los narradores, procurando que dicha fidelidad fuera compatible con la facilidad de lectura. Para ello he utilizado exclusivamente las letras del alfabeto español, sin recurrir a signos fonéticos adicionales. No obstante, aun usando el alfabeto normal, he tratado de reproducir los rasgos más destacados de la pronunciación popular, como la supresión, adición o sustitución de sonidos, el vocabulario, los giros y las construcciones gramaticales. Asimismo, se han consignado titubeos, dudas, equivocaciones, repeticiones, contracciones orales de las palabras y todos los fenómenos no intencionales emitidos por el narrador. Algunas veces no se encuentra uniformidad en el uso de ciertas expresiones, ni siquiera en el caso de un mismo informante. En estos casos, se ha respetado siempre la forma usada por el narrador y se han mantenido dichas vacilaciones como representación fiel de la palabra viva del mismo.

A continuación se citan los fenómenos fonéticos más frecuentes que aparecen reflejados en la ortografía de los cuentos de este trabajo:

a) Cambios acentuales: ahi por ahí; dejamé por déjame; véia por veía.

b) Cambios vocálicos:



  • Cambios de timbre o de abertura: cumer ‘comer’, escurecer ‘oscurecer’.

  • Asimilaciones y disimilaciones: midicinas ‘medicinas’, despediendo ‘despidiendo’, fretillas ‘fritillas’.

  • Diptongaciones, monoptongaciones y paso de hiato a diptongos: faltís < faltéis, piazo < pedazo, pos < pues.

  • Contracciones de vocales geminadas en palabras contiguas: d’esta ‘de esta’, p’acá (pa acá < para acá), p’arriba (pa arriba < para arriba), qu’era ‘que era’.

c) Cambios consonánticos:

  • Pérdida de d- inicial: esollar ‘desollar’, ice ‘dice’, espiazarlo < despedazarlo.

  • Pérdida de -d- intervocálica: parío, dejao, na ‘nada’, tos ‘todos’, ustés ‘ustedes’.

  • Pérdida de -d final: Madrí ‘Madrid’, usté ‘usted’, ciudá ‘ciudad’.

  • Pérdida de -r- intervocálica: pa < para, páece < parece.

  • Sonorización de consonantes sordas iniciales o intervocálicas: guchilla ‘cuchilla’, se agüestan ‘se acuestan’.

  • Simplificación de grupos consonánticos cultos: osequios ‘obsequios’.

  • Vacilación en el uso de r/l en posición implosiva: capitar ‘capital’, artas ‘altas’, llegal ‘llegar’, metel ‘meter’.

  • Velarización del grupo /bu/: agüela ‘abuela’, güen ‘buen’.

  • Velarización del diptongo “hue” al principio de palabra: güevos ‘huevos’, güeso ‘hueso’, güerto ‘huerto’.

  • Metátesis: chuscarra ‘churrasca’.

d) Otros cambios fonéticos:

  • Prótesis: arrempujarle < empujarle.

  • Epéntesis: entriegue < entregue, veste < vete, muncha < mucha, ribarzo < ribazo, ablentamos ‘aventamos’.

  • Aféresis: parecío < aparecío, rastrando < arrastrando.

  • Síncopa: alante < ‘adelante’, ande < adonde, mia < mira.

  • Apócope: mu < muy, ca < casa, voluntá < ‘voluntad'.

En cuanto a los rasgos morfológicos y sintácticos reproducidos por los narradores, destacamos los siguientes:

a) El sustantivo y el adjetivo



  • Uso del diminutivo -ico: muslico, gorrinico, doncellica, hijicos.

  • Pérdida de la i postónica en los superlativos en -ísimo. Muy raramente se aspira la alveolar sorda, sino que, al contrario, se pronuncia con énfasis, prolongándola: santiSma, grandiSmo, muchiSmo, maliSma.

  • Los nombres propios de mujer suelen ir precedidos del artículo: la Antonia, la María.

b) Los pronombres personales

  • Uso de los por os: no los vais.

  • Inversión del orden de los complementos pronominales átonos concurrentes: me se escapó, me se perdió, te se ocurre.

  • Plural analógico del pronombre se: al irsen todos, al morirsen, encontrándosen.

c) El verbo

  • Uso del infinitivo con valor de imperativo: pasar aquí, iros, acostaros, subiros.

  • Pérdida de la -d final en el plural del imperativo: encendé ‘encended’, poné ‘poned’.

  • Cambio de conjugación: querís < queréis, sabís < sabéis.

  • Presencia de –s final en la 2ª persona del singular del pretérito indefinido por analogía con la del presente: pudistes < pudiste, comistes < comiste.

  • Formas verbales que se apartan de los paradigmas cultos:

ENTREGAR: entriegue.

LEVANTARSE: se devantó.

PARECER: páece, paecían.

PODER: pué, pueo.

TENER: tiés, tié.

VACIAR: vacea.



  • Uso de locuciones formadas por ir, coger o pillar + y + verbo, generalmente usadas para lograr un efecto de énfasis: fue y se los quitó; cogió y se acostó.

d) El adverbio

  • Por razones fonéticas, aparecen los siguientes adverbios de cantidad (mu ‘muy’, muncho ‘mucho’), modo (tamién ‘también’) y lugar (ande ‘donde’, ‘adonde’, ahi ‘ahí’, alante ‘adelante’).

  • Existen locuciones adverbiales como: de seguida ‘en seguida’, luego a luego ‘dentro de poco’, a lo largo ‘a lo lejos’.

e) La preposición

  • La preposición para con la forma del artículo masculino singular se contrae en pal.

  • La preposición de se omite cuando expresa posesión o pertenencia: gavilla sarmientos, el hondo el pozo.

  • La preposición de aparece formando la expresión temporal de que: de que menos se da cuenta, de que amanezca.

f) La conjunción

  • Empleo de y en todo contexto, incluso ante palabras que empiecen por i: y irte.

  • Uso abundante de pos.

g) La interjección

  • ¡Hala! se usa con bastante frecuencia, a veces para infundir ánimo o meter prisa.

  • ¡Ahi va! expresa la idea de extrañeza o admiración.

  • ¡Te páecesi! es la expresión propia del admirado o sorprendido por algo.

  • ¡Ea! comporta tal cantidad de matices que resulta difícil señalar alguno como más notable que otro. A veces no significa nada aunque se emplee. Otras veces se emplea como contestación a una pregunta o a manera de asentimiento.

Por lo que respecta al vocabulario, aparecen en los cuentos voces típicas del habla de La Mancha: sarrieta, cernederas, majano, etc.


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