Cuentos populares de chinchilla



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NARRADORES Y CONTEXTOS


A pesar de la tendencia a considerar la narración únicamente como un texto, es decir, como un efecto o un resultado, en el caso de la narración folklórica, es ante todo un proceso: la propia acción de narrar. Entendida así, adquiere una gran importancia la figura del narrador o narradora, quien muchas veces es un auténtico intérprete o actor, que convierte su narración en casi una representación (González Sanz, 2006: 209).

El narrador tradicional es la persona real en contacto verbal y físico con su auditorio. Es además el emisor de un acto de habla que puede llegar a ser altamente participativo, ya que en él pueden producirse fenómenos73 como la simultaneidad de varios discursos o la alternancia en los roles del narrador y del oyente. Por otra parte, el narrador desempeña un papel fundamental como “recreador” de las narraciones tradicionales en cada uno de los actos de habla en que se actualizan. Sin embargo, no es el autor74 de lo que narra, sino un antiguo oyente de lo que ahora comunica con más o menos cambios. “Es un sucesivo oyente-narrador en una cadena de transmisión en que todos los eslabones han sido como él oyentes-narradores” (González Sanz, 1996b: 35).

Tomando al narrador como elemento fundamental para un replanteamiento de la concepción de la narración oral, parece claro que esta presenta un paralelismo mucho mayor con lo dramático que con lo verdaderamente narrativo, aunque en el relato tradicional puedan encontrarse en germen las técnicas y elementos desarrollados en la narrativa culta. En efecto, toda narración popular contiene los elementos mínimos de una auténtica representación teatral: auditorio y actor que están frente a frente, tal vez en un contacto aún más directo que el que se produce en una representación escénica. Como señala Carlos González Sanz en la introducción a su libro Despallerofant,

contar un cuento es realmente representarlo. Desde el marco de la narración, muchas veces verdadero escenario (pensemos en los cuentos tétricos contados “al amor de la lumbre”), hasta las modulaciones de la voz por parte del narrador, que representa de ordinario varios personajes, la gestualización, etc., todo indica que la narración popular tiene importantes componentes dramáticos y que el narrador de un cuento, el buen narrador, es y debe ser sobre todo actor (González Sanz, 1996b: 36).

Ahora bien, llegados a este punto, convendría buscar los rasgos que caracterizan al narrador oral. Para ello, nos centraremos en la descripción que realiza Giuseppe Pitrè75 de Agatuzza Messia, a quien considera la narradora ideal. El folklorista siciliano sentía una predilección especial por ella tanto por sus cualidades a la hora de narrar como por la estrecha relación personal que los unía. Pitrè describe a Agatuzza, su “novellatrice modello” con estas palabras: “Tutt’altro che bella, essa ha la parola facile, frase efficace, maniera attraente di raccontare, che ti fa indovinare della sua straordinaria memoria e dello ingegno che sortì da natura” (Pitrè, 1985: XVII). En primer lugar, destaca su dominio de la lengua, su atractiva manera de contar entendida como un don natural y su memoria76 prodigiosa. Más adelante señala:

da fanciulla ebbe raccontate da una sua nonna, che le avea apprese dalla madre e questa, anche lei, da un suo nonno, una infinità di storielle e di conti; avea buona memoria, e non le dimenticò più. Vi son donne che avendone udite centinaia, non ne ricordano pur una; ve ne sono che, ricordandosene, non hanno la grazia di narrarle (Pitrè, 1985: XVII).

En estas líneas, señala su pertenencia a la cadena de transmisión oral, ya que ella había recibido los cuentos como un legado de sus antepasados. La Messia, como narradora-oyente, estaba sometida a la capacidad básica sobre la que se sustenta la transmisión oral: la memoria77, a pesar de que esta sola no basta para ser una buena narradora: se necesita gracia y creatividad. En efecto, el narrador no es una persona que se limita a transmitir servilmente lo que le ha sido legado por la tradición78, sino que se expresa a través de su arte y se presenta como un artista creador.

Por otra parte, tenía fama de buena narradora: "Tra le sue compagne del Borgo [...] essa godeva riputazione di brava contatrice, e più la si udiva, e più si avea voglia di udirla” (Pitrè, 1985: XVII). Gozaba de una consideración en la comunidad a la que pertenecía y era capaz de adaptar el lenguaje a la situación y a los personajes que protagonizaban las historias: "La Messia non sa leggere, la Messia sa tante cose che non le sa nessuno, e le ripete con una proprietà di lingua che è piacere a sentirla” (Pitrè, 1985: XVIII). Deleitaba a todos, pero estaba unida de una manera especial a Pitrè que pudo comprobar cómo el arte narrativo de la Messia no había cambiado en absoluto con el paso del tiempo:

La Messia mi vide nascere e mi ebbe tra le braccia: ecco perché io ho potuto raccogliere dalla sua bocca le molte e belle tradizioni che escono col suo nome. Ella ha ripetuto al giovane le storielle che avea raccontate al bambino di trenta anni fa; nè la sua narrazione ha perduta un’ombra della antica schiettezza, disinvoltura e leggiadria (Pitrè, 1985: XVIII).

Estas palabras nos permiten reflexionar sobre la relación narrador-receptor79 y sobre la interacción que se produce entre ambos en la narración oral.80

Por último, un buen narrador debe valerse de recursos comunicativos ricos y variados, no solo lingüísticos sino también paralingüísticos y kinésicos o gestuales:

Chi legge, non trova che la fredda, la nuda parola; ma la narrazione della Messia più che nella parola consiste nel muovere irrequieto degli occhi, nell’agitar delle braccia, negli atteggiamenti della persona tutta, che si alza, gira intorno per la stanza, s’inchina, si solleva, facendo la voce ora piana, ora concitata, ora paurosa, ora dolce, ora stridula, ritraente la voce de’ personaggi e l’atto che essi compiono (Pitrè, 1985: XVIII).

El narrador oral, por tanto, se caracteriza por su buena memoria, espontaneidad, facilidad de palabra, creatividad, gracia, así como por el dominio de recursos lingüísticos y extralingüísticos. Pero además es heredero de un legado de la tradición, que es capaz de modificar y remodelar haciendo uso de su creatividad, bien por su decisión personal, bien a causa de su interacción con el auditorio. En general, el narrador oral utiliza las historias para hablar de lo que le preocupa, se apropia de los cuentos y los adapta a su realidad inmediata, porque está influenciado por el ambiente de la comunidad, tanto en la elección del material como en la manera de presentarlo81. Por este motivo, conviene estudiar los contextos en los que surgían los cuentos.

En la oralidad, la comunicación se asocia a un contexto espacio-temporal y discursivo concreto, a un interlocutor presente y, muy a menudo, a una actividad cotidiana. El contexto social general al que pertenecen los cuentos recopilados es el de un medio tradicional rural. Dentro de este contexto social, los cuentos se narraban fundamentalmente en dos ámbitos: el familiar y el laboral. El primero de ellos servía para entretener a los más pequeños o para animar las reuniones familiares en casa o las trasnochadas en las largas noches de invierno. El segundo se asociaba a la realización de ciertas tareas como la monda de la rosa del azafrán, la matanza del cerdo, el lavado de la ropa, la costura o las reuniones de vecinos en los patios o en alguna casa. En definitiva, en el campo, durante determinadas faenas agrícolas o por las noches, durante las veladas que seguían a los grandes ciclos de trabajo, los vecinos se reunían y de sus bocas salían relatos, romances, canciones o adivinanzas. En general, una vida intensa en comunidad ofrecía a menudo ocasiones de encuentro que favorecían la creatividad narrativa y, en general, el surgimiento de las diversas manifestaciones de la tradición oral.




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