Cuentos populares de chinchilla



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204 Oriol-Pujol, Índex, 1366A* “¿Qui mana a casa?””

205 Véase la difusión de este cuento, pp. 502.

206 Véase la relación de versiones a propósito de estos cuentos, pp. 529-530.

207 El origen claramente literario de este cuento es el que puede explicar su no catalogación en el Índex de Oriol-Pujol (Beltrán, 2007: 682).

208 Véanse las referencias de este cuento en Sánchez Ferra, Cartagena 2010, nota 119 (pp. 617-718).

209 Véase el estudio del Tipo 1457 realizado por José Luis Agúndez, donde figuran otras versiones populares españolas, hispanoamericanas y portuguesas, además de versiones literarias afines y otras variantes (1999: 206-207).

210 Nuestra versión recoge el episodio final, "el engaño del saco".

211 Conviene señalar que el único elemento que tienen en común estas versiones con la de Peñas de San Pedro es el episodio final, “el engaño del saco”.

212 V. Engaño fatal. (a) El estafador escapa de un saco, intercambiándose con un pastor; (b) el hermano rico va al fondo del mar en busca de ovejas (Cardigos, 2006: 316). En el caso de la versión de Peñas, el hermano listo se arroja por la parte más alta del castillo para conseguir más ovejas.

213 Véase Noia Campos, 2010: 697-701. Se incluyen 9 versiones orales y 12 literarias del Tipo 1539.

214 Cf. Boggs 1940*C.

215 A4: Un joven va a vender un cerdo. Unos frailes se lo quitan, diciéndole que no es el animal que él dice, sino otro, vaca en vez de cerdo. (Motivo de origen oriental).

B: El joven se marcha disfrazado de doncella a la casa donde viven los que le han engañado. El padre prior se lo lleva a su habitación, y allí el joven se hace conocer, le da una buena paliza, cobra una suma de dinero y se marcha.

C: El joven se marcha de nuevo a cobrar dinero de los frailes disfrazado de médico. Cuando llega, le invitan ellos a que entre a curar al padre prior. Envía a los frailes al pueblo con engaño, a buscar el remedio para aquel. Cuando está solo con su víctima, se hace conocer otra vez y le da otra paliza, cobra más dinero y se marcha, dejando al padre prior medio muerto.

G: Los frailes envían a dos de los suyos a pagarle al joven lo que le deben, el joven recibe la paga, les hace pasar la noche en su casa y allí urde una nueva venganza.



A estos elementos hay que añadir uno más. Los frailes, temiendo el castigo del joven, saltan por la ventana, caen a un huerto y allí son decapitados por unos ladrones que confunden sus cabezas con las coles que habían ido a robar. Este final no aparece en otras versiones conocidas de este cuento.

216 Véase la relación de versiones peninsulares e hispanoamericanas en las notas a este cuento, p. 514. Julio Camarena Laucirica señala 15 versiones en castellano, 5 en catalán (cita 1 catalana y 1 ibicenca que no ha podido consultar), 5 en vascuence, 8 en portugués y 16 hispanoamericanas.

217 “Un hombre entierra dinero y un ladrón lo roba. El propietario da con el ladrón. Coge dinero para el ladrón y pide prestado el peso “para pesar el dinero para enterrarlo con el otro”. El ladrón decide que ha sido detectado y se apresura a devolver el dinero robado” (Thompson, IV, p. 75).

218 Agúndez, Sevillanos 1999: II, núm. 173. Véase el estudio que realiza del cuento (pp. 155-157), sobre todo en lo que se refiere a las versiones literarias.

219 Véase también el estudio del cuento, donde señala su relación con 2 versiones literarias (pp. 280-281).

220 Véase el análisis que realiza del cuento, pp. 208 o también en Agúndez, Vallisoletanos, 1999: 91-92.

221 Camarena, León 1991: núm. 233. Véanse también las notas correspondientes a dicha versión (pp. 292-293), donde se citan 12 versiones hispanoamericanas de Colorado y Nuevo Méjico, Oaxaca (Méjico), Panamá, República Dominicana (2 vv.), Cuba (3 vv.), Bolivia, Argentina y Chile (2 vv.).

222 Sánchez Ferra, Cartagena 2010: núm. 189. Véase la relación completa de versiones en la nota núm. 158 (pp. 324-325).

223 Véase el estudio completo del cuento (pp. 308-310).

224 “El cuento relata una costumbre real: la del llamado ponderador, criado, familiar o amigo que magnificaba la hacienda y riquezas del novio para que los padres de la novia lo aceptaran en la familia” (Hernández Fernández, 2013: 259).

225 Véase la relación de versiones orales y literarias en la nota núm. 22 al cuento 611 (Sánchez Ferra, 2010: 683-684).

226 Oriol-Pujol, Índex, 1689.

227 En ATU los dos tipos tienen el mismo título. Ambos tienen en común la parte principal y pueden combinar uno o dos episodios introductorios. En la tradición gallega, como suele suceder en la portuguesa, no existen versiones del cuento protagonizadas por curas (Noia Campos, 2010: 836).

228 Estas versiones fueron recogidas en Jumilla, Murcia, Fuente Álamo, Torre Pacheco, Mula (2 vv.), Cartagena (2 vv.) y Lorca.

229 Nos encontramos ante unas versiones en las que la protagonista no está realmente sorda; pero, de alguna manera lo está, ya que no comprende el sentido de las palabras y, por tanto, no sabe lo que oye. Por eso, al repetir las palabras de su señorita, crea un mensaje carente de sentido.

230 También incluye en la catalogación: Amores (1997), Tipo 1698J “Palabras mal entendidas conducen a cómicos resultados”.

231 “Es un tipo misceláneo que recoge diversas anécdotas sobre malentendidos en el diálogo entre dos personas que usan frases o palabras que tienen un doble sentido. Las versiones gallegas adscritas a este tipo no corresponden exactamente a la caracterización de ATU, pero sí al sentido del cuento: (a) anécdotas en las que una simple frase dicha con ingenuidad adquiere un significado sexual y produce hilaridad; (b) versiones cuya comicidad está en la confusión de palabras polisémicas, mal pronunciadas o mal entendidas” (Noia Campos, 2010: 805).

232 Esta versión es semejante a la de Peñas de San Pedro. Véanse las notas al cuento, p. 531, donde figura una relación de versiones en castellano, 1 versión hispanoamericana, de Puerto Rico, y 1 versión literaria.

233 Compárese con el argumento del Tipo 1740B, según el cual los ladrones hacen creer al dueño del árbol o del huerto que son ánimas en pena y se llevan los frutos.

234 Camarena, León 1991: II, núm. 256. Véase la relación de versiones orales y literarias (pp. 304-305), en la que se citan 2 versiones hispanoamericanas (de Colorado y Nuevo Méjico y Argentina) y 2 versiones portuguesas no incluidas en Amores 1997.

235 Véase la nota núm. 37, en Sánchez Ferra, 2010: 412-413.

236 En esta versión, como en la nuestra de Chinchilla, no son los ladrones disfrazados los que asustan al amo que vigila su finca sino al contrario, un grupo de propietarios los que intentan dar un escarmiento al golfillo que les roba en los huertos.

237 Las versiones hispanoamericanas de Chertudi y Pino Saavedra tienen en común con nuestra versión el hecho de que la víctima del engaño se apellida Tuerto o es esta su condición.

238 Para otras versiones hispanoamericanas de Méjico, Cuba y Puerto Rico, véase Camarena, II (1991: 306).

239 En este caso, la descripción del tipo indica que es el cura quien convence a un amigo para que diga que le han robado el cerdo y así no tener que dar parte de la matanza a nadie. El cura lo roba realmente y el amigo no deja de insistir en que se lo han robado, felicitándolo el cura por su buena imitación (1996: 135).

240 Agúndez, Sevillanos 1999: núm. 242. Véase el análisis de la versión (pp. 278-279).

241 Véanse al notas al cuento, p. 534, donde se citan numerosas versiones, entre ellas 1 en vascuence, 1 salmantina y 1 gaditana.

242 Véase el estudio que acompaña a la versión (pp. 279-280).

243 Se trata de una versión semejante a la nuestra de Chinchilla, núm. 153.

244 Julio Camarena Laucirica (1991: 309) recoge además de las versiones en castellano (entre las que figura la suya de León), 1 versión en catalán y 3 en gallego.

245 Se trata de una variante: a un recién casado lo visten únicamente con un taparrabos de papel y lo ponen sobre unas andas como si fuera el santo, pero cuando lo sacan en procesión y su esposa le canta una saeta, el joven exclama: “Miradla de dónde viene. / Se le parece a un clavel. / Quitádmela de delante / que se me rompe el papel” (Sánchez Ferra, Cartagena 2010: núm. 426).

246 Versión semejante a la de Cartagena (véase la nota anterior).

247 A partir de la trama general, en este Tipo pueden reconocerse distintas variantes, como las que aparecen en nuestras versiones 163-167.

248 I. Un tonto va a misa por primera vez; (a) confunde el banquete de boda con la misa y quiere ir de nuevo; (b) la próxima vez va a misa de verdad y malinterpreta todo.

249 Véase la relación de versiones orales y literarias en la nota núm. 9, cuento núm. 117, Sánchez Ferra, Cartagena (2010: 305-306).

250 Véase el estudio que José Luis Agúndez realiza del cuento, pp. 232-233.

251 Véase Hernández Fernández, Murcia [2009]: núm. 219. Esta versión es semejante a la de Chinchilla.

252 Las versiones de Torre Pacheco y Cartagena constituyen variantes del Tipo y su argumento no coincide con el de la versión de Chinchilla. Véase la relación de versiones que recoge Anselmo J. Sánchez Ferra (2010: 761) en la nota núm. 76, correspondiente a las versiones 742 y 742a de Cartagena.

253 Véase además la nota núm. 71 (p. 761) en Sánchez Ferra, Cartagena 2010.

254 Véanse las notas al cuento (p. 540), sobre todo en lo referente al tratamiento literario (5 vv.).

255 Según Camiño Noia Campos (2010: 880), las versiones gallegas de este tipo relatan dos clases de anécdotas sobre curas y sacristanes (criadas) durante la misa: (a) Para hacerle ir a los fieles a la iglesia, el cura le dice al sacristán que durante la misa suelte una paloma (eche chispas u otra cosa), simulando la aparición del Espíritu Santo o de un castigo divino. El gato se come a la paloma (no arde la leña o se acaba el material usado) [X418], y cuando el cura anuncia lo que va a venir, el sacristán revela en voz alta lo que sucede. (b) El cura, que tiene unos pájaros en la manga de la sotana para el almuerzo, ve cómo se le escapan mientras está diciendo la misa y se lamenta en voz alta en medio de la liturgia. Nuestras versiones se corresponden con la primera.

256 Véanse las notas al cuento (p. 540). En ellas Julio Camarena Laucirica incluye 5 versiones en castellano, recogidas en Cantabria, Valladolid, Burgos (2 vv.) y León. Además cita 1 versión inédita de Cádiz. Por último, señala 1 versión en catalán, 4 en gallego, 1 en vascuence y 1 hispanoamericana.

257 Caracterización del nuevo subtipo: Este subtipo clasifica anécdotas sobre eclesiásticos que en una situación apurada rezan porque oyen blasfemar o ellos mismos blasfeman para hacer que ande la bestia (burro, caballo) que los lleva (Noia Campos, 2010: 888).

258 Rubio, Pedrosa y Palacios, Burgaleses 2002: núms. 127 y 128.

259 Véanse las notas al cuento (pp. 542-543). Julio Camarena Laucirica cita 1 versión de Linares. Además, indica que se han recogido otras 2 versiones inéditas en Fuencaliente (Ciudad Real) y en Setenil de las Bodegas (Cádiz). Asimismo, señala 1 versión en gallego, 1 en vascuence y 1 portuguesa, así como 2 versiones literarias.

260 Véase el estudio del cuento, pp. 323-324, en el que señala y analiza diversas versiones orales y literarias.

261 Véase la relación de versiones hispanoamericanas que cita Espinosa, p. 545, que nos informan de su difusión en Puerto Rico, Cuba, Méjico y Chile.

262 El cuento de cómo uno de los concursantes de una carrera ensilla al otro y cabalga sobre él se remonta a los tiempos de Esopo y se conoce en toda Europa e Indonesia. Es una de las anécdotas favoritas en África y en la tradición india y negra de América.

263 Agúndez, Sevillanos 1999: II, núm. 144. Véase el análisis del cuento y la relación de versiones que ofrece (pp. 115-116. En cuanto a la catalogación, Agúndez considera semejante el Tipo 1530* de Aarne-Thompson y sugiere que se confronte con los siguientes Tipos: 883C, 960, 1376C*, 1461.

264 Además se alude a otra versión inédita del municipio (Sánchez Ferra, 2000: 276).

265 En este caso, es un perro el que se llama Mundo y se lleva los “torreños”.

266 Según Espinosa, el Tipo IA podría ser el tipo hispánico primitivo. Estos son, resumidos, los elementos esenciales de dicho tipo que encontramos en la versión núm. 179:

A. La hormiguita se encuentra un céntimo y su vida cambia totalmente. Por su casa pasan muchos pretendientes, pero se casa con el ratoncito.

B. La hormiguita sale de compras y deja al ratoncito cuidando el puchero.

C. El ratoncito se cae en el puchero y se ahoga (Espinosa, 2009: 855).



La versión núm. 180 presentaría solo el elemento A.

267 Agúndez, Sevillanos 1999: II, núm. 274. Véase el estudio que realiza del cuento (pp. 335-337).

268 Agúndez, Vallisoletanos 1999: núm. 54. Véase el estudio del cuento (pp. 130-133.

269 Para otras versiones españolas e hispanoamericanas, véase la nota núm. 2 a la versión núm. 759a (Sánchez Ferra, 2010: 775).

270 No obstante, en algunos casos no me ha sido posible recabar toda la información que buscaba. Como ya indiqué al describir el trabajo de campo, siempre he pensado que era mejor renunciar a tener datos de quien me podía narrar algún cuento que arriesgarme a que la insistencia en los datos provocara una negativa a contar. En estos casos, se indica al menos el sexo, la edad aproximada y la condición social, tal y como aconseja Enrica Delitala (1978) a este respecto: "Nel caso l'informatore fosse restio a fornire le sue generalità, si indichi almeno se si tratta di un uomo o di una donna e si forniscano dati approssimativi circa l'età e la condizione sociale".

271Esta actitud demuestra la necesidad que tienen algunos narradores de contar los cuentos como se los contaron a ellos. cf. González Sanz, 2006: 212.

272 En este sentido, conviene recordar que las hermanas Bernabé aprendieron el arte narrativo de su padre. Ambas me recuerdan siempre emocionadas que su padre era albañil y, cuando volvía del trabajo, las sentaba a caballo sobre cada una de sus piernas y les contaba cuentos. Las encantaba con sus narraciones y las entretenía mientras su madre preparaba la cena. Les hacía volar con la imaginación. Les contaba que, en los días de niebla, dos pájaros enormes se habían llevado el castillo volando y por eso había desaparecido y no lo veían. Yo creo que todas estas vivencias son las que han hecho de estas hermanas unas excelentes narradoras, porque los cuentos se asocian con su experiencia personal y con la figura del padre.

273 Cf. Rosa Alicia Ramos (1988).

274 De esta narradora no pude obtener datos personales.

275 Se trata de una manera de crear un clima de verosimilitud ante los hechos narrados, algo muy frecuente en los cuentos de héroe de la zona encuestada.

276 Paula Riscos Córcoles, 68 años, sin estudios, ama de casa; Avelina, unos 80 años, sin estudios, ama de casa; Rosario Hernández, 68 años, sin estudios, ama de casa; María, 64 años, estudios primarios, ama de casa; María Peña Martínez, 81 años, sin estudios, ama de casa. Todas ellas trabajaron en faenas agrícolas, especialmente la monda de la rosa del azafrán.

277 Cf. Mugnaini (2004) y Sanfilippo (2014: 172).

278 Cf. lo que afirma una narradora no tradicional como Virginia Imaz a este propósito (2005: 41).

279 Sobre el papel y la importancia de los cantores ciegos como transmisores o como recreadores de la poesía de transmisión oral, véase Pedrosa (2001).

280 Cf. Milillo (1980: 6-8).

281 Muchas veces se recuerda la trama, pero en otras ocasiones, se recuerda solo la estrofa o cancioncilla que repetía algún personaje, las frases rimadas o algún motivo caracterizador del cuento.

282 Cf. Hernández Fernández (2009: 27).

283 En este sentido, Rosa Alicia Ramos (1988) considera que en las chanzas y anécdotas generalmente no se suelen utilizar fórmulas de cierre porque el final del cuento se suele marcar con la aparición de la risa.

284 Una narradora me comentaba que hay cuentos que le traen a la memoria el aroma del café con leche que le hacía su abuela.


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