Cuentos populares de chinchilla



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26 Conviene señalar que también se incluyen etnotextos inéditos, fruto de encuestas realizadas en varias comarcas de Andalucía, La Mancha e incluso de Madrid, por el propio Julio Camarena y otros investigadores.

27 En la selección de versiones están presentes todas las lenguas habladas en España: castellano, catalán, gallego y vascuence. Esto supone un gran avance con respecto a otros intentos de sistematización anteriores. Recordemos que Boggs (1930) limitó su objetivo a la zona lingüística del castellano, mientras que Pujol (1982) tomó en consideración exclusivamente los cuentos catalanes.

28 La aparición en 1992 de Types and Motifs of the Judeo-Spanish Folktales, de Reginetta Haboucha, hizo posible la introducción de referencias a la totalidad del corpus sefardí, que se extiende a enclaves geográficos muy distantes.

29 Los autores también obtuvieron datos de los pocos índices existentes de motivos folklóricos en textos literarios españoles, como el Motif-Index of Mediaeval Spanish Exempla (1949) de John E. Keller, y los compilados por James W. Childers, que cubren la picaresca y los relatos de Timoneda.

30 En la nomenclatura de Aarne-Thompson no figura al frente de la sección dedicada a lo sobrenatural el término “maravilloso”, sino que se agrupan bajo el título “'Ordinary Folk-Tales” los cuentos de magia, los cuentos religiosos, los cuentos románticos y los que tienen por protagonista al ogro estúpido. Forman la categoría de mayor amplitud, que abarca los tipos 300 a 1.199 del catálogo. Se trata, pues, de los más comunes y representativos de la cultura oral. Julio Camarena y Maxime Chevalier recogen los comprendidos entre los números-índice 300 a 749.

31 Cf. Thompson, 1946: 217-228 (“Animal Tales”).

32 Estos cuentos plantean un problema: no se sabe hasta qué punto son considerados “ficticios”. En efecto, en muchos de ellos, personajes humanos se sitúan ante elementos considerados como sagrados o de índole sobrenatural, otros tratan de las andanzas de personajes santos entre los mortales… En definitiva, en todos ellos el mundo de lo real, lo cotidiano, entra en contacto con el mundo de las creencias, con personajes que, fuera de los relatos, son depositarios de la fe sagrada de la colectividad. De ello se extraen ejemplos sobre comportamientos que merecen la aprobación o el rechazo de la comunidad a la que se dirigen. En estas condiciones, el hablar de si los relatos construidos son considerados o no ficticios no deja de ser algo puramente hipotético (Camarena-Chevalier, 2003a: 11).

33 Según el autor, si ya resultaba sorprendente la escasez y gran dispersión de las recopilaciones de relatos orales aragoneses en aquellos años, causaba una mayor sorpresa el constatar que no existía ningún trabajo teórico al respecto y que con la excepción de los trabajos realizados en las tierras aragonesas de habla catalana (dirigidos en el campo del cuento folklórico por Artur Quintana) y del archivo Lázaro – Bayón (cuyo origen está en el Grupo Aragonés de Estudios Tradicionales) que contenía varios centenares de relatos recogidos por toda la geografía aragonesa, la mayoría de las recopilaciones de cuentos no fueron realizadas con la metodología mínimamente exigible y mostraban un absoluto desconocimiento de las principales clasificaciones y métodos de trabajo dominantes en el resto de la Península y Europa (González Sanz, 1996a: 12-13).

34 Carlos González Sanz critica el índice de Aarne-Thompson por no haber definido las subdivisiones según un criterio unificador, de manera que no se explica bien por qué los cuentos de animales se definen por el tipo de personaje, los de la magia por la temática y en su conjunto la oposición entre cuentos propiamente dichos y cuentos de fórmula sea más bien formal (aunque internamente los cuentos de fórmula se subdividan temáticamente). Este es el principal error del índice, que lleva a vacilaciones a la hora de clasificar cuentos que, como el de medio pollo, podrían ser de animales, mágico e incluso formulístico (González Sanz, 1996a: 23). Sin embargo, el Índice ofrece la ventaja de que permite localizar fácilmente (en algunos casos) cualquier cuento y poder rastrear sus variantes en una determinada área geográfica. Por tanto, más que como una clasificación rigurosa del cuento tradicional, se considera como un catálogo de utilidad práctica para los investigadores y recolectores del cuento folklórico.

35 Para González Sanz, la ordenación de Aarne-Thompson, al permitir la comparación de relatos a escala mundial, destierra las visiones localistas del folklore y se revela como un instrumento de gran utilidad que ha colaborado decisivamente a demostrar la analogía universal de los temas del cuento y la leyenda tradicionales (González Sanz, 1996a: 13).

36 Si tenía una vida independiente como relato folklórico y una difusión suficiente que lo acreditase como tradicional (González Sanz, 1996a: 28). Cf. Thompson, 1972: 528.

37 Por esta razón, no se incluyen en este catálogo las leyendas ni los relatos históricos que pertenecen bien al mundo de las creencias o al de la historia oral de cada comunidad. La única excepción la constituyen los “cuentos de brujas” (tipos 746-749). En efecto, desarrollando la propuesta de Boggs (1930), creó varios nuevos tipos y subtipos a partir de algunos relatos de brujas especialmente difundidos y frecuentes (González Sanz, 1996a: 28-29).

38 El autor reconoce que esta práctica es desaconsejable, ya que no puede asegurarse que la variante sea tradicional y no se deba a la creatividad de un narrador particular. No obstante, decidió incluir estas propuestas para someterlas a la crítica de otros investigadores y esperando que puedan confirmarlas próximos estudios y recopilaciones. En cualquier caso, las nuevas propuestas no fueron demasiado lejos. Cuando en un relato no veía claramente que se tratase de un nuevo tipo o subtipo (a veces porque solo conocía esa única versión), lo clasificaba preferentemente como mezcla de varios tipos, apareciendo entonces referido en la bibliografía de cada uno de ellos (González Sanz, 1996a: 30).

39 Dejando a un lado la literatura infantil, prácticamente todas las versiones literarias reseñadas pertenecen a escritores costumbristas del siglo XIX o principios del XX (González Sanz, 1996a: 31).

40 Aunque en el Catálogo (por un afán práctico) se consideró más oportuno adaptar los títulos al más frecuente en el ámbito geográfico estudiado, en este caso se comprendió que la clasificación pierde su capacidad de servir de referente con valor universal si los títulos varían profundamente de uno a otro de los catálogos existentes. Por esta razón, se siguieron los epígrafes utilizados por Camarena-Chevalier (1995-1997) en su catalogación de los cuentos españoles y, para los casos no registrados allí, se adoptaron los títulos de la versión traducida al castellano de Aarne-Thompson (1995) (González Sanz, 1998: 8).

41 Véase http://www.ceao.info/projects/. Este proyecto, patrocinado por la Fundação para a Ciência e Tecnologia (FCT), abarcaba dos proyectos: el ‘Archive and Catalogue of the Portuguese Traditional Folktale’ y el ‘Archive of Portuguese Folktales and Folk Ballads’. Además de con la publicación del Index, el proyecto se culminó con el establecimiento de un archivo de cuentos folklóricos portugueses (APFT), con casi 7.000 registros de cuentos folklóricos publicados y no publicados, y con la creación de una base de datos que identifica y clasifica cada uno de los ítems del archivo.

42 Esto fue posible porque Hans-Jörg Uther accedió a usar un manuscrito temprano del índice de Cardigos para incluir sus datos en los nuevos volúmenes del catálogo del cuento folklórico. Asimismo, Isabel Cardigos tuvo que esperar a la publicación del ATU para obtener un manuscrito del Índex of Portuguese Folktales actualizado de acuerdo con el nuevo índice internacional.

43 La pareja Soromenho también editó dos volúmenes importantes de material no publicado de varios recopiladores: Contos Populares Portugueses (Inéditos) (1984, 1986).

44 Por consiguiente, mantiene la mayor parte de los cuentos de la colección de Vasconcellos que le habían sido dados por Ana de Castro Osório, una escritora de historias infantiles, porque tenían origen folklórico y se decía que habían pasado a ella por un auténtico informante. Sin embargo, excluye las adaptaciones y refundiciones de cuentos folklóricos clásicos y tradicionales de autores modernos.

45 Véanse los comentarios a estas obras en Cardigos, 2002: 1204-1215.

46 En estos casos, figuran cuentos de los que se ha encontrado más de una versión.

47 José Manuel Pedrosa (2007) describe las dificultades que encontraban los estudiosos de la tradición cuentística en la Comunidad Valenciana antes de que apareciera esta obra:

La tradición cuentística de las provincias de Valencia, Castellón y Alicante era, antes de la publicación de este libro, un coto prácticamente vedado para la mayor parte de los lectores en general, y para los estudiosos del cuento en particular. Las compilaciones y los estudios que había en circulación no destacaban por su abundancia, y sí eran, por el contrario, sumamente irregulares en lo que respecta a la tradición geográfica que cubrían, además de, por lo general, poco escrupulosos y escasamente refinados en los criterios y en los métodos de recolección y de edición de sus materiales. Había un predominio evidente de compilaciones estrictamente locales, unas cuantas de ellas comarcales, realizadas, en un puñado de pueblos, por folcloristas de vocaciones y afanes tan meritorios como a menudo deficientes en el manejo de los instrumentos de la filología y en el análisis académico. Alejados, por lo general, de la técnica de la transcripción rigurosa y respetuosa para con el discurso oral de los narradores, e inclinados, bastantes veces, a reescrituras que a veces pecaban de ampulosas, otras de infantilizadas, algunas de pseudorrománticas, y que por lo general no eran demasiado afortunadas, ni desde el punto de vista siquiera de la manipulación literaria. Aunque haya que destacar alguna que otra excepción, como las de las obras de Enric Valor y de Josep Bataller Calderón, esforzadísimos folcloristas y, al mismo tiempo, escritores finos y cuidadosos a la hora de reescribir los cuentos. O como la de determinados folcloristas de las últimas hornadas (Beltrán, Guardiola, Monjo, Pérez, Limorti y Quintana, Roig Vila, Rico y otros), que transcriben y editan sus textos con muy marcada o con absoluta sensibilidad filológica.



48 Traduzco todas las citas de Beltrán del catalán.

49 En efecto, la mayor parte de las colecciones del cuento popular valenciano, como es el caso de la obra de Enric Valor, no está constituida sobre un corpus de versiones que sean transcripciones más o menos fieles de las performances orales de los informantes, sino sobre un corpus de recreaciones o reelaboraciones hechas a partir de entrevistas, y a veces ni siquiera eso. Por este motivo, resulta significativo que el compilador haya optado por incluir versiones orales en esta antología.


50 El área lingüística del catalán está repartida en cuatro naciones diferentes: (1) España, donde es la lengua autóctona de la actual comunidad autónoma de Cataluña, de la Franja de Aragón, de más de la mitad de la comunidad autónoma de Valencia, de un pequeño territorio en la comunidad autónoma de Murcia (El Carche), y de las Islas Baleares (Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera); (2) Andorra; (3) Francia, donde es la lengua autóctona de la mayor parte del departamento de los Pirineos Orientales (la Cataluña Norte, que incluye los territorios que la monarquía española cedió a Francia por el Tratado de los Pirineos en 1659) y, por último, (4) Italia, en Alguer (Cerdeña), cuya población original fue reemplazada por asentamientos catalanes en 1354 (Oriol y Pujol, 2008: 10).

51 Los autores decidieron reservar el examen de las colecciones publicadas en publicaciones periódicas para una segunda fase –que en el caso de Cataluña Norte permitirá que de alguna manera se corrijan los desequilibrios territoriales que se pueden observar ahora- porque, de otra manera, la magnitud de la tarea habría retrasado en exceso la publicación de los presentes resultados (Oriol y Pujol, 2008: 15).

52 El corpus completo también se puede encontrar en formato electrónico en la base de datos del RondCat (http://rondcat.arxiudefolklore.cat/), que fue creado en 2000 al principio del proyecto para catalogar los cuentos folklóricos catalanes. Así pues, esta base de datos, disponible online en cuatro lenguas: catalán, inglés, francés y español, incluye todos los cuentos, sin considerar si son un tipo ATU o no. Se trata de un magnífico instrumento de ayuda para consultar información relativa a los cuentos folklóricos catalanes, que permite que los cuentos sean revisados y actualizados constante y sistemáticamente. Además, puede resultar una buena herramienta para desarrollar la investigación sobre los tipos que no están indexados y así contribuir a la mejora del índice internacional.

53 Los estudios académicos relacionados con esta catalogación e indexación de cuentos folklóricos comenzaron a ver la luz hacia la segunda mitad del siglo XX, con estudiosos como Josep Antoni Grimalt (Universitat de Barcelona, 1975) y su estudio sobre el Aplec de Alcover, Josep Maria Pujol (Universitat de Barcelona –Tarragona-, 1982) con un trabajo de catalogación de recopilaciones folklóricas catalanas y Carme Oriol (Universitat de Barcelona –Tarragona-, 1984) con un Trabajo Fin de Grado dedicado a Joan Amades (Oriol y Pujol, 2008: 14).

54 En el caso de los cuentos recogidos por Marià Aguiló en el siglo XIX y recientemente editados por Jaume Guiscafrè cabe señalar que este estudioso de cuentos folklóricos románticos no siempre grabó la proveniencia de sus versiones. En estos casos (135 en total) se ha creado una categoría “no stated” que se refiere solo a ellos (Oriol y Pujol, 2008: 16).

55 Conviene señalar que no todos estos territorios comenzaron la tarea de investigación folklórica al mismo tiempo. Algunas zonas se estrenaron en el siglo XIX, mientras que otras tuvieron que esperar al siglo XX para comenzar su recolección y estudio de los cuentos folklóricos.

Cada una de estas divisiones territoriales cuenta y ha contado con una serie de folkloristas dedicados al estudio más o menos exhaustivo de los cuentos folklóricos del lugar. Así, por ejemplo, podemos destacar las figuras de Artur Quintana (1995, 1997) y Carlos González Sanz (1996) en la Franja de Aragón; Esteve Casaponce (n. s. [1907]) en la Cataluña Norte; Carme Oriol (1997) en Andorra; Antoni M. Alcover (1885, 1896-1931) y el Archiduque Lluís Salvador, hijo del último Gran Duque de Toscana (1895) en Mallorca; Andreu Ferrer Guinard (1914) en Menorca; Josep Roure Torent (1848) en Ibiza; Joan Castelló i Guasch (1953, 1955, 1961, 1974 y 1976) en Formentera; Enric Valor (1950, 1951, 1958, 1964 y 1970), Joaquim Gonzàlez i Caturla (1985, 1987) y Josep Bataller (1981, 1986 y 1997) en Valencia; Ester Limorti y Artur Quintana (1998) en la comarca del Carche; y Pier Enea Guarnerio (1985) en el Alguer.



Con todo, el lugar más prolífico en cuanto a publicaciones de recopilaciones e investigación relacionada con el tema ha sido Cataluña. Desde finales del siglo XIX hasta nuestros días se han llevado a cabo numerosos estudios sobre los cuentos populares catalanes. Así, podemos destacar desde Manuel Milà i Fontanals (1853) y Francesc Maspons i Labrós (1871-1875), hasta las aportaciones de otros estudiosos como Sebastià Farnés (1893), Pau Beltran i Bros (1909), Jacint Verdaguer (1905), Valeri Serra i Boldú (1922) y Joan Amades (1950) (Oriol y Pujol, 2008: 11-13).

56 Ahora bien, desde el punto de vista cuantitativo, la primera posición la ocupa Cataluña con 1067 entradas, seguida de Valencia (561), Mallorca (474) y, justo detrás, la Franja de Aragón (299); más lejos, le siguen Ibiza (71), el Carche (58) y Menorca (51), y por último, Cataluña Norte (27), Alguer (17), Andorra (5) y Formentera (1).

57 Este índice es el primero que incluye la clasificación de los materiales transcritos en los míticos cuadernos.

58 Estas tres comarcas, junto a la Galicia actual, constituyeron la Gallaecia romana que, desde la Edad Media hasta el siglo XVII, se denominó Reino de Galicia.

59 Se trata solo de una “propuesta provisional de clasificación, a la espera de que, detectadas otras versiones en las tradiciones de la península ibérica o fuera de ellas, se halle otra más adecuada o decidamos incluirlos en alguno de los tipos ATU” (Noia Campos, 2013: 157).

60 Este dato figura también en las referencias del apartado “Otras versiones”, siempre que se disponga de dicha información. La indicación del lugar de recogida resulta de interés para poder seguir el recorrido del tipo dentro del área lingüística gallega, a la vez que permite localizar la presencia de ecotipos gallegos.

61 Las fuentes de información sobre versiones literarias de cuentos folklóricos proceden, esencialmente, de recopilaciones hechas por estos autores: Maxime Chevalier (1975, 1978, 1982, 1983), Julio Camarena y Maxime Chevalier (1995, 1997, 2003), Montserrat Amores (1997), José Luis Agúndez García (1999) y Jesús Suárez (1998, 2008), además de la experiencia personal de la autora.

62 Este dato, además de servir de indicio sobre las relaciones culturales que la tradición narrativa gallega mantuvo con la de otras áreas lingüísticas, permite ver los cambios producidos en el cuento, en el paso de la oralidad a la escritura, y viceversa.

63 El título gallego suele ser traducción del original; se le da un título diferente cuando la traducción ofrece información adecuada al cuento gallego y en los casos en los que este tiene un título propio en la tradición narrativa gallega.

64 Según Ángel Hernández Fernández (2013: 26-27), su no inclusión en el catálogo no significa que tales relatos no sean folklóricos, pues de su comparación con otras versiones nacionales o foráneas conocidas se deduce la existencia independiente en la tradición oral de más de doscientos tipos de cuentos en la Región de Murcia que no habían sido indexados antes.

65 Los tipos originales en inglés se pueden consultar en los apéndices.

66 La información contenida en este apartado está extraída fundamentalmente de la introducción del catálogo (pp. 34-48).

67 En efecto, en lo que respecta al cuento, se encuentran pocas muestras en la literatura regional, quizás por considerar este género como de poca entidad literaria y válido solo para el público infantil.

68 Durante el curso académico 1985-86 llevó a cabo una experiencia didáctica con sus alumnos, a los que dirigió y coordinó en la tarea de recoger cuentos folklóricos. El resultado del trabajo de campo es una antología constituida por 5 cuentos y 9 leyendas de entre los 40 cuentos y 35 leyendas que asegura Carmen Nicolás haber recogido a través de sus alumnos (Hernández Fernández, 2013: 38).

69 Se trata de una colección de 105 versiones. Según el autor del catálogo, la clasificación de los cuentos es bastante acertada (aunque no utilice la descripción tipológica del índice de Aarne-Thompson). Además, los cuentos están escritos de forma fiel al texto oral y la autora ofrece la relación de los informantes de los que ha obtenido, mediante contacto personal, sus cuentos (Hernández Fernández, 2013: 38).

70 Esta misma colección de cuentos también se publicó con el título de Cuentos murcianos de tradición oral (Aplicaciones didácticas). Se trata de un trabajo colectivo en el que participaron profesores y alumnos de la Universidad. Entre 1988 y 1989 se recopilaron 143 relatos, que fueron grabados y posteriormente transcritos y clasificados. En la transcripción de los cuentos se aprecia el deseo de fidelidad a la lengua oral, aunque no se haya utilizado el criterio de escritura literal. La clasificación sigue la de Antonio Rodríguez Almodóvar en sus Cuentos al amor de la lumbre: cuentos maravillosos, de costumbres y de animales. Un cuarto apartado, “Otros cuentos”, incluye relatos de diverso tipo (maravillosos, seriados, humorísticos) para los que no se ha encontrado una ubicación clara en ninguno de los tres apartados anteriores (Hernández Fernández, 2013: 39-40).

71 Este libro fue incluido en el catálogo de cuentos catalanes de Carme Oriol y Josep M.ª Pujol, y en el de cuentos valencianos de Rafael Beltrán. De manera que los textos representados en la antología son geográficamente murcianos pero lingüísticamente catalanes, lo que “demuestra que los cuentos no conocen fronteras de ningún tipo ni son patrimonio exclusivo de un lugar o de una comunidad concretos “(Hernández Fernández, 2013: 41-42).

72 La obra reúne 294 versiones, 83 de ellas inéditas en la región de Murcia, obtenidas mediante entrevista directa y grabación. En la transcripción el autor intenta ser fiel al máximo a los textos orales. Por otra parte, los cuentos están clasificados siguiendo la numeración del índice internacional de Aarne-Thompson y al catálogo de Camarena-Chevalier. En algunos casos, Sánchez Ferra propone nuevos números tipo para ciertos relatos tradicionales murcianos que no tenían cabida en este índice. Al final del libro, el autor estudia comparativamente los cuentos y los relaciona con los repertorios murcianos citados anteriormente y con otras antologías nacionales.

73 Estos fenómenos son imposibles en la lectura, como toda la información no verbalizada que convierte al narrador en un verdadero actor y a la narración en una representación. Para Walter Benjamin (1973: 321): “Quien escucha una historia está en compañía del narrador, incluso quien la lee participa de esa compañía. El lector de una novela está en cambio a solas”. De esta manera, distingue entre narración y novela moderna y caracteriza a aquella por la presencia continua del narrador que de alguna manera alienta y conduce la trama, como si estuviera presente en todo momento, algo que sucede en los relatos tradicionales.

74 Cf. González Sanz, 2006: 213, donde el autor considera que “tenemos la obligación de elevar al narrador del cuento folklórico a la categoría de autor de este, lo cual es perfectamente cierto, al menos en la medida en que es su intérprete, cuando no su recreador”. Esta sería una manera de devolver a los entrevistados aquello que nos dieron, prestigiado a través de la letra impresa para evitar su paulatina desaparición.


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