Cuentos populares de chinchilla



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NARRADORES DE PÉTROLA

    1. María Gómez Davia


Nacida en Ontur, se trasladó a Pétrola siendo aún niña. Tenía 38 y fue un gran punto de apoyo para mi investigación. Durante meses recorrió las casas de Pétrola en busca de informantes. Solía reunirlos en una casa, convencida de que era lo mejor para que se animaran a narrar. En el corpus figuran 4 versiones suyas (núms. 74, 93, 156 y 169), aunque me narró muchas más, cuya grabación perdí desgraciadamente, junto a las de otras vecinas de Pétrola. En su repertorio predominaban los chistes y anécdotas. Tenía estudios primarios y se apasionó por el tema de los cuentos de tradición oral. Resulta curioso, sin embargo, que ahora no recuerde ninguno. Hace unos meses, una tarde escuchamos juntas sus grabaciones y no recordaba el final de sus cuentos.
      1. Asensio Escribano Ródenas


Era un hombre tranquilo, bondadoso. Había trabajado toda su vida en el campo. Tenía 80 años. Me contó 6 versiones (núms. 26, 75, 158, 161, 163 y 173). Narraba lentamente, con dificultad. En su repertorio predominaban los chistes y anécdotas, sobre todo acerca de clérigos. Lo entrevisté una mañana en casa de María Gómez Davia y quedamos para vernos la semana siguiente pero, por desgracia, no fue posible porque falleció a los pocos días de nuestro primer y único encuentro.
      1. María Núñez


Presidía la Asociación de Amas de Casa de Ontur y le preocupaba la conservación de las manifestaciones folklóricas en general. Tenía unos 60 años y estudios primarios. Aprendió los cuentos de su padre que era pastor. Los había anotado en un cuaderno para no olvidarlos. Mientras narraba, explicaba los términos que consideraba poco comprensibles hoy en día. Me contó 7 versiones (núms. 20, 37, 69, 112, 123, 125 y 133), chistes y anécdotas en su mayoría. También contó varias leyendas relacionadas con los lobos y la noche de Todos los Santos.
      1. Otros narradores


Paca, la de Pío, fue la primera informante de Pétrola. Llegué hasta su casa por su fama de narradora. Tenía más de 80 años y una verdadera necesidad de estar con la gente, de hablar y transmitir todo su legado tradicional. Su repertorio se componía, sobre todo, de coplas y cantares, algunos basados en hechos realmente ocurridos en el pueblo. No se cansaba de cantar. También recordaba algún romance, adivinanzas y pocos cuentos. Me narró 3 versiones (núms. 65, 167 y 176). Su repertorio lo componen 2 chistes y anécdotas y 1 cuento de fórmula. Lo que más impresionaba de Paca era su memoria y sus ganas de contar algo. No sabía leer ni escribir. Solía narrar cuentos en el lavadero que hay en las afueras del pueblo y en los días de la matanza del cerdo.

Una mujer de unos 60 años, que quiso permanecer en el anonimato, me contó 8 versiones (núms. 83, 97, 104, 109, 130, 137, 154 y 170). Narraba con aplomo, solo chistes y anécdotas. Eran cuentos breves, que culminaban con la risa de los oyentes.

Sinclética y Salvadora Martínez Ruiz me contaron 2 versiones del Tipo Boggs 1940*E (núms. 178 y 177, respectivamente). Sus versiones surgieron espontáneas mientras escuchaban los cuentos de la narradora anterior.
  1. NARRADORES DE HOYA GONZALO Y CORRAL RUBIO

      1. Dicterios de Pedro Gómez


Pedro Gómez, natural de Hoya Gonzalo, fue entrevistado en Pétrola porque trabajaba allí, en una finca llamada Casa Grande. Tenía 38 años y un gran sentido del humor. En su repertorio figuran solo 2 versiones (núms. 86 y 90), que consisten en dicterios contra los habitantes de Pétrola. Son los mismos que cuentan en esta localidad a propósito de los habitantes de Hoya Gonzalo. Su estilo narrativo se caracterizaba por la brevedad y la concisión, acompañadas de abundante gestualidad.
      1. Narradores de Corral Rubio


Solo conseguí 2 versiones de Corral Rubio. La primera la grabé en la plaza del pueblo, el día del mercado. La narradora era una mujer de unos 45 años que me contó una versión, la núm. 51. Dijo que solía contarla su padre de 91 años. Su padre la narraba en primera persona y ella nos la contó en tercera, rememorando las aventuras de su padre.

La segunda versión (núm. 17) me la contó Miguel Peña Alcantud, 33 años, en Albacete. La solía contar su abuelo, pero no la recordaba bien.


  1. NARRADORAS DE POZUELO


En Pozuelo conseguí recopilar cuentos de cinco narradoras276. Los hombres estuvieron presentes en casi todas las reuniones, animándolas con algún comentario gracioso, pero se mantuvieron al margen. Quizás los intimidaba la grabadora aunque, según ellos, el problema era que no sabían contarlos bien. Posiblemente el contexto no era el adecuado para que se decidieran a tomar la palabra, cuando la persona que recopilaba era una mujer. Tal vez les daba vergüenza contar algún cuento “colorao”, que no me pareciera apropiado. O simplemente no se daba una condición indispensable que apostilló uno de ellos: «El cuento tiene que venir a cuento».

Existe siempre una diferencia entre los narradores reconocidos y las personas que simplemente conocen y pueden contar un cuento277. En este sentido me parece oportuno presentar a las narradoras de Pozuelo.


      1. Paula Riscos, una pasión por los cuentos


Más del 40% de los cuentos recopilados en Pozuelo fueron narrados por Paula Riscos Córcoles, una mujer que siente una verdadera pasión por los cuentos.

Nacida y criada en esta localidad, aprendió sus relatos durante las faenas agrícolas o en la monda de la rosa del azafrán. Su madre también solía contarle cuentos (sobre todo de animales). Reconoce tener muy buena memoria y, por eso, todo lo que escuchaba lo retenía. No sabe leer ni escribir. Aun así, no se explica cómo, pero es «capaz de encontrar una poesía, un chiste o un cuento apropiado para cada situación de su vida». Tal vez la explicación que ella no encuentra es que ha logrado hacer que todo este material tradicional siga teniendo una razón de ser en su vida. Los cuentos le siguen siendo útiles, le siguen diciendo algo sobre sus experiencias cotidianas. En su caso, los cuentos no han perdido su funcionalidad y sigue existiendo un vínculo entre estos y sus vivencias.

En el pueblo tiene fama de saber muchos cantares e historias de antes. Incluso algunas vecinas reconocen que los cuentos que saben los aprendieron de ella. Por tanto, Paula fue oyente de lo que narra y, habiendo asumido la responsabilidad de aprenderlo y volverlo a contar, exige a sus oyentes que asuman la responsabilidad de convertirse en futuros narradores.

Todo el legado de tradición oral que atesora lo conserva y lo transmite como un bien preciado, que generosamente regala, orgullosa de compartirlo, a todo el que quiera disfrutar de su compañía.

Su repertorio es amplio y variado: cuentos de animales, de magia, chanzas y anécdotas (cuentos de tontos y de curas) se entremezclan en su memoria y salen por su boca para deleite de su auditorio. Sus narraciones se van alternando con cantares, adivinanzas, romances, poesías… En general, los personajes de sus cuentos se caracterizan por la maldad o por su ignorancia.

El repertorio de Paula incluye 3 cuentos de animales, 4 cuentos folklóricos ordinarios (cuentos de magia) y 6 chanzas y anécdotas. Con el paso de los años, Paula sigue contando los mismos cuentos de animales y chanzas y anécdotas casi con las mismas palabras. Sin embargo, no recuerda los cuentos de magia, es decir, justo los cuentos más difíciles de contar. No ha sido capaz de repetir ninguno de los que me contó en 1998. Recuerda los personajes y algún motivo, pero es incapaz de recordar la trama. Esto demuestra la desaparición de este tipo de cuentos en los contextos actuales.

El estilo narrativo de Paula Riscos Córcoles se caracteriza por una expresión sencilla, escueta y llena de repeticiones. Se suele acompañar con gestos y movimientos de los ojos y de los brazos, que añaden un toque de picardía y de gracia difíciles de describir.

Desde el punto de vista sintáctico, utiliza varias estrategias para hacer avanzar la narración. Unas veces retoma la frase final del estilo directo cuando comienza a narrar nuevos hechos: “-Llévame en cuestas” / “Y la echa en cuestas” (La zorra y el lobo). Otras veces, se vale de preguntas retóricas a las que responde inmediatamente: «Y, ¿qué hizo?, hincarle un clavo y lo dejó cojico» (El burro y el lobo). Por otra parte, usa con frecuencia el estilo directo, cambiando la voz según las características de cada personaje (recrea la voz de la zorra que se finge enferma, del lobo, de los cabritillos, de personas tontas... Incluso imita el acento de los gitanos en El padre de la estatua). Su discurso directo se interrumpe constantemente con el verbo «dice», automatizado y desemantizado, que le sirve para resaltar la entonación de las frases sobre las que quiere llamar la atención. Además, repite con frecuencia la conjunción «y»; utiliza interjecciones («¡Ay!, ¡Hala!»), exclamaciones («¡Toma!») y diminutivos, aumentando así la expresividad y la tensión emotiva del cuento.

Otro rasgo que caracteriza el estilo de Paula es la presencia de cancioncillas en los cuentos de su repertorio: «Zorra grillera, harta de gazpachos / y bien caballera». Sin embargo, no utiliza fórmulas de cierre. Suele comenzar con «Era» / «Esto era», para terminar diciendo «Y ya», a lo que alguno de los presentes a veces respondía: «Y cuentecico colorao, por la boca tuya se ha colao». Esto se podría interpretar como una necesidad de que la conclusión sea dada por el auditorio, bien con una fórmula de cierre o bien con la risa, como respuesta al cuento narrado. Otras veces termina explicando lo que pasó, adoptando un punto de vista realista: «Y ya vinieron la pulicía y se la llevaron y esa se salvó, pero las otras no» (Barbazul).

      1. Avelina o el “resurgir” en el cuento


Tras la primera entrevista con Paula, Rosario Hernández me acompañó a casa de Avelina, una mujer de unos 80 años, que desde hacía varios se encontraba encamada, sin apenas movilidad, tras haber perdido la vista. Su hija, amablemente, nos condujo a su habitación, advirtiéndonos que no sabía cómo podía reaccionar. Tenía un carácter muy fuerte y muchas veces, a causa de la enfermedad, se negaba a recibir visitas y si hablaba con algún vecino lo hacía por poco tiempo. Todavía hoy su hija se maravilla ante la reacción de su madre y no entiende cómo accedió a hablar conmigo. Sin embargo, desde que me acerqué a ella a explicarle el objeto de mi investigación, se estableció una especie de hilo invisible que nos unía: en un extremo ella, que apretaba con fuerza mi mano para asegurarse de mi presencia, en el otro extremo yo, emocionada al sentir la transformación que se estaba produciendo en ella, y entre las dos, un hilo mágico e invisible repleto de romances, coplas y narraciones de tradición oral. Es todo lo que se necesita: un buen narrador, un receptor entregado y una historia que contar. Quizás es necesario también el contacto físico, porque no soltó mi mano ni un momento. De este modo, no solo sentía la presencia de un auditorio, sino también marcaba un ritmo en la narración, ya que yo notaba cómo apretaba mi mano con más fuerza en el clímax de cada cuento.

Sin duda, ha sido ella la narradora que más me ha conmovido durante mi trabajo de campo. La experiencia me hizo creer en el poder terapéutico de los cuentos, no solo para quien los escucha sino, sobre todo, para quien los narra. Cuando entré en la habitación, encontré a una persona enferma, desvalida, sin fuerzas para nada. Sin embargo, a medida que iba desgranando sus cuentos, se transformaba. Asistí a un resurgir inexplicable. Tal vez la clave está en que recordar quiere decir «volver a pasar por el corazón»278. Y, a través de la memoria de los cuentos, Avelina estaba pasando por su corazón el encanto de aquellas veladas de antaño, en las que ella era el centro de la reunión y deleitaba con sus narraciones. Todo había cambiado pero, gracias a los cuentos, se volvía a poner en medio de la vida y recuperaba un rol que siempre había tenido en su entorno más cercano.

El repertorio de Avelina se compone de 2 cuentos de magia (núms. 55 y 56) , 1 chiste sobre curas (núm. 146) y 2 cuentos acumulativos (núms. 66 y 181).

Avelina narra con rapidez, transportada por la memoria. Los textos son bastante largos y narra con seguridad y aplomo. La trama se presenta de manera lineal. Su estilo se caracteriza por el uso de fórmulas, reduplicaciones y, sobre todo, triplicaciones. Las repeticiones le sirven para amplificar la dimensión del espacio y del tiempo: «Y ella venga to los días dale, dale, dale» (Estrellita de Oro); para subrayar la relevancia semántica de los términos duplicados: «uno era mu pobrecico, mu pobrecico y el otro mu rico, mu rico» (La cueva de los gatos); o para aumentar la espera y la tensión del auditorio ante el desarrollo de nuevos hechos: «-¡Ay, socorro! ¡Socorro! ¡Socorro!» (¡Ay, Mariquita mía!). La repetición también es esencial en la estructura de los dos cuentos acumulativos que me contó. También aparecen rimas internas («-¡Gua, gua, gua! / La Estrellica de Oro / debajo l’artesa está / y el Rabo de Burro / en el coche va») y, sobre todo, predomina el estilo directo, sin ningún verbo que le dé paso. La transición del estilo directo a la diégesis se marca con «Bueno» o, menos frecuentemente con «Conque». Utiliza interjecciones («¡Ay!, ¡Uh!»), exclamaciones («¡Uuuuuh, qué gato más hermoso!»), onomatopeyas («¡Tras, tras!», «¡Gua, gua, gua!»).

A pesar de haber perdido la vista279, describe la apariencia exterior de sus personajes con detalle. Ella que no podía ver, hablaba al sentido de la vista. Sus cuentos distinguen el bien del mal y presentan características visuales: una estrella de oro en la frente, un rabo de burro, unos gatos muy guapos.

Sus cuentos suelen comenzar con: “Esto era”. No utiliza fórmulas de cierre, ni introduce estrofas cantadas. Sin embargo, su repertorio está repleto de fórmulas, rimas y sonoridad.


      1. Rosario Hernández


Nacida y criada en El Madroño, una pedanía de Pozuelo, Rosario Hernández fue la persona que en 1998 me ayudó a contactar con los informantes de Pozuelo y a romper sus barreras psicológicas. En un primer momento, las entrevistas se realizaron en su casa, donde convocaba a sus vecinas. En seguida me presentó a Ascensión y juntas me ayudaron a crear una atmósfera de cordialidad, favorecedora de la narración de cuentos. Ascensión poseía un amplio repertorio de romances y cantares, pero no sabía cuentos. Otro día invitó a Paula, que nos encantó con sus relatos. Todas las entrevistas que le realicé aquel año fueron en casa de Rosario. En otras ocasiones, me acompañó a casa de otras narradoras, como en el caso de Avelina y María. Y fue así, escuchando a sus vecinas, como descubrió que ella también sabía cuentos. Es curioso, ella pensaba que yo buscaba historias y anécdotas de antes, de las que contaban los más ancianos del lugar: eso entendía ella por “cuentos”.

Su repertorio comprendía cuentos de animales, novelescos y acumulativos. Me contó 4 cuentos (núms. 4, 67, 76 y 182), de los cuales tres eran versiones de otros cuentos que acababan de contar sus vecinas.

Su estilo narrativo es sencillo, caracterizado por el uso continuo de la conjunción “y”, así como de cancioncillas o rimas. Estas son más importantes que el desarrollo de la historia. Sin duda, son estas las que permanecen vivas en su memoria y en torno a ellas resume brevemente la trama.

      1. María


María tenía 64 años, era ama de casa y solía contarles estos cuentos a sus hijos. La entrevista se realizó en su casa, acompañada de sus hijos y nietos. Rosario me condujo hasta ella, porque sospechaba que podía saber cuentos. Su repertorio estaba formado por romances y oraciones, pero también por cuentos de animales, religiosos y chanzas y anécdotas.

Solía adornar sus narraciones con digresiones sobre las costumbres de antaño (la elaboración del vino, los cestos que había en los dormitorios). Narraba con firmeza y le gustaba incluir cantares


      1. María Peña


Cuñada de Paula. Aprendió muchas de sus historias de ella. Es una mujer afable, tranquila, que transmite serenidad. No fue difícil convencerla para que me contara algún chiste.


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