Cuentos populares de chinchilla



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VI. LOS NARRADORES Y SU CONTEXTO


Una vez analizado el corpus de los cuentos, se pretende ahora presentar a los autores de las 182 versiones recopiladas, ya que en un acercamiento al arte del narrar tradicional, las personas que cuentan juegan un papel muy relevante. Aunque en los estudios españoles no se ha prestado demasiada atención a los narradores, existen importantes excepciones como el volumen que de Prada Samper (2004) ha dedicado a la narradora Azcaria Prieto de Castro”

El análisis de los narradores se llevará a cabo atendiendo a los siguientes aspectos270:



  • Datos personales: nombre, apellidos, edad, lugar de nacimiento, formación.

  • Carácter.

  • Repertorio.

  • Estilo narrativo.

  • Ambiente en el que aprendió el cuento y ambiente en el que se desarrolló la entrevista.

  • Empleo de recursos paralingüísticos: gestualidad, contacto físico…

Para describir con detalle y de manera uniforme el estilo narrativo he prestado atención los siguientes rasgos, señalados por Fulvia Caruso (2009: 41-58) al estudiar el hecho narrativo desde el punto de vista expresivo:

  • Construcción lineal del texto o no / construcción completa o no.

  • Longitud del texto (largo o corto).

  • Grado de seguridad al narrar (presencia de anacolutos).

  • Construcciones enfáticas en sintaxis paratáctica (concatenaciones).

  • Estilo directo.

  • Fórmulas o conjuntos de palabras que señalan los giros narrativos en el paso de una escena a otra (Conque…).

  • Deícticos.

  • Fórmulas, frases hechas, repeticiones, frases nominales, interjecciones, onomatopeyas, ideófonos, mimologismos…

  • Estrofas destinadas al canto.

  • Fórmulas de apertura y cierre.

En casi todos los casos, se le dedica un apartado a los narradores que me contaron 5 o más versiones. En el resto de los casos, se describen al final.
  1. NARRADORES DE CHINCHILLA DE MONTEARAGÓN

      1. Francisco Atiénzar Alcántara


Fue el primer narrador entrevistado. Tenía 60 años y era agricultor. Tenía estudios primarios. Era mi tío paterno. Nació en una aldea cercana a Chinchilla llamada Casa del Rulo. Le gustaban mucho los cuentos y los chascarrillos y no dudó un momento en contarme los que recordaba. Las entrevistas se realizaron en mi casa, siempre en familia. Tenía un carácter abierto y desenfadado. Me contó 7 versiones (núms. 15, 27, 29, 85, 89, 92 y 174). En su repertorio figuran cuentos de animales (3 vv.), cuentos de tontos (3 vv.) y cuentos de mentiras (1 v.). Había aprendido los cuentos de su padre y de su tío, que siempre tenía un cuento preparado para cada situación que se le presentaba. Mientras narraba solía gesticular mucho, movía los brazos y matizaba la voz para caracterizar a los distintos personajes. Además, solía recrearse en las descripciones de tipo costumbrista. En general, no solía usar fórmulas para cerrar los cuentos. El final se quedaba en manos del auditorio, en forma de risa o de algún comentario al hilo del desenlace.
      1. Feliciana García Tomás


Nacida en la Estación de Chinchilla, tenía 63 años cuando grabé sus primeras versiones. Tenía estudios primarios y había pasado casi toda su juventud en Balsicas (Murcia), lo que ha debido influir en su repertorio, ya que muchos de sus relatos los aprendió de sus tíos en aquellos años. Era mi madre y fue la figura principal en los primeros años de esta investigación. Por un lado, me puso en contacto con la mayor parte de los narradores y, por otra, me narró 16 versiones (núms. 16, 47, 50, 69, 88, 96, 111, 126, 127, 138, 149, 153, 157, 159, 160 y 179), más que ningún otro informante. Su repertorio abarca cuentos de animales, cuentos folklóricos ordinarios, chistes y anécdotas (cuentos de tontos y de curas) y cuentos de fórmula. Su estilo narrativo se caracterizaba por la seguridad a la hora de narrar, el uso del estilo directo, fórmulas (“-Hormiguita, ¿te quieres casar conmigo?”), frases rimadas (“Cuando yo vivía, tos los higos d'esa higuera me los comía; y ahora qu'estoy muerto, ¡me voy a comer hasta el tuerto!”), repeticiones, estrofas destinadas al canto (“-Por las tres bolitas de oro / que en la fuente yo perdí, / por mi padre y por mi madre, / ahora me veo yo aquí”) y alguna fórmula de cierre (“Y ya vivieron felices, comieron perdices...”).
      1. Florentino Tárraga López


Nacido y criado en Chinchilla, tenía 60 años cuando lo entrevisté por primera vez. Regentaba un bar en el pueblo y solía divertir a sus clientes con sus chascarrillos. Tiene estudios primarios. Recientemente lo he vuelto a entrevistar y he querido volverlo a grabar en dos de sus cuentos para establecer las diferencias, si existieran. En total, me ha contado 7 versiones (núms. 38, 80, 81, 113, 129, 171 y 172). Su repertorio está formado sobre todo por chistes y anécdotas. También incluye un cuento de animales. Las entrevistas a este narrador me han hecho reflexionar sobre la importancia del receptor en la narración de un cuento. Cuando lo entrevisté por primera vez en 1991, narraba con rapidez, casi resumiendo el contenido de los cuentos, sin darle importancia a la performance. Sin embargo, en la entrevista de este año estaba presente su nuera. No quiso empezar a narrar hasta que no llegó ella, quizás porque necesitaba tener su propio auditorio. En esta ocasión, se recreó más en la narración, comenzó a gesticular y a usar la voz como recurso expresivo. Por otra parte, cuando no recordaba alguna palabra, las sugerencias de ella le ayudaban a continuar. Está claro que los cuentos se tienen que narrar en el contexto adecuado.
      1. Juan José Atiénzar Alcántara


Nacido y criado en Casa del Rulo, tenía 68 años cuando grabé sus cuentos (núms. 78, 79, 134, 152 y 168). Es hortelano y tiene estudios primarios. Es un hombre de carácter afable y bondadoso. Es mi padre y, desde niña lo he oído contar las versiones núm. 78 y 79. No suele contar chascarrillos ni chistes. Para él los cuentos tienen una función moralizadora-didáctica. Así, la versión núm. 79 constituye un elogio de la honradez y de la constancia en el trabajo. La narración está enriquecida con la aparición de algunas pinceladas que recrean el ambiente campesino de antaño ("...a las cuatro de la mañana ya estaba calzándose las albarcas para coger y irse a labrar al campo. Y la mujer, por otro lao, preparándole el almuerzo..."). Las otras versiones las recuerda de haberlas oído contar alguna vez. La núm. 152 se la oyó precisamente a un sacristán, durante un “mataero”. Suele concluir sus relatos con una exclamación o con una sentencia: “Cada uno en su oficio es maestro” (núm. 168).
      1. Antonio Gómez Ortiz


Nacido y criado en Chinchilla, pasó la mayor parte de su vida trabajando como mayoral de ganado en una finca llamada Casa Gualda. No sabía leer ni escribir. Tenía 75 años cuando lo entrevisté, en la segunda fase del trabajo de campo. Los cuentos formaban parte de su vida. En sus conversaciones, realidad y ficción se entremezclaban. Me contó 6 versiones (núms. 11, 13, 18, 35, 82 y 134). Su repertorio incluye cuentos de animales y chistes y anécdotas. Su estilo narrativo se caracterizaba por la brevedad, pero también por la efectividad, ya que sus versiones arrancaban la risa del auditorio. Narraba de forma continuada. De una versión pasaba a otra y solo se detenía un momento si las risas de los oyentes le impedían continuar. Gesticulaba mucho: con los gestos y con la modulación de la voz suplía su parquedad en palabras. Solía terminar con una exclamación o con una frase breve, casi sentenciosa. La entrevista se realizó en casa de su amigo Pascual Carcelén, que también nos obsequió con una versión.
      1. Llanos Gómez Lorente


Nacida en Tobarra, pronto se trasladó a vivir a Chinchilla. Tenía 98 años, era panadera y poseía estudios primarios. Fue ella la única que me narró cuentos de magia en Chinchilla. Siempre había narrado los cuentos en el ámbito familiar. La entrevisté en su panadería. Su repertorio se compone de 5 cuentos de magia (núms. 54, 57, 58, 60 y 61). Su estilo narrativo se caracteriza con la longitud de sus narraciones y el uso de fórmulas (“El que de mis ninfas aguas beba, ciervo se vuelva”), frases rimadas (“No sigas, príncipe amante, mira y repara un instante, que el zapato que esa tiene para su pie no conviene, y tu novia verdadera está en su casa y te espera“, repeticiones, términos triplicados (“Y venga a andar, y venga a andar, y venga a andar los dos, se metieron en el bosque”). Usa fórmulas de cierre (“Cuentecico colorao… ya se ha acabao”; “Y cuentecico colorao…”).
      1. Teresa Navarro Martínez


Natural de Chinchilla, esta mujer de 65 años, con estudios primarios, siente verdadera inquietud por la conservación de las distintas manifestaciones de la cultura de tradición oral. Gran parte de su repertorio lo aprendió de sus padres, pero también de sus vecinos y de todo aquel que se cruza en su camino. Suele anotar en un cuaderno las expresiones que recuerda o que aprende, romances, adivinanzas, etc. Le apasiona rescatar los cuentos del olvido y además los narra con gracia y desenvoltura. Su repertorio incluye 5 versiones (núms. 1, 71, 103, 164 y 165) entre cuentos de animales, cuentos religiosos y chistes y anécdotas (cuentos de matrimonios y de curas). Su estilo narrativo incluye el uso de la gestualidad y de la voz para caracterizar a los personajes. Utiliza esta fórmula de cierre: “Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. Por la boca de la Antonia se ha colado”, pero solo en el cuento de animales, en el resto deja el final abierto para que la risa sirva de conclusión. Le realicé la entrevista junto a Antonia Martínez García, Mª Teresa del Rey Cebrián y Nieves Pérez Pérez porque las cuatro pertenecen a la Asociación de Amas de Casa de Chinchilla y se dedican a recuperar distintas muestras de folklore.
      1. Antonia Martínez García


Nacida en Chinchilla, 65 años, estudios primarios. Esta mujer participa de las mismas inquietudes de Teresa Navarro. Me contó 6 versiones (núms. 10, 22, 44, 62, 84 y 150). En sus cuentos suele introducir cancioncillas y fórmulas de cierre (“Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. Quien no levante el culo, tiene un pecado”; “Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. Por la boca de Mari Carmen se ha colado”). Estas fórmulas aluden siempre al oyente, lo que nos da una idea de su importancia para la narración.
      1. Otros narradores


Manuela González Martínez. 58 años, ama de casa, estudios primarios.

Natural de la Estación de Chinchilla, una pedanía de Chinchilla. Su padre era pastor y aprendió algunos cuentos de él. Tiene cinco hijos y solía contarles cuentos cuando eran pequeños. Me contó 3 versiones (núms. 12, 23 y 132). En su repertorio predominan los cuentos de animales, pero también se incluyen los chistes y anécdotas.



Andrés Alcaraz Martínez, 71 años, carpintero, estudios primarios.

Nacido en Chinchilla, se fue a Barcelona cuando tenía unos 35 años. Solía volver todos los veranos al pueblo que lo vio nacer, ocasión que aproveché para entrevistarlo. Tenía un carácter jovial y abierto. Le gustaba contar chistes y entretener a sus vecinos en la puerta de su casa al atardecer. Tenía fama de saber muchos chistes. Su repertorio se compone exclusivamente de chanzas y anécdotas. Me contó 3 versiones (núms. 141, 151 y 175). El motivo predominante de sus cuentos es el de las palabras malinterpretadas que producen un efecto cómico.



Pascual Carcelén Delicado. 68 años, ferroviario.

Nació en Pozo de la Peña, una pedanía de Chinchilla. Gracias a él tuve la oportunidad de entrevistar a Antonio Gómez Ortiz. Ambos eran amigos y Pascual lo invitó a su casa para que fuera entrevistado. Para romper el hielo, inició él narrando la versión núm. 87. Las risas que consiguió con su cuento sirvieron de preparación para la intervención de Antonio. En su versión hay numerosas llamadas de atención al oyente.



Concepción Gómez del Valle. 71 años, estudios primarios.

Ama de casa y madre de dos hijos. Trataba los cuentos y la poesía como si de un tesoro se tratase, con respeto y delicadeza. Sabía un sinfín de romances. Escribía poesías y tenía una sensibilidad especial. Había escrito el cuento de El pastorcillo y el perro, intentando recordar cómo se lo contaba su padre. Se emocionaba contándolo por este motivo. Su repertorio se compone de 3 versiones (núms. 33, 120 y 124) que comprenden un cuento de animales y dos chistes y anécdotas.



Teresa Sánchez Atiénzar. 73 años, estudios primarios.

Nacida y criada en Pozo de la Peña, pedanía de Chinchilla. Hortelana y ama de casa. Madre de seis hijos. Solía vender hortaliza en la plaza de Chinchilla y contaba los cuentos ante cualquier comentario. Eran chascarrillos o dicterios contra los de Hoya Gonzalo. Carácter abierto, muy habladora. Sus cuentos eran recordados en el pueblo. Por desgracia, cuando yo la entrevisté estaba enferma y solo me contó un cuento de matrimonios (núm. 107). En su repertorio figuraban versiones de ATU 1210 que todos en el pueblo asociaban con ellas.



María García. 74 años, sin estudios.

Ama de casa. Le gustaba criar animales en casa que luego vendía. Era muy dinámica y activa. Solía contar muchos cuentos a sus tres hijos. De hecho, su hijo ha heredado de su madre la facultad de contar cuentos. No he tenido ocasión de entrevistarlo porque trabajaba en otro pueblo, pero suele contar chascarrillos con naturalidad y gracia. Por otra parte, su única hija daba clases de corte y confección. Este era otro contexto en el que ella solía contar sus historias, animando la reunión. Las mujeres que asistían al corte todavía recuerdan cómo era el centro de la reunión. Las risas dominaban estos encuentros. También recuerdo que solía tocarme todo el tiempo mientras me contaba los cuentos. Otro elemento importante: el contacto físico con el oyente.



Luis Picazo Rodenas. 64 años. Agricultor, estudios primarios.

Trabajaba en una fábrica de ladrillos y, en sus ratos libres, cultivaba la tierra. Casado y con cuatro hijas. No tiene un carácter dicharachero, pero atesora un legado de cuentos de tradición oral que aprendió de sus padres. Desgraciadamente, al haber dejado de narrar los cuentos, se le han olvidado. Solo me contó dos cuentos: Aventuras de Juanico el Oso (núm. 42) y El hombre y el león (núm. 32).



Antonio Navalón, 71 años. Obrero.

Era un hombre tranquilo, de carácter apacible. Trabajaba en una fábrica de ladrillos y también en el campo. Lo entrevisté en la puerta de su casa. Estaba rodeado de un grupo de vecinos. Me contó 3 versiones (núms. 34, 41 y 128) de tipología diversa (un cuento de animales, uno de magia y un chiste o anécdota).



Patrocinio Ruiz Martínez. 73 años, sin estudios.

Ama de casa, sin hijos. Sus cuentos se narraban en el ambiente familiar. Tenía un carácter amable y dulce. La entrevista se realizó en su casa. Estaba también presente su marido. Solo recordaba dos variantes de ATU 1544A*.



Rita A. García, 35 años, estudios primarios.

Nacida y criada en Chinchilla, ahora reside en Albacete. es ama de casa. Le gusta tanto leer como contar cuentos. Suele narrarlos solo en el ámbito familiar. Recordaba algunos cuentos de su abuelo, pero no se atrevió a contarlos, porque temía no hacerlo bien271. Me contó solo una versión (núm. 48).



Julia Íñiguez, 65 años

Ama de casa, sin estudios. Tiene un carácter abierto y espontáneo. Me narró un cuento (núm. 108) en mi casa. Vino de visita con su marido y empezó a contar chascarrillos de manera espontánea y acabé grabándola.



José Manuel Doménech Hinarejos, Policía nacional jubilado, 63 años.

Nacido en Villapalacios, se trasladó posteriormente a Chinchilla. Lo entrevisté en su casa. Atesora un rico repertorio de romances, poesías, brindis y adivinanzas. Me contó solo 2 versiones (núms. 131 y 140), ambas son chistes o anécdotas. Narra con aplomo y seguridad. Suele contar los chistes en las reuniones familiares. Defiende la necesidad de un contexto adecuado para contar cuentos. Mientras narra, juega con el oyente.




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