Cuentos populares de chinchilla



Descargar 3.38 Mb.
Página3/49
Fecha de conversión12.11.2017
Tamaño3.38 Mb.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   49

METODOLOGÍA


El método empleado para la recopilación del corpus fue la encuesta folklórica presencial y directa, único que permite respetar íntegramente el carácter oral de las narraciones folklóricas, al favorecer su posterior transcripción literal y aportarnos una serie de datos esenciales para la interpretación de los cuentos. La encuesta se refería a tres puntos fundamentales: el narrador, el contexto y la narración en sí. Los encuentros fueron grabados con una grabadora. En general, el cuestionario incluía los apartados siguientes:

  • Datos personales del narrador: nombre y apellidos; edad; lugar de nacimiento y de residencia; estudios y profesión.

  • Datos acerca de la transmisión del cuento (el contexto): de quién o quiénes se aprendió; cuándo, dónde y qué tipo de actividades acompañaban la narración; si se ha seguido narrando a otras personas.

  • Datos acerca de la narración: Título del cuento, fórmulas iniciales y finales que tradicionalmente abrían y cerraban los cuentos. Normalmente, se intentaba ayudar a la memoria del narrador recordándole motivos o personajes típicos de los cuentos, pues la pérdida del hábito de contar ha acarreado el olvido de episodios, secuencias o incluso de cuentos completos.

En líneas generales, en la práctica no se ha hecho tanto hincapié en la encuesta como en la entrevista, ya que se ha querido siempre favorecer el ambiente de conversación distendida connatural a la propia oralidad. Así pues, para fomentar la naturalidad de la entrevista, se ha intentado recoger los datos señalados al hilo de la conversación, tratando de no invadir en exceso la intimidad del narrador, lo que explicará que en algunos casos no se hayan podido obtener todos los datos buscados. En alguna ocasión, los colaboradores me aportaron después algunos de los datos que no pude conseguir en su momento.

      En general, se ha procurado siempre llevar a cabo las entrevistas en un clima de confianza4, tratando de que se convirtiesen más en una conversación distendida que en una entrevista ortodoxa, recreando en la medida de lo posible las reuniones o las veladas en las que surgían espontáneamente los cuentos y otras manifestaciones de la cultura tradicional. Para ello fue decisiva la colaboración de las personas que me ponían en contacto con los informantes, bien acompañándome a sus casas, bien ofreciendo sus propios hogares como lugar de encuentro para que se produjeran estas reuniones. Por lo general, los informantes no veían nada extraño en ello, porque los vecinos estaban habituados a juntarse al caer la tarde y me acogían amablemente, haciéndome partícipe de sus costumbres, sus vivencias y sus recuerdos. Hay que tener en cuenta que todo esto era esencial para una buena realización de la encuesta, ya que esta exige entrar en la casa de un informante y lograr crear un ambiente que favorezca la narración de unos cuentos concebidos para ser narrados, casi siempre, en un ambiente familiar.

    1. EL TRABAJO DE CAMPO


Según Alan Dundes (1980: 22-24), dentro del estudio del Folklore existen tres aspectos básicos que se relacionan, respectivamente, con la Lingüística, la Literatura y la Antropología: la textura, el texto y el contexto de los testimonios recopilados. Dado que toda investigación folklórica debe tener en cuenta estos tres aspectos, resulta imprescindible describir el trabajo de campo para dar a conocer cómo se obtuvieron las versiones que componen el corpus de la tesis y en qué situaciones solían narrarse.

La experiencia del trabajo de campo resultó muy enriquecedora para mi investigación pero, sobre todo, desde el punto de vista humano. El contacto directo con los narradores ha sido sin duda el aspecto más gratificante de todos los que componen esta tesis. Dicho trabajo supuso para mí un proceso de aprendizaje continuo que me ha permitido reflexionar sobre la naturaleza y la pervivencia del cuento popular.

El trabajo de campo se llevó a cabo en cuatro fases, a lo largo de las cuales se fue ampliando la zona geográfica y se fueron introduciendo novedades en la metodología empleada para la recopilación. En todo momento, se empleó la encuesta directa a los narradores pero, a medida que iba avanzando en el trabajo, se presentaban ante mí nuevas posibilidades que me llevaron a perfilar mejor el ambiente y la organización de las entrevistas. Veamos a continuación el desarrollo y las aportaciones de cada una de estas fases.

1º fase: Cuentos en el ámbito familiar

Mi primer acercamiento al estudio del cuento popular de tradición oral se produjo durante la realización de un curso de Doctorado “Folklore y Literatura”, dirigido por D. José Fradejas Lebrero. Dicho profesor supo contagiarme su pasión por el tema e inmediatamente, siguiendo sus valiosas indicaciones, me lancé a recopilar todo tipo de material folklórico (cuentos, romances, adivinanzas y cantares). Nada más comenzar, pude constatar la dificultad que entrañaba encontrar versiones de cuentos. Los distintos informantes no dudaban en recitarme romances –“hilillas” o “refranes”, como solían llamarlos-, o en entonar coplas de todo tipo, en las que se cantaba a la mujer, al trabajo, al amor, al campo y, en definitiva, a la “vida” en sus más diversas manifestaciones. Sin embargo, se quedaban perplejos ante mi insistencia en hacerles recordar algún cuento.

Por otra parte, se intentó cumplir las dos condiciones que Aurelio Macedonio Espinosa (1987: 12) consideraba indispensables en la recolección de cuentos. En primer lugar, que se recogieran solamente aquellos cuentos que los narradores hubieran oído contar a otras personas, y nunca cuentos leídos en algún libro. Para garantizar el cumplimento de esta condición, era preferible buscar narradores de escasa instrucción, aunque no siempre se conseguía. En segundo lugar, que se reprodujera el lenguaje del narrador hasta en sus más mínimos detalles.

Esta primera fase, que se extendió desde febrero hasta agosto de 1992, se desarrolló íntegramente en Chinchilla de Monteraragón y en ella se grabaron 29 versiones (el 16% de los cuentos recopilados), entre cuentos folklóricos ordinarios, cuentos de animales y chanzas y anécdotas. Chinchilla de Montearagón es uno de los lugares más hermosos de la provincia de Albacete. Quizás lo es por su emplazamiento, insólitamente elevada sobre la llanura, lo que le dio antaño una función de vigilancia. Situada a tan sólo 13 kilómetros de la capital y apartada de todas las rutas, por su altura, es un atractivo enclave medieval desde donde pueden contemplarse, con toda placidez, las tierras suavemente onduladas o llanas que la rodean. Conserva una historia esplendorosa cuyos orígenes se pueden rastrear en cada uno de los yacimientos de las distintas culturas que se asentaron en sus proximidades. Su altitud le proporciona en invierno unas temperaturas extremas, quedando a menudo aislada por la nieve. La agricultura, el comercio y las tareas artesanales constituyen los principales medios económicos de la población.

En esta primera fase, se grabó a 6 narradores (4 hombres y 2 mujeres), pertenecientes en su mayoría a mi entorno más cercano. En efecto, me fue más fácil encuestar a personas con las que me unía un vínculo familiar o de confianza, porque me dedicaban más tiempo y buscaban en su memoria cualquier manifestación folklórica que pudiera ser útil para mi investigación. Este punto de partida tuvo sus ventajas y sus inconvenientes. La mayor ventaja fue el clima de familiaridad que se respiraba, lo que favorecía la narración de los cuentos en un ambiente distendido, sin recelos ni desconfianzas. Era como recrear la narración de cuentos que antaño se realizaba en el hogar. El mayor inconveniente fue que, en la mayoría de los casos, no se dejaban grabar hasta que no habían “recordado” todo el cuento. Desde mi punto de vista, la primera versión que narraban era mucho más espontánea y superaba a la segunda, ya que al narrarlos la segunda vez olvidaban detalles, daban datos por sabidos, y la narración se hacía más mecánica y menos espontánea. En general, se descuidaba la performance porque ya sabían que el receptor conocía el final del cuento. Se perdía eficacia comunicativa. No obstante, se negaban a que los grabara sin “repasarlo” antes para ver si valía.

La figura clave de esta primera fase fue sin duda, mi madre, Feliciana García Tomás. Ella no solo aportó su colaboración como narradora, sino que también animaba las reuniones contando un cuento o algún chascarrillo a los que seguían otros por parte de los encuestados. También desempeñó un papel decisivo en la búsqueda de narradores: conocía bien a las gentes de Chinchilla y me puso en contacto con las personas que tenían fama reconocida de ser depositarios de la tradición oral, a pesar de que no todas quisieron colaborar en esta primera fase.



2ª fase: En busca de la magia perdida

Concluido el curso de Doctorado, decidí seguir adelante con la investigación, pero aportando algunos cambios. Dado que entre las versiones recopiladas en la primera fase no se encontraba ningún cuento maravilloso, me decanté por cambiar la zona de la encuesta y lanzarme en busca de la magia perdida. De entre las múltiples posibilidades, elegí dirigirme a Peñas de San Pedro porque, tenía ciertos puntos en común con Chinchilla, pero su ubicación próxima a la sierra de Alcaraz me hacía sospechar que allí se podía haber conservado mejor este tipo de cuentos.

Rodrigo Amador de los Ríos (1912: 594-595) en el segundo volumen de su Catálogo de monumentos históricos y artísticos de la provincia de Albacete, refiriéndose a la situación de Chinchilla, señala que está enfrente de Peñas de San Pedro, que está ubicada en el centro de la Sierra de Alcaraz. Y añade que Chinchilla y Peñas parecen dos atalayas que se están mirando por la ausencia de sierras entre ellas, de manera que son dos fuerzas muy grandes que parecen estar hermanadas y de una forma hechas, porque desde Chinchilla empieza la sierra hacia la parte de oriente y desde las Peñas empieza la sierra y corre hacia la parte de poniente, de manera que parecen dos puertas de Castilla y las sierras que corren desde ellas forman un cerco5. Tal vez la magia estaba allí enfrente, escondida en esa otra atalaya y valía la pena correr en su búsqueda.

Peñas de San Pedro, a 32 kilómetros de Albacete, surge también como uno de los tipos singulares de enclave de la España medieval. El pueblo se abriga al amparo de un magnífico roquedo. Situado en las faldas de una gran peña de 100 metros de altura, perteneció al Concejo de Alcaraz y -al igual que Chinchilla- al marquesado de Villena. En ambos pueblos tenemos una muestra ejemplarizadora de una estructura urbana y social adaptada a su función y carácter de villa-fortaleza. La economía se basa prácticamente en la agricultura. Es muy importante el cultivo del azafrán, no en vano muchos de los cuentos recopilados se narraban durante las tareas de monda de la rosa del azafrán.

En esta ocasión, el trabajo de campo me llevaba a descubrir otra localidad y a dirigirme a personas totalmente desconocidas. Una vez más mis padres, que conocían bastante bien el pueblo, me acompañaron y me pusieron en contacto con personas que tenían fama de buenas narradoras. La encuesta se realizó en sus hogares. En los distintos encuentros, intenté ganarme su confianza y traerles a la memoria las veladas de antaño. Como por arte de magia, volvieron aquellas veladas, y con ellas los personajes, los romances, las retahílas que las alentaban y llenaban de vida. Y así, cobijados por el gesto y la palabra, nacía una especie de intimidad de la que brotaban espontáneas las historias. Sin que me diera cuenta, se estaba creando una atmósfera única en la que quien narraba y quien escuchaba se dejaban llevar por el encanto de los cuentos.

Recuerdo de manera especial el encuentro con las hermanas Ángela y Mª Ángeles Bernabé. Era un atardecer del mes de agosto. Las dos hermanas se encontraban en el patio de la casa de Ángela. Había una decena de personas entre familiares y vecinos. El contexto era el mismo en el que tantas veces se habían narrado cuentos. Por eso, las dos hermanas se convirtieron en el centro de la reunión y me hicieron vivir uno de esos atardeceres veraniegos en los que los vecinos se juntaban en un patio para tomar el fresco y se entretenían entrelazando historias, chascarrillos, romances, cantares… En ese continuo ir y venir de historias, las narradoras evocaban la figura de su padre, la persona de quien aprendieron a narrar aquellas historias. Era hermoso sentir el poder evocador de los cuentos. Aquel fantástico atardecer no habría tenido lugar si muchos años atrás, cuando Ángela y Mª Ángeles eran todavía unas niñas, su padre, un hombre afable, capaz de encantar con sus historias, no las hubiera sentado sobre sus rodillas para hacerles volar con la imaginación mientras desgranaba uno a uno su amplio repertorio de cuentos6.

Esta segunda fase se desarrolló solo en parte en Peñas de San Pedro, ya que durante el mismo periodo seguí recopilando cuentos en Chinchilla de Montearagón. Sin embargo, esta vez la encuesta fue más sistemática. Visité numerosos hogares y, cuando lograba ganarme la confianza de los informantes, volvía para grabarlos. Algunos me invitaban a sus casas y me pedían que los entrevistara porque sabían “cosas de antes”. Estaban seguros de que “algo saldría”. Y, en efecto, siempre conseguía grabar algo, aunque en ocasiones no fuese un cuento. Un aspecto que me gustaría destacar es que en Chinchilla nunca acudían vecinos a estas reuniones. Los informantes preferían estar a solas conmigo. Quizás porque esas narraciones nunca salieron del entorno familiar y, al hacerme partícipe del momento narrativo en calidad de oyente, me estaban obsequiando con algo mucho más importante que un simple relato: me estaban entregando una especie de tesoro íntimo que solo podían compartir con alguien muy querido y de total confianza. Tal vez ese era el origen del recelo de muchas personas que, aun sabiendo narrar historias, no se atrevían a compartirlas con una desconocida.

Solo en el caso de Antonio Gómez la encuesta se celebró en casa de un vecino suyo, Pascual Carcelén, que actuó como colaborador, no solo ofreciendo su casa para la reunión, sino también narrando un cuento para relajar el ambiente y animar a su amigo a seguir su ejemplo.

La segunda fase se llevó a cabo durante el verano de 1993 y los meses de septiembre y octubre de 1994, prolongándose en el tiempo hasta mayo y junio de 1996. Fruto de este trabajo de campo se recopilaron 58 versiones (el 31,8% del total), 28 en Peñas de San Pedro y 30 en Chinchilla de Montearagón. Participaron 8 narradores (5 narradoras y 3 narradores) de Peñas y se amplió hasta 15 el número de los de Chinchilla (8 narradores y 7 narradoras).

De las versiones recopiladas en estas dos primeras fases se seleccionaron 75 para la realización de un Trabajo de Investigación, dirigido por D. José Fradejas Lebrero.



3ª fase: Ampliación y delimitación de la zona de la encuesta

Tras la defensa del Trabajo de Investigación el 25 de septiembre de 1996, opté por seguir la labor investigadora, pero ampliando la zona encuestada. En este caso, elegí el antiguo Partido Judicial de Chinchilla que comprendía, según consta en el tomo II de la Crónica de la Provincia de Albacete de Joaquín Roa y Erostarbe (1894: 267), las localidades de Alcadozo, Bonete, Corral Rubio, Fuente Álamo, Higueruela, Hoya Gonzalo, Peñas de San Pedro, Pétrola, Pozohondo, Pozuelo y San Pedro.

Véase la zona de la encuesta en el siguiente mapa de la provincia de Albacete7:

Esta fase se llevó a cabo de octubre de 1996 a diciembre de 1998 y se recopilaron 65 versiones (el 35,7% del total). De todas las localidades que comprendían la zona de la encuesta solo conseguí versiones de Pétrola, Corral Rubio, Hoya Gonzalo y Pozuelo. De esta manera, poco a poco se fueron dibujando dos zonas enfrentadas en torno a esas dos grandes atalayas a las que aludía Rodrigo Amador de los Ríos. En torno a Chinchilla destacaban Pétrola, Corral Rubio y Hoya Gonzalo, mientras que en torno a Peñas de San Pedro aparecía Pozuelo.

Pétrola es un municipio de la provincia de Albacete situado a 39 Km. de la capital. Hasta el s. XIX fue aldea dependiente del amplio territorio de la ciudad de Chinchilla de Montearagón. Su historia, como la de las cercanas Hoya Gonzalo, Higueruela o Corral Rubio, está totalmente vinculada a su población matriz. En esta localidad se desarrolló el trabajo de campo de octubre a diciembre de 1996. Se recopilaron más de 40 versiones, de las cuales se conservan 31. En la primera visita a esta localidad los vecinos me remitieron a casa de Paca, una anciana de 83 años, con una memoria prodigiosa y una reputada fama de narradora. No me resultó difícil ganarme su confianza y de nuestras largas conversaciones surgieron cuentos, romances, cantares, adivinanzas, anécdotas del pueblo… Sin embargo, la novedad del trabajo de campo en Pétrola fue la utilización de “porteros” o personas que me facilitasen el contacto con los informantes de esta localidad y rompiesen sus barreras psicológicas. En efecto, gracias a María Gómez Davia conseguí entrar en varios hogares donde se reunían grupos de vecinas preparadas para narrar cuentos. Previamente, María hablaba con los vecinos, les explicaba el objetivo de mi investigación y comprobaba si eran conocedores de cuentos. En un segundo momento, concertaba una cita, me presentaba a los informantes y los animaba a contarme sus relatos. A veces ella misma intervenía narrando un cuento de los muchos que sabía o favorecía la narración de otras historias con sus acertados comentarios.

En Hoya Gonzalo, no tuve tanta fortuna. A pesar del interés suscitado por el tema, nadie se animó a narrar un cuento. Las únicas versiones de esta localidad presentes en el corpus fueron grabadas en Pétrola a un joven natural de Hoya Gonzalo. Las 2 versiones constituyen dicterios contra otros municipios.

En cuanto a Pozuelo, es una localidad situada en una llanura de clima saludable al suroeste de la capital albaceteña. Su historia siempre estuvo vinculada a la ciudad de Alcaraz, a quien perteneció hasta el siglo XVI. En 1537 pasó a ser aldea de la villa de Peñas de San Pedro y así permaneció hasta el siglo XIX. Esta localidad es, sin lugar a dudas, la que se ha mostrado más abierta y entusiasta a la hora de transmitirme sus amplios conocimientos en materia de folklore. La recopilación de cuentos se llevó a cabo de octubre a diciembre de 1998 y se grabaron 24 versiones. En este pueblo, todas las tardes se reúnen las vecinas en los patios, en la puerta de las casas o a la sombra de un frondoso árbol situado al pasar la plaza. Por eso, no resulta difícil encontrarlas y entablar una conversación con ellas. No hay que insistir mucho para que se lancen a cantar coplas o romances. Pero hay que saber esperar, porque los cuentos siempre llegan al final, una vez que te han obsequiado con su amplio repertorio de cantares.

Así ha ocurrido en numerosas ocasiones. Sin embargo, la primera vez que fui a Pozuelo tuve la suerte de ir a casa de Rosario Hernández, una conocida de mis padres, que tuvo una importancia decisiva para la localización de las narradoras. Invitó a una de ellas a su casa y otros días me acompañó por el pueblo en busca de otras informantes. Al final, oyendo las narraciones de sus vecinas, ella misma me deleitó con alguna versión.

Un dato curioso es que en Pozuelo no logré grabar a ningún narrador. Los hombres estuvieron presentes en casi todas las reuniones, animándolas con algún comentario gracioso, pero siempre se mantuvieron al margen. Quizás los intimidaba la grabadora aunque, según ellos, el problema era que no sabían contar cuentos bien. Tal vez el contexto no era el adecuado para que se decidieran a narrar una historia. O simplemente no se daba una condición indispensable que apostilló uno de ellos: “El cuento tiene que venir a cuento”8.

El trabajo de campo de esta tercera fase se completó con la grabación de 6 versiones en Chinchilla y 1 en Corral Rubio.



4ª fase: Tras la memoria de los cuentos

Durante unos años mis obligaciones familiares y profesionales me mantuvieron alejada de la recopilación de cuentos. Tuve que dejar a un lado la realización de la Tesis, pero seguía vivo el deseo de completar una labor en la que había puesto mucho entusiasmo y con la que había aprendido tanto, sobre todo del contacto con los narradores. De hecho, nacía de ellos la fuerza principal que me impulsó a retomar el tema. Aunque desgraciadamente muchos de ellos nos habían dejado para siempre, su recuerdo en aquellas entrañables reuniones me acompañaba. Una parte íntima y creativa de ellos seguía viva en sus narraciones. Y no quería ser yo quien las condenara al olvido. Me sentía en deuda con todas aquellas personas que habían colaborado conmigo y vi necesario demostrarles mi gratitud completando el trabajo que habíamos comenzado juntos.

La última fase de recopilación de cuentos se llevó a cabo entre septiembre de 2014 y enero de 2015. Se recogieron 31 versiones de Chinchilla, Pozuelo, Peñas de San Pedro y Corral Rubio (el 17% de la totalidad). Fueron los últimos encuentros persiguiendo la memoria de los cuentos.

Alentada por mi actual directora de Tesis, Dña. Marina Sanfilippo, volví a recorrer la zona encuestada para ver qué había cambiado en estos años. Buscaba sobre todo recuperar el contacto con los narradores. El panorama no pudo ser más descorazonador. A la alegría del reencuentro, seguía la decepción del olvido. En Pétrola, María Gómez Davia seguía dispuesta a colaborar buscando nuevos narradores, pero no recordaba ninguno de los cuentos que me había narrado. Escuchamos juntas una grabación suya, pero se sorprendió mucho porque no se acordaba de ese cuento. No lo había vuelto a contar desde entonces.

En Pozuelo, logré grabar 8 versiones. Nada más llegar conocí a María Peña. Estaba sentada en la puerta de su casa y me invitó a sentarme a su lado. Comenzamos a hablar y me obsequió con algunos cantares, chistes y cuentos. Pregunté por Paula, la narradora más prolífica de Pozuelo, y resultó ser cuñada suya. Nuestro reencuentro fue muy emotivo. Volvió a contarme los mismos cuentos, cambiando pocas palabras. Sin embargo, repasando su repertorio, comprobé que no recordaba los cuentos de magia. Sin duda, en los últimos años solo había narrado chanzas y anécdotas o algún cuento de animales.

En Peñas de San Pedro conseguí localizar a Mª Ángeles Bernabé, pero mi decepción fue grande cuando me dijo que no recordaba nuestro encuentro, que nunca me había contado ningún cuento. Solo al nombrarle el “lobo cano” o “la desaparición del castillo de Peñas arrastrado por dos pájaros enormes que se lo llevaban volando” en días de niebla, dijo espontáneamente: “Eso nos lo contaba mi padre”. Ahí reside quizás la fuerza de los cuentos tradicionales, en la boca y en los gestos de quien los narra. Mª Ángeles ha seguido narrando cuentos porque en ellos vive el recuerdo de su padre. En cada palabra, en cada movimiento de las manos al narrar, se esconde un sentido homenaje a la persona que le transmitió no solo el contenido de los cuentos, sino también el arte de narrarlos. Oyéndola hablar he llegado a la conclusión de que es esa admiración por su padre lo ha hecho de ella una excelente narradora.

Mª Ángeles Bernabé no me volvió a deleitar con sus historias. Se excusó diciendo que no era el momento, pero me emplazó a asistir a la monda de la rosa del azafrán. Allí me ofrecería todo su repertorio.

La monda de la rosa del azafrán es uno de los trabajos colectivos que, según las personas entrevistadas, solían acompañarse con la narración de cuentos populares. Esta labor, realizada tradicionalmente por mujeres, niños y ancianos en el mes de octubre, era una ocasión idónea para la narración, con la que se distraía a los niños y se acompasaba la monotonía del trabajo.

Naturalmente acudí a la cooperativa que Mª Ángeles me había indicado, pero ese año la cosecha fue menor y ella no estaba entre las roseras. Había unas jóvenes que nada quisieron saber del tema. Sin embargo, unos días después tuve la suerte de poder pasar unas horas mondando rosa con un grupo de unas 20 personas de Peñas de San Pedro, la mayoría pertenecientes a una misma familia. Allí se aunaban dos requisitos importantes: el contexto laboral y el ambiente familiar. Conseguí grabar 3 cuentos, 7 romances, 2 leyendas y alguna historia verídica que tenía como protagonistas a los lobos. También me hablaron de las largas trasnochadas, del duro trabajo que realizaban y de la presencia inexcusable de los cuentos populares en esos momentos. Se solían narrar sobre todo cuentos de ánimas y de miedo, porque la monda de la rosa coincidía con la festividad de Todos los Santos. Lamentablemente los han olvidado y solo me contaron una historia de miedo9 que, según ellos, ocurrió de verdad.

Por otra parte, recordaban a algunos personajes, como la “Zorra grillera, harta de gazpachos y bien caballera” o el “Garrampón, de la peña del Montón, quien entre aquí me lo como yo”, pero no se acordaban bien del argumento. En alguna ocasión, acabaron “reconstruyendo el cuento” entre todas. Una mujer empezaba a narrar y las otras le anticipaban lo que iba a pasar o le recordaban algunos detalles. Y al final quedaban satisfechas de haber recordado el cuento entre todas. Por último, había un hombre que sabía muchos cuentos, pero decía que no sabía contarlos y animaba a otros a que lo hicieran. No se atrevía a narrar ningún cuento porque no se veía capaz de hacerlo tal como a él se lo habían contado, lo que demuestra la importancia del arte narrativo por encima de los textos. En general, como reconoce Carlos González Sanz (2006: 212), los narradores sienten la necesidad de contar los cuentos tal cual se los contaron a ellos, con la misma entonación, las mismas fórmulas y hasta la fraseología con las que los recibieron cuando fueron oyentes.

Por último, finalicé el trabajo de campo donde había comenzado, en Chinchilla de Montearagón con la recopilación de otras 19 versiones a 6 narradores. Pero cuando creía que todo se movía inexorablemente hacia el olvido, un grupo de mujeres de la Asociación de Amas de Casa me convenció de lo contrario. Teresa Navarro Martínez, Antonia Martínez García y Mª Teresa del Rey Cebrián y Nieves Pérez Pérez se reúnen para realizar labores de artesanía y en sus conversaciones recuperan cuentos, anécdotas, palabras en desuso… Recuerdan las historias de sus padres y abuelos, pero además hablan con mucha gente, se informan y anotan todo aquello que les resulta de interés. Este tipo de actividades abre las puertas a la esperanza y puede evitar que mucho material folklórico caiga en el olvido.

Mi experiencia en el trabajo de campo me ha llevado al convencimiento de que el olvido de tantos cuentos se debe a la desaparición de los contextos en los que se solían narrar en otro tiempo y, sobre todo, a la falta de costumbre de contar, a causa de la importancia que se da a la televisión y a las nuevas tecnologías en general.

Los resultados del trabajo de campo en las distintas fases se pueden consultar en la siguiente tabla:

Tabla 1. Resultados del trabajo de campo



FASE

Nº VERSIONES

%

ZONA DE LA ENCUESTA

Nº 1

29

16%

Chinchilla (29 vv.)

Nº 2

58

31,8%

Chinchilla (30 vv.) y Peñas de San Pedro (28 vv.)

Nº 3

64

35,2%

Chinchilla (6 vv.), Pétrola (31 vv.), Corral Rubio (1 v.), Pozuelo (24 vv.) y Hoya Gonzalo (2 vv.)

Nº 4

31

17%

Chinchilla (19 vv.), Pozuelo (8 vv.), Corral Rubio (1 v.) y Peñas de San Pedro (3 vv.)

Los porcentajes por localidades son los siguientes:

Tabla 2. Resultados por localidades



LOCALIDAD

Nº VERSIONES

%

Chinchilla de Montearagón

84

46,2

Peñas de San Pedro

31

17

Pozuelo

32

17,6

Pétrola

31

17

Hoya Gonzalo

2

1,1

Corral Rubio

2

1,1




Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   49


La base de datos está protegida por derechos de autor ©composi.info 2017
enviar mensaje

    Página principal