Cuentos populares de chinchilla



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Un tonto y un listo (ATU 1691 + 1775)

Un tonto y un listo. Decía:

-Te vas a venir conmigo, -dice-, pero vas a ser bueno.

Y dice:

-Sí, yo voy a ser muy bueno.



Iban en un caballo. Llegan, meten el caballo en la cuadra y se ponen a comer. Y dice:

-Oye, cuando yo te pise el pie, cuando yo te pise el pie, dejas de comer.

Claro, pos pasa el gato, le pisa el pie y el pobrecico dejó de comer, con una mojá que llevaba. Y coge, y dice:

-Hermanico, -estaban acostaos-, tengo un hambre negro.

Dice:

-Pero ha sobrao ajillo, ha sobrao ajillo.



Dice:

-¿Y ánde lo han metío?

Dice:

-En el horno, -dice-, lo han metío en el horno.



Dice:

-Pos voy a ir a traerme.

Conque va el listo y va a traerle. Y coge y va con el ajillo a llevárselo, cuando coge y estaba la abuela con el culo en pompa y, en vez de darle el ajillo a la boca, como era a oscuras to, como entonces, le suelta con el ajillo en el culo a la abuela. La abuela:

-¡Dios mío!, ¿qué es esto? ¿Qué es esto, Dios mío?, ¿qué es esto?

Pos cogió el muchacho:

-¡Vámonos, vámonos! ¡Que estamos perdíos! Que le he echao a la abuela en el culo el ajillo.

Y dice, coge y se sale, y va el muchacho a limpiarse, dice, se mete una mano en el cántaro y luego va a meter la otra. Y mete las dos y no las podía sacar. Y coge y allí en el patio “¡Booom!” Eso le faltaba pa… Cogion el caballo, salion corriendo y ya no volvió más.

Una narradora de unos 60 años (Pétrola)



  1. La señorita y la criada (cf. ATU 1698G)

Esto era una señorita que tenía un novio y una criada, que también tenía su novio. Y la criada siempre acechaba a la señorita, a ver lo que le decía al novio, para ella decírselo al suyo. Pero una noche, los sorprendió que estaban riñendo. Y le decía la señorita al novio:

-¡Ingrato! ¡Más que ingrato! Decías que me amabas y no me amas. ¡Te detesto!

Y la criada que l’oyó…, se puso más contenta:

-¡Ay, ya tengo qué decirle esta noche a mi novio! ¡Cuántas cosas que le voy a decir!

Bueno, pos llega la hora que viene el novio de la criada. Y na más verlo entrar, -ella qué sabía lo que le decía-, pos empezó:

-¡Gato! ¡Más que gato! Decías que mamabas y no mamas. ¡Te desteto!

Y el novio se quedó más parao… Y no sabía qué contestar.

Feliciana García Tomás (Chinchilla)



  1. La señorita y la criada (cf. ATU 1698G)

Había una criada y estaba novia. Y la misma, su señorita tenía novio. Y, ¿qué hace?, escucharle la criada lo que... Dice:

-Pos, yo voy a escuchar, a ver lo que le dice mi señorita al novio, -dice-; lo voy a escuchar, -dice-, y mañana se lo digo yo a mi novio, porque así lo digo más fino.

Conque va y le dice al novio la señorita:

-¡Tú eres un ingrato, y no me amas y, como no me amas, te detesto!

Y dice la criada:

-¡Ay, qué bien!, mañana sé lo que le tengo que decir a mi novio.

Acude el novio. Y le dice:

-Tú eres un gato, y no me mamas y, como no me mamas, te desteto.

Mª Ángeles Bernabé (Peñas de San Pedro)


  1. La moza y el novio (cf. ATU 1698G)

Era una pareja de novios qu’el, ella era moza, estaba en una casa de moza. Y le dice a… a su novio:

-Oye, Pepe, me gustaría que discutiésemos alguna vez tú y yo como discuten mi señorita con su novio. Te voy a decir todo lo que discuten ellos y lo ensayamos y cuando ya lo tengamos aprendío, pues esta tarde o mañana discutimos tú y yo.

Y entonces le dice ella al novio:

-En el crepúsculo de la noche, veo tu objeto brillar. Eres un ingrato que antes me amabas y, como ahora no me amas, ¡te detesto!

Y el novio coge un ramo de flores y se lo da. Y le dice:

-Toma, perla de Oriente.

Al día siguiente vienen y… pa hacer la discusión ellos y le dice la novia al novio:

-En el culo de la noche, veo tu ojete brillar. Eres un gato que antes me amabas y, como ahora no me amas, te desteto.

Y le dice el… el novio, dándole el ramo de flores:

-Toma, perra caliente.

José Manuel Doménech Hinarejos (Chinchilla)


  1. Bromas del pueblo (cf. ATU 1698G)

Iba uno a la barbería muchas veces y, claro, los amigos se quedaban con él en broma y eso. Era un hombre que no aguantaba la broma. Y dice un día, dice:

-Cada vez que voy a afeitarme, -dice-, me dice el barbero...

Bueno, es que cada vez que el barbero le tiraba con la navaja, es que, claro, el barbero le hacía mucho daño, y hacía guiños el tío. Y le dice.

-Maestro, que me hace usté mucho daño.

Dice:

-Es que tiene usté el cutis muy fino.



Y él lo tomó aquello... Aquello del cutis fino a él, lo tomó por aquello.

Y le dice a los amigos al salir, dice:

-¡Te páecesi! Oye, -dice-, el tío este el mal que me está haciendo cuando me afeita, y me ha dicho qu'es que tengo el cutis muy fino, y por eso me hace mucho daño.

Dice:


-¡Madre mía! ¡Lo que te ha dicho!

(Los otros por tomarle el pelo). Dice:

-Eso no hay quien lo aguante na más que tú. Eso es lo último que se le pué decir a una persona. -Dice-, eso es peor que decirle a un tío "pringuezorra"112.

Y él lo tomó por allí. Dice:

-¡Vale, vale, vale!

Y ya se vuelve pa la barbería, y abre la puerta. Y dice:

-Usté me ha dicho que tengo el cutis muy fino, y me ha insultao ¡eh!; -dice, "cutis", "recutis", "recontracutis" usté, su mujer, una "cutis", y sus hijos, unos "cutillos".

Andrés Alcaraz Martínez (Chinchilla)



  1. La visita del amigo (variante de ATU 1699)

[Era] un matrimonio y era de noche y estaban acostaos. Y tenían un amigo. Y llega el amigo y toca a la puerta y dice:

-¿Pos quién será a estas horas? Con lo que está lloviendo y eso. Y dice:

-Soy un vuestro amigo. Soy Fulano de tal.

Dice:


-¡Uuuh! ¡Muchacho, a estas horas, lloviendo!

Dice… La… se puso los zapatos corriendo.

-Pos nada, pos que se venga. Vamos a… a cenar. Hicieron una tortilla, le sacaron allí todo, cenaron y ya… van y se acuestan. Dice:

-¿Y ánde te vas a acostar?

Dice:

-Yo me acuesto entre medias de los dos.



Dice la mujer:

-Aquí entre medias de los dos te acuestas, si no pasa na.

Bueno, se acuestan. En esto que otra vez truenos y relámpagos. Llama otro a la puerta. Dice:

-¡Madre mía! ¿Pos quién será ahora? ¡Lloviendo a mares!

Y se devanta el marido a abrir y le dice ella:

-¡Aprovéchate ahora! Que se ha devantao mi marido, ¡aprovéchate!

Se tira corriendo, to lo que puede correr. Y ¿ánde va? A la tortilla que les había sobrao cuando habían terminao de cenar. [Risas] Dice:

-¡Aprovéchate ahora que estás… que se ha devantao mi marido! ¡Aprovéchate!

Se quita corriendo la ropa. Sale a carrera abierta… a por el pegote tortilla que les había quedao a comérselo.

Paula Riscos Córcoles (Pozuelo)



  1. Los dos amigos

Mira, eran dos amigos, muchismo amigos. Y ya… llevaban muchismo tiempo sin versen. Y, a los veinte años, vino un amigo y dice… (Y el otro estaba con su mujer). Dice:

-¡Virgen! ¿A que no sabes lo que he visto? A mi amigo Pepe, -dice-, que hace más de veinte años… que no lo había visto. –Dice-, mira, -dice-, me lo voy a traer aquí a cenar.

Dice ella:

-Pos nada, voy a hacer la cena.

Y hace una tortilla muchismo grande. Y estaba así llovizneando. Y… y se comió –como estaba traspellaico del to, ya no podía más. Y ya… ya le daba vergüenza de comer tanto y dejó un pegote. Y ya dice el hombre:

-¿Y ánde se va a acostar? Pos no se va a acostar ahora… a la calle. Pos aquí, -dice-, se acuesta aquí a mi ladico y no pasa na.

Y se acostó a la par del hombre. Y al acostarsen llamaron a la puerta. Y dice:

-¡Devántate a abrir!

Y dice ella:

-No, ¡devántate tú!

Y se devantó él. Y así que se devantó ella, se devantó él, entonces le toca así ella a él [la narradora me da unos golpecitos con el codo en el brazo], dice:

-¡Aprovéchate ahora!

Se devanta corrien… a carrera abierta… ¡a por el pegote tortilla que le había quedao!

María Peña Martínez (Pozuelo)



  1. La señorita y las lentejas (cf. ATU 1717*)

Esto era una señorita muy fina y tenía una criada muy basta. Y empiezan un día, dice:

-¿Qué vamos a hacer de comer?

Dice:

-Pos, señorita, ¿hacemos lentejas?



Dice:

-Bueno, sí. Mira, vamos a comer lentejas.

Se ponen y hacen unas lentejas buenísimas. Pero, a la señorita le sentó mal. Y dice:

-Vamos a tener que llamar al médico.

Llaman al médico a ver qué le pasaba. Y viene el médico, y le dice a la criada:

-¿Qué le pasa a la señorita?

Dice:

-Pos, que ha comido lentejorras, se le ha sentado en el estomagarro y le tiemblan las patorras.



Y ya pasa a la habitación.

-¡Vaya! ¿Qué le pasa a usté?

Dice:

-Pos, que he comido lentejitas, me se han sentado en el estomaguito y me tiemblan las patitas.



Dice el médico:

-¡Vaya! La criada tan basta y la señora tan fina, este mal no tiene medicina.

Mª Ángeles Bernabé (Peñas de San Pedro)


  1. La tonta que se iba a casar (No presente en ATU)

Esto era una madre, tenía una tonta. Era tonta perdía. Y le dice la tonta:

-Madre, -la tonta se echa un novio, y se echa un novio… un tonto también, y dice-, madre, mañana me caso.

Dice la madre:

-¡Hombre! ¿Cómo te vas a casar mañana? Si… si hace dos días que te has echao…

Dice:

-Es que me ha dicho mi novio que mañana nos casamos.



-Bueno, pos nada. Voy a preparar una miaja boda.

Y la madre se fue a preparar la carne y la… a la hija le dice:

-Toma el mortero y pica ajos.

Y la hija, así que enganchó la mano el mortero, empieza:

-Mañana si Dios quiere, con una como tú, me van a dar a mí, por el turrututú. [cantando]

Paula Riscos Córcoles (Pozuelo)



  • Cuentos de curas y figuras religiosas (Tipos 1725-1849)



  1. ¡Ay, Mariquita mía! (variante de ATU 1730 + 1440)

Esto era un hombre que tenía una hija y vivían en un molino mu roto. Y le gustaba mucho ir a la hija a misa. Y toas las veces que iba a misa decía el cura:

-¡Ay, Mariquita mía, cuando yo te case un día!

Y ya va otra vez. Y va. Y ya no quería ir mucho a misa. Pero ella iba a misa, fue otra vez a misa y va y le pasa otra vez igual. Luego al par de ella:

-¡Ay, Mariquita mía, cuando yo te case un día!

Conque ya va otras tres o cuatro veces, va a misa y llega otra vez.

-¡Ay, Mariquita mía, cuando yo te case un día!

Bueno, pues ya la muchacha no quería ir. Dice su padre:

-Pos a ti te pasa algo, porque te gusta muchismo de ir a misa.

-No, pos a mí no… a mí no me pasa na, no.

-A ver… por… que se lo digas a tu padre.

-Pos mire usté, padre, pos que to las veces que voy a misa me dice el cura “¡Ay, Mariquita mía, cuando yo te case un día!”

Dice:


-Pos tú le dices “Señor cura, cuando usté quiera”.

Bueno, pos ya va a misa otra vez. Y va, igual, dice:

-¡Ay, Mariquita mía, cuando yo te case un día!

Y dice:


-Señor cura, cuando usté quiera.

Le dijo el padre que dijera eso. Pos ya se va, sin decir la misa ni na, se va. Y llega:

-¡Uh, qué molino tan estropeaico! Si me diera usté lo que más en estima tié usté en su casa, le doy pa comprar una casa –el cura.

Y dice:


-Pero, ¿tiene usté…?

Dice:


-No, lo que más estima tiene usté.

Él sabía que era su hija lo que más estima tenía en su casa. Bueno, pues ya dice, dice:

-Sí.

Dice:


-Mañana vendrán los criados por ella.

Pos ya va, se van, llegan los criados.

-Aquí nos han mandao…

Con una burra y un burro de pieles, de estos forraos, no sabían que era eso del cura.

-Venimos que ha dicho el cura que nos dé usté lo que más estima tié usté en su casa.

Y les da una burra muchismo vieja. Y les tenía dicho el cura a ellos “Mira, si viene… si a media noche sentís algo, hacer o algo –porque él se creía que iba a ser la muchacha, dice- vosotros hacéis que estamos ensoñando”.

Pues ya llega allí, con la burra tan prepará pa la muchacha y llegan con la burra y van a decir ande estaba el cura:

-Señor cura, que es…

-Que la metas.

Quería decir que la metieran en la habitación. Querían decir los criados que era una burra.

-Señor cura, …

-Que la metas.

Bueno, pues ya, a los tres se lo vuelve....

-Señor cura, que si…

-Que la metas.

Bueno, pos ya la habitación que tenían prepará, pos tanto decía, pos ya metieron la burra y la acostaron en la cama. Y ya, estaba… estaba la luz apagá, apagaron la luz y to. Estaba allí y ya va, y ya va a acostarse el cura y se acerca a la cama, claro ya va a acostarse y ya va a empezar la fiesta.

-¡Ay, Mariquita mía, qué peludica eres!

Le pega la burra una patá y lo pone... y lo pone pegao en el techo con to los sesos.

-¡Ay, Mariquita mía, qué peludica eres!

Le pega una patá y… y lo deja allí medio… pero no se mató, los sesos pegaos en el techo o en la pared, de eso no me acuerdo ya.

-¡Ay, socorro! ¡Socorro! ¡Socorro!

Y ya acuden los criados. Y ya vieron que era to eso. Y ya se fueron.

Avelina (Pozuelo)


  1. El parto del cura (ATU 1739)

Era un cura y fue a hacerse un análisis. Y como antes tenía que ir la gente andando, por ejemplo, de aquí a Albacete, -¡ea!, vamos a hacer el análisis-, y en la cañá Molina, por ejemplo, pos paró a descansar. Y, ¿qué hicieron?, él llevaba su botella de orina y allí se la cambiaron. La dejó allí, en la posá, -qu'entonces era una posá-; pos nada, y le cambian la botella. Y se la cambian por una qu'estaba embarazá.

-Mire usté, señor cura, que le da qu'está embarazao.

-¡Válgame! Pos, ¿cómo estoy yo preñao?

¡Que está embarazao el cura! ¡Ea!, pos nada, el pobre hombre dice:

-Pos, yo tengo que abortar, ¿eh? Esto no pué ser, de que yo siga p'alante.

Viene, se pone a confesar, y va una a confesar. Y dice:

-¿Es usté casá?

Dice:


-Sí.

Dice:


-¿Y ha abortao usté alguna vez?

-Sí.


-¿Y cómo se las gobernó?

-Pos, mire usté, yo m'eché a las escaleras abajo -dice- y así aborté.

¡Ea!, pos llega, se tira en su casa a las escaleras abajo, se rompe una pierna, se rompe un brazo, y que no malpare.

-¡Ea! ¿Y cómo me las voy a gobernar? ¿Cómo voy a seguir p'alante?

¡Ea! Pos así que se cura de aquello, llega otra a confesar:

-¿Es usté casá?

-Pos, sí.

-¿Cómo se las arregló usté pa poder abortar?

-Pos, mire usté, yo salí a la calle, me cargué mucho y, al llegar a mi casa, pos aborté.

Pos nada, llega, se carga un haz de leña, -el pobre hombre ya, que no podía de ningunas maneras, con dos o tres sacos de trigo-, y aquello que ni abortaba, ni Dios ni Cristo.

Y ya, había un zapatero y se enteró de que estaba con esa tontería. Y dice el zapatero:

-¡Este lo voy a arreglar yo!

Se va a confesar el zapatero, y le dice:

-Me han dicho de qu'está usté detrás de querer abortar, señor cura; -dice-, yo le puedo dar la receta.

-Pos sí, si me la da usté yo se lo agradecería en el alma, porque yo quiero abortar, porque ¿cómo voy a estar yo...?

Entonces el zapatero le dijo:

-Pos, mire usté, pa poder abortar, prepare usté una zafa de agua mañana en su casa, y se prepara usté mu bien preparao que mañana va usté a abortar.

El zapatero, ¿qué hizo?, que cogió una rana y se la llevó en un bolsillo, y cogió una lezna d'esas de los zapatos.

-¡Venga!, señor cura, bájese usté los calzones, que vamos a la operación.

Se baja los calzones, coge la lezna y le pega un guinchonazo en el culo. Y dice:

-¡Ay!

Dice:


-No padezca usté, señor cura. Este es el primer dolor. Llega, y el zapatero allí divirtiéndose.

-¡Venga!, señor cura, vamos por otro.

Le pega otro glinchonazo.

-¡Aaay!, qu'este es más fuerte.

-Claro, señor cura, si es que esto tié que ser así. Si es que los dolores, es que son así de fuertes. Segundo dolor, señor cura. ¡Vamos por otro!

¡Ea! Ya a los tres guinchonazos ya hasta al pobre hombre, hasta le daba fiebre ya y to, de los guinchonazos tan fuertes que le daba.

-¡Madre mía! Pos si yo estoy malismo.

-Claro, señor cura, si es que está usté dando a luz, si es que tié que ser eso.

Y así que se cansó el zapatero de darle guinchonazos, ¿qué hace?, echar la rana en el agua. Y sale la rana cantando:

-¡Croac! ¡Crac! -Haciendo como hacen las ranas.

Dice:

-Mire usté, señor cura, ya ha dao usté a luz.



-¡Ay, qué bien! Ves, ya he dao a luz.

-¡Válgame!, -dice-, oye, sale cantando. Y como es hija de predicador, sale hasta predicando.

Ángela Bernabé (Peñas de San Pedro)


  1. El parto del cura (ATU 1739)

Esto era un cura y el cura estaba malo y mandó al monecillo a que le hicieran un analis. Y, ¿por qué no?, y llevaba el monecillo el analis a… al médico. ¿Por qué no?, se cae y la rompe. Y va una mujer y estaba llorando:

-¿Pos qué te pasa?

Dice:

-Pos que iba ca’l médico a llevar el analis del cura y me se ha roto.



Dice:

-Pos no te apures, que ahora meo yo y la llevas y no pasa na.

Pos claro, pos va y… y se la lleva. Y ya va a por el analis y da que estaba embarazao el cura. Claro, como la otra mujer meó. Y dice el cura, iban a confesar y decía:

-Oiga, oiga, ¿ha abortao usté alguna vez? ¿Ha abortao usté alguna vez?

El cura quería abortar, dice:

-¿Ha abortao usté alguna vez?

Dice:

-Y ¿cómo?



Dice:

-Pos mira, era mi marido carretero y me pegó un palizón y aborté.

Iba otra:

-¿Ha abortao usté alguna vez?

-Sí, sí. Pos mire usté, mi marido me pegó un palizón y aborté.

Pues ya le dice al sacristán:

-Mira, me voy a meter a la cueva y me tiés que pegar una paliza mu grande, mu grande.

Dice:


-¡Ay!, ¿cómo le voy a pegar?

Dice:


-Sí, me pegas un palizón grande.

Y ya venga a pegarle, venga a pegarle y ya se queda así como muerto. ¿Por qué no?, sale una cucaracha grandisma y dice:

-¡Pobrecico mio, que has salío con sotanas como tu padre!

Paula Riscos Córcoles (Pozuelo)



  1. El tuerto y los higos (cf. ATU 1740B)

Esto era un hombre que tenía una higuera cerca del cementerio. Y un vecino suyo, -que era tuerto, por cierto-, se iba todas las noches y se comía los higos de la higuera. Cuando iba a otro día el amo, le habían desaparecío los higos. Pero ya se entera el amo de que era el tuerto. Y dice:

-¡Este lo espabilo yo!

Se subió en la tapia del cementerio y lo esperó. Cuando viene el tuerto, hace la misma operación: se sube a la higuera y se pone a comerse los higos.

Dice... Y empieza el amo desde la tapia del cementerio:

-¡Ay! Cuando yo vivía, tos los higos d'esa higuera me los comía; y ahora qu'estoy muerto, ¡me voy a comer hasta el tuerto!

El tuerto que se da cuenta, sale corriendo, asustaíco perdío, y ya no volvió más a por los higos d'aquella higuera.

Feliciana García Tomás (Chinchilla)


  1. El sepulturero y las habas (cf. ATU 1470B)

Dice que en aquel pueblo no se moría nadie y estaba el… el sepulturero estaba aburrío. Dice:

-Yo no sé qué voy a hacer. Estoy aburrío, no se muere nadie, -dice-, pos nada yo ya sé lo que voy a hacer, -dice-, voy a sembrar habas.

Y nada, allí excarva y siembra habas. Y total… Y ya cuando salieron las habas, por las noches llegaba uno, uno o dos, y le robaban las habas, y le robaba las habas.

-¡Madre mía, ahora que las tengo ya criás las habas, que vienen y me las quitan! –Dice-, pos a este le voy a dar yo un escarmiento, -dice-, ya verás.

Y se mete en un nicho vacío y… y empieza… y cuando van a robarle las habas, empieza a decirle:

-¡Soy un alma del otro mundo! [con voz profunda, como de ultratumba]

Y dice el que estaba comiéndose las habas:

-¡Ya decía yo, que si fueras de este estabas aquí, comiendo habas conmigo!

Antonia Martínez García (Chinchilla)


  1. El maqui y el barbero (cf. ATU 1791*)

Esto es un caso que pasó en los tres años de Guerra que tuvimos. Que, claro, entonces era el tiempo aquel, cuando terminó la Guerra, que llamábamos "los maquis", ¡eh!, que huían de los pueblos. -Huían de los pueblos porque, claro, algunos brincaron la frontera y se fueron a Francia, pero otros no pudieron brincar y estaban allí, escondíos pa que no los cogieran.

Bueno, y este señor, pues ya, como no podía entrar a los pueblos, pues claro, llevaba una barba el pobrecico que no se podía aguantar. Y un sábado, pues se arrimó al pueblo, y iban dos matrimonios paseando. Y le dice a uno de los matrimonios, dice:

-Oiga, ¿me harían el favor, -dice-, y si hay alguna barbería por aquí, que me puedan quitar esta barba, que no me puedo aguantar?

Y le dijeron:

-Sí, señor. Aquí hay un señor que lo arreglaría, pero tenga usté cuidao con él, -dice-, que ya se ha cargao dos o tres, -dice-, porqu'es que está un poco tocao del perol. -Dice-, a lo mejor lo pilla usté en la hora buena y lo va a arreglar, pero tenga cuidao ¡eh! -Dice-, mire, tire toda la calle alante, la primera calle no, la segunda, a la derecha; la primera puerta es la barbería.

Bueno, pues llega allí, abre la puerta, y dice:

-Maestro, ¿me puede arreglar?

Dice:


-Sí, señor. Pase usté para dentro.

Y claro, pasa para dentro. Y le dice al aprendiz, dice:

-Veslo bañando.

Claro, y el chavalico coge la brocha y el jabón, y empieza a bañarlo, y a cuyo tiempo que el chavalico, ¡eh!, lo estaba bañando, así por semejante sitio (por la frente), pos claro, le corría un piojo, -pa entendernos-, y el chavalico al verlo, se quedó mirando al maestro, y dice:

-Maestro, ¿lo mata usté o lo mato yo?

Y él, ¿qué pensó?, que le había dao el ataque al maestro y ya se lo iba a cargar. Claro, el chaval le dijo que..., y era el piojo. Y él se ve que dijo, cuando el chaval dijo: "Maestro, ¿lo mata usté o lo mato yo?", se ve que dijo:

-¡Ya están liaos conmigo! ¡No me vale!

Y páece que lo estoy viendo, que se levantó del sillón y rompió la cristalera. Y bajaba la calle abajo..., -que me acuerdo de verlo yo correr, ¡eh!

Y ahí ha terminao todo.

Andrés Alcaraz Martínez (Chinchilla)



  1. El sacristán y el cura (ATU 1792)

En un pueblo había un sacristán y un cura. El sacristán era mu pillo y el cura un poco avaricioso. Era costumbre en el pueblo del que mataba un gorrino darle presente al que no mataba. Y el sacristán le dijo al cura:

-A usté, como mata un gorrino, no le van a dar presente.

Y dice el cura:

-¿Cómo pué ser que a mí no me den presente?

-Pos muy sencillo, porque aquí hay costumbre de qu'el que mata un gorrino le da presente al que no mata. Usté lo que tié que hacer es darle presentes al que no mate.

Y dice el cura:

-No me parece muy bien esto.

Dice el sacristán:

-¡Me se ocurre una idea!

-¿Qué te se ocurre, sacristán?

-¿Que qué? Usté mata el gorrino, lo pone usté pa que se seque pa espiazarlo a otro día, y en la misa dice usté: "¡Me han quitao el gorrino!", -dice-, pero, usté lo tié que decir bien dicho, pa qu'el pueblo se lo crea y luego le lleven presente.

Y el cura dijo:

-Me parece mejor; así tengo mi gorrino y tengo los presentes que me lleven, sí.

Pues así lo hicieron. Lo dejaron colgao, fue el sacristán y la mujer, se llevaron el gorrino, y luego, a otro día en la misa, decía el cura:

-¡Me han quitao el gorrino! ¡Me han quitao el gorrino!

Y el sacristán decía:

-Señor cura, a usté sí que lo van a creer, y le van a llevar bastantes presentes, pos to el pueblo.

-¡Que me han quitao el gorrino!

-¡Razón!, sí; es que así lo tié que decir...

Lo que pasó, que le llevaron presentes, pero el pobre cura se quedó sin gorrino.

Juan José Atiénzar Alcántara (Chinchilla)


  1. La confesión (ATU 1800)

Esto era un hombre que…, que fue a confesar. Y dice:

-Acúsome Padre, de haber robado un ramal.

-¡Hijo, -le dijo el cura-, hijo, eso no es nada!

Dice:


-Sí, Padre, pero es que atado al ramal había una mula.

Dice:


-¡Hombre, eso es la más negra!

Dice:


-No, Padre, la más negra venía detrás.

Feliciana García Tomás (Chinchilla)



  1. La confesión del gitano (ATU 1800)

-¿Qué pecados tienes?

Dice:


-Mire usté, yo robé unos ramales.

Dice:


-Eso no es pecado.

Dice:


-No, si es que las mulas se venían detrás.

Una narradora de unos 60 años (Pétrola)



  1. La penitencia (No presente en ATU)

Una vez iba un cura y estaba confesando. Van dos a confesarse y ya… va primero uno. Claro, se quita y se va a rezar la penitencia que le había echao el cura y dice… Y va el otro a confesar, confiesa… y ya le echa también la penitencia. Y viene y dice al otro que había sentao el primero, dice:

-Oye, ¿qué te ha echao a ti el cura de penitencia?

Dice:

-A mí, tres avemarías.



Dice:

-¡Madre mía! ¡A mí que me ha echao tres padresnuestros y no sé rezar na más que uno!

María Peña Martínez (Pozuelo)


  1. El traje del santo (cf. ATU 1826A*)

Esto era una vez en Corral Rubio, que el santo no tenía traje. Había que comprarle un traje. Y estuvieron recaudando dinero por lo menos cuatro o cinco años, recogiendo dinero para comprarle el traje al santo. Y la gente pos daba los donativos y ya llegó un momento en que había dinero para comprarle el traje. Y le dice el cura al sacristán que se fuera a Albacete a comprarle un traje al santo. Pero el sacristán era un hombre que llevaba muchos años sin salir de Corral Rubio, muchos años y tenía gana de juerga. Y se fue a Albacete y cuando llegó allí y vio tantos escaparates y tantas cosas y tanta marcha y tantas fiestas, pues se gastó el dinero en Albacete. Y entonces pos le quedó muy poco dinero. Y entonces se acordó de que había ido a Albacete a comprarle un traje al santo. Y dice:

-A ver qué hago yo ahora. Si no llevo dinero suficiente.

Y empezó a mirar, a mirar. Y entonces en el rastro pues se encontró… o en una tienda de ropa usada encontró un traje de torero muy viejo, muy viejo. Y, ¿qué hizo?, le compró el traje, el traje de torero. Y fue y se lo puso al santo. Y lo tapó con una sábana por encima, lo tapó.

Y cuando llegó el día de la fiesta, le dice el cura:

-¿Está el santo ya arreglao?

Dice el sacristán:

-Sí, -dice-, ya está el santo vestío. Está arreglao.

Y el cura no lo había visto. Y cuando llegó en misa, le dice el cura a la gente, dice:

-Ya tenemos el santo vestío con el traje, -dice-, tanto sacrificio que ha costao gobernar el dinero, tantos años, pero ya lo tenemos vestío. –Dice- Ya verán ustedes qué bien que ha quedao, no lo van a conocer siquiera de lo bien que ha quedao el santo.

Cuando entonces llega el cura, le estira a la sábana y estaba el santo vestío de torero. Y dice el cura, suelta el cura un taco y dice:

-¡Yo tampoco lo conozco!

María Gómez Davia (Pétrola)



  1. San Nicodemus (ATU 1829)

Esto era un convento de monjas. Y tenían un santo; bueno, tenían un santo allí, viejo y lleno de polvo, y no le hacían caso. Ellas limpiaba por to alrededor, por los demás santos y a ese nunca le tocaban.

Cuando estaban... que iba a llegar la fiesta del pueblo, vino una monja nueva. Y dice:

-Todo tan limpio y este pobre santo aquí... -Dice-, ¿qué santo es este?

Dice:


-¿Este? San Nicudemus.

Dice:


-Pos, vamos a limpiarlo.

Y se ponen a limpiarle el polvo y, como el traje era tan viejo, se le rompe el traje. Y le vieron algo al, al santo. Y le dice:

-¡Uh!, ¿qué es eso que se le ve al santo? -Dice-, había que cortárselo.

Y entonces sale corriendo el santo. Y dice la madre superiora, dice:

-¡Ven aquí, San Nicudemus, que con pitorrico y to te queremos!

Feliciana García Tomás (Chinchilla)



  1. Lo veréis y no lo conoceréis (ATU 1829)

Había un monecillo y un sacristán que estaba con él. Y… y dice que iban a traer un santo nuevo.

-Lo veréis y no lo conoceréis –decía.

Claro, sale el sacristán aquel como lo parió su madre y había allí unas señoritas:

-¡Ay, está muy bien, pero es que si le quitaran esto [sus cosas]!

Pos, a quitárselo. Sale corriendo, dice:

-¡Por aquí!

Asensio Escribano Ródenas (Pétrola)


  1. ¡Oh, Jesús del Gran Poder…! (variante de ATU 1829)

Esto era en un pueblo que tenían un Santo Cristo, que le decían "el Santo Cristo del Poder". Y tenía fama de hacer muchos milagros; que si al uno lo curaba de una cosa, que si al otro le... Bueno, pero ya se entera un pastor. Y le hacían falta unas polainas, y dice:

-Pos, yo voy a ir a ver si el Cristo me hace ese milagro.

Y iba tos los domingos a misa y se ponía delante del Cristo:

-¡Oh, Jesús del Gran Poder,

que a todo el mundo gobiernas,

dame unas buenas polainas

para cubrirme estas piernas!

Nada, pero el milagro no se hacía. Llegaba otro domingo y hacía lo mismo. Y ya, se da cuenta el cura, y ecía:

-Oye, Fulanico..., -le dice al sacristán-; oye, Fulanico que todos los días se arrodilla allí, delante del Cristo del Gran Poder...

Dice:


-No se preocupe usté, señor cura, que yo m'enteraré de lo que le pide.

Se mete detrás del santo, y llega el pastor y hace la misma operación:

-¡Oh, Jesús del Gran Poder,

que a todo el mundo gobiernas,

dame unas buenas polainas

para cubrirme estas piernas!

¡Ea! Ya, cuando se va, va el sacristán y se lo dice al cura, dice:

-¿Sabe usté lo que pide? Unas buenas polainas para cubrirse las piernas.

Y aquel pastor tenía fama así, de ser derrochador. No tenía muy buena fama. Entonces dice:

-No se preocupe usté, señor cura, que yo lo arreglaré.

Cuando llega el domingo siguiente, se mete el sacristán detrás del santo. Llega el pastor, se arrodilla, y empieza con la historia:

-¡Oh, Jesús del Gran Poder,

que a todo el mundo gobiernas,

dame unas buenas polainas

para cubrirme estas piernas!

Y salta el sacristán, de detrás del santo:

-¡Yo soy Jesús del Gran Poder,

que a todo el mundo gobierno,

compra polainas en verano

y las tendrás en invierno!

Feliciana García Tomás (Chinchilla)


  1. Quien te conoció ciruelo (Robe, 1829*)

Esto era un hombre que tenía un huerto. Y en el huerto tenía un ciruelo. Entonces, una noche se lo robaron y se lo llevaron para hacer un Santocristo. Y aquellos que robaron el ciruelo le hicieron creer al pueblo dPozuelo que era un santo milagroso.

Entonces publicaron que iban a hacer una procesión con aquel Santocristo milagroso. Y atinó a ir un nieto del amo del ciruelo. Y entonces dice el nieto:

-¡Ay, quien te conoció ciruelo

en el huerto de mi abuelo,

Y ahora te veo de Santocristo en Pozuelo!

Feliciana García Tomás (Chinchilla)



  1. En mi huerto te criaste (Robe, 1829*)

Había un señor allí y puso una arbolea de albaricoques que allí se crían. Y puso uno de ellos, el más hermoso que había en to el huerto, pero no le vio la gracia a ese. No echó ni uno. Y lo compran pa hacer un santo. Y hacen el santo y sale en la procesión. Y sale el amo de él, dice:

-En mi huerto te criastes,

el fruto nunca lo vi

los milagros que tú hagas

que me los claven a mí.

Asensio Escribano Ródenas (Pétrola)





  1. Quien te conoció ciruelo… (Robe, 1829*)

[Esto era un hombre] y tenía un ciruelo en el corral. Y no le echaba ningún año ciruelas. ¡Ningún año! Y ya dijo, le dijo al cura:

-Mire usté, lo via… lo voy a arrancar.

Dice:

-¿Sí? –Dice-, pos nada, voy yo –dice- y con el tronco voy a hacer un santo.



Y hizo su santo, y ¿ánde lo puso el santo?, en la iglesia en el altar. Y fue el hombre y se arrodilló, enfrente, dice:

-¡Ay, quien te conoció ciruelo, y te veo de Santocristo en Pozuelo! Los milagros que tú hagas que me los pasen a mí. En mi corral te criaste, jamás el fruto te vi, los milagros que tú hagas, que me los pasen a mí.

Paula Riscos Córcoles (Pozuelo)


  1. El pastor en misa (ATU 1831A*)

Era un pastor que estaba con un señorito muy rico y el pastor era más ignorante. No iba al pueblo ni salía nada. Iba a cambiarse de noche y de noche volvía. Y no hablaba ni con la gente ni estaba en ningún sitio. Y ya le dice el señorito:

-Oye, ¿por qué no te vas al pueblo y te cambias y pasas el domingo y conoces allí al personal, y estás allí con la gente?

Dice:

-Mie usté, mi amo, si es que no sé hablar con nadie ni sé ánde está nada. –Dice-, pos nada me voy a ir.



Coge su ropa, se va y llega ar pueblo y ve allí mucha gente. No, le dice antes, dice:

-Oye, ¿dónde vas? –dice-, tú ande más gente vaya, allí te metes.

Pos el pastor se mete allí y se mete en la boda y se pone allí morao de tanto comer. Lo pasó tan bien. Y ya llega, se va otra vez allí a la casa de campo, dice:

-¿Qué, cómo pasastes el día?

Dice:

-Mire usté, mi amo, aquello fue fabuloso, -dice-, allí había de todo. Me puse morao de tanto comer.



- Pos ¿dónde se habrá metío este señor? ¿Dónde se habrá metío?

Dice:


-Pero el domingo que viene voy otra vez.

Y entonces le dice:

-Pos nada.

Llega el domingo, se va y estaban tocando a misa y el hombre, pos se metió allí. Y llega a la pila del agua bendita, to el mundo bajaba la mano pa santiguarse. Él llega y hace así con la mano, dice:

-¡Odo, -dice-, hoy no han dejao na más que el caldo!

Asensio Escribano Ródenas (Pétrola)



  1. El tonto en misa (ATU 1831A*)

Otro cuento, que siempre nos metemos con los tonticos del pueblo. Y era uno que le gustaba mucho ir a misa. Y todos los… todos los domingos o los días que podía iba a misa. Y claro, él decía:

-¿Qué les darán de comer? Esta gente que se acerca y les dan de comer. Algo de comer en la boca, ¿qué les darán?

Pos un día va y se acerca y le dan la comunión. Y… y se va a su sitio, donde estaba. Y cuando ya vuelve, ve que el cura de la copa se había bebío un trago de vino. Y dice el tontico:

-Mira, aún encima de comer le dan de beber.

Y ya cuando ya estaba limpiando la copa y ya la pone en su sitio, se pone de pie y le dice:

-¡Oye, échate otra ronda que esta te la pago yo!

Teresa Navarro Martínez (Chinchilla)


  1. La que iba siempre a comulgar (ATU 1831A*)

Pues era un matrimonio que su mujer era muy católica, muy católica, de estas que… que rezaban mucho y van mucho a misa, mucho mucho mucho, y todos los días comulgaba. Todos los días comulgaba y el marido pos le tenía una miaja ojeriza, así “es qu’esta mujer to los días a misa, a comulgar to los días, to los días”. Y le dice, va y habla con el sacristán y con los monaguillos y le dice:

-Mira, la próxima vez que venga mi mujer a… a comulgar, al lao da la Hostia le ponéis unos pelicos de los estropajos de estos de… que había de esparto.

Y dice, dice:

-¡Pero eso no lo podemos hacer!

Dice:

-Sí, sí, vosotros hacerlo que yo luego os traeré cosas, os traeré algo de mi casa.



Bueno, pues nada, el monaguillo y el sacristán le preparan todo. Cuando va a comulgar le echan los pelicos en… en el… en la Hostia de comulgar. Y se los… Y los echaron y le costaba muchísimo tra… tragarlo, tragarlo, tragarlo. Dice:

-Yo no sé lo que me pasa hoy, que no puedo tragarme…

Y ya cuando termina, ya se lo traga y a la que había a su lao dice:

-Oye, -dice- esto que nos da to los días el cura, -dice-, ¿qué?

Dice:

-Esto es el cuerpo de Cristo.



Dice:

-Pos mira, hoy a mí me han tocao los pelos del sobaco.

Teresa Navarro Martínez (Chinchilla)


  1. El cura y el monaguillo (ATU 1831A*)

Dicen qu'era un señor cura y, como tos los curas tienen amas, -antes tos los curas tenían ama-, ese cura, pos tenía, claro, el ama. Pos nada, había, había hambre. -Eran los años, d'esos buenos, de Maricastaña. Conque llegan y, ¡ea!, tos los osequios eran pal señor cura. Había hambre, pero tos los osequios, pal señor cura. Y le llevaron al señor cura una liebre. Y dice el ama:

-¡Ay, qué desazón!, el señor cura diciendo misa, y va a venir, y yo no sé cómo quiere la liebre; y yo quisiera, claro, que la tenga pa mediodía. -No había otra cosa, na más que la liebre. ¿Cómo la querrá? ¿La querrá frita o la querrá cocía?

Y había por allí un monecillo, y le dice:

-Mira, nene, vas a hacer el favor, vas a ir y le vas a decir al señor cura que cómo quiere la liebre, si la quiere frita o la quiere cocía.

Y llega el chiquillejo a la iglesia. Y dice:

-¡Madre mía, si el señor cura está ahora diciendo la misa! (¿Cómo le decía cómo quiere la liebre?). Y va y le dice:

(La narradora imita el cántico de los clérigos).

-Señor cura, que ha dicho l'ama María, que cómo quiere la liebre.

Y salta el cura, y dice:

-Dile al ama María, que la mitá la "coza" y la mitá la "friga".

Y saltan las mujeres:

-¡Aaamén!

Mª Ángeles Bernabé (Peñas de San Pedro)


  1. El cura y el ama María (ATU 1831A*)

Una vez había un cura y tenía un ama que le decían María y todos los días le decía lo que tenía que hacer de comer. Pero tenían un galgo y lo bueno y mejor se lo comía la María y decía que había sío el galgo. Pero un día se fue el cura a decir misa y no le dijo a la María lo que tenía que hacer de comer. Y dice:

-Ay, pos si no le he dicho a la María lo que tienía que hacer de comer. –Dice-, pos en llegando, en volviendo a la casa se lo diré.

Pero al entrar ahí en la iglesia, lo vio que estaba en misa la María. Y entonces dice:

-Pos ahora diciendo misa se lo diré.

¡Ea! Y sale y dice… a decir misa y empieza [imitando el cántico de la misa del cura]:

-María,


la merluza que compraste ayer a mediodía

no la hagas asada, frita ni tampoco cocía.

Si te parece,

la haces en una salsa que es como más crece,

le echas unas gotas de vinagre y unos granos de pimienta

que poco cuestan,

y unas peloticas de relleno

que así debe de estar muy bueno.

Si se sale o se pega,

le quitas la cobertera,

le das cuatro revolcones con la fraidera

y así no amargosea.

Pero te encargo,

que no entre a la cocina el galgo.

Atranca bien la puerta

Y no me hagas más la puñeta.

Pero también te digo,

que cuando estés cocineando no te toques el ombligo,

ni el conde de Gruñisopla un seculorum seculorum. Amén.

La María se fue a hacer la salsa y había dos gitanos allí. Y le dice el uno al otro:

-Chico, vamonós, que estos van hoy de francachela. Y así se acabó.

Paca (Pétrola)



  1. El cura y el campesino (ATU 1832D*)

Esto era un cura que tenía un genio mu malo. Y se dijustaba con los campesinos porque no iban a misa y no sabían rezar. Y ya llega un campesino y dice:

-Usté a nosotros nos ofende porque no sabemos rezar. Va a ir usté un día por allí, por mi aldea, a ver si sabe usté algo de mi oficio.

Y baja el cura al campesino y lo lleva al corral de ganao, y dice:

-Ve usté aquella oveja, ¿cuántos dientes tiene?

Dice:

-Cuatro.


Y dice:

-¿Ande los tiene, abajo o arriba?

Y dice:

-¡Ay!, yo no lo sé.



Dice:

-¿Y se extraña usté de nosotros? ¿Ve usté como le pasa lo que, lo que a nosotros? Cada uno en su oficio es maestro.

Juan José Atiénzar Alcántara (Chinchilla)


  1. El cura y el pastor (ATU 1832D*)

Esto era una vez un cura que se burlaba de… de un pastor porque decía que el pastor que no sabía rezar, que no sabía…, que sabía poco. Y el cura, pues se las daba de que sabía más. Y entonces, un día le dice el pastor al cura, dice:

-A ver si sabe usted cuántos dientes tiene una cabra.

Y le dijo el cura:

-Mañana te lo digo.

Y, al día siguiente, volvió el cura y le dijo:

-Pues, mira, una cabra tiene ocho dientes [me parece, creo que son ocho dientes].

Y le dijo el pastor:

-Sí, señor, pero ¿arriba o abajo?

Y le dijo el cura:

-Mañana te lo digo.

Y volvió al día siguiente y se lo dijo, le dijo:

-Abajo.


Y le dijo:

-Vale, -dice-, bien. Pero, ha necesitao usté dos días para decírmelo, -dice-, tanto que sabe, -dice-, y yo siendo pastor, que sé menos, -dice- se lo hubiera dicho yo en un segundo.

Entonces, le quiso decir el pastor al cura, que no era más listo el cura que el pastor, sino que cada uno entendía de su… de su oficio.

María Gómez Davia (Pétrola)



  1. El pastor y el menudo (variante de ATU 1833113)

Un pastor que no sabía tampoco de nada y ya le dice el este [el amo]:

-¡Veste mañana a tu casa y te llevas un… un menudo, -dice- y te los llevas que lo arregle tu madre y os lo coméis. Y ya que… pos te pasas y te pasas allí un día.

Pos nada, arreglan la oveja, se saca su menudo, se lo lleva, pero en vez de irse a su casa, ¿qué hizo?, entrarse a misa. Entra a misa con el…, su capote lo llevaba puesto y debajo lo llevaba colgao con una bolsa. Y ya llega allí y se sienta. Y venga a decir el cura, estaba echando un sermón, dice:

-Oye, -dice-, hay que ir a misa muy a menudo y hay que confesar muy a menudo, porque eso de venir cada mes o cada quince días, eso… Hay que ir muy a menudo, confesar muy a menudo y hay que venir a menudo.

Dice:

-¡Tome usté el menudo, –dice-, que pa una vez que me ha dao idea de llevarle uno a mi madre, está usté con el menudo! ¡Ahí lo tiene el menudo!



Una narradora de unos 60 años (Pétrola)

  1. El cura y el sacristán en misa (ATU 1837)114

Esto fue un cura en una iglesia, que estaba diciendo misa. Y quería hacerle creer a sus feligreses que todo esto de los rayos y las centellas, claro, era verdad. Y le dice al sacristán, dice:

-Tú, súbete a la torre y, cuando yo diga que caerán rayos y centellas, pues tú, le pegas fuego a una gavilla sarmientos y la echas p’abajo.

-Para hacerles comprender que era cierto. Bueno, pues ya llega, se sube el sacristán, y el cura empieza a decir que caerán rayos y centellas; lo repite varias veces:

-¡Caerán rayos y centellas!

Y el sacristán, pos estaba allí, pegándole fuego a la gavilla sarmientos, que estaba verde y no ardía. Y ya, inflao, el sacristán asoma la cabeza, y le dice:

-¡Caerán puntas de pijo, qu'esto está verde y no arde!

Florentino Tárraga López (Chinchilla)


  1. ¡Caerán rayos y centellas! (ATU 1837)

Bueno, pues esto fue en una… iglesia, que el cura quería explicarles a la gente lo que eran los rayos y las centellas. Entonces, se puso en… en contacto con el sacristán y le dijo:

-Mira, cuando yo eche el sermón que voy a echar, tú te vas a subir por las escaleras al campanario. Y cuando yo esté explicando lo de los rayos y las centellas y patatín, patatán, -dice-, tú estás al tanto y cuando yo diga “Caerán rayos y centellas”, tú enciendes una gavilla de sarmientos –que se había subío- y la echas a las escaleras abajo.

Y el sacristán allí, total, y dale que te pego. Y en el cu… está el cura abajo:

-Y caerán rayos y centellas…

Y la gavilla que no ardía… Dice:

-Y caerán rayos y centellas…

Y ya asoma el cuello el sacristán por allí y dice:

-Caerán puntas de pijo, que esto está verde y no arde.

Florentino Tárraga López (Chinchilla)


  1. El loro y el carretero (Noia 1849*A)

Del pueblo este [Pétrola] allá a la aldea donde yo me he criao, a Pinilla, siempre ha ido el cura a decir misa allí, pa la fiesta y eso… que hacen allí una miaja fiesta. Y va… y iba un carretero de allí a por trigo allí. Y dice el cura:

-Yo me voy contigo.

-Sí, señor.

Y el cura traía un loro. Lo tenía él de mascota y… ¡Mecagüenlamar! Y atasca el carretero… en medio el camino Pinilla. Como estaba allí el cura, él… él no podía blasfemiar ni… Dice:

-Padre, si se retira usté… de aquí… un poco, las mulas sacan el carro.

-Sí, hombre, eso está hecho.

Pero, el loro lo llevaba en una jaula en el carro. Y el carretero… cada vez que hablaba así… alguna cosa… le decía el loro:

-¡Ave María Purísima!

Y el carretero llevaba una lezna de esas y le tiró dos o tres pinchazos al loro. Y dice, ya se retiró el cura y… nombra las mulas y dice el loro:

-¡Mecagüendiós, me lo ha sacao!

Y cla… claro que salió el carro. Sí. Y luego dice el cura:

-¡Ay, qué malo se ha vuelto!

Y dice el loro:

-Es que me enseñan, -dice-, cuanto más sé más ignoro. Usté me enseña una cosa, pero el carretero me enseña otra. Y… y yo me quedo… con las dos.

Y ya sabía más el loro… que el cura y que el carretero. ¡Vaya!

Asensio Escribano Ródenas (Pétrola)



  • Cuentos de mentiras (Tipos 1875-1999)

  1. Los dos amigos mentirosos (variante de ATU 1920A)

Esto era un par d'exageraos, y mentirosos al mismo tiempo. Resulta que uno dice:

-Yo tengo una liebre, no, -dice-, yo vi una liebre que tenía ocho patas -dice- y cuando se cansaba de correr con unas, corría con las otras.

Dice:

-¡Bah! ¡Hombre, no, no! Bueno, ¿y pa qué quería..., si con cuatro tenía bastante?



Dice:

-Pos, cuando se cansaba de correr con unas, corría con las otras.

Bueno. Y el otro estaba escuchando, y dice:

-¿Y qué digo yo? ¿qué digo yo?

Pues dice, dice:

-Y yo tenía un galgo por aquellos tiempos, -dice-, que salió corriendo el animalico y, cuando volvió, llevaba las patas gastás hasta los garrones.

Dice:

-¡Bah! ¿Y no sería el que corrió detrás de mi liebre?



Francisco Atiénzar Alcántara (Chinchilla)

  1. El animal más rápido (cf. ATU 275B)

Bueno, esto era un señor de estos fanfarrones que hay, cada uno en su cometido. Y tenía un perro, ¡eh!, y dice:

-Yo tengo un perro, -dice-, que ha ido al canódromo de Barcelona, ha ido a Valencia, ha ido a to, a Madrí, -dice-, y no hay perro que pueda con él.

Y estaba el tío más fanfarrón con su perro... ¡Vaya!, y dale con el perro. Y ya dice uno, dice:

-¡Este tío es un fanfarrón! Que ha estao en el canódromo de Valencia, en Madrí, en Barcelona, y que ningún perro le gana al suyo.

Dice:

-Mire usté lo que yo le digo a usté. Lo viene usté diciendo muchas veces. –Dice-, yo tengo un mono, tengo un mono que le gana a correr a su perro.



Dice:

-¡Bah! ¡El mono le va a ganar...!

Dice:

-Cuando quieras vamos a la apuesta.



¡Ea!, pos quedan de acuerdo y van a la apuesta. Pero, para distinguirlos en la carrera, antes de darles la salida, al mono le pusieron una boína colorá. Claro, y ya los ponen en la raya a los dos, ¡eh!, pero claro, el mono como es tan listo, al arrancarse en la carrera, pegó un salto, y se le clavó al perro encima. Y llevaba el perro una polsaguera115..., que yo no distinguía cuál iba delante, ¿sabes?

Bueno, total que -como digo- iba el perro con el bicho aquel a las costillas, que no se podía aguantar. ¡Una polsaguera...! No podían apreciar el que iba delante de los dos. Y ya dicen:

-Bueno, vamos a hacer una cosa pa distinguir la carrera, ¿eh?, de la apuesta que tenemos: lo que diga la guardabarrera que ha cruzao ahora mismo la vía. -Dice-, el que vaya delante de los dos es el que gana. Lo que diga la señora.

-Bueno.


-Bien.

-Oiga, guardabarrera, ¿usté ha visto pasar por aquí una carrera, que iba corriendo un galgo y un mono? ¿Cuál iba delante de los dos?

Dice:

-Por aquí no ha pasao galgo ni mono; lo que ha pasao es un soldao de regulares montao en una moto.



Andrés Alcaraz Martínez (Chinchilla)

  1. ¡Ay, Mundo, Mundo…! (Boggs, 1940*E)

Que se murió uno y había hecho la mujer la cena y había dejao los chorizos en la mesa. Y ella, pos estaba allí con el marido, que se había muerto. Y el gato venía y se llevaba un chorizo y le decían Mundo. Y se… venía y se llevaba otro. Y decía:

-¡Ay, Mundo, Mundo, como te los vas llevando, uno a uno, dos a dos, tres a tres! Los que más te van gustando.

Y la gente se creía que era porque estaba el muerto y era eso.

Paca (Pétrola)



  1. Mundo, Mundo… (Boggs, 1940*E)

Otro matrimonio que había. Y… y se ve que se llevaban fatar. Y… y la mujer, pal duelo, metió debajo de la cama una sartén de chorizos y, ¿por qué no?, tenía un gato que le decían Mundo. Y… y ella llorando decía:

-¡Ay, Mundo, Mundo, -le decía ar gato-, cómo te los vas llevando a uno a uno y a dos a dos!

Y es que era porque se llevaba los chorizos. Y ella le decía:

-¡Ay, Mundo, Mundo, cómo te los…!

Y la gente decía:

-Oye, ¡qué sentimiento la mujer!

Y era que es que el gato se estaba soplando los chorizos. Y decía:

-¡Ay, Mundo, Mundo, cómo te los vas llevando a uno a uno y a dos a dos!

Salvadora Martínez Ruiz (Pétrola)


  1. ¡Ay, Mundo…! (Boggs, 1940*E)

En una familia tenían un gato que se llamaba Mundo y andaba siempre el gato por la despensa. Y llegó un día en que murió el dueño de la casa. Y estando en el velatorio pues pasó el gato por delante de la dueña de la casa en el velatorio con un chorizo. Y ella en sus exclamaciones decía:

-¡Mundo, Mundo, cómo te los vas llevando uno a uno!

Sinclética (Pétrola)


  1. CUENTOS FORMULÍSTICOS (Tipos 2000-2399)

  1. La hormiguita (ATU 2023)

Esto era una hormiguita que era muy trabajadora, como son todas. Pero, además es que esta era curiosa, hacendosa, y era muy simpática. Y estando barriendo la puerta de su casa, se encontró un centimito. Entonces, lo cogió y dijo:

-¡Ya soy rica!

Y empezó a cavilar, a cavilar, a cavilar, a ver qué haría con ese dinero. Y con estas cavilaciones se pasó el verano entero, sin saber qué ocupaciones emprender con su dinero.

Al cabo de algunos meses ya se fueron enterando sus amigos de que era rica. Y entonces, le salieron pretendientes. Entre ellos, vino un ratoncito, y le decía:

-Hormiguita, ¿te quieres casar conmigo?

-¿Qué dirás por la noche?

-¡Ih, íh!

-¡Ay, no, que me asustarás!

(Ella quería otra cosa). Pues, viene otro y le dice:

-Hormiguita, ¿te quieres casar conmigo?

(Pero todos con la, con la ambición de su dinero).

Entonces dice:

-¿Qué dirás por la noche?

-¡Ih...!


-¡Ay, no, no; que me asustarás!

Y la pobrecilla decía:

-Ya voy a tener que decirle a alguno que sí, porque si no, no me voy a casar.

Y, mientras tanto, pensaba:

-¿Qué haré? ¿Me caso? ¿O me gasto mi dinero en comprarme polvos para, para acicalarme o comprarme un lacito de seda, o comprarme un vestidito para las fiestas?

Pero todo eso, ella se le antojaba que era derrochar el dinero. Y entonces, no se lo compró. Pero ya viene un ratoncillo muy salao, que le gustó a ella. Y le dijo.

-Oye, hormiguita, ¿te quieres casar conmigo?

Dice:


-¿Y cómo harás por la noche?

Dice:


-Dormir y callar.

Dice:


-Pues conmigo te has de casar.

Bueno, pues ya se casaron. Estuvieron un poco tiempo muy felices, pero ella siempre trabajando. Y un día, pone la olla a preparar la comida para mediodía, y ella se fue al mercado. Y le dice al ratón:

-Oye, ratoncito; mira, aquí te dejo la comida en la lumbre. Tú le has de dar vuelta para que no se pegue. Pero mira, aquí te dejo dos cucharas, una grande y otra chica. Tú, le das vuelta con la cuchara grande y nunca con la cuchara chica.

Pero el ratón, distraído, cogió la cuchara chica, le dio vuelta... Se cayó dentro. Entonces, claro, el pobrecillo allí murió.

Y cuando ella venía del mercado, decía:

-¿Dónde estás, mi ratoncito? ¿Dónde estás, que no te veo? ¿Por qué no templas mi angustia y no calmas mi deseo?

Cuando llegó a la cocina, y lo vio que estaba dentro de la olla, la pobrecita no tenía consuelo. Entonces, le hicieron un buen entierro... Y la hormiguita todavía se le oye llorar y lamentarse:

-¡Mi ratoncito, se cayó a la olla; y su hormiguita lo siente y llora!

Feliciana García Tomás (Chinchilla)


  1. La ratita presumida (ATU 2023)

Esto era una vez una ratita presumida que estaba en su casa y estaba barriendo la puerta y se encontró una moneda de 10 céntimos. Y dice:

-¿Y yo qué via hacer con esta moneda? –Dice- pos me compraré un lacito para ponérmelo en la cola.

Se lo puso en la cola y se sentó en su ventana. Y entonces veía pasar por allí to la gente que pasaba. Y ya pasa un… un perro y dice:

-¡Ay, ratita, qué bonita que estás!

Dice:

-¡Ay, porque tú no me lo das! –Esque no me acuerdo bien, dice-, porque tú no me lo das!



Dice:

-Y… ¿qué…?, -dice-, ¡ay!, -dice- ¿y qué me harás por las noches?

Dice:

-¡Qué bonita que estás! –Dice- ¿te quieres casar conmigo?



Dice:

-¿Y qué me harás por las noches?

Dice:

-¡Guau, guau!



Dice:

-No, no, que me asustarás.

Luego, al buen rato, pasa un… un… burro, dice:

-¡Haaaa, haaaa! Ratita, ratita, ¡qué guapa que estás!

Dice, dice:

-¡Porque tú no me lo das!

-¿Te quieres casar conmigo?

Dice:


-¿Qué me harás por las noches?

Dice, dice:

-Pos, ¡haaa, haaa, haaa!

-No, no, que me asustarás.

Bueno, al buen rato, pasa un ratoncito mu bonico. Y pasa andando, muy coqueto, por allí, dice:

-¡Ay, ratita, ratita, qué rebonita estás!

-¡Ay, porque tú no me lo das!

Dice:


-¿Te quieres casar conmigo?

Dice:


-¿Y qué me harás por las noches?

Dice:


-¡Dormir y callar, dormir y callar!

-¡Pos contigo me he de casar!

Y se casaron y fueron felices y comieron perdices.

Una narradora de unos 40 años (Peñas de San Pedro)



  1. El Garrampón (ATU 2028)

Era una madre que tenía tres hijas y ninguna quería trabajar. Y dice:

-La que antes… la que antes termine de esbotar lana sube a la cámara y come miel. Sube una y se pone el Garrampón:

-Yo soy el Garrampón de la casa el Pon. Quien entra aquí me lo como yo.

Y se la comió.

-Oye, pos sí que tarda esta. ¡Hala! ¡Venga! La que antes termine sube detrás la otra.

Me paece que eran cuatro. Va otra.

-Yo soy el Garrampón de la casa el Pon. Quien entra aquí me lo como yo.

Se la comió. Bueno, …

-Pues que no baja, no baja. Se estarán comiendo toa la miel.

Va la otra.

-Yo soy el Garrampón de la casa el Pon. Quien entra aquí me lo como yo.

Y se la comió.

-¡Madre mía, pos sí que tardan! Y ya va la cojica.

-Yo soy el Garrampón de la casa el Pon. Quien entra aquí me lo como yo.

Y a ella no se la comió. Ella se ve que se asustó y, al hacer p’atrás, se cayó, como estaba coja. Se cayó a las escaleras abajo.

Y luego, a lo último, fue la hormiguica. Le dijo al Garrampón:

-Y yo soy la hormiguica del hormigal, te pego un picazo y te hago saltar.

Avelina (Pozuelo)



  1. El Garrampón de la peña del Montón (ATU 2028)

Era una abuela, una vieja, que tenía tres hijas. Y estaban hilando. Y dice:

-La primera que termine va a la cámara y se baja miel.

Y termina la mayor y fue. Dice el Garrampón:

-Yo soy el Garrampón de la peña del Montón, que el que venga aquí me lo trago yo.

Y ya, así sucesivamente termina la otra, va:

-Yo soy el Garrampón de la peña del Montón, que el que venga aquí me lo trago yo.

Ya hasta las tres. Y ya la abuela dice:

-Pos esto ¿qué pasa?

Y subió ella. Dice:

-Yo soy el Garrampón de la peña del Montón, que el que venga aquí con el moño me quedo yo.

Y le quitó el moño. Y entonces la abuela se salió llorando y se encontró una hormiguica. Dice la hormiga:

-¿Por qué lloras, abuelica?

Dice:

-El Garrampón que se ha comío mis tres hijicas y mi moñico.



Dice:

-Vente.


Fue dice:

-Yo soy el Garrampón de la peña del Montón, que el que venga aquí me lo trago yo.

Y dice:

-Yo soy la hormiguita del hormigar, que te pego un picazo en el culo y te hago saltar.



Le metió un picazo y entonces salieron tos.

Rosario Hernández (Pozuelo)




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