Cuentos populares de chinchilla



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La mujer que no sabía guisar (ATU 1370)

Eran unos novios y ella era guapa, guapa. Y se querían casar ya, pero ella no sabía guisar nada. Y el chico dice:

-Mira, no tengas cuidao, si no sabes guisar, ya nos apañaremos. –Dice- el gato, que guise el gato.

Y ella se pensaba que era broma. Y nada, llegan allí. Llega a comer. Viene el hombre del campo, de su trabajo, con mucha hambre.

-¿Y la comida? –dice su mujer.

-Nada. Te dije ya que yo no sé hacer nada.

Dice:


-¡Ah! A ver, gato, ¿y la comida?

¡Vamos! El gato… dice:

-Vaya, gato, te voy a dar una paliza por no haberme hecho de comer.

Y la mujer, tranquila. Y le dice a su mujer:

-¡Venga! Quítate la blusa –dice- y tomas al gato sobre el pecho, -dice-, porque, claro, si no me tienes al gato, el gato se va en cuanto le pegue un palo. Y le voy a dar una paliza en to así, pero bien da.

Dice su mujer:

-Pero, muchacho, pero ¿es que no ves que entonces…?

Dice:


-No, no. ¡Que te he dicho que me tengas!

Y ella se quita toas sus chambras y sus cosas y toma al gato así. Le pega un correazo, el gato, arañazos a ella. A su mujer no le daba ningún palo. Luego con un sarmiento, un sarmentazo. El gato “¡Miaooo, miaooo!”, otro arañazo. Y ya le pega allí cuatro o cinco palos y ya la puso perdía. Dice:

-¡Hale! Cuando venga a cenar, gato, como no tengas la cena puesta, te pego otra paliza.

Y ya se fue ella ca su madre y dijo:

-¡Madre, dígame algo! Dígame. Que esta noche pasa igual. -Iba así, ensangrentá. Que tengo que tenerle al gato. Igual.

Y con su astucia aquella, ¿sabes?, consiguió hacerle a su mujer –porque la mujer era lista, pero era una vaga, educada mal por sus padres, a los once mil vicios, como diríamos ahora-, y así con aquella astucia, pues consiguió tener la comida, ¿sabes?, porque es que si no, cada vez que… cuando entraba y no tenía algo puesto para comer, palizas al gato. Y a la mujer la ponía perdía.

María Núñez (Pétrola)


  1. ¿Aquí quién manda? (ATU 1375)

Entra un alcalde nuevo en un pueblo, y quería saber si en ese pueblo había más mujeres que mandasen en su casa que hombres. Y entonces, manda al secretario y a un acompañante de casa en casa. Y le iban diciendo:

-¿Aquí quién manda, la mujer o el hombre?

Donde mandaba la mujer le regalaban una vaca, y donde mandaba el marido, le regalaban un caballo. Al llegar a una casa:

-¿Aquí quién manda?

Dice el marido:

-Aquí mando yo.

-Bueno, tome usté un caballo.

Van a otra casa.

-¿Aquí quién manda?

La mujer:

-Aquí mando yo.

-Tome usté una vaca.

Van a otra. Dice:

-¿Aquí quién manda?

Dice el marido:

-Aquí mando yo.

Dice:

-Bueno, tome usté un caballo; -dice-, ¿de qué color quiere usté el caballo?



Dice el marido, dice:

-Pues, negro.

Y dice la mujer, dice:

-¿No te parece que sería mejor blanco?

Florentino Tárraga López (Chinchilla)


  1. El tonto que encontró dinero (ATU 1381)

Esto era una vez una familia que vivían en La Jaretilla105. Y era un matrimonio que tenían un hijo tonto, pero de estos tontos que, en fin, que saben las cosas, pero no se dan cuenta. Y entonces le dijo su madre que tenía que venir aquí, al pueblo, a comprar unas cosas casa de Geraldo. Y entonces, el tonto vino y, por la honda del Pilar, se encontró una cartera llena de billetes. Billetes, muchos billetes y gordos. Y entonces, pos nada, el tonto se va a su casa sin comprar.

-¡Ay, madre! ¡Madre, mira lo que me he encontrao! ¡Mire usté, madre!

-¡Huuy, hijo mío!, si esto no son billetes, esto son estampas, -dice-, mira, San..., el Santo Cristo, la Virgen.

-¡No, madre, que esto son billetes! No me digas que son estampas, que aquí no hay santos; que son billetes.

-¡No, hijo mío, que son estampas!

Nada, la madre que estampas y el hijo que billetes, que no le pudo meter en la cabeza... ¡Claro, si es qu'eran billetes! ¡Pos, eran billetes!

El tonto no se creyó qu'eran estampas. Pero, nada, ella, la mujer, ya batallando to el día con él y no pudo convencerlo de lo contrario. Viene el padre por la noche con su burro, con una carga de leña, y le dice, a escondías del tonto:

-¡Ay!, mira lo que pasa, mira lo que se ha encontrao nuestro tonto. Y no le puedo meter en la cabeza que son estampas. Y ha llenao el pueblo... Se ha ido otra vez al pueblo y ha dicho, nada, que tenemos aquí una cartera llena de billetes. Mañana va a venir la Guardia Civil y... ¿a ver?

-¡Ea!, pos algo hay que pensar.

Pos nada, entonces llevan allí al, al pesebre, en la cuadra, llevaron un misal, de cantar misa. Pues nada, llega allí el tonto. Le dice su padre:

-Mira, hijo mío, como está lloviendo (estaba el día zorritonto106, lloviendo); -dice, mira, hijo mío, veste a la cuadra, y... te llevas al burro, lo atas, le echas cebá, y le das de comer.

-Sí, padre. Ahora mismo.

¡Vaya!, mu solicito, llega a la cuadra. Dice:

-¡Huuy!


Y empieza el burro a rebuznar, claro, a rebuznar allí. Y dice:

-¡Ay, qué listo que es mi burro, que está cantando misa! Aquí le han puesto el libro y está cantando misa.

Va y se lo dice a su madre:

-¡Ay, madre, el burro, qué listo! ¡Mira, cantando misa que está!

Dice:

-Pos claro, hijo mío. Hoy es el día de sorpresas.



Y mientras qu'entró la leña, hizo allí la madre un..., una perolá de, de fretillas107, -la lebrilla esa de los mataeros llena. Se sube al tejao, a la chimenea, y su padre se sube con las fretillas. Y su madre le dice:

-¡Ay, hijo mío, pos si estás chorreando! ¡Te has mojao! ¡Ay, qué día más tonto! Ven y sécate, hijo mío, no cojas algo.

Se pone el muchacho allí a secarse. De que menos se da cuenta, ¡venga fretillas por la chimenea! ¡Y fretillas! Y...

-¡Ay, madre! ¡Qué bueno es Dios, que nos echa fretillas! Pos, ¿no ves lo que llueve? ¡Pos, si está lloviendo fretillas, madre!

Dice su madre:

-¡Ay, hoy qué día, Dios mío! El burro canta misa... Esto es que este es el día..., del to ya. ¡Venga! ¡Hala!, tú, come, hijo mío. Come, que son de gracia, come.

Pos allí el pobre se comió..., pos toas las que quiso. Llega la noche, se acuestan, y, a otra mañana...

-¡Pum, pum! (La narradora da unos golpes sobre la mesa, para indicar que llaman a la puerta).

Allí, la Guardia Civil.

-¡Abra usté!

-¿Quién?

-¡La Guardia Civil! Abran, que nos han dicho que su tonto se ha encontrado una cartera llena de billetes.

Y dice, dice:

-¿Ves, madre? Ya vienen por los billetes, ¿no te lo decía yo?

Dice:

-¡Que son estampas!



-¡Madre, que son billetes!

Llega la Guardia Civil.

-Bueno, pues mire, venimos, que nos han dicho qu'es que su tonto se encontró una cartera llena de billetes por el Pilar. Y era de un merchante que iba comprando mulas y vendiendo, y el pobre perdió la cartera, y se encuentra... Eso, pues que no puede seguir su marcha.

Dice el tonto:

-Sí, sí, sí señor. Yo me encontré una cartera llena de billetes.

Y dice su madre:

-¡Muchacho, qu'eran estampas!

-Madre, que sabes qu'eran billetes, verdes y de tos los colores; qu'eran, eran billetes.

Bueno, ya tanto empezaron la madre que estampas, el hijo que billetes, y el padre lo mismo. Dice el sargento:

-Bueno, pues ¡venga!, ¡callar! A ver, muchacho, tú, ¿qué día te encontrastes la cartera llena de billetes?

Y entonces le dice:

-Madre, ¿es que no te acuerdas?; -dice-, si era el día que llovían fritillas y mi burro cantaba misa.

Entonces, dijo el sargento:

-¡Huy-huy-huy! Vámonos de aquí, -dice-, porque yo estoy viendo que este muchacho es más tonto de lo que están diciendo. Vámonos, y sea lo que quieran.

Y se fueron. Y allí se le quedó a esa gente la cartera llena de billetes.

Mª Ángeles Bernabé (Peñas de San Pedro)



  1. La nuera y la herencia (ATU 1407A)

Esto era una suegra y una nuera. Y, y la nuera no la quería tener. Y ya los hijos, -le tocaban a meses-, y ya los hijos dicen:

-Pos, aunque no la quiera tener, la va a tener. Vamos a llevársela.

Se la metieron allí en la casa y, a los dos días de tenerla, la coge de un pie, -y vivía en un tercer piso-, p'arriba y p'abajo, p'arriba y p'abajo. Y ya, dice:

-Llamar al notario, que tu madre se ha puesto malísima.

Dice:

-Pos ¿qué le pasa?



Dice:

-Yo no sé lo que le pasa; está malísima.

Llaman al notario, y empieza allí a escribir. Dice:

-Abuela, -dice-, pero ¿le deja usté a la Antonia todo?

Dice:

-¡Iba abajo! ¡Iba abajo!



Dice:

-¿Habéis visto? ¡Que me deja alto con bajo!

Candelaria Moreno (Peñas de San Pedro)


  1. El sacristán y las bellotas (ATU 1419)

Esto era un matrimonio. Y la mujer pos se… se amigó con el cura. Y, como el cura y el sacristán se llevan tan bien, pues se ve que iban los dos a ver quién pillaba antes el pan. Pero ya llegó, que llegó el marido. Llegó el marido y…

-¡Ay, mujer! Que no sé cuantas…

Y ya tantas alementaciones y, viendo que no sabía dónde lo iba a esconder, pos dice, en un canastillo. Ahi, en la habitación, que antes había unos canastillos de estos de dos tapas grandes, y tenía billotas.

Y llega que se ponen así…

-¡Ay, que te van a ver!

Estaban acostaos y ya se habían acostao y se pone:

-Sacristán, sacristán, esconde esa pata que te la verán. {cantando]

Pero fue a esconder la pata y se cayó el cesto. Se cayó el canastillo. Entonces, el sacristán dice:

-Ángeles semos, del cielo venimos, billotas traemos y cuartos pedimos.

Y uñas… Estate que te pillan.

María (Pozuelo)


  • Cuentos de mujeres (Tipos 1440-1524)



  1. Desde las primeras castañas (ATU 1453****)

Una vez iban tres monjas al camino alante, paseándose. Y detrás venía un cura. Iban las monjas paseándose y ya, pos una de ellas iba muy inflá. Y ¡páum!, y ¡páum!, y ¡páum!... Y ya el cura, iba detrás de ella, claro, y iba sintiendo la música. Y ya se... tose el cura, y vuelven p’atrás, dice:

-Padre, ¿lleva usté mucho tiempo detrás de nosotras?

Dice:

-Desde las primeras castañas.



María García (Chinchilla)

  1. Las tres tontas (ATU 1457)

Esto era una madre que tenía tres tontas, tontas perdías. Y dice la madre:

-¿Pos qué voy a hacer yo con los tontuzos estos? Yo le voy a buscar unos novios.

Y va la madre y busca uno… les busca unos novios. Y dice, dice la madre:

-Mirar, vusotros no tengáis que hablar, na más que echarle lumbre a la olla, -que puso una olla pa darles de comer a los novios-, que van a venir vuestros novios, que los he buscao unos novios.

Y se va la madre a por cosas para darles a los novios. Y ya… estaban así toas [la narradora se coloca en posición erguida, con las manos extendidas apuntando hacia abajo, mientras mueve los ojos hacia derecha e izquierda con picardía]. Vienen los novios y no viste qué [–onde] le hacía su novio. Ellas no querían hablar -ummmm [apreta fuertemente los labios emitiendo un sonido parecido al de un moscardón]. Y ya dice:

-¿Qué…?


La otra decía:

-No ha… no hables, que la mama nos pega.

Ice:

-Tú, callaté.



Y la… y la más grande, la mayor, ya se…, enga a meterle a la olla… a la olla leña. (Luego un cabrerío tenían, se quemaban…). Y los novios allí. Pero ya, ¿por qué no?, se sale la olla, y dice la grande:

-¡Que se sale la yolla!

Dice la otra:

-¡Quítale la torretera!

Dice:

-¡No meterle la cucharra!



(Dice que no metiera la cuchara y que le quitara la cobertera a la olla). Y dice… Y ya viene la madre y dice:

-Pero bueno, ¿ánde están los novios?

Y dice:

-¡Se han ido a los cuatro pies!



-¿No los he dicho que no hablarais?

Dice:


-Mama, se saliba la yolla.

-Y yo le he dicho que le quitara la torretera.

-Y yo que le metiera la chucharra [imitando la voz de un niño pequeño].

¡Hala! Pos ya.

Paula Riscos Córcoles (Pozuelo)


  • Cuentos de hombres inteligentes (Tipos 1525-1639)



  1. Los dos hermanos (ATU 1535)

Esto eran dos hermanos, y uno era tonto y el otro era listo. Pero el tonto..., sus padres al morirsen tenían un ganao, unas pocas ovejas. Y dijeron:

-¡Ay, qué lástima! ¡Ea!, al listo, mira, es listo y puede trabajar, y puede gobernarse las cosas; pero el tonto... ¿dónde va a ir esta criatura a trabajar?

Pos los padres, -como somos así-, por la lástima le dejaron al tonto las ovejas, y al listo lo dejaron sin na. Pos el listo... ¡tenía tanta envidia! -Y la envidia es tan mala. Decía el listo:

-¡Madre mía!, yo, sin una oveja, y mi hermanico tan tonto, tantas ovejas. Esto, tengo yo que gobernar que sean pa mí las ovejas.

¡Venga!, una noche detrás de otra, tramando a ver cómo, cómo iba a gobernar él esas ovejas, si eran de su hermanico, si es que los padres se las habían dejao. Conque ya ensaya una vez de... Coge una sarrieta y se la sube al castillo. Al pico más bajo del castillo se la subió, y entonces se metió el listo. Pero el tonto, siempre por aquí, por el castillo, con las ovejas, porque ahí hay mu buenos pastos. Y empieza:

-¡Ay!, pos ya viene mi tonto. Voy a hacer yo el número.

Y empieza:

-¡Yo no me quiero casar con la hija del rey! ¡Yo no me quiero casar con la hija del rey! ¡Yo no me quiero casar con la hija del rey!

Y dice el tonto:

-¡Huy, Virgen Santisma!, ¿qué está diciendo el tonto las narices este? ¿Y que no se quiere casar con la hija del rey? Pos, yo sí me quiero casar.

Conque llega, y empieza a soquisnar en la sarrieta. Y dice:

-¡Huy, pos si eres tú, listo! Pos, ¿qué estás diciendo? ¿Que no te quieres casar con la hija del rey?

Dice:

-Yo no.


Dice:

-Pero, ¿por qué?

-Porque me han dicho que el que esté aquí un rato, diciendo..., metío aquí en la sarrieta, aquí en el pico del castillo más bajo, diciendo "¡Yo no me quiero casar con la hija del rey!", se casa.

Dice:


-¿Que se casa? ¿Por qué?

Dice:


-Por valiente.

-Pos mira, yo quiero ser valiente.

Se sale el listo de la sarrieta y se mete el tonto. Y..., ¿qué hizo el listo?, dijo:

-¡Ay, qué lástima! Yo tenía pensamientos de arrempujarle, pero me da lástima de arrempujarle. Es que, quieras que no, aunque sea tonto y tenga ovejas..., es mi hermanico. Yo lo dejo aquí y, a fuerza de forzajear, "¡Yo no me quiero casar con la hija del rey!", él se cae.

Pos empieza:

-¡Yo no me quiero casar con la hija del rey! ¡Yo no me quiero casar con la hija del rey!

Entonces, pasa por allí otro pastor que tenía muchismas más ovejas; tenía un ganao grandismo. Y entonces dice:

-Pos, ¿qué estás diciendo, muchacho?

-¡Yo no me quiero casar con la hija del rey!

Le dice:


-Pero, ¿por qué?

Dice:


-Porque el que se case con la hija del rey tiene que estar aquí, diciendo esto un rato.

Dice:


-¡Huy!, pos mira, yo estoy aburrío de la vida. Yo solo, ni tengo a padre, ni tengo a madre; nadie, nadie. No tengo na más que las ovejas. -Dice-, pos, salte tú, que yo me meteré y yo lo diré.

Se sale el tonto, se mete el otro pastor; le cose la boca a la sarrieta, le pega un arrempujón, y lo echa al castillo abajo. Pos..., claro, normal, se mató.

Pero, ¿qué se creía el hermano listo?, que había sío su tonto el que se había matao. Y se quedó con las ovejas de..., del otro pastor. (Pero, muchismas más que tenía de sus padres; bueno, un ganao grandismo. Yo no sé las... Allí había doscientas o más).

Pos, nada, ya llega..., ya se pasan unos días, y él, claro, es que como no tenía madre ni nadie, pos nadie le reclamó las ovejas. (Allí, nadie lo echó de menos. ¡Un pobre desgraciao...! Nadie lo echó de menos). Coge sus ovejas, y se va al lao de su tonto. El tonto con sus ovejas y el listo con sus ovejas. Dice:

-¡Huy, madre mía!, pos si es mi tonto... ¡Madre mía!, yo desde largo no veo mu bien, pero yo creo qu'es mi tonto. Y..., ¿qué hago yo, Señor? ¿Cómo le hablo y cómo no le hablo?, después de echarlo al castillo abajo. ¡Ay, Dios mío, que me se ha aparecío! ¡Ay, esto..., esto es el espíritu! ¡Es el espíritu! ¡Ay, qué miedo! Yo, ahora mismo, voy a ver...

Mira, yo no sé los días que estuvo el muchacho "que si es, que si no es". Bueno, pos nada, ya se arma de valor. Dice:

-De mañana no pasa sin presentarme a ver si es o si no es.

(Pues, sí era). Ya dice:

-Ahora mismo voy.

Conque llega por allí, y dice:

-¿Eres tú, Tonto?

Dice:


-Sí, yo soy.

Dice:


-Pos, ¿es que no te has casao con la hija del rey?

Dice:


-Pos, no; -dice-, es que no..., no la vi por allí.

Dice:


-Pos entonces, ¿cómo tienes tú tantas ovejas?

Dice:


-Pos, nada, que como me echastes por el pico más bajo, estas que cogí por el aire, estas que tengo. -Dice-, si me llegas a echar por el más alto, yo no sé las que tendría.

Pilla pindingue108 el listo, sale corriendo, y s'echó al castillo abajo. Se mató. (Claro, normal). Entonces, el tonto se quedó con las ovejas del pastor y las suyas.

Mª Ángeles Bernabé (Peñas de San Pedro)


  1. La adivinanza del soldado (ATU 1544A*)

Era un soldao. Y entonces se fue a la mili. Y volvía a su casa. Y entonces no... Tenía mucha hambre. Y pasó ca el cura. Y entonces le dijo al cura que si le daba posá, porque su casa estaba muy largo. -Porque antes no había tantos vehículos como ahora. Todo el camino que se andaba tenía que ser andando; el que tenía un caballo era una suerte-. Y entonces pilló y el cura le dio posá. Y el cura estaba de mataero, y tenía las morcillas, los chorizos ya colgaos y todo. Y entonces él, como tenía tanta hambre, le dijo el cura:

-Mire usté, aquí se puede usté acostar y aquí pasa usté la noche; mañana por la mañana, pues habla usté a su familia.

Dice:

-Bueno, pos muy bien.



Entonces, claro, el cura se fue a su sitio a acostar y él a donde le dijo el cura. Pero, al acostarse el cura salió. Y entonces vio tanta comida; tenía tanta hambre y decía, y le dice:

-Mañana, de que se levante el cura, como me acierte la adivineta, le digo lo que es y si no, le digo que no vale, que como no me ha acertao la adivineta no sabe lo que, lo que yo he hecho.

Pues entonces dice:

-Yo me como al chirricocle

y el santo mendimiento

porque no me coge;

y tú, morcón,

por ser el más torpe

al pelotón.

Y entonces era que se comió las morcillas, -era el chirricocle-, y el santo mendimiento que no le cogía era el pernil. Y entonces se levantó el cura. Y dice:

-Pero, ¡leche!, si se ha comío las cosas este soldao.

Y va allí, a la habitación, dice:

-¿Qué haces?

Dice:


-¡Hombre!, -dice-, ¡hay que ver, qué partida me has hecho! -Dice-, te has comío todo el embutido que tenía.

Dice:


-Pues le voy a decir a usté:

Me comí a chirricocle

y el santo mendimiento

porque no me coge.

Y tú, morcón,

por ser el más torpe,

al pelotón.

Si me acierta usté la adivineta, me hace usté juicio y si no me l'acierta usté, nada, estamos en paz.

Y dice el cura:

-Pero, ¿qué...? ¿Cómo te voy a adivinar yo esas cosas?

Dice:

-Pos, mire usté, yo tenía tanta hambre, me he comío a chirriquicle y a chirricocle, y el santo mendimiento que no me cogía era el pernil, por eso se lo he dejao a usté.



Concepción Gómez del Valle (Chinchilla)

  1. Los soldados y las morcillas (ATU 1544A*)

Pos esto eran otros [soldados] qu'estaban durmiendo. Y estaban en la cocina. Y veían las morcillas, y los chorizos… Dice:

-Angeles y serafines

todos van a mi fardel.

El compadre no me coge,

ahi se queda usté con él.

Y dice la mujer:

-¿Te das cuenta? ¡Qué lástima! Pobrecicos. ¡Cuánto estarán...!

Y luego, cuando se levantaron, se habían llevao las morcillas y los chorizos. Y dejaron lo que no les gustó.

Patrocinio Ruiz Martínez (Chinchilla)


  1. ¿Magrares o Molares? (cf. ATU 1544A*109)

Eran unos soldaos que iban de marcha, y los tenían que hospedar, y los hospedaban en las casas. Y ya, pos metieron a uno en la habitación. Y había magro, perniles. Y dice, a otro día le preguntan al jefe que el pueblo siguiente, que si era Magrares o Molares. Ice:

-Es Molares.

Dice:

-No, no, no. Nos han dicho que es Magrares.



Dice:

-Pos yo no he oído nunca de Magrares; yo he sentío Molares.

Y dice el marido:

-¿Te apuestas que estos...?

Dice:

-¿Cómo?


Dice:

-Sí, -dice-, estos nos engañan.

Y mira los macutos y llevaban... [perniles]. -Y el capitán les dijo que a ver el que mejor regalo les llevaba, que le daba permiso-. Y dice:

-Pos, mira, nosotros nos vamos a arreglar.

Llegan al campamento y, ¿qu'hizo el hombre?, les sacó los perniles de los macutos y les metieron dos piedras de amolar, molares. Y llega..., dice:

-¡Madre mía!, pos si páece que no pesaban tanto como pesan.

Pos ya llegan, y dice:

-A ver, ¿cuál lo...?

El uno llevaba morcillas, el otro llevaba lo que podía... Dice:

-Nosotros también llevamos buen...

Y entonces presentan dos piedras gordas. Se quedó el capitán..., pos los arrestaron. Dice:

-¡Con razón qu'eran Molares!

Patrocinio Ruiz Martínez (Chinchilla)


  1. El carretero y su mujer (ATU 1545A*)

Pues resulta que… que iban… iban un… un carretero y su mujer que estaba ya de unos siete meses. Y la mujer pensó qu’el… que… que le llegaba la hora de parir. Y dice:

-¡Ay, que… que me dan por aquí unos pinchazos!

Y ya dice:

-Mira, allí se ve a una…, allí se ve gente en el bancal aquel, -dice-, yo creo… -dice- yo creo que son unos… algún segador que está allí segando con su mujer, ¿no ves que se ve allí también a su mujer que está haciendo de comer?

Dice:

-Pues baja, y allí en el centeno puedes… puedes tener a la… a la criatura. Como… como no hace frío, -dice- pues la puedes tener ahi.



Dice la mujer:

-¡Que Dios te ampare! Que yo de esto no sé nada.

-Yo ya estoy en el carro esperándote.

Y se baja. Y entonces lo que eran… eran dos: el que estaba haciendo de comer era hombre y el que estaba segando, pues también. Y se ve que empezaron allí a… a hacerle caricias a… a esta mujer más o menos atrevidas. Y entonces la mujer ya en medio del… del centeno, llama a su marido, diciéndole:

-¡Ay, Alonso, que es varón!

(Que… que lo que había allí en vez de ser mujer era varón, y el otro entendió que… que había nacido ya con chiquillo y qu’era… y qu’era varón). Pero a la… a la mujer se le… se le pa… o sea, que no era parto, por esos pinchazos que dan, y estuvo allí con los dos tíos de juerga, ¿sabes?, y ya el pobre marido estaba cantando, voceándole:

-Le pondremos Antón,

Dios lo haga santo y bueno,

que nació en el centeno.

¿Sabes? Y aquí termina el cuento este cortico del… del carretero y su mujer.

María Núñez (Pétrola)



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